Sweet Delice Club
Me quedé mirando fijamente el letrero del club y no pude evitar poner los ojos en blanco. Todavía no podía creer que tenía que trabajar en ese lugar para conseguir algo de dinero. Sostuve mi bolso deportivo aún más cerca y suspiré. En realidad, odiaba ese trabajo, pero no tenía otra alternativa. Me sentía impotente, extremadamente impotente, pero necesitaba dinero rápido y ese trabajo podía darme mucho dinero en una sola noche.
Sí, soy una stripper.
Luego, entré al club y vi a muchos hombres. Bueno, en realidad, eran demasiados. Ese club era extremadamente fino y elegante. Sí, lo sé, probablemente te estés preguntando cómo un club de striptease podía ser fino y elegante, pero créeme que ese lo era. De hecho, no todas las personas tenían derecho a entrar a Sweet Delice Club. Solo los hombres millonarios podían permitirse el lujo de entrar, así que ese trabajo realmente me daba mucho dinero.
Entré a escondidas a los vestidores, tratando de evitar a los clientes, porque no tenía puesto mi antifaz. Se suponía que las chicas no debían bailar con antifaz, pero le supliqué a mi jefe que me dejara usarlo, porque no quería que nadie me reconociera. Como yo era un elemento bastante bueno en el club, él aceptó sin problemas.
"¡Athena Amington!", me regañó Rose, quien ya estaba vestida con su minifalda y su sostén, mientras yo me dirigía al vestidor para verla. Simplemente sonreí de forma tímida y me encogí de hombros.
"¡Lo sé! ¡Lo sé! ¡Estoy atrasada!", exclamé con las manos levantadas en señal de rendición, lo cual la hizo resoplar. Luego, dejé mi bolso deportivo sobre la mesa y respiré profundo.
"¡Vamos, tienes que prepararte!", me dijo ella mientras abría mi bolso y sacaba los pantalones cortos negros y el sostén. "Tienes suerte de no tener que mostrar las tetas o el trasero", refunfuñó la mujer.
"Sí, pero tengo que bailar con hombres cachondos y, con esos pantalones tan cortos, puedo sentir incluso sus erecciones", le respondí mientras me estremecía de disgusto. Se suponía que todas las strippers debían bailar en el escenario y, obviamente, terminaban quitándose la ropa. Sin embargo, mi jefe me ordenó que me pusiera esos pantalones extremadamente cortos y un sostén. Yo también debía bailar en el escenario durante mi espectáculo, pero luego debía bajar y darles a esos hombres bailes eróticos, así que creo que por eso él me dijo que no me quitara la ropa. Me estremecí cuando pensé en esos hombres tocándome. El simple hecho de pensar en eso me daba ganas de vomitar, pero afortunadamente contábamos con mucha seguridad. Los hombres no tenían derecho a tocarnos y realmente me alegraba que fuera así.
"Odio este trabajo", murmuró Rose.
"Yo también", susurré mientras me quitaba la ropa y me ponía el pantalón corto que solo me tapaba la mitad del trasero. Luego, me puse el sostén plateado, me miré en el espejo y suspiré. También me solté mi largo cabello negro y ondulado, el que tenía atado en una cola de caballo.
"Toma", me dijo Rose, quien rápidamente me pasó el set de maquillaje y mi antifaz. Me maquillé los párpados con un tono ahumado para resaltar mis ojos verdes. Luego, miré mi antifaz, el cual era plateado y tenía algunos diseños negros. Efectivamente, combinaba con mi atuendo. Me puse el antifaz y lo até bien firme para que no se me cayera. Después, saqué mis sexys zapatos negros de taco aguja y me los puse. En realidad, parecía una puta. Una puta sexy. Sin embargo, soy una stripper, ¿o no? Todo eso era parte de mi trabajo.
"No quiero salir", le dije a Rose, quien en ese momento se estaba aplicando el lápiz labial rojo intenso y luego me lo pasó. Me volví hacia el espejo y también me pinté los labios. Cuando terminé, se lo devolví.
"Piensa en el dinero que ganarás", me dijo ella para tratar de animarme. Luego, respiré profundo y cerré los ojos, pues tenía que pensar positivo.
"Lo haré genial esta noche", le dije para parecer positiva, pero mi sonrisa falsa se podía notar a kilómetros de distancia. Rose se rio ante mi horrible intento de animarme.
