El fin justifica los medios.
Una frase que por años e incluso décadas no se ha cansado de oír y define perfectamente su vida.
Muchas mujeres han pasado por ella, precisamente él ha sido quien ha pasado por sus camas, han sido tantas que ya ha perdido la cuenta, pero de todas ha logrado lo que quería y no es que no sepan que es un hombre interesado, porque la retribución es mutua. Les da sexo rudo y salvaje, el mejor polvo que en sus malditas vida podrán tener y a cambio él recibe de ellas lo que desea.
Francamente no es pretencioso en cuanto a gustos, mientras que tengan lo que busca, no le importa su físico, su religión e incluso su edad. Se cree el hombre que todas desean, se siente la última gota de agua en el desierto de hecho él tiene un lema que define perfectamente su arrogancia, ambición, narcisismo y superioridad.
"¡Soy un macho alfa!, todas me desean, todas se mueren por tenerme en su cama y por eso tengo un precio. "
Con solo 25 años de edad, tiene mucho más de lo que cualquier persona de clase media puede conseguir en diez vidas, él lo ha conseguido en un abrir y cerrar de ojos, o bien en un abrir y cerrar bragueta.
Para muchos su estilo de vida es repugnante, para él lo es todo. Su cuerpo es el pasaporte a todo lo que alguna vez ha deseado. Tiene un piso en uno de los barrios más caros de de Buenos Aires, en Puerto Madero, tres autos de colección importados y su ultima adquisición, un yate valuado en cientos de miles de dólares, con que ha remunerado sus servicios una cuarentona muy reconocida en el ámbito político, quien no sólo lo ha iniciado sino que se ha vuelto su favorito desde hace cuatro años.
Dante puede tener todo lo que se propone en un segundo ya que, si lo ve y le gusta, lo quiere. Y sabe que, si se le ofrecen, si le ponen un precio por acostarse con él, lo tiene sin ningún problema. También tiene una abultada cuenta bancaria de la que ha perdido cuenta del monto exacto que hay hace mucho y aun así, le siguen lloviendo los activos. No puede negar que es el mejor en lo que hace y por eso, siempre tiene quien pague sus caprichos.
Sentado en la barra del The clímax, luego de haber tenido sexo sadomasoquista con una cuarentona que ni se molestó en preguntarle su nombre disfruta de un trago cuando se le acerca una señora de la misma edad que la anterior y luego de intercambiar unas palabras y escuchar una ostentosa cantidad de dinero por ser parte de los juegos sexuales que tiene junto a su esposo se decide a seguirla directo a uno de los reservados.
En cuanto llegaron, la mujer le susurra algo al oído a su esposo y este le solicita su cbu, para realizar la transferencia bancaria. Al cabo de unos segundos, el teléfono celular le avisa que a su cuenta bancaria se realizó un deposito por una suma de 30000$ y luego de verificarlo ingresando a su home banking sonríe victorioso.
1- Porque al igual que él, el hombre ha filtrado su aparato telefónico, o como el lo considera al propio "contacto de trabajo" para ingresarlos en el club.
2- Porque ahora sí, comienza su retribución.
- Estoy a sus órdenes.- le informa con una gran sonrisa.
- Desnuda a mi esposa.- dicho esto, toma asiento y enciende un cigarro.
Se ubica frente a ella y lentamente comienza a quitarle la prenda superior, pero en cuanto desabrocha el segundo botón, él marido lo detiene.
- Así no. Arráncale la ropa. Quiero que seas agresivo al hacerlo.- escuchar aquello hace que se excite, pero aun su pene se mantiene en su lugar.
De un solo movimiento le arranca la camisa haciendo que los pequeños botones vuelen para todas partes en la habitación. Busca desesperado el cierre de su falda y con un ágil y violento movimiento logra romper la tela y que esta se deslice por sus piernas. Mira aquel hombre que los observa con detenimiento, buscando en sus ojos la aprobación para continuar y se dispone a arrancarle el sostén, para luego hacer lo mismo con sus bragas.
- Deliciosa.- lo escucha decir, acto seguido le ordena empujarla a la cama. -abre sus piernas lávala y juega con ella.
Su marido le entrega una pequeña toalla de mano y un pequeño recipiente con agua y con la ayuda de sus dedos, Esteban separa sus labios y vierte el frío liquido en ella, la lava bien para luego disponerse a buscar con su lengua su clítoris y comenzar a acariciarlo con gran rapidez.
- Ahhh- jadea y clava sus uñas en sus hombros.
Les gusta...
Se divierten.
Continúa deleitándose con su punto sensible cuando introduce en su vagina su dedo índice y a pesar que la mayoría realiza un desplazamiento hacia dentro y hacia afuera intentando generar placer a su acompañante, ha descubierto que con un movimiento continuo sin sacar el dedo del interior de su vaginal, puede generarles una respuesta física.
-Ohh dios.- exclama en cuanto siente como su yema acaricia su interior a la altura donde se encuentra el clítoris.
