Regrese por ti esas palabras que se repetía cada 5 segundos en mi cabeza como si fuera un reproductor rotativo, ¿cómo puede alguien regresar como si nada después del dolor que ha provocado?, es como si a un niño le rebatas la paleta en la calle y tres días después se la regresas diciendo te la regreso, después de haberlo hecho llorar, sufrir, es de pocos hombres, un hombre de verdad jamás haría sufrir a alguien que dice que la amaba más que a su propia vida.
No podía asimilar nada, toda la gente nos miraba y él aún estaba acariciando mi mejilla que rebeldes lágrimas resbalaban, lágrimas de sufrimiento, de ser tan ingenua, tan estúpida en creer que él me había dejado, que ya no estaría, me siento sucia, engañada, detengo su mano y la aviento a un costado, su caricia quema en mi piel, el me mira analizando cada movimiento que hago como cada uno de los presentes.
-Es tarde, no quiero saber de ti, me hiciste sufrir, me engañaste, solo pensaste en ti, ¿por qué regresar ahora?, Bárbara no te quiso, puedes morirte mil veces pero yo por ti no siento nada- un dolor en mi pecho se instala, pero lo ignoro- jamás te voy a perdonar, por lo que me hiciste, por lo que nos as echo- señalo a todos- y por lo que les hiciste- señalo a sus padres, que no me había percatado que su madre lloraba abrazada a su esposo- ¡jamás!- grito haciendo énfasis a la palabra- no necesito tus regalos, tu opinión o tus ordenes, la conexión es débil y yo misma me encargare de romperla- mi discurso es frío, seca, sin corazón, con un nudo en la garganta.
-Eres mía y seguirás siendo mía- con un aire de amenaza se acerca diciéndome esas frases que anteriormente me ponía la piel de gallino, hoy no es la excepción pero lo ignoro.
-Jamás lo volveré a ser, me mentiste, me engañaste...- sus ojos se vuelven oro, su quijada se vuelve dura y sus puños están cerrados con tanta fuerza que los nudillos están blancos.
-¿Y quién dijo que me perdones?- y con eso me eleva en sus hombros y camina con migo a su casa.
-Bájame, quiero terminar el ritual- digo enojada, pataleándolo y golpeándolo, sabiendo que me duele más a mí.
-Cállate- y una dura mano impacta en mi trasero
-Eres un cobarde, porque hacer esto ¿qué ganas?, a mí nunca me tendrás y...-
-¡Te callas de una vez por todas!- grita llegando a su casa, me baja y me tapa la boca donde yo seguía pataleando e insultándolo en su cara sin que me escuchara, el niega y me mete a la casa, atrás venia Francisco con la cola entre las patas, lo veía cohibido y temeroso, se había ganado mi confianza pero él también me traiciono, todos los hombres son iguales, hijo de pu...
Santiago me carga, sabiendo que no podía con migo andando y me lleva a las habitaciones o mejor dicho a su habitación, entra con migo y deja la puerta abierta para que Francisco entre también.
Aun enojada lo empujo y me alejo de unos cuantos pasos sin tener energía de escapar.
-Eres un estúpido, confié en ti- le grito a Francisco el baja más la cabeza, si es que posible.
-Lo siento señorita solo cumplía los órdenes del señor rey- dice balbuceando rápido
-¿Y yo donde quedo?- le pregunto mirándolo, sin siquiera esperar una respuesta prosigo hablando- que me destruyeran hasta y cuando por fin estoy decidida de olvidar todo regresas como si nunca hubiera pasado nada durante estos meses- digo ahora recriminando a Santiago-
Él solo me veía, sin decir nada y eso me enojaba más porque no se defendía solo escuchaba, veía como poco a poco me autodestruía, lloraba sin parar por todo lo que me había lastimado sin él darse cuenta, todo se fue a la basura, ahora entiendo porque a veces no necesitaba la pastilla, era porque él estaba cerca de mí, me vigilaba y veía mis lágrimas nunca lo podré perdonar.
-Nunca digas nunca, cariño- me dice Santiago, lo miro a los ojos intentando matarlo y enterrarlo a tres metros bajo tierra, pero a la vez abrazarlo, llorar en su hombro, no sabía lo que sentía simplemente estaba confundida.
Camino hacia atrás hasta que encuentro la cama y me siento intentando tranquilizarme, para poder pensar mejor en lo que ahora estaba a punto de suceder, pero ahora no es el ciclo en el que estaba acostumbrada, ahora es peor, porque mi mundo cambiara a 90° de nuevo.
