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Seduciendo a mi ginecólogo

Seduciendo a mi ginecólogo

Autor: : Gi Dominguez
Género: Romance
Gisel, siempre había suspirado por aquel misterioso cliente. Un tiempo después, descubre qué es un ginecólogo. La invita a una sesión, pensando que los temblores de su cercanía: eran por alguna enfermedad. ¿Qué ocurrirá entre las sesiones?

Capítulo 1 ¿Necesita algo más

Seduciendo a mi ginecólogo

-¿Cómo encontrarás a ese chico?

Ana, miraba divertida a su compañera. Estaba, tomando un nuevo pedido.

-¡Quiero más papas! -comentó un niño, Gisel llenó un poco más su reciente.

-¿Prefieres atender niños caprichosos toda tu vida? -quiso saber, tenía una de sus manos: posando su cadera.

-¡Oye! -protestó el niño desconocido.

-Muchas gracias por venir a Lesig.

Suspiró, en ese día habian ido muchos pequeños revoltosos junto con sus padres. Aquello, en parte le agotaba.

Pero no le quedaba otra.

Era eso, o vivir en la calle.

-¿Estas de nuevo pensando, en el motivo por el cuál trabajas aquí?

-Asi es, Ana.

Muchas veces Gisel, se quedaba observando nada en particular, con su mano apoyada en su mejilla derecha.

Otras veces, sus ojos quedaban perdidos, en él.

En aquel muchacho, pulcro.

De cabellos rojizos, y sus luceros azules.

Era tan hermoso...

Siempre se lo quedaba viendo,hasta En aquellos momentos , los cuales él no estaba junto se queda pensando en el, en cada instante , la imagen de ese muchacho apareció en su mente.

Se había acercado, pero se había alejado en el instante.

Pero algo le hizo detenerse, a que el muchacho le hablo:

-Hola ¿Me traes un café con tostadas? No me han atendido todavía.

Ella, entendió enseguida el motivo por el cual no lo habían atendido aun, giró su cabeza , un poco molesta con sus amigas. Las cuales la saludaron, con disimulo . Ana, le sacó la lengua. Incluso le mostró un cartel, que decía habla con el.

Ella, empezó a hacerle señales de que iban a morir. Deslizando sus dedos, debajo de su cuello hacia sus amigas.

-¿Estas bien?

-Si, solo es que me dió calor.

-¿Calor?, hoy es de los días mas fríos del año.

-Es que me está por venir.

Apenas afirmó eso, quiso meter la cabeza en algún pozo de tierra, y no sacarla nunca más de ahí.

Se dió un cachetazo mental, por la torpeza que había mencionado a continuación.

-Ah ya veo, en realidad soy ginecólogo. No te preocupes es normal.

-¡Ahora vengo por su pedido!

Lo peor, es que lo hice gritando.

-¿Qué pasa? -me preguntó Ana.

-Le dije que tenía calor, porque me vino, quiero morir. Lo único bueno de esto, ya sé su profesión.

-¿A qué se dedica? -me preguntó Melissa.

-Es ginecólogo.

-Oh, tendrás a alguien que te pueda dar buenos masajes.

-¡Ana!

-Bueno niña, ve a llevarle su pedido.

-¿Qué? No, me niego.

-Gi, tienes que ir. Pobre hombre, abandonado.

Suspiré, sabe donde me han metido esas criaturas, que yo llamaba "amigas".

Trabajaba aquí, hace exactamente 2 años. Ahora tenía, 22 años de edad. Al principio, le había costado mucho renunciar a su carrera, pero no la había quedado de otro. Tenía que pagar su alquiler, y no se pagaba solo viviendo del aire.

Cuándo le llevó el pedido, sus manos , nunca temblaban.

-¿Está bien?, yo la veo muy alterada en su estado. Espere... -murmuró, y sacó una libreta -le daré un turno, asi la atiendo en mi consultorio ¿Le parece?

-Yo...

-¿A las nueve y media o más temprano?

-Yo...

-Si quiere la anoto a las nueve.

-Si...

-Genial, nos vemos mañana.

