Seis meses después...
Allí estaba yo, en una iglesia repleta de gente que no conozco. Este era el día más importante de mi vida. Estaba de espaldas al altar, vestido con el traje más elegante y hermoso que he usado antes. Nervioso, rebuscaba su rostro entre los miles de rostros de la multitud.
- ¡Allí viene la novia! – Anunciaban las voces de los presentes.
Algunos vitoreando a la novia que venía entrando, alegres por la unión que se celebraría aquí el día de hoy.
La novia desfilaba lentamente hacia mí, con un largo velo cubriéndole el rostro, un vestido pomposo blanco como las nubes y un ramo de flores blancas entre sus manos. Algunos lloraban con una sonrisa en sus rostros, otros aplaudían, otros vitoreaban. Y yo, estaba ahí conteniendo la respiración.
La novia terminó su caminata hacia el altar y se detuvo a mi lado.
- Puede levantar el velo de la novia, su Alteza Real. – decía la voz del cura.
Inseguro, estiré mis manos temblorosas y tomé las solapas del velo, levantándolo y dejándolo caer detrás de la novia. Cerré mis ojos esperando ver al amor de mi vida. Y cuando los abrí, ella no estaba allí.
El hermoso rostro mi Serena había sido reemplazado por el de otra chica. Y yo, tendría que casarme con esta completa desconocida.
¿Cómo saldré de este embrollo en el que me he metido por ser el hijo del Rey?
Prince Ethan:
Sentado al lado de mi padre con una mano en la barbilla por el aburrimiento, escucho a los miembros del concejo, incluyendo a mi padre (el rey), debatir sobre cómo será el baile en el que escogerán a mi futura esposa. Hablan y deciden sobre mi futuro como si yo no estuviese presente. Sé que a mi padre también le molesta, pues él se casó con mi madre por amor. Pero no puede decir nada, los miembros del concejo quieren que me case con una princesa de un reino con el que queramos aliarnos, o con una de las hijas de los miembros del concejo. Y han insistido en que debo casarme antes de la coronación, que será en menos de un año. Han insistido tanto, que mi padre no ha podido negarse.
Así que, aquí estamos... Los miembros del Concejo Real, el Rey, y el Príncipe que será obligado a casarse. Los escucho y veo hablar de cómo será el festejo. Pff, ni siquiera han encontrado una candidata apta para ser mi esposa, y ya tienen planeado cómo será la boda. Pongo los ojos en blanco para mis adentros.
- Debe ser una boda en la que todo sea perfecto. – dice Lady Grace, duquesa de Illis. Una mujer de algunos 60 años, igual que el resto de presentes. – La futura princesa y futura reina debe lucir esplendida. – dice con un brillo en sus ojos.
El resto del concejo murmura en aprobación.
- Ahora. ¿Cómo escogeremos a la futura reina de Hegria? – Pregunta Lord Gordon, duque de Westrus.
Hay un silencio mientras el resto de miembros del concejo piensan en la forma en la que escogerán a mi futura esposa. Esas palabras "futura esposa" me causan nauseas. No quiero casarme con alguien a quien no conozco. Soy alguien muy complicado, y puede que esa duquesa o princesa que escojan para mí, no sea de mi agrado, o yo el de ella. No quiero encadenarme a alguien a quien no soporto y mucho menos a alguien que no me soporta. Pero por lo visto no tengo de otra. Mi padre no hablará por mí, y en estos momentos, el pueblo necesita estas pequeñas distracciones. Y debido a todos los valores que mi padre y mi madre me han inculcado, y los deberes que tengo como Príncipe y futuro Rey, debo darle a mi pueblo lo que quieren con tal de verlos felices.
- Haremos un baile de máscaras. – Lady Era, duquesa de Ellavia, interrumpe el silencio con su propuesta.
- ¿Baile de máscaras? – Pregunta el Rey Phillip, mi padre, con interés.
- Sí, su majestad. – responde Lady Era. – Un baile de máscaras será una buena opción para que el príncipe pueda escoger a la princesa. Como una cita a ciegas.
- ¿Qué es una cita a ciegas? – pregunta Lord Eris, duque de Allanois.
Vuelvo a poner los ojos en blanco, pero a la vez entiendo como un señor de su edad no sabe sobre lo que es una cita a ciegas. No creo que estén totalmente familiarizados con las cosas que los jóvenes hacemos en el siglo 21, pues si lo estuvieran, no estarían organizando un matrimonio por conveniencia.
