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Seis

Seis

Autor: : Fargerik
Género: Fantasía
Seis asesinatos, seis inocentes, seis Gibosos muertos y todos culpan a una sola persona: Gema Growing, una de las cinco creaciones más odiadas del universo. Gema es muy singular en su mundo, siendo la única conocida sin ningún tipo de poder y un aspecto que para todos es blasfemo. Debido a todo su lío, es prisionera de su propio padre, quién la obliga diario a entrenar para poder desarrollar algún poder y que se pueda defender por si misma. Su mundo cambia cuando sin ningún tipo de aviso es enviada a su primera misión junto a una de las personas que menos esperaba, pero de esto definirá su futuro y le rebelará muchas cosas que quizás nadie más que ella merecía saber. Amor, amistad y cinco chicos que ayudan a Gema a descubrir su mundo, sus secretos, sus historias y todo lo que el universo tiene por ofrecerles.

Capítulo 1 PRÓLOGO

-Bajo el poder que La Comisión del Consejo Lunar me ha otorgado-siento el nudo en mi garganta y las lagrimas atrapadas en mis ojos-Decreto que Gema Growing será sometida al castigo mayor giboso.

Sus palabras me golpean fuertemente aún cuando ya sabía que era eso lo que iba a decir, pero enfrentar la realidad es mucho peor que la imagen de este momento en mi mente.

-Será despojada de su libertad y vivirá en los tótems externos a la nuestra civilización. Deberá entrenar diario para convertirse en una fuerte guerrera-todo a mi alrededor parece omitirse, desde los susurros hasta las celebraciones-Esta decisión es irrevocable a menos que uno de los altos mandos de La Comisión del Consejo Lunar desee otorgar a Gema un precio por su libertad.

Aplausos. Gritos. Silbidos. Todos celebran mi castigo, toda Gibosa se alegra de mi desgracia. No los culpo, esto es poco para lo merezco por todo lo que hice.

-Ahora procederemos a marcar el castigo-las lagrimas salen de mis ojos inevitablemente. Todos me miran con horror, pero eso no impide que deje de llorar.

-¡No, por favor! -grito mientras intento zafarme del agarre de los guerreros. Solo logro que me tomen mas fuerte y hagan que mis brazos y cuerpo duelan-¡Basta, por favor! -intento decir mientras tiran de mi cabello para que mi cabeza quede hacia atrás con mi pecho expuesto.

El dolor llega. Llega convirtiéndose en una de las peores cosas que puedo sentir en mi existencia. Dura unos segundos, pero es el suficiente para arrancarme un grito de dolor. No soporto el dolor y siento como la marca recorre mi cuerpo y cuando llega a mi cabeza, me domina, demandándome perder la conciencia.

No logro poner resistencia y antes de perder la conciencia, con mis ojos llenos de lágrimas, mi vista va entre la muchedumbre, a las únicas personas que no celebran mi castigo.

-Perdón-es lo último que susurro mientras pierdo mi conciencia con su imagen en mi cabeza.

Capítulo 2 UN POCO DE LIBERTAD

Siento el fuerte impacto en mi espalda y de inmediato como más de mi sangre se derrama por esta misma. Un grito ahogado de dolor sale de mí inevitablemente, desgarrando mi garganta cada vez más. No puedo soportar más dolor, llevo horas en este lugar, pero debo soportar más dolor...tengo que hacerlo.

Cierro mis ojos para intentar concentrarme, pero en realidad es para evitar llorar de dolor y mostrar debilidad a quienes quieren verla para sentirse superiores y perfectos. Suspiro lentamente y abro mis ojos sin más, observando a la criatura frente a mí, quizás pidiéndole perdón mentalmente por lo que estoy a punto de hacerle.

Doy un paso al frente con mis pocas fuerzas, la criatura de color celeste sigue en la esquina, respirando aún más agitada que yo. Me duele mucho más verla aquí encerrada, que las heridas que sangran en mi espalda. Sus ojos son un vacío completamente oscuro y aún así puedo ver su temor a través de ellos, como si en vez de color negro fueran totalmente transparentes.

Estiro mi mano y alcanzo a tocar uno de sus grandes cuernos, viendo como no resiste más como las anteriores veces. Uno oleada de calor invade mi cuerpo y debo apretar mis ojos nuevamente para soportar el dolor que siento en mi piel gracias a sus poderes. Como puedo abro mis ojos, encontrándome nuevamente con su tierno rostro y ahora apoyo mi frente contra la suya, sintiendo como su pelaje hiere mi frente, pero no me despego hasta que siento una lagrima recorrer mi mejilla y más sangre en mi espalda.

