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Siempre fuiste tu.

Siempre fuiste tu.

Autor: : B.Jeremy
Género: Romance
Si amas a alguien déjalo ir, si vuelve es porque es tuyo, sino nunca lo fue, al menos eso se dice, el problema es cuando alguien que nunca fue tuyo, regresa a tu vida, despertando demonios que creías enterrados. El gran empresario Mateo Zabet coloco una muralla entre ellos en su adolescencia, respetando que la joven que amaba tenía novio, casi dos décadas han pasado desde que la vio por última vez, hoy frente a él está el amor de su vida ¿feliz mente casada? - Esto no está bien, estoy casada y tengo hijos y... - susurra con voz temblorosa. - Esto es lo único que está bien Elizabeth, siempre fuiste tú, mi amor, mi vida, mi todo y no sabes cuanto odio no habértelo dicho antes. - reconoció tomando sus labios con verdadera pasión. gratis hasta finalización.

Capítulo 1 Inútil.

Observo el plano y los detalles saltan a simple vista, muerdo mi labio tratando de buscar las palabras adecuadas para explicarle a Mariano sus errores y que esto no termine mal.

- Cariño. - lo llamo con un leve temblor en mi voz, y trago grueso cuando este gira y clava sus ojos en mí.

- Odio cuando me llamas cariño. - refuta al tiempo que con pasos lentos llega a mi lado. - Porque solo me llamas así cuando crees que eres más lista que yo. - un impulso casi dormido en mí me incita a gritarle que no pienso que soy más inteligente que él, lo soy, si ese no fuera el caso, mi querido esposo no me pediría que revise sus planos antes de entregarlos.

- Eso no es así... - comienzo a decir al recordar que mi valentía solo me provoca dolor.

- Claro que no, tu eres una estúpida, un ser inservible, que para lo único que sirve es para cuidar a los niños, a no, espera, tampoco sirves para eso ¿verdad? - mis ojos pican ante sus dichos, el dolor tan conocido llega a mi pecho, y hago mis ejercicios de respiración.

- Mariano, lo acabas de decir, no sirvo para nada, no se porque confías en mi para revisar los planos... - antes de poder decir nada más, su mano aferrando mi cabello y jalando de él me silencia, aunque quisiera gritar por el dolor, se que los niños están en la sala, a escasos metros de la oficina de su padre, no quiero que vean esto, nunca.

- No confió en ti, estúpida inservible, solo trato de ser amable, hacerte participe de mi éxito, pero... ¿Qué puedo esperar de ti? - el golpe seco de mis rodillas al chocar con el piso cuando me lanza se mezcla con los débiles toques de la puerta.

- ¿Mamá? ¿mamá estas ocupada? - Mariano me ve como si fuera excremento embarrado en sus zapatos y yo solo trato de que mi voz suene lo más calma posible.

- Sí, Delfina, estoy ocupada, tu padre me pidió mi opinión con unos planos, ¿sucede algo hija?

- Nada, solo que estos demonios están peleando nuevamente. - veo a mi hija palidecer, cuando su padre abre la puerta y me apresuro a llegar a su lado.

- Pues ocúpate, ya oíste a tu madre esta ocupada. - Delfi, me ve con preocupación y trato de acomodar mi cabello, estoy segura de que es un desastre.

- Hija, iré en un momento...

- No hay problema mamá, yo me ocupo.

Esta es mi vida, ¿era lo que deseaba? No, claro que no, pero es lo que mis malas elecciones me dieron de premio, aunque no puedo renegar de mis hijos.

Cuando Mariano se marcha al trabajo, mis hijos al colegio, y obtengo esos diez minutos de paz, luego de limpiar y ordenar todo, es cuando al fin puedo verlo, seguir sus pasos como una maldita acosadora, Mateo Zabet, es el nombre que coloco en el buscador, y toda su información aparece frente a mí, sus grandes logros, no me sorprenden, Mateo siempre fue muy inteligente, y decidido, hubo un tiempo donde soñábamos juntos, donde yo estaba a su altura...

