-Un whisky, por favor.- pedí en cuanto llegue a la barra y dejando mi bolso a un lado, pasé la mano por mi cabello, no iba a llorar, no aún, necesitaba algo de alcohol. Si me quebraba ahora, quedaría como la idiota que Nyree había dicho que era.
"-Jull tiene novia y tú siempre has sido su amiga, ¿qué te hace creer que eso va a cambiar ahora?"
Su molesta voz en mi cabeza me atornillaba, la consciencia me juzgaba diciéndome; que me lo tenía bien merecido por dormir con alguien que tenía novia.
El Barman dejó el vaso con licor ambarino delante de mí, lo llevé a mis labios y lo tomé de una sola vez.
-Otro. - pedí y le devolví el vaso. El chico lo sirvió en el minuto.
Tonta... Tonta... Tan estúpida, me repetí una y otra vez.
Volví a repasar la escena presenciada hace menos de una hora, la variable que me había negado a ver, creyendo como una completa imbécil que mi amor no correspondido de más de diez años, se haría realidad en algún momento próximo.
...Una hora atrás...
-¡Queridos Socios! - William llamó la atención de todos en la cena de la directiva, habíamos firmado un contrato millonario como, buffet encargado y exclusivo de todos los asuntos de BancWest, la importante banca y asuntos financieros, habían estado meses buscando un equipo jurídico para representarlos una vez que su contrato acabó con el buffet que los representaba anteriormente, junto a William y Rogers como socios Fundadores de "B&T Lawyers" (Business and truth lawyers), Habíamos estado en conversaciones con la directiva de la banca, presentando varias ofertas y propuestas, finalmente, después de seis meses de negociaciones, ellos habían firmado el contrato con nosotros, aquel día, luego de la firma, William y yo habíamos reservado una habitación del hotel más lujoso de Londres y pasamos las siguientes horas sumidos en la pasión del uno por el otro. Ahora, en la cena de celebración, nos acompañaba a la directiva, el presidente de BancWest y su hija Cordelia West, la menuda chica de ojos azules era su hija única y se rumoraba heredaría todos los negocios de su padre. Taylor West era uno de los hombres más poderosos del Reino Unido.- Este proyecto, B&T no habría sido posible de no ser por Julliete y Rogers, que como varios saben, comenzamos poco a poco desde la universidad.- Rogerts se paró a mi lado y puso su mano en mi espalda baja, se acercó levemente a mi oído y susurro. -
-No muestres ninguna expresión.- dijo muy bajo, solo para mí, la seriedad en sus palabras me pusieron alerta.
-... Julliete y Rogers son los hermanos que nunca tuve - continúo Williams- y hoy en día, encabezamos la directiva de una empresa rentable, ecológicamente responsable y que goza con un excelente ambiente laboral, somos jóvenes en el rubro...- Camelia se acercó suavemente a su lado y un mal presentimiento comenzó a anidarse en la boca de mi estómago- Pero con este nuevo contrato seremos grandes muy rápido, ahora, con mis hermanos aquí, - William levantó su copa hacia nosotros, sus azules ojos puestos en nosotros- Quiero revelar algo personal, pero que merece esto y más, lo cierto es que hace unos meses he estado saliendo con la Señorita Camelia...- Juro por Dios, que de no ser por la mano de Rogers que rodeaba y sujetaba mi cintura, mis piernas habrían cedido, no sé dónde pude sacar la fortaleza para mantener la sonrisa en mi rostro aunque sentí mi labio inferior temblar por solo un segundo-... Y ahora, que ya todo está en regla, hemos decidido casarnos. - deje de respirar y todos alrededor estallaron en silbidos, aplausos y yo, sentí que el corazón se me caía a los pies. Rogers puso delante de mí una copa de champán, me la tomé de un solo sorbo girando mi rostro disimuladamente.