-Nos vamos Sandra, a casa- dice Santiago acercándose a mí, tendiéndome su mano para ayudarme a levantar
-¿A casa?- aturdida me limpio las lágrimas mientras me paro sin aceptar su mano falsa.
-Si, a nuestra antigua vida, arregle tu universidad, regresaras a donde estabas y punto, no está en discusión- mis ojos se agrandan, como es posible que el haga todo eso sin decir nada, aun se cree el dueño de mi vida, bueno en cierto términos si lo es, pero NO, no me dejare
-No....-
-No es pregunta amor mío, es una orden- y ahí va con sus ojos de oro- por cierto tu familia llega mañana a su casa nueva- toma mi mano a la fuerza y me saca de su cuarto, Francisco ya tenía mi maleta que me había traído días anteriores.
Al bajar las escaleras y llegar a la sala nos encontramos a los padres de Santiago, la mamá más estable con su esposo a su lado, frío como el hielo.
-¿Por qué lo hiciste?- dice su padre al vernos entrar, se para poder acercarse a Santiago, puedo ver como su mano es rígida y en un segundo la tiene en la mejilla de su hijo, donde la cachetada suena por toda la casa, su mamá Daniela se apresura a acercarse a su marido para alejarlo un poco de su hijo, Santiago no dice nada, solo mira a su padre sin expresión alguna- ¡contesta o eres cobarde!- se desespera el señor por el gran silencio que se generó en la casa.
-No me entenderían, jamás lo harían- dice viendo a su mama, se acerca y la abraza- solo pido que me apoyen en mis decisiones, porque lo hice por un bien a la familia, cuando pase el tiempo les explicare, pero no me hagan hablar cuando sé que no es el momento, hay muchas cosas que decir pero no ahora- dice viendo a su padre sin soltar a su madre y mi mano, que por un momento pensé que iba a dormirse por el agarre posesiva.
-Sabes muy bien que para nosotros, eres muy importante y te daremos el tiempo necesario, pero quiero que me prometas algo- dice su madre, él se separa un poco y la mira sin entender, sube su ceja intentando decir que prosiga- no lastimes más a tu mate, porque si no yo me encargare de deshacer su conexión con tal de que ella sea feliz, con quien se le plazca- dice seria, con una mirada de regañando a un niño de 5 años, sonrío ante su atrevimiento, pero su rugido borra esa sonrisa en un segundo.
-¡Jamás, ella solo es mía y no tienes permitido de deshacer la conexión!- me toma de la cintura atrayéndome a él, mentiría si digo que no me duele su agarre, ruge de nuevo, pero su madre ruge más fuerte
-¡A mí no me gritas, soy tu madre!- y con eso un Santiago enojado y una Sandra fuera de su órbita salen de la casa hacia su nuevo y antiguo hogar que compartía con aquel hombre-lobo posesivo, sabiendo que siempre seguiría siendo suya sin importar que se escondiera debajo de la tierra él la encontraría y la levaría a su lado, donde sentía paz, tranquilidad, odio y temor.
Nos adentramos al auto negro ya conocido por mí, donde muchas veces fui perseguida y arrojada como si estuviera secuestrada, pero no, ahora no es el caso, ahora sé que es amar y odiar a una persona, saber que estas destinada para ser solo uno, pero tengo miedo a lo que se avecina, lo único bueno en esta historia es que tendré cerca a mi familia y espero con ansias a Jay.
-Me obligaras- digo afirmando un cambio
-Es por tu bien- contesta al igual que yo, frío y distante
-¿Por mi bien o por tu bien?- volteo a verlo, donde ambos encontramos nuestras miradas, vacías, pero con un obscuro secreto dentro, un secreto que nos mata a los dos, pero que nos mantiene unidos, un secrete que yo ya sabía, pero que no estaba dispuesta a aceptarlo, no aun.
-Por nuestro bien- y con eso, el silencio reino el auto, el simple silencio lo dijo todo; nuestro bien es aceptar que no me dejara nunca, de ahora en adelante porque simplemente seguiré siendo de él.
Vamos de nuevo en el estúpido jet privado de Santiago, me senté lo más alejada que pude de Santiago, estoy enojada, herida, furiosa, por un momento pensé que podía amarlo, pero no creo en los cuentos de hadas, son tan falsos como Santiago mismo.
