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Seduciendo a la repostera

Seduciendo a la repostera

Autor: : Mary Lundh
Género: Urban romance
Rossalyn Parker era una mujer acostumbrada a los golpes de la vida, a los 7 años de edad descubrió que su padre era un hombre rico y miserable a quien solo le importaba divertirse, tras la sufrida muerte de su madre por el cáncer a sus 16 años queda totalmente huérfana, por lo que aprende a valerse por sí misma para sobrevivir, su sueño siempre fue tener su propia repostería y estaba dispuesta a sacrificar algunos años de su vida en la gran ciudad para lograrlo, su carácter tenaz y valiente siempre hacía que la compararan con la fuerza incontrolable de la naturaleza, al igual que el huracán que había propiciado su encuentro con Aaron Luke Stone, un hombre millonario, narcisista y extremadamente guapo, que al sufrir un accidente durante el desastre natural pierde la memoria y es rescatado por Rossalyn, ella lo cuida durante un periodo de tiempo hasta que él inesperadamente recupera la memoria y desaparece al olvidar de los sucesos ocurridos durante su experiencia traumática, cuando posteriormente se le informa con detalle de lo sucedido durante su desaparición, se obsesiona con encontrarla para compensarle económicamente por su buena acción, pero al descubrir que su salvadora es una encantadora, atractiva, orgullosa e independiente mujer, que en particular detesta a los hombres de su calaña, decide que sus planes para ella necesitan unos pequeños ajustes. ----------------------------------- Querido lector Esta novela es la primera de la serie Flores Silvestres, muchas gracias por su apoyo constante, quiero más noticias sobre mis novelas, síganme en las redes sociales @marylundhautor

Capítulo 1 Si la vida te da sólo golpes aprende a batear

Era un día domingo cuando un hombre apuesto a sus 30 años se le acercó en la acera y la llamó hija, tenía tan solo 7 años de edad, había estado muy contenta al ver que su madre finalmente vestía una ropa bonita y se maquillaba como las demás mujeres, irían a la panadería a comprar sus cupcakes favoritos, le prometió, a ella le encantaban los dulces, pero más aún amada hornearlos con su madre los días sábados por la noche, era un ritual que tenían desde que ella podía recordar.

Era una niña lista y a su edad ya sabía que ese hombre no podría ser su padre, la vida que llevaban con su madre era muy humilde y no podrían pagar un vestuario tan caro como el que llevaba ese hombre, él había dicho "mi hija" señalando con el dedo como si ella fuese un objeto. Rossalyn al sentir miedo buscó refugio detrás de las faldas de su madre, no quería escuchar la conversación, porque sabía que era de mala educación, y ella siempre era una buena niña, pero tenía mucha curiosidad porque su madre discutía y estaba muy molesta, el hombre a quién jamás llamaría "padre" intentaba deshacerse de ambas dándoles un fajo de billetes

- No quiero tu maldito dinero, decía ella

- Se acabó, tómalo, lo necesitarás

- No necesito nada de ti, ya dejaste claro que no te importamos

- Sabías que lo nuestro no iba a durar, no es mi culpa que quisieras conservarla - dijo señalando a la niña.

- No te atrevas, no en frente de ella

- Te dije que no la quería, ¿si no querías mi dinero para qué me llamaste?

- Estoy preocupada por su futuro

- Ella no es mi responsabilidad ¿recuerdas?

- Pero es tu hija

- Eso es lo que dices

- Sabes que eres su padre, tiene tus ojos

- Se acabó Caroline, se acabó hace 8 años - repitió el hombre y se marchó dejando el dinero tirado en el piso.

Años después su madre le había contado su nombre, su padre era "Joseph Daniel Winter" heredero de un conglomerado de empresas, él nunca la había querido, su madre fue su asistente personal, abandonada a su suerte cuando descubrió que estaba embarazada, solo fue una más de sus muchas conquistas, para él nadie especial, un hombre como él no se casaría con una pueblerina, su matrimonio era un negocio entre conglomerados y se había casado poco después con otra mujer que tenía una herencia igual de sustancial que la suya.