-Acabo de averiguarlo, no pude decírtelo antes.- dijo mi amado mejor amigo, el mejor amigo de William y mío, amigos desde la Universidad, el único junto a Nyree, mi hermana y mejor amiga, que conocían mi amor no correspondido de William. Así mismo, eran los únicos que sabían que habíamos estado teniendo relaciones sexuales en una extraña relación de "solo sexo". -respira...- dijo y tomó mi copa vacía para tomar mi mano -Vamos a felicitarlos, estarás quince minutos en ojo público y te ayudaré a salir discretamente. - dijo y yo asentí muy suavemente, no arruinaría mi reputación, mi imagen por esta... Noticia. Tenía que procesar, pero ahora, solo podía usar la concentración para no romper en llanto en medio de los miembros de la directiva y gerencia que nos rodeaban.
Sacando fuerzas de Rogers y de su agarre en mi cintura, me tragué el nudo en la garganta para logra caminar lentamente junto a él hasta la presunta feliz pareja.
-¡Vaya noticia!- dijo Rogers- la tenías bien guardada - dijo en un acto de reproche y felicitaciones, se acercó y besó ambas mejillas de Camelia para luego pasar a darle un abrazo a William, yo imité su actuar.
-Felicidades a ambos- dije con la mejor sonrisa que pude poner mientras mi corazón se desgarraba en el interior de mi pecho.
-¡Al fin me deja conoceros a ambos! -dijo ella con su dulce voz, era una mujer suave y dulce -le pedí muchas veces a William que me los presentara, él siempre habla de ustedes cómo sus hermanos.- dijo ella tomando suavemente mis manos- dice que has sido su inspiración para sacar adelante la empresa... Auch... trague lo mejor que pude la presión de la culpa y mantuve mi sonrisa.
-ha sido trabajo en equipo- comenté serena.
-¡Oh, vamos!, ¡Eres increíble en tu trabajo!, ¡Mi padre ha tratado de reclutarte un millón de veces! -Era cierto y no solo su banca, muchas empresas y particulares.- para una profesional como tú, la humildad está sobrevalorada - dijo con una sonrisa cómplice femenina que hizo que la culpa solo igualara al dolor de mi corazón roto.
-¡Es verdad!- dije manteniendo mi sonrisa tratando de bromear, pero mi cerebro había decidido dejar de funcionar.
-Ha sido un placer Camelia, -dijo finalmente Rogers- los dejamos para que el resto pueda daros sus felicitaciones- dijo y ella besó nuevamente mi mejilla.
-Sé que podemos ser buenas amigas.- mi labio tembló y yo solo asentí con la cabeza, incapaz de pronunciar palabra alguna.
Solo cuando salimos al balcón del salón de eventos me aferré a la barandilla y me obligue a respirar.
-Es magnífica.- dije finalmente mi voz temblaba, Roger se apoyó de espaldas en la barandilla a mi lado.- soy una idiota.
-Todos somos idiotas cuando nos enamoramos. - comentó él mirando su copa de vino.
-No me puedo quedar más, me iré por la parte de atrás. - dije a punto de quebrarme.
-¿Cuál excusa debo dar?- preguntó Rogers
-Di que mi prima está de visita en la ciudad y que me pidió ir por ella, William no lo dudará, tampoco tratará de averiguar, él y Martina se llevan fatal - dije al cabo de unos segundos y él asintió, finalmente entramos juntos de vuelta al salón, yo me fui por la parte posterior de las mesas sin despedirme ni interceptar a nadie, Rogers se interpuso cuando William caminaba hacia nosotros, no podía verle, no podía hablar con él, tendría que hacerlo. Solo que... No ahora.
Salí a la calle principal y respiré. Así es como ahora me encontraba, tres calles más abajo del restaurante donde William, el hombre del que llevo enamorada más de diez años, está festejando con su prometida. Había apagado el móvil después de la llamada número seis de él.