Hablando de él, me ha respetado mi lejanía y no me obligó a sentarme con él, simplemente está a unos 3 metros de distancia viendo como siempre papeles con idiomas extraños y números que no puedo entender, aparte tiene su indispensable computadora para mantener el orden en su empresa que sigo sin saber de qué se trata, su amigo manos derecha que detesto con todo mi corazón, está sentado a su lado viéndome como un cachorro que hizo algo mal y quiere que su dueño lo perdone, pero algo es lógico, yo no soy su dueña y puede hacer con su jodida vida lo que quiera.
La azafata se acerca a ellos y ninguno le hace caso entonces pasa de largo y se dirige a mí, dándome una sonrisa de las más falsas que hay en este mundo.
-Buenas tardes, señorita, ¿gusta algo de tomar?-
-No- y me volteo a otro lado, no tiene caso comer, si perdí muchos kilos, porque me descuide, pero en estos momentos es cuando tu estomago se pone en huelga y no acepta ninguna comida si no quiero pasarme la mayor parte de mi vuelo en un cubículo de 4x4 escupiendo lo ingerido con sabor a asido.
-Tienes que comer algo- dice Santiago desde su asiento, volteo los ojos y lo ignoro, ahora viene preocupado después de días, o meses, sobre mis calzones- te estoy hablando Sandra- ahora habla con los dientes apretados, haciendo un esfuerzo para no gritar.
-Háblale a mi mano, ups se dio la vuelta, ups se levantó el dedo- digo enojada volteándolo a ver y en ese momento me arrepiento de mi acción , su cara es seria, nadie se mueve de su lugar ni mucho menos respiramos, todo es tenso, la azafata no se mueve, Santiago se para y camina hacia mí, tiemblo en mi lugar, ahora si quisiera que me tragara la tierra, la azafata se retira al ver la cara de Santiago indicándole que se fuera o en poca palabras que se largara, se acerca a mí y me mira hacia abajo sin ninguna señal de tranquilidad- párate- niego con la cabeza, intentando aclarar mi mente- di una orden- sigo sin moverme, mis piernas tiemblan sin parar-PARATE- lo miro a los ojos y me paro como si fuera un fantasma, mi sangre estaba congelada no corría en mi sistema, miro hacia abajo una lagrima rebelde se resbala de mis ojos- ¿porque simplemente no me haces caso?- pregunta, no contesto, simplemente me quedo callada, toma de mi brazo y lo sigo, cuando levanto mi cabeza me percato que nos encaminamos hacia el cuarto, intento parar pero me toma más fuerte el brazo y nos adentramos.
-Para, no tienes derecho de hacerme nada, tú no eres nadie...-
-Tú no sabes la palabra de ¡cállate!- grita- olvídate del Santiago tierno, que te quería enamorar, con sus actos, olvídate de que no te castigaba por no herirte, de no cumplir mis castigos, ahora solo serás mi sumisa, simplemente serás eso- lo miro sin entender
-¿Cómo?, dices que vas a cambiar, cuando el error fuiste tú, yo no cometí ningún error, yo nunca te quise, tú me obligabas a estar cerca de ti, cuando yo solo quería ser libre, y cuando por fin lo iba a ser apareces de la nada, matando todo lo bueno que sembraste a mí lo mataste- digo enojada, intentando escupir todo mi odio, cuando lentamente me voy dañando.
-No me importa, si te gusto, si me odias, si me quieres matar, simplemente me vale, entendiste- me atrae hacia él y me intenta besar, pero corro mi cabeza, jamás me dejare besar de nuevo, toma mi cabeza con su otra mano y me pone sus labios en la parte donde había metido mis labios
-Basta- grito en su cara y todo se fue al carajo, se sienta en la cama y me pone boca abajo en su regazo, el vestido que aun lo tengo se encuentra en el suelo junto con mis piernas
-No veré nada, porque aunque seas mi sumisa, tu cuerpo te pertenece, pero recibirás 50 nalgadas, por haberte movido cuando intente besarte y por gritarme- levanta mi vestido hasta mi trasero, me muevo, pero una mano me detiene y me aplasta contra su cuerpo- si te mueves sumerge 5 nalgadas más-
-Eres un maldito, debiste morirte...- y no termine cuando su mano ya había impactado en mi trasero, sonaba cada nalgada como si intentara decirme lo enojado que estaba pero aún me dolía más lo que había dicho, me sentía lastimada, como si no pudiera más, lo amaba y me había dado cuenta tarde, porque ahora me encuentro con él, pero no puedo simplemente perdonarlo, me duele saber que solo la lastimada fui yo, yo tome las pastillas, él solo se tenía que acercar a unos metros y no le dolía, yo sufrí, y ahora mismo digo que es tarde, es tarde dar el tiempo atrás y decirle que lo quiero, que si siento algo por él, las nalgadas pasaron a segundo plato, mis lágrimas salían por inercia, pero me dolía saber que el ya no será el mismo, ya no será el tierno, simplemente ahora es mi Dominante, mi dueño, mi mate, mi rey, y todo lo que quiere ser con migo, simplemente me volví su sumisa, como aquel sueño donde Bárbara era la futura Reina.