"Te ves sexy. Increíblemente sexy", dijo una voz masculina detrás de mí, así que me volví para mirarlo. Era Jerry, mi jefe, quien en realidad era bastante bueno. Sus ojos recorrieron mis largas piernas bronceadas hasta que finalmente se posaron en mi rostro. Sonreí y él me respondió con otra sonrisa.
"¡Gracias!", exclamamos Rose y yo al mismo tiempo, mientras Jerry se acercaba a nosotras con un envase de aceite en la mano. Luego, se lo entregó a Rose y le guiñó un ojo.
"Te traje esto. Hará que tu cuerpo resplandezca, cariño", le dijo él, por lo que la mujer puso los ojos en blanco. El resto de las strippers debían ponerse ese aceite por todo el cuerpo para verse más atractivas y sexys. Sin embargo, yo no tenía que hacerlo, porque bailaba cerca de los clientes y no queríamos arruinarles su ropa. Rose me hizo una señal con la mano y luego salió de la habitación para aplicarse el aceite sin que Jerry se la comiera con la mirada.
"¿Estás lista?", me preguntó Jerry, completamente concentrado en mí. Simplemente me encogí de hombros y me revolví el cabello para que se viera más desordenado.
"La verdad, me siento como una mujerzuela cuando hago esto", le respondí con sinceridad. Jerry era un hombre increíble y sabía cómo animarme en unos segundos. Él me dedicó una sonrisa tranquilizadora y luego me dio unas palmaditas en la cabeza como si fuera un perro, por lo que lo miré furiosa. Odiaba cuando hacía eso.
"No deberías sentirte así", me dijo mientras saltaba sobre el mostrador y me miraba fijamente. "No te ves vulgar", agregó señalando mi ropa. Al escuchar eso, me burlé y le hice un gesto para que se fijara en mi trasero, por lo que él puso los ojos en blanco y me dijo con confianza: "Las personas usan menos ropa en la playa".
"Bueno, pero no estamos en la playa", argumenté de forma desanimada.
Luego, él señaló mi antifaz y me dijo sin quitarme los ojos de encima: "Estás usando un antifaz. Nadie sabrá quién eres. Además, eso te hace popular. Estoy seguro de que casi todos los hombres vienen al club porque quieren saber quién es la Misteriosa Vixen". Luego, agregó con las cejas arqueadas: "Además, no entiendo por qué te sientes como una mujerzuela si ves que el resto de las chicas bailan desnudas y tú no".
"Tienes razón", concluí y me acerqué a él para abrazarlo. Jerry me abrazó con fuerza y, con una sonrisa, exclamó:
"¡Siempre tengo razón, cariño!".
"Sí, claro, ya te gustaría", me burlé de él.
Siempre consideré a Jerry como parte de mi familia, porque me daba buenos consejos y me decía que mi lugar no estaba en un club, sino que en una universidad, pues era inteligente. Sí. De hecho, yo estaba estudiando psicología en la universidad y, cuando le conté, sonrió feliz. Jerry tenía más de treinta años y yo era solo una chica de diecinueve años que necesitaba urgentemente un trabajo, cosa que él me la dio porque sabía que lo necesitaba.
"Ya terminé", le dijo Rose mientras entraba a la habitación arreglándose el sostén. Jerry la miró fijamente y Rose se sonrojó. Al notar eso, no pude evitar sonreír.
"¿Estás lista?", le preguntó Jerry y se bajó del mostrador. Rose asintió y se sentó en una silla.
"¿No debería salir primero Athena?", le preguntó ella y Jerry asintió.
"Rose, no me llames por mi verdadero nombre. Recuerda que aquí soy Vixen", murmuré mientras miraba a mi alrededor. De hecho, solo Jerry y Rose sabían mi verdadero nombre y los demás solo me conocían como "Vixen".
"¡Perdón!", exclamó ella rápidamente. Yo le sonreí y me arreglé el short, que estaba tan apretado que seguramente mi sangre no estaba circulando bien. Imagínense la tortura que significaba bailar usándolos.
"Rose, tú saldrás inmediatamente después de Athena", le indicó Jerry. De inmediato, le di un golpe en el brazo y lo miré enojada.
"Deja de usar mi nombre", le dije, remarcando claramente cada palabra. Él puso los ojos en blanco, asintió y me respondió:
"No hay nadie alrededor".