- Son cosas que hacen los Jóvenes de hoy en día. – dice Lady Grace, haciendo un gesto con la mano. – Acuerdan una cita con alguien sin saber cómo lucen o de donde son, y se conocen en esa cita, si se gustan siguen juntos, si no, entonces buscan otra cita a ciegas.
Se escuchan "ohs" y "ahs" de los otros miembros presentes al acabar de enterarse lo que significa una cita a ciegas. Pongo los ojos en blanco y me rio para mis adentros.
- Entonces está dicho. – dice Lord Gordon. – el baile será próximo sábado, dentro de 7 días. – todos asienten. – Que envíen... - se detiene y frunce el ceño. - ¿Cuántos años tiene su alteza real?
Se escuchan murmurios y suspiros de asombro.
- ¡Es una desgracia que el miembro del concejo no sepa la edad de nuestro príncipe! – Salta Lady Hildegart, duquesa de Northeria, en tono de reproche, cara de asombro y una mano en el corazón como si estuviese ofendida.
- No es necesario que Lord Gordon deba conocer mi edad. – interrumpo aclarándome la garganta, y todas las miradas se posan en mí. Me pongo algo nervioso, pero me controlo. – Tengo 25 años, Lord Gordon. Puede continuar.
Lord Gordon me agradece con una reverencia y continua con lo que iba a decir.
- Queremos que nuestra futura reina sea joven, por lo que invitaremos a las duquesas y/o princesas de reinos aliados, vecinos y del propio, que tengan entre 20 y 24 años, no queremos que sea mayor que el príncipe.
- Deberíamos invitar a las doncellas y noblezas de la ciudad capital. – Interrumpe Lord Eris. Todos lo miran con cara de horror. – El príncipe no escogerá a ninguna de ellas, claro está. – aclara nervioso. – Pero sería una forma de mostrarle al pueblo que son parte de nosotros. – el resto de presentes murmura y asiente en aceptación.
- ¿Qué pasa con los reinos enemigos? – Pregunta Lady Era. – Podríamos invitarlos y así comenzar a mejorar nuestras relaciones con ellos. – algunos miembros asienten y otros desaprueban.
- Solo tenemos un Reino enemigo. – interrumpe mi padre y todas las miradas caen sobre él, pero a diferencia de mí, él no se inmuta por ser el centro de atención. – Grovia debe recibir también una invitación para una de sus princesas. Puede que rechacen nuestra invitación, pero si deciden asistir, y nuestro príncipe escoge como su princesa a una princesa de Grovia, será la mejor forma de terminar con nuestra enemistad.
Mi padre siempre ha sido un sabio, siempre tiene buenas estrategias, y esta no era una excepción. Aunque mi padre sabe lo difícil que será para mi escoger una esposa, intenta que tenga tantas opciones como sea posible.
El resto de miembros del concejo asiente en recibimiento de orden, más que aceptación.
- Entonces queda pactado. – termina Lady Era. – El baile será dentro de 7 días, en el salón de baile del Castillo de Bossia. Las invitaciones deben enviarse todas mañana. – le dice al súbdito encargado de hacer las invitaciones y enviarlas, quien asiente y anota rápidamente todas las indicaciones de la duquesa en su tableta.
- Sus Excelencias. – dice mi padre levantándose de su asiento. El resto de duques y duquesas lo siguen y me obligo a mí también a hacerlo. – Ha sido un placer reunirnos el día de hoy, y que hayamos llegado a un agradable acuerdo. – mi padre siempre habla con decoro, me gusta escucharlo hablar. – Con todo fijado, hemos terminamos nuestra reunión de hoy. Por favor, vuelvan sanos a sus ducados.
Mi padre sostiene la cabeza en alto mientras el resto de presentes hacen una gran reverencia para él, y se retiran dándole a mi padre sus buenos deseos, mientras yo me quedo a su lado un paso detrás de él, haciendo pequeñas reverencias también a los duques y duquesas mientras se despiden, hasta que solo quedamos mi padre y yo. El resto de súbditos de la guardia real también, hay uno en cada esquina de la sala, pero son tan silenciosos y tan estáticos que parece que fueran parte de la decoración.
- Padre. – Le digo cuando ya todos los duques han desaparecido de la sala.
Mi padre se gira hacia mí con una sonrisa, pero con el ceño un poco fruncido en tristeza.