En el pueblo "Valle de las flores" llamado así por un jardín natural ubicado cerca de las zonas rocosas, vivían Rossalyn y su madre, allí aprendió a temprana edad a no dejarse impresionar por las riquezas, y mucho menos confiar en los hombres, la mujer que la crió había pagado caro por entregar su corazón tan despreocupadamente, todas las privaciones que tuvo que pasar no fueron nada comparado al sufrimiento que había presenciado año tras año en el rostro de su madre, una mujer que le había enseñado a apreciar los pequeños triunfos y no menospreciar a los más necesitados, ella había aceptado no tener padre, pero no estaba lista para perder a la única persona que consideraba su familia. Tras dos largos años de lucha contra el cáncer ella había abandonado este mundo, dejándola desolada y con una infinidad de deudas del hospital que pagar, a tan solo sus 16 años de edad Rossalyn Parker era una huérfana. No tuvo tiempo para llorar, sentirse miserable o ser consolada, apenas tenía tiempo para sobrellevar el colegio y todos los trabajos de medio tiempo que se había conseguido para empezar a cubrir sus propios gastos, por suerte habían logrado que un amigo de su madre pagara sus deudas del hospital para así devolvérselas ella en pagos mensuales, marcando así la rutina de su día a día durante los próximos 5 años, su madre siempre había querido que fuese a la universidad, aunque ella también le había animado con su sueño de ser una repostera, ella le decía que tenía un talento natural para crear y mezclar los ingredientes, hubiera querido ir a la universidad, pero tenía que saldar la deuda antes de seguir con su propia vida. Ni bien se graduó del colegió ingresó a trabajar en diferentes empleos de tiempo completo, posteriormente hubo una vacante en la pastelería local y consiguió un puesto para elaborar los dulces, a partir de allí su vida había tomado una nueva dirección, tenía un propósito, le había tomado el gusto a trabajar en repostería y a pesar de que no tenía estudios al respecto, creía que verdaderamente podría hacerlo el resto de su vida, armar su propio negocio era un sueño que le parecía muy lejano, pero un sueño es algo lejano hasta que uno trabaja duro y lo alcanza, o al menos eso era lo que decía su madre, se había propuesto tantas cosas, y había muerto tan joven, lo lograría por ella, lucharía y alcanzaría sus metas aunque tuviese que sacrificar a algunos años de su juventud para lograrlo.

En el Valle de las flores los días eran muy tranquilos, en un pueblo pequeño cualquier cambio de look era una gran novedad, de cierta forma le gustaba esa monotonía, conocía a sus vecinos y ellos le apoyaban cuando había necesidad, era un hogar, y ella había sido feliz allí a pesar de la pobreza, sus mejores amigos habían crecido, estudiado y se casado allí, ella tenía otros planes, trabajó arduamente durante 5 años para saldar su deuda y ahorrar algo de dinero para su futuro, quería arriesgarse e ir en busca de su sueño. Su amiga Daisy decía que estaba perdiendo los mejores años de su vida, pero ella no lo comprendía, cuando Rossalyn horneaba sentía que volvía a ser una niña, esos recuerdos eran todo lo que le quedaban de su madre, y ella quería conservarlos para siempre.

Todos conocían su historia, y le habían dado una mano cuando sus días se volvieron oscuros tras la muerte de su madre, ella había aprendido a sobrevivir, pero también a valorar a las personas, conocía sus rostros, nombres y sus tentempiés favoritos, se sentía parte de una gran familia allí, por eso le dolía que tuviera que abandonarlos pronto, quería volver algún día siendo una mujer profesional y abrir la mejor repostería del pueblo, dar trabajo a su gente, finalmente darse la oportunidad de amar, tener una familia, hijos con quién hablar de la hermosa persona que la crió y le enseñó todo lo que sabía, necesitaba partir por un bien mayor, si se quedaba nunca podría ahorrar lo suficiente para abrir su propio negocio, hasta su jefe el señor Beckett le había dado su bendición cuando le contó sobre sus planes, le dijo que debía confiar en sí misma y en su talento, que las cosas saldrían bien y que siguiera su propio camino donde quiera que éste la llevara.

