En la oscuridad de la noche, Loraine Bryant caminaba nerviosamente hacia una habitación, mientras se alisaba su camisón de seda con sus manos sudorosas.
Esa fue la primera vez que usaba un camisón tan revelador, y ni siquiera llevaba ropa interior.
La sensación de la brisa fresca rozando su piel la hizo estremecerse.
La chica se animó a sí misma, diciéndose que no había nada que temer.
El hombre que se encontraba en la habitación era su esposo, Marco Bryant, y habían estado casados durante tres años. Un camisón como el que la chica traía puesto había sido diseñado para momentos como ese.
Después de darse unas palmaditas en el rostro y de tomar algunas respiraciones profundas para tranquilizarse, Loraine llamó a la puerta.
Un momento después, apareció un hombre alto y de aspecto fuerte. Sus ojos eran hostiles y sus labios estaban ligeramente fruncidos. Era tan atractivo como un dios griego de una antigua pintura al óleo.
"Ya es muy tarde. ¿Qué sucede?", preguntó con una voz gélida. Loraine sintió como si estuviera mirando a un extraño.
De hecho, casi perdió todo el valor que tanto le costó reunir.
"Marco, ¿recuerdas qué día es hoy?".
Frunciendo el ceño, el hombre instó: "Ve al grano".
Ante eso, la expectativa que había en los ojos de Loraine se convirtió en decepción. Y así, forzando una sonrisa dijo: "Es nuestro tercer aniversario de bodas. Últimamente pareces muy ocupado. Pero no importa, ¡preparé una sorpresa para ti!".
Tan pronto como Loraine terminó de hablar, inesperadamente una mujer salió de detrás de Marco. Se paró cómodamente junto a él, y saludó a Loraine con una sonrisa.
"Hola, Loraine. Marco me ha hablado mucho de ti. Aún no nos han presentado, ¿verdad?".
La mujer era hermosa; su voz sonaba dulce y sus ojos lucían vivaces, lo que hacía que cualquier persona quisiera protegerla.
Sin embargo, su presencia ahí sorprendió tanto a Loraine, que esta se quedó inmóvil, mientras sentía cómo sus manos y pies se congelaban.
"¿Keely? ¿Qué haces aquí?".
A pesar de que las chicas nunca se habían conocido en persona, la existencia de Keely Haywood siempre había ensombrecido el matrimonio de Loraine y Marco, como si fuera una nube oscura.
Esa casa estaba llena de rastros de Keely. Por si eso fuera poco, todos los miembros de la familia Bryant le recordaban a Loraine que Keely era la mujer que Marco amaba y que ella solamente era la señora Bryant simbólica.
Al notar el camisón sexy de Loraine, Keely bajó los ojos y, luciendo avergonzada preguntó:
"Marco, mi presencia aquí es inoportuna, ¿verdad?".
En ese momento Loraine dio rienda suelta a su hostilidad. "¡Obviamente sí!".
Al escuchar las palabras de Loraine, el rostro de Keely palideció, y se disculpó: "Lo lamento. No te enfades, por favor. Me iré de inmediato".
Mientras la chica hablaba, se movió como si estuviera a punto de irse.
Marco, por su parte, miró a Loraine con el ceño fruncido, y le dijo: "Keely es nuestra invitada, así que cuida tu actitud".
De pie, en la puerta, Loraine se sintió humillada, como si la hubieran abofeteado.
Legalmente, desde tres años atrás, ella era la esposa de Marco, sin embargo, durante ese tiempo, no había recibido el más mínimo respeto por parte de su marido ni de la familia Bryant.
El hombre siempre estaba tan ocupado con el trabajo, que rara vez regresaba a casa, e incluso cuando lo hacía, nunca dormía en la misma habitación que Loraine.
¡Y ahora el hombre le decía a su esposa que no se enfadara por ver a otra mujer en su habitación! ¿Qué demonios estaba pasando?
Todos los esfuerzos, paciencia y expectativas de Loraine de los últimos tres años se habían convertido en nada más que una broma de mal gusto.
Mirando a Marco a los ojos, y con una voz teñida de decepción, Loraine preguntó: "¿Qué hay de mí?".
"No compliques las cosas", respondió el hombre con impaciencia. "Keely está recuperándose y necesita descansar. ¿Qué quieres; dinero o un obsequio? Te compensaré".
Mientras Marco hablaba, Loraine observó cómo los ojos de Keely brillaban con un aire de suficiencia. Antes de darse cuenta, perdió los estribos.
