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Si lo hacemos más despacio

Si lo hacemos más despacio

Autor: : Happy Searching
Género: Hombre Lobo
Jennifer Smith era la hija del Alfa. Su familia fue destruida por traidores que venían de dentro de su manada. Su madre murió de una enfermedad; su padre fue asesinado por el Beta; y su manada fue conquistada. Sola y encarcelada, Jennifer escapó para recurrir a la manada de Dark River, donde finalmente fue esclavizada. Aunque fue constantemente abusada e insultada, nunca se rindió ni admitió la derrota. Su pareja resultó ser Anthony Jones, el príncipe licántropo del reino de Osman. El reino de Osman gobernaba sobre todas las manadas. Pero el noble príncipe parecía tener su propio secreto. El gran poder de Jennifer atrajo al príncipe y la llevaron rápidamente al campo de entrenamiento real, donde su destino cambió para siempre. Hambrienta de venganza contra aquellos que destruyeron a su familia, Jennifer se concentró con todo el corazón en el entrenamiento. ¿El príncipe Anthony rechazaría a Jennifer por su humilde identidad? ¿Qué les pasaría en el campo de entrenamiento? ¿Qué elegiría ella entre el amor y el odio? ¿Y cuál era el secreto del príncipe?

Capítulo 1 Una princesa en problemas

PDV Jennifer:

"¡Jennifer, zorra! ¿Dónde está mi collar de perlas?", gritó Barbara desde fuera de mi habitación.

Me sorprendí tanto al escuchar su voz, que guardé el collar de perlas en la caja de madera a toda prisa, y luego la escondí debajo de la almohada.

Apenas me había levantado de la cama cuando abrieron la puerta de una patada. Ella entró a toda prisa junto a un grupo de hombres lobo, seguida por Luna Debra, cuyo rostro estaba cubierto con una gruesa capa de maquillaje, que desafortunadamente, no podía ocultar las arrugas que tenía en las esquinas de los ojos.

Estas dos mujeres siempre se vestían de manera extravagante, como si quisieran hacer alarde de todas las joyas que poseían en un solo atuendo.

"Luna Debra, señorita Barbara, ¿qué puedo hacer por ustedes?", pregunté cortésmente, saludándolas como de costumbre con una sonrisa amistosa en el rostro.

"Jennifer, ¿dónde está el collar de perlas que suelo usar?", gruñó la más joven de las dos mujeres, a la vez que agarraba mi cuello y me miraba con furia. "¡Zorra! Siempre has sido una ladronzuela. Tú eres quien limpia mi habitación. ¿Dónde pusiste mi collar de perlas favorito? Lo he buscado por todos lados y no lo encuentro. Tú lo robaste, ¿verdad?".

"Señorita Barbara, no he sacado nada de su habitación. No puede acusarme sin pruebas", respondí pacientemente en un tono que no era ni humilde ni agresivo.

"¡Zorra desvergonzada! ¿Cómo te atreves a hablarme así? ¿Quieres pruebas? ¡Pues vamos a encontrarlas ahora mismo!", espetó la malvada mujer y me empujó hacia atrás. Luego, se volvió hacia los hombres lobo que la acompañaban y les ordenó que registraran mi habitación.

Mi pequeño y viejo cuarto de pronto estaba patas arriba. Arrojaron al suelo la vieja colcha que estaba encima de la cama, y luego patearon la pequeña mesa de madera y el taburete de forma estrepitosa. Lo que era peor, tuve que ver a Barbara caminar sobre mi edredón con sus caros zapatos de tacón alto sin poder hacer nada para impedirlo. Incluso recogió la tetera medio vacía que se había caído al suelo y vertió toda el agua sobre este. Era como si estuviera aprovechando la oportunidad para desahogar toda su ira.

Traté de mantener mi rostro inexpresivo mientras observaba cómo los rufianes convertían mi alcoba en un desastre, pero el resentimiento se apoderó de mi corazón y se reflejó en mis ojos.