Con el tiempo el dolor por la pérdida de su madre fue menguando pero seguía sintiendo un vacío que nunca podría llenar, así que hacía todo lo posible para mantenerse ocupada con distintas actividades, pasaba sus días horneando en la pastelería y los fines de semana ayudaba en un albergue parroquial, su jefe era un hombre de buen corazón que siempre le daba los excedentes producidos del día para que ella se los diera a los necesitados, con su colaboradora más fiel y amiga Yasmine Sullivan, que por cierto era la hija del único doctor del pueblo, siempre estaban organizando eventos para ayudar a las familias que se veían afectadas económicamente por pérdida de trabajo o desastres naturales, haciendo de buenas samaritanas ellas sentían que sus vidas tenían un propósito, viviendo en un pueblo tan pequeño a veces sentían que se estaban perdiendo del mundo, desde pequeñas soñaban con viajar y conocer lugares que veían en la televisión, muchas veces fueron el soporte una de la otra, especialmente cuando ella quedó sola en el mundo, la familia Sullivan la había acogido, en su hogar y apoyado cuando ella decidió que ya era hora de emprender su propio camino y ser independiente, Yasmine era la hermana que ella nunca tuvo y la persona a quién más extrañaría cuando finalmente se marchara.

Al llegar a sus 22 años Rossalyn había perdido mucho, pero también debido a su infancia difícil había ganado mucha fortaleza, su carácter se había vuelto tenaz y valiente, solía ser comparada con la fuerza incontrolable de la naturaleza, ella misma solía pensar que sería capaz de sobrevivir a cualquier cosa, sin saber que al decir esto que tarde o temprano tendría que comprobar sus propias palabras.

Capítulo 2 Un encuentro catastrófico

Rossalyn estaba a medio turno cuando escucharon en la radio una alerta de huracán, éste azotaría a la zona costera, el pueblo en donde ella vivía se hallaba en una zona geografía asombrosa, de un lado se encontraba el océano pacífico y del otro áreas rocosas con llanuras de flores, la mayoría de visitantes llegaban atraídos por su belleza exótica, otros por las actividades recreativas recién abiertas en la zona portuaria de la costa, particularmente ella amaba la tranquilidad de ese lugar, pero con los cambios climáticos de la última década, las catástrofes naturales se volvían más frecuentes,

fuertes tormentas, sequías, y ahora huracanes, a pesar de que el pueblo no estaba tan cerca de la costa, las repercusiones siempre llegaban y causaban desastres pensó

- Señor Beckett, están recomendando cerrar los negocios e ir a los refugios

- Si ya he oído, acabo de colgar con el alcalde y ya van a sonar la alarma

- Terminaré de hornear este último pedido y luego cerraré, creo que será mejor que vayan antes de que empeore el clima, yo vivo cerca y puedo llegar a casa más rápido.

- Está bien, nos ayudaremos para colocar las tablas de protección en los vidrios y luego nos iremos.

Media hora después ya se escuchaba el zumbido del viento a gran velocidad, Rossalyn empezaba a preocuparse de no poder llegar a su viejo chevy estacionado a una cuadra de la tienda, tenía que terminar de empaquetar el último pedido para una fiesta de bautismo que se celebraría en la parroquia, no podían fallar, eran pocos los eventos que generaban grandes ganancias para la tienda y debía ser enviado en la mañana siguiente.

- Tendré que apresurarme si quiero llegar a casa antes de que llegue la tormenta - se recordó

Salió dando traspiés, el viento llegaba a una velocidad que apenas le permitía mantenerse en pie, no era una mujer alta y mucho menos corpulenta, tenía una constitución un delgada y curvilínea, se arrepintió de haber abierto su paraguas porque solo le estaba obstruyendo la visión, volvió a lamentarlo segundos después al ver que salió volando disparado por el viento.

- Ahora tendré que correr- se dijo

El pueblo se veía desértico, parecía una película de zombies, le dio una sensación de angustia por alguna extraña razón, decidió que debía apresurarse y sería mejor tomar el atajo rodeando el pueblo para evitar los residuos de la tormenta que ya estaban volando por todas partes, tenía un chevy impala color blanco del año 1961, era una reliquia, un regalo recibido de su padrino el doctor Sullivan en el día de su graduación, aunque no era un vehículo nuevo y bien equipado, al menos tenía una carcasa resistente pensó, al ver cómo un vehículo abandonado estaba con la chapería hecha papilla en el carril izquierdo de la carretera. Un cartel había volado y aterrizado encima de su techo aplastándolo, por un segundo pensó que el conductor ya había dejado el vehículo, porque la puerta del estaba abierta, pero al pasar al lado del automóvil vió que alguien todavía estaba allí sentado al parecer inconsciente.

- Dios mío! - gritó

Se apresuró a descender de su auto y a grandes zancadas llegó a ver como estaba el hombre.

