Una lujosa y elegante villa se elevaba imponente tras el enorme portón de entrada. Justo a su lado, estaba la casa de una familia normal que, en contraste con sus vecinos, se veía por completo insignificante.
"Joven amo, ¿a dónde va? ¡Joven amo, por favor no huya! ¡Espere!", la voz ansiosa de un anciano se podía escuchar casi sin aliento junto con pasos apresurados.
En ese momento apareció un hermoso joven, alto y delgado, con una mirada indiferente en su rostro y se dirigió con rapidez hacia la puerta trasera de la villa. Mientras miraba por encima del hombro con disgusto a quien lo perseguía, aceleró más el paso y, sin dudarlo, abrió la puerta y salió.
Preocupado de que lo atraparan y no pudiera escapar, escaneó el área y se sintió decepcionado al darse cuenta de que no había ningún lugar donde esconderse. Sin embargo, de repente, notó que la puerta de la casa de su vecino estaba abierta. En un impulso desesperado, no lo pensó demasiado y entró allí para ocultarse, pues era la única opción disponible.
En pocos segundos, el viejo mayordomo rápidamente salió y se quedó detenido justo donde había estado parado el joven señor hace unos instantes. Jadeando y preso del pánico, miró a su alrededor buscándolo, pero solo había un camino vacío frente a él sin señales de nadie. Un escalofrío de terror le recorrió la espalda y se extendió por todo su cuerpo, esta sí que era ahora una situación seria y preocupante. Si algo le pasaba al chico, ¡estaba bastante seguro de que el viejo amo, el abuelo, definitivamente se enojaría muchísimo con él!
Cuando las gotas de sudor comenzaron a acumularse en su frente y las piernas le temblaban, el mayordomo les gritó a los sirvientes detrás de él: "¡No se queden ahí parados como unos inútiles! ¡Dense prisa y encuentren al joven amo! ¡Si fallan, me aseguraré de que no les paguen su salario!".
Ante esta amenaza, los sirvientes empezaron a tomarse el asunto más en serio y estuvieron dispuestos a encontrarlo como sea. Se dispersaron rápidamente por distintos lados para buscar al joven, mientras el mayordomo daba un paso adelante, con las manos ahuecadas sobre su boca y gritando a todo pulmón.
"¡Joven señor! ¡Ryker! ¿Dónde está? ¡Regrese, por favor!".
Cuando los gritos del anciano y los pasos apurados de los sirvientes se desvanecieron poco a poco, Ryker Ning relajó un poco su vigilancia y su cuerpo, que permanecía en tensión mientras estaba escondido, se relajó con alivio. Por el momento, parecía haber logrado escaparse y que nadie lo encontraría allí.
Con el ceño ligeramente fruncido, el joven examinó cuidadosamente el lugar a su alrededor por primera vez. Estaba en un lindo jardín pequeño, limpio y ordenado que probablemente pertenecía a una familia común. Pero, tomando en cuenta el silencio del lugar, no había nadie en casa en ese momento.
Ryker se aclaró la garganta sonoramente y preguntó poco convencido: "¿Hola? ¿Hay alguien aquí? ¿Hola?".
Pero nadie le respondió, solo escuchó el eco de sus palabras en el espacio vacío del pequeño jardín. Sin duda, estaba solo. Angustiado y cansado por su escape, vio un hermoso árbol cerca. Se acercó a él para sentarse sobre la hierba y descansar bajo su sombra. Su hermoso rostro parecía un poco desolado.
Ese día ocurrían dos cosas que lo consumían emocionalmente. Su padre celebraba una nueva boda y su madre cumplía el primer aniversario de su muerte.
Ryker sabía que su familia no era como las demás, no todos eran tan ricos y poderosos como ellos. Sin embargo, lo que más lo sorprendía y afectaba, era que ningún miembro de la familia Ning conocía lo que era el amor, el afecto o el cariño entre unos y otros.