- ¿Quién es ese hombre? - el corazón casi se sale de mi pecho, al escuchar a mi hija mayor.

- ¿Qué haces aquí? ¿Qué hora es? Dios se me hizo tarde para comenzar con la cena...

- Mamá, ¿quién es él? - mi adorable adolescente me quita el móvil y mis manos sudan.

- ÉL... él es Mateo Zabet. - no pienso mentirle a mi hija, después de todo no hice nada malo, nunca. - Era mi mejor amigo, lo conocí en la Universidad, él revisaba mis planos y yo los suyos, se podría decir que competíamos entre nosotros, siempre supe que llegaría lejos. - informo viendo por un segundo más su foto, para luego quitarle el móvil a Delfina y borrar el historial de búsqueda, lo que menos deseo es no pasar la revisión diaria de Mariano.

- Es un Zabet mamá, claro que llegaría lejos, ellos son multimillonarios, su padre es el señor Amir Zabet, ex dueño de Diamnons.

- El hecho de que Mateo naciera en una buena familia no le quita merito a sus triunfos Delfina, no te permito que hables de esa forma de él, tu no lo conoces, yo sí, lo vi quemar sus pestañas para ser el mejor, para demostrar que él podía por si mismo sin recurrir a la fortuna de su familia. - el maldito instinto de defender a mi amigo sale a flote, haciéndome recordar cuando lo defendía de esos pusilánimes de la universidad.

-... Es la primera vez que defiendes a alguien que no seamos nosotros con tanta energía. - mis mejillas enrojecen y una pequeña sonrisa aparece en mi rostro.

- Lo conozco, o, mejor dicho, lo conocía, veía su soledad, y él... siempre fue un buen amigo.

- ¿Te enamoraste de él? - los ojos de mi hija brillan curiosos y decido ser honesta, pues lo dije y lo repito, nunca hice nada malo.

- Era imposible no enamorarse de Mateo Zabet, imagina si es guapo ahora, lo que era de adolescente, pero siempre conocí mi lugar. - creo que en esta vida no hay nada peor que cargar con el quizás o tal vez, pero no lo hice en ese entonces, ya no puedo hacer nada, deje ir la oportunidad de decirle a ese hombre cuanto lo amaba, por cobarde y estúpida.

- ¿Cómo que tu lugar?

- Tu padre fue mi primer novio, lo sabes, cuando conocí a Mateo, yo ya estaba con tu papá y él... era el más cotizado por todas, su amistad fue lo más que pude desear y con eso me conformo, una inútil como yo jamás estará al nivel de alguien como él. Ahora dime ¿Cómo sabes quien es su padre? - me da un poco de vergüenza reconocer que solo ahora, yo también se esa información, aunque siempre supe que Mateo era millonario, nunca indagué en su familia, más de lo que él me decía.

- Lo estudiamos en el colegio, la familia más rica del continente, luego de los Bach, ¿sabes que sus hermanas están casadas con mafiosos?

Mi dulce adolescente pasa horas contándome los mejores chismes de la familia de mi amor platónico, hasta que comienza con sus desvaríos y suelta una locura.

- Termina la universidad, pídele a tu amigo un empleo y la pagas con eso.

- ¿A quién? ¿de qué? - mi adolescente habla con demasiado rapidez como para que le siga la charla.

- A tu amigo, puedes terminar tu carrera a distancia y pedirle empleo a Mateo Zabet, su empresa principal no queda muy lejos, solo un par de horas en automóvil, yo podría ayudarte con los niños...

- Delfina, él no podrá darme empleo, nunca me gradué ¿lo recuerdas? No creo que en su empresa requieran a alguien como yo, una inútil...

- Mamá, le corriges los planos a Mariano.

- No llames por su nombre a tu padre. - Delfi deja salir un bufido, ella a diferencia de mis demás niños si ha visto a su padre golpearme.