Mantiene la intensidad de las caricias en su zona intima y añade pequeños mordisqueos en su pedacito de carne que siente hincharse en su lengua y palpitar.
Se retuerce...
Gime a viva voz y él lo disfrut.
Todos disfrutan.
Ella le pide jadeando que meta su lengua en su orificio anal, a la misma vez que le estimule el clítoris sin sacar su dedo del interior. Dante espera que sea su esposo quien le de la orden para complacer los deseos de la dama.
- Haz lo que te pide mi esposa.
Sin más lo hace y ella se derrite en su boca.
Sus gritos copan todo el reservado y si se concentra hasta puede escuchar cómo el hombre se estruja su miembro, excitado, viéndolos. Observando como otro hombre juega con su mujer.
Juega con su precioso culo mientras se deleita con sus gritos de placer, esos que le arranca desde lo más profundo de su garganta y ya puede sentir el dolor de su gran erección.
Se retuerce bajo sus manos y baja su boca, pero no se detiene. Le gusta hacerlas gozar, disfruta cada gemido que pueden regalarle.
Un buen rato se pasa jugando con sus zonas intimas, cuando ve que las piernas le tiemblan, que su pecho sube y baja descontroladamente, cuando ve que hunde su cabeza en la almohada y se abre más para él. Y es así que presiona su pulgar en su clítoris, mueve su dedo dentro suyo y lame apasionado su ano, hasta que, de un momento a otro, logra ver un liquido blanquecino escurrirse y bañar sus labios vaginales y cómo si su esposo reconociera el momento exacto en el que ella va eyacular, que de un movimiento se acerca donde ambos y con un movimiento de su mano derecha, Dante entiende que debe alejarse para, observar completamente excitado cómo recibe en su boca el orgasmo de su mujer.
- Desnúdate y acerca tu polla a la boca de mi esposa.
Sus ojos verdes lo miran con deseo cuando toma su miembro y se lo acerca a la boca que espera abierta.
-Ahhh- no puede evitar gemir al sentir la humedad de su boca envolviendo su dureza y se estremece en cuanto sus dientes hacen presión en la base del mismo.
Mueve su cuerpo hacia atrás y hacia delante con avidez desesperado por alcanzar su propio clímax, pero no perdiendo la mirada en su cuerpo, en sus pezones erectos que desea tener dentro de la boca, ella nota esa mirada cargada de deseo, de morbo que toma su seno y se lo ofrece para degustarlo.
El joven se inclina y busca atrapar su ceno izquierdo con su boca y jugar con el. Su esposo, los observa mientras la penetra con fuerza una y otra vez.
Ella disfruta...
Se divierte...
Los tres lo hacen.
-Levántate Clarisa. Tú, ponte debajo.- ordena con voz ronca.
La doble penetración es lo que seguía.
Cumpliendo su orden, se acomoda debajo del cuerpo de la mujer quien se ubica de espaldas a él, - métele la polla en el culo.-ordena y de inmediato, obedece, abriéndose paso por su recto de manera directa.
Durante media hora juegan con ella. Primero él abajo, luego arriba. Habrán cambiado de posiciones unas cuantas veces, dándole placer penetrándola salvajemente por la vagina, por el ano y por la boca. Estar en esa habitación, era una fiesta y eso le fascinaba.
- Gracias, prometo recomendarte con mis amigos.- estrecha la mano con el señor, pero no le deja hacerlo con su esposa.
-Con su permiso.- y se retiro hacia la barra a esperar, porque la noche, recién esta empezando.
. . .
-Fóllame el culo.- Le pide desesperada por lo que saca de su ano el dildo, con el que estaba estimulando y dilatando la zona, para poder penetrarla, pero con su miembro. -tú sabes cómo me gusta bebé.
En cuatro patas, sobre la cama levanta su pelvis, dejándole una visión preciosa de sus glúteos, de su apretado ano, por lo que lo escupe y le mete dos dedos que gira a un lado y al otro mientras se masturba para ponerse más dura la polla. De pronto se inclina a morder uno de aquellos y ase asegura de dejar la marca de sus dientes en el.
-¡ahhh! Mmm tú sabes cómo me gusta.- le dice girando su cabeza y mirándolo para luego hacer un gesto lascivo con su lengua.
Le encanta el dolor y a él provocárselo.
Abre su mano derecha y ¡zas! Le efectúa un fuerte golpe en una nalga y continúa haciéndolo hasta que puede ver su piel roja e hinchada.
- ¡SIII! ¡SIII MI AMOR! ¡SIGUE BEBÉ! ¡SIGUE, NO PARES!-. Y mueve su pelvis buscando que no detenga sus nalgueadas.- mmmm, bebé, ya estoy lista. Fóllame duro.- le pide con urgencia.
Le encanta escucharla suplicar y que le pida que la destroce con su erección.
- Házmelo ya, por favor.- le ruega y no quiere hacerla esperar más.
Su urgencia se vuelve la de él.
Escupe en su orificio viendo como su saliva entra en su recto y este se contrae y lo vuelve loco. Se toma su falo entre su mano izquierda, ubica la punta de su verga en la entrada y comienza hacer presión abriéndose el paso poco a poco.