Sus padres se habían casado debido a una típica alianza comercial entre familias poderosas e influyentes. Por lo tanto, su relación era muy frágil, sin ningún tipo de conexión sentimental. A diferencia de otras parejas casadas que habían estado enamoradas durante muchos años, sus padres siempre se habían tratado con la más absoluta frialdad, como si realmente fueran desconocidos haciendo negocios. Así que no fue una sorpresa para nadie cuando su padre se presentó con una nueva amante poco tiempo después de que su madre muriera en un accidente automovilístico.
Ryker realmente no culpaba a su padre por casarse de nuevo, pero no podía aceptar que escogiera justo este día para hacerlo. Sin importar lo mala que fuera su relación con su difunta esposa, habían estado juntos durante más de diez años. ¿No podría al menos mostrar algo de respeto y elegir otra fecha? ¿Cómo era capaz de celebrar felizmente una boda con otra mujer el mismo día en que murió su ex esposa, hace un año?
Ryker era incapaz de entender por qué los adultos actuaban de esa forma y eran tan indiferentes entre sí, como si nada de eso importara.
Apoyado contra el gran árbol, el chico cerró sus hermosos ojos con lentitud en un gesto de tristeza. Como si fueran gotas de lluvia en un día oscuro de tormenta, las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas. Había pasado solo un año desde la muerte de su madre cuando su papá encontró una nueva novia, y hubo demasiados cambios en la familia que modificaron su dinámica y él ni siquiera había superado el luto. Simplemente eran demasiadas cosas para que un chico de trece años pudiese soportarlo.
Quizás porque había estado reprimiendo sus sentimientos durante mucho tiempo, sus lágrimas silenciosas pronto se convirtieron en fuertes sollozos. Así, finalmente se desató la tormenta de su llanto dominando todo su cuerpo. Enterrando su cabeza entre las rodillas, lloró con una tristeza infinita soltando todo lo que tenía acumulado dentro de su corazón.
De repente, una dulce voz infantil se escuchó a su lado: "¡Hola! ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?".
La voz le pertenecía a una pequeña niña con grandes ojos sobre una cara regordeta con mejillas rosadas. Miró a Ryker con curiosidad, pero al darse cuenta de que no le respondía y la seguía ignorando, se acercó a él extendiendo sus pequeños bracitos para empujar levemente sus hombros.
Sin embargo, apenas Ryker sintió su toque en el cuello, levantó la cabeza hecho una furia con los ojos llameando por la molestia. Parecía un animal herido cuando, luego de verla, bajó los ojos y rugió: "¡Lárgate! ¡No me toques!".
La niña no entendió a qué se refería con la primera palabra, pues era muy pequeña para conocer ciertos términos y no supo que él le pedía que se fuera de ahí. Con la mirada interrogante y agarrando su cabello cuidadosamente trenzado con sus deditos regordetes, preguntó aturdida: "¿Lárgate? ¿Qué quieres decir con eso?".
Ryker estaba tan asombrado por lo que escuchó que no supo cómo responder. Así que mirando a la inocente niña, le soltó: "¡Lárgate! ¡Déjame solo!".
En ese instante la niña rápidamente comprendió que no sería nada fácil llevarse bien con este chico. Entonces, dio un paso atrás haciendo una mueca, decidida a irse.
Mientras, Ryker hundía su hermoso rostro entre sus rodillas una vez más para llorar suavemente. El pequeño extrañaba mucho a su madre. Y ahora que ella se había ido para siempre, otra mujer ocuparía su lugar como la señora de la casa. Siendo así, ¿cómo podría él volver a ese extraño lugar?
Apenas llegaron a sus oídos los sollozos del jovencito, la niña se detuvo en seco vacilante. Luego, se llevó los dedos a la boca, pensando en que este chico guapo parecía estar realmente triste.
La pequeña se encontraba buscando en su mente una manera de hacer que él dejara de llorar.
Hasta que se le ocurrió algo. Hace unos segundos, el niño le gritó que se largara, de modo que si ella le hiciera caso, tal vez él podría contentarse y dejar de llorar.
Sin embargo, la pequeña se estaba en un dilema. Pues realmente no tenía idea de lo que se suponía que significaba "lárgate".