- Por favor que no esté muerto - dijo a modo de súplica, no le podía ver el rostro ya que estaba cubierto de sangre

- No estoy muerto - respondió con una voz muy apagada y débil, evidentemente estaba al borde de perder la conciencia

- Señor ¿me escucha? Aguante, lo sacaré de aquí, ¿puede moverse?

No dijo nada, pero movió levemente la cabeza asintiendo, entonces ella empezó a indagar, quería ver si no le había travesado algo a su cuerpo o estaba preso de alguna manera, entonces vio que al aplastarse el techo estaba presionando la silla del conductor hacia el frente, tuvo suerte que la bolsa de aire funcionó al igual que el cinto de seguridad, allí estaba el problema pensó, él no podía desenredarse y mover la palanca de la silla hacia atrás para hacer más espacio y salir, rápidamente corrió hasta su auto y trabajo con ella un estilete y una toalla de mano, le presionó la frente y le dijo:

- Presiona, debemos parar el sangrado, voy a cortar tu cinturón y luego intentaré mover la silla un poco para atrás, puedes sentir tus piernas?, le preocupaba que se hubiera lastimado la columna y en ese caso moverlo sería un error.

- Sí - dijo con mucho esfuerzo

- Eso es una buena noticia - y procedió a hacer lo que había dicho, al rato ya había podido hacer espacio suficiente para sacar sus piernas y el resto de su cuerpo

- Ahora te moveré lentamente, tendrás que recargarte en mi cuerpo, - espero que esto funcione pensó, el hombre era enorme comparado con ella

El asintió, y ella lo movió, pudo ver la mueca de dolor al levantarlo, tal vez tenía rota alguna costilla pensó, necesitaba moverlo rápido, el clima empeoraba a cada segundo

- Escucha, tendrás que ir en el lado del copiloto, mi auto solo tiene 2 puertas, voy a sentarte y trataré de recostar todo lo que pueda el asiento ¿está bien?

Él ya no respondió, simplemente se dejó guiar por ella, cuando consiguió ubicarlo a duras penas en su auto, trató de limpiar con la toalla parte de su rostro para ver la gravedad de su herida, al hacerlo se dio cuenta de 3 cosas:

1. El hombre necesitaba un médico inmediatamente

2. Necesitaba ubicar al único médico del pueblo, porque ir a la costa no era una opción, por suerte ese médico era su padrino y sabía perfectamente donde vivía.

3. El hombre que acaba de encontrar era terriblemente guapo

Al recuperarse de la sorpresa Rossalyn saca su celular y llama a la única persona que siempre le contesta rápido

- Hola Rossy ¿estás bien?

- Hola Yaz, sí pero tengo un problema

- ¿Qué paso?, no me digas que aún siguen en la pastelería

- No, ¿dónde está tu padre?

- Ésta aquí

- ¿Dónde es aquí?

- Estamos en el consultorio ¿quieres que te lo pase?

- No es necesario, dile que prepare todo lo necesario para primeros auxilios, llegaré en 10 minutos como máximo

- Rossy dime que paso, ya me estas preocupando

- Yo estoy bien, pero me he encontrado a una persona herida de gravedad en el camino

- Dios!, ¿lo traes en tu auto?

- Sí, ¿en que más lo haría?

- Solo quería saber, papá pregunta donde está herida la persona

- En la cabeza, el techo de su auto quedó un poco aplastado por un cartel

- ¿Estas segura de que está vivo?

- Ya sé que nunca fui bueno con esto de los primeros auxilios, pero estoy segura de que está vivo, hasta hace algunos segundo estaba hablando

- Papá dice que hay que mantenerlo despierto, quiere que le sigas hablando para mantenerlo consciente

- Haré todo lo posible, pero ha perdido mucha sangre

- No puedo hacerlo, en la urgencia no he podido revisar si el si tenía alguna identificación o si lo ha dejado en el auto

- Quiere que le preguntes

- Señor, señor despierte, ¿sabe su tipo de sangre?

AB éste respondió apenas audible

- Dijo AB, debo colgar, ya es peligroso conducir sin hablar en el teléfono - explicó

- Ok, nos vemos enseguida Rossy, cuídate

Siguió conduciendo mientras miraba de reojo si el hombre seguía respirando

- Señor trate de mantenerse despierto, es importante que no pierda la consciencia -suplicó

El no respondía, el viento había empeorado y aún le quedaban como

1200 metros para llegar al consultorio, le preocupaba que alguna parte del trayecto estuviera bloqueado destrozos arrastrados por el viendo, miró nuevamente al desconocido, parecía estar consciente de sus movimientos a pesar de tener los ojos cerrados, ahora que lo pensaba no le había visto bien los ojos parecían verdes, su rostro la dejó un poco perturbada, a pesar de estar evidentemente inflamado se veía muy atractivo, era el tipo de hombre que ella evitaba incluso saludar, pensó, al ver que ya llegaban intento comunicarle que ya le atenderían

- Señor llegamos, ¿estará bien me escucha?