Un nuevo latigazo, otro castigo más porque no he podido lograrlo. A ese latigazo se suman dos más, hasta que mis piernas no soportan más y caigo al suelo, vencida por el cansancio y todas las heridas que no paran de sanar. Limpio mi lagrima antes de que la vean, pero al levantar mi cabeza solo veo el gran letrero de la pared señalando que mi tiempo ha terminado.

Lo ultimo que siento, es nuevamente su frente contra la mía, pero sin hacerme ningún daño esta vez y al final noto como es alejada de mí sin haber obtenido nada de lo que buscaba, pero no sé porque solo puedo sentir tranquilidad. Puede que no haya logrado domar y tener mi propio Chimael, pero logré no morir en su desagrado, lo cual debería ser un alcance.

Pero por supuesto que eso no será suficiente. Nada de lo que hago nunca es suficiente para él y para ellos.

-Levántate-escucho su voz a mi espalda, haciendo eco en toda la habitación-Ahora mismo o recibirás cinco latigazos más.

Me levanto, pero no por su orden o miedo a recibir más latigazos, lo hago porque debo enfrentarlo, de otra forma no podré estar en conforme con mi orgullo el cual mi propio padre ha lastimado tantas veces.

-Capitán, debe llevarla a sanar, sus heridas...

-No-le interrumpo-Estoy bien así.

-Déjela, a ver si así de una vez deja de ser tan inservible y aprende del dolor-me apoya mi padre como si fuera lo más normal.

-Es una decepción, así nunca podrá ser capaz de pagar su deuda-el sujeto a su lado agrega.

No bajo mi mirada e intento mantenerme de pie a pesar de la poca fuerza que tengo en este momento.

Hablan como si no estuviera presente y usando esas palabras hirientes que en realidad ya no me hacen daño, al igual que este tipo de castigos ya al final ni necesito que sean curados, tanto tiempo sometiéndome a lo mismo me hizo acostumbrarme.

Y después de todo sus golpes no me duelen y sus palabras tampoco logran herirme.

No presto mas atención a lo que dicen o a sus regaños, solo camino tras ellos fuera de la sala donde nos encontrábamos.

Todos mis días son iguales. Al principio dolo fue mi padre con sus palabras, odio y rencor que me tiene, ya después se le sumaron todos los de la Elite Gibosa, podría decirse que más bien todo el tipo de superiores que se han empeñado en hacerme su prisionera y lograr de mí cosas que no le exigen a ningún otro giboso. Pero claro, según ellos son generosos conmigo porque después de lo que hice, debí mereces la muerte si estuviera aceptada en nuestro mundo.

Desde hace años se han dedicado a entrenarme a sangre y sudor, creando una coraza de agilidad y destreza en mí, pero siempre me piden más, eso que nunca podré obtener: ser como los demás. Buscan en mí alguna clase de poder que nunca he podido mostrar, todos dicen que el no tener poder es el castigo que el universo impuso en mi por todo el daño que causé, pero algunos se empeñan en hacerme una guerrera, para poder trabajar toda mi vida en las batallas que protegen nuestro mundo y esa será la única manera en que puedo pagar mi deuda con Gibosa.

Sin embargo, no dejo de pensar que eso es solo una excusa para tenerme más tiempo a merced de sus sanguinarios deseos por verme sufrir y retorcer de dolor. Sin importar cuanto entrene o cuan fuerte sea físicamente, nunca he sido enviada a una misión. No he salido de mi tótem en años, vivo en una jaula llena de todo tipo de salas que son felices agobiándome.

-Puedes irte, Gema-me informa mi padre.

No dudo en desaparecer de su presencia, por lo que voy a directo a mi sala de descanso. Al entrar, el fuerte aire frio me recibe, ayudando a mis heridas a sanar. Siento mi sangre congelarse, dejando de brotar y luego como el frio une la piel de mis heridas abiertas.

-Gracias, pero había dicho que no es necesario-le informo, mientras la pequeña criatura sale de su escondite.

Quito el suéter de mi extraño uniforme y avanzo hasta mi cama, tirándome de espaldas en esta. Sé que se ensuciará de sangre, pero eso no me importa ahora mismo. Siento mis huesos desgastados recomponerse gracias al frio sanador del Sanyi, la única criatura disponible para mis cuidados la mayoría de tiempo, pero no gracias a que la haya domado yo, le pertenece a mi padre y él ha sido quién manda a curar mis heridas.

