(ARIANA JÁUREGUI)
Yo, que era fan de la boyband Chromatic desde sus inicios, sentí una mezcla de fastidio y rabia al ver los titulares. Siempre me había gustado su música, pero Ethan... él siempre me había caído particularmente mal. Había algo en su actitud, en esa sonrisa que parecía reservada para las cámaras, que me sacaba de quicio. No entendía por qué tantas chicas lo idealizaban. Y ahora, por su culpa, toda la banda estaba en el ojo del huracán. Me hervía la sangre al leer comentarios que generalizaban y atacaban a toda la banda. Y me daba rabia, mucha rabia, que por culpa de Ethan se estuviera juzgando a toda la banda. Dejé el teléfono a un lado.
-Ariana, ¿estás lista? Ya tenemos que irnos -dijo mi mamá.
Me levanté. «¿Ya nos iremos a conocer a Robyn? ¿Las fotografías son reales?» No podía creerlo. No era una mala noticia, al contrario, era fantástica. Aun así, no dejaba de sorprenderme. Este desfile no se parecía en nada a los que solía asistir. Era un verdadero espectáculo televisado. Esta sería la segunda vez que desfilaba junto a mi madre. De hecho, mi debut fue a su lado.
-¿Terminaste? Tu mamá me dijo que deben ir a los ensayos en veinte minutos -dijo Keyla, que estaba detrás de mí, apartando mi cabello para sujetarlo en una trenza.
«¿Cómo le explicaba este repentino arrepentimiento?» El miedo a fracasar me atenazaba. «Dios mío, iba a ver a mi artista favorita.»
Keyla me maquilló muy natural, me perfumó y me ayudó a ponerme una chaqueta. «Quiero morir.» Estaba a un paso de conocer a Robyn. «¿Cómo demonios iba a poder mirarla a los ojos sin perder la compostura?» Y ahora que iba a trabajar para ella... La ansiedad me invadía. Al bajar de la camioneta, Silvia me pidió con una mirada severa que me comportara frente a Robyn, que no hiciera nada que pudiera avergonzarnos.
-Lo entiendo -respondí-. Es una gran oportunidad.
-Este show se transmitirá a todo el mundo -añadió Silvia-. Si haces un buen trabajo, las ofertas lloverán.
-¡Silvia! -exclamé-. Me estás poniendo aún más nerviosa.
-Úsalo como combustible -insistió-. Es una plataforma increíble.
«¿Combustible? Lo único que hacía era incendiar mis nervios.»
Apreté los labios, guardando mi teléfono en el bolso. Seguí a mi madre. Al alcanzarla, entrelacé mi mano con la suya y entramos juntas al edificio. Silvia me dio una palmada en la espalda y me indicó con la mirada hacia la izquierda. Allí estaba Robyn. Contuve la respiración. Silvia tomó mi mano, y se lo agradecí.
-¿Crees que pueda tomarme una foto con ella? -susurré.
Silvia me miró con una sonrisa divertida y depositó un suave beso en mi cien.
-Al final de la grabación, tal vez. Pero recuerda que este show se grabará. Podrás verlo todas las veces que quieras.
-Lo sé -insistí-. Pero quiero una foto con Robyn.
-Veré qué puedo hacer -dijo, dándome unas palmaditas en la espalda antes de alejarse.
Al cruzar el umbral, me encontré en un mundo aparte. El estudio era un torbellino de color y movimiento. Ropa por todas partes: vestidos vaporosos, chaquetas de cuero, pantalones ajustados, y, por supuesto, una gran cantidad de lencería. Las modelos, con una confianza envidiable, se movían con naturalidad entre el equipo de Robyn, que ajustaba y perfeccionaba cada detalle. Observé con admiración el trabajo del diseñador y su asistente, cómo moldeaban las prendas sobre los cuerpos como si estuvieran esculpiendo una obra de arte. La escena me trajo recuerdos de mis propias sesiones de alta costura, donde la precisión y el detalle eran igualmente importantes. Sin embargo, allí, la lencería, con su crudeza y su cercanía al cuerpo, creaba una atmósfera distinta. En la alta costura, la ropa era una extensión del arte; aquí, parecía ser una extensión del cuerpo mismo, una segunda piel que revelaba más de lo que ocultaba. «Esto es increible, me encanta este mundo.» Un miembro del staff se aproximó con una sonrisa de genuina admiración. Le respondí con una sonrisa educada, escuchando su propuesta.