- Lo que sea, tú eres lista, inteligente, tu...

Las palabras de mi hija me llenan de un valor que jamás creí tener, me recuerda que tan lista y útil puedo ser, y es cuando me atrevo a desear algo para mí.

Me esfuerzo por hacer una cena digna de dioses, les pido a mis pequeños que se comporten como cuando sus abuelos vienen de visita y a Dios le encomiendo mis plegarias, mientras sirvo la cena bajo la atenta mirada de Mariano.

- Mariano, hoy estuve pensando... - las carcajadas de mi esposo provocan que aferré los cubiertos con mayor fuerza.

- Eso es nuevo ¿verdad Emilia? Tu madre puede pensar. - mi niña quita sus ojos de su cena y lo ve empática.

- Mamá es más lista que la tonta que tienes de secretaria. - suelta de la nada Delfina y comienzo a sudar.

- Mira jovencita...

- Cariño. -llamo su atención y me alivio de obtenerla, aunque creo que mi plan se fue por un caño.

- Mejor dime que mierda quieres Elizabeth, me toca las bolas que des tanto rodeo para decir mierda. - los ojos de mis hijos sobre mi me hacen hiperventilar, muerdo mis labios para retener las lagrimas y mostrar una estúpida sonrisa.

- Te quería preguntar si podría inscribirme en la universidad, para terminar... - el golpe que da en la mesa me hace pegar un brinco, mientras Delfina se pone de pie y sale del comedor.

- No, sabes que el dinero que tenemos es para la universidad de Delfina, pero como veo que te sobra el tiempo como para querer desperdiciarlo en estudiar a tu edad, sabiendo muy bien que eso ya es inútil, y que mi hija se cree muy adulta para intervenir en nuestros asuntos... será mejor que busques empleo y que Delfina se encargue de sus hermanos cuando salgan del colegio. - el silencio se esparce por un largo tiempo, es como si mi estúpido cerebro no quisiera comprender lo que acaba de decir.

- Cariño... Delfina no tiene porque cuidar a sus hermanos, son nuestra responsabilidad, no la de ella, y ¿Qué tipo de empleo puedo aspirar cuando solo fui un año a la universidad...?

- Primero que los niños son tu responsabilidad, no la mía y lo sabes, segundo si te digo que ella se ocupe lo debe hacer, a no ser que quiera que la coloque en su lugar como lo hago contigo. - Tiara deja caer un vaso de agua y por un segundo creo que ella sabe de los golpes.

- Lo siento, manos de manteca es mi segundo nombre. - bromea como siempre lo que hace que me quede tranquila, no necesito que mis hijos sepan cosas que no se pueden cambiar.

- Es verdad, tú eres mi princesa manos de manteca. - mi hija sonríe cómplice a su padre, dejándome en claro que él es un buen padre, no como yo. - Y en cuanto a lo otro, Elizabeth, trabaja trapeando baños, quizás así Delfina comprenda lo que le espera si no levanta sus notas, ser una inútil como tú, que solo puede aspirar a un empleo de limpieza.

Capítulo 2 Ella.

Mateo:

Gracias al cristal que remplaza la pared frontal de mi oficina, puedo ver todo lo que pasa en este sector, aunque no son muchos los empleados que comparten mi piso, a decir verdad, tampoco me interesa lo que ellos hacen, solo una persona es el centro de mi mundo, siempre lo fue, la había perdido, me la habían arrebatado y yo solo lo permití, pero el tiempo y la suerte la puso nuevamente frente a mí y yo me encargué de mantenerla allí, a solo unos metros de distancia.

Observó cómo sus labios atrapan la punta de la pluma, y mi pene crece de solo imaginarla haciendo con él lo que hace con esa bendita pluma, como a veces la aleja de sus labios, pero aun así su lengua la sigue tocando, me remuevo en el sillón, y no puedo evitar que un suspiro pesado salga de mí, ¿Cuántas noches la imagine dormida a mi lado? ¿Cuántos años desperdicie buscando a una mujer con su mismo color de cabello, sus mismos ojos? ¿y para qué? Todo fue inútil, porque ella es única.