Asintió, mientras se alejaba algo confusa.

-¿Te dió su número? -preguntó emocionada Ana.

-No...

-¿Te lo pidió?

-No, Melisa.

-Ya se -exclamó Ana -quiere llevarte a un restaurante, o a un motel.

-¿Qué? No.

-Vamos Gi, cuentanos.

-Me dió un turno -bufé.

-Pero eso es bueno "mana".

-¿Tu lo dices, Ana? -comentó Gisel.

-Si, finge estar enferma... Muy enferma.

-Melisa, pero...

-Asi tendrás más citas con él.

-Ana, es para el ginecólogo.

-¿Y? Aprovecha.

Suspiró, entendiendo forma ferviente, que no haría cambiar de opinión a sus amigas. El momento que ya estaba el pedido, se acercó a la mesa redonda, la cual está ubicada en el lado derecho junto a una ventana . las manos, aún le temblaban, y no era por alguna enfermedad extraña , el al parecer suponía.

Estaba muy nerviosa, por su presencia.

El hombre, la miro un poco de extrañado. Era una muchacha delgada, con un cabello extrañamente rebelde. Se notaba, el esmero por a,darlo hacia arriba , pero habían algunos mechones sueltos acariciando a su frente . él no pudo evitar , por algún motivo que el desconocía, mirar sus labios.

Sus labios, eran muy rosas, y estaban entreabiertos. En ese momento los estaba mordiendo, soltando los poco a poco hasta que quedaron un poco hinchado por la acción anterior.

Julian, por algún motivo que desconocía, cerro los ojos momentáneamente, intentando olvidarla.

Demasiados problemas tenía, para prestarle atención a alguien, qué no sé peinaba.

Miro con frustración, su teléfono. En ese día, tenía que ir a buscar a su pequeña hija de 4 años llamada Emma. Él se había divorciado hace 2 años, porque su esposa le había engañado. Lo peor , no había sido El engaño en sí, sino que vienes todos juntos desde que eran unos pequeños niños.

-Aqui tiene su pedido ¿Necesita algo más? -Gi, se mordía los labios con nerviosismo.

-No gracias, puedes retirarte.

-Con permiso, provecho.

Ella, no podía creer lo que había ocurrido. Se había sentido tan temblorosa, y por un momento no puedo apartar la vista de sus bonitos ojos. Se quedó suspirando, mientras limpiaba una y otra vez la barra. Podía apreciar , a pesar de la distancia , , sus brazos se contraían en músculos fuertes, cada vez que cortaba un trozo de su comida.

"¿Por qué era guapo hasta cuando comía?"

Lo único que sabía cómo era que se sentía muy atraída por el . estaba completamente ansiosa, por ir a ese turno, que le había invitado. Nunca en la vida , había esperado que nombre así , le hablara. Aunque seguramente, fuera porque pensaba que estaba enferma. Debía aprovechar eso, para poder conocerlo ñ, sea lo más difícil que pueda ser. Y Giss, no era una persona que se rinda. Y esa vez tampoco.

No le importaba , Ahora más que nunca intentaría seducirlo a , dé lugar.

Capítulo 2 Me diste tú

Capitulo 2

A la mañana siguiente, ella estaba muy nerviosa. Había revuelto , el placard de par en par. Sin saber muy bien, que ponerse. No sabías y ponerse un vestido, o algo más casual.

-¡Es qué nose que ponerme, Ana!

-Pues, ponte un pantalon que te marque bien el trasero, además lleva ropa interior sexy. Lo anterior que te mencioné es lo más importante.

-¡No tengo ropa interior, sexy!

-Cierto, que te gusta la ropa interior de abuela.

-¡Oye! son cómodas.

-Bueno, ponte lo mas nuevo que tengas.

-¿Y de ropa?

-Es invierno "mana" ponte algo que no diga que estás desesperada -comentó.

Puso los ojos en blanco.

-¡No estoy desesperada!

-Lo que digas, ponte un jeans con un suéter lindo y ya.

-Esta bien, nos vemos mas tarde.