- Ahhh, hazlo ya.- se impacienta, entonces no la hace esperar.
Se hunde y sabe que el grito que hizo eco en la habitación no fue de dolor sino de placer.
- Sigue, por favor.- le dice arrastrando las palabras y temblando completamente excitada.
Él se mueve con fuerza cacheteando sus glúteos constantemente. La enviste tan fuerte como puede y mes deleito con sus gemidos de placer.
Ella goza y él también. Es la tercera vez que se la coge y siempre le pide que sea más violento al hacerlo porque es eso lo que la excita y le da satisfacción. Lo había contratado porque necesitaba algo de diversión en su vida dado que lleva 20 años casada y está cansada de fingir que goza y que le gusta lo que su esposo le hace en la cama.
Mariana Villalva tiene millones y millones de dólares y podría darle lo que desee, de hecho, en su primer encuentro, 5000 dólares fue su pago, en el segundo, una motocicleta y en el tercero, otro auto de colección. Pero si quería seguir viéndose ella tendría que mover sus influencias para darle lo que deseaba.
Dante ya no se conformaba con ser un simple "nene bien" con el que varios se divierten en el The Clímax a cambio de una paga. No. Quería ser famoso, deseaba que todas en todas partes del mundo se enteren de su existencia, que lo deseen hasta en el lugar recóndito del planeta. Literalmente él quería ser el centro del mundo y sólo el protagónico de una película importantísima que se filmara en unos meses en Hollywood, podría dárselo.
- Fóllame duro.- le pide y sus deseos son órdenes, por lo que levanta sus piernas y las ata a cada extremo de la cabecera de la cama para mantenerlas abiertas y poder entrar en ella con más profundidad y penetrarle el ano con fuerza mientras la masturba con sus dedos introduciéndolos en su vagina.
-ahhh... ahhh.
Gime...
Disfruta y él lo hace con ella, los dos la pasan bien, los dos se deshace sobre el cuerpo del otro.
De pronto le pide que se coloque el arnés para experimentar una doble penetración y lo hace.
Se hunde en ella mientras mantiene su dedo pulgar bailando en su clítoris y cierran los ojos para intensificar la magnífica sensación que experimentan sus cuerpos que desbordan por tanto placer.
-Más fuerte.- esa mujer es insaciable y siempre quiere más, tanto que lo desborda.
Desata sus piernas y la alza entre sus brazos para llevarla a la isla en la cocina, jalarla de los cabellos y pegar su rostro en la mesa. Instintivamente ella sube una de sus piernas sobre el mármol se abre completamente para él.
-Buena chica.- dice inclinado para lamer su sexo y el ano con devoción.
Le gusta.
Vuelve a ubicarse en la entrada de su vagina y de un solo envión se adentra en su cuerpo.
El ruido de sus testículos golpeando su cuerpo es exquisito para ambos y eso ahce que se mueva más rápido sin detenerse.
Estruja sus pechos, muerde y estira sus pezones causándole un agudo dolor que ella disfruta y se deshace completamente delante de él.
Ha perdido la cuenta de la cantidad de veces que la hizo llegar al orgasmo, y puede ver y sentir en lo mojado de su torso desnudo sobre el que ella ha eyaculado varias veces. A diferencia de é, que ha llegado al orgasmo tan sólo en dos ocasiones.
Lo que no deja de obsesionarle y no solo en ella, es cuando le suplican que les termine en la boca y verlas tragar su semen le vuela la cabeza y no todas hacen eso por eso él se arrodilla a sus pies. De echo en la intimidad observar que hacen eso lo hace arrodillarse a sus pies.
-Vamos mami déjate ir para mí.- y cómo si esas fueran las palabras mágicas, la orden para que pueda liberarse, se deja ir, se derrite, con él aun dentro suyo.
-Ahhhhhhhh...- la enviste un par de veces buscando su propio placer y cuando siente que esta por alcanzarlo, saca su miembro desde dentro de su vagina y se lo lleva a la boca para que lo ayude a llegar al éxtasis. -mmm...
Ni bien alcanza el orgasmo, se retira de la habitación, hacia uno de los baños de la casa que conoce perfectamente, para higienizarse y luego hablar sobre lo que deseaba, lo cual sería la única paga que aceptaría de parte de ella.
-Hable con la productora a la que conozco hace años, pero me ha dicho que es imposible que puedan designarte dado que se trata de un proyecto importante y por eso contratarán figuras, lo que ellos llaman de primera.- explica y esto no le gusta nada a él.
-Eso quiere decir que no tendré el protagónico de esa inmunda película.- dice despectivo y sentándose en el sillón.
- Bueno, pero eso no importa porque tengo el dinero suficiente para darte lo que desees.- intenta seducirle desde la cama, pero a Dante no le importa eso porque tiene todo el dinero que puede desear, ahora él quería ir a lo grande. Ser sumiso es divertido, pero ser amo sería mucho más ¿no?