Mis ojos bajan para apreciar sus piernas, de más está decir que yo elegí el modelo de escritorio, ese mismo que ahora me deja apreciar sus piernas bien torneadas y un poco gruesas, sonrió sin poder evitarlo, se ha quitado los zapatos una vez más como cada día, y mueve sus dedos para aliviar la molestia que debe sentir, aunque no comprendo por qué, nunca usa tacones, siempre lleva zapatos bajos y por lo que he podido observar en este tiempo solo tiene tres pares y son del mismo estilo, claro que ella no necesita tacones, tiene casi mí misma altura, aun así, no debería sufrir por llevar sus zapatos, me molesta ver que lleva medias negras, siempre medias negras, ella las odiaba, decía que una mujer no debería cubrir sus piernas con aquellas cosas, pero fueron muchos años que sufrí por no saber de ella, quizás cambio de pensamiento, todos cambiamos, yo incluso la quise remplazar, y solo conseguí arruinar todo.

Observo la delicadeza con la que lleva sus pies dentro de sus zapatos negros y juro que estaría más que dispuesto en arrodillarme y colocárselos, pero soy consciente que no puedo hacerlo, solo puedo admirarla, como lo he hecho estos últimos tres años, verla a través del cristal y soñar que algún día dejara al perdedor de marido que tiene, no la merece, nunca la mereció, si fuera mi esposa no estaría trabajando, sería una reina, sería mi reina, recorrería cada día su cuerpo hasta dejarlo grabado en mi mente, en mi piel, y aun así la seguiría besando, follando y adorando todo de ella.

Disimulo al verla ponerse de pie, sé que viene hacia mí, es su único trabajo, venir a mi oficina, darme un poco de alivio al dejarme oír su voz.

- Mateo, ¿puedo pasar? - la veo, y casi rio a su pregunta.

- Tu siempre puedes pasar, y lo sabes Elizabeth. - sonríe, y mi mundo cobra sentido, se llena de colores, deja de ser gris y aburrido, camina con esas largas piernas que en más de una ocasión sueño con tener enredadas a mi cadera, mientras le hago el amor o sobre mis hombros mientras bebo todo de ella.

- El señor Halle quiere hacer una reunión contigo, para el próximo martes, dice que quiere cambiar unas cosas del proyecto. - me pierdo en ese gesto casi imperceptible que hace con sus labios rellenos, cada vez que algo no le gusta, los devoraría como un maldito animal y nunca me saciaría de ello, estoy seguro.

- ¿Y cuál es el problema? - me ve sorprendida, casi con horror, y estoy tentado a tomarle una foto, sus ojos cafés brillan, y hace meses que no lo hacen, algo que me molesta, no saber qué pena la embarga.

- ¿Cuál es el problema? No puedo creer que preguntes eso, es tu cumpleaños Mateo. - mi corazón se acelera, ella lo recuerda, cada año, ella me recuerda. - ¿Recuerdas cuando te hice un pastel en la universidad? - niega mientras habla y sé muy bien porque, esta apenada.

- Era de vainilla, pero creí que era de chocolate porque estaba quemado. - una sonrisa estira mis labios, si tan solo supieras que solo sonrió en tu presencia.

- Si, aun lo recuerdas. - sus mejillas se sonrojan, se ve tan deliciosa como una manzana tentándome a devorarla. - A mi defensa era el primer pastel que hacía y tu fuiste mi víctima. - mi amada Elizabeth, si supieras que ese día fue uno de los más felices, porque te tenia a mi lado. - Imagino que ahora debes tener algún plan con tu familia, no es como que estas en otro país como cuando íbamos a la universidad y nos hacíamos compañía.