"No estoy dispuesta a correr el riesgo", le murmuré.
"¡Bueno, ya es hora!", me dijo Jerry.
"¡Buena suerte!", me gritó Rose.
"¡Realmente la necesitaré!", exclamé mientras seguía a Jerry afuera de la habitación. En ese momento, otras strippers pasaron junto a mí y asintieron para saludarme. Ellas nunca habían visto mi rostro, solo mi antifaz. Además, tampoco parecían tener ganas de conocerme. Mientras caminábamos hacia el escenario, noté que una de las chicas me miraba furiosa. Era Stacy y no era una gran admiradora de Vixen que digamos. Al parecer, yo le estaba robando algunos de sus clientes.
"Será tu turno dentro de un minuto o dos", me dijo Jerry mientras miraba el escenario para comprobar si la chica que estaba antes de mí estaba a punto de terminar. Respiré profundo para tratar de tranquilizarme. Trabajaba en ese club tres veces a la semana y, para ser honesta, después de tres meses todavía no lograba acostumbrarme a ese ambiente. Estaba segura de que vería las mismas caras de siempre entre los espectadores, ya que esos hombres siempre venían a verme cuando me tocaba bailar.
"Deberías estar feliz de no estar completamente desnuda", me murmuré a mí misma para tratar de tranquilizarme. Al escuchar eso, Jerry me miró divertido, pues le encantaba verme así de inquieta.
"Cálmate", me dijo él mientras negaba con la cabeza con incredulidad. "Ya lo has hecho muchas veces y siempre te pones nerviosa antes de salir al escenario", agregó Jerry.
"Bueno, es bastante normal estar nerviosa si tengo que bailar casi desnuda frente a hombres lujurioso", murmuré mientras me miraba los tacones. ¿Por qué estaba haciendo eso de nuevo?
Oh, sí, por el dinero.
"Es tu turno, cariño", me indicó Jerry y, sin dejar de mirar al público, agregó: "Hay muchas caras nuevas".
"Con eso me pones aún más nerviosa, tonto", exclamé, lo cual lo hizo reír.
"Siempre estás nerviosa, pero lo harás tan bien como de costumbre. Por eso, cálmate, sube al escenario y tráeme mucho dinero en efectivo", me dijo mientras señalaba el escenario.
"Eres realmente un imbécil", murmuré mientras pisaba el primer escalón del escenario.
"¡Buena suerte!", susurró Jerry cuando mi canción comenzó a sonar. Elegí The Hills de The Weekend, porque me sentía muy cómoda bailándola y sabía cómo moverme con su ritmo.
"¡A continuación, les presentamos a la Misteriosa Vixen!", anunció Jerry con orgullo. De inmediato, sonreí y subí al escenario con la cabeza gacha y el cabello cubriendo ligeramente mi rostro.
Ya era hora de dar rienda suelta a Vixen.
Siguiendo el ritmo de la canción de fondo, me dirigí al tubo que se encontraba en medio del escenario. Y aunque en el fondo me moría de nervios, seguí sonriendo como si nada, y tan pronto como se escuchó la voz de The Weekend, levanté la cabeza e hice contacto visual con algunos de los hombres presentes. ¡Tengo que admitir que algunos de ellos eran realmente atractivos! De hecho, fueron precisamente esos ojos lujuriosos los que me empujaron a hacer mejor mi trabajo. Una vez que la música realmente comenzó, envolví una pierna alrededor del tubo y giré, haciendo movimientos rápidos, lentos...
y extremadamente sensuales.
"¡Maldición!", escuché a alguien suspirar justo en frente de mí. Entonces me aparté del tubo y me arrastré hacia el hombre que estaba sentado en la primera fila; sonriéndole seductoramente al notar que me devoraba con la mirada. Tenía ojos azul celeste y cabello rubio, algo así como el Ken de Barbie. 'Bueno, lo siento, Barbie, estoy a punto de darle un baile erótico a tu hombre', pensé. Y así, bajé lentamente del escenario y me dirigí hacia él, sonriendo de nuevo cuando lo vi tragar saliva.
"Hola", susurré mientras movía mi cuerpo al ritmo de la melodía, me dejé caer y le abrí las piernas. Después me puse de pie y me encargué de darle un espectáculo que nunca olvidaría. Al sentarme en su regazo, pude sentir su erección debajo de mí, aunque traté de no enojarme por ello. Por suerte, la canción terminó en ese instante, así que me incliné hacia su oído y murmuré: "Espero verte de nuevo". Claro que esa era una mentira que toda stripper les decía a sus clientes para que regresaran al establecimiento.