Irónico que sea quién las provoque y luego las mande a sanar.

El pequeño no hace más nada y nuevamente sale de la sala, dejándome sola, pero ya con tanta fuerza que podría derribar lo que sea, mientras no sea un guerrero con poderes de fuerza.

Vivo en un mundo simple, para mi gusto. Todo es igual, todo es aburrido y todo es...perfecto. He vivido en Gibosa toda mi vida, un lugar donde se han encargado de que todo sea perfecto a su manera, todo tiene solución y el universo ha bendecido con la cantidad de criaturas y poderes que se pueda imaginar.

Por eso me odian y no me hacen a un lado, al ser el único problema que no pueden solucionar, al no ser perfecta e igual a ellos todos dicen que no merezco haber nacido aquí y soy el primer castigo que ha recibido su mundo.

Me levanto de la cama y termino de desvestirme para entrar a la sala de purificación. El aire me golpea a penas entro y luego el vapor se instala en todo el lugar, limpiando mi cuerpo con el agua caliente, volviendo a dejar que la sangre corra por mis venas libremente y no congelada como antes. Dejo sumergir mi cuerpo en la tina de agua casi hirviendo, pero es lo normal en este lugar donde la temperatura es de unos casi 200 grados, por suerte el haber nacido aquí permite que sea completamente normal resistir altas y bajas temperatura.

Gibosa es un mundo que en cierta manera es misterioso y extraño. A comparación de otros mundos, aquí el tiempo y la temperatura es algo a lo que no se le presta atención, ya quienes habitamos aquí estamos acostumbrados a todo tipo de cosas que muchas otras creaciones catalogan extraño.

Salgo de la sala de purificación con una toalla envuelta y al estar nuevamente en la tranquilidad de mi dormitorio, dejo caer la toalla para sentarme en uno de los muebles frente al gran balcón. Mi tótem es uno de los más retirados de toda Gibosa debido al ser básicamente una jaula, pero gracias a ello tengo de las mejores vistas que podría tener. Desde mi balcón se alcanza a ver muchas estrellas y la oscuridad del exterior, haciendo que los colores de aquel planeta resplandezcan aún más.

Saco de uno de uno de los cajones, mi pequeña flauta para tomar la inspiración de la vista de mi balcón. Comienzo a tocar una melodía con mis ojos cerrados.

Esto es lo que más me relaja. Toco mi flauta a la vista de mi ventana, sintiendo como el frio se cuela en mi sistema congelando mi sangre y todo tipo de dolor que sienta, puedo imaginar que soy libre y que recorro todo el universo, explorando cada uno de sus bellos rincones y conociendo todo tipo de especies que puedan existir. Imagino que soy aceptada, que soy normal, que soy...amada nuevamente.

Pocas veces me han amado en verdad y quienes lo han hecho terminaron completamente mal. Para ser más específica, todas están muertas.

Como gibosos, somos seres básicamente inmortales y poderosos, pero al tratarse de una sola cosa, somos vulnerables y capaces de morir. Lo único que puede hacer daño a un giboso en básicamente nuestra superficie, una daga hecha moldeada en roca lunar es suficiente para acabar con la vida de uno de nosotros. Nuevamente la ironía viniendo, pero es que es precisamente eso que nos mata lo que nos protege.

Por millones de años, nuestra especie y mundo se ha mantenido oculto de aquellos que son extranjero, como los horribles humanos. Hace mucho tiempo, con mucho esfuerzo y capacidad, se logró crear una barrera visible para los ojos humanos o para aquellos que estén a mucha distancia. La barrera recibe el nombre de Luna, y hasta donde he leído, los humanos dicen que es un satélite natural de su planeta, pero eso es en verdad lo que esconde nuestra existencia de la suya. Nadie sabe exactamente como, pero algún grupo extraordinario de Gibosos lograron que nuestro mayor temor, se convirtiera en nuestro muro contra las amenazas.

Llegando a este punto, son pocas las armas creadas con piedra lunar, pero las que existen seguramente por cada una que se crea, un giboso muere. Desgraciadamente yo soy quién carga 6 muertes de gibosos en su espalda y es por ello que nunca podré ser libre.

Merezco mi jaula y todos los castigos que me han dado. Y no los merezco por sus muertes, sino por no poder hacer nada para evitarlas. Todos se equivocan, yo nunca quise ser la culpable de todas esas muertes, pero nadie le creerá a la chica diferente de cabello oscuro y ojos pálidos.

-Gema, ¿ya estas lista? El entrenamiento debe continuar-la voz de mi padre interrumpe la melodía de mi flauta.