- Bien hecho hoy, mi querido hijo. – me da ánimos acariciando mis hombros con sus manos. - ¿Cómo te sientes?
- Bien, el desayuno estuvo delicioso, aunque ya tengo un poco de hambre. – digo torciendo el gesto un poco.
Mi padre se ríe.
- Podemos ir a robar bocadillos a la cocina real. – dice susurrándome en complicidad. – Pero sabes que no es eso a lo que me refiero. – hace una pausa y suspira. – Sé que no te gusta mucho la idea de casarte con alguien que no conoces.
- Y estás en lo correcto, padre, pero entiendo que es mi deber como Príncipe, y futuro Rey de Hegria.
- Tu madre y yo te criamos muy bien, lo sé. Pero sé que no serás feliz si lo haces tampoco. Así que te diré esto. – me mira fijamente a los ojos. – Si no quieres casarte con ninguna princesa o duquesa que venga al baile, porque estás enamorado de otra mujer, bien sea noble o plebeya... Yo te apoyaré, y tu madre también.
Las palabras de mi padre me conmueven demasiado, me hacen sentir muy feliz de haberlos tenido a él y a mi madre, como mis padres y mis guías en la vida.
- Agradezco mucho tu preocupación, padre, y no sabes lo mucho que tus palabras significan para mí. – tomo su mano. – pero tristemente no conozco a otra mujer fuera del castillo. Nunca he podido enamorarme de alguna chica porque no he tenido tiempo suficiente para conocer a una. Así que lo más probable es que tenga que escoger a una de las duquesas o princesas que asistan al baile. – me acerco a él y lo abrazo fuertemente, él me envuelve con sus brazos irradiando amor. – No te preocupes por mí, padre, estaré bien, de verdad. – mentí. Pero lo que menos quiero es que mi padre se sienta mal por mí.
Mi padre me da una triste sonrisa y asiente lentamente.
- Está bien, hijo. Pero si algo sucede, déjamelo saber, ¿quieres? – Asiento y sonríe. – Iré con tu madre, ya es casi hora del té, si no llego me matará. – bromea. - ¿Quieres unirte a nosotros? Tu madre se alegrará de que la acompañes a beber té.
- Claro. Iré contigo. – le digo sonriente y salimos de la sala en dirección a los jardines reales.
En el camino mi padre y yo nos encontramos con Lord Erin, el hijo del duque de Allanois, y mi mejor amigo.
- ¡Ethan! – llega corriendo hacia donde mí. Pero al ver a mi padre se detiene y hace una torpe reverencia. – Su majestad. – dice jadeante.
- Un placer verte, Erin. – le sonríe mi padre. - ¿Cómo está tu madre?
- Ella está mucho mejor, su majestad. – dice haciendo una reverencia nuevamente y retomando el aliento.
- Me alegra demasiado escucharlo. Salúdala de mi parte, por favor. – dice mi padre cortésmente. Le da una pequeña palmada a Erin en el hombro. – Ethan y yo íbamos a tomar el té con la Reina, eres más que bienvenido a unírtenos. Mientras, los dejaré para que hablen, pero no tarden, la reina los matará a ambos y a mí por llegar tarde. – dice mi padre mientras sonríe.
- No tardaremos, padre. – le digo mientras se va.
Erin y yo esperamos unos momentos a que mi padre desaparezca del pasillo.
- Lord Erin Félix III de Allanois. – digo con una pequeña reverencia con la cabeza.
- Su Alteza Real, Ethan Elric Joseph IV de Bossia. – hace una reverencia con una mano en el pecho y la otra estirada.
Nos quedamos viendo unos segundos y rompemos en risas.
- ¿Qué lo trae por aquí, Lord Erin? – digo fingiendo el acento y la forma de hablar de los duques. Haciendo mi voz más grave, con el mentón en alto y el ceño fruncido.
Erin hace lo mismo.
- El motivo de mi visita, su Alteza Real, es porque vengo a invitarlo a un evento. – Su voz ya es demasiado gruesa, por lo que intenta mantener la misma postura que yo y falla. Por lo que rompemos en carcajadas nuevamente.