Al segundo siguiente, todas las luces se apagaron y regresé al camerino bajo el aplauso de los hombres. Dos tipos de seguridad me acompañaron adentro ya que había locos que a veces nos seguían en busca de algo más. Sí, había desde clientes tranquilos hasta psicópatas que venían a vernos.
"¡Eso fue perfecto!", Jerry gritó emocionado mientras que yo me limité a sonreír y asentir. "Vayamos a tu camerino, luego hablaremos". Cuando Jerry les indicó a los guardias que se fueran, nosotros nos dirigimos al camerino, donde vi a Rose levantarse de la silla y sonreírme ampliamente.
"¡Tuve una erección con sólo verte!", ella dijo, abrazándome.
"¡Si me entero de que tienes un pene, te despediré!", bromeó Jerry. Yo puse los ojos en blanco, pues era algo que solía hacer a menudo. "Vamos, es tu turno", él dijo, empujando a Rose fuera de la habitación. Entretanto, ella lo fulminó con la mirada, pero no tuvo más opción que obedecerlo.
"Estoy cansada", murmuré al mismo tiempo que me apoyaba contra la pared.
"Entonces vete a casa", Jerry respondió, entregándome la jugosa cantidad de quinientos dólares. ¿Ahora entienden por qué trabajo aquí?
"Esperaré a Rose para que podamos irnos juntas". Jerry asintió antes de arquear las cejas y declarar:
"Quiero verla bailar".
"¡Ya invítala a salir!", sugerí en tono de broma, por lo que él sonrió y me guiñó un ojo, "¡Tal vez lo haga!".
Con eso, ambos nos sentamos frente a un monitor donde podíamos ver a todas las demás strippers. Pronto escuché la canción de Rose, y unos segundos después, ella subió al escenario, con una encantadora sonrisa en los labios y jugueteando con su cabello. Definitivamente sabía lo que hacía, pues cada vez que bailaba, muchos la mirábamos con asombro.
Luego de unos minutos, Rose acabó de bailar y regresó al camerino con Jerry siguiéndola. ¿Acaso no tenía otras chicas de las cuales ocuparse? "Necesito tu ayuda", dijo él. Yo pensaba que estaba hablando con Rose, pero como ella no respondía, me giré sólo para darme cuenta de que los dos estaban viéndome.
"¿Qué ocurre?", pregunté desconcertada cuando vi que mi compañera me miraba con una amplia sonrisa mientras Jerry se apresuraba y se arrodillaba frente a mí. "¿Qué demonios pasa?", verdaderamente confundida, retrocedí unos pasos.
"¡No vas a creer lo que acaba de suceder!", Rose exclamó, jalando a Jerry de las orejas como si se tratara de un niño.
"¿Qué pasó? ¡Ya díganme!", en este punto, la curiosidad me estaba matando, por lo que crucé los brazos sobre el pecho y los miré fijamente.
"Acabo de recibir una oferta", replicó Jerry, frotándose sus enrojecidas orejas.
"¿Y? ¿Yo qué tengo que ver con eso?", cuestioné seriamente.
"Alguien quiere que le hagas un baile privado en el regazo", él dijo en voz baja.
"¡No!". Para empezar, nunca antes había hecho bailes de ese tipo y tampoco era algo que planeara hacer.
Resoplando, Rose me miró con los ojos muy abiertos y exclamó: "¡Ese tipo está ofreciendo cincuenta mil dólares!". ¿Qué carajo? ¡Estuve a punto de ahogarme con mi saliva con lo que acababa de escuchar!
"Pero, ¿por qué...?", pregunté con incredulidad.
"¡No tengo idea! Pero es mucho dinero", respondió Rose, "Sólo sé que dijo que te quería a ti. De lo contrario, ¡ya estaría yo bailando para él! Deberías aceptar". Sí, era muchísimo dinero, y después de todo, solamente se trataba de un baile.
¡Definitivamente era una oferta tentadora!