"Marco, ¿por qué no entiendes que no es tu dinero lo que quiero?".
Dicho lo anterior, la abatida chica se dio la vuelta y se marchó.
El hombre la vio irse, mientras se pellizcaba el puente de la nariz.
"¿Qué le sucede hoy a Loraine?".
Parpadeando y con una voz suave, Keely contestó: "Creo que está enojada conmigo. Iré a disculparme con ella".
Cuando Loraine regresó a su habitación, se quitó el camisón y se acostó en la cama.
Pero de repente, llamaron a la puerta...
Ante eso, sus ojos se iluminaron.
¿Acaso Marco vino a buscarla?
Después de levantarse de la cama de un salto, fue a abrir la puerta. Para su decepción, todo lo que vio fue la cara de Keely. Debido a eso, la luz de su mirada se atenuó.
"¿Qué estás haciendo aquí?".
Keely fue directo al grano: "Tú y Marco pueden haberse casado hace tres años, pero yo soy la única mujer a quien él ama. Hasta hace poco, estuve recibiendo tratamiento médico en el extranjero. Como pensé que no me quedaba mucho tiempo de vida, dejé que Marco se casara contigo. Pero ya me recuperé, así que espero que respetes nuestro amor y te divorcies de él".
En ese momento, Loraine sintió un dolor punzante en el corazón, sin embargo, era demasiado orgullosa para permitir que Keely la viera derrotada.
"¿Tú, una amante, estás pidiéndole a una esposa que se divorcie de su hombre? ¿Te das cuenta de lo ridículo que eso suena?".
Al escuchar las palabras de Loraine, la sonrisa de Keely desapareció, y espetó: "¡Mide tus palabras! ¡No soy una amante! ¡Cuando se trata del amor, la persona que no es amada es la que sale sobrando!".
Entonces, en un tono burlón, Loraine respondió: "Mientras no me divorcie, yo soy la esposa de Marco y tú su amante".
Las palabras de Loraine golpearon tan fuerte a Keely, que frunció el ceño con ferocidad mientras escupía:
"¿Por qué eres tan arrogante? Veamos qué hace Marco si algo malo me sucede. ¿Crees que te dejará ir impune?".
Al escuchar las palabras de Keely, un mal presentimiento se apoderó de Loraine.
"¿Qué es lo que quieres, Keely?".
De repente, esta última se abalanzó sobre Loraine, y la arrastró hacia las escaleras.
Al ser tomada por sorpresa, Loraine no pudo liberarse del agarre de la otra chica.
"¡Marco, ayúdame! ¡Loraine quiere matarme!".
Seguidamente, Keely se arrojó por las escaleras como una maniaca, aún aferrada a Loraine. Incapaz de liberarse, esta última fue arrastrada escaleras abajo.
Rodó varios tramos de escaleras, antes de por fin aterrizar pesadamente en el suelo.
Los repetidos golpes que recibió en la cabeza crearon una herida profunda, causando que un chorro de sangre brotara de ella.
Un dolor agudo recorrió su cuerpo, mareándola y, causando que poco después se desmayara.
Justo cuando todo comenzaba a oscurecerse a su alrededor, vio a Marco corriendo. El hombre pasó justo junto a su esposa, eligiendo levantar a Keely y llevársela, dejando a Loraine tirada en un charco de su propia sangre...
En el hospital.
"¡Señorita, no puede entrar! La paciente todavía está muy débil y necesita descansar".
"¡Vete al diablo! Sé que Loraine está ahí dentro. ¡No me pueden impedir que entre!".
Cuando Loraine escuchó la conmoción, hizo un gran esfuerzo por abrir los ojos.
Al girar levemente la cabeza, vio cómo Marina Bryant empujaba a la enfermera y se acercaba a ella, mirándola ferozmente, como si quisiera matarla.
"¡Loraine, eres una mujer vil! Keely enfrentó muchos problemas para poder recuperarse. ¿Cómo te atreviste a empujarla por las escaleras? ¡Sólo espera y verás! ¡Marco no dejará que quedes impune!".
Entonces Loraine, quien todavía estaba muy débil, se incorporó con dificultad, a la vez que decía: "¡Yo no la empujé por las escaleras, fue ella quien me empujó!".