"¿Cómo te atreves a mirarme de esa manera? ¡Ya verás lo que te pasará cuando encuentre el collar!", gritó ella, clavando sus talones aún más fuerte en mi edredón.

Apreté los puños para reprimir la ira y la ignoré por completo; sin embargo, al pasar unos segundos, vi que los hombres lobo continuaban arrojando todas mis pertenencias al suelo y no pude mantenerme callada por más tiempo. "¡Deténganse! No he robado nada. ¿Por qué están haciendo esto?", grité.

"¿Por qué? Pues la respuesta es muy sencilla. ¡Soy la hija del Beta, mientras que tú solo eres una esclava, un pedazo de basura que dejaron abandonada!", se burló de mí.

"No es noble en absoluto. Es solo una huérfana que fue adoptada por la Luna", respondí con fiereza.

Antes de que los padres de Barbara murieran, eran amigos cercanos de Luna Debra. Esa era la razón por la que la pareja del Alfa la había acogido, pero en términos de linaje, yo era mucho más noble que ella. Realmente yo no sabía qué había hecho para ofenderla. Desde el principio, yo siempre le había desagradado y me causó problemas tanto en público como en privado.

En ese momento, una loba volcó mi almohada y la pequeña caja de madera cayó al suelo.

"¡No!", exclamé y corrí al instante para tomarla antes que ellos, pero justo cuando estaba a punto de hacerlo, la protegida de la Luna de la manada me pisó el dorso de la mano. Su talón se clavó en mi piel hasta que la sangre comenzó a brotar. No pude menos que hacer una mueca por el dolor agudo que sentí en ese momento.

"Zorra, ¿cuál es la prisa? ¿Por qué te importa tanto esta caja destartalada? Debes estar escondiendo algo en ella", se burló Barbara.

Una loba recogió el pequeño cofre y se lo entregó. Cuando la malévola mujer lo abrió, descubrió el collar de perlas que estaba dentro.

Intenté levantarme, pero ella clavó su talón más fuerte en el dorso de mi mano y me inmovilizó.

Tenía miedo de lastimarme aún más si me levantaba abruptamente. El dolor físico era demasiado intenso para soportarlo, pero no se podía comparar con la profunda pena que sentía en mi corazón.

"¡Luna Debra, mira!", gritó la chica, quien tomó la valiosa joya y la agitó triunfalmente frente a la pareja del Alfa. "¡Te dije que esa zorra me había robado el collar! Ella simplemente se negó a admitirlo. ¿Cómo puede una esclava como ella tener una prenda tan cara?", espetó, mirándome con desdén.

Al observar el collar, Luna Debra frunció el ceño y asintió con la cabeza.

"Le ofrecimos un techo para vivir, ¡pero ella nos robó! ¿Cómo se atreve? Debe ser castigada severamente", continuó Barbara, tratando de que su protectora se enfadara aún más.

"¡Ese collar es mío! Señorita Barbara, mírelo con atención. Este no es igual al suyo", discutí, mordiéndome el labio inferior.

"Aunque no me pertenezca, tampoco puede ser tuyo y como perdiste el que estaba en mi habitación, tomaré este como compensación". La cruel chica apretó el collar que tenía en la mano, me dio una patada en el pecho y luego tiró la caja de madera al suelo.

"¡Luna Debra, por favor, haga algo! Barbara no está siendo razonable", supliqué, volviéndome hacia la mujer loba más importante de la manada, quien era mi último rayo de esperanza.

Sin embargo, esta lanzó una mirada de desprecio. "Si perdiste el collar de Barbara, ¿no deberías compensarla? Deberías sentirte agradecida de que ella no te haga responder por esto", dijo burlonamente.

Apreté los dientes con ira. Sabía que no había nada que pudiera hacer contra estas dos perversas mujeres, así que no tuve más remedio que tragarme el insulto y la humillación. Solo de pensar que la desalmada joven me estaba arrebatando el collar que me había dejado mi difunta madre, casi perdí el control. Realmente deseaba poder destrozar los rostros de ellas y darles de su propia medicina.