Ambos abrimos los brazos y nos damos un fuerte abrazo mientras sonreímos de oreja a oreja. Erin y yo somos amigos desde que tengo memoria, nacimos el mismo año, con solo 2 meses de diferencia. Gracias a que a mi padre siempre le ha gustado visitar su ducado, y que el Duque de Allanois es el mejor amigo de mi padre, hemos estado en contacto desde siempre, y como nos hicimos mejores amigos, viene por unos días a la ciudad capital y se queda en el castillo conmigo. La personalidad de Erin es muy diferente a la mía, él es todo un don juan, las doncellas siempre han soñado con él, es el alma de las fiestas. Siempre me invita a sus fiestas y reuniones, y aunque no asisto a la mayoría, debido a que no debo verme envuelto en un escándalo, a las pocas que he asistido, no me ha gustado la atención que he recibido, pues a las fiestas a las que Erin asiste, son fiestas en las que solo van nobles, todos me conocen, y no me tratan como una persona normal, me molesta que me den tanta atención.
- ¿Dónde es esa fiesta de la que hablas? – pregunto
- No es una fiesta en realidad. Es solo que un par de ex compañeros de la universidad, se reunirán en un pequeño restaurante que abrieron hace poco.
- ¿Qué clase de restaurante es? ¿Habrá muchos ciudadanos? No quiero mucha atención sobre mí.
- Nope, para nada. – responde mi amigo. – Es un restaurante de comida rápida, ya sabes, hamburguesas, pizza, lo típico.
- Sabes que no me dejan comer esa clase de comidas aquí en el castillo.
- Ugh. – dice con cara de asco. – es cierto. Bueno. – se encoge de hombros. – no importa. Vamos, la pasaras genial. Solo estaremos los de la universidad, una de nuestras compañeras trabaja en ese restaurante, así que lo cerrará temprano para nosotros. Nadie allí sabrá que eres el príncipe.
- Hmm... - digo pensativo. – No lo sé, Erin. ¿Qué pasa si me ve algún paparazzi?
- Vamos, Ethan. – me ruega. – Me aseguraré de que no haya ninguno. Solo dile al Rey que saldrás conmigo, y que si quiere te asigne un guardaespaldas, así nos aseguramos de que no haya ningún paparazzi.
- Bien, iremos. – accedo a la petición de mi mejor amigo, quien, al escucharlo, da un puño al aire en victoria.
- ¡Yes! Perfecto. – hace un baile alocado y ahogo una carcajada.
- Vamos, Lord Erin, debemos tomar té con la Reina. – le digo arrastrándolo del brazo hacia los Jardines Reales.
CAPÍTULO 2
Prince Ethan:
Al salir del castillo, el cielo está despejado, hay unas cuantas nubes blancas rezagadas y el sol brilla en lo alto. Los sonidos de las cascadas artificiales de los jardines Reales y los silbidos de los pájaros que hay alrededor, hacen que se sienta calma en el lugar. Ahora entiendo por qué a mi madre le gusta tanto estar en estos jardines.
- Madre, estás hermosa hoy. – saludo a mi madre mientras entro en el pequeño quiosco en el que está sentada con mi padre.
- S-Su majestad. – dice Erin a mi lado haciendo una torpe reverencia.
- Gracias, hijo mío. – me sonríe mi madre en respuesta. – Es un placer verte de nuevo, Erin. – le sonríe a Erin. – Adelante, tomen asiento. – dice mi madre extendiendo una mano hacia los dos asientos vacíos.
Erin y yo procedemos a sentarnos, mi madre nos sirve a ambos un poco de té.
- ¿Cómo estuvo la reunión del concejo real de hoy? – dice mi madre preguntándonos a mí y a mi padre a la vez.
Mi padre y yo suspiramos al unísono.
- Quieren que Ethan escoja esposa el próximo sábado, en un baile de máscaras. – dice mi padre.
- Puah... Qué anticuados. – dice mi madre con el ceño fruncido.
- ¡Qué horror! – dice Erin con expresión de horror, y mi madre asiente.
- Es mi deber como príncipe y futuro rey. – digo encogiéndome de hombros.
- Lo es, pero también puedes negarte. – dice mi madre.
- No lo haré. – respondo.
- Eso lo dices porque no estás enamorado todavía. – dice Erin encogiéndose de hombros y mi madre asiente. Pongo los ojos en blanco e intento cambiar el tema.
- Padre, saldré esta noche con Erin. ¿Puedes asignarme a un solo guardaespaldas? No quiero llamar mucho la atención.
- Le avisaré al jefe de la guardia real. – dice mi padre asintiendo.
- ¿A dónde irán? – pregunta mi madre con curiosidad.