Para de darme nalgadas, y me baja el vestido, simplemente me quedo en su regazo sin decir nada, sin movernos, el solo acaricia mi espalda
-Perdón- digo después de un rato, el silencio aun invade la habitación, humillada me paro de su regazo y volteo hacia abajo, sin poder verlo, veo que sus zapatos se mueven hacia la puerta saliendo de la habitación dejándome sola, mis lágrimas me traicionan y lloro, lloro sin saber porque, me acuesto en la cama y lo único que hago es llorar como nunca, porque lo perdí, porque él es el indicado, simplemente perdí el amor de mi vida.
Aún estamos en el vuelo y no me he movido de la cama, ya no lloro solo me quedo viendo a la nada, se escucha el motor en la parte trasera, en mi mente solo esta él donde ya conozco la mayor parte de su vida, pero aún tengo dudas, me acuerdo el segundo o ¿fue el primer día? cuando vi que habían encontrado un hombre muerto con una mordida y ahora que sé que existe personas diferentes a nosotros entonces esa mordida pude haber sido de un lobo o vampiro, otra duda que tengo es saber que paso con Bárbara el día del hospital, no solo se pudo a ver rendido sé que puede regresar a joder todo de nuevo,
eso me preocupa ya que ahora Santiago es tan indiferente, ya no es el mismo de antes y eso es un punto para ella, porque sé que el ya no me ama, simplemente está conmigo por la conexión, no me siento segura en sus brazos.
Escucho que la puerta es abierta pero lo intento ignorar, pero no ignoro cuando él se sienta alado mío tocándome el pelo, me muevo incomoda ante su tacto, no me da asco ni nada, pero me da miedo estar cerca de él.
-La mordida fue de un vampiro que ha estado en fuga durante siglos y cada mes aparece un cuerpo, algo que Jay se tiene que encargar porque es de su especie- dice después de un silencio incomodo, aclarando aquella duda que tenía en mi cabeza.
-Me escuchaste- digo más como una afirmación que una pregunta
-Tengo que saber qué piensas porque sé que no me lo dirás porque me odias-
-¿Por qué no odiar a alguien que me lastimo, y se burló de mí?- me enderezo en la cama donde siento un dolor en mi trasero pero lo ignoro, cosa que no fue desapercibida para Santiago pego mi espalda en la cabecera intentando tranquilizar la mayor parte de mis huesos.
-Bárbara la tengo amenazada, sé que es malo que este cerca de ti, pero como te dije hace rato solo te amo a ti, pero tienes que entender que tu solo puedes estar con migo, a mi lado porque eso lo predestino la Luna- dice con su actitud posesivo.
-Ella regresará ella te ama y tú necesitas a alguien que te amé- digo intentando ocultar lo que en verdad siento
-Piensas ¿que no sé lo que sientes por mí?- dice después de un silencio- se lo que piensas, lo que sientes y sabe cuándo mientes, ¿piensas que no me duele?, ¿qué no me dolía cada vez que te miraba sufrir?-
-Entonces ¿por qué no regresaste antes?, ¿por qué esperaste que sufriera más?- digo con lágrimas en los ojos intentando no golpearlo y no sentirme más humillada de lo que ya estoy
-Tu sabes porque- y con eso se va, sin darme una explicación concreta
-No, no sé, pero si se las heridas que has hecho con tu huida, por intentar dejarme ser feliz, ahora mira lo que provocaste, solo pensar en ti es lo que te hace bien, cuidas manadas, cuidas a tu familia, pero no pudiste cuidarme- le contesto ya frustrada por su repentina huida.
-Si te cuide...-
-Cuidarme, me lastimaste al decirme que me querías, al decirme que me amabas y que era para siempre...-
-Pero ahora estoy aquí-dice jalándose de los pelos- ¡estoy aquí!, ¿qué más quieres?- dice gritándome, me le quedo viendo sin expresión alguna, eso me pregunto yo ¿qué quiero de él?, de la persona que me enamoro, de la persona que me prometió no lastimarme.