"¿Y si es un demente pervertido?", pregunté mientras jugaba con mis dedos, algo que siempre hago cuando estoy nerviosa. Entonces, Jerry sonrió y caminó hacia la puerta, haciendo una señal para que alguien entrara. Me quedé boquiabierta cuando vi al chico rubio al que le había hecho un baile erótico caminar en la habitación, ¡incluso tuve que llevarme las manos a la cara para comprobar que mi antifaz seguía en su lugar!
"Hola", él me saludó y soltó una risita al notar mi expresión.
"¿Por qué estás dispuesto a pagar una cantidad tan grande de dinero por un simple baile?", pregunté, yendo directo al grano.
"Acércate", dijo él. Jerry y Rose asintieron con la cabeza a su declaración y yo simplemente me quedé callada.
"Necesito que hagas algo", el chico rubio agregó un poco nervioso, rascándose la cabeza. Como consecuencia, mi instinto me dijo que esto no sería cosa sencilla.
"No suena nada bien... en absoluto", y así, me senté en una silla, esperando que me explicara de qué se trataba.
"No te asustes, ¿de acuerdo?", él trató de tranquilizarme. Pero, ¿cómo iba a confiar en un extraño?
"¿Entonces?", exigí de repente.
"Bueno, pues quiero que hagas lo mejor que sabes hacer".
"¿Comer?", pregunté sarcásticamente, haciendo que él me mirara confundido.
"Bailar", el chico rubio suspiró y se sentó frente a mí.
"Ya te bailé hace rato, ¿recuerdas?".
"Pero esta vez no será para mí", él hizo una breve pausa y añadió, "Mi hermano acaba de terminar con su novia".
"¿Y está tan deprimido que yo tengo que animarlo o qué?", me burlé.
"De hecho, no. Sólo es un imbécil frío y arrogante", explicó el chico, "Necesito que lo hagas sentir algo, ¡lo que sea! Excepto ira, claro". En ese instante, pude ver que la situación de su hermano realmente lo estaba molestando.
"¿Por qué yo?", pregunté confundida.
"Tienes algo especial, lo vi con mis propios ojos", él respondió, haciéndome sonreír, "¡No creo que ninguna otra stripper de aquí pueda provocarle una reacción!".
"Con eso te refieres a una erección, ¿cierto?".
"¡Qué directa!", él exclamó y yo asentí, pues no estaba diciendo ninguna mentira.
"¿Entonces tengo que bailar para tu indiferente y arrogante hermano?", pregunté, "¿Él se encuentra aquí?". El chico rubio me respondió que sí en ambas ocasiones.
"¿Podrías hacerlo, por favor?", él dijo casi suplicando.
"Bien, lo haré", solté un suspiro y añadí, "¡Pero debes ser bastante estúpido para gastar tanto dinero en algo que ni siquiera estás seguro de que va a funcionar!".
"No, por supuesto que no, ¡soy jodidamente rico!", exclamó con arrogancia, "Y estoy seguro de que valdrá la pena". Mientras él se levantaba, yo hice lo mismo para mirarme en el espejo, me acomodé el antifaz y arreglé mi cabello.
"¿Y dónde está él?", pregunté.
"En la habitación privada", replicó Jerry.
"Y si tu hermano está tan enojado y todo eso, ¿entonces por qué aceptó venir contigo?", le pregunté al rubio mientras lo seguía.
"Digamos que lo chantajeé", soltó él. '¿Qué? ¿Está hablando en serio?', me dije a mí misma, poniendo los ojos en blanco.
"¿Cómo lo hiciste?", yo estaba a punto de entablar una conversación cuando Jerry nos guio a la habitación privada.
"Le dije que se lo contaría a mamá", respondió el rubio. Como resultado, lo miré durante unos segundos esperando a que me dijera que era una broma, pero lo único que obtuve fue su encantadora sonrisa. Sí, este hombre tenía diez años mentalmente.
"¿Cómo te llamas?", pregunté de manera casual, volteando a ver a Rose.
"Dean", contestó él, "¿Y tú?".
"Vixen", mentí para no decir mi nombre real.
"Ya sé que ese tu nombre artístico, me refiero al otro", murmuró el chico mientras llegábamos al área privada del club.
"Pues es el único que sabrás", respondí girándome hacia Jerry, "Quiero que apaguen las cámaras de la habitación, ¿de acuerdo?".
"¿Qué hay de tu seguridad?", era obvio que a Jerry le preocupaba lo que me pudiera pasar. Yo sabía que todas las habitaciones tenían cámaras para cuidar a las chicas, pero simplemente no quería que nadie me viera.