- Es un restaurante nuevo que abrieron en la ciudad, pero iremos solo mis ex compañeros de la universidad. Y cerrarán el restaurante para nosotros, así que no habrá ciudadanos ni paparazis cerca. – responde Erin
- ¡Genial! – dice mi madre con entusiasmo. – espero que se diviertan mucho.
- Lo intentaré. – respondo con una sonrisa.
El resto de la tarde pasa tranquilo. Luego de terminar el té, mi madre y mi padre se fueron. Erin también se fue quien sabe a dónde, y dijo que pasaría a recogerme a las 7 pm.
Media hora antes de que Erin llegara a por mí, he estado intentando encontrar el atuendo perfecto. Todo lo que tengo son camisas elegantes y los atuendos reales, que debo usar para cuando salgo en público, eventos importantes de la realeza y para las reuniones del concejo.
Al final, me decidí por un pantalón de tela y una camisa negra elegante, con zapatos de vestir. Me lavé el cabello y lo dejé sin peinar, solo recogí un poco en una pequeña coleta, dejando la parte de abajo suelta, y con dos mechones rebeldes que siempre se salen, colgándome en la frente. Me vestí, me puse algo de perfume y mientras estaba viéndome al espejo, la puerta de mi habitación se abre de par en par, haciéndome saltar del susto.
- ¿Estás listo? – dice Erin. – Pero que es eso? JAJAJA. – se parte de la risa al ver mi atuendo
- ¿Qué? – miro mi atuendo. – ¿Qué tiene mi atuendo?
- Te dije que debías vestirte casual, no como si fueses a un matrimonio, tonto.
- Esto fue lo más casual que conseguí. Además, si fuese a una boda tendría que usar el atuendo real. – digo con molestia.
- No me digas. – dice con sarcasmo. – Por suerte para ti, tenemos algo de tiempo, pasaremos a una tienda de ropa en el camino y veremos algo que te quede bien.
- No compraré ropa ahora. – replico molesto
- Sí lo harás, no pienso salir contigo yendo así. Como esperas que no te reconozcan si vistes así. – se cruza de brazos y pone los ojos en blanco.
- Ugh. Bien. – pongo los ojos en blanco.
- ¿Ya te asignaron el guarda espaldas? – se lanza de espaldas y se acomoda en mi cama con las manos detrás de la cabeza.
- Sí, es el oficial Cuzz, debe estar esperando abajo. – lo miro con ojos entornados. – Baja los pies de la cama, sucio.
Erin me saca la lengua y luego se levanta y se sienta en la orilla de la cama con los codos sobre los muslos.
- Llamaremos mucho la atención si vamos en un auto de la realeza. – dice Erin pensativo. – pero no importa, le diré que no se parquee cerca del restaurante.
- ¿Tus ex compañeros saben que eres un duque? – pregunto con curiosidad.
- Sí, ¿por qué?
- ¿No te tratan diferente por eso?
- Al principio cuando les conté que era duque, me trataban de Lord y todas esas formalidades, pero les dije que no quería que me trataran diferente, que quería ser uno de ellos, y así lo hacen desde entonces.
- ¿Debería decirles también que soy el príncipe?
- No lo sé, pues es diferente, un duque no tiene tanto impacto o valor como un príncipe, o un futuro rey. No sabría decirte si te trataran normal o como al príncipe.
Asiento levemente.
- Vamos, debemos ir a vestirte mejor. – dice burlándose de mi atuendo nuevamente.
- ¡Deja de burlarte de mí atuendo! – lo miro con ojos entornados y corro tras él con un grito gutural.
El huye de mi levantándose de un salto de la cama y corriendo fuera de la habitación. Ambos corremos muertos de risa.
Nos detenemos ante la presencia del oficial Cuzz. Quien está parado en la entrada del castillo.
- Buenas noches, su Alteza Real, Lord Erin. – nos saluda cortésmente a ambos.
- Buenas noches Oficial Cuzz. Gracias por acompañarnos esta noche. – le devuelvo el saludo
- Buenas noches Oficial Cuzz, iremos a una tienda de ropa, la primera que se le ocurra, no podemos dejar que Ethan salga así. – dice mirando mi atuendo.
El Oficial Cuzz mira mi atuendo y ahoga una carcajada, dejando puesta una sonrisa burlona en su rostro.
- Vamos. – digo exasperado. – ¡mi atuendo está más que bien!