Al escuchar las palabras de la chica, Marina olisqueó. No confiaba en Loraine en lo absoluto. "¡Nadie se creerá tus tonterías! Keely proviene de una familia acaudalada. ¿Por qué querría lastimar a una humilde pueblerina como tú? Estás celosa y la quieres muerta porque mi hermano la ama. ¡Pues eso jamás sucederá!".
Ante tales acusaciones, Loraine buscó desesperadamente pistas que pudieran probar su inocencia.
Justo en ese momento, Marco entró en la habitación. A pesar de que lucía molesto, Loraine lo miró ávidamente, como si él fuera su última esperanza.
"Marco, yo no le hice nada a Keely. ¡Por favor créeme!".
Con una voz tensa y mirando a su esposa con frialdad, el hombre espetó:
"¡Loraine, ya fue suficiente! No quiero escuchar tus excusas. Las malas acciones tienen que ser castigadas. El riñón de Keely resultó gravemente dañado por la caída, y el tuyo es el único compatible".
"¡Así es!", gritó Marina. "¡Como dañaste el riñón de Keely, tendrás que indemnizarla con uno de los tuyos!".
Al escuchar eso, Loraine abrió los ojos con incredulidad.
"¡Llévenla al quirófano!", les ordenó Marina a los guardaespaldas de Marco.
En un instante, el grupo de hombres rodeó a Loraine, y la tomaron por los pies y las manos.
"¡Malditos! ¡No pueden hacerme esto!". Sin importar lo mucho que Loraine gritara, los guardaespaldas no la soltaron. Presa del pánico, se volvió hacia su esposo y, en tono suplicante le llamó: "¡Marco!".
Loraine esperaba que el hombre hiciera algo, sin embargo, la actitud de este fue de indiferencia, como si aprobara las acciones de su hermana.
Debido a eso, Loraine se sintió completamente desesperada.
En ese instante, todo el amor que sentía por Marco se esfumó.
No podía soportar esa situación por más tiempo. Su matrimonio había sido una farsa de principio a fin. Estaba más que claro que en el corazón de Marco no había amor por Loraine.
Él creía cualquier cosa que Keely le dijera, y se negaba a creerle a su propia esposa.
Esa era la diferencia irrefutable entre el amor verdadero y la ausencia de este.
Loraine ya no podía confiar en Marco.
"¡Está bien! ¿Quieren que le dé mi riñón a Keely? ¡Primero me gustaría ver cuán gravemente herida está!", declaró Loraine mientras su corazón latía con rabia.
Gracias a ese repentino estallido de energía, logró liberarse del agarre de los guardaespaldas y correr hacia el quirófano, a donde entró a la fuerza.
Ciertamente, Keely se encontraba acostada en la mesa quirúrgica, pero no parecía estarse muriendo como Marco lo había asegurado. Estaba consciente, y aparte de que su rostro lucía pálido, lo demás parecía en orden.
Ante eso, Loraine se dio la vuelta y se burló de Marco, quien la había seguido hasta el quirófano. "¿Es esta la lesión grave de la que me hablaste?".
El hombre miró más allá de Loraine, al interior quirófano, y frunció el ceño.
"Marco, ¿qué hace ella aquí? Estoy muy asustada...", expuso Keely entre gemidos y con los ojos llenos de lágrimas.
El hombre no tuvo tiempo de pensar demasiado en eso. Extendiendo los brazos para detener a su esposa, exigió: "¡Loraine, basta!".
Sin embargo, la aludida no estaba dispuesta a escuchar nada de lo que Marco tenía que decirle, por lo que pasó junto a él, se acercó a la mesa quirúrgica y abofeteó a Keely con todas sus fuerzas.
El sonido de la bofetada hizo eco en las paredes de la habitación.
Loranie golpeó a Keely con tanta fuerza, que su mejilla instantáneamente se puso roja y comenzó a hincharse. Antes de que Keely pudiera reaccionar, Loraine le arrancó la bata quirúrgica.
Resultó que no tenía ninguna herida en el cuerpo, solo unos cuantos moretones.
Ante eso, Marco frunció el ceño.
Loraine ya había adivinado que, aunque Keely fingió haber sido agredida, en realidad no se lastimaría demasiado a sí misma. Además, como Keely había aterrizado sobre Loraine, era prácticamente imposible que resultara gravemente herida por la caída.
"¿Qué diablos está pasando?", preguntó Marco con frialdad.
Como no era ningún tonto, pudo darse cuenta de que algo andaba mal con la lesión de Keely.