Yasmine abrió la puerta y corrió con su padre y otros 2 enfermeros a recibir al herido, cuando Rossalyn bajó del auto tenía sangre en la ropa, eso los asustó

- Dijiste que no estabas herida - le gritó Yaz

- No es mi sangre, apresúrense está muy mal

- Lo vamos a colocar en una camilla, ¿está despierto?

- Creo que sí

Ella abrió la puerta y lo miró, al parecer estaba consciente, le tocó suavemente el brazo cuando él finalmente abrió sus ojos y le dijo:

- Tu nombre

- ¿Yo? Yo soy Rossalyn, Rossalyn Parker - agregó, por alguna razón sintió que en ese momento era importante que ella se identificara correctamente

- ¿Y tú quién eres? - le preguntó con curiosidad, al darse cuenta de que no le había preguntado siquiera el nombre

Él puso una expresión extraña, como cuando uno piensa y no le viene a la memoria la respuesta

- ¿Tú quién eres? - le volvió a preguntar, unos instantes después el respondió diciendo:

- ¿Sabes? No tengo la más mínima idea.

Capítulo 3 Mujer al rescate

La expresión del hombre conmovió a Rossalyn, evidentemente no podía recordar su propio nombre.

- No te preocupes, debe ser la conmoción - ella dijo con urgencia intentando calmarlo - ¡Alguien puede ayudarme! -gritó al tiempo que los enfermeros se le acercaban.

- Espera... - dijo sujetándole la mano, ella lo miró

- Gracias.. - profirió con una voz apenas audible y en ese instante algo dentro de ella se rompió.

No fue una sensación de dolor, más bien de nostalgia, nunca en su vida antes hubo que preocuparse por un hombre, tal vez la situación le recordó lo que había perdido al no tener un padre, volviendo a la realidad se movió y dejó que lo ingresaran al consultorio, a partir de ese momento ella perdió la noción del tiempo, no la dejaron ingresar con él y de cierta forma eso la molestó, no era pariente suyo pensó, pero en ese momento era lo más cercano a un familiar, estaba preocupada, sentía que era su responsabilidad, que no muera se repetía. Sesenta minutos después el doctor Sullivan salía a decirle que el hombre viviría.

- ¿Y bien?

- Está vivo

- ¿Y?

- Aparentemente tiene amnesia

- ¿Y la herida?

- Se dio un buen golpe, y tiene un corte superficial en la cabeza, por suerte no se ha roto ninguna costilla, pero tiene muchos hematomas por el impactó.

El alivio que sintió fue evidente, porque su padrino intentó tranquilizarla un poco más.

- Estarás feliz de saber que no tendrá ninguna cicatriz visible

- ¿Qué? dijo ella mirando extrañada

- El corte en la cabeza quedará cubierta por el cuero cabelludo

- ¿Y porque eso sería relevante para mí?

- No es tu "amigo" - tanteó

- ¿Qué?, ¡no! yo solo lo encontré accidentado en la carretera.

- Por tu expresión creí que eran cercanos

- Tal vez solo estoy siendo humanitaria, ¿quién se preocupará por él si no yo?

- Qué bueno que lo mencionas, porque cuando le dé de alta necesitará un lugar para quedarse

- ¿No pensarás que se quedará conmigo?

- No tengo como hospedarle aquí, y ya sabes que en mi casa no hay espacio porque Yaz acogió temporalmente a dos niños huérfanos

- - Lo sé - dijo riéndose al recordar de esa escena, Yaz había llegado sin previo aviso con dos huérfanos desamparados y su padre no le pudo decir que no - ¡pero no se puede quedar conmigo! - siguió -debería hospedarse en un hotel.

- ¡Vamos Rossy! - siempre usaba su diminutivo cuando quería persuadirla de algo, el muy desgraciado pensó.