-¿Te gustaría ver las prendas que el diseñador ha elegido para ti?
Una corriente de nerviosismo recorrió mi cuerpo, un eco de la incomodidad que había sentido al observar a las otras modelos. Sin embargo, me recordé a mí misma que esto era parte del trabajo, un nuevo desafío.
-Sí, por favor -respondí con una sonrisa profesional -me señaló un probador circular, oculto tras una cortina de lino-. Pruébate cada una-me dijo-, necesitamos ver si hay que hacer algún ajuste.
Entré, sintiendo el peso de la tela entre mis dedos mientras me desvestía. Cada prenda, al contacto con mi piel, me recordaba la naturaleza de este trabajo: exposición, vulnerabilidad. Al salir, tras probarme ambas opciones, me repetí que no era tan terrible. Podía manejarlo. Las prendas, de líneas sencillas y escasa tela, contrastaban drásticamente con los elaborados diseños de alta costura que solía lucir. Por un momento, me sentí desnuda bajo la mirada invisible de todos. Pero luego, una sonrisa determinada se dibujó en mis labios. Aceptaría el desafío.
Apenas la asistente terminó de ajustar la última prenda y registrar sus observaciones, el murmullo del estudio se filtró a través de mi concentración. Los asistentes y las modelos hablaban con entusiasmo, con un tono que mezclaba sorpresa e intriga. Un nombre resonó con particular fuerza: Ethan Park. Fruncí el ceño, desconcertada. ¿Qué pintaba él en un evento como este? Y entonces, al levantar la vista, lo vi. Estaba allí, irradiando una confianza casi arrogante que me crispó los nervios. ¡Él también iba a desfilar! La incredulidad me invadió. «¿Esto es una broma?» El nerviosismo que sentía por la lencería, que ya era considerable, se disparó hasta límites insospechados, eclipsado por una creciente irritación. Ethan Park, compartiendo la misma pasarela. Era una cruel ironía del destino. «Dios... ¿cómo voy a sobrevivir el resto de la semana con Robyn presente y con Ethan también?»
Llegó el momento de la caminata. La pasarela se extendía frente a nosotros, un escenario imponente que ahora se convertía en mi peor pesadilla. Intenté concentrarme en la coreografía, en mantener la postura, pero la presencia de Ethan al otro lado era una distracción constante. Cuando llegó mi turno, sentí su mirada clavada en mí. Levanté la vista y nuestros ojos se encontraron. Por un instante, el tiempo se detuvo. Y entonces, el desastre. Tropecé con mis propios pies, cayendo de rodillas con un golpe sordo. La vergüenza me quemaba el rostro. «Tenía que pasar. Justo delante de él.» Lo vi acercarse, con una expresión que no lograba descifrar. ¿Lástima? ¿Diversión? ¿O algo más oscuro?
(ARIANA JÁUREGUI)
Se detuvo frente a mí y me extendió la mano. Sus dedos rozaron los míos cuando los tomé para levantarme. Sentí una corriente eléctrica recorrer mi brazo. Lo miré a los ojos por un segundo, atrapada en su mirada.
-¿Estás bien? -preguntó con un tono que no pude interpretar.
Aparté la mirada rápidamente, sintiendo un calor subirme a las mejillas.
-¿Todo bien, Ariana? -preguntó una de las asistentes con una sonrisa que me pareció ligeramente condescendiente-. Tranquila, hasta las mejores caen rendidas ante los encantos de Ethan.