-Nada, no quiero nada, porque deje de esperar algo de alguien, simplemente quiero ser lo que en un momento fui para ti- lo veo directamente a los ojos- un objeto- y sin previo aviso mi cabeza es volteada por causa de un golpe en mi mejilla, no lloro, las lágrimas se han secado, lo miro directamente a los ojos que eran obscuro y ahora son de oro, su lobo salió, pero como no sentirte así, cuando simplemente te usaron como una pareja sin preguntarte, cuando te amenazan, cuando te secuestran por un pasado que no sabías, por el simple hecho que tu familia sabe la verdad y te lo ocultaron, porque solamente me usaron como objeto, una muñeca que podían hacerle lo que quieran, pensando que era lo mejor, pero lo mejor ¿para ellos? o ¿para mí?.
Flash back
-Hija tenemos que hablar- grita mi padre del piso de abajo, en este momento estaba viendo por la ventana sin nada que hacer, como el día anterior, y como los demás días desde que él se fue, bajo con precaución y paz a la sala, a ver qué es lo que necesitan de una mujer sin vida.
-Díganme- me siento enfrente de ellos, mis hermanos salieron por petición de mi madre a comprar el súper
-Hay algo delicado que debes saber, es sobre tu vida pasada- me pongo en alerta, hay algo que siempre
quise saber y era de esa foto que se encontraba en el cofre.
-¿Qué es?, debe de ser algo tan delicado que mis hermanos no pueden estar presente, como en las demás platicas-
-Tu padre y yo te hemos ocultado una verdad, una verdad que pensábamos que no necesitabas saber- comienza mi mamá, inhala y exhala varias veces antes de continuar- nosotros ya sabíamos que tú eras la Luna de la manada de Santiago, cuando se toparon en tu cumpleaños él nos explicó todo, para que no te doliera la separación cuando él no estaba nos regaló un poco de su sangre en un frasco que podías llevar en un collar...-
-El collar que me prohibían quitármelo- digo recordando aquel collar que odiaba, ya que hacía que mucha gente se alejara de mí, y no podía tener amigos o amigas como las demás personas.
-Exacto, antes que te fueras de la casa le tuvimos que llamar a tu mate y comentarle que te ibas a N.Y. y...-
-El me busco, esperen quieren decir que todo lo sabían, nunca fue coincidencia, el sabia donde estaba en que momento, ¡TODO!- digo parándome del sillón exaltada, enojada, furiosa, usada, mis hermanos en ese momento entran con cara poética, dándonos a entender que habían escuchado, lagrimas salen de mí, me engañaron todos, y cada uno de ellos- ¿lo sabían?- mis hermanos niegan consecutivamente, y en ese momento salgo de la sala, con mis hermanos detrás de mí.
Fin de flash back
Y así es como te das cuenta que tu familia, la persona que ama, se han burlado de ti, cuando sabes que nunca fue coincidencia, cuando sabes que él ya te amaba y tú a él sin darte cuenta la luna y el sol bailaban juntos mientras se burlaban de ti, sigo experimentando el momento que decidí olvidarlo, pero al pasar las horas, las imágenes juntos me hacían amarlo, porque al final de todo él siempre estuvo contigo, cuidando tu propia sombra, protegiéndote, cuando debió de haberme protegerme de él mismo.
Hemos llegado, a la ciudad que todo arruino, una ciudad que en este momento odio, la ciudad que no solo me hizo vivir cosas inolvidables sino también los peores momentos.
Como siempre una camioneta nos espera y nos adentramos juntos cada uno con sus propios pensamientos, mi guardaespalda mantiene la cabeza agachada, no comprendo porque, si para el también fui una burla, no quiero saber más de esta vida, no quiero saber porque estoy aquí y porque la Luna me dio esta pareja, lo miro atentamente, me enamore, y eso no lo puedo negar, no puedo negar que me vuelve loca su sonrisa, sus ojos, su todo, sus besos son los que más extrañe cuando estaba sola, y ahora que estoy acompañada me siento feliz, pero no puedo permitir eso, tengo que saber porque lo hizo, a lo mejor si se, pero me gustaría saberlo por el mismo.
Despacio me acerco a él, no se mueve ni hace ningún movimiento, solo voltea a verme, con un semblante serio, sabiendo cual es mi próximo paso, me acuesto en su pecho, solo escuchando su latido, su brazo rodea el mío, atrayéndome hacia él y es ahí cuando me doy cuenta que lo amo, pero no puedo estar con él, porque al final la única persona que saldrá lastimada serré yo misma.