"Luna Debra, vámonos. La habitación de esta perra está tan sucia que no es digna de tu presencia". La petulante joven tomó a Luna Debra del brazo y se marchó con un aire de arrogancia, escoltada por los hombres lobo.

"Zorra, no tendrás comida durante todo el día de mañana. Eso es lo que te mereces por fastidiarme", agregó antes de irse.

El día siguiente era mi decimoctavo cumpleaños, pero resultó que me iba a morir de hambre todo el día. El odio hirvió en mi corazón mientras miraba cómo mis enemigas se alejaban. '¡Un día, les haré pagar por todo lo que me han hecho!'. Me juré a mí misma en ese instante.

Durante un largo rato, me senté en el suelo con las rodillas pegadas al pecho, balanceándome hacia adelante y hacia atrás en la oscura y desordenada habitación. Una fría brisa entraba de vez en cuando a través de la ventana rota, lo que me hacía temblar de pies a cabeza. Aún no había llegado el invierno, pero ya se sentía un clima gélido. Apretando mi viejo delantal alrededor de mi cuerpo, finalmente me puse de pie, caminé hacia la puerta y al cerrarla, la madera astillada crujió.

Luego, me di la vuelta, recogí la caja de madera que estaba en el suelo y limpié el polvo con mi delantal. Las lágrimas finalmente corrieron por mis mejillas.

Ese collar de perlas me lo había dejado mi madre, quien había muerto hacía años. Siempre que la echaba de menos, lo miraba y recordaba los tiempos que pasaba con ella.

De hecho, no nací para ser esclava. Mi padre, Lewis Smith, y mi madre, Doris Smith, eran el Alfa y la Luna de la manada del Arcoíris. También tenía un hermano mayor, Jerome Smith. Mi familia siempre me protegió, así que mi infancia fue muy feliz.

Pero cuando tenía siete años, mi madre murió, luego de una repentina enfermedad. Se decía que las cosas malas nunca venían solas. Poco tiempo después, Beta Arthur y algunos otros traidores se rebelaron contra mi padre y lo mataron. Mi hermano mayor me sacó de la manada para mantenerme a salvo, pero los dos nos perdimos durante nuestra fuga.

Después de vagar por mi cuenta por un tiempo, me uní a la manada del Río Oscuro. Por supuesto, no me atreví a revelarles mi verdadera identidad. A partir de entonces, me encargué de lavar la ropa y cocinar todos los días, convirtiéndome en una esclava de esta manada.

Más tarde, escuché que Beta Arthur había llegado a ser el Alfa de la manada del Arcoíris. ¿Cómo podría un traidor convertirse en Alfa? ¡Era ridículo!

Cargué en silencio con todos los males y desgracias que había sufrido en mi corazón, incluida la traición de Beta Arthur, la injusta muerte de mi padre, la desaparición de mi hermano y la forma en que fui insultada y maltratada a diario en la manada del Río Oscuro. Mi mayor deseo era volverme cada vez más fuerte para un día poder saborear mi venganza.

Capítulo 2 Aceptar el rechazo

PDV Jennifer:

Me encontraba sentada en la cama, y la rabia crecía en mí lentamente al mirar la caja de madera vacía que sostenía entre las manos.

"Todo va a estar bien algún día, Jennifer".

De repente, una voz me sacó de mis pensamientos.

"¿Quién eres?", pregunté exaltada.

"Soy Eva, tu loba. ¡Feliz cumpleaños número dieciocho, Jennifer!".

"¡Al fin puedo escuchar tu voz, Eva!", le dije emocionada mientras sentía las lágrimas rodando por mi rostro. Eran lágrimas de alivio, ya no estaba sola y por eso me alegré un poco. Justo en ese momento comprendí que era de madrugada, pasadas las doce de la noche. No me había dado cuenta, ya tenía dieciocho años. Ahí fue cuando mi loba se hizo presente y me dijo:

"Siempre podrás contar conmigo Jennifer, voy a estar a tu lado toda la vida".