Al momento de llegar, a,dé mi pantalón de Jeans tiro alto.

Le había echo caso a Ana, sus palabras habían resonado una y otra vez en su cabeza.

Esperó con impaciencia en una silla bastante cómoda.

"Quiero una silla , esas en mi casa."

-¿Señorita Domínguez? El señor Alba, la esta esperando, pase.

Asintió, hacia la secretaria que tenía ropa puesta, en impecable estado.

"Creo que su blusa, valía mas que el sueldo de dos vidas."

Suspiró, no se había dado cuenta, qué habia contenido la respiración por tanto tiempo.

Ella, había estado siempre con los mismos pensamientos, hacia la misma persona. Nunca en su vida , había pensado tanto en alguien , lo había hecho con aquel misterioso chico.por alguna razón , esperaba con impaciencia, cada vez que él se aparecía.

Una parte de ella, había querido repetir el instante ,n el que él sea parecía , una y otra vez en su mente. Nunca se había animado, acercarse ni una sola vez en su presencia por esa mesa, jamás la había atendido, después de meses de que aquel muchacho sea pareciera una y otra vez y sentada en el mismo sitio.

Sus amigas , no explicaban el motivo, por el cual él siempre se dirige al mismo sitio, en las mismas horas.

En el momento, de ingresar los colores blancos y grises la invadieron. Sabia que ese ambiente, la relajaba.

Siempre procuraba, tener el minimo de cosas.

Amaba el minimalismo.

Y ese espacio, le daba calma.

Todo en ese hombre al parecer era perfecto.

-Por aquí señorita Domínguez ¿Cómo se encuentra?

Tembló completamente ante su voz grave. No pudo evitar sentirse, cohibida ante aquel hombre tan atractivo y a la vez varonil.

Sintio que el sitio de pronto se volvió pequeño...

-Estoy bien, gracias.

Pero de pronto escuchó la voz de su amiga: "dile que te duele mucho".

-Quiero decir bien ahora, en realidad estoy bastante adolorida.

-Tranquila, la analizaré. Por favor recuestese en la camilla.

Gisel, de pronto se recostó, pudo sentir el Mudillo lugar en el cual estaba apoyada. Acarició con sutileza, los bordes de la suave colchoneta. Cerro los ojos, procurando intentar alejar todos aquellos pensamientos impropios hacia su ginecólogo.

Suspiro, en cuanto el hombre, empezó a tocar el área abdominal. Los vellos de sus brazos, se erizaron visiblemente. Los pudo contemplar, por el rabillo del ojo, Ya que los había abierto con curiosidad.

No pude evitar, quedarse contemplando a aquel hombre misterioso. Tenia un mechón sutilmente por delante de su rostro. Tenía tantas ganas de quitarlo, sus pestañas largas, luchaban contra que el cabello molesto.

No puedo evitar suspirar, cuando él hizo un poco de fuerza en su abdomen.

-¿Te duele? -quiso saber preocupado.

No había podido observar, de un principio aquella muchacha cómo se encontraba bastante temblorosa. Así que suponía que tenía algo tal vez, que la hacía tener es extraño comportamiento. También pudo observar, que ella dudaba, y sus mejillas se tornaban rojizas.

-No... Yo en realidad..

No sabía bien que decir. Porque si le decía, que no tenía ningún malestar , él no le daría de nuevo un turno. Entonces no podría verlo, en cambio si le decía que tenía alguna especie de molestias, seguramente el analizaría unos días más. Así que la mejor idea que tuvo en ese momento, fue decirle lo siguiente:

-Tengo picor, y algo de dolor -dijo con pena.

-No he podido evitar observar, que también tienes una especie de temblores y exceso de sudoración.

Gisel, miró aterrada sus axilas.

"¿Acaso sudé de más?"

-Tranquila.

-Eso, siento...

-Tu salud ginecológica es fundamental

Sea cual sea tu edad, y tanto si has mantenido relaciones sexuales , si no, es importante que si sientes alguna molestia (picor, dolor al orinar, escozor, flujo más abundante,etc.) acudas a tu ginecólogo/a para determinar la causa de estas alteraciones.