Tome un sorbo del líquido amargo en mi vaso, debería haber tomado un taxi para irme a casa, pero entonces, me hundiría en mi propia autocompasión, me bebería hasta la última gota de las botellas de costoso vino que había preparado de regalo de cumpleaños para William, que sería en menos de un mes,y con algo de suerte, no terminaría en un coma etílico. No... definitivamente, el panorama en mi departamento no era el mejor.
-Para una mala noche, es mejor el bourbon- una voz gruesa y profunda a mi lado llegó a mis oidos, un pequeño escalofrío recorrió mi columna. Di un sorbo largo a mi vaso y levanté la mirada para buscar al impertinente que creía, que no era capaz de elegir mi propia bebida. Entonces casi me atraganté con el whisky... tuve que levantar la cabeza para ver al imponente hombre, el cabello azabache largo hasta las orejas tenía un aspecto de despeinado sutil, la quijada cuadrada y los rasgos masculinos, sus ojos profundamente oscuros, intesos, encontraron los míos, tragué el alcohol.-¿Me permites invitarte un bourbon?- preguntó, y yo me tomé el tiempo de meditarlo, le di el último sorbo a mi vaso y lo dejé a un lado, ¿Era jodidamente guapo? Sí, pero eso no era suficiente para distraerme de mi miseria, aun así, no pude evitar preguntar.
-¿Por qué? -Cruce una pierna sobre otra en el taburete y lo giré suavemente sobre su eje hacia el desconocido, mi cabello castaño, liso, pasó sobre mi hombro en el movimiento, sujeto pulcramente en una alta coleta. La falda se me había abierto por la abertura del costado, dejando mis largas piernas cubiertas por las medias caladas a la vista hasta el muslo.
-Por qué quiero hablar contigo y creo que un Bourbon es un buen acompañante a la discusión qué pienso tener. - contestó, reí levemente ante su directa sinceridad.
-Sabes quien soy.- No era una pregunta, era un hecho del que me había dado cuenta. Su mirada no vaciló de la mía, serio, contenido, un depredador. Pero yo me servía depredadores como él en el desayuno.- Si quieres puedo darte el número de mi asistente y...
-Ya lo tengo. Pero resulta que no hay citas para ti, solo para el buffet y no tienes disponibles hasta en tres meses más. -señaló, y apoyé el codo en la barra para apoyar mi mentón en la palma en un gesto aburrido.
-Si estás tan desesperado para buscarme aquí, en un mal día, tratando de ahuecar en mi debilidad, es porque sabes que soy la mejor o estas profundamente desesperado- señalé sin bajar la mirada- no me disculparé por no tener agenda disponible.
-No espero que lo hagas, pero tampoco estoy desesperado, simplemente, me encapricho con lo mejor y tengo poca paciencia.- señaló. Lo estudié con la mirada unos segundos, se veía relajado y me había distraído de la mierda que pesaba en mi pecho, no quería llorar, no quería darle la razón a Nyree ni a Rogers por cada vez que me dijeron lo que iba a pasar y que en realidad, si había pasado- Puedo ser tu oído si tú eres el mío.
Desvié la mirada hacia mi vaso vacío mientras una risa sin gracia salía de mis labios.
-Si has investigado sobre mí, sabes que no he tomado casos de forma individual hace un tiempo, no lo necesito.- señalé- y los que tomo, son para compromisos de la firma
-Es cierto, pero sé que te interesará, este es el tipo de casos que representabas en el inicio de tu carrera, para ser tan buena en ello, debe existir pasión y no necesito conocerte o investigarte para saber que no haces lo que quiere la firma o alguien más, actúas por interés propio, algo debe moverte y eso va más allá de la participación en un buf fe.
Lo escuché curiosa, la gente solía malinterpretarme, subestimarme, en la firma me había ganado el apodo de "la roca" según los pasantes, era tan dura como fría y es que nada podía distraerme de mis ambiciones.