"Puedes apagarlas, mi hermano no la va a tocar", Dean aseguró, posando su intensa mirada azul cielo en Jerry, quien estuvo de acuerdo, giró sobre sus talones y se alejó.
"¡Te esperaré en el camerino!", Rose me recordó con una sonrisa al marcharse.
"Bueno, deséame suerte", le susurré a Dean antes de abrir la puerta. Para ser honesta, odiaba bailar. ¡Ahora imaginen lo nerviosa que estaba por hacerlo dos veces en una misma noche!
"¡Suerte! Es hora de que me vaya", él se rio al darse cuenta de mis nervios y bromeó, "¡No hay ningún monstruo ahí! Tranquila, no pasa nada". Finalmente, se alejó con las manos en los bolsillos. Yo me quedé inmóvil unos segundos, me ajusté la ropa y agarré la manija de la puerta luego de tomar una bocanada de aire para llenarme de valor.
'¡Hagámoslo!', pensé convencida.
Con cuidado, giré la perilla y tomé una buena bocanada de aire antes de esbozar mi sonrisa seductora de siempre. Entré lentamente y cerré la puerta detrás de mí. Luego alcé la mirada para ver al sujeto que se suponía que debía animar y me quedé pasmada.
¡Santo Dios!
El hombre que apareció ante mí era realmente sensual, estaba vestido con un traje negro y tenía el pelo igual de oscuro y desordenado. Tenía ese aspecto de chico malo, pero al mismo tiempo sus ojos grises transmitían cierta calma. Me estaba mirando fijamente, pero sin ninguna emoción. Tenía la mandíbula tan perfilada que estoy segura de que me habría cortado con ella si hubiera decidido pasar mis manos por su rostro. Con la mirada, recorrí su anatomía y me di cuenta de los tatuajes que escondía tras las mangas de su traje.
"¿Ya terminaste de revisarme?", preguntó él con tono aburrido. Perpleja, parpadeé un par de veces y luego me concentré en su rostro. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho.
"En realidad, no", respondí con sinceridad mientras me acercaba. La suave música de fondo amenizaba el ambiente.
"Solo terminemos con esto", dijo como si fuera una tortura para él. Así, me quedé parada frente a él, sintiéndome intimidada por su aura y su belleza. Sin duda era irresistible.
"Cualquier otro estaría de lo más dichoso ante la sola idea de que una mujer semidesnuda le haga un baile privado", comenté, instándolo a levantar la mirada para que me viera a los ojos. Pero no me miró, sino que más bien me escrutó.
"Si esperas que esté dichoso porque una puta me va a bailar, entonces mejor olvídate de eso", dijo con cierta malicia, como si quisiera hacerme sentir mal, podía palpar sus intenciones. En un segundo, el odio empezó a fluir por mis venas, así que me encogí de hombros y seguí con mi baile, procurando ser sensual, pero no fue nada fácil porque el hombre no parecía reaccionar a mis movimientos.
"No todos tenemos dinero como tú", le susurré al oído mientras seguía bailando. "Odio este trabajo tanto como te odio a ti", dije mientras me meneaba sobre su regazo. Eso pareció sorprenderlo, lo vi en sus ojos.
"¿Entonces por qué sigues haciendo esto?", preguntó mientras señalaba mi cuerpo encima del suyo. Entonces me paré y le abrí las piernas mientras me acomodaba entre ellas y bailaba.
"Me pagaron por hacer esto", respondí mientras dejaba caer mis nalgas entre sus muslos, como si no estuviera medio desnuda ya.
"Por supuesto, harías cualquier cosa por dinero", replicó él con un mohín. Al escuchar eso, no pude seguir bailando y lo miré.
"Por supuesto que haría cualquier cosa si no tuviera alternativa", le aclaré. Pero él solo se burló y me empujó para apartarme. ¡El muy imbécil!
"Quizás deberías empezar a vender el cuerpo entonces", espetó. "Porque obviamente no eres lo suficientemente buena en esto", añadió mientras se señalaba los pantalones. Ya había tenido suficiente del idiota ese, tengo que admitir que me lastimó un poco el ego con sus comentarios.