"Muchas gracias, Eva. Sé que ya no voy a estar sola, porque te tengo a ti". Sonreí ante la idea de que ya mi vida no sería tan solitaria.

"Nunca estarás sola de nuevo, Jennifer. Verás que dentro de poco encontrarás a tu pareja".

"¡Claro que sí!", dije con emoción. "Como tengo dieciocho años, soy mayor de edad. En cuanto pueda recuperar el collar de mi madre, me largaré de este maldito lugar y buscaré a mi pareja".

Si había algo en este mundo que yo deseaba, era encontrar a mi pareja, mi alma gemela. Aún recordaba que el amor que mis padres se profesaban era maravilloso y yo quería eso para mí. Tenía el presentimiento de que mi pareja sería gentil conmigo, no sabía cómo ni por qué, pero lo sabía.

Mi edredón estaba húmedo, por culpa de Bárbara, y la herida que tenía en la mano aún dolía bastante, lo cual me trajo nuevamente a la realidad. Me encontraba enroscada en la cama en estas condiciones tan lastimeras y, a pesar del hambre y el frio me quedé dormida. Solo que esta vez tenía esperanza y grandes planes para mi vida.

Amaneció y sin perder tiempo me dirigí hacia la casa de Bárbara, pues tenía que limpiarla. Esa desgraciada me había arrebatado el collar de perlas de mi madre, así que tenía que recuperarlo sí o sí, puesto que era mi único recuerdo de ella.

Luego de entrar a la casa de Barbara, fui directamente a su habitación, empujé la puerta, ya entreabierta, pero la pieza se encontraba vacía. Así que entré corriendo y comencé a hurgar en su tocador lo más rápido que pude. Aún no podía creer mi suerte al no encontrarla en su habitación, pero mi suerte no fue tanta, pues no encontré lo que buscaba. Aunque lo que sí hallé fue el collar que Barbara usaba siempre. ¡Qué arpía! Ella me culpó de haberle robado el collar. ¡Mentirosa! Su collar estaba siempre a salvo en su casa. Esto quería decir que hizo una tormenta en un vaso de agua sin razón alguna.

Rebusqué por dondequiera. No quedó un solo rincón de esa habitación sin verificar y aún no encontraba mi collar. Molesta, salí de ahí y me dirigí a seguir buscando en otra parte de la casa, porque tenía que encontrarlo lo más rápido posible.

Seguí adentrándome en esa casa con la esperanza de encontrar lo que buscaba en su vestidor. Fue en ese momento que un fuerte aroma a lirios me impregnó la nariz. Seguí caminando hacia el frente y el olor se hacía cada vez más potente, casi embriagador.

Por alguna extraña razón supe al instante que mi pareja se encontraba en ese lugar, ese era su olor y me pregunté: '¿Quién era mi pareja?', cuando de repente escuché a alguien decir:

"No, no lo puedo aguantar más... Tu miembro es colosal, ¡Está demasiado hundido en mí!".

"¿No puedes tolerar más que esto?", dijo otra voz y añadió: "Eso solo fue el calentamiento, ahora es que comienza la fiesta".

"¡Acaba conmigo! ¡Hazme gritar de placer!", vociferó ella.

Enseguida el espacio se llenó de los sonidos libidinosos de la mujer, los cuales se entremezclaban con los del agua y el ruido de los cuerpos chocando uno con el otro.

Mi corazón latía muy rápido y la garganta se me anudó mientras seguía la fragancia y los sonidos que provenían del baño. Me acerqué lentamente, pero en cuanto posé los ojos en la escena ante mí y mi cerebro registró lo que pasaba, se me revolvió el estómago. Estaban tan ensimismados en su faena que no advirtieron mi presencia.

Había dos hombres lobo teniendo sexo en el baño: la cruel Barbara y el desvergonzado Kevin, quien sería el futuro Alfa. Llevaba a la cama a muchas mujeres y me asediaba de vez en cuando. Lo odiaba con todo mi ser. Nunca pensé que él y Barbara estuvieran juntos, pero hacían una pareja perfecta.

