«Prefacio»
-¡Debes hacerte responsable de tus actos, Amelia! -La voz fuerte y resonante de mi
jefe golpeó con fuerza mis oídos, logrando que mis piernas se desestabilizaran un poco-, ¿Sabes todo lo que he tenido que pasar por tu culpa? -gruñó para luego golpear con fuerza su escritorio. Las fosas nasales de su nariz se hallaban anchas por la ira que quizás sentía en ese momento. Mi garganta se encontraba seca y aunque no entendía a ciencia cierta que era lo que estaba sucediendo no era capaz de responderle algo.
Sus ojos azules me observaron con molestia, el señor Maxwell, aflojó salvaje mente su corbata para luego esbozar una sonrisa algo oscura e intimidante.
-¿Está enojado por qué Carmen Electra ya no quiere verle? -el presidente abrió los ojos con tanta exageración ante mi cuestionamiento, que tuve que retroceder inmediatamente-, señor, yo le juro que intenté convencerla, pero hoy me ha devuelto la propiedad que usted le obsequió y...-Ahogué un grito de terror al verle levantarse de su asiento y correr prácticamente hacia mí.
Sus enormes manos tomaron mis hombros para luego pegar mi espalda contra la pared de su oficina. Mi cabeza empezó a darme vueltas al sentir su respiración tan cerca de mí.
-¿Qué trata de hacer, señor Maxwell? -sus brazos rodearon mi cintura, mientras que los latidos de mi corazón se volvieron desbordados. Había un ambiente extraño que jamás había presenciado en este lugar. Antes de este momento, el señor Maxwell ni siquiera me miraba a la cara, solo me encargaba de cumplir con cada una de sus tareas, (incluyendo aquellas que para ambos solo era un secreto que debía ocultarlo del mundo perfectamente), pero algo se volvió extraño.
Desde hace un par de días, todas las chicas de la lista de mujeres del presidente de la compañía Maxwell Electronic, comenzaron a rechazarlo de la nada, cuando antes, todas se peleaban por un poco de atención por parte del magnate. Algunas secretarias corrieron el rumor que Damián estaba perdiendo sus encantos; y si bien, nuestro jefe seguía siendo ese mismo dios griego que nos enloquecía a todas con su mera presencia.
Y ese que nadie podía negar que esa tez pálida, su cabello lacio negro y bien peinado, sus ojos enormes y cristalinos y esos labios carnosos mezclado con sus brazos fuertes y esa estatura colosal que podría partirte a la mitad en pleno acto inmoral, podría enloquecer a cualquier; a cualquiera menos a mí.
Sí, no podía negar que el Señor Maxwell, es un pedazo de macho que con sólo abrir los ojos podría conseguir a cualquier mujer que el desease, pero... ¡Yo lo odiaba!, había pasado tantas cosas horribles por su culpa y ni hablar de las veces que sus amantes me golpearon por intentar cumplir con sus órdenes: «Stewart, deshazte de ella»
¡Mi jefe era un jodido bastardo que solo miraba a las mujeres como malditos recipientes para deshacerse de su lujuria!, en sus treinta y seis años, jamás se le ha visto salir con alguien, y aunque su madre intentó comprometerlo con la única hija del conglomerado Bibaldi, esto jamás se llevó a cabo.
La chica salió despavorida luego de un día con el magnate, y algunos extraños rumores comenzaron a circular por la empresa. Según algunas empleadas de nuestra compañía, la polla de Damián Maxwell era tan grande, que ahuyentaba cualquier jovencita de sociedad que quisiese establecer una relación con él; y si bien, luego de aquel rumor algo bizarro, muchas mujeres oportunistas y desquiciadas quisieron acercarse a mi jefe. Muerdo mi mejilla interna al recordar todo lo que tuve que hacer para protegerlo de las personas que solo se le acercaban para sacar provecho de él.
-¿Qué trata de decir, señor Maxwell?
Inhalé aire lo más rápido que pude al verle dibujar una línea imaginaria a la altura de mi pecho. Mis piernas se removieron para intentar escapar de él, pero su agarre se volvió mucho más firme, -«¡Espero que al señor Maxwell jamás se le vuelva a parar la polla!»-una corriente eléctrica atravesó mi estómago al oírle pronunciar tales palabras sobre mi oído. -¿Sabes lo que he sufrido por tu culpa?
Tapé mis labios al entenderlo todo, hace tres días estaba tan enojada con el presidente de esta compañía por haberme hecho trabajar hasta tarde, que en un momento de descuido y borrachera con mis amigas, lancé un par de palabras en contra de mi jefe sin darme cuenta que había sido grabada por Carla. Las cosas se habían salido de control y aunque por un error terminé enviándole el video al señor Maxwell, las cosas no habían pasado de más.
Un regaño y una casi demanda por difamación fueron las consecuencias por no medir mis palabras, pero... Pero sin saber que todo lo que dije se volvió real-, ¿No se te para? -Maxwell miró para todos lados mientras me tapaba la boca con agresividad. Sus ojos azules estaban fijos sobre mí, pero, pero algo comenzó a chocar repentinamente contra mi estómago.
Mis ojos bajaron hasta su entrepierna, todo mi cuerpo se tensó al recibir una punzada de dolor que golpeaba con movimientos torpes mi barriga. Mis ojos se devolvieron hacia su rostro y lo escuché rápidamente maldecir.
-Te dije que eras la única que me podía ayudar...
Esperen, no estoy entendiendo nada...
-Creí que no podías tener una erección...-Ataqué mordiendo mi labio inferior.
Maxwell se separó de mí, para luego caminar hacia su escritorio, sus hombros se encorvaron un poco para luego bajar su cabeza y sostener así su frente con amabas manos-. Carmen Electra se fue de mi condominio riéndose de mí, luego de que el poderoso Damián Maxwell, no pudo parar su enorme amigo...-quise reírme, pero no pude hacerlo. -No entendía lo que sucedía, intenté masturbarme, pero no funcionó... Llamé a algunas amigas, pero todas salieron de mi casa entre risas... Me sentí humillado por primera vez en mi vida y fue cuando luego de un día entero sin poder comprender lo que me pasaba, recordé tu video...