"O tal vez el del problema seas tú", repliqué mientras me quitaba la coleta de la muñeca y me hacía una cola de caballo. Realmente me estaba conteniendo para no lanzarle una bofetada a esa carita sensual. "Tal vez deberías ir a un club de strippers hombres, apuesto a que allí si encontrarías el placer que buscas", me burlé antes de darme la vuelta para irme. No obstante, justo cuando estaba a punto de abrir la puerta, él me agarró del brazo y me volví para mirarlo con la mandíbula apretada.
"¿Estás insinuando que soy gay?", masculló igualmente tenso. Yo solo puse los ojos en blancos y preferí no decir nada. Luego volví a intentar irme, pero él me empujó y me pegó contra la puerta; lo tenía tan cerca que podía sentir su aliento en mi cara. Realmente tuve que contenerme para no estremecerme y no de disgusto, sino de placer. No me pregunten por qué me estaba haciendo sentir así, pero tengo que admitir que el imbécil arrogante parecía tener cierto efecto en mí.
"Apártate", le exigí con los ojos cerrados, pues temía que, si los abría, dejaría ver mi lujuria. Seguidamente, él me agarró por la mandíbula y me obligó a mirarlo.
"Abre los ojos", exigió. Yo los abrí lentamente y contemplé ese mar gris que dominaba su mirada. "No soy gay, cariño", dijo lentamente con la voz cada vez más ronca.
"Me... me tengo que ir", repliqué temblorosamente mientras intentaba apartarlo. Pero el hombre me agarró la mano y me soltó una sonrisa... Y no, no una juguetona, sino una sonrisa peligrosa. Acto seguido, hundió la cara en mi cuello y respiró hondo. Me estremecí ante el roce de su aliento y se me puso la piel de gallina.
"¿Por qué llevas el antifaz?", preguntó. Yo me quedé callada mientras él me tocaba el pelo y me quitaba la coleta.
"¿Por qué me estás tocando? Soy una puta, ¿no es así?", le pregunté desafiante mientras me miraba directo a los ojos, pero no respondió. '¿No me acaba de llamar puta?', me pregunté. Entonces él volvió a enterrar su cara contra mi cuello y dejó escapar el aliento que estaba conteniendo. Eso se sintió bien, jodidamente bien. Luego, cuando sus labios hicieron contacto con mi piel, tuve que morderme la lengua para no dejar escapar un gemido. Pude sentir cómo sus manos soltaron mis muñecas y las dejé caer sobre sus hombros. Yo seguía con los ojos cerrados mientras pensaba en lo que estaba sucediendo, ¿qué demonios pretendía?
Sentí una ola de placer recorrer mi cuerpo cuando él abrió la boca y chupó mi piel; por fin, el gemido que estaba aguantando salió desbocado de mis labios y, apenas me escuchó, él jadeó y se apartó. Creí que se iba a ir, pero entonces sentí sus labios sobre los míos y sus manos agarrándome por la cintura mientras me alzaba. Mis piernas se envolvieron instintivamente alrededor de su torso y, con una mano, me agarró por el cuello mientras que, con la otra, aguantaba mi cuerpo. Abrumada de placer, le rodeé el cuello y me apreté contra su rostro, deseando más de él. Suavemente él me pellizcó la piel y me hizo gemir de nuevo, entonces aprovechó la oportunidad y me metió la lengua en la boca. Podía sentir el calor entre mis piernas, él también gimió cuando mordí sus labios y eso me hizo sonreír mientras me apoyaba contra su frente. Empecé a sentir un bulto entre mis piernas y, cuando me di cuenta de lo que era, sonreí y me aparté rápidamente.
"No soy gay", dijo de nuevo. 'Oh, ¿entonces solo me lo estaba demostrando?', me pregunté mientras señalaba su pantalón.
"Está bien, no lo eres", respondí. "Parece que hice mi trabajo aquí", añadí cuando vi su erección. Con eso, agarré mi coleta rápidamente y me fui a toda prisa de la habitación. Cerré la puerta y me apoyé contra la pared.
¿Qué diablos acababa de pasar?
Me toqué los labios con las manos y sentí lo hinchados que estaban. Maldita sea, ese beso había sido increíble. Este hombre era exasperante, extraño y molesto, pero aun así tenía algo que me atrapaba. Casi corriendo, regresé a mi camerino, tratando de no pensar en ese beso... Y allí me topé con Jerry, Rose y Dean, quienes estaban sentados en el sofá. Este último se puso de pie rápidamente cuando entré.