¡No lo podía creer! ¿Se suponía que este desgraciado era mi pareja?

Tuve un ataque de iras mientras los observaba inmóvil e impotente.

PDV Kevin:

Estaba teniendo sexo con Barbara en su baño cuando de pronto sentí una dulce fragancia floral. Sabía que mi pareja estaba cerca y efectivamente, cuando miré hacia la puerta, la vi.

"Jennifer, estás aquí", la saludé, mientras continuaba penetrando a Barbara. Verla me excitó mucho más y no pude detenerme.

"Sí", fue su respuesta atragantada, como si estuviera sufriendo físicamente.

"Perra, ¿quién te dejó entrar a mi casa tan temprano? ¡Sal de aquí!", vociferó Barbara.

Noté que mi pareja estaba dispuesta a darse la vuelta y marcharse.

"Espera, no te vayas. Ven aquí", le dije con firmeza mientras salía del cuerpo de Barbara.

Jennifer entró cohibida, como si todavía estuviera analizando la situación.

"Kevin, yo quiero seguir, no dejes que esta perra te distraiga. Dile que se vaya de una vez", replicó Barbara, frotando sus hermosos senos contra mi pene. Actuaba de una manera tan obscena que parecía una prostituta.

"Barbara, tienes que irte. Necesito hablar con Jennifer sobre algo". Apenas pude ocultar la repugnancia que sentí cuando la aparté de mí.

Barbara se quedó estupefacta por un momento, pero se levantó a regañadientes y salió del baño. Al llegar a la puerta, alzó la mano y le dio una bofetada a Jennifer.

"Perra, será mejor que te comportes. ¡Kevin es mío y si te atreves a seducirlo, te voy a matar!".

"Señorita Barbara, solo usted le echaría perlas a los cerdos", respondió Jennifer con firmeza, mirando fijamente a la mujer mientras se cubría la mejilla.

"Solo eres una esclava que hace las labores domésticas. ¿Por qué eres tan arrogante? ¡Si te atreves a mirarme así de nuevo, te voy a sacar los ojos!", fue el grito amenazante de Barbara.

"¿Eso es todo lo que puede hacer?", dijo Jennifer con sorna, mirándola desafiante.

Escucharlas discutir ya me estaba provocando dolor de cabeza. "¡Barbara, vete ya!", les interrumpí.

Después de lanzarle una última mirada, Barbara se marchó furiosa.

Nos quedamos a solas finalmente y le hice señas con la mano para que se aproximara. "Jennifer, acércate".

"¿En qué le puedo ayudar?", preguntó mientras caminaba lentamente y cabizbaja.

Salí de la bañera y cerré la puerta. Mi lobo interior estaba gritándome locamente en mi mente, pidiéndome que me abalanzara sobre ella.

Desde que cumplí los dieciocho años, supe que ella era mi pareja. Por supuesto, nunca pensé en aceptarla, porque tenía una posición social demasiado desafortunada. Una mujer como ella no podía ser mi Luna, aunque no podía negar que era hermosa, con una figura de reloj de arena que me volvía loco. Si bien no podía convertirla en mi Luna, podía dejarla ser mi compañera sexual.

Hacía mucho tiempo que quería acostarme con ella, pero siempre estaba a la defensiva conmigo, así que no había podido cumplir mi objetivo. Recordé que ese día era su cumpleaños, así que probablemente sabía que yo era su pareja. Cabía entonces la posibilidad de que su actitud hacia mí cambiara. Después de todo, no había ninguna loba que no aprovechara la oportunidad de ser la pareja del heredero del Alfa.

"Mírame". La pellizqué en la barbilla con mis dedos, obligándola a levantar la cabeza. Ese aire de indiferencia hacia mí hizo que la deseara aún más, pero el desprecio en sus ojos era algo que no podía obviar.

"¿A quién llamaste cerdo?", le repliqué.

"No fue a usted", respondió Jennifer con frialdad.