-Ser parte de la película deseo, pero si no puedes con eso.- comenta y se pone de pie lo cual a ella eso no le gusta dado que quiere seguir.
-¿Qué haces?.
- Me voy, he terminado.-y toma de encima de la mesa de luz los papeles del auto que revisa que estén todos a su nombre y por último las llaves del vehículo.
-Pero amor.-se pone de pie inmediatamente y se acerca hasta tomarle el rostro, pero da un paso hacía atrás.
-¿Amor? Esto es un negocio para los dos y lo sabes. Te di lo que buscabas y yo.- levanta los documentos y la llave mostrándole su paga.-lo que quería. Y cómo ahora lo que quiero no me puedes dar, entonces no tengo más nada que hacer aquí.- y se da media vuelta para dirigirse hacia la puerta escuchándola gritar y protestar como una loca.
-¡NO ME PUEDES DEJAR!-. Le advierte desquiciada a viva voz.
-¡YA NO ME SIRVES!-. Es lo ultimo que ella escucha antes de que un golpe a la puerta la deje sola con sus gritos. -histéricas.- musita negando mientras carcajea y observa, estacionado, su "bebé" -siento que me corro al verte.- le habla a su nueva adquisición mientras observa en detalle las ruedas, los espejos y lo acaricia mientras lo rodea hipnotizado por tanta belleza.
Mira por ultima vez la mansión y se detiene a escuchar los gritos de la mujer quien grita que nunca va a encontrar una mujer que lo haga gozar como ella y carcajea. "Dante, dejas locas a todas." se comenta a sí mismo mientras ríe subiéndose a su nuevo bebé un majestuoso Ford Mustang descapotable color blanco exportado directamente de Estados Unidos y acelerando a toda velocidad es que sale de la imponente casa de la señora Villalba, esposa de uno de los empresarios petroleros más importante de Latinoamérica.
-¿Estás segura de que nos van a dejar pasar?- le pregunta Aby a Cynthia, una de sus amigas quien llevaba meses acostándose con el patovica del boliche.
-Claro, vos, dejámelo a mí.- le guiña un ojo y se acerca hacía donde había un morocho de un metro noventa de alto, un cuerpazo tallado por los dioses y una virilidad que se notaba bastante bien por encima de su pantalón de vestir.
-¡Dios! ¡Qué buen!
-¡OJO, CON LO QUE VAS A DECIR!-. La corrige Morena, la más tranquila del grupo, anticipando lo que iría a decir respecto a su sexo.
-No seas anticuada.- le susurra justo cuando ven llegar a la rubia meneando las caderas, con una sonrisa victoriosa y robándose todas las miradas.
-Vamos, chicas.- y juntas ingresaron por la puerta del vip.
Cynthia era la más grande de las tres. Con 25 años de edad, trabajaba como dama de compañía desde los 18 años, gracias a su despampanante cuerpo, operado por supuesto y esos ojos color grises que derretían a quien mirase, había podido hacerse de un departamento con todas las comodidades que deseaba, un auto modelo no tan viejo y un par de dólares y pesos en su cuenta bancaria. Era la mayor de cinco hermanos por lo que ayudaba a su madre con la crianza de los niños, todos menores de 16 años.
Morena, era la que seguía. Con 22 años trabajaba como cajera en un bar donde tenía que soportar que algún que otro degenerado maduro le ofrezca dinero por hacerle favores sexuales. De las tres es la que más tuvo que padecer en su vida ya que durante muchos años fue abusada sexualmente por su tío, hermano de su padre y hacía poco se había animado a denunciar gracias a Cynthia y Abigail, sus dos mejores amigas.
Ella, pese a tener también un cuerpo de infarto y natural, no era de utilizar atuendos que marquen demasiado su figura, ya que el trauma vivido en su infancia y adolescencia le ha condicionado hasta las relaciones con los hombres. De echo no ha intimado con ninguno jamás, aunque les haga creer a sus amigas que sí lo ha hecho y muchas veces.
Por último, está Abigail, la más chica del grupo. Con 21 años y un cuerpo del que ella misma se avergüenza, pero nadie sabe, es que es el alma de las fiestas siempre. Nunca ha tenido una relación formal, siempre se ha conformado con ser plato de segunda mesa porque no se consideraba atractiva para los hombres y el hecho de que alguien se interese sexualmente en ella era algo que no podía desaprovechar.
Ante sus amigas, era la mujer más carismática, segura de si misma e incluso más abierta de mente que Cynthia, quien por su trabajo ha probado de todo. Abigail demostraba aceptar sus imperfecciones, resaltando atributos tales como sus senos, aunque por dentro se sentía morir.
A veces el sexo suele tapar lo que realmente uno es por dentro y ella, Aby, lo sabía perfectamente.
-Esto es fascinante.- dice en cuanto ingresó al antro.
-No se queden allí paradas, vamos al primer piso, la zona vip para poder tomar unos tragos.- y ambas comenzaron a seguirla.
Era normal que cada vez que se ponían de acuerdo para salir las tres, la rubia despampanante se llevara todas las miradas, es que Cynthia tenía presencia y se vestía muy bien.
