Para un día libre que tenía desde hacía dos semanas de intenso trabajo, se vió interrumpido por el sonido de mi móvil y de algunas otras cosas ajenas a mi control.
- ¿Estás muriendo?, Solo eso sería una buena justificación para que interrumpas mi sueño Letty.
¿Que quieres tía?
Mi mejor amiga y jefa, me llamaba a las ocho de la mañana del único día que había podido colar en mi incómoda agenda, para tomar un respiro.
- Cuánto amor me tienes... Pero no importa, yo que te quiero más, te llamo para decirte que o traes tu culo aquí en un par de horas, o Robert te despide.
Robert era el dueño de la editorial en la que trabajaba. Este, a pesar de haber estudiado juntos y de ser una de sus mejores editoras, era súper exigente. Los millones de su cuenta se lo permitían. Además de ser el jefe,claro.
- ¿Que quiere ahora? Quedamos en que me daría este día para descansar, voy a perder los ojos de tanto leer. Se me van a desprender las retinas por el estrés. - le digo dentro de un audible y maleducado bostezo.
- Hey, no seas dramática, el cliente se adelantó y quiere ver su libro y tu edición hoy mismo. Así que ya estás lavando tu apestosamente sexy cuerpo y sales para acá. Alicia no encuentra tus últimos apuntes... la muy torpe.
- Vale, en dos horas estaré allí, dile a Ali que está en mi escritorio bajo llave. Que yo lo busco cuando llegue y que prepare varios litros de café para que no me duerma encima del cliente y nos echen a todas.
Se ríe, la maldita... me echan a perder el día y la tía se ríe.
Pues nada, a pesar de tener una familia económicamente cómoda, había ido por libre y decidí estudiar y trabajar para vivir al margen del dinero de mis padres.
No se debe triunfar en la vida, recostado a la cuenta bancaria de papi.
Hacia nueve años me había ido de casa a estudiar literatura. Pasé toda mi época universitaria en una deprimente habitación del campus de mi universidad; pero complementé mis carencias económicas con riquezas espirituales.
Mis más grandes amigos los obtuve allí, algún que otro amor también y definitivamente, mis mejores historias las escribí allí.
Ahora vivía en un lujoso apartamento que pagaba con mi trabajo, pero que mi padre me había regalado cuando me gradué, para sentir que era autosuficiente, le depositaba cada mes el dinero justo para pagar mi casa por mi misma, siempre dejando una suma para gastos del hogar y personales.
Para caprichos ya no me daba mucho, la verdad.
Despegando mi cuerpo con trabajo de mis espectaculares sábanas, me dirijo a la ducha, aseo toda mi anatomía y con un albornoz y nada debajo salgo a mi cocina a preparar el maldito café.
La máquina me odiaba, no había manera de que consiguiera hacer alguno verdaderamente bueno.
Pero era lo que había, o me tomaba mi intento de café antes de salir a la calle, o mi día empeoraba por segundos. Era un misterio pero una realidad.
Cómo si mi día, no pudiera ir a peor, siento un jaleo abajo y como la curiosa que soy, salgo con mi café a la terraza y madre mía, la impresión que me llevé.
Un tremendo hombre de escándalo dirigía la mudanza que se adivinaba, se estaba llevando a cabo.
El tipo de cabello castaño, tan claro que resaltaba mas todavía los tremendos ojos verdes que tenía. La vista desde mi primer piso era divina.
El susodicho llevaba un jean roto y una camisa blanca abierta, por encima de una camiseta negra que le quedaba de miedo.
De un momento a otro me pilló mirándolo, me guiñó un ojo verde de los suyos y lo saludé con pena, llevándome mi taza de café a la boca para disimular.
De pronto lo veo sonreír, y enseñándome toda su blanca dentadura me señala y sin perder tiempo me miro buscando el objeto de su diversión.
Se me había salido un pecho del albornoz...
¡Dios que vergüenza!
Rápido lo coloqué en su sitio y sin poder volver a mirar al chico, que esperaba, fuera de la mudanza y no lo volviera a ver nunca más, entré en casa y cerré mi balcón y las cortinas.
Este día, ya empezaba mal.
Tratando de olvidar mi vergonzoso momento al aire libre, me preparo algo simple para desayunar mientras saco mi ropa del closet, para salir a trabajar, ya vería por dónde porque no pensaba cruzarme con el sexy camionero de la mudanza.
De pronto como si todo no pudiera ir a peor, siento un estruendo justo encima de mi cabeza, que salté y grité del miedo a que mi nuevo vecino fuera a atravesar su piso y mi techo y cayera sobre mí.