- Es un día más, deja de ser especial con los años, más cuando lo debes compartir con cuatro personas. - me sonríe, solo a mí, ella me comprende, mi Elizabeth no me ve como un ser frio como los demás, ella sabe cuándo rio, aunque mi rostro permanezca neutro.

- Aun así, debe haber alguien que quiera hacer algún plan solo contigo...

- ¿Tu? ¿Pasarías el próximo martes conmigo? - lo dije, y me arrepiento, no sé de qué pueda ser capaz de hacerle si estamos solos, después de todo, hay algo en lo que nadie se equivoca, cuando pierdo el control de mis emociones, soy capaz de cualquier cosa.

- Puedo, aunque debería llevar a los niños. - sus niños, genial o si, Mateo el sarcástico ya llego a mi mente.

- Bien, sorpréndeme, tienes mi tarjeta de crédito, no escatimes en gastos, después de todo es mi cumpleaños.

- Como ordene señor. - mis testículos duelen, y estoy a punto de lanzarme sobre ella, cuando unos golpes en la puerta nos hacen girar.

- Adelante... Macarena. - digo con mi seriedad habitual, aunque estoy seguro de que Elizabeth sabe que estoy un poco sorprendido con la visita de esa latina a mi oficina, ¿Cuándo fue la última vez que estuvimos solos? Nunca, desde que la tome a la fuerza y mi familia se enteró, nunca más dejaron que estuviera a solas con ella.

- Hola... - Maca queda muda viendo a Elizabeth y se por qué.

- Elizabeth, ese es mi nombre. - se presenta con una sonrisa tirante el amor de mi vida. - Si me disculpan los dejare solos. - por un segundo las veo una al lado de la otra, tan iguales y a la vez tan diferentes, una siempre fue inalcanzable y la otra una víctima de mi lado... ¿frio? ¿insensible? ¿egoísta? No puedo ponerle nombre a lo que le hice a Maca.

- Hola Mateo. - la latina, madre de mi único hijo, camina tan rápido que apenas alcanzo a ponerme de pie para saludarla.

- Hola Macarena, ¿Cómo estás?

- Preocupada, ¿Cómo quieres que este? - le indico con la mano que tome asiento y lo hace.

- ¿Sigue sin aparecer?

- Si, y Hades solo dice que está bien, que si algo le hubiera pasado ya lo sabríamos. - sus ojos, sus ojos son cafés como los de Elizabeth, las dos son latinas, pero Macarena es baja y Elizabeth es... - ¿Me estas escuchando? - espeta la latina actual esposa de mi primo golpeando el escritorio.

- No, a decir verdad, no lo hacía. - Maca tiene esa mirada de te voy a matar y lo merezco.

- ¡Mateo te estoy hablando de nuestro hijo! - pura sangre latina, de eso no queda dudas, siempre fue una bomba de tiempo, y el hecho que su esposo sea el mejor asesino del mundo, solo la volvió más peligrosa.

- Un hijo que llama padre a mi primo Maca, dime ¿Qué te hace pensar que, si no contacta con ustedes, lo hará conmigo? - es lamentable, pero es la verdad y sé que lo merezco.

- Si él llama padre a Hades es porque sabe cómo quedé embarazada, no toques ese tema por favor, además los vi más unidos en Sicilia, creí que con todo lo que le sucedió a Alejandra...

- No, lamento decirte que no, él solo...

- ¿Qué?

- Lo de siempre Maca, me dijo que era una mierda y que antes de llamarme padre se cortaría la lengua, un digno hijo mío. - rebato con una sonrisa, eso es lo que más le molesta a Baltazar, podrá negar que soy su padre, pero lo rencoroso y vengativo lo heredo de mí, no de su madre.