-Me gustaría saber tu teoría, si te acercas a la realidad, aceptaré ese bourbon, lo beberé despacio mientras escucho la razón para todo esto.- señalé y él asintió, se tomó unos segundos para responder, nunca quitó sus ojos de los míos, mis muslos se apretaron en la angustia ansiedad de la espera.
-William Pensy... - Se me heló la sangre, tuve que usar todo mi autocontrol para no reaccionar.- Y Rogers Smith, poca gente sabe que fueron compañeros de universidad, fundaron B&T juntos desde la universidad. No es porque la firma te impida trabajar de forma individual, es porque le dedicas más a este proyecto, que para ti es más personal, que cualquier otra cosa.
Casi... El sujeto no había estado cerca ni lejos. La verdadera razón era William, él no había querido contratar un abogado para nuestros propios temas legales, objetando que era innecesario porque yo era la mejor y era verdad, pero el tiempo no me alcanzaba para además, tomar casos individuales, casos en representación de la firma y nuestra propia legalidad. Así que, renuncié a ejercer en solitario porque él me había pedido que me hiciera cargo... Menuda idiota. Desvié la mirada unos segundos.
-Sin hielo. -exigí
Una comisura de sus labios se curvó hacia arriba y uno de sus mechones cayó sobre su ojo, evite la nueva necesidad de extender mi mano y retirarlo de su rostro. Él pidió el trago y lo dejaron en frente de mí. Di un pequeño sorbo, era más dulce que el whisky, si era un buen acompañamiento para una mala noche.
Él abrió la boca para hablar, pero aquella voz, ahora amarga, lo interrumpió y en mí, provocó que se me tensara cada músculo del cuerpo.
-¡Jull!-William apareció por mi espalda y se puso en frente de mí- me preocupaste, te marchaste sin decir nada...- dijo y puso su mano mi cara, en una suave caricia, mi mandíbula se tensó y sentí el doloroso golpe en la boca del estómago. El nudo comenzando a formarse en la garganta.- Martina compartió una foto en Alaska en Instagram, dudo que haya volado hasta aquí en solo cuestión de minutos. - dijo y yo me obligué a retirar mi rostro de su mano en un movimiento brusco, lo noté tensarse.-¿Por qué mentiste?
-¿Cómo sabías que estaba aquí?- pregunté, mi tono duro y sabía que mi expresión era igual.
-Rosse Jones te vio entrar al bar cuando fue a comprar cigarrillos -¡Maldita vieja chismosa!, Siempre de cotilla al pendiente de todos, la detestaba. Pero, era una increíble contadora.
Un ruido seco de garganta, había olvidado la presencia de ... Mierda... ni siquiera sabía su nombre. Tragué duro, no quería dar explicaciones. William se dio vuelta hacia el hombre dando un paso atrás para no darle la espalda a ninguno.
-Nuestra habitación está reservada, cariño.- Casi me atraganté ante el apelativo mientras daba un sorbo al vaso.- nuestra noche recién empieza.- señaló y tomó el vaso de mi mano para dejarlo en la barra, hizo una señal al barman y le dejó un billete en la mesa- para lo mío y lo suyo. - le ordenó al chico y este asintió.
-¿Y tú eres...? -un tono claramente cabreado... Si será caradura...
Soy el suertudo que pasará la noche con la dama- dijo en suma tranquilidad y tuve que contener la risa ante la respuesta ingeniosa, el presunto caballero estaba ahí por negocios, no iba a revelar su identidad al CEO de una importante firma de abogados, por otro lado, nunca había visto tan tensa la mandíbula de William.- ¿Nos vamos? - preguntó ofreciéndome la mano como el caballero que era, para bajar del taburete. El hombre que había amado por tanto tiempo me miró expectante, sabía lo que esperaba de mí, lo que siempre había obtenido, lo que jamás le había negado.