Que maldito día estaba recién comenzando.
Peino mi cabello castaño y lo dejo suelto, amo llevar el pelo suelto y justo cuando me estoy maquillando tocan el timbre de mi casa. Lanzo el lápiz de ojo con furia sobre la encimera del baño y voy para la puerta.
Menuda impresión por segunda vez en el día me llevo cuando abro y delante tengo al sexy camionero está vez, solo en su jean.
Que bueno está el maldito, pienso, menudo cuerpo se gasta el tío.
Si me tropezara contra un abdominal de esos seguro me fracturaba algo.
- Perdón vecina, no quería agitarla- que voz, dios de mi vida, pero...¿Que es esto?
Recién me daba cuenta que era la descripción exacta de uno de los personajes de la historia que recién acababa de publicar bajo un pseudónimo y en una editorial que no era la mía.
Pero es que era idéntico a mi chico, bueno idéntico físicamente, espero. Porque mi personaje es un psicópata que acosa su víctima y luego la mata. Espero que solo se parezca físicamente.
- ¿Acaso me veo agitada? - pregunté cerrando bien mi albornoz y obligando a mi entretenida mente a salir del trance.
- Un poco tarde para hacer eso, guapa- dijo dándome una cercana vista de sus perfectos dientes.
- ¿ Hacer que? - aguantaba la puerta con una mano y con la otra mi escasa ropa.
- Se te va a cortar la circulación de los dedos, de tanto apretar, si ya me diste una exquisita vista. No te cortes ahora.
- ¡Serás grosero!...
- Es cierto, me disculpo. Es que...
Levantó las manos en señal de paz, pero se mordió los labios con la vista fija en mi escondido pecho.
- ¿Me vas a decir de una vez, que quieres? Estoy algo apurada.
- Es una pena, pensé que podrías darme la bienvenida ofreciéndome un café. Me siento la presión algo baja.
Apoyó sus dos palmas en los marcos de mi puerta y sus abdominales se contrajeron gloriosamente. Menudo cuerpazo tenía el hombre.
- Pues hay más puertas en el edificio, seguro con tu atuendo más de una te ayudará con la presión.
Maldición. ¿Por qué había dicho eso? Su amplia sonrisa me dijo que le había encantado mi discurso. ¿Por qué no podía cerrar la maldita boca nunca? ¿Quien demonios se había robado mi filtro?
- A pesar de que me encanta que te guste mi cuerpo, me disculpo por mi atuendo- hizo comillas con sus dedos- no quiero causar mala impresión a mi vecina el primer día. Venía a disculparme por el estruendo de hace un minuto. Mi cama se resbaló y termino dando un tremendo golpe. Por eso bajé rápido, con tan poca ropa a verificar que no haya dañado tu techo.
La que me faltaba, encima de haberme visto un seno, y de ser idéntico a un personaje que mi pervertida mente creó, ahora era mi vecino y dormiría justo encima de mí.
- Bastante sonó, pero tranquilo que todo está bien. Solo aprovecho para pedir si eres tan amable, evites los golpes a tu cama. Estás justo encima de mí.
- ¡Oh nena! Me encantaría estar encima de tí. Pero ya solo de saber dónde duermes, me hará imaginarlo a gusto.
- Pero bueno... ¿Cómo puedes ser tan atrevido? ¿Sabes tú si estoy casada?¿Y si sale mi marido y te parte la cara?
Su sonrisa no se borraba, yo indignada y el divertido.
- Creeme cariño, sé más de lo que te gustaría.
Y así, sin más, se largó.
Antes, me lanzó un beso; pero no me dió tiempo de averiguar, que fué lo que quizo decir.
El día se presentaba de lujo.
Muy molesta, me vestí.
Me decidí por una camiseta de cuello alto, chaqueta y pantalón para evitar futuros posibles accidentes como el de esta mañana. Una cartera llena de todo lo que pudiera necesitar, dado el tremendo mal augurio que precedía mi día y salí a la editorial.
Cómo quedaba cerca de mi casa, llegué enseguida y caminando. No me arriesgaría a tomar el coche hoy, igual atropellaba a otro sexy personaje.
- Buen día Gastón, me alegro de verte.- le digo al guardia de la puerta, era mayor ya y había estado enfermo.
- Buenos días señorita Nicole.
Seguí saludando a todos los que iba encontrando según avanzaba a mi oficina.
Una vez allí dejé todo, tomé el documento de los apuntes para el cliente y me dirigí a la oficina de Robert.
- Buenos días, ¿Se puede?