-Señor...
Susurré porque sabía que estaba en problemas.
-Encendí la computadora y aunque casi veinte mujeres llegaron a intentar curar mi situación, al solo escuchar tu voz al reproducir el video que por accidente me enviaste, algo sucedió... Mi maldito pene estaba reaccionando, mi maldito pene estaba apuntando dolorosamente hacia ti...
Mis piernas flaquearon.
-¿Qué quiere decir con esto?
-Firma el contrato de exclusividad para mí-, abrí los ojos al escucharlo emitir tales palabras. El contrato era un acuerdo firmado y legal, en donde las partes se comprometían a saciar las necesidades del otro por un bien común. Dinero y sexo. Damián Maxwell siempre estuvo rodeado de modelos tan hermosas que al lado de mí, me hacían sentir miserable y algo humillada.
Mi jefe durante de los cinco años trabajando con él, fue grosero y un completo bastardo conmigo y ahora, ahora él necesitaba de mí.
-No...-Sus ojos se abrieron.
-¿No? -Repitió mis palabras.
-No voy a hacerlo, no voy a tener sexo contigo...
-¿Por qué? -su rostro palideció entre tanto su piel se volvió brillante por el sudor que comenzó a deslizarse por su piel. -Te daré cualquier cosa que me pidas si logras curarme, ¡Además esto es tu culpa!, ¿Qué harás si decido demandarte?
Mis pies de movieron, acababa de comprar un apartamento luego de la ruptura traumática que tuve con mi novio de cinco años, las cosas no estaban yendo bien para mí luego de eso. -¿Estás intentando orillarme a esto?
Lo sabía, Damián es capaz de hacer cualquier cosa para obtener lo que quiere, sus ojos se abrieron al darse cuenta que me tenía en su territorio.
-Escuché que tu hermano menor entró a la universidad...
¡Maldito!
-¿Qué tratas de hacer?
-Soy un beneficiario de esa universidad, sería una lástima que los logros de tu hermano desaparecieran al rechazarlo repentinamente...
¡Bastardo!
-¿Sigues usando el sexo para poder dormir?
Damián cerró la boca de golpe.
-¿Cómo sabes eso?
Sonreí porque ahora estaba en mi territorio.
-He cubierto tu mierda por cuatro años, sé que tomas medicamentos para dormir, pero nada funciona... Es por eso que tienes sexo hasta cansarte... Eres así desde que tuviste el accidente donde tu hermano murió, ¿verdad?, Te sientes culpable por la muerte de tu hermano mayor...
Damián tiró con fuerza las cosas de su escritorio, alguien tocó la puerta de su oficina, pero terminó marchándose al escuchar las maldiciones por parte del presidente de esta compañía.
-¿Qué es lo que quieres? -Preguntó chocando su espalda contra el espaldar de su silla giratoria.
-Voy a aceptar con una condición...
-¿Cuál? -Sus manos tocaron el borde de su escritorio algo ansioso por mi respuesta.
-No puedes enamorarte de mí...
¡Voy a tener sexo todos los días con mi jefe!
Capítulo 1
Tiro de mi cabello al leer claramente el mensaje de texto que una de las modelos que salen con mi jefe, me envió cancelando la cita que tenía con el señor Maxwell esta noche. Miré rápidamente el reloj de pulsera que decoraba de una manera elegante y sutil mi delgada muñeca, mientras que abrí los ojos con demasiada exageración al percatarme de que casi eran las dos de la tarde.
Tomé rápidamente mi cuaderno de apuntes, alisé como pude mi falda y corrí con mi corazón desbordado hacia la salida de mi oficina en Maxwell Electronic. Hacía cuatro años que trabajaba para la compañía, entré a trabajar gracias a una amiga que también laboraba aquí, y aunque a veces por mi mente pasaba la idea de renunciar a mi trabajo, las deudas que me siguen ahogando día tras día no me lo permitían.
Mis tacones se enredaron haciéndome tropezar un poco apenas vi la silueta del señor Maxwell salir de la sala de juntas. Su mandíbula se hallaba tensa, mientras que su ceño ligeramente fruncido me hacía darme cuenta que las cosas no salieron como él lo deseaba. El temperamento de Damián Maxwell fue empeorando a través de los años.
Según algunas personas que llevaban trabajando para la familia desde hacía mucho tiempo, comentan que Damián era un jovencito sociable, sonriente y respetuoso que hacía sentir a todos en un ambiente cálido, pero luego del accidente en donde murió su hermano mayor, las cosas no fueron muy buenas para él.
Apresuré mis pasos apenas el cuerpo de aquel imponente hombre pasó por encima de mí, hoy llevaba puesto un conjunto azul marino que le hacía juego perfectamente con sus ojos cristalinos como el océano profundo.
Su mandíbula marcada, sus labios carnosos y gruesos, sus pestañas largas y definidas y ni hablar de su escultural cuerpo de Dios griego, lo habían convertido en el soltero millonario más condicionado de New York.
Y es que a sus treinta y seis años, la fortuna que había adquirido por si mismo, había sobrepasado a la de su propia familia; si bien, Damián era el orgullo de su madre, pero también su dolor de cabeza, y es que al señor Maxwell le encantaba su estatus de «Hombre sensual y libre» por lo cual la palabra «compromiso» no se hallaba en su diccionario.
-Cancela todas mis citas de hoy, Amatista...-Mordí mi labio inferior al escucharle llamarme por otro nombre. Su mirada seguía al frente, apenas entramos a su oficina, cerré con cuidado la puerta de la enorme habitación, el pelinegro se quitó con sumo cuidado la americana que llevaba puesta para luego dejarla en el espaldar de su silla.
Mis ojos parpadearon al ver como sus manos marcadas con esas venas que lo hacían lucir sensual, doblaron las mangas de la camisa que llevaba puesta hasta la altura de sus codos. Sus dedos penetraron las hebras oscuras de su cabello, para luego empezar a firmar una fila de documentos sin ni siquiera posar sus ojos sobre mí.
-¿Necesitas agua? -Preguntó arrugado salvajemente su frente.