-Ya salgo.

Voy directamente a la sala de vestuarios y me pongo un nuevo uniforme, pero que es completamente igual al pasado. La tela especial se adhiere a mi piel, apretándola casi a punto de no dejarme respirar, pero luego se va soltando en lo que me estiro.

Salgo de mi sala de descanso, encontrándome de frente con mi padre. Su mirada azul es fría y dura como podría serlo una roca lunar, puedo sentir el desprecio y odio que siente por mí al solo ver la manera en que me observa. Odia haber engendrado al primer ser "imperfecto" de gibosa.

-¿Qué debo hacer? -me apresuro a su explicación.

-Ya lo verás, pero antes debemos salir del tótem e ir a...

-¿Saldremos del tótem? -no puedo evitar el tono de emoción en mi voz. Tengo mucho tiempo sin salir de aquí.

-Eso dije. Iremos a un laboratorio del CCL-me da la espalda y comienza a caminar con sus manos atadas a su espalda-Te harán algunas pruebas para probar cuanto has avanzado.

Por un momento tuve el iluso pensamiento de que saldríamos a ver Gibosa juntos, como padre e hija luego de mucho tiempo sin poder hacerlo. Mi padre dejó de considerarme su hija hace mucho tiempo más y soy solo una guerrera más de su equipo, aunque no sé ni si eso llego a ser.

-No hables a menos que se necesario, mantén la compostura, demuestra todo de ti y lo más importante-frena su paso, haciendo que casi choque con su espalda-Solo debes llamarme capitán.

-Si-puedo notar como su cuerpo se tensa, por lo que añado-Capitán.

Le sigo hasta salir del tótem y sale por la barrera como si nada, dejándome atrás. La barrera que rodea el tótem está creada con el fin de que cualquiera entre y salga, excepto yo. Una barrera especial creada con unas cuantas gotas de mi sangre fue capaz de impedirme salir por mucho tiempo, solo un ingenioso giboso gine es capaz de crear algo tan poderoso con esto.

-La barrera fue deshabilitada por hoy, Gema. No debo explicártelo todo, sal ya-las palabras impacientes de mi padre me hacen caer en la realidad y logro salir de la barrera.

Puedo decir que ahora que estoy fuera de esa maldita cosa, hasta el poco oxigeno que respiro se siente diferente. Mis manos tiemblan por emoción, estoy a unos pocos pasos fuera de la barrera, pero es tan fantástico poder salir finalmente de allí. Cada parte de mi cuerpo percibe el ambiente de Gibosa, el lugar al que no sé si afortunadamente o desgraciadamente pertenezco. Mentiría si digo que no extrañaba ni un poco algo de esta pequeña libertad que ahora experimento.

-Por todo el universo, Gema. Sube al maldito furi ya mismo-observo a mi padre ya dentro del artefacto flotante, con ese rostro impaciente que tanto odio, pero al que ya estoy acostumbrada a ver.

Finalmente entro al furi, pero mi vista se pega inmediatamente a la ventana, ansiosa por empezar a ver toda Gibosa en lo que pasamos. Sé que nadie será capaz de ver que yo me encuentro en este furi, pero yo puedo verlo todo con claridad y juro memorizaré todo para soñar con ello hasta el tiempo en que vuelva a salir de mi tótem.

Lo primero que alcanzo a ver es el océano, con sus fuertes colores y el vapor que emana el magma de este. Luce muy hermoso y al estar en una zona apartada, no hay rastro alguno de gibosos, solo magma. Según todas las historias, al principio fue difícil hacer que el océano no quedara en la superficie ya que gracias al magma es que hemos logrado muchos avances en tecnología y artefacto, pero aún usándola esta no se acaba nunca porque es una de las cosas que más se cuidan, seguida del agua.

Antes de lo que pueda ver, dejamos el océano atrás, siendo rodeados por un túnel, donde todo es oscuridad. Entonces comienza el resto de magia, al salir del túnel finalmente puedo empezar a ver Gibosa, la civilización tan perfecta que se ha encargado de excluirme y muchos piensan que estoy muerta o fuera de aquí.

Gibosos, furis, criaturas, hausas y todo tipo de cosas que se pueda imaginar. Todo sitio en gibosa es completamente igual, desde las hausas completamente blancas, hasta el físico de los gibosos, pero eso es lo que para muchos es perfecto y complaciente de ver. Cada giboso camina orgulloso luciendo el rubio de sus cabellos, la palidez de su piel y el azul hermoso de sus ojos, si, todos iguales en esas caracteristicas, lo único que los diferencia es su contextura física, su peinado o largo de cabello y sus marcas de nacimiento que indican su clase.