No esperé que me dejaran pasar, si ya me habían llamado y en quince minutos estaría aquí el cliente, pues era obvio que podía pasar.
- Que bueno que llegas Nikky, que pesado está Robert, dile que todo va a ir bien. - me besa mi amiga, y mi otro jefe me repasa con la vista. Su descaro no cambiaba.
- Muy guapa muñeca, tú sí que sabes impresionar a los clientes.
- No te hagas el gracioso Robert, sabes que no lo soporto.
- Venga Nikky, hubo una época en la que te encantaba. - que molesto es con eso siempre.
- Si Robert, tu lo has dicho, hubo... Y justamente dejó de haberla, por lo mujeriego que eres y que siempre has sido y porque eres mi jefe, mi amigo y nada más.
- Amo estos momentos entre ustedes, me siento tan ignorada que da gusto. Cabrones...
Mi amiga, era única, le encantaba que le diera raspes a Robert. Me usaba para eso, y es que él también, me lo ponía a huevo.
Tuvimos una historia en la universidad, pero el es un mujeriego irremediable, y yo ya pasó de esos hombres. Ahora mismo solo quiero vivir mi vida y crear mi futuro, sola.
Ya habrá tiempo para buscar pareja. Si es que existe alguien que cumpla un mínimo de mis expectativas. Soy un poco tiquismiquis en ese sentido.
- Bueno, ya que no te puedo convencer de volver a jugar en mi liga, podemos entrar en materia.
- Estás plasta hoy...
Le dice Letty y nos sentamos al frente de el, acomodó sus piernas sobre el buró y nos hizo señas para que presentaramos todo lo que teníamos listo para el cliente.
Diez minutos después, con un café en mi mano y los documentos en la otra, escoltada por Robert y Letty, entramos a la sala de reuniones.
El bendito cliente llegaría mañana, pero se adelantó pues según él, debía viajar.
Era un niño mimado de su papi, que como ya no sabía que hacer con su dinero decidió escribir un libro sobre temas empresariales, según su visión, sería una especie de guía para quienes quisieran emprender negocios tan fructíferos como los suyos.
¡Cómo si la gente de clase baja pudiera montar conglomerados leyendo un libro!
Pero como mi trabajo era editar lo que escribían otros, yo me dediqué a lo mío y ahora debía exponer mis decisiones para los ajustes que le había hecho a su libro.
- Espero que no sea demasiado egocéntrico, porque la verdad he trabajado mucho en su libro. No me gustaría que un malcriado viniera a tirar por el balcón mi trabajo.
La mirada de Letty me indicó que cerrara la boca.
Lo que cerré fueron mis ojos, como todo el maldito día, otra cosa me salía mal.
Sabía sin girarme que el cliente estaba detrás de mí, oyendo todo lo que había acabado de soltar por la boca. Definitivamente yo no sabía callarme, era una facultad que dios me negó.
- Haré mi mayor esfuerzo, señorita, para no lanzar por mi balcón su trabajo, hoy he visto demasiadas cosas por los balcones como para sumar mi libro también.
Me giré despacio, enderezando mi cuerpo que estaba inclinado sobre la mesa acomodando las cosas y cuando nuestros ojos hicieron contacto, su maldita bendita sonrisa se ensanchó.
- ¡No puede ser!- dije.
Tierra trágame ahora mismo y no me escupas jamás.
Mi maldito vecino, el puñetero estaba ahí, fabuloso, metido en un traje negro que le quedaba incluso mejor que los anteriores atuendos que le había visto en el transcurso de la mañana.
¿Dios, por qué me castigas?
Encima que me lo mandas para torturarme, lo creaste a imagen y semejanza de mi más oscuro y sexy personaje ficticio.
Pero este que me sonríe con sorna, es de verdad...
¡Que mal todo!
Ya no era solo, el hecho de tenerlo encima... O sea, encima de mi casa, ahora también lo tendría de cliente.
Definitivamente me faltaba mucho karma malo por quemar.
-¿Nikki?, ¿Te pasa algo? - me preguntaba Robert, obviamente contrariado con mi extraña actitud.
No podía dejar que el supiera que este sexy personaje había tenido un previo encuentro, bastante especial conmigo.
Negué con mi cabeza, más para mí misma que para responder su pregunta.
- Un placer señor, soy Nicole Edwards, su editora.- le ofrecí mi mano esperando que me siguiera el juego.
Y eso hizo, solo que los juegos a él, al parecer, se le daban muy bien.
- Cariño, no disimules, estoy seguro que no te van a echar por ser mi novia. No podías saber que yo era tu cliente. Y además, me estoy gastando una pasta aquí, solo por ti nena.