'¿Será algún tipo de comida?', se preguntó con una sonrisa tonta en su inocente rostro. De repente, recordó un momento en el que sus padres tuvieron una pelea. En aquella oportunidad su madre también lloró y le gritó "lárgate" a su papá. Cuando él la escuchó, se tiró al suelo y comenzó a rodar, viéndose tan ridículo que su madre no pudo evitar echarse a reír. Después de hacer eso, ella dejó de estar enojada con él.
En vista de ello, la niña retrocedió lentamente para acostarse en el césped junto a Ryker. Seguidamente, con una pícara sonrisa, rodó de un lado a otro mientras le gritaba: "¡Oye, no llores! ¡Mírame! Ahora deja de llorar, por favor".
Al oír su voz, Ryker alzó la cabeza confundido. Al principio se sorprendió, pero luego estalló en una carcajada llena de alegría.
Por su parte, haciendo su mejor esfuerzo por animarlo, Kara continuó sacudiendo su cuerpo regordete sobre la hierba. Incluso su fino cabello se enredó con algunas hojas marchitas y su rostro se ensució.
Por alguna razón, ese comportamiento errático de la chica hizo sentir cálido a Ryker, que a pesar de ser un fanático de la pulcritud, levantó a la polvorienta Kara del suelo para acogerla en su regazo. Acto seguido, con sus delgados dedos, cuidadosamente quitó una a una las ramitas que se quedaron pegadas a su cabello.
En cuanto a Kara, exhausta por rodar tanto, jadeó en busca de aire. Aun así de agotada, sus ojos brillaron de felicidad al ver la sonrisa del chico. En un descuido tocó la camisa blanca del joven, dejando marcada una huella que a él no pareció importarle. Acto seguido, dijo en voz baja: "Estás sonriendo. ¿Ya estás feliz?".
Ryker sacó un pañuelo de su bolsillo para limpiarle la cara, antes de responder: "Sí, estoy sonriendo. ¿Te parece importante?".
Kara no entendió exactamente lo que él quiso decir. Pero asintió con seriedad, diciendo: "¡Es que te ves feo cuando lloras!".
Sin duda, la palabra "feo" sacudió la confianza de Ryker, que en función de salvar su imagen, le mostró su sonrisa más encantadora. "¿Y ahora? ¿Me veo guapo?".
Esto casi hizo que la pequeña babeara de admiración, murmurando: "¡Guao! ¡Eres hermoso!".
Al oír eso, Ryker se rio entre dientes sintiéndose orgulloso. Francamente no sabía por qué la tonta reacción de la niña no le molestó en absoluto. De hecho, lo divertía.
Allí, saboreando el momento en secreto, de pronto sintió unos suaves labios rozando los suyos con una fragancia dulce como el caramelo invadiendo sus fosas nasales. El chico de inmediato abrió los ojos con incredulidad.
¿Qué acababa de pasar? ¡Ella lo besó!
En casa, el padre de Kara le solía decir que era muy linda y siempre le daba un beso rápido como muestra de cariño. Incluso sus familiares y amigos cercanos le hacían lo mismo todo el tiempo, así que para ella era una reacción natural. Fue por eso que besó abruptamente a Ryker.
Con el tiempo, se había acostumbrado a la idea de que si se encontraba con una persona linda, tenía que expresarlo dándole un beso.
Ella inclinó la cabeza, lo miró con curiosidad y, parpadeando con sus hermosos y grandes ojos negros, sonrió. La boca de ese chico era muy diferente a la de su padre. La del adulto apestaba, pero la de él tenía el aroma de su gelatina preferida.
Pensando en esto, sintió de repente un poco de hambre y ganas de comer algo dulce. ¿Qué debería hacer? Tenía tantos deseos de morderle la boca que, al final, no pudo contenerse. Lentamente sacó su pequeña lengua y lamió con suavidad los húmedos y delgados labios del chico.
El hermoso rostro de Ryker se sonrojó en un instante mientras quedaba petrificado por lo que ocurría. Estaba tan asombrado, que solo pudo mirarla incrédulo por esa travesura tan audaz a la que se atrevía. Por un momento, aún inmóvil, se olvidó incluso de apartarla de él o separarse de su boca.