-Había olvidado lo bonito que es todo esto-pienso en voz alta, por lo que me reprendo, pero me tranquilizo un poco al no recibir ninguna respuesta de mi padre.

Hay todo tipo de criaturas, desde pequeños Sanyis a enormes Chimael, cada uno al lado de su protector, viéndose orgullosos y quizás conversando telepáticamente entre sí.

Desgraciadamente mi viaje termina mucho más rápido de lo que pensé porque mi padre entra a un gran tótem y frena su furi ya estando en un lugar solo, fuera de la vista de cualquier giboso que pueda delatar mi existencia.

Ambos bajamos del transporte y comienzo a caminar detrás de él, hasta que entramos al lugar. Hay puertas por todos lados y gibosos de todo tipo, el lugar es inmenso. Habiendo tantas cosas por mirar en este lugar, al entrar lo único que todos pueden ver a mí, sorprendidos de que me encuentre aquí quizás. Odio la manera de repugnancia con la que me miran, como si ellos no cargaran con sus propios castigos también.

-Capitán Growing, un placer volver a verlo-una mujer se acerca a mi padre y estrechan sus manos como saludo-Me alegra que hayan aceptado nuestra petición.

-El placer es todo mío, señora Rebeca-puedo notar como el tono de voz de mi padre se ablanda un poco más, tal como lo hace con cualquier otra persona que no sea yo.

-Tú sin duda alguna eres la famosa Seis, Gema-la mujer ahora dirige su atención hacia mí-Que ganas tenía de poder verte frente a frente por fin, he escuchado muchas cosas de ti.

-Si, ya ve que aquí todos me aman-respondo con sarcasmo y con un poco de tono en mi voz, dirigido a todos los que susurran y no dejan de mirarme.

Si, extraño la poca libertad que tuve de niña para poder recorrer Gibosa como se plazca, pero algo que nunca extrañaré serán las miradas de repugnancia que he recibido toda mi vida. Esas miradas que me culpan a mi de ser como soy y me odian por solo no ser como ellos. Con el tiempo dejó de importarme, pero aún detesto que me miren y más ahora que no había estado bajo la mirada de tantos gibosos en mucho tiempo.

-Acompáñenme, no tenemos tiempo que perder-ordena la mujer, mientras hace que la sigamos hasta entrar a una nueva sala, donde ya un hombre nos espera.

La sala claramente es una especializada en entrenamiento de batalla, pero en cuanto pasa un rato, puedo sentir como hay mucho más oxigeno aquí que afuera, como si fuera necesario. Mis pulmones se acostumbran en un lapso corto de tiempo, estoy algo oxidada cuando respecto a respiración se trata, llevo manejando el mismo oxigeno de mi tótem todo este tiempo.

-Les presento a mi esposo, él es Charmond Herdsson-la mujer señala al sujeto, quién sonríe suavemente en mi dirección, ignorando a mi padre.

-Por el universo, no pensé que en la descripción hubiesen acertado tanto. Es completamente distinta, nueva y perfecta para esto-el hombre avanza hasta mí, manteniendo distancia, pero reparándome con lo que creo es... ¿fascinación? No lo sé, quizás solo es con la mirada de un científico viendo algo nuevo que investigar y experimentar.

-Querido, no la asustes-le reprende la mujer mientras nos da la espalda.

-Capitán Growing, un placer conocerlo-el hombre estrecha la mano de mi padre con mucha euforia, como si no pudiera contener su emoción-Gracias por dejar que su hija sea parte de esto.

-¿Sea parte de qué? -interrumpo su conversación, desconozco por completo la verdadera razón de porque vine aquí.

No soy ninguna tonta, sé que esto serán pruebas, pero si salí de mi tótem para una prueba externa es porque finalmente el CCL accedió a dejarme participar en una misión para comenzar a pagar mi deuda.

-¿Conoces la historia de los eclipses, Seis? -la mujer divaga, pero yo niego-Capitán, que decepción que nunca le haya contado de historia Gibosa a su hija.

-Si, es que en realidad él nunca se preocupó en hablar conmigo-añado-¿No es aquella donde se juntó Gibosa y Solaría? -pregunto, extrañada por el rumbo de la conversación.

-Exactamente-añade ahora el hombre llamado Charmond.

Conozco la extraña historia que mamá siempre me contaba cuando me veía llorar en mi sala de descanso porque alguien me había llamado "castigo", extrañamente sentía que era un consuelo para mí.