Abrí mis ojos... Y mi boca.
Menos mal que estaba de espalda a mis jefes.
La mano que le había ofrecido y que se encontraba ahora entre la suya, empezó a sudar y él, tan tranquilo,tiró de mí haciendo que me detuviera justo a escasos centímetros de sus labios .
Mientras yo le decía con mi irritada mirada que no se atreviera, el tío se mordió un labio seductoramente para luego pasar su lengua por él y arrasar con mi boca.
Mis manos se sembraron en su pecho haciendo presión para que me soltara, pero su agarre a mi cintura y mi nuca no me daban ninguna posibilidad.
Ignorando a mis jefes metió su lengua en mi boca y soltó un suspiro que se me contagió.
¡Dios mío, que bien besaba!
Su loción seducía mi cuerpo, su fuerza para agarrarme nublaba mi raciocinio, y su destreza para besar me humedeció la ropa interior.
Estaba perdida...
Un carraspeo nos hizo separarnos; pero el no me soltó, siguió acariciando mi nariz con la suya como si fuera un cariñoso novio...
¡Y mordí su oreja! Fuí a por ella con ganas.
- Si me echan por tu culpa, te lanzo por el balcón con cama y todo.- susurré apretando mis dientes hasta hacerlo quejarse.
- Joder nena, estás agresiva hoy. Sin embargo, me apunto a salir disparado con cama y todo por dónde quieras. Eso sí, contigo encima... O debajo, como tú lo veas.
¡¿Será descarado?!
- Señor Sloan, perdone pero ¿nos podría hacer caso a nosotros por favor? Espero no haya venido solo a visitar a su novia. Menuda sorpresa Nikky.
Ese era Robert, maldito y mil veces maldito karma que me trajo a un loco de vecino. Y lo peor era, que no podía desmentirlo ahora, ¿que iba a explicar?
No podía decir en mi trabajo que me había puesto a jugar a los vecinos cachondos . Que le había enseñado un seno a un cliente. Que además vivía encima de mí y me tenía caliente como hace tiempo no me sentía. Era un cliente muy importante para la editorial.
¿En qué tipo de posición me dejaría eso frente a mi jefe?
¿Cómo demonios iba a explicar que me había dejado besar por un desconocido, y en la sala de juntas. Ya era tarde para eso. No podía hacerlo. O... ¡No quería!
Robert parecía simpático pero con su editorial era bien exigente. Podía perder mi trabajo y lo peor era, que dejaría de tener la opción de continuar mi esquema de pago de mi casa y mi tranquilidad para trabajar sin preocupaciones con la editorial que se estaba encargando de mi libro.
- Sí, disculpen. Es que era una sorpresa para mi chica y se me fué un poquito de las manos. Siento que hayan tenido que presenciar nuestras muestras de cariño. Hace días no la veo y la he echado mucho de menos.
Y el muy soquete, besó mi cuello antes de girarme hacia mis jefes.
Ay dios, la cara de Letty era un poema. Ella era mi amiga, se supone que le contaba todo.
¿Cómo iba a solucionar todo ahora.? Maldito vecino, que ni su nombre me sabía y ya me había metido su lengua hasta la campanilla.
- Robert, de verdad lo siento, yo no tenía idea. Entenderé si quieres que otro editor lleve lo que sigue a partir de ahora. En serio no me voy a oponer.
Internamente rezaba para que así fuera. Era la mejor manera de librarme de este tipo y cruzarle la cara a gusto.
- Señor Forbes, lo que vengo a proponerles estoy seguro, que le resultará tan beneficioso que no reparará en este suceso. Luego de que me escuche no creo que tenga problemas en, entender y apoyar mi relación con su editora.
¿Que?
¿Pero que clase de ser era este?
Cada vez estaba más perdida.
¿De que relación hablaba él?
- En ese caso, por favor siéntense. Empecemos por lo primero- dijo mi jefe y mi amiga me miró con su mirada de... Si te pillo te mato.
El descarado y potencial novio falso, me abrió la silla, invitandome a sentarme, para luego dar la vuelta y ponerse frente a mí.
A mi lado mi amiga, me entrecerró los ojos y me ofreció un vaso de agua.
Esta ya había notado algo. Ella me conocía bien.
- ¿Le parece si me cuenta de que propuesta está usted hablando? - Mi jefe había entrado en modo bussines.
- Debido al buen trabajo que he podido observar realiza su editorial, a pesar de estar casi empezando y no ser muy grande para el mercado, me gustaría ofrecerle una fusión con una de las mías.
No entendía nada, y al parecer mis jefes tampoco.