Gisel asintió. Aunque estaba muy distraída: en los labios entreabiertos del doctor mientras hablaba.

-Si sientes picor, ardor al orinar, notas escozor o inflamación alrededor de la vagina o tienes dolor cuando mantienes relaciones sexuales, puede deberse a una infección vaginal.

¿Relaciones sexuales?

Si el ginecólogo, supiera que ella era virgen. Entonces tal vez se terminaría todas las sesiones, porque él no tendría ningún motivo para tratar la pensó.

-No te asustes, es algo muy común entre las mujeres y pueden tener un origen muy diverso:

"relaciones sexuales, exceso de humedad en la zona vaginal, el consumo de antibióticos, un uso excesivo de salvaslips, el propio sudor, hongos, infecciones de transmisión sexual, etc."

Ella, tuvo leve temblor, y no por las razones de las cuales pensaba el médico. Sino más bien, porque ella no había tenido ninguna de esas posibilidades. Debido a que ella, era virgen.

-Si sientes molestias y presentas alguno de estos síntomas, no lo dudes y pide hora. Nuestro equipo médico te atenderá para encontrar las causas y recomendarte el tratamiento más adecuado para que dejes de sufrir.

"Cuida de tu salud: ante cualquier anomalía, consulta con un experto. Podemos ayudarte. Cuando se trata de tu salud, consulta con expertos profesionales y asegúrate de recibir la mejor atención. En Dexeus Mujer podemos ayudarte y te damos buenas razones para confiar en nosotros:

"Unidad especializada

Contamos con una unidad especializada que se ocupa de la prevención, diagnóstico y tratamiento de la patología, tanto benigna , maligna, que afecta al cuello de útero, la vagina y la vulva.las.

A pesar de la grandiosa explicación del médico, ella quedó pérdida de nuevo en los ojos azules en el cabello rojizo , el cual se ilumina un poco más con la luz blanquecina del techo.

Se dió cuenta que estaba perdisa, muy perdida en ese hombre misterioso. No pudo evitar suspirar, y pensar un poco mas en el.

-Gracias doctor.

-Descuida, te daré una cita para la semana que viene. Aunque ahora, te enviaré a hacer un examen de sangre.

-¿De sangre? -preguntó aterrada.

El asintio.

En cuanto salió, de la clínica sus esperanzas quedaron en vano.

Unas horas mas tarde...

-, la flor,con tanto amor. Me diste tu, se marchito.

- ¿Estas cantando un tema despechada? - me dijo divertida Ana.

- Si vieras , duele perder tu amor - canté.

-, la flor.

- Con tanto amor, me di diste tu, se marchitó.

- Me marcho hoy, yo se perder.

- Ahí, , me duele - dijimos al unísono divertidas.

- Trabajen - paso Mel, regañándonos por cantar.

-¡Me marcho hoy! - dije riéndome, mientras me alejaba de mi amiga, me encantaba la música de Selena.

En ese día me quedaría doble turno: en primer lugar porque quería cambiar mi precario colchón y en segundo lugar porque tenia que ayudar a Ana.

Capítulo 3 ¿Disculpa

Capitulo 3

Sabía, en ese día tenía que entrar bastantes alimentos al interior. En unas horas llegaría el camión de reparto, y en ese día no solo tenía que guardar mercadería sin parar, sino que también tenía que seguir atendiendo a la gente.

Aquello le molestaba en gran manera, le hubiera gustado tener algún compañero masculino que la pudiese ayudar, sin embargo todas son mujeres.

Tenía un poco de sueño, no había podido dormir de la emoción de haber sido atendida ayer por el ginecólogo.

Además que soñaba, una y otra vez: con lo que podría llegar a ocurrir en la próxima cita médica.

Ya este día, no había sido la excepción. Miraba por el rabillo del ojo , a través de la puerta en cada minuto que pasaba . con la esperanza, de poder ver a su amor platónico ingresar por aquella puerta enorme de cristal.

Pero con el paso de las horas, aquella esperanzas comenzada difuminarse.