La historia cuenta básicamente aquel tiempo donde los habitantes de Solaría y los de Gibosa eran aliados contra los humanos invasores. Algunas veces, juntábamos nuestras capas para obtener más fuerza. Con el calor de Solaría lográbamos fortalecer el magma que tanto necesitamos y con nuestro frio ellos lograban congelar su propio océano para tener el agua. Todo era pacifico, podíamos convivir pacíficamente con la única regla de que nunca se cruzara un giboso con un solar, pero como siempre algo debe salir mal, esta regla fue rota por primera vez. Una pareja, una gibosa y un solar se enamoraron, teniendo una unión que al principio muchos no apoyaban, pero al final terminaron aceptando que de esta relación nunca hubiera ningún tipo de progenitor, pero nuevamente la pareja falló. De aquella relación no hubo solo un progenitor sino dos y ambos fueron seres extrañamente poderosos y peligrosos, tanto que tanto solares como gibosos pactaron asesinarlos, pero se dice que no pudieron hacerlo. Los padres hicieron alguna clase de barrera en ellos, volviendo a hacerlos fetos y simplemente los liberaron en el universo, uno pudieron capturarlo y otro nadie sabe dónde terminó. La pareja fue castigada por sus delitos y muchos dicen que al asesinato ser aceptado en aquellos tiempos, los condenaron a muerte, otros dicen que escaparon y terminaron de criar a su hijo. Respecto al feto que capturaron, se dice que sin importar cuanto tiempo pasara seguía siendo un feto sin avance y que un día, cuando hubo una reunión eclipse del CCL con el CCS, el feto no se volvió a ver, siendo esta la razón entre la guerra de Solaria y Gibosa. Gibosa cree que se llevaron al feto como un arma y Solaria dice los mismo. Pero, en conclusión, ese feto es una de las dos creaciones más buscadas del universo, junto a su hermano que nunca nadie supo el paradero.

-Esto es muy confidencial y como sabemos que tú no tienes acceso a comunicación con nadie, te lo contaremos-agrega el sujeto, resaltando un poco de mi desgracia-Nosotros hemos hallado la ubicación de aquel feto que desapareció.

-Nuestras investigaciones nos llevaron a seguir rastros hasta la tierra, donde hemos acertado en encontrar al feto-le sigue la mujer.

-El único problema es que se encuentra en custodia de los humanos.

Humanos. Son conocidos como la creaciones más crueles y repugnantes del universo, se dice que no tienen escrúpulos ni temor en asesinar a los de su misma especie, dañar su planeta e incluso dicen que con se hacen daño a si mismos contaminando su oxígeno, el cual es mayor al nuestro, pero nunca lo han cuidado, al igual que dañan su océano de agua, el cual es el más grande que se ha visto, superando incluso nuestro océano de magma. Muchos dicen que no tienen poderes, otros dicen que, si lo tienen debido a que muchas veces han logrado llegar nuestra capa Luna, pero que incluso sus poderes no los muestran entre si porque son egoístas y no les gusta ayudar a los de su propia especie.

-¿Y eso que tiene que ver conmigo? -pregunto sin más, asustada por cual sea su respuesta.

-Empecemos con la prueba, Seis no tiene permitido estar mucho tiempo fuera del tótem si no es por una misión-es mi padre quién responde.

-Si, tiene razón. Vayamos al observador nosotros-le apoya la mujer.

Los tres salen por una puerta diferente a la que entramos, dejándome sola en esta gran sala de color blanco. Puedo verlos nuevamente cuando se encuentran en la plataforma del observador, hablan entre ellos, pero yo no logro escuchar su conversación. Al cabo de un para de minutos, finalmente es la mujer quién me informa lo que debo hacer.

-Seis, ¿sabes quienes son las criaturas mas asesinas del universo? -pienso en si vale la pena responderle o no, pero a mi mente llegan esas palabras de mi padre antes de salir del tótem.

-Si, los humanos-respondo sin entender bien.

-En realidad se podría decir que si ya que estos no respetan ni la vida de su propia especie-agrega-Y es por eso que tu prueba hoy será enfrentarte a un humano.

Mi sangre se congela al solo escuchar sus palabras. Volteo a verle con mis ojos abiertos, esperando que quizás se haya equivocado. En su rostro solo noto que no es una equivocación.

Capítulo 3 MISIÓN INESPERADA

Debo admitir que en este momento estoy asustada.