- Claro que sí, su Alteza Real. – dice en tono burlón el Oficial Cuzz.
- Mhmmm – lo secunda Erin.
- Ugh – pongo los ojos en blanco. – vámonos ya.
Me pongo en marcha hacia el auto e intento abrir la puerta, pero cuando tiro de ella, esta no se abre, lo hago un par de veces más, hasta que escucho risitas a mis espaldas, Erin y el Oficial Cuzz están partiéndose de la risa a mis espaldas. Los miro con cara de pocos amigos y el Oficial Cuzz extiende su mano izquierda en dirección a otro de los autos reales que está encendido.
- ¡Iremos en este! – me grita Erin muerto de risa.
Refunfuñando, me apresuro a grandes zancadas y entro en el auto correcto. Erin entra a mi lado y el oficial Cuzz entra en el asiento del conductor, poniendo el auto en marcha.
Al poco tiempo, el oficial Cuzz se detiene en una tienda de ropa llamada Trax. Por lo que veo en los maniquíes que se ven desde afuera, no es un estilo de ropa al que esté acostumbrado a usar, es más del estilo de Erin, quien lleva puesto jeans negros apretados con un roto en las rodillas, una camiseta negra, una cazadora de cuero negra, y botas de cuero negras. Lleva un arete de cruz colgando de su oreja izquierda. Su cabello es negro, pero se lo ha decolorado y se lo ha pintado de un plateado que le queda bien, su cabello liso está un poco largo, le llega hasta las cejas cubriéndole la frente y la parte de atrás en mullet. Debido a su origen, tiene rasgos asiáticos, que lo hacen parecer un Ídolo Coreano.
- Erin, este no es mi estilo. – le digo refunfuñando con el ceño fruncido, mientras me lleva a rastras entrando a la tienda.
- Aysh, te quejas mucho. Camina, sé que te gustará cuando veas como te queda lo que escogeré para ti. – me arrastra del brazo hasta que estamos dentro de la tienda.
Al vernos entrar, una joven que debe tener nuestra edad, nos saluda felizmente. Sus ojos se iluminan al ver a Erin.
- ¡Hola! – habla Erin intentando forzar su voz gruesa a sonar adorable.
Me cruzo de brazos y frunzo el ceño, mientras golpeteo impaciente con un pie en el suelo.
- ¡Bienvenidos! En qué puedo ayudar... les... - la joven chica se queda sin habla, y el color drena de sus mejillas en el momento en el que sus ojos se posan en mí, y los abre como platos en reconocimiento.
Erin se da cuenta y se para frente a mi moviéndose al mismo tiempo que se mueve la cabeza de la joven chica en busca de ver mi rostro.
- Solo... compraremos... un par de cosas... y ... nos iremos... – dice Erin jadeando debido a los movimientos que hace intentando cubrirme de los ojos de la chica.
- Es... Es... El prin...
- ¡No! – Erin interrumpe a la chica. – Él no es quien crees, solo es alguien que se parece mucho.
Erin se recuesta torpemente sobre un expositor de lentes de sol y agarra un par.
- ¿Me prestas estas? Te las pagaremos cuando terminemos de escoger lo que llevaremos. – la chica asiente torpemente y nos muestra el camino. – toma, ponte esto. – Erin me lanza los lentes de sol y me los pongo.
No logro ver nada, y tropiezo con uno de los muebles y caigo sobre el con un estruendo.
Erin y la chica se giran para verme, la chica intenta reírse, pero se detiene, en cambio Erin, se parte de la risa.
- ¿Ves? El príncipe no sería tan torpe. – le dice a la chica en tono burlón.
Emito un gruñido y Erin detiene su risa aclarándose la garganta.
- Eh... Bien, puedes irte. – le dice a la chica. – te llamaremos si necesitamos algo, ¡gracias! – se despide con una sonrisa tonta y agitando su mano. La chica confundida, le sonríe y se va, no sin antes echarme un último vistazo.
- Apresúrate y escoge lo que me pondré, ya me está dando sueño. – me quejo
- Ayy, ¿Cuántos años tienes? Por eso es que no te llevan a escoger tu propia ropa, tonto.
- Sí, sí, lo que digas... - pongo los ojos en blanco, él me devuelve el gesto y me saca la lengua, lanzo un golpe al aire en su dirección y se echa hacia atrás riéndose.
- Bien, bien, iré a buscar tu ropa. Espérame aquí. Y no te quites los lentes.