Ni bien llegaron al sector vip, se sentaron en unos sillones y no tardaron demasiado en ver cómo dos jóvenes que no pasaban los 18 años se acercaban como animales en celos a regalarse ante la más experta.
-¿Serían tan amables de traernos dos botellas de los mejores licores del boliche y una seven up por favor?- pese a llevar su propio dinero, siempre encontraba algún desesperado capaz de vender su alma al diablo por estar con ella un segundo.
-¡Eres terrible! – le habla en gritos Aby por la música a todo volumen.
-¡Les vas a pagar?! ¡Así te doy la plata de mi gaseosa! –. Explica la pelicastaña, es decir Morena.
-¡NO, NENA! ¡ESOS TONTOS PAGAN! ¡¿NO TE DISTE CUENTA QUE ESTABAN DESESPERADOS POR QUE LE HICIERAMOS CASO?!
-¡Hablaras de ti! ¡te miran y te devoran!- agrega la pelirroja, Aby, quien no dejaba de reírse a carcajadas.
-¡SH! NOS QUIEREN DEBORAR A TODAS AMIGAS. ¡A TODAS!-. Ríen mientras esperan a que los chicos les entreguen los tragos.
En cuanto aquellos chicos llegaron con sus bebidas, la rubia "los descartó" y se quedaron observando su alrededor calificando a cada uno de los hombres que tenían a su alrededor, en tanto jugaban a fondo blanco.
A carcajadas y ebrias, calificaban a los masculinos presentes des cubriendo e incluso, por la minuciosa observación, que más de uno dibujaban sus preferencias sexuales. Quizás se equivocaban, pero el lenguaje corporal era demasiado evidente.
De pronto, se encuentran observando a un grupo de jóvenes a un par de metros de distancia y al ponerse en evidencia una de ellas al sentirse atraída por uno es que a Cynthia se le ocurre un juego.
-¿Qué les parece si en vez de solo hacer fondo blanco para ventilar secretos que seguramente conocemos muy bien de la otra, lo hacemos y quien pierde cumple una prenda? –
Abigail era igual de descarada que Cyn, solo que muchas veces se sentía inferior a la rubia despampanante, dado que siempre las miradas se iban en la chica y no precisamente en ella. Ninguna de las dos podía descifrar que bajo ese montón de maquillaje y esa actitud de "me como el mundo" se escondía una pobre niña a la que todavía le duele si las miradas de las personas son despectiva y acusadora por estar lejos de los estándares de belleza.
-Me encanta el juego.- menciona de acuerdo Aby.
-No, no me parece.- acota Morena.
-Dale, deja de ser tan tímida así no conseguirás novio nunca.- intenta convencerla la rubia.
-¿Por qué tengo que querer?- se queja.
-¿Para que viniste entonces?- reprocha molesta.
-Bueno chicas.- pone paño frío a la discusión la pelirroja. – juguemos nosotras dos si Morena no quiere. – y no les queda más que aceptar.
Y así comenzó el juego. Los cuatro primeros tragos, la pionera del juego tuvo que realizar prendas que iban de, besar a una chica que la estaba mirando de manera lasciva, hasta provocar a un hombre y dejarlo expuesto frente a todos.
-Eres mala.- le dice al regresar mientras se escucha a varios presentes riendo a carcajadas. -está vez te voy a ganar y ya veras lo que te haré hacer por perra.
-No creo que me ganes, soy experta para tragar rápido.- carcajean porque tomaron en doble sentido ese comentario. -Vamos, deja de reír que me urge verte haciendo el ridículo.
-¿Tan confiada?- y sonríe victoriosa. -el que ríe último, ríe mejor.- y la burla haciéndole gestos con las manos. -More, ve a buscar a la barra y pídele al barman el vodka más fuerte que tenga. Dile que buscamos algo parecido al Spirytus Rektyfikowany.
-¿Vodka?- pregunta burlándose.
-No es cualquier vodka es "EL VODKA" y ya vas a ver por qué. Yo que vos, me preparo porque estarás de rodillas amiga mía.
La pelirroja y la rubia solían salir a desde los 16 años, por lo que han probado varios tragos en la noche, y esa bebida no le era gran cosas. Tenía entrenada la garganta por lo que estaba confiada en que volvería a ganar.
-¿Lista?- se preguntan sosteniendo la medida. -¡Fondo blanco!
Fue entonces que con toda seguridad se llevó el vaso a su boca, pero en cuanto el líquido hizo contacto con su lengua un fuego ardiente la obligó a soltarlo vertiendo el contenido en el suelo y pidiendo agua desesperada.
-¡DIOS, QUÉ ME HAS DADO!-. Reprocha tomando aire intentando aliviar aquella espantosa sensación.
-¡TE GANÉ!-. Grita con euforia saltando como una niñita -Ahora harás lo que yo diga.- se frota las manos con malicia.
-Me estoy quemando viva ¿y piensas en vengarte por las prendas que te he dado?- se encoge de hombros.
-Apuestas son apuestas.- se excusa.