-¿Disculpe? -escupí removiendo mis pies de un lado hacia otro.
-Es que pareces un maldito árbol allí sembrada, ¿Necesita que te rieguen? -una risita me hizo doler el estómago-, ¿Qué es esa cosa que llevas puesto? -señaló mi cara mientras que mis manos se deshicieron del labial color rosa que me había aplicado el día de hoy.
Mi respiración se volvió irregular y es que no entendía como he soportado todo este tiempo a este hijo de puta. -Rosaura...-Pronuncié el nombre de la súper modelo con la que mi jefe sostenía una aventura, obligándole por primera vez a mirarme a los ojos-, ella ha cancelado la...-Retrocedí violentamente al ver como una taza vacía de café, cayó a unos cuantos centímetros de mis pies.
-¡Arréglalo!-Su voz resonante y tosca, se impregnó en toda la habitación. Algunos trabajadores empezaron a vernos a través de los cristales de la oficina del presidente de esta compañía.-¡Si no traes a Rosaura esta noche al hotel Montecristo, date por despedida!-, mordí mi labio inferior con fuerza.-ofrécele mi villa en Cancún, si después de eso sigue diciendo que no, más te vale convencerla de cualquier forma... Ahora, vete...
Mi garganta estaba tan seca que no podía hablar o decir nada, mis piernas solo se removieron sobre la misma posición que tenía dentro del lugar desde que llegué, mientras que mis manos buscaban con desesperación mi teléfono móvil para contactar a Rosaura lo más rápido posible.
Algunas chicas que trabajaban conmigo me miraron con pesar, y es que para nadie era un secreto que trabajar para Damián Maxwell era casi un infierno. Su temperamento fuerte y la forma tan ruin en como trata a las personas que lo rodean, orilló a muchos de sus empleados a apodarlo: «el Diablo».
Saqué mi cartera de uno de los cajones de mi escritorio y corrí rápidamente hacia el estacionamiento de la compañía. Mis manos sudorosas encendieron mi coche mientras agregaba al GPS la dirección de la residencia de Rosaura Hilton. Al llegar al edificio Athenea, un grupo de hombres vestidos de negro y quienes resguardaban la seguridad de la super modelo, me pidieron mi identificación para permitirme el ingreso.
Una vez pasé todos los filtros de seguridad, subí desesperada hacia el apartamento de la rubia mujer. Miré una vez más mi reloj de pulsera y maldije al darme cuenta que faltaban tan solo media hora para la reunión que debería llevarse a cabo hoy entre mi maldito jefe y Rosaura.
Los ojos cafés de la hermosa chica delante de mí, se abrieron con exageración. Llevaba puesto un vestido rosado de látex que se ajustaba perfectamente a sus caderas y pronunciadas curvas. Sus pestañas rizadas se sacudieron al dejarme pasar a su lujoso hogar.
-¿Qué haces aquí? -Indagó bebiendo un poco de coñac. -pensé que había sido clara hoy...
-Cancún...-Susurré dejando los papeles de la propiedad sobre una mesa pequeña de cristal. -Se te dará una villa completa en Cancún si aceptas ir al hotel Montecristo esta noche...
La mujer dejó caer sus brazos a cada lado de sus caderas. Una sonrisa algo perturbadora se dibujó en sus perfectos y carnosos labios, -¿Cuánto vale? -corrió hacia los documentos, pero los alcé antes de que pudiera tenerlos en sus manos.
-Tantos millones como para comprar todos los bolsos de diseñador que desees...-Su mandíbula cayó en teoría, la rubia se acercó para tocar la carpeta con los papeles de propiedad, pero una vez más lo alejé de ella-. Firma el contrato de confidencialidad y esto será tuyo...
La rubia despampanante, tomó rápidamente un esfero y firmó el documento sin ni siquiera leerlo.
-Difundir información del señor Maxwell, fotografías, audios, videos o cualquier cosa que ponga en evidencia la vida sexual de mi jefe, será demandado con todo el peso de la ley... No tiene permitido llamarlo ni saludarlo, si por casualidad lo encuentra en un evento social donde ambos hallan sido convocados, solo ignórelo. No son pareja, solo tienen un acuerdo que los beneficiará a cada uno de ustedes.-respiré un poco para hacer una pausa antes de continuar-, ¿Por qué cancelaste la cita?
La chica me miró fijamente a los ojos-Hay rumores entre las modelos...-mi ceño se frunció,-escuché que la polla de Damián es tan grande que... Algunas chicas tienen que ir a emergencias...
Una risita se salió de mi boca, así que cerré los ojos para volver a tomar mi postura-¿Quién está esparciendo esos rumores?
-Viviana Durango...-Saqué mi teléfono para marcarle al abogado personal del señor Maxwell.
El timbre del otro lado del teléfono comenzó a resonar en mi oreja derecha, -Estableceremos una demanda penal en contra de la modelo Viviana Durango de la agencia interestelar... No tenga contemplación y arruine su carrera para siempre...-Rosaura se tambaleó al escucharme hablar con el abogado del señor Maxwell, pero caminó detrás de mí hasta llegar al estacionamiento en donde se encontraba mi coche-, si, quítale todas las propiedades que el presidente le haya dado y daña su hoja de vida...
-¿Qué pasará con ella?-, preguntó la rubia una vez encendí mi vehículo.
-Lo mismo que te pasará a ti si llegas a abrir tu boca...
(***)
El líquido amargo de la copa de vino que me estaba tomando dentro de aquel bar de élite en donde mis amigas y yo habíamos decido asistir por ser un viernes por la noche, se deslizo por toda mi garganta, impregnándose así con fuerza en todo mi cuerpo. El ritmo de la música bombeaba con salvajismo, mientras lograba ver como Camila, Carla y Andrea bailaban en la pista de baile y al son de la música.
El ambiente del lugar estaba caliente, así que bebí un poco más de mi trago antes de disponerme a ir junto a las chicas a la pista de baile. Mis amigas, al igual que yo trabajábamos para la compañía de Damián Maxwell, pero a diferencia de mí, ninguna de ellas sabían el sucio secreto de nuestro jefe.