- Solo piensa por un segundo en la situación del "pobre" hombre, está herido, no tiene memoria, ni dinero, y mucho menos parientes o amigos aquí, y hasta que pase la tormenta no podré pedirle al sheriff que vaya a recuperar sus cosas del auto, además - agregó - aunque supiéramos quien es, no creo que vayan a venir por él con esta catástrofe en curso.

- Entiendo - tuvo que admitir a duras penas - está bien - pero solo hasta que recuperen sus cosas o su memoria, pensó

- Esperaremos hasta que pasé la peor parte de la tormenta, luego puedes llevarlo a descansar, lo he medicado y estará dormido por un par de horas

- ¿Crees que lo de la memoria sea temporal?

- Es difícil de saber a ciencia cierta, puede ser debido al golpe, un trauma físico por el accidente o solo psicológico, muchas personas olvidan para protegerse, no podré saberlo hasta que se haga un examen con un especialista.

- Ya, habrá que esperar entonces...

Dos horas después lo peor ya había pasado, tanto el clima como el hombre desconocido estaban más estables, finalmente se animó a ingresar para verlo, tenía cubierto solo la mitad del cuerpo porque le habían vendado el torso, ese hombre era lo que Yaz llamaría "demasiado atractivo para la salud mental de las mujeres", tenía la piel algo bronceada y el abdomen marcado, no quiso pensar en lo que había debajo de las sábanas, pero igualmente su mirada se posó en la zona de su bajo abdomen en donde sobresalía una línea de vello que sin necesidad de mucha imaginación sabía dónde iba a parar, no seas pervertida se auto-recriminó, su fuerza de voluntad ganó y dirigió su mirada a su rostro, ahora que lo tenía limpio se le podía notar una barba sin afeitar de al menos dos días, sus cejas eran bien definidas y la nariz pequeña, sus labios sin embargo eran pecaminosamente carnosos, llevaba un corte de cabello formal, parecía un abogado, pensó, como tenía los ojos cerrados aún tenía dudas sobre el color, pero le habían parecido verdes, se mordía el labio inferior mientras analizaba su cuerpo dormido, estaba empezando a compararlo con una obra de arte, ¡ya deja de alucinar! Rossalyn volvió a auto-recriminarse, entonces ingresó el doctor y empezó a darle indicaciones sobre la medicación y los cuidados que debía tener en los primeros ¿días?, ¿es que pensaba que el hombre se quedaría por una semana?

- Espera Doc., ¿por cuánto tiempo exactamente piensas que debe estar de reposo?

- Absoluto, al menos dos o tres días, depende de cómo evoluciona.

- Si tiene que tener ese tipo de atención ¿por qué no se queda aquí?

- Porque aquí no es un hospital, solo atendemos las urgencias, ¿quieres que lo envíe a la costa en medio de un huracán?

- No, por supuesto que no, solo quería que tuvieras claro que no soy una enfermera y tengo un trabajo ¿recuerdas?

- Lo recuerdo perfectamente... -le recordó - él había intentado enseñarle el oficio, pero Rossalyn era demasiado sensible a la sangre, siguió diciendo - Estoy seguro que Beckett te puede dispensar por uno o dos días.

- No puedo darme el lujo de perder dos días de trabajo Doc.

- No debes preocuparte, yo lo voy a llamar y responderé por ti, todos saben lo trabajadora que eres, además es por una buena causa, tú siempre estás haciendo de buena samaritana ¿verdad? - dijo sarcásticamente para presionarla.

- Sí - dijo quejándose - pero solo lo haré porque me siento responsable por él.

- Creo que ya podemos trasladarle, puedes irte en tu auto, yo lo llevaré con los enfermeros en la furgoneta, así no tenemos que moverlo de la camilla, sigue con los efectos de la anestesia.

- Ok, me iré adelantando para prepararle un lugar más o menos habitable.