- Bien, dime ¿qué tengo que hacer?- pregunta mientras se ventila la boca.
Cynthia se toma unos momentos para observar alrededor, cuando su mirada la lleva a un joven de unos veinte tantos, con anteojos negros, camisa blanca entre abierta y unos jeans color azules gastados en los muslos. La sonrisa y la forma de moverse le daba a entender que se trataba del típico "niño bien" arrogante, egocéntrico y déspota que se cree que se come el mundo con su presencia y justamente eso mismo era. Un asqueroso arrogante que no le importa nada más que obtener lo que desea en su vida sin importar lo que deba de hacer.
-Ese.- se decide de inmediato.
-¿Quién?- mira hacia donde señala "disimulada"
-El de blanco.- la sonrisa de Aby se borró dado que ese estilo de hombre no le gustaba.
-Ni loca.
-Tienes que. Yo he hecho cosas peores con personas peores. Ese por lo menos es lindo.
-Tiene razón.- la apoya Morena.
-Tú no cuentas. ¿o estas jugando?- la ubica, pero se ríe.
-Está bien. ¿qué tengo qué hacer?- la rubia apoya sus codos en la mesa y deja descansar su cabeza en sus manos y con una sonrisa maléfica le anuncia la prenda.
-Tienes que lograr que tenga sexo contigo.- casi se ahoga con el agua al escucharla.
-En verdad, estás loca. No pienso hacer eso y menos con ese idiota.- dice en voz muy alta y señalándolo.
-Perfecto, entonces me pagas 5000$- la boca formó una perfecta O. -Ya sabes, el que no cumple, paga y ese es el valor.
-Tú sabes que no tengo esa suma, además, trabajo en dos lugares para poder pagar las cuentas y medicación de mi abuela.- pero Cynthia se encoge de hombros.
-Está bien, pero la próxima vez hare que te arrepientas.
-Anda, ve muero por ver cómo logras hacerlo. Puedes llevarlo al otro lado de la puerta verde, que es un baño en inhabilitado y suelen usar para divertirse. – dice enfatizando esa palabra.
No le contesta y justo cuando ve que el chico se pone de pie, se acomoda la pollera de cuero que lleva, realza más su escote, retoca su maquillaje de labios y va directo a seducir a la presa.
-Suerte, mamasita.- se burla y sin darse la vuelta le muestra el dedo corazón.
Abigail jamás imaginaría que luego de ese encuentro y lo que le haga en ese cuarto, no habrá mujer que logre volverlo loco otra vez.
-Me las va a pagar, tenlo por seguro- le advierte a la rubia mientras se pone de pie.
-Muestra esas tetas y saca más culo.- le aconseja burlándose de ella.
-Estúpida- la regaña enfadada y arranca hacía donde está el chico junto a amigos.
Mientras caminaba a paso lento y mirando hacia el suelo iba maldiciendo a Cynthia y a sí misma por dejarse convencer de asistir a ese sitio donde no encajaba y aceptar aquel juego que hará que termine teniendo sexo con un desconocido, mas teniendo en cuenta que ninguna sabía que jamás había sido penetrada por la vaina.
Para Aby era tan vergonzoso que vean su desnudez, que simplemente se conformaba con realizar sexo oral y por ello, era la mejor.
A sus 19 años tuvo su primera experiencia oral, gracias a un juego entre amigos y desde entonces, no pudo dejar de hacerlo. Pero esa noche no solo debía darle placer a un desconocido, sino que lo más probable es que él quisiera tener sexo, como siempre sucedía y debía idear algún plan para salir aireada.
En cuanto llegó dónde el grupo de los jóvenes, uno de ellos se le quedó viendo de arriba abajo, justamente de una manera en la que le hería; y es que tenía un tema con "la mirada" del otro que no la dejaba vivir en paz.
-¿Si?- habla el que la observaba sacándola de su ensoñación, pero no dijo nada.
Se sentía completamente nerviosa y avergonzada.
Aby no tenía un cuerpo que llamara la atención o por lo menos no a ellos. A ninguno. Menos a Dante, que aunque no tuviera problemas en acostarse con cualquier mujer sin importar el físico, la religión, color de piel entre más, siempre y cuando tengan algo que ofrecer, esta chica no solo le era atractiva a los ojos sino que no tenía nada que pudiera interesarle.
O por lo menos no hasta ahora.
Tan pronto tomo una gran bocanada de aire, cerró sus ojos y grito:
-¡Hola!- logrando captar la atención de todos y cada uno.
-¿Si?- le habla el que le había parecido atractivo a Morena -¿Necesitas algo?
Ese chico parecía ser el único amable del grupo, dado que el resto la observaba como si se tratase de una mosca que estaba allí para molestar.
-Eh...- pero no sabía que decir y enseguida supusieron que era otra de las tantas admiradoras que tiene Guillen.
-Creo que es otra de las que se desesperan por meterse en tu cama-bromea otro joven, y a quien le habla no hace una sola mueca, solo se baja los anteojos de oscuros que llevaba puesto para recorrer su cuerpo descaradamente.