Prioridad y completa disposición, pero aquella noche, mi orgullo estaba herido, me sangraba el alma y estaba furiosa conmigo misma. Aunque William cancelara su maldito compromiso, jamás podría volver a renunciar a mí misma por él, su traición había sido una puñalada a mi lealtad, nuestra amistad y el incondicional amor que había forjado para él por más de diez años.
Tome la mano de aquel nuevo desconocido y bajé del taburete, dejé que posara la mano en mi espalda baja y me detuve justo cuando pasamos junto a Will. Vi la ilusión en sus ojos, la seguridad y me pregunté, si así de idiota solía verme yo.
-Mañana, no me esperes en la reunión de las 9 am, no llegaré hasta pasado el mediodía. - apretó la mandíbula hasta que escuché sus dientes tronar... Vaya...y el rencor caló sus bellos ojos azules, sus rubias hebras cayeron sobre sus ojos.
-Es la reunión de directiva. - escupió cada palabra con un tono de obviedad.- Todos deben estar presentes para tomar una decisión.
-Le cederé mi voto a Rogers, él conoce mi posición, lo enviaré por escrito. Buenas noches, Will, saludos a Camelia.-dije finalmente. Me di media vuelta, pero su mano tomó mi muñeca. Le fulminé con la mirada, su tacto caliente, duro, dolía en la necesidad de más. - Suéltame William. -exigí.
-Por favor...- pidió, hace años no me pedía algo, "por favor", su mirada encontró la mía suplicante, un ruego silencioso, me di cuenta en ese minuto, que en cualquier otras circunstancias habría hecho lo que fuera por esa mirada y ese ruego. Ahora, en cambio, la rabia y el dolor creaban un caparazón perfecto ante sus bellos encantos.
-Tienes prometida. No me volverás a tocar. Ni ahora. Ni nunca.- dije de forma tajante, dura, aunque el nudo en la garganta tenía púas que dolían. Solté mi muñeca de un jalón y nunca había visto tal dolor en los ojos de William, una lástima, estaba tan furiosa que no lograba conmoverme. Continué caminando en silencio junto a mi desconocido, fuimos hasta el ascensor del hotel a la salida del bar.
-¿Realmente reservaste una habitación? -pregunté cuando las puertas se cerraron, él no retiró su mano y yo tampoco me aparté.
-Soy muchas cosas, señorita Julliete, pero un mentiroso no.- dijo con tranquilidad, reí muy levemente, la curiosidad pico por saber qué otras cosas podía "ser" aquel interesante desconocido.
Segundos más tarde la puerta se abrió en el piso trece, solo dos puertas en el piso, dos Suits, caminamos hasta una e ingresó la contraseña en la cerradura electrónica, cuando la puerta se abrió, hizo un gesto para que pasara, la decoración de aquel antiquísimo hotel era la clasica Isabelina y en la mesa en medio de la sala de estarde de la habitación, había una botella de cristal con un contenido ambarino.
-Bourbon. - noté divertida y me desabroché el botón de la corta chaqueta negra, me la quité y la dejé sobre el sofá, debajo una blusa ajustada color beige con cuello, mangas largas, pero sin hombros, mi larga falda suelta negra, abierta en el costado izquierdo hasta el muslo, ondeaba mientras el clac de mis altos tacones resonaban a cada paso sobre el suelo de mármol. Me acerqué a la mesa y serví los dos vasos, tomé uno y lo lleve a mis labios antes de caminar hasta el ventanal que iba del techo al suelo, dando la panorámica nocturna de la ciudad de Londres. Mi desconocido llegó a mi lado sin la chaqueta del traje, ni la corbata, y con un vaso en la mano.
-Mi teoría ha sido herrada.- dijo mientras yo daba otro sorbo, era un tipo inteligente, ya lo sabía, lleve mi mano hasta la coleta y retire el elástico para el cabello, mi lacio cabello castaño cayó suelto sobre mi espalda. El hombre a mi lado no perdió un solo detalle- Mathieu. - dijo finalmente. Yo le miré finalmente enmarcando una ceja, antes de dar otro sorbo y terminar el contenido. - Mi nombre. -señaló.