El vecino sexy no dejaba de mirarme y yo debía estar del color de un tomate, me sentía los pómulos arder de los nervios y la sensación de su mirada verde sobre mí.
- ¿Una de las...suyas? - preguntó Letty, claramente extrañada por el plural de la frase.
- Poseo siete editoriales, le aseguro que a pesar de lo bien que me escondo de la prensa, mi segundo apellido les dará una idea de lo que les hablo.
Mirándome a mí y solo a mí dijo...
- Soy Mathew Sloan O'conner.
Si no me hubiese sentado, de seguro ya estaría en el suelo y con las piernas para arriba.
Madre mía, no me lo podía creer.
El maldito era el rey de las editoriales, un imperio en ese campo y ni siquiera eso era lo peor.
Lo peor era, que justo una de sus editoriales, era la que estaba llevando la publicación de mi libro.
Oh, dios que situación.
Ahora sí, se pondrían a sus pies aquí y yo seguiría metida en este lío, que no sabía cómo había acabado metida en él.
Solo había salido a la terraza con un maldito café en la mano, y un pecho asomado al balcón.
A ver porqué no desayuné en mi cama.
- Es un placer señor O'conner, disculpe no haberlo conocido es que no pensé - ya estaba tartamudeando Robert- yo no creí que, justo usted, tan joven, perdón por no reconocerlo. Por supuesto que sé de sus editoriales. Sería para mí un placer trabajar con usted.
Ya estaba arrastrándose mi jefe, no era para menos la verdad.
- No tiene problemas señor Forbes, pero si no le molesta quiero seguir siendo Sloan, prefiero mantener mi anonimato.
- Claro, no será un problema, pero dígame Robert, por favor.
Hasta rogando estaba ya. El idiota de Robert rogando y el imbécil de mi vecino mordiendo sus labios sin despegar la mirada de mi boca.
¡Dios que calor!
Empecé a reajustar mi ropa tratando de enfriar mi cuerpo, pero nada, no lo conseguía
La siguiente hora fue horrible.
Yo me sentía arder, de la intensidad de su mirada, de sus mordisquitos a los carnoso labios que poseía.
De todo el proyecto que estaban preparando y del que yo, ni siquiera me enteraba, pues estaba tratando de expulsar a mi vecino de mi mente y su efecto de mi cuerpo.
Es que era muy difícil, cuando el tío era la viva imagen de mi personaje. Mi mente había desarrollado un personaje del que estaba perdidamente enamorada, completamente igual a este sujeto megasexy que tenía delante.
A duras penas conseguí enterarme, de la rápida aceptación a la fusión que manifestó Robert.
Estaba jodida, y más jodida estuve cuando el clon de mi personaje dijo...
- Mientras mi chica esté al frente de todo, no tenemos problemas. Lo único que requiero es su total entrega a mí.
- ¿Te volviste loco , no? De ninguna manera voy a trabajar contigo. - podía tutearlo, llegados a este punto, el falso noviazgo me permitía al menos eso.
- Vamos cariño, tampoco es tan grave. Un poco más de tiempo juntos. Podemos trabajar incluso desde tu terraza que tan bonita vista ofrece. Será maravilloso.
¡Ay que lo mato!
¡Que alguien me aguante,que lo mato!
- Esperaré una semana, en siete días volveré y cerraremos o no, el trato. Todo depende de si podemos entre todos convencer a mi novia.
La mirada de mi jefe era de fusilamiento. Este me asesinaba hoy, fijo.
La de Letty sin embargo era muy divertida. La tía se la estaba pasando en grande a mi costa. Sabía que algo pasaba y se moría por enterarse.
Y el sexy bastardo se encaminó hacia mí, luego de darle la mano a los anteriormente mencionados, tomó mis caderas y pegandonos nuevamente, se acercó a mis labios y rozando mi nariz se despidió con un simple...
- Te veo en casa nena, estaré en la terraza.
Pellizqué sus antebrazos con mis dedos disimuladamente y obtuve a cambio un mosdisco en mi labio superior.
- Está misma noche voy a morder ese pezón que me tiene loco desde que me dió los buenos días esta mañana. Te lo aseguro.- susurró bajito solo para que yo lo oyera en mi oído.
Y ahora sí, dándome un pico se fué.
- Empieza a hablar ahora mismo...
Me dejé caer sobre mi silla, las rueditas se movieron tanto que casi me caigo al suelo.
Me cubro el rostro con las manos para no enfrentarme aún a mis amigos y jefes.
- Cuanto antes dejes el teatro, antes podremos saber, ¿Por qué jodidos, no nos habías contado de esto?- ya estaba Robert .