-No puedes matarlo, ya que a diferencia de nosotros ellos no son inmortales-siento como mi pecho se agita y comienza a ser difícil acostumbrarme a tanto oxigeno-Solo intenta dejarlo inconsciente.

Ahora comprendo porque el cambio de oxigeno en la sala. Los humanos necesitan mucho más oxigeno que nosotros y una temperatura menos fuerte, en ese aspecto tienden a ser débiles, pero ellos no quieren que me enfrente a un humano debilitado, quieren que deje inconsciente a un humano con casi igualdad de condiciones.

-Casi lo olvido, a petición del capitán, tu vestuario ha sido configurado para recibir descargas eléctricas cada que el humano te golpee, para que sientas mucha más presión-finaliza y escucho como el transmisor es apagado.

Una puerta casi invisible frente a mí se abre y a su vez noto como el oxigeno sube un poco más, la temperatura baja a unos 25 grados y de las paredes salen las fuentes de energía que me castigarán.

A través de la puerta, un humano sale con pasos lentos mientras yo tomo posición de combate. Nunca había visto un humano y no se parece en nada a los de mis libros, los de allí tienen algún tipo de cabeza redonda y son blancos con cuerpo abolsado. Este humano es más como...nosotros, es completamente con su cuerpo como el de un giboso, solo que su cabello es de color negro y sus de un color que no conozco, lleva una ropa de color blanco y susurra cosas que no comprendo mientras observa todo a nuestro alrededor.

-¿Qué hago aquí? -avanza más pasos y por inercia yo doy tres atrás. Su vista no para en mi en ningún momento, solo mira cada puerta-Debo irme, necesito volver-el humano corre hasta una de las puertas y empieza a golpearlas, gritando por ayuda.

No entiendo que está pasando, ¿por qué pide ayuda en vez de usar su poder asesino para irse?

-Howen, ¿quieres irte? -el comunicador es encendido nuevamente, pero esta vez no se dirige a mí.

-¡Si, quiero volver a casa, no quiero estar en ese manicomio, yo no estoy loco!

-Pues entonces debes cumplir una misión primero-escucho atenta las palabras de la mujer, no sé porque hace esto, no comprendo nada-Mata a la mujer que se encuentra contigo y te dejaremos ir.

Y ahora su mirada si cae en mí y puedo ver la ira a través de sus enormes ojos. A mi cuerpo le cuesta responder, tengo mucho miedo ante ese humano, no sé que sea capaz de hacer. Hace tiempo deseo morir a ver si así al fin soy libre, pero pienso en que aún me falta recorrer el universo de verdad, a pesar de todo lo que he pasado aún merezco un poco vivir. No puedo morir en manos de un monstruoso humano.

Siento un dolor en mi mejilla, fuerte como si hubiese sido un latigazo. Me cuesta unos segundos recomponerme para evitar otro con mi brazo, pero lo que no puedo evitar es la electricidad que chispea a mi cuerpo, haciéndome temblar y estremecer, más de sorpresa que de dolor. El humano me golpeó por primera vez, y tal como dijo la mujer, recibí mi castigo por eso.

-¡Te mataré, perra! - un nuevo golpe intenta llegar a mí, pero logro esquivarlo, golpeando al humano en su rostro por primera vez.

El humano retrocede unos pasos debido a la fuerza del golpe, se le nota aturdido. Por temor no me atrevo a acercarme y golpearlo más, pero no demora mucho tiempo en recomponerse. Un liquido de color rojo sale de su boca, lo cual imagino es sangre, pero lo dudo en el instante que la seca con su dedo pulgar y la unta en sus labios, saboreándola.

-Pagarás por esto-nuevamente arremete contra mí, espero el golpe con sus puños, pero, al contrario, siento como mi cuerpo pierde el equilibrio y cae al piso. Usa su pierna para hacerme caer y luego siento un fuerte golpe en mi abdomen, seguido de esa descarga eléctrica que roba mucho de energía.

¿Qué me pasa? No puedo dejar que el miedo me gane, es un humano, está usando combate cuerpo a cuerpo, se supone que este es mi fuerte. Me he entrenado años en demostrar que no tengo poderes, pero puedo ser muy fuerte si en combate cuerpo a cuerpo se trata, no dejaré perder eso.

Antes de que un nuevo golpe llegue a mi abdomen, ruedo para alejarme y poderme poner de pie. A la mierda el miedo, debo demostrar que soy más que el castigo de Gibosa, debo demostrar mi fortaleza.