El color que le quedaba a esta última en el rostro desapareció, al mismo tiempo que con una voz de pánico trataba de dar una explicación: "Yo... Yo tampoco lo sé. Estuve inconsciente desde que Loraine me empujó por las escaleras. Acabo de despertarme. ¿De qué riñón están hablando? ¡El doctor debe de haber cometido algún error!".
"¡Guau! ¡Qué error tan conveniente para ti! ¡Si no hubiera expuesto tu treta ahora mismo, habría perdido un riñón!", espetó Loraine, observando a la otra chica.
"¡Disparates!", exclamó Keely mirando al hombre. Inmediatamente después agregó: "¡Marco, no le creas nada! ¡Fue ella quien me empujó!".
En ese momento, el hombre le dirigió a Keely una mirada intensa, la cual la asustó tanto, que no pudo evitar temblar. Luego se volvió hacia Loraine, y le dijo: "Descubriré la verdad y te daré una explicación. Cuando eso suceda, serás recompensada con lo que me pidas".
Mirando al hombre que alguna vez amó profundamente, Loraine sintió su corazón vacío.
Cada vez que esperaba algo de Marco, este la decepcionaba. Su promesa de la supuesta compensación no significaba nada para ella.
"No, no es necesario. ¡Lo que realmente quiero es divorciarme de ti!", murmuró Loraine con amargura.
Al escuchar la declaración de la chica, Marco se sorprendió, y la miró como si fuera una extraña.
Esa fue la primera vez en tres años que Marco trataba de entender lo que pasaba por la mente de su esposa.
Sin embargo, eso a Loraine ya no le importaba, por lo que se dio la vuelta y se alejó sin mirar atrás.
Loraine apenas había salido del hospital, cuando se sintió tan débil, que incluso le costaba mantener el equilibrio.
Durante el forcejeo con los guardaespaldas, se empujó a sí misma a sus límites, quedándose sin fuerzas.
Entonces, sacó su celular y marcó un número.
Poco después, un Lincoln negro se detuvo frente a ella, y un hombre apuesto y vestido en traje se bajó.
Tan pronto como Loraine lo vio, no pudo aguantar más, y se desvaneció.
Afortunadamente, el hombre se adelantó y la atrapó justo antes de que se cayera al suelo. Luego la cargó en sus brazos.
"Tío Rowan...", murmuró la chica. Inmediatamente después, se desmayó en los brazos del hombre.
De vuelta al hospital.
El ambiente en la habitación era extremadamente tenso.
Todos eran muy conscientes de que lo que acababa de ocurrir había despertado la ira de Marco.
Incluso el doctor que atendía a Keely temblaba de miedo.
Arrojando el informe médico al suelo, Marco miró al doctor y, con frialdad le preguntó: "¿Un riñón lesionado? ¿Dice que la paciente necesita un trasplante? ¿Qué demonios es esto?".
La frente del médico estaba empapada de sudor. Incapaz de dar una explicación bajo el escrutinio de Marco, simplemente gimió.
Marco le hizo al médico una última advertencia:
"¡Al cometer un error tan estúpido, has demostrado que ya no mereces ejercer como médico!".
Al escuchar eso, el doctor tembló como gelatina, porque sabía que Marco estaba hablando en serio. Con solo unas cuantas palabras de él, nunca más podría encontrar trabajo en ningún hospital.
Temblando, el médico por fin dijo la verdad:
"La señorita Haywood me ordenó que lo hiciera. Pero le aseguro que no volveré a cometer el mismo error. Deme una oportunidad más, por favor...".
"¡Fuera de aquí!", rugió Marco.
Un instante después, un guardaespaldas sacó al médico de la habitación.
Marco, por su parte, volvió la cabeza y estudió el rostro pálido de Keely. Sus ojos estaban llenos de decepción mientras con frialdad murmuraba: "Tú hiciste todo esto, ¿verdad?".
Presa del pánico y con voz temblorosa, la chica explicó: "Marco, no fue esa mi intención. Como a Loraine no le gustaba que fueras amable conmigo... me enojé y decidí darle una lección".
"¡Suficiente!". El hombre no quería escuchar más a Keely. "¿Querías darle una lección obligándola a que te diera un riñón? ¡He sido demasiado indulgente contigo!".
Al sentir que su situación estaba empeorando, la chica comenzó a llorar.
"¡Marco, acepto que me equivoqué! Estaba muy asustada. Después de la muerte de Jorge, no tenía a nadie en quien confiar y estaba muy enferma. Tenía miedo de que me dejaras desamparada después de que te casaras. ¿Puedes perdonarme?".