"¿Sabes qué? Siempre te ves tan pura e inocente que me dan ganas de hacerte el amor hasta que te duela", le dije soltando su barbilla y acariciando su mejilla. "Eres tan sexy".

"¿Qué está haciendo?", espetó mientras me empujaba para evadir mis caricias. "¿Qué? ¿Acaso Barbara no puede satisfacerlo?

"No es tan seductora como tú. Cada vez que estoy con ella, pienso en ti". La idea de tener sexo con Jennifer me excitó y humedecí mis labios. "Anda, quédate conmigo. Puedo apoyarte y ya no tendrás que ser una esclava".

Dicho esto, la sujeté por el hombro y le rasgué la falda corta. Ella luchaba desesperadamente, para deshacerse de mí.

"No te hagas la inocente. En la manada del Río Oscuro, todas las lobas quieren acostarse conmigo". Con mi mano izquierda, agarré el cabello de Jennifer, mientras me deslizaba hacia su muslo con la derecha.

"¡No me toque!".

"Será mejor que sepas lo que es bueno para ti. Debes haberlo sentido ya, ¿verdad? Somos una pareja. El hecho de que tengamos sexo no es gran cosa para nosotros. ¡Si te sigues resistiendo, te voy a rechazar!", le dije con la última esperanza de que cediera. Estaba seguro de que ella no se atrevería a resistirse después de haberle dicho eso.

Vaciló por un momento, pero justo cuando pensé que estaba asustada, me abofeteó con fuerza. Como me tomó desprevenido, aflojé mi agarre en su cabello y aprovechó esa oportunidad para escapar de mí y retrocedió hasta la puerta del baño.

"¿Cómo te atreves a golpearme? ¡Loca!".

Cuando sentí mi mejilla ardiente, la ira se apoderó de mí. ¡Qué perra tan desvergonzada!

Había estado planeando acostarme con ella y luego rechazarla. ¡Pero esta perra lo estaba echando todo a perder fingiéndose una virgen pura! ¡Pronto se iba a arrepentir!

"Yo, Kevin Brook, el futuro Alfa de la manada del Río Oscuro, por medio de la presente te rechazo solemnemente, Jennifer Smith, como mi pareja", dije con frialdad.

Pensé que inmediatamente caería a mis pies y me rogaría que cancelara mi rechazo, pero para mi sorpresa, sonrió aliviada.

"Qué bien. Estaba esperando que me rechazara. Me estaba preguntando por qué la Diosa de la Luna asignó a una escoria como usted como mi pareja. Gracias por dejarme libre".

¿De qué estaba hablando esta perra? ¿No debería estar desconsolada después de haber sido rechazada por mí, el futuro Alfa? ¿Cómo podía estar feliz como si estuviera pasando el mejor momento de su vida?

Un mal presentimiento se apoderó de mí, pero antes de que pudiera decir algo, Jennifer abrió la boca muy animada. Se veía tan alegre como si hubiera obtenido una victoria en lugar de haber sido rechazada.

"Yo, Jennifer Smith, la hija del fallecido Alfa Lewis Smith de la manada del Arcoíris, por medio de la presente acepto su rechazo".

Capítulo 3 Lágrimas de cocodrilo

PDV Kevin:

La voz de Jennifer sonaba calmada y su rostro exhibía una sonrisa de satisfacción. Yo, por el contrario, me sentía aturdido. Su deslumbrante sonrisa me impedía mirarla a la cara.

¿Qué clase de disparates estaba diciendo? ¿Cómo podría ser ella la hija del decadente Alfa Lewis Smith de la manada del Arcoíris? ¿Acaso no era una humilde esclava? ¿Cómo podría correr por sus venas la sangre de un Alfa?

Mi lobo interior se quejó: "¡Idiota! ¿Cómo pudiste rechazar a la hija de un Alfa?".

"La manada del Arcoíris ya tiene un nuevo Alfa. Esa chica es solamente una humilde esclava, que no merece ser mi Luna. Hice bien en rechazarla", le respondí tercamente. Pero entonces, ¿por qué estaba tan furioso?