Yo dejé el vaso vacío en una mesa lateral y me quite los tacones.
-¿Por qué me darías tu nombre si deseas mantener el anonimato de tu empresa?- pregunté mientras comenzaba a desabrocharme la blusa muy suavemente, él dejó el vaso a un lado y se desabrochó los botones de las mangas para continuar con los botones del resto. Mi blusa cayó al suelo, dejando ver la lencería, un corsé gris de encaje y varillas, la mirada hambrienta recorrió mi cuerpo dejando un rastro caliente. cuando entré al ascensor, camino al cuarto, no había pensado en esto, pero su mirada sobre mí, su tacto innecesario pero bienvenido, me plantearon esta posibilidad, ¿Qué era lo peor que podía pasar? Ya me habían rechadado una vez, una segunda por hoy no haría gran diferencia. Abrí el cierre de mi falda y sin más, la dejé caer al suelo, debajo, una pequeña pantaleta de encaje y las medias de portaligas abrazaban la piel de mis piernas largas. Amaba la lencería y sabía que me veía increíble en ella, los ojos hambrientos y la erección marcando el pantalón de Mathieu, corroboración mi teoría.
-Quiero escuchar mi nombre en tus labios cuando te corras.- dijo luego de un par de segundos que se había tomado para observar mi cuerpo. Su camisa ya estaba fuera, desabrochó el pantalón y se lo quito al igual que los zapatos, me tomé el descaro de observar y apreciar su cuerpo completamente cincelado, el torso duramente marcando, cada pectoral del ancho torso podía ser una almohada, hermoso, simplemente hermoso, un toque salvaje y dominante en su caminar confiado hacia mí, su erección orgullosa lista para jugar entre mis muslos, podía sentir la humedad empapar mi ropa interior, Mathieu, aquel desconocido, ingenioso y sensual me miraba como ciego que ve los colores por primera vez. Nadie me había mirado así alguna vez.
Estiró su mano y sujetó suavemente mi cuello levantando mi mentón con su mano, vi un resplandor de orgullo y excitación al ver que no me alejaba ante su tacto posesivo. - Ponte los tacones. -dijo y entonces casi gemí al escuchar su tono demandante, dominante y exigente. Quería negarme, pero a su vez, un fuerte latigazo en mi sexo debido a su orden, casi me hizo perder el equilibrio. Sin eliminar su tacto dí un paso atrás y me enfundé en los altos tacones negros. Aguja. - Jodidamente hermosa... inalcanzable, indomable. - señaló en una ronca, me tomó de cintura y me levantó como si fuera una pluma, como si fuera pequeña y suave. Puso su mano libre en uno de mis muslos, un suave gemido salió de mis labios al sentir su erecció presionar mi trasero, me cargó hasta la cama mientras nuestros ojos mantenían la mirada en el otro, la anticipación era algo que nunca dejaba de calentarme y cuando me dejó sobre la cama, se quedó entre mis muslos.
-Yo no vine aquí por esto...- dijo contra mis labios aun sin tocarlos, su mano sobre mis costillas justo bajo mi pecho, su mirada recorrió mi cuerpo hacia abajo- Hermosa...
-Tampoco estaba en mi agenda...- comenté con la respiración agitada, mis manos delinearon los músculos de sus brazos, estaba en mejor forma que William, no pude evitar comparar- ¿Quieres parar?- pregunté.