- Lo siento, sé que tengo culpa en todo esto, debí obligarlo a ir a un psicólogo de niño, para que pueda comprender porque quien él pensó que era su tío, es en realidad su padre, pero... - se toma un momento para pasar sus manos por su larga cabellera, quitando un poco de estrés. - Eso ya no importa, lo importante aquí es que Baltazar está mal, está sufriendo Mateo, hablé con él y estuvo de acuerdo en pasar unos días contigo, entonces viaja con Hades aquí y luego desaparece, comprende que no es igual que su desaparición de hace un año, Baltazar te necesita. - sus ojos se escarchan reteniendo las lágrimas, algo que me hace sentir aún más culpable, no solo arruine mi vida, arruine la de esta mujer y la de mi hijo.

Capítulo 3 Hijo.

Mateo:

Suspiro una vez más, odio esta sensación, el vacío en el que se ha convertido mi vida.

- No deberías sentirte culpable Maca, fui yo quien se equivocó, te obligue a estar conmigo, me aproveche de tu necesidad, quise llenar un vacío en mí y termine haciendo un lio aun mayor, además que te quise obligar a abortar y mejor dejo de hablar o patearas mi culo. - veo asombro en su mirada, creó que nunca me sincere tanto con ella y es que ¿cómo hacerlo? lo reconozco, me cuesta disculparme, me cuesta asumir mis errores y Macarena es el mayor error en mi vida, decido correr mi vista de su escrutinio y es cuando veo a Elizabeth morder su labio, nos está viendo, está ansiosa, pero ¿por qué? ¿Qué le preocupa? Si tan solo pudiera volver el tiempo atrás y no perderla de vista, si tan solo pudiera estar con ella y ser amado, quizás el dolor y peso en mi pecho no sería tal.

- Estas llorando. - el asombro de Maca me hace girar y al tocar mi mejilla descubro que es así, tengo una puta lagrima corriendo en mi mejilla, sé que fui egoísta en usar a Macarena, y luego lo animal que me comporte, pero todo era por Elizabeth, trataba de llenar un vacío que poco a poco me estaba matando, pero solo conseguí que Macarena me odiara y luego mi hijo.

- Debe ser que tengo cansada la vista. - jamás podría confesar lo mucho que me afecta que mi hijo me odie. La puerta se abre de repente y Elizabeth me ve aturdida y luego con enfado a Macarena.

- ¿Qué sucede aquí? - inquiere con voz exigente y el asombro debe ser notable en mi rostro ya que Elizabeth se remueve contrariada. - Perdón, digo... ¿Necesita algo señor Mateo? - a ti, cuantas veces lo tengo que decir, te necesito a ti a mi lado, por siempre.

- Nada, no pasa nada Elizabeth, solo tengo cansada la vista. - y tal vez el corazón y porque no el alma.

- En ese caso permítame cerrar un poco las cortinas y le traeré unas gotas para los ojos, y baje el brillo en su computador por favor, ¿desea que le pida un turno al oculista? quizás...

- Estoy bien Eli. - no puedo evitar que mi labio se mueva medio centímetro hacia arriba, lo máximo que cualquier persona vera de mi sonrisa y solo es por ella y su preocupación en mí, me reconforta, así de patético soy, el gran Mateo Zabet, se conforma con un poco de su atención. - No te preocupes, puedes ir a casa, luces cansada y estoy seguro de que tus hijos se alegraran que no te tenga hasta tarde trabajando. - huye Elizabeth, corre al refugio de tu hogar, dame un motivo por el cual no te secuestre y te lleve conmigo así sea a la fuerza, porque ni mi alma y mucho menos mi corazón soporta cuando tú te preocupas por mí.

- Bien, como diga, hasta mañana señor Mateo, que pase buena noche, trate de descansar su vista y ... hasta luego señora. - dice con cierto recelo hacia Macarena que la ve sorprendida, Dios, estas latinas no saben disimular sus emociones, la observo, como estos últimos tres años, me pierdo en el bamboleo de su trasero, y suspiro sin poder evitarlo, la anhelo, siempre lo hice.

- Dios mío, ¡es ella! - me congelo, mi respiración queda atascada al ver el rostro de asombro de Macarena, me atrapo, ella lo sabe.