-No tengo hambre. Yo paso.- soltó de manera despreciable y se subió los lentes para seguir bebiendo de su trago.
-¿Perdón?- ella no podía creer lo mal educado que era ese tipo. Rebajarla con la mirada había dejado de ser algo que le dolía, para convertirse en una actitud completamente repudiable de su parte.
-El perdón, a la iglesia- suelta apoyando sus brazos en el respaldo del sillón y cruzando sus piernas.
Dante se pasaba de engreído y eso a ella no le gustaba para nada. Enfurecida se regresó dónde sus amigas a las que les había contado con lujos de detalles lo sucedido. Si bien Morena se apiadó y estaba de acuerdo en que debía cambiar la prenda, Cynthia se había obsesionado con que la cumpla. Confiaba en que su mejor amiga lograría domar a esa fiera y a sabiendas de lo desiciva que puede ser cuando dice que no, le juega sucio.
-Hagamos algo. Vas, te lo comes todo que se lo ve bien rico y yo aquí mismo te doy 5.000 pesos uno arriba del otro.
Aby frunció el ceño. Sabía que su amiga era de soltar así por que sí, pero de ahí a ofrecerselo para intimar con alguien la hacia sentir como una prostituta. Por eso, niega y ella redobla la apuesta.
-Te doy el doble. 10.000 pesos – y la hace pensar. -Vamos amiga, es una jugosa oferta que no puedes desaprovechar.
Por supuesto que no podía negarse. Es que le hacía falta la plata. No es que le pagarán poco en sus trabajos, pero si no le fuera suficiente no tendría porque tener dos. Suspiró pesadamente y accedió.
-No entiendo por qué estás emperrada en que este con ese idiota- se mofa cruzándose de brazos.
-Primero, porque es una prenda que voy a pagarte muy bien. Segundo, seamos sinceras, ese tipo está que raja la tierra y tercero, vamos que nosotras sabemos que esa boquita hace magia. Muéstrale, que sé que quedará loco por ti- dice confiada.
-¡Miren! ¡Miren! Se levantó. Quizás va a ir al baño- advierte Morena.
-Es tu oportunidad, Aby. – y la empuja Cynthia.
Respira hondo y caminando tras del joven es que escucha a la rubia gritar:
-¡QUEREMOS EVIDENCIA!-. Frunce el ceño. Definitivamente estaban locas.
¿Evidencia? Qué se supone que deba traerles. Ese último grito le causó gracia ¿Cómo podría demostrarle que efectivamente tuvo algo íntimo con él si no llevaba cámara ni lo permitiría. Simplemente se tendrían que conformar con llevar el tiempo en el que esté encerrada con él.
Sin más y decidida a ganarse esos $10.000 fue tras de él.
Desconocía si estaba en conocimiento de que lo seguía, pero no le importaba, ya buscaría la forma de retenerlo para ganarse ese dinero, aunque deba golpearlo no lo dejaría escapar de su agarre.
Lo alcanzó hasta la barra, donde solicitó algo al barman y se sentó a esperar, segundos más tarde ella llegó y se acomodó a un lado.
-Un Martini, por favor. – le pide y mientras espera a que se lo hagan intenta hablar con él. -Hola.
Dante la mira de reojo y no contesta. Ella, insiste.
-Hola..., Hola.
La perseverancia de Aby logra sacarlo de quicio y aunque deba gritarle, le contesta calmado, pero sin molestarse en mirarla a la cara.
-¿Qué quieres?
Esa actitud mal educada de él hizo que se enfadada, y es que no había nada que le moleste más que no la miren a los ojos al hablar.
–¿Puedes mirarme?
-¿Mirarte? No eres figura de mí agrado para dedicarte un segundo en mirarte- su actitud la dejo con la boca abierta y muy enojada.
-Engreído- susurra pero en un tono que sí puede escucharla.
-Asunto mío- la corta en seco. A él poco le importaba lo que pensara de sí una extraña.
-Egocéntrico. Se cree el centro del universo- prosigue hablando para sí misma y esto último lo hace sonreír.
-Lo soy. Sino por qué me siguen. – responde con orgullo. Dante sabía perfectamente el imán que tenía para con las mujeres e incluso con los hombres. Era el deseo sexual de muchos y muchas y hacia alarde de ello.
–¡Ja! ¿Quién te sigue?- y se pone de pie mirando a ambos lados de manera exagerada -Pues lo siento, yo no veo a nadie- explica volviéndose a sentar, es entonces que voltea a mirarla pero de nuevo, de manera desagradable.
-En frente tengo a una y vaya que esta desesperada- la mira de arriba abajo hasta que llega a sus ojos -si quiera disimula su necesidad- escuchar esto hizo que estalle en carcajadas.
-Por Dios, ¿Eres comediante? ¿Yo, detrás de ti? ¡Ja! Quisieras- se burla.
-No- se acomoda para estar frente a ella. -A mí me gustan las mujeres con experiencia, esas que saben cómo darle placer a un hombre como yo. No niñitas que se piensan que por usar polleras cortas ya son actrices de películas pornograficas- suelta directamente, sin filtro dejándola con la boca abierta.