- Robert de mi vida privada, lo que yo cuento es opcional. A Letty le cuento más cosas, pero tampoco te pases.¿Que quieres que te diga?
Mi amiga me miraba risueña, enarcando una ceja. Sabía que se moría por saber la verdadera historia detrás de todo este lío.
- Quiero que digas que sí.
- ¿Que sí qué? - ni siquiera sabía si quería saber de que estaba hablando.
- Quiero que aceptes trabajar con tu novio. Sinceramente no le veo el problema, pero es evidente que hay alguno. Quiero que lo soluciones y trabajes con el.
Esto es alusinante. Llevo mis codos a la mesa para cargar mi rostro entre mis manos intentando no empezar a gritar.
- Es mi vida Robert, mi vida privada. No puedes meterte ahí.
- Y también es tu novio. Lo sé. Pero es que Nikky,no veo dónde está el problema.
Claro que no, como lo iba a ver. Si el que más había visto aquí, era mi puñetero vecino.
- Deja que hable con ella Rob, en privado. Cómo amigas, ya luego te diré y podrás sofocarla como jefe .
Ver a Letty acariciando el brazo de Robert y las miradas complices que se dedicaban, me dijo que aquí, yo no era la única con novedades.
- De acuerdo, pero por favor Nikky, piensalo, es el mejor en este tema y es una gran oportunidad para despegar nuestra editorial, y no pienso perderla. Por favor, ayúdame en eso. Al menos piénsalo. Por los viejos tiempos.
Que cabrón, decía eso, para que me sintiera mal por lo mucho que me había ayudado en el pasado.
Cuando salió y cerró a su espalda la puerta, Letty me lanzó un bolígrafo.
- ¿Cómo has podido, pedazo de zorra, tirarte a un tío así y no contarme? Eres mala ...
- No seas idiota, no me he tirado a nadie. - me defiendo, pero ella no me cree y sigue riendo.
- Claro, y yo me chupo el dedo.¿A santo de qué, un semental como ese te iba a presentar como su novia, si no te está follando?
Mordía su boli, mientras yo me servía agua,y la bebía apresurada. Estaba a nada de derramarla sobre mi ropa.
- Está loco Letty, se ha aparecido en mi vida de la nada, y resulta ser que está en todas partes.
Lo conté con detalles todo lo que había pasado. Hasta lo más vergonzoso.
Ella se rió de mí todo lo que pudo.
Y yo la quería estrangular.
- Joder tía, que suerte tienes. Ya me gustaría que fuera yo la que viviera bajo él. ¿No quieres permutar conmigo?
- No te hagas la payasa, que no se me ha pasado por alto que tú si que te estás tirando a Robert.
Se veía un poco avergonzada, era obvio su motivo. Ciertamente no tenía por qué, a mí no me importaba desde luego.
Habíamos tenido algo juntos el y yo, en la universidad, pero poco más.
- Letty, no hagas esa cara, que sabes que no me importa .
- Nikky, es que estaba borracha, me lo encontré en un bar, se ofreció a llevarme a casa. Pero me llevó a la suya y me metió en la ducha, le había vomitado el coche. Una cosa llevó a la otra y joder tía, la tiene enorme. Nunca me dijiste lo bueno que es en la cama
Se me pasó la borrachera con la primera follada.
Hice una mueca de asco...
- Venga tía, no me des detalles. No te dije nada, porque ni siquiera lo recuerdo. Fue una tontería de juventud, y para ser el mujeriego que es, muy malo no puede ser en la cama. ¿No crees?
Esa carita me decía, que estaba empezando a pillarse de el. Un tremendo error que nos jodería a todos.
- Letty, no te enamores de el. No aguanta ni un mes con la misma tía y la van a liar aquí.
- Llevamos dos meses follando Nikky- se tapó la cara con las manos y yo me volví a sentar frente a ella.
-¡ Serán zorros! ¿Para que se puso a ligar conmigo por la mañana? Encima contigo delante.
- Para disimular, no queremos que nadie lo note. - iba a replicar pero no me dejó - ya sé lo que vas a decirme, pero es que no puedo evitarlo, es una máquina en la cama, está buenísimo y me trata bien. Sabes que yo nunca me emociono de más con los tíos. Pero el es lindo conmigo. Lleva seis noches durmiendo en mi casa, hasta tiene cepillo de dientes allí.
Ahora sí que esperaba lo que fuera de mi vecino, los tíos habían sido abducidos y devueltos con el chip cambiado. Se habían vuelto locos todos. Si Robert estaba así, no quería ni pensar lo que sería capaz de salir del demente de Mathew Sloan.