Desde hace un tiempo, el señor Maxwell, utiliza el sexo como un tipo de somnífero que le ayuda a conciliar el sueño, luego de un evento traumático que quebró su vida para siempre. Hace tres años, su hermano mayor y él viajaban hacia Tailandia con el afán de cerrar un negocio importante para Maxwell Electronic, pero las cosas no sucedieron como ambos hermanos pensaron.
Apenas ambos tocaron suelo tailandés, la guerrilla los secuestró y exigió una suma absurda de dinero que por obvias razones los padres de Damián y Daniel no podían pagar. La cuestión es que en un abrir y cerrar de ojos; aquellos sanguinarios hombres, asesinaron al hijo mayor de la familia Maxwell y encerraron a Damián por cuatro días con el cadáver de su hermano pudriéndose a su lado.
Todos los miembros de la familia intentaron cubrir el fatídico hecho, y aunque enviaron a Damián a terapia, nada pudo ayudarlo a concebir el sueño. Había pasado esos cuatros días despierto, con visiones sobre el asesinato de su hermano y escuchado voces que sólo estaban dentro de su cabeza.
Nohora, la madre de Damián jamás habla de esto, pero me lo compartió una vez mientras me rogaba que no dejara a su hijo solo como las demás secretarias que habían pasado por él; y siento honesta, soy la única empleada que le ha durado tanto tiempo.
Muevo mis caderas al ritmo de la música, algunos chicos me quedan viendo, pero niego al ver la expresión de lujuria en el rostro de Andrea.
-Ya sé lo que estás pensando, y no...
Susurré alejándome del trío de amigas.
Carla rueda los ojos para atraer hacia ella a Camila.
-¡Tu maldito coño es virgen!-Gritó con tanta fuerza Camila, logrando que algunos chicos me queden viendo.
Como puedo tapo mi rostro para ir de nuevo a la mesa. Hacía seis meses que terminé mi relación de cinco años con Callum, el hombre con quien creía me iba a casar, y sin bien, a mis veintisiete años ya debería de estar formando mi propia familia, pero las cosas no han sido nada fáciles para mí.
Desde que me gradué de finanzas de la universidad y empecé a trabajar para el bastardo de mi jefe, lo único que he hecho es ayudar a mis padres a pagar la deuda bancaria que adquirieron para pagar su propia casa.
No podría decir que crecí teniendo problemas económicos, pero jamás fuimos capaces de tener nuestro propio hogar y algunos recuerdos sobre eso no son muy gratos. Sonrío al darme cuenta que los años han pasado demasiado rápido para mí y estoy a nada de cumplir treinta.
Saboreo el sabor amargo de la cerveza que un mesero me ha traído, mientras observo como mi trío de amigas se devuelve hacia la mesa para sentarse conmigo.-¡El señor Paul es un imbécil!-Escuché quejarse a Andrea de su jefe-, ¿creen que le está siendo infiel a su esposa?
Agregó burlándose un poco.
-No deberías hablar así, Andrea, muestro trabajo es cuidar de nuestros jefes...-Agregué haciéndome a un lado en el justo momento en que Carla se sienta a mi lado.
-Yo no me quejaría si me tocara cuidar a Damián Maxwell...-Murmuró Camila, logrando que todas se rieran menos yo.
Babylon de Lady Gaga, empezó a sonar con fuerza en toda la discoteca,-Pasen un día con el diablo, y su masculinidad ya no será tan llamativa...
Carla tiró de mi brazo.-¿Es verdad lo que dicen de él?
Fruncí el ceño para luego alejarme de ella. -Tengo un contrato de confidencialidad, no puedo revelar los secretos del señor Maxwell...
-Un día lo vi...-Agregó Andrea logrando desestabilizarme un poco-, el motivo de su enorme rumor...-La castaña hizo una seña con sus manos como si estuviese midiendo algo, entre tanto las chicas empezaron a brincar emocionadas por la historia que relataba nuestra amiga.
-¿Es verdad que es grande y grueso?-Masculló Carla algo acalorada.
-Tan grande que podría...-Le tapé la boca a Andrea.
-«Párrafo primero: Cualquier persona que difunda información personal del presidente de la compañía Maxwell Electronic, se verá en la obligación de dejar su cargo dentro de la empresa, y pagar un total de cien salarios mínimos...
Recité logrando que las chicas dejaran de reír.
-¡Aguafiestas!-Vociferó Camila alejándose de mí.
-Acabo de arruinar la vida de una modelo por difundir rumores sobre mi jefe, ¿Podrían calmarse?-mis ojos se medio cerraron al ver como un chico moreno, de estatura promedio y de ojos enormes como un par de zafiros, dejó delante de mí una copa de vino tinto.
Camila, Andrea y Carla me miraron rápidamente para que dijera algo.
-No bebo nada que un desconocido me de...-Tiré el líquido al suelo, crucé mis brazos a la altura de mi pecho.
-Podríamos tomar de la botella cerrada entonces...-Las chicas se apartaron para invitar a el desconocido a sentarse con nosotras.
-Lo siento, de todos modos ya me iba...-Declaré intentando levantarme, pero una mano tosca rodeo mi muñeca, atrayendo una vez más mi cuerpo hacia el asiento en donde hasta hace poco me encontraba departiendo con mis amigas.
-¿Me vas a rechazar así?, acabo de llegar de Milán, es mi primera vez en New York, creí que las personas aquí eran amables...-Por su apariencia delicada, la forma tan fashionista en la que se viste y sus movimientos elegantes, podría deducir que es un modelo profesional.
Maldición...
-Dame el trago.-El moreno sonrió dándome una vez más una copa con vino tinto, la cual bebí de golpe.
Sus manos tocaron repentinamente mi pierna desnuda. La falda que llevaba puesta y que traía desde mi trabajo, se subió un poco al recibir las caricias del castaño sobre la piel interna de mis muslos.
Mi corazón comenzó a latir con tanta fuerza, porque desde hacía mucho, pero mucho tiempo, no he tenido sexo y ni siquiera me había dado tiempo para masturbarme. Las chicas se miraron para luego casi desaparecer delante mí.