-¿Qué insinúas?
-No te estoy insinuando nada, te lo estoy diciendo. Me gustan las mujeres que sepan cómo darme un buen polvo y hacer las cosas como se debe y no las típicas tontas histéricas que se piensan que por bajarse el top y subirse la pollera van a tener a un hombre como yo en su cama y que encima van a saber satisfacerlo- niega a carcajadas y se lleva el vaso con su trago a la boca.
"No, este chico es un imbécil y necesita que alguien lo baje de su nube" fue lo que pensó ella de inmediato.
-¿Te crees la última gota de agua en el descuento?- se burla.
-Lo soy- afirma seguro de sí mismo. -Mira a tu alrededor, todas me miran, todas notan mí presencia y puedo jurar que se mojan de solo pensar que las tocó y me las follo- dice riéndose.
-Eres desagradable y repugnante- lo define perfectamente.
- Pero aún así me seguiste y estás aquí. Siéntete privilegiada que te hable- responde sintiéndose importante.
-Tu, deberías sentirte privilegiado de darte mí tiempo- intenta ponerse a su nivel.
-¿Quién te lo pidió? Chiquita, si te respondí fue para darte una alegría y así te vas feliz y contenta. Déjame en paz- concluye al fin pero a ella le enfado aquel comentario. Lo sintió como un reto.
-¿Sabes que quizá tengamos la misma edad? Chiquito- enfatiza la palabra.
-A mí qué. Anda, ve a regalarte a otro que se ajuste a tu Target- sigue ofendiéndola.
-¿Target? Idiota- lo insulta, y es que era demasiadas las ofensas de su parte.
-Bueno, si ya terminaste déjame solo- si quiera se molestó en pedirle por favor, menos en disculparse por las barbaridades que le dijo.
Se iba retirar, pero en cuanto se dio la vuelta recordó que aquella plata la necesitaba para terminar de pagar las remedios que su obra social no le cubría a su abuela y así quedarse tranquila unas semanas. Por eso debía tragarse su orgullo y poner en marcha sus armas de seducción.
-Sabes, supongamos que tengas razón. Que eres todas esas cosas que dices ¿Por qué crees que soy como todas aquí en el antro? ¿Por qué llevo falda y escote? Ummm, no hay que generalizar. Además confío en mí misma y en lo que sé hacer con mí boca. No necesito mostrar mis senos ni subirme la falda para hacerte experimentar el verdadero éxtasis.
Algo que no sabía explicar, logró hacer que él se interesara por escucharle y sumergido en el interés repentino, le responde:
-¿Insinúas que puedes ser mejor que las mujeres con las que acostumbro a follar?- indaga conteniendo la risa.
-No insinúo, te lo afirmo- habla seria y cruzándose de brazos.
-¿Tu?- y con el dedo la señala de arriba abajo. -esto es insólito.
Carcajea, niega y se cómoda mirando hacia el barman que sigue preparando más tragos.
-Si, yo. Estoy más que segura que podría hacerte temblar e incluso pedirme más. – susurra cerca de su oído haciendo que su cuerpo y el de él se estremezca.
Escucharla tan de cerca y con esa voz ronca hizo que su cuerpo se estremeciera y tuviera la necesidad de volver a mirarla, pero está vez de una manera descarada. Es que siquiera él podía explicarse por qué sus palabras penetraron tan hondo su carne.
Su silencio la ánimo a seguir seduciéndolo y al ver qué ya casi lo tenía comiendo de su mano es que fue más allá.
-¿Quieres probar que tan buena puedo ser con la boca?- susurra cerca de su cuello.
Ninguno de los dos podía explicar lo que estaban sintiendo porque para él, ella no le resultaba llamativa. Teniéndola tan de cerca, pudo notar que algo atractiva era, pero al final de cuentas toda mujer lo es maquillada. Para ella si bien era muy guapo, su manera pedante de ser, borraba todo atractivo como hombre. Pero a ambos se les había despertado el apetito sexual.
-No me provoques- responde completamente perdido en la fantasía.
-¿Tienes miedo?- y se corre de su oído, muy cerca de su piel, hasta quedar frente a frente. -¿Temes que tenga razón?- lo desafía.
Lleva sus manos al rostro de la joven y empieza acariciarlo. Las mejillas, los ojos, la frente, la nariz hasta que llega a su boca donde la delinea muy lentamente y cuando se distrae separa sus labios para dejar pasa su lengua y lamer la punta de su dedo, fijando su miraba, una mirada que prendía fuego en él.
Ese gesto le resultó sumamente erótico y no pudo resistirse en morderse en labio inferior como respuesta a lo que le estaba provocando en el cuerpo.
-Vamos- y coloca su mano en su rodilla. -déjame mostrarte que yo si puedo hacerte volar e incluso más alto que las que te han tocado.
Fue entonces que se dejó llevar por sus ojos y la tomó de la barbilla para comerle la boca, pero se hizo hacia atrás.