- No sé de qué hablas... - trato de salirme por la tangente.

- Es ella a quien nombrabas cuando...

- ¿Qué?

- Tú la llamabas Mateo, cada vez que estabas conmigo, le pedias que no te dejara, las veces que dormimos juntos me llamabas Elizabeth. - me descubrió, Macarena me descubrió, estoy jodido.

- No me alcanzara la vida para arrepentirme de lo que te hice. - juego la maldita carta de la culpa, que en parte es cierta, pero que ahora me servirá para que esta latina se olvide de todo y no le diga nada a mi madre que tengo a Elizabeth a solo unos pasos de mi o todo se saldrá de control.

- Mateo, yo ya te perdoné, hace mucho y sé que Baltazar lo hará...

- Baltazar. - dejo salir un suspiro aún más pesado, mi hijo es tan terco e idiota como yo, de tal palo, tal astilla, al menos eso dicen. - Lo buscare, no te preocupes Macarena, él podrá no reconocerme como padre, pero es mi hijo, yo lo encontrare.

Como cada día que dejo la empresa, conduzco hasta el hogar de Elizabeth, solo para ver la fachada de la casa y soñar con lo que ella pueda estar haciendo dentro, me siento como un maldito acosador, y es que lo soy, retomo el camino a mi mansión cuando las luces de su hogar se apagan, y es que hay una diferencia entre mi mansión y su hogar, y es eso, ella tiene un hogar, me repito una y mil veces, es mi mantra, la frase que me obliga a seguir cada día lejos de ella, no podría destruir su hogar, aunque este muriendo de amor, ella no me lo perdonaría y mis padres tampoco.

Quizás no sepan quien demonios soy, bien, se los explicare, soy Mateo Zabet, uno de los quintillizos que los medios de comunicación denominaron los niños dorados, aunque ahora de niño no tengo nada, creo que nacer en una familia como la mía te garantiza que los periodistas te seguirán, que la gente hable de ti y lo afortunado que eres al ser millonario, estupideces como esas, aunque es verdad que nací en cuna de oro y sonajeros de diamantes y es que mi padre fue el magnate más grande de joyas, Diamon aún se mantiene en la cabeza de la industria de joyería y diamantes, pero ahora es manejada por mi hermano mayor Eros, mientras que la mayor de mis hermanas está feliz mente casada, Zafiro, es esposa de un mafioso ruso, esa es otra cosa que atrae la atención sobre nosotros, la mafia, los asesinos, sicarios y empresarios, así está constituida mi gran familia, tres de los quintillizos están casados, somos los menores, mientras que Stefano y yo aún estamos solos, lo que me recuerda que debo llamarlo.

- Mateo, ¿Cómo estas hermano?

- Vivo, si consideramos que vivir es respirar, alimentarse...

- Follar. - el idiota de Stefano hace que libere una carcajada, solo mis hermanos y ella pueden lograrlo.

- Follar, tienes razón, y hablando de eso, tendrás que encontrar otra compañía para salir a festejar nuestro cumpleaños.

- No puedes estar hablando en serio, la reina de Chicago acaba de abrir un nuevo club aquí en Nueva York y juro que más que nunca necesito descargar y no solo mi semen, debo sacar mis bajos instintos y dejarlos anestesiado por un tiempo. - su desesperación casi me hace reír, hasta que recuerdo algo.

- ¿Alma no está contigo? ¿dejaras sola a tu muy embarazada hija? - esto no me está agradando, Stefano idolatra a su hija y ella me odia, creo que aún más de lo que me odia Baltazar y es que Alma, también es hija de Macarena, larga historia, lo único que acorta todo es simplificar la ecuación, Stefano y yo arruinamos la vida de una joven, fin.

- Por eso mismo debo calmarme, ella no vino sola, su muy apetitosa y loca amiga está aquí, y juro que jamás tuve tanto autocontrol como ahora, pero no se cuanto más pueda resistir el no hacer una locura. - su voz suena entre excitada y furiosa y eso me preocupa más de lo que debería.