-Soy Brando Lee...-Abrí los ojos en el justo momento en que sus dedos se hundieron en mi muslo. El moreno relamió sus labios para luego arrastrarme una vez más hacia la pista.
Su sudor y el mío se mezclaron al sonar la canción «Gatubela de Karol g» en toda la discoteca. Sus manos se deslizaron por mis hombros y brinque al sentir un apretón sobre mis nalgas. El chico de ojos color aceituna me atrajo hacia su cuerpo rápidamente; su mirada y la mía se conectaron y aunque la razón le decía que no podía permitir este tipo de cosas, el deseo le gritaba que debía abrirle las piernas en la parte trasera del lugar.
-¿Quieres ir a mi casa?
Preguntó elevando la comisura de su labio, venga, anda, Amelia, di que no. Sabía que si algo salía mal, iba a amanecer al día siguiente en alguna fosa común mientras mis padres se lamentaban de mi muerte repentina.
-Hay baños aquí...-Susurré sorprendiéndome de mí misma. Jamás había hecho algo como esto; si bien, siempre fui ese tipo de chicas mojigatas que sus novios terminaban engañando con alguna puta sensual que conocen en cualquier lugar.
-Me gustan las atrevidas....-Brandon Lee, restregó su polla dura y empalada contra mis muslos. De repente, mis amigas aparecieron, el alcohol comenzó a ir y venir y cuando menos lo esperé, ni siquiera era capaz de mantenerme en pie por mí misma.
La botella de vodka en una de mis manos, terminó en el suelo por culpa de mis movimientos torpes. Brandon, junto a Camila, Carla y Andrea, me obligaron a tomar mas bebidas de las que debería.
El suelo, el suelo se estaba moviendo.
-¡Lo odio!-Grité logrando llamar la atención de los chicos-, lo odio tanto porque... porque es un hijo de perra...-Empecé a reír al ver a Carla grabarme con mi celular que no sé cómo carajos terminó en sus manos.-¡¿Sabes todo lo que tengo que hacer por tu culpa, gilipollas?!, ¡¿Por qué tengo que limpiar tu desastre?!, además, he trabajado cuatro malditos años para ti, ¿es difícil recordar mi nombre?, ¡No me llamo Amalia, ni Amilia, ni Ágata!, ¡Soy Amelia!, ¡Amelia, maldito precoz de mierda!
Andrea comenzó a reírse a carcajadas.
-¿De quien habla?
Escuché a Brandon preguntar.
-De su jefe.-Respondió Camila apartando al moreno de su camino-, ya estuvo, Amelia, vamos a casa...
No sé en qué momento la aparté a la rubia de mi lado-¡Espero que al señor Maxwell jamás se le vuelva a parar la polla!-Camila, Andrea y Carla gritaron en el instante en que un fallo en la electricidad de la discoteca hicieron que todas las luces del lugar se apagaran, para luego de algunos segundos volver todo a la normalidad.
abrieron los ojos, asustadas al verme tirada en el suelo.
-¡Amelia!-Vocifero, Carla, entregándome mi teléfono-, ¡El diablo!, ¡El diablo te está llamando!
Abrí los ojos, como pude me levanté y corrí hacia la entrada de la discoteca para así cruzar la calle y alejarme de la música lo más que pudiera.
-¡No enviaste el maldito video, Amaranta!-Alejé el móvil de mi oreja al oír su grito.
-¿Qué video, señor Maxwell?
-¡El maldito video de la presentación con los accionistas de Holanda de mañana!
Aparté la llamada para buscar mi email.-¡Mierda!-me tapé la boca al darme cuenta de mi error, no había enviado el video corporativo para su revisión, parpadeé al sentirme un poco mareada por culpa del alcohol; ingresé a mi galería y envié el video de la compañía lo más rápido que pude-, ya se lo envié, señ...-¡Colgó!, ¡el maldito colgó si ni siquiera darme las gracias!
Caminé una vez más hacia la discoteca, las chicas ya me estaban esperando en la entrada para volver a casa. Mañana debíamos trabajar a primera hora y lo mejor para todos era irnos a dormir desde ya.
Eran pasada las once de la noche, así que decidimos contratar un conductor asignado para nuestra seguridad. Luego de mi salida de la discoteca no volví a ver a Brandon Lee y creo que era lo mejor. No me sentía preparada para ligarme a alguien todavía.
Al día siguiente salí de casa como era costumbre, la agenda del presidente de la compañía Maxwell Electronic se encontraba llena el día de hoy, así que no tendría mucho tiempo a este paso para iniciar una nueva relación.
Apenas llegué a mi piso de trabajo, el silencio abundó el lugar, pero de repente todo se volvió un caos.
-¡Amatista!-¡Mi jefe!, ¡Mi jefe está gritando!
Capítulo 2
Mis piernas se cruzaron apenas intenté salir corriendo hacia su oficina, mi cuerpo se tambaleó, como pude logré llegar a tiempo al primer llamado del señor Maxwell, pero algo dentro de mi cuerpo se paralizó al ver la escena.
La oficina estaba llena de los accionistas holandeses, mientras que en una pantalla enorme se proyectaba el video de mis pesadillas.
-«¡Espero que al señor Maxwell jamás se le vuelva a parar la polla!»-Mis propias palabras golpearon con fuerza mi cabeza, entre tanto Damián Maxwell caminaba enojado hacia mí.
Creo que me van a despedir...
Un nudo se formó dentro de mi garganta al ver las miradas juzgadoras de todas las personas dentro de la habitación. Los ojos inyectados en sangre del señor Maxwell, me hicieron retroceder un poco, pero sus manos toscas y salvajes, tomaron rápidamente mis hombros, mientras mi cuerpo empezaba a ser zarandeado. Mi respiración se cortó en el justo momento en que lo entendí todo. He arruinado el negocio de la compañía Maxwell. Los inversionistas empezaron a salir de la enorme sala de juntas, a pesar que muchos trabajadores intentaban evitar que lo hicieran.
Mis piernas me temblaban tanto que sentía que en cualquier momento podía desfallecer; la respiración caliente de Damián golpeó mi rostro con fuerza, entre tanto sus manos me soltaron obligándome a caer sentada en el piso de la habitación caso vacía.