"Eres un imbécil. Ahora te arrepientes, ¿verdad?", se burló de nuevo mi lobo.

"¡Maldita sea! ¡Cállate ya!", le dije.

¿Arrepentirme yo? Yo era el futuro Alfa. No había mujeres loba en la manada que no quisiera acostarse conmigo. ¿Por qué me arrepentiría de haber rechazado a una simple esclava? No tenía ningún sentido.

"¿Puedo irme ahora?", la escuché preguntarme.

Sus ojos me miraban con evidente desdén e impaciencia.

Me entraron ganas de agarrarla y follármela violentamente, para castigarla por su irreverencia, pero no podía soportar su mirada altanera.

"¡Vete a la mierda!", gruñí.

Jennifer se encogió de hombros y salió del baño sin siquiera mirar atrás. Era evidente que no tenía ninguna intención de quedarse. Ya había notado que ella me evitaba cada vez que podía.

No obstante, la visión de su delgada y elegante espalda hizo que me excitara. Impotente, rugí y golpeé la pared.

La ira amenazaba con dominarme.

¿Cómo se atrevía esa perra a mostrarse indiferente conmigo? ¡Era inaceptable!

PDV Barbara:

Esa zorra, Jennifer, nos interrumpió a Kevin y a mí cuando estábamos follando. Peor aún, mi compañero parecía estar interesado en ella. ¿Cómo podría soportar semejante insulto?

Yo provenía de una familia noble y conocía a Kevin desde pequeña. Además, ya había decidido que algún día sería su Luna.

El Alfa Norman siempre me había tratado con simpatía. Si le presentara alguna queja sobre Jennifer, seguro que la castigaría.

No lo pensé más y corrí rápidamente hacia su oficina. Justo antes de entrar, me detuve, y en un ejercicio de actuación me concentré en soltar algunas lágrimas. Cuando logré que mi rostro inspirara lástima, empujé la puerta y penetré en el interior.

"Barbara, ¿qué te pasa? ¿Por qué estás llorando? ¿Alguien se atrevió a maltratarte?", preguntó con preocupación el gran Alfa Norman.

"No es nada", murmuré, bajando la cabeza respetuosamente. "No era mi intención preocuparlo".

"¿Quién te hizo daño? No tengas miedo de decírmelo. ¡Quienquiera que sea, le daré una lección!". El poderoso líder de la manada se puso de pie y acarició suavemente mi cabeza.

"Fue... Jennifer". Mientras decía su nombre, mis ojos rojos dejaron caer otro par de lágrimas de cocodrilo. "Ayer, se robó mi collar de perlas. Le pedí que me lo devolviera, pero ella se negó, y hasta tuvo el atrevimiento de decirme que me iba a patear el trasero. Logré recuperarlo, ¡pero ella me amenazó y casi me abofeteó! Y lo que es peor, intentó seducir a Kevin. Ella me dijo que estaba destinada a ser su pareja...".

Hice una pausa para observar el efecto de mi historia, como si no pudiera soportar continuar hablando.

"Lo siento, Alfa Norman. No debería de haber venido a molestarlo por semejante insignificancia...".

Cuando levanté la mirada y le eché un vistazo al rostro del Alfa, vi que estaba a punto de explotar de la ira.

"¡No es ninguna insignificancia! ¿Cómo se atreve una humilde esclava a amenazarte? ¿Y también pretende quitarte el puesto de pareja de Kevin? ¿Quién se cree que es? ¡Una esclava tan desvergonzada y malvada debe ser castigada!", dijo gravemente antes de dirigirse a sus guardaespaldas. "¡Tráiganme a Jennifer!".

No les tomó mucho tiempo encontrarla, en menos de 10 minutos la loba estaba en la habitación. Su ropa vieja y raída la hacían parecer una mendiga.

Al verla caminar hacia el sofá, el Alfa Norman hizo un gesto con la mano. Dos altas y fuertes mejeres loba la agarraron por detrás y la abofetearon varias veces.