-Joder, no...- dijo y como si hubiera roto una cuerda sus labios devoraron los míos, demandantes y bruscos, mis gemidos eran acallados por su boca y sus manos comenzaron a recorrer cada parte de mi cuerpo, levantó una de mis piernas y paso la mano sobre las medias, enterrando sus dedos como si quisiera rasgarlas, y sentirlas al mismo tiempo, sus hábiles manos deshicieron los nudos de las ligas y con una suavidad inesperada retiro mis bragas... Mathieu gustaba de la lencería... Ese pensamiento solo me excitó aún más, imaginando en las posibilidades de aquello. Sus manos me tocaron con una expertiz deliciosa, me llevó al límite una y otra vez, mientras yo, me derretía en sus brazos, me encontré rogándole por la ansiada liberación, no fue hasta ese segundo, que se enfundó en mi interior caliente hecho miel por sus constantes atenciones. Me llevo tres veces al orgasmo aquella misma noche y como pidió, su nombre salió de mis labios en un gemido desesperado cada vez que la liberación llegó, solo tras el segundo orgasmo, él se dejó caer en su propio éxtasis, caí rendida sobre su cuerpo, laxa, más que satisfecha, él, ya sea por cansancio, o gusto, no se movió, ni salió de mi cuerpo, me dormí sobre aquel desconocido y al menos por esas horas, mi alma y corazón, dejaron de sangrar por aquel amor no correspondido.
A la mañana siguiente desperté con la luz en la cara, tenía la costumbre de levantarme a las seis de la mañana así que mi reloj biológico hizo su trabajo, levanté el rostro viendo a mi fetichista dormir debajo de mí, me mordí las mejillas para no sonreír como una idiota, no esperaba nada de ello, no era estúpida y ya había terminado con las ilusiones de los hombres, no estaba segura de poder volver a abrir mi corazón, con cuidado de no despertar al hombre que me había hecho el amor con plena dedicación, me levanté, tome mis pantaletas y me las puse, Mathieu resultó ser un fetichista de primera, tocó cada parte de mí, pero mi conjunto de lencería estaba intacto. Camine descalza hasta la sala con los tacones en la mano, en la sala había una cafetera y tazas, la encendí mientras me vestía, busqué mi móvil y lo encendí, veinte llamadas perdidas de William y treinta mensajes... Cabrón. Abrí los mensajes.
"¿Por qué te has ido?"
"Ya sé que no estás con Martina"
"¿Dónde estás?, Tenemos que hablar"
"Esto no cambia nada Jull"
"Jull hablemos, ¿Dónde estás?".
"¿Realmente te irás con ese tipo?"
"¿Quién es él?"
...
Así varios más... en ese punto, mientras servía mi taza de café, me di cuenta lo mucho que había desnudado mi corazón para William, lo mucho que lo había amado y el nivel de entrega que había ofrecido, nunca había sido recíproco... Pero qué idiota.
Suspiré enojada conmigo misma, con la taza ya servida, fui hasta la mesa de la sala donde había una carpeta, me senté en una silla y comencé a leer, levanté la mirada hacia el cuarto, Mathieu dormía profundamente.
División de la compañía según el nivel de aporte, un socio con la intención de marcharse con la mayor cantidad de activos y la lucha por el derecho de la marca. Sí, Mathieu había tenido razón, ese era el tipo de casos que tomaba en un inicio, los que pusieron los cimientos de lo que hoy es B&T, William podía ser el presidente, pero yo era la accionista mayoritaria, esto porque, habíamos decidido que el renombre y quién puso nuestro buffet en boca de las empresas, había sido yo. Leí detalladamente cada línea de la información que había en aquella carpeta, entendía la problemática, la división de las partes hablaba de un 50&50, pero el contrato no estaba legalizado y más que eso, Mathieu había hecho el noventa y nueve por ciento del trabajo, un abogado común lo habría desechado, era un caso difícil y largo. Miré la hora en mi reloj, debía marcharme si pensaba pasar a casa a cambiarme. Como él no había pedido nada más que hablar la noche anterior, y yo, no trabajo gratis, decidí ser Benevolente y le dejé una nota.
"Si, hay una forma. Siempre hay una forma."
J.A"
Sin más, tomé mi bolso, mi móvil, mis tacones y salí de aquella mágica burbuja de placer en el cuarto de hotel.