-Señor...-Murmuré medio atolondrada por la conmoción del momento, mis manos me temblaban sobre mis rodillas, entre tanto un dolor fuerte taladraba dentro de mi cabeza. Mi pecho se hundía a medida de que los segundos pasaban sin que el presidente de esta compañía pronunciara palabra alguna.
Damián Maxwell caminó hacia la enorme pantalla, mientras que sus ojos estaba fijos sobre el video en donde yo, su secretaria y mano derecha aparecía hablando mal de él. Sus manos se volvieron puño a cada costado de sus caderas, el presidente me miró por un segundo por encima de su hombro derecho para acto seguido empezar a reír.
-¿Sabes cuanto dinero está perdiendo esta compañía por tu culpa?-Vociferó con su voz entre cortada-¡Estás despedida!
Gritó tan fuerte que todos los empleados que presenciaban la escena, salieron disparados de donde estaban. -No tengo excusa para esto, señor, pero he trabajado cuatro años para esta compañía, y sé que no merezco perdón por esto, pero por favor, no me despida...
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas en el peor momento posible, me sentía vulnerable al saber que si quedaba sin trabajo, los únicos que sufrirían las consecuencias de mis malas decisiones, serían mis padres y la deuda que ellos tenían con el banco.
-¡Billones!-Entonó con fuerza el dueño de esta compañía-¡Tienes una maldita deuda de billones con esta empresa, Amelia!
Un disparo justo en mi corazón me hizo tambalear,-¿De que está hablando?
-Tu trabajo incompetente me hizo perder un negocio de billones de dólares, es por eso que te toca pagarlos...-La respiración se me cortó, empecé a hiperventilar en el justo instante en que mis oídos escucharon semejante noticia tan devastadora. A puras penas podía pagar el alquiler de mi apartamento, mi comida y la mensualidad del banco, ¿Cómo carajos voy a pagar tanto dinero?
-Yo no tengo tanto dinero...-Agregué bajando la cabeza-, señor, sé que cometí un error, por el amor de Dios, ¿Cómo puedo pagar tanto dinero siendo yo una persona pobre?
Damián se aflojó la corbata-Ese es tu problema, Amalia, si te toca vender un riñón, hazlo, pero mi empresa no se puede ir a la quiebra por tu maldita culpa...-El enorme cuerpo del presidente de Maxwell Electronic, apareció delante de mí. Su dedo índice golpeó mi frente, logrando que mi torso se moviera un poco. Mi cabello castaño y alborotado, se pegó sobre mi rostro por las lágrimas que decoraban ahora mis mejillas.
-Usted va a matar a mi familia...-Sostuve mirándole con odio, -¡¿Por qué me hace esto?-Mauricio, el abogado personal del señor Maxwell entró pausadamente dentro de la sala de juntas. El joven vestido de una manera formal y elegante, caminó hacia su jefe para ahora entregarle una carpeta blanca con algunos papeles.
-La demanda ya está interpuesta.... Señor...-Palidecí-, Amelia Stewart tiene menos de un año para pagar los nueve billones de dólares que perdimos por culpa de su video... ¿Quiere que también la procesemos por injuria?-Mordí mi labio inferior mientras lo miraba entre súplicas.
Negué con la cabeza, pero él asintió confirmando la nueva demanda.
Caí de nuevo sentada sobre el suelo-¡¿Cómo puedes hacerme esto?!-Damián volteó a mirarme-, he tapado cada uno de tus secretos, pero... ¿Ahora solo me desechas por algo que tú mismo creaste?
La piel pálida de mi jefe, ahora se tornó un tanto rojiza por la ira que estaba sintiendo-¿Qué tratas de decirme?
Apoyé mis manos débiles sobre el suelo para así poder levantarme, caminar me dolía demasiado, había perdido cada uno de los logros en un abrir y cerrar de ojos; como puse acomodé mi cabello entre tanto, mis piernas me dirigían hacia él.
-Tratas a las personas con basura, señor Maxwell...-Lo apunté con mi dedo-¡Amatista!, ¿Quién se llama Amatista en tu maldita compañía?, ¡¿Recuerdas a tu labrador?!-Damián miró a su abogado-¡Así se llamaba tu maldito perro!, me llamas como tu perro... Me llamas como un perro que ya murió...
Lo golpeé con fuerza en el pecho. -¿No eres igual que un perro?-Alcé la mirada, mi mandíbula cayó prácticamente hasta mi pecho al oírle entonar esas palabras tan crueles-. Un perro espera todo de su amo, te doy dinero, pongo comida en tu mesa y te visto... ¿No compraste ese lindo conjunto que llevas puesto gracias al dinero que te pago?,-sonrió-¿Lo ves?-sus ojos me recorrieron-, eres un perro...
-¡Y tú un maldito hijo de puta!-un par de hombres tomaron mis manos para arrastrarme lejos de la oficina del presidente. Andrea, Camila y Carla corrieron hacia mí para ayudarle, pero los guardias las empujaron para quitarlas del camino.
Todas mis cosas fueron tiradas a la calle, había sido despedida de la forma más cruel posible, a pesar de que le había dedicado tanto tiempo a la compañía Maxwell, y no les importó echarme de la peor manera.
Los transeúntes me miraban, así que con algo de vergüenza agarré la caja en donde guardaron mis cosas y las empecé a empacar de nuevo. Mi pecho me dolía demasiado, tanto que me era imposible respirar con normalidad; necesitaba idear un plan para conseguir dinero antes de que viniera el pago de las cuotas con el banco del próximo mes, pero sobre todo, debía ocultar mi despido de la empresa de mis padres.
Llegar a casa fue una pesadilla, tuve que estacionarme varias veces en el camino, porque las lágrimas acumuladas en mis ojos bloqueaban mi visión. Grité todo lo que pude hasta sentirme agotada.
Subí las escaleras del edificio viejo en donde vivía desde hace dos años con mi futuro sobre mis manos. Apenas cerré la puerta de mi apartamento me tiré sobre el suelo para llorar.