- De verdad, no sé que decir. Me he quedado de piedra. Pero bueno, lo principal es que a mí no me involucren en sus líos. Si después acaban a hostias me voy a trabajar con mi novio.
Nos reímos tanto, que casi olvido el pésimo día que llevaba.
Quedé con ella en pensarlo un poco más, pero en el fondo todos sabían que aceptaría.
No me iba a negar a la posibilidad de crecer en mi trabajo y junto con mis amigos, además del hecho de publicar mi libro. Con suerte este hombre tremendamente loco no sabía que yo era Nicoletta Edinson. No tenía porque asociar mi seudónimo a mi nombre verdadero, además, mi editora allí era mujer, si no me cruzaba con el por el edificio de su editorial no veía el problema.
Llegué a mi casa casi con un trastorno de persecución, parecía una delincuente que se escondía de la ley.
En mi caso me escondía de mi vecino, el clon de mi personaje.
Cuando por fin estoy dentro y a salvo, dejo las llaves sobre el bowl de la mesita al lado de la puerta y quitando mis zapatos por el tacón, dejándolos en el suelo, me doy la vuelta para encontrarme con el esquizofrénico de mi vecino en mi sofá.
- ¿Pero, que coño...
- Hola nena.
El muy sin vergüenza, estaba allí, sentado en mi sofá, como si fuera su casa. Los largos brazos abiertos sobre el respaldo y una tasa de café en una mano. Vestido con un maldito shorts de mezclilla y nada más que su apolíneo torso descubierto. Y...sin zapatos.
Este se sentía como en su casa, pero es que era la mía.
- Ya esto es denunciable. Me estoy empezando a asustar con tu despliegue de mañas acosadoras.
- No cariño, solo estoy en casa de mi novia, esperándola a que llegue de su trabajo. Bueno del nuestro, trabajamos juntos amor. ¿Dónde está el acoso?
Caminé hasta él y parándome justo delante de sus abiertas piernas, con mis manos en la cintura me inclino para decirle mirándolo de cerca, en busca de señales de desorden mental.
- ¿Tu en serio no estás loco?.
Su sonrisa otra vez, aquella maldita dentadura blanca se mostraba ancha por toda su boca. ¿Es que no podía parar de reír?
- Estoy loco por tí, por besarte la boca y comerme ese pezón saludón que tienes, Nikky.
Me tomó el rostro y como estaba con la boca abierta, procesando lo que había dicho tuvo fácil acceso.
Me besó corto pero muy caliente.
- Ese es el saludo que tú novio merece nena.
- Mira, estás empezando a enloquecerme a mi también. Estoy a nada de llamar a la policía. Así que ya me estás contando de que vas, o te prometo que duermes esposado.
De vuelta la maldita sonrisa, con este tipo no hay quien pueda.
Debe tener un récord Guiness a la sonrisa más espléndida. Y permanente.
- Oh nena, ¿si te cuento me esposaras a tu cama? Esa idea me gusta.
Se me acercó y yo me alejé, alcanzó mi muñeca y me pegó a su pecho.
¡Maldito sea el pivonazo este!
- Solo de verte sacarte los zapatos se me endureció la juguetona - se miró hacia el paquete y casi le regalo una carcajada por el nombre que le había puesto a su paquete. Pero no podía quitarle seriedad al asunto.
- Pues dile a la juguetona, que cuidadito con jugar a nada en mi casa, y si quiere jugar contigo se suben los dos a la tuya y juegan a gusto.
Otra vez el maldito sonriendo, seguro le dolía la mandíbula.
- Cuidado nena, que está a punto de llorar, si se pone a llorar tendrás que acariciarla un poco para consolarla, pobresita.
Ahora sí no me pude aguantar la risa, esto ya era demasiado.
- ¿Pero tú de qué manicomio te has escapado?
- Del manicomio del placer. Te va a encantar cuando te muestre las terapias de choque que aprendí a dar allí.
¡ Que calor de pronto!
Su dedo se fue deslizando hacia arriba por mi brazo, llegó a mi hombro y retirando un poco mi ropa, bajo mi mirada dejó expuesto a su boca el hueco hacia mi cuello.
Una sola lamida allí, me cerró los ojos.
- Déjame, por favor.
- ¿No te gusta? - susurró en mi oído, y mordió mi lóbulo suavecito.
- Detente, no es correcto.
Se detuvo y casi me sentí ofendida.
Levantando las manos en el aire, gesto muy suyo al parecer, caminó hacia atrás y se sentó en el reposabrazos del sofá.