- Sí, mamá. – replico en tono burlón, me saca el dedo del medio y desaparece en busca de un atuendo para mí.
Luego de unos 5 minutos, aparece con un montón de ropa en y me la tira encima.
- Ten, ve a probártelos.
- ¿Todos? – digo viendo las mil prendas que trajo consigo.
- Sí, todas. Y apresúrate, que llegaremos tarde. – pongo los ojos en blanco y entro al probador con los montones de ropa.
- ¡Pruébate el pantalón negro, con la camisa que quieras! - me grita Erin
Tomo el pantalón del que habla, me lo pruebo y me queda bien, un poco apretado, más de lo que estoy acostumbrado, pero no se siente mal. Luego escojo una camisa roja. Me la coloco y la meto por dentro del pantalón. Abro la puerta del probador y salgo con brazos abiertos.
- Mmm... - Juzga Erin con una mano en la barbilla en gesto pensativo. – No me gusta la combinación de esa camisa con el pantalón, pruébate otra camisa. ¡Siguiente!
Lo miro con cara de pocos amigos.
- ¡Apúrate! – me grita
- Bieeen, ¡ya voy!
Entro nuevamente al probador. Esta vez me pongo un suéter negro. Salgo del probador.
- Siguiente. – Dice Erin. Y con un gesto vuelvo a entrar en el probador.
Me quito el suéter y me pongo una camisa blanca con rayas verticales grises. Salgo del probador.
- Hmm... - Murmura Erin pensativo.
- Sí, sí, ya sé, siguiente. – me giro para entrar nuevamente al probador.
- Espera. – me detiene Erin.
- ¿Ahora qué?
- Prueba ponerte el suéter negro de antes, con esta camisa por fuera.
- Bien. – pongo los ojos en blanco.
Entro por milésima vez en el probador, me pongo el suéter negro y la camisa de rayas grises, como indicó Erin. Abotono los botones de la camisa, la meto dentro de los pantalones y salgo.
- ¿Y bien?
- Hmmm... No lo sé, falta algo...
- Erin. – digo con estrés.
- Espera. – se levanta y viene hacia mí, me mira de pies a cabeza y dice: - desabotona la camisa. – lo hago. – ahora sácala del pantalón, esto es algo casual, no llevamos las camisas encajadas en los pantalones. – pongo los ojos en blanco y lo hago. – Abotona los dos del centro y mete solo la parte de la izquierda dentro del pantalón.
- ¿Así? – digo haciendo lo que ordena.
- Perfecto. Ahora déjame darle un pequeño toque. – abre un poco más la parte superior de la camisa, haciendo que me quede un poco holgada. – Listo, ve a verte en el espejo.
Me giro y me admiro en el espejo. Es un estilo al que no estoy acostumbrado a vestir, pero me sienta bastante bien.
- ¿Y? ¿Te gusta? – Pregunta Erin a mis espaldas.
- No me desagrada. – digo encogiéndome de hombros y haciendo poses tontas en el espejo.
- Claro que sí te gustó. Ahora ponte los zapatos estos. – me muestra unos tenis blancos.
- No me pondré eso, estoy bien con mis zapatos.
- ¿En serio piensas ir con zapatos de vestir? Digo, no van mal con el atuendo, pero no son los mejores para la ocasión.
- Sí.
- Agh ¡bien! – dice Erin por fin. – como quieras. Ahora vámonos, ya vamos tarde.
Luego de pagar, salimos con bolsas de ropa que Erin escogió para mí, las guardamos en el maletero del auto y nos subimos.
Al poco tiempo, el Oficial Cuzz detuvo el auto frente a un restaurante. El letrero de cerrado estaba en la puerta, pero adentro podía ver a unas 4 personas reunidas riendo en la mesa, mientras una chica les servía bebidas y comida.
- Bien, hemos llegado. – anuncia Erin a mi lado. – Vamos, bájate rápido, ¿Qué esperas?
- Oye, ¿esa es la forma en la que tratas a tu futuro rey? – replico fingiendo molestia.
- Tú lo has dicho, "futuro", por ahora no lo eres, así que te trataré como quiero. – se encoge de hombros
- Tonto. – lo molesto y comenzamos a golpearnos en juego mientras reíamos a carcajadas.
- Si siguen así, tendré que llamar a la policía. – la voz de una chica interrumpe nuestra pelea de broma.