Al ver a Keely llorando, el corazón de Marco se ablandó.
"Le prometí a Jorge que te cuidaría, así que cumpliré mi palabra".
Al escuchar eso, la chica exhaló un suspiro de alivio. "Sin embargo, legalmente Loraine es mi esposa, así que no vuelvas a meterte con ella. Espero que esta sea la última vez", agregó el hombre.
Ante esto, una atónita Keely preguntó:
"Marco, ¿cómo es posible que una pueblerina como Loraine merezca ser tu esposa? ¿No te ha avergonzado lo suficiente estos últimos tres años? ¿De verdad quieres pasar el resto de tu vida a su lado? Además, es tan ambiciosa que incluso quiere divorciarse de ti...".
"No quiero volver a escucharte hablar acerca de mi matrimonio".
La expresión amenazante de Marco asustó tanto a Keely, que esta no se atrevió a decir nada más.
"Ahora solo necesitas descansar y reflexionar acerca de lo que has hecho".
Dicho lo anterior, el hombre salió de la habitación con un aire de indiferencia. En el fondo de su corazón, no pudo evitar sentirse molesto por la actitud de Loraine de unos momentos antes.
Realmente no esperaba que le pidiera el divorcio porque nunca había considerado divorciarse de ella.
Se había casado únicamente porque necesitaba una esposa.
Una pueblerina solitaria como Loraine, quien no tenía a nadie en quien confiar, ni dinero, ni poder, era fácil de controlar.
Durante su matrimonio de tres años, la chica había sido una esposa obediente y de buen comportamiento, lo cual era exactamente lo que Marco quería.
Por esa razón, estaba convencido de querer mantener ese matrimonio.
Si Keely era la razón por la que Loraine quería divorciarse, él le explicaría claramente la situación y posteriormente la compensaría.
Agitando una mano hacia su subordinado, Marco le ordenó: "Busca a mi esposa, tráela y no dejes que nada malo le pase. También transfiere cinco millones a su cuenta bancaria".
Al escuchar las órdenes de su jefe, una expresión confundida se dibujó en el rostro del empleado.
Ante eso, Marco frunció el ceño y preguntó: "¿Qué ocurre?".
El subordinado parecía inquieto mientras respondía: "Poco después de que la señora Bryant saliera del hospital, un hombre a bordo de un automóvil de lujo la recogió".
"¿Qué dijiste?", inquirió Marco apretando los puños.
De repente, tuvo la sensación de que las cosas estaban a punto de salirse de su control.
Entonces, en voz baja ordenó: "Encuéntralos a ambos, ¡y tráela de vuelta!".
Algunas horas después, Loraine volvió a abrir los ojos.
Sin embargo, en esa ocasión no se encontraba sola en una habitación de hospital. Estaba en un dormitorio cálido y lujoso.
"Por fin, después de estar fuera de casa durante tres años, has regresado. ¿Por qué hiciste eso por un hombre? ¿Sigues siendo una Torres?".
Al reconocer la voz, la chica volvió la cabeza.
Un hombre alto y de aspecto fuerte estaba sentado junto a la cama. Su rostro era muy atractivo e irradiaba autoridad.
Al ver nuevamente a un familiar, Loraine se echó a llorar, y dijo:
"Tío Rowan, sé que me equivoqué. Nunca debí haberme ido de casa. No debí haberlos lastimado por un hombre indigno como Marco. Lo siento mucho".
Al ver llorar a su sobrina favorita, el corazón de Rowan Torres, oficial del ejército, se suavizó. Mientras ella sollozaba, él la abrazó pacientemente.
"Tranquila. Lo más importante es que por fin has regresado", pronunció el hombre con una voz suave. "Lorrie, después de que tus papás fallecieran en un accidente y te perdieras en el campo, nos esforzamos mucho por encontrarte. Eres el tesoro de la familia Torres, ¡así que no permitiremos que nadie te haga daño!".
En ese momento, un hombre de pelo cano entró en el dormitorio. Se trataba de Aldo Torres, el dueño del Grupo Universe, empresa que se ubicaba en Vagow. Su simple presencia podía asustar a toda una ciudad.
"¡No llores! Lorrie, eres la heredera del Grupo Universe. En el futuro serás la dueña de infinitas propiedades. ¡Quien se atreva a hacerte daño, lo pagará muy caro!".