Las piernas abiertas y el torso fabuloso,maravilloso y ejemplar que tenía me hicieron salivar más de la cuenta.
- ¿Te parece si te cambias, yo abro una botella de vino y mientras nos tomamos una copa te cuento todo? Prometo que no soy un loco, ni un psicópata.
Es que se veía buena persona, divertido, educado y... Y todo lo demás dejaba de importar cuando se mordía los labios mirándome de arriba a abajo.
- No hagas eso. - levanté mi dedo.
- ¿Que cosa? - se hizo el desentendido.
- No me comas con la vista, ni te muerdas los labios.
-¿ Prefieres que te coma con mi boca y te muerda a ti, en vez de a ellos?
Si seguía manteniendo esta conversación con el, acabaría justo así. Con el comiéndome lo que quisiera, pero sería yo la que lo mordiera. Por sacarme de quicio y por ganas de probarlo más que todo.
- Lo que prefiero es que te calles, abras el vino, que asumo sabes dónde está y esperes aquí, a que baje. - especifiqué con un gesto ese aquí- no quiero tener que sorprenderte en mi habitación. Por favor.
- Ponte algo sexy ...
- Cierra el pico, no habrá nada sexy- no lo dejé ni acabar.
Pero no obstante el siguió, que exasperante era.
- Si lo habrá nena, serás tú sobre esa mesa de madera abierta de piernas conmigo en medio.
Le hice una seña dándome por vencida y subí a mi habitación.
Pasé seguro a la puerta y me cambié de ropa. Elegí algo cómodo y para nada sexy. Un poulover negro y un overol de mezclilla encima. También me quedé descalza, si el podía y no estaba en su casa, como no iba a poder hacerlo yo, que sí lo estaba.
Cuando bajé me lo encontré en mi cocina, bebiendo su copa y ofreciéndome una a mí.
Tomé la botella y le serví más a él, y tomé una nueva copa para mí.
- No voy a drogarte Nicole.
Vaya, que novedad, se había ofendido. Ahora sí estaba serio y me llamaba por mi nombre completo.
- Mejor no arriesgarme, no te conozco y dado tu propensión a apropiarte de mi vida, es un riesgo que no pienso correr.
- Habla ahora. - le dije mientras me giraba a tomar una almendra de un paquete que había abierto el muy atrevido.
Sentí sus manos en mi cintura y su cuerpo pegado al mío por detrás.
Su respiración en mi nuca y sus dedos bordeando mis costillas.
- Te necesito Nikky - susurró en mi oído, pasando sus manos por mi abdómen y no sé porque me dejaba hacer por el.
Era la sensación de mi cuerpo reaccionando al de el, o se me había subido la copa a la cabeza pero me dejé girar y me subió al mesón de mi cocina.
Deslizó los tirantes de mi overol por mis brazos y se metió por completo en mi boca. Hundió su lengua en ella saboreando la mía.
Cuando sus manos tomaron el borde de mi poulover me tembló el cuerpo entero, cosa que aprovechó para continuar.
Me notaba receptiva y eso le dió confianza para avanzar .
- Dime que sí, dilo...
- Dime tú cómo entraste.
Ya estaba en sujetador y me sentía dispuesta a entregarme a él.
Lo deseaba, era adulta y porque no podía acostarme con un tío bueno y famoso.
Ninguna persona famosa me iba a hacer nada, que pudiera denunciar después. A fin de cuentas no era un desconocido.
De hecho el solo se hacía pasar por mi novio. Eso era justo lo que me preocupaba a mí.
- ¿Si te cuento, me dirás qué sí?
- Cuenta todo y te digo que sí a lo que quieras.
- Umm nena, me gusta tu respuesta. Pero antes déjame probar algo rápido.
Y sin verlo venir, echó hacia un lado mi sostén y se metió el maldito pezón en la boca.
Justo el que había visto en la mañana gracias a mi despiste.
Eché la cabeza hacia atrás deleitándome en la sensación, su otra mano obligaba a mi columna a permanecer recta para el.
- Ohh Mathew, maldito. Eres un maldito descarado.
Sacó su boca de mi seno y pegando sus labios a los míos dijo...
- Repite mi nombre con esa boca por favor. - lo miraba a los ojos sin obedecer, de pronto su dedo índice y pulgar agarraron mi pezón y lo hacían girar entre ambos, arrebatándome su nombre de entre mis labios.
- Joder nena, seré breve porque me muero por hundirme en tí, aquí mismo. No llegaré a la habitación. La juguetona está dando saltos aquí dentro.
- Habla, y ya te dije que lo que quieras.
- Nena, no sabes lo que dices...