El sonido de los golpes me llenó de satisfacción, aunque me guardé bien de exteriorizarlo.

"Señor, ¿por qué me hacen esto?", preguntó Jennifer confundida, cubriendo con sus manos las enrojecidas mejillas.

"¡Este es el castigo por ofender a Barbara!", respondió el viejo lobo con el ceño fruncido. "Nunca te olvides de que eres una esclava. Recuerda, la próxima vez que te atrevas a cruzar esa línea, no seré tan amable contigo".

Enojada, Jennifer trató de explicarle. Sin embargo, como había calculado, el irritado Alfa no le dio la oportunidad de hablar.

"Dentro de dos días, el señor Anthony Jones vendrá a seleccionar a nuestros mejores hombres lobo, para que asistan al adiestramiento que tendrá lugar en el campo de instrucción real. Jennifer, será mejor que te prepares para la ceremonia de bienvenida y para las pruebas. ¡No lo arruines o te despellejaré viva!".

"¿Puedo participar en las pruebas?", preguntó la esclava con los ojos llenos de esperanza. Parecía que ya se había olvidado de la humillación que acababa de sufrir.

Su insólita petición casi me hizo estallar en carcajadas. El Alfa Norman la miró de arriba abajo, sin ocultar su desprecio.

"¿Tú? ¿Quién diablos te crees que eres? ¿Cómo crees que le permitiría a un esclavo participar en las pruebas organizadas para los guerreros de élite? ¡No seas ridícula! No estás calificada para algo semejante. Mejor dedícate a tu trabajo. No dejes que se te suban los humos a la cabeza", gruñó.

Me sentí muy contenta de ver cómo ponía a Jennifer en su lugar.

"Solo los hombres lobos de noble linaje son capaces de superar esas pruebas. ¿De veras piensas que te mereces una oportunidad como esa?", agregué socarrona, mirando su rostro pálido.

"¿Y si yo fuera capaz de superar las pruebas?", dijo Jennifer con firmeza.

"¡Ni lo sueñes!", repliqué enfadada. "¡Lo único que se merece una esclava insolente como tú es que la muelan a golpes!".

"¿Piensa que es de sangre noble? ¿Cómo se atreve a decir semejantes tonterías frente a nuestro líder? Si solo soy una humilde esclava, ¿por qué anda siempre poniéndome zancadillas? ¡Es un ser despreciable!", dijo fulminándome con la mirada.

"¿Que tú, una esclava, me menosprecias a mí?", le espeté llena de rabia. Sin pensarlo dos veces, le salté encima como un animal salvaje. "¡Perra, destrozaré esa boca insolente!".

En ese momento, solo deseaba despedazarla.

Me abalancé sobre ella, agarré su cabello y traté de arañar su impecable rostro. Sorprendentemente, la esclava se defendió de mi acometida con maestría. Bloqueó mi ataque con el codo, me pateó en el vientre y arañó profundamente mis brazos.

Gruñendo de dolor, me doblé para proteger el vientre y miré mis ensangrentadas extremidades. Me volví loca de la frustración y de la impotencia.

"¡Perra! ¿Cómo te atreves a lastimarme? ¡Maldita!". No me importaba que mi impecable cabello estuviera desordenado.

Sabía que mi apariencia debía de ser terrible en este momento, pero todo era por su culpa. No esperaba que una esclava pudiera derrotarme tan fácilmente.

"Señorita Barbara, usted se lo buscó", me dijo Jennifer con frialdad.

Finalmente, el Alfa Norman dio por terminada nuestra pelea con un gruñido. "Jennifer, prepárate para las ceremonias. No te lo volveré a repetir".

Parecía que no pensaba castigar a esa perra esclava. Mi plan estaba arruinado, no había podido lograr mis propósitos. Tendría que encontrar otra forma de castigarla. Lo único que me importaba era convertir su vida en un infierno. De repente, entre el dolor y la frustración, se me ocurrió la idea perfecta.

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