- ¿La quieres como mujer? ¿o la quieres matar? - ¿recuerdan que les dije que mi familia está conformada por mafiosos, asesinos y sicarios, bueno, Stefano además de ser un empresario hotelero es un asesino innato, solo hazlo perder el control y te matara a golpes.

- Ambas cosas, su belleza me sobre pasa, es la joya más hermosa que pude ver alguna vez, Dios, se me para de solo tenerla al lado, si la vieras... mejor no la veas nada. - no puedo evitar carcajearme del bastardo celoso. - Pero luego esta su lado loco y me hace perder los estribos y... juro que nunca mate a una mujer, pero lo estoy pensando muy seriamente.

- No me imagino a la centrada de tu hija teniendo de amiga a una loca, quizás si me dijeras que hace, te pueda ayudar a que mamá no te mate por golpear a otra mujer. - sí, cuando me refiero a que Stefano golpeo a una mujer me refiero a Macarena, algo que no salió bien, ya que cuando Hades, mi primo y afamado asesino, se llevó a su novia, mi madre casi mata a golpes a Stefano.

- Hace cosas raras, se disculpa por todo, limpia constantemente, saca mis cosas de lugar y las acomoda por color y altura y miles de cosas más que hace que pierda mis nervios. - quedo asombrado al darme cuenta de que de solo recordar lo que me dice este apretando sus dientes, definitivamente está a punto de explotar.

- Eso se llama TOC, trastorno compulsivo obsesivo, mejor aléjate de ella, las personas que lo sufren son por una razón, recuerda que juramos no volver a lastimar a otra mujer como lo hicimos con Macarena. - le advierto porque lo conozco y él no es centrado, ni mucho menos considerado y no hablemos de su paciencia, tan escaza como mi simpatía, creo que eso se lo llevo Felipe y Victoria, mis otros hermanos.

- ¡Eso es lo que quiero hacer! alejarme de ese demonio seductor con cara de ángel... no puedes negarte, debes ayudarme Mateo, ella apenas tiene 20 años, casi le duplico la edad, sin contar que, si le toco un cabello de cualquier forma, Alma no me lo perdonara. - me siento culpable, Stefano es mi apoyo y yo el suyo, al menos desde que decidimos no joderle la vida a ninguna mujer más, pero...

- Pasare el día con ella Stefano, o eso espero. - la línea queda en silencio un momento, él y Victoria, otra de los quintillizos, saben que encontré el amor, aunque no saben quién es, mucho menos que trabaja conmigo, solo saben que es un amor que nunca será, ya que ella tiene un hogar y contra eso no puedo competir, no podría destruir su felicidad, además que mi familia no me lo perdonaría.

- ¿Qué carajos estás haciendo? Mateo no cometas los mismos errores del pasado. - comprendo su preocupación, ya lo dije, él es mi apoyo y yo el suyo, creo que el estar solos es nuestro castigo, moriremos solos y siendo odiados por nuestros hijos, por haber lastimado a su madre.

- No los cometeré, no te preocupes, ella... llevara a sus hijos, solo seremos un par de amigos festejando... - mi voz tiembla y por suerte llegue a mi mansión, apago el motor de mi Lamborghini, y dejo caer mi cabeza hacia atrás. - Me muero cada día Stefano, cada día que la veo, ella es mi todo, siempre fue ella. - cuando terminó de confesar lo patética que es mi existencia, llevo mi cabeza al frente, a punto de salir del automóvil y es cuando lo veo... lo veo y no lo creo.

- Mateo...

- Te llamo luego Stefano, Baltazar está aquí.

Termino la llamada, y tardó tres segundos en procesar lo que mis ojos ven, Baltazar, mi hijo, está esperando por mí, ¿recuerdan que les dije que mi familia está constituida por empresarios, mafiosos, asesinos y sicarios? Bien, mi hijo es un asesino, uno de los mejores.

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