A pesar de tener mucha ansiedad, por verlo, el sujeto no había hecho su aparición. Eso en parte le inquietaba y la entristece en gran manera. No sabía si era por el hecho, de que ese hombre se había calado hasta por debajo de los huesos, no porque estaba nerviosa y no sabía bien de que hablarle.

Además de que aquel hombre, suponía que ella tenía una enfermedad relacionada con algún hongo , o con alguna enfermedad sexual.

El problema, es que ya estaba convencida que si le decía la verdad, el hombre se ofendería, y si le decía que era virgen, ya no tendría motivos para ser atendida.

Así que había optado por mentir.

Se ha puesto a pensar, qué era la mejor manera de poder lograr su cometido.

Aunque no sabía, muy bien si estaba haciendo lo correcto.

Al día siguiente, tocaba ingresar cajones de hamburguesas y fruta. Esos momentos comerán bastante frustrante. No ocurría siempre, no obstante cuando ocurría, sabíamos que era un día agotador .s porque no solo tenemos que cargar, cajas y cajas de cosas pesadas, sino que también tenemos que atender a los clientes.

Estábamos Melissa, Ana y yo ingresando sin parar aquello.

-Me duelen las manos -protestó Mel.

-A mi el ciático -afirmó Ana.

-Ya no siento nada -me quejé.

-Parecemos un par de viejos, tendríamos que ir a hacer ejercicio -contestó Mel, yo le respondí:

-Ana hace ejercicio,¿verdad?

-Si... por mi escoliosis.

-¿Qué estás esperando?,¡tienes que ser nuestra personal trailer! -contestó emocionada Mel.

-Es trainer, y si cuando quieran. Le vendría bien a Gis tener un super cuerpazo para el ginecólogo.

-¡Oye! Mel, quiere bailar un trailer -dije divertida, mientras entraba una caja.

Cuando estaba saliendo, había tomado dos. Pensé que podría, pero cuando estaba a . de entrar, ví en cámara lenta , la de arriba se deslizaba al suelo.

-¡Mierda! ¡Noo! ¡No mueran aplastados!-protesté.

Habian naranjas rodando por toda la vereda.

Casi me muero, en el momento que empezaban a esparcirse a la calle. Me echaría cómo así veían tal desastre que había producido.

¡Valía la pena sacrificarme!

Suspiré con los ojos , platos. Me agache enseguida a recogerlos, cuando una voz me hizo prestarle atención.

-Pense que le dolía todo a mi paciente -mi ginecólogo estaba parado a mi lado, se reía.

Quería tomar una naranja y tirarselo para hacer una buena limonada.

¿O , se dice?

-Supongo que le hará bien a mi pelo -dijo divertido.

-Oh, no... -dije en un murmuró, había dicho aquello en voz alta.

-Tranquila, no le diré a nadie -se burló.

Algo increíble sucedió, se agachó a mi altura: se arremango las mangas y empezó a recolectar Naranjas.

Estaba vestido en forma informal, incluso tenía puesto una camisa que le gustaba a todos los músculos de su cuerpo. Me quedé embobada, mientras el recolectada todas las naranjas esparcidas en el suelo. El pequeño sol que había, y radio a su cabello naranja iluminando todo a su alrededor .s incluso podría jurar que me habían encandilado, con su cabello anaranjado.

Lo mire tan sorprendida, que me quedé de piedra.

-¿No me vas a ayudar?

-Oh, si gracias -murmuré, con una sonrisa.

Había introducido quince narabjas.

Algunas, incluso estaban bastante machacada, pero no importaba al menos habíamos salvado la mayoría. En este momento , no solo había aprovechado la oportunidad de que no Me despidieron, sino también después de moverlo unos minutos más.

¡Estaba tan feliz!

Estaba por buscar uno que estaba casi cruzando la calle. Me fui derecho a él, sin antes mirar si venís o no un vehículo.

-¡Ten cuidado! -un grito me hizo desaspabilarme, mire sorprendida que estaba en los brazos del ginecólogo sexy.

-¿Qué? -interrogué confundida a mi alrededor, no entendía bien la situación.