¿Qué iba a hacer ahora?, no tenía la repuesta para eso, mi espalda chocó con fuerza contra mi cama, mientras intentaba calmarme un poco, si vendía mi coche y me mudaba de nuevo a la casa de mis padres, podría ahorrar dinero e irme pagando mi deuda con el señor Maxwell.
Mi teléfono comenzó a sonar de un momento a otro, y lloré aún más al ver el nombre de mamá en la pantalla.
-Hola, linda...
Silencio.
-¿Sucede algo, Amelia?
Está vez es papá.
-No, solo estoy cansada.
-¿Estás en casa?-sequé mi rostro-, apenas es medio día, ¿Algo sucedió?
Mordí mi mejilla interna-No, no, estoy en la oficina, es que, tengo algo de dolor de estómago, es solo eso mamá...
-¡Oh, que bueno!-gritó papá entusiasmado-, hemos llegado a New York y queríamos irte a visitar a tu empresa...
¡Mierda!
-¡¿Qué?!, ¡No, no!-Me levanté de la cama para buscar las llaves de mi coche-, ¿Para que van a venir?, todo aquí es aburrido y...
Al fondo escucho a mi padre hablando con alguien.
-¡Sí, sí, es esa dirección!-Vocifera mamá quizás dándole indicaciones a alguien-, ya vamos en el taxi para Maxwell Electronic, hija, te vemos allá, te amamos...
¡No puede ser!
Bajé las escaleras a toda prisa, mientras intentaba Buscar las llaves de mi coche dentro de mi bolsa. Los vecinos me quedaron viendo en el momento en que me tropecé en la entrada del edificio, con rapidez logré levantarme, y arranqué el automóvil lo más rápido que pude.
Eran casi las dos de la tarde, a esta hora las calles de New York están demasiado transitadas por culpa de los empleados que salen a comer o de regreso hacia sus casas. Maldije al ver la fila interminable de carros delante de mí.
Mis manos apretaron el volante de mi mazda, faltaban un par de cuadras para llegar hasta la compañía Maxwell; si no llegaba justo a tiempo para evitar que mis padres vean a alguien de la empresa que les cuente de mi despido, todo estará acabado para mí.
Quité las llaves de mi coche, agarré mi bolsa y salí corriendo hasta mi antiguo lugar de trabajo. Sabía que estaba sufriendo con esto y no podía permitir quitarles la única luz de esperanza a mis padres por culpa de mis malas decisiones.
Estaba corriendo como una loca en un día soleado en la gran manzana, el sol y la brisa golpeaba mi rostro con fuerza a medida de que mi cuerpo se acercaba cada vez más a la meta. Mi respiración se cortaba cada tanto, pero no me detuve hasta llegar al edificio en donde quedaba ubicado Maxwell Electronic.
El portero me miró rápidamente, pero ni tiempo me dio de saludar, cuando ya estaba colocando la tarjeta de acceso en la entrada principal. Las recepcionistas intentaron persuadirme, pero todo se detuvo para mí en el instante en que vi a mis ancianos padres esperando el elevador que los llevaría hacia el piso en donde quedaba mi oficina.
-¡Mamá!-Lucía Stewart se giró sobre sus pies para luego sonreír al ver a su hija mayor a unos cuántos pasos de ella. Luego de eso, tocó a papá quien también se sorprendió quizás al verme fuera del trabajo.
Aceleré mis pasos hasta quedar delante de ellos, -¿Qué hacen aquí?-Indagué respirando lentamente para nivelar mi oxígeno.
Mamá lucia un bonito vestido de flores con un sombrero veraniego que la hacían ver muy elegante y coqueta para su edad. Las manos de la mujer que me dio la vida, acariciaron inmediatamente mi rostro.
-Mi bebé perdió mucho peso...-No pude evitarlo, me tiré encima de ella, papá nos rodeó con sus enormes brazos y aunque quería llorar, me negaba a hacerlo ahora delante de ellos.
-Estoy bien ahora...-Solté dando un paso hacia atrás.
-Vinimos a traerle un regalo a tu jefe....
Mis cejas se elevaron-¿Ah?-Mis labios dibujaron una línea curva que más bien era una mueca disfrazada de sonrisa-¿Regalo?, ¿por qué?
Papá carraspeó la garganta.-Por darle la oportunidad a nuestra bebé de trabajar en este enorme lugar...-Lucía tomó del brazo a su esposo.
Mis manos rascaron mi cabeza-Oh...-Las palabras no salían de mi boca, miré por un segundo todo a mi alrededor, -como verán, el señor Maxwell es un hombre ocupado y...
Las puertas del elevador se abrieron delante de nosotros, dejándome ver la perfecta silueta de Damián Maxwell. Mamá abrió los ojos, entre tanto yo solo pude retroceder rogándole al cielo que se abriera la tierra ahora mismo y me tragara completa.
El pelinegro me señaló para luego abrir los ojos con exageración,-¡Tú!-mordí mi labio inferior tomando a mis padres de las manos para huir,-¡Detente ahora, Amatista!-¡¿Por qué?!, ¿Por qué mi cuerpo le hizo caso a ese cabrón?, escuché los pasos de mi antiguo jefe corriendo hacia mí, y aunque intenté moverme, no pude hacerlo. Sus manos frías tocaron mis hombros mientras mis padres nos miraban en silencio.
-¿Qué le sucede, señor Maxwell?-, pregunté con la garganta seca. La respiración del Damián mezclada con un poco de alcohol, golpeó mis mejillas con fuerza.
-Tu currículo no tiene tu dirección actual.-Se aproximó a decir-, la necesito para la demanda...
Papá brincó sobre sus pies,-¿Qué demanda, hija?-, mamá apretó la mano de su esposo-, hija, responde, ¿de que habla este señor?
Maxwell intentó abrir la boca, pero lo aparté de golpe-La demanda...La demanda es para una colega, papá...-El pelinegro de ojos cristalinos rechistó-, ella reveló cosas de mi jefe y...
-Y ahora a la señorita «A» le toca pagar billones...-Agregó algo sofocado el presidente de esta compañía.
Mi madre me miró-No estas metida en ningún problema, ¿Verdad, hija?-negué besando su frente-, sabes que siempre podrás decirnos las cosas, si te preocupas por el préstamo del banco, tu papá y yo veremos como pagarlo.