"¿Y bien?", preguntó mirándome con ojos expectantes. Yo solo le sonreí y me encogí de hombros. "¿Reaccionó?", preguntó, haciéndome revirar los ojos. "Sigue poniendo los ojos en blanco, tal vez un día de estos te veas el cerebro", murmuró, haciéndome jadear. Juguetonamente golpeé su brazo y él se rio entre dientes.
"¿Por qué tienes los labios hinchados?", preguntó Rose y un grito ahogado escapó pronto de la boca de Dean.
"¡Joder! ¿Te besó?", inquirió incrédulo, a lo que yo asentí. "¿Qué? ¿Cómo? ¿Por qué?", preguntó Dean rápidamente, conmocionado.
"Me besó solo para demostrarme que no es gay", les confesé mientras tomaba asiento.
"¿Qué?", preguntó Dean, confundido.
"Lo llamé gay", confesé con una sonrisa avergonzada. Los ojos de Dean se abrieron y pronto se echó a reír.
"Oh, Dios, hubiese pagado por ver eso", añadió mientras se apretaba el abdomen. "¿No fue grosero contigo?", siguió preguntando mientras se secaba las lágrimas de tanto reír.
"Es un verdadero imbécil", respondí con sinceridad. Él asintió y se encogió de hombros. "Me llamó puta y dijo que no era lo suficientemente buena", continué.
"¿Y tuvo una erección?", preguntó Rose a mi lado. Yo le asentí con orgullo mientras agarraba mi mochila.
"Sabía que no me equivocaba contigo", dijo Dean con orgullo. Yo me reí entre dientes y le pedí a él y a Jerry que salieran para cambiarme.
"Necesito vestirme", les dije. Dean asintió y ambos salieron sin chistar.
"¿Me das tu número? Solo en caso de que vuelva a necesitar tus servicios", preguntó Dean antes de marcharse. Al ver bien su rostro, me di cuenta de que él y su hermano en realidad no se parecían en nada.
"Lo siento, no puedo hacer eso. Ese fue el primer y último baile privado que daré", le dije mientras cruzaba los brazos sobre mi pecho. "Ahora puedes irte", añadí. Dean quizás podría llegar a ser un gran amigo, pero no podía arriesgarme a develarle mi identidad.
"Oh, vamos", se quejó. "¡Eres divertida, me gustaría conocerte fuera de este lugar! Solo como amigos", insistió mientras me miraba con sinceridad. "Rose ya me dio su número", añadió mientras la señalaba.
"Bueno, yo vivo con ella. Así que si necesitas algo, solo llámala". Ya las cosas eran lo suficientemente duras para mí como para tener a un par de acosadores a mis espaldas.
"Te juro que es solo por amistad, ya estoy comprometido", declaró con orgullo. Sin poder ocultar mi sorpresa, espabilé los ojos y lo miré.
"¿Qué estás haciendo aquí entonces?", pregunté con incredulidad.
"Me casaré dentro de dos semanas, mis amigos me trajeron aquí para disfrutar de mis últimos días de soltería", confesó mientras rodaba los ojos. Yo le asentí, pero aun así me negué a darle mi número. ¿Qué diría su prometida si llegara a ver que tenía a una stripper agendada en su teléfono?
"Ya sal", dije casi que rogándole. "Estoy cansada y solo quiero cambiarme y regresar a casa". Dean dejó escapar un suspiro y finalmente salió y cerró la puerta.
"La verdad es un chico divertido", comentó Rose mientras me cambiaba las mallas.
"Sí, lo es", asentí. "Aunque parece bastante inmaduro para ser alguien que está a punto de casarse", añadí y Rose se echó a reír y asintió.
"Hablando de matrimonio, ¿irás a la boda de tu hermana?", inquirió ella. Luego el silencio se cernió sobre la habitación mientras reflexionaba al respecto.
"Amo a mi hermana, pero sinceramente no quiero ver a mis padres", respondí mientras acomodaba las cosas en mi morral. Acto seguido, agarré las llaves del auto y Rose se levantó del sofá para salir del club. Siempre nos íbamos por la puerta trasera para evitar que alguien pudiera reconocerme.
"Herirás los sentimientos de Alena si no vas", comentó Rose mientras caminábamos.
"Lo sé, por eso no dejo de pensar en eso", murmuré, al tiempo que llegábamos al vehículo.