-Casi te atropellan, todo por buscar una naranja.

-¿Me salvaste? -quise saber, con una ceja levantada y media sonrisa en mis labios.

-No quería que tu muerte fuera tan penosa: muere por salvar una naranja.

No pude evitar reírme, entre los cajones y aquel sujeto tan guapo: se sentó en la misma mesa de siempre.

Me puse el delantal, camine hacia el para tomar su pedido.

-¿Qué necesitas?

-Un café, medialunas y tomate el jugo - contestó sin mirarme.

-¿El que no tomaste?

-Si... ese mismo.

-¿Lo tomarás? -pregunté con una ceja levantada.

-Si, señorita.

-Bueno, enseguida.

Me gire dispuesta a tomar el pedido, cuando me tropecé con Ana.

-¿Qué pasó?. Los ví recolectando tomates, se veían adorables.

-¿Adorables?... casi muero de vergüenza, dije en voz alta: que le quería arrojar una Naranja en la cabeza.

-Un romance adorable -afirmó Ana. y se alejo.

Habían pasado varios días que no lo veía, era raro. Pero siempre miraba por la puerta, esperando que el entre.

Un día me habían mandado a buscar unos sobres de café especial, de no sé qué. Cuando doble por una calle y lo ví, estaba parado con una sonrisa y con una chica muy bonita. Le Acarició la espalda, con cariño y cuidado.

No entendí en ese momento, , algo en mi se destrozó. Mire sorprendida, mi reflejo: una niña con ojeras y lágrimas en los ojos me vió.

Al llegar al café, Ana se acercó a mi con preocupación, al parecer me veía realmente mal.

-¿Gi? -preguntó con cuidado.

-Yo... el estaba tan feliz con ella, yo creo que me había acostumbrado a la idea de verlo aquí. Soy una tonta -bufé.

- No... eres la mejor persona que conozco y talvez el tiene problemas que a,dar.

- Si... ¿el volverá? -quise saber.

- No Lose...

Durante el resto del día,.atendí algo triste. Aunque mis sentimientos, se disfrazaban detrás de responsabilidad y presión. Cuando se hizo la hora de cerrar, y estaba con mi bolso en la mano dispuesta a marcharme, él entró.

Bufé, no era buena en esto de no hacer nada. Estaba tan perdida decidiendo si el chaleco que tenía el técnico del aire: era más bien naranja o amarillo.

-¿Qué haces? -Mel, estaba a mi lado intentando ver lo que yo veía.

-¿Qué piensas, el chaleco es amarillo o naranja? -quise saber.

-¿Tan aburrida estás? -preguntó riéndose.

-Si.. me hicieron venir hasta aquí por el técnico.

Nuestro jefe era bien amarrete, aunque, de igual forma y consumo de gas venía muy sobrevalorado. Perro y decidido retirar toda la calefacción, y poner un aire. Pero quién tenía que están temprano, era yo.

Suspiré.

-Yo creo...-Ana entrecerro los ojos, mientras comía unas papas y dijo finalmente: es de color amarillo oscuro.

-Si... Es lo que pensé.

-Ahora dime...¿Se tomó o no el Lugo? -dijo refiriéndose al imbécil.

-El buen hombre, si se lo tomó.

-¿Buen hombre? -preguntó divertida.

-¿Ahora soy un buen hombre?. Tendré que tomar el jugo de naranja más seguido.

Aquel sujeto, estaba delante del mostrador con una mirada divertida hacia mi.

Lo ví , si fuera lo peor que pudiera ver a las siete y media de la mañana.

-¿Por qué estás aquí tan temprano? -quise saber.

El no dijo nada, se encojio de hombros. Camino con pasos elegantes, hasta la mesa nueve: la que siempre usaba. Por el rabillo del ojo, ví a Ana reírse de mi mala suerte.

Bufé, pero ya me encontraba yendo en su dirección.

-Buen día,¿Qué va a pedir?

-Lo mismo de siempre -dijo sin mirarme, , siempre.

-Enseguida, muchas gracias.