Kara, por su parte, le lamió los labios con tanta fuerza que se mojaron más y brillaban haciéndolos ver muy atractivos. De repente, los mordió con sus dientes blancos como si comiera gelatina. Fue ese el momento en el que, finalmente, el chico reaccionó.
"¡Ay!", gritó Ryker haciendo una mueca de dolor. Estaba completamente perdido, pero cuando sintió que ella no tenía intención de aflojar su mordida, rápidamente la empujó con fuerza y gritó: "¡Basta! ¿Por qué me mordiste?".
"¿Qué? Yo no te mordí, solo quería comer gelatina", Kara parpadeó con inocencia. Estaba aturdida por su reacción, le sorprendía que la gelatina no pareciera dulce en absoluto.
"¡Eres una pequeña tonta! ¡Mordiste mis labios, no tu gelatina barata!", Ryker reclamó enojado mientras se cubría los labios heridos y palpitantes con ambas manos.
"Yo... ¿No puedo comerlos?".
"¡Por supuesto que no puedes comerlos! ¡Son mis labios! ¿Cómo se te ocurre?".
"Oh... Bueno, está bien", Kara hizo un puchero y volteó la cabeza decepcionada. Ryker suspiró en silencio mientras veía cómo el rostro de la niña se transformaba en tristeza, sin saber qué decir. ¿Qué pasaba con ella? Su actitud era demasiado extraña. Seguro era muy joven para entender las cosas, incluso sus propias palabras las confundía.
Entonces, la miró con atención. Tenía la piel clara y era rellenita, resaltaban sus grandes ojos negros y redondos, enmarcados por unas hermosas pestañas largas y rizadas naturalmente hacia arriba. Sin duda, era una niña muy linda.
"Tu nombre es Kara, ¿verdad? ¿Cuántos años tienes?", le preguntó esta vez con amabilidad. Aún sosteniéndola con sus brazos, se movió a una posición más cómoda por el peso.
Kara apoyó la barbilla en el brazo de Ryker y contó con sus dedos regordetes lenta y cuidadosamente hasta que, cuando terminó, levantó la mano y le mostró tres dedos. Pero pronto, con duda, agregó otro dedo para hacerlos sumar cuatro en total.
Al ver que ella estaba en un dilema porque no sabía bien cuál era su edad, él se echó a reír encantado. Le tocó la cabeza cariñosamente con sus delgados dedos y dijo entre risas: "¡No puede ser! ¿No sabes cuántos años tienes? ¿O es que todavía no sabes contar?".
Las bromas de Ryker hicieron que Kara se enojara ofendida, haciendo pucheros le respondió de inmediato: "¡Claro que sé contar! Ya estoy en el jardín de infancia. Ahora tengo tres años y nueve meses, simplemente no tengo suficientes dedos para contarlos".
Otra carcajada ruidosa salió de la boca del chico: "Realmente eres muy divertida".
Ryker comprendió de inmediato lo que Kara quería decir y por qué le había costado hacerlo. Simplemente quería usar sus dedos para mostrar que tenía tres años y nueve meses con exactitud, pero le faltaban dos dedos más, así que tuvo dificultades para poder mostrarle el número. Su lógica infantil no estaba del todo errada, y por eso le causaba al chico tanta gracia. Las comisuras de su boca no pudieron evitar levantarse ligeramente en una sonrisa de burla. Formaba un arco tan hermoso con sus labios, que hacía que su ya bello rostro pareciera aún más encantador que nunca.
¿Por qué esa pequeña Kara era tan adorable?
Mientras la miraba pensativamente, algunas ideas extrañas comenzaron a surgir en su cabeza. Como ella tenía tres años y él trece, solo era diez años mayor. Así que su diferencia de edad no era tan grande, después de todo. Además, a muchas chicas les gustan los hombres maduros.
De repente, Ryker sacudió la cabeza totalmente sorprendido por sus propios pensamientos.
¿En qué diablos estaba pensando? De hecho, incluso se estaba imaginando a sí mismo casándose con la pequeña Kara cuando ella creciera y fuese una mujer. ¿Qué le pasaba hoy? ¿Había perdido por completo la razón? Tenía que dejar de pensar en esa loca idea.