El departamento de Rossalyn, no era el más lujoso, pero era acogedor, ella misma lo había pintado y decorado con tonos cálidos y suaves, tenía dos ventanales en la sala de estar que era de concepto abierto y daba a la cocina uniendo ambos espacios, entraba mucha luz por allí y se sentía muy hogareño, ahora mismo no se veía para nada acogedor pensó, estaba desordenado y oscuro, ella siempre era precavida y dejaba las persianas corridas antes de salir, creía que era triste tener que hacerlo, porque le gustaba llegar a casa y ver todo iluminado, pero últimamente el clima era inestable, y sus ventanas ya eran viejas, a veces filtraban cuando llovía, al menos había acertado esta vez, se dijo, al ver que su hogar estaba intacto, al menos nada se había roto, pero igualmente parecía que una catástrofe hubiera ocurrido allí, todas sus ropas estaban tiradas por la sala, se moriría de la vergüenza si un extraño viera sus tangas extendidas en el sofá, empezó a arreglar la sala pero aún le quedaba el desastre dejado en la cocina del día anterior, cuando había estado experimentando con nuevas recetas. A veces cuando dormía soñaba con su madre, en esos tiempos en que todo estaba bien y ellas horneaban pasteles y cupcakes, cuando despertaba sentía unas ganas incontrolables de hornear y de esta manera siempre inventaba una nueva mezcla de ingredientes que resultaba en algo delicioso, así había armado su pequeño libro de recetas que algún día sería parte del menú principal de su repostería

- Debería apresurarme - dijo al ver que ya habían pasado al menos veinte minutos desde que llegó.

Volviendo a la limpieza empezó a retirar las sabanas de su cama, no tenía otra habitación y no podía hospedar a un enfermo en el sofá, le tocaría dormir allí hasta que el hombre estuviese mejor para cuidar de sí mismo. Alguien golpea la puerta y se apresura a abrir, los enfermeros ingresan con la camilla plegadiza y ella les indica la dirección por donde deben ir, depositan al hombre todavía dormido en su cama, que ahora extrañamente parecía muy pequeña, tendrá que contentarse pensó, recibió las últimas recomendaciones del doctor antes de despedirse, no tenía nada que hacer así que fue a preparar un té, estaba un poco inquieta, nunca antes había tenido un huésped "masculino", y no se sentía muy cómoda con la idea de compartir la casa con él.

- Por Dios! está convaleciente, no es un peligro para nadie - dijo riéndose de sí misma por tener pensamientos tan tontos.

Pasó otra hora y como su huésped no había despertado pensó en hornear para distraerse, puso algo de música para inspirarse y comenzó a preparar su mezcla, al rato una torta ya estaba en el horno, mientras aguardaba a que su torta de batata dulce con su ingrediente secreto se asara abrió las persianas y vio que el cielo finalmente se estaba despejando, los rayos del atardecer se filtraban por las ventanas posándose sobre su rostro, finalmente su hogar se sentía cálido y con el aroma que flotaba a su alrededor parecía el paraíso.

Al despertarse pensó, ¿estoy muerto?, no que se sintiera fatal, pero no sentía nada, solo una sensación de que todo su cuerpo estaba inmóvil o demasiado débil para moverse, intentó levantar las piernas y a duras penas éstas reaccionaron, eso lo alivió, no estaba paralítico, sin embargo cuando quiso sentarse sintió unas nauseas terribles, logró controlar la bilis y bajó los pies de la cama, estaba desorientado pero se dio cuenta de tres cosas:

1. Estaba solo a medio vestir, aún llevaba sus pantalones.

2. No tenía calzados, al menos no uno a la vista.

3. Ya no estaba en el hospital o cual fuese el lugar donde lo habían atendido.

Con dificultad consiguió pararse y sujetándose de lo que podía avanzó hacia el lugar de donde venía una música alegre y un aroma deliciosamente tentador, cuando logró alcanzar la puerta se apoyó en el marco y levantó la mirada, fue entonces cuando la vio y se le ocurrió que realmente había muerto, ¿es ahora cuando me llevarán al cielo? pensó. La mujer estaba de pie extasiada mirando hacia el horizonte, tenía el cabello suelto semirecogido para atrás, la luz del sol le iluminaba el rostro, su piel brillaba por un tono de bronceado muy atractivo, estaba manchada de harina por todas partes, y sonreía como si no tuviera ningún problema del que preocuparse, quiso estar seguro de que no estaba soñando entonces preguntó:

- ¿Estoy muerto?

Una voz grave le sorprendió y dio un respingo, miró hacia la puerta y vio que su huésped estaba de pie allí mirándole

- ¿Pero qué diablos..? - le respondió sin muchos miramientos - ¿por qué te levantaste? deberías estar recostado al menos hasta mañana.

Ella avanzo hacia él con una cara muy molesta y le pareció adorable, eso fue hasta que empezó a sermonearle de lo tonto que había sido al ponerse de pie en su estado, empujándolo para atrás hasta llegar a la cama, entonces ya no pensó que fuese un ángel sino más bien el mismísimo demonio.

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