Es mi turno de atacar, yendo directamente al hombre. El primer golpe va directo al rostro, pero lo esquiva, aprovecho su distracción para dar una patada en su muslo, veo como hace un gesto de dolor, pero no se cae. Al perder su equilibrio nuevamente actúo de manera rápida y doy un golpe con la mayor fuerza que pueda en su rostro, sintiendo como esta vez mis nudillos pagan el precio. El dolor me distrae un instante que pago con un nuevo golpe en mi abdomen y luego los brazos del humano me envuelven, inmovilizándome, por lo que al luchar caigo de espalda al duro suelo, golpeando mi cabeza y espalda en el proceso, pero a su vez los brazos del humano.

No sé como logra soltar sus brazos de mí, pero antes de lo que logro reaccionar, su cuerpo se encuentra sobre mi abdomen y sus manos se encuentran alrededor de mi cuello, intentando dejarme sin oxígeno. Es el mayor error que el humano ha podido hacer, pero es normal porque hasta donde entendí debe pensar que aún está en la tierra y quiere dejarme sin oxigeno porque los humanos no viven sin este, pero yo no soy humana y mucho menos débil.

Elevo mi pelvis para hacer que mis rodillas rodeen su cabeza y con mucha fuerza aprieto, haciendo que vaya hacia atrás, dejando mi cuerpo. El humano queda con su cabeza entre mis piernas y rápidamente me levanto y es mi turno de envolver mi brazo alrededor de su cuello por la espalda, mientras con mis piernas sujeto sus brazos.

-Por favor...no me mates-entiendo entre sus intentos por tomar aire, pero aún así no lo suelto.

Siento rabia en este instante, ira que no puedo controlar porque por un instante tuve miedo, demostré debilidad. No me gusta demostrar mi debilidad y temor, tengo una ira conmigo misma que solo puedo desquitar con este humano.

-Seis, suéltalo-escucho la voz de mi padre por el comunicador, esta vez no es la de la mujer.

No hago caso a sus palabras, solo puedo sentir como el cuerpo del humano se estremece. No sería capaz de asesinarlo, pero necesito más, un poco más para desquitar esto que siento.

Siento como mi cuerpo arde y se estremece, el dolor se ha apoderado de mí y puedo sentir como esta vez fue una descarga mucho más fuerte y larga que las anteriores. El dolor me obliga a soltar al humano, quién puedo notar que solo queda tendido en el piso, su pecho aún se mueve suavemente por lo que soy consciente que no ha muerto.

Me levanto para mirar a mi padre y en cuanto mis ojos se encuentran con los suyos, puedo ver la chispa de ira. Una nueva descarga como la anterior acierta mis dudas, y sé que esto es porque no hice caso a su orden y lo dejé mal frente a los científicos.

-Hazme caso cuando hablo-agrega con su voz ronca y demandante.

-Si, capitán-respondo con asco.

La puerta por la que entró el humano, se abre nuevamente y dos sujetos mas entran para cargar su cuerpo y sacarlo de la sala. El oxígeno vuelve a bajar, la temperatura a su estado normal y nuevamente mi padre y los científicos se encuentran frente a mí.

-¡Eso fue excelente, Seis! -el hombre aplaude.

-Aceptadas, capitán-la mujer estrecha nuevamente las manos de mi padre y frunzo mi ceño ante sus palabras.

-¿Acep...

La puerta por la que entré hace un rato se abre, dejando entrar a una nueva persona a la sala. Puedo decir que su rostro es el mismo del mío, ambas nos sorprendemos, estoy completamente confundida. Mucho más que antes.

-Mi esposo y yo hemos buscado guerreros poderosos-la mujer habla en dirección a la chica que acaba de entrar a la sala-Y fuertes-ahora se dirige a mí.

-Nuestra familia corre mucho riesgo debido a que nosotros somos los únicos que conocemos la posición de feto-habla Charmond-Nosotros somos lo suficientemente fuertes para cuidarnos y aún así necesitamos ayuda, pero nuestro pequeño hijo no.

-Y es por ello que solicitamos la ayuda del capitán y las recomendó a ustedes, quienes en definitiva son perfectas para esto. Pondremos el cuidado de nuestro niño bajo sus manos, esta será su misión.

En cierto caso me emociona, pero siento que algo no cuadra, mucho más allá de mi compañera, siento que aquí hay algo incompleto. No debieron ponerme a luchar con un humano solo para cuidar a un niño.

-¿Y para que era mi prueba entonces? -no dudo en preguntar.

-Su misión no será en Gibosa-informa mi padre, su tono siendo más suave del usual-Tú y Dacota deben ir a la tierra.

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