Quiero llorar.
-¿Cómo podré llamarme su hija si no puedo cuidarlos?-, puntualicé alejándome del señor Maxwell, el cual se encontraba atento a cada una de mis palabras-, ustedes hicieron tanto... Tanto por mí, ¿y no seré capaz tan siquiera de esto?-Levanté la mirada para observar con todo el odio que sentía hacia mi antiguo jefe-. Tengo que decirles la verdad...
Camila, Carla y Andrea venían llegando de su hora del almuerzo, pero apenas se dieron cuenta de la escena, detuvieron sus pasos para así poder observar lo que sucedía.
-¿Estás embarazada?-Cuestionó papá en un hilo de voz, sin embargo volvió a respirar al verme negar con la cabeza,-¿Qué pasa, bebé?
Mis labios se fruncieron-Yo fui...-Las palabras se atoraron, el abogado del señor Maxwell apareció a nuestro lado de la nada-, mamá... Papá... su hija fue hoy des...
-¡Amalia Stewart!-La voz ronca y resonante de Damián penetró mis oídos, obligándome a moverme lejos de él.-¿Crees que estoy para perder el tiempo?
Vomitó tomándome de la mano y a trayéndome inmediatamente hacia su lado.
-¿Eh?
-Mi madre nos está esperando...-Puntualizó haciéndole una pequeña reverencia a mis padres.
-Señor Maxwell, creo que usted está confundido...-Agregué intentando zafarme de su agarre, no obstante sus ojos azul como el océano indico se clavaron en los míos.
El pelinegro tensó velozmente la mandíbula para acto seguido acercar su pecho hacia el mío. El olor que desprendía de su piel, invadió rápidamente mis fosas nasales, logrando que mis piernas se debilitarán un poco.
-Los holandeses decidieron invertir.-susurró tan cerca de mis oídos que no pude evitar aflojar mi cuerpo un poco. Yo... ¡Ya no tengo que pagar los billones!, sin poder evitarlo corrí hacia mis padres, saltando de la emoción que me invadía en ese momento.
-¡Señor!-caminé hacia él-, ¿entonces?
-Estamos llegando tarde a casa de mi madre...
Me despedí de mis padres para enseguida caminar detrás del señor Maxwell en silencio hasta llegar a la casa de sus padres. Al bajarme del coche, me di cuenta de la cantidad de miembros de la familia que se encontraban en la residencia; al parecer hoy estaban celebrando algo tan importante, que todos fueron convocados aquí.
Sacudí mi cabello mientras las demás personas del equipo de trabajo de Damián caminaban junto con nosotros, la señora Nohora me saludó de beso en la mejilla.
-Estás preciosa...
Su hijo torció los ojos.
-Dale algo decente para vestir, es mi mano derecha y parece una loca de pueblo...
Moví mis piernas al sentir como un par de empleadas me llevaron hacia la segunda planta de la mansión. Las mujeres comenzaron a desvestirme y peinarme sin ni siquiera pedir mi autorización.
-¿Qué celebran hoy?-Me atreví a preguntar luego de que con algo de dificultad me cerraran el cierre de un vestido color zafiro que se ajustaba perfectamente a mis curvas. Una de las chicas soltó mi larga cabellera castaña, mientras la alborotaba un poco para darme mayor volumen.
-Es el compromiso del señor Maxwell...-Mis piernas se tambalearon. ¡Imposible!, Damián pasó demasiado tiempo intentando esquivar a su madre y ahorra, ¿Qué sucedió?
-No sabía que el Señor tuviese novia...
Susurré ganándome la mirada penetrante de una de las empleadas de esta casa.
-De hecho, no la tenía... -Arrugué el entrecejo-, al parecer el presidente de la compañía holandesa con la que firmaron un contrato hoy, tiene una hija y pues...
Retrocedí.
¿Esto era por mi culpa?
Los accionistas se habían ido de la sala de juntas con la intención de romper el acuerdo, pero de repente las cosas salieron bien. ¿Damián acordó casarse para cubrir mi falta?
Negué, ¡De ninguna manera!, él no es el tipo de hombre que piense en las demás personas.
Metí mi pie dentro de un zapato versace, para luego salir de aquella habitación. Las mujeres caminaron detrás de mí, pero me detuve en el justo momento en que los ojos de todos los asistentes se quedaron fijos sobre mí.
El abogado del señor Maxwell tocó su hombro para que me mirara, el pelinegro entre abrió sus labios para luego fijar sus ojos a la altura de sus caderas.
Me sostuve del borde de la escalera y bajé con mucho cuidado. De repente todos los invitados comenzaron a susurrar. La prometida de Damián estaba aquí.
Una chica Holandesa en sus veintitantos, delgada, de piel bronceada y cabello platinado, su sonrisa se veía preciosa y ni hablar de la elegancia en la que caminaba y la joyería que la adornaba.
La mujer saludó a mi jefe con la mayor seriedad posible, a lo lejos se le notaba que todo este circo era solo por dinero.
Damián de repente me hizo una seña para me colocara justo a su lado.
-Es un gusto conocerle...-Joder, hasta la voz de aquella jovencita se escuchaba afeminada y melodiosa.
Damián miró a su madre y luego tomó la mano de su futura esposa.
-Iré a beber algo...-Fue lo único que dijo el bastardo de mi jefe, mordí mi mejilla interna para no reírme.
Esto era tan típico de Damián Maxwell, para él las personas solo eran objetos que podía usar a su antojo.
La holandesa caminó detrás de él, la fiesta iba muy bien, yo están disfrutando de la comida gratis, mientras que mi jefe se había perdido desde hacía media hora con su nueva novia oficial. Rodé los ojos al darme cuenta que seguro estaba follando con ella, pero un grito nos dejó a todos aturdidos.
Damián venía bajando las escaleras con la camisa desencajada y cerrando el cierre de su pantalón. Su mirada era de horror. La joven salió segundos después, sus padres caminaron hacia ella, pero no dijo nada.
Sin más, Damián desapareció sin saber todavía que ese día había empezado mi verdadera pesadilla...