Me encontraba caminando en dirección al mostrador, con el papel en mis manos

Me puse a repasar algunas mesas, que estaban algo pegoteadas. No era por decir algo de las meseras nocturnas, pero limpiaban mal. Siempre tenía que darle un repaso, hasta ya me había quejado y seguía todo igual.

Bufé.

Aquel sujeto levantó su mano, yo dejé la escoba de lado. Puse mi mejor sonrisa y dije:

-¿Necesita algo?

-¿Me traes otro café?

-¿No le hará mal?

Ni siquiera me miró, puse los ojos en blanco y caminé a buscar su pedido.

-¿Por qué esa cara? -Mel se acercó a mi lado curiosa.

-Fue indiferente , siempre.

-¿Te habías acostumbrado que te ayude a levantar tomates? -murmuró divertida.

-Ya.

-Seguiré trabajando amiga, cambia esa cara.Te amo.

Puse los ojos en blanco, deje el papel en cocina. Estaba parada junto al mostrador, cuándo ingreso un chico joven y se sentó en la mesa 6.

Del número uno al diez, las mesas las debía atender yo. Y Ana las siguientes.

-Hola,buen día.¿En qué te puedo ayudar? -quise saber, tenía mi cuaderno en mi mano izquierda.

-Si pido un café,¿vienes incluida?

"Imbécil", pensé.

-¿Disculpa?

Ahí no,¿lo dije en voz alta de nuevo?

-Inevitablemente, tengo que trabajar. Lo lamento -dije con una sonrisa.

-Me dijiste imbécil, ¿quien te crees que eres? -golpeó la mesa, haciéndome sobresaltar.

-Yo...

-Hey, cálmate -El chico de ojos grises, me vio en un instante.

-¿Y tú?,¿también te la quieres follar?, espera tu turno, no interrumpes.

-¡Vete de aquí! -dijo enojado.

-¿O que?, llamaras a tu papi.

-Imbecil - el ojos grises, lo tomo del cuello y lo largo afuera.

Todos nos quedamos de piedra, con ese acto. El idiota número dos, lo vio asustado. Es que daba miedo, las venas de su cuello se habían inflamado.

Después que aquel sujeto, se fuera corriendo. Vino hacia mi y me habló:

-¿Estás bien?-quiso saber.

Nose porque motivo, me puse a llorar en su hombro , Magdalena.

Pero olía tan bien incluso, me quedé un poco perdida en su colonia.

Todos entraron adentro y me quedé sola junto con él.

Se marchó dejándome más dudas que respuestas, aunque la buena noticia era que ya sabía , se llamaba.

- ¿Estas bien Gi? - Mel quiso saber, apenas entré. Tambien mi jefe, estaba a su lado ambos con una mirada preocupada.

-Si... solo fue un susto y mi bocota -dije con una sonrisa.

- Ese tipo era un imbécil... se lo merecía - Nahuel contestó y añadió: - Si no te defendía el, hubiera ido yo, mi bella dama en apuro.

Con Mel, nos miramos divertidas.

Después de ese raro incidente: todo volvió a la normalidad. Yo estaba limpiando el suelo, mientras Emma dejaba limpios los grandes vidrios. Yo odiaba limpiar los vidrios, siempre me quedaban blancos o peor que , estaban, ya no me pedían hacer esa tarea a mí. En cambio Mel, dejaba tan limpios que más de uno se lo has chocado.

Era nuestro tiempo libre con Nahuel, Mel y yo. Las dos de la tarde, estábamos en una plaza cerca de aquí con una bandeja y un tenedor: comiendo pollo con papas. Era de las cosas que me encantaba de trabajar aquí, la comida sabrosa de este lugar, "además gratis".Nos ubicamos en un banco los tres, Nahuel estaba al medio de nosotras, junto con una gaseosa.

- Esto está buenísimo -Nahuel afirmó con la boca llena, incluso se le cayó un cacho de pollo de su boca.

-Eso es horroroso - afirmamos con Emma, quien se rió.

- De igual forma, esto es muy rico -dije muy entusiasmada con la pata de pollo.

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