Ethan me dirigió una mirada que interpreté como una burla velada. «Encantos», pensé con sarcasmo. «Más bien, arrogancia.» Apreté los labios, evitando contestar algún comentario. «Concéntrate, Ariana. No dejes que te afecte.» Pero cada vez que pasaba cerca de él durante los ensayos, sentía su presencia como un recordatorio constante de mi propia inseguridad. Intercambiábamos miradas fugaces, tensas. Era como si él disfrutara viéndome incómoda. O al menos, eso me parecía a mí. Al salir, lo vi apoyado en su Hummer negra, que parecía ocupar medio estacionamiento. Ethan. Ethan Park. De Chromatic. El que siempre me había caído mal. Una ola de irritación y una extraña... ¿curiosidad? me recorrió al verlo. Intenté evitarlo, pero me llamó por mi nombre.
-Ariana, espera un momento. Quería asegurarme de que estás bien. Lo de antes... lo siento. El comentario de Marcos fue... no sé, se le fue la mano. No quería que te sintieras incómoda.
-¿Incómoda? -repetí, con una risa amarga-. No, solo me recordó lo obvio. Que tú eres Ethan Park y el resto del mundo está a tus pies. No te preocupes, estoy acostumbrada al espectáculo. Supongo que es parte de... ¿cómo era? ¿Chromatic?
Me acerqué un poco más, fingiendo recordar su nombre con dificultad, mientras sentía su aroma cítrico invadiendo mis sentidos. «Maldita sea, olía increíble.»
-Vamos, Ariana -dijo Ethan, acercándose un poco más-. No seas tan dura. Además, si te soy sincero, creo que Marcos tenía razón en una cosa...
Abrí la puerta de la Chevrolet Suburban negra y me deslicé dentro, cortando su frase a la mitad. El portazo resonó con fuerza, un eco de la tormenta que se libraba en mi interior. El chófer asintió en silencio, listo para arrancar. Apreté los labios, intentando calmar el torbellino de emociones que me sacudía. «¿Por qué me afectaba tanto su presencia? ¿Por qué me importaba lo que pensara?» A través de la ventana trasera, lo observé. Se había girado, dándome la espalda, pero podía ver la tensión en sus hombros. Parecía... frustrado. «O quizás solo estaba proyectando mis propios sentimientos». La confusión en mi estómago se intensificó. No entendía por qué me sentía así. Era solo Ethan Park, un chico de una boyband que, por alguna extraña razón, se había cruzado en mi camino. «Pero no era "solo" Ethan Park. Era un miembro de Chromatic. El grupo que había llenado mi adolescencia de sueños y fantasías. Y yo... yo lo había tratado como si fuera un desconocido cualquiera. Era una completa locura. ¿Acaso me había imaginado todo? ¿Acaso había soñado que lo conocía y lo había rechazado con tanta frialdad?» La idea de que todo hubiera sido una alucinación era mucho más reconfortante que la cruda realidad.
El interior de la Suburban era un oasis de calma en contraste con la tensión del estacionamiento. El cuero negro de los asientos se sentía frío bajo mis manos y el suave murmullo del aire acondicionado llenaba el espacio. Silvia salió del edificio con una sonrisa mientras saludaba a Ethan como si lo conociera de toda la vida. «¿Qué? ¿Qué está pasando?» Ella subió a la Subirban y se giró desde el asiento delantero, la pantalla de su tablet iluminando su rostro.
-¿Por qué saludaste a Ethan? -cuestioné frunciendo el ceño-, ¿qué está pasando?
Silvia frunció el ceño con un gesto confundido, pero prosiguió con lo que tenía que decir: -Ariana -dijo con una sonrisa que me pareció ligeramente ansiosa-. Prepárate, porque mañana tienes una grabación... con Ethan Park, el integrante de tu banda favorita. Chromatic, ¿no?
Cerré los ojos por un instante, reprimiendo un gemido. ¿De verdad el universo se estaba burlando de mí?
-Pero no te preocupes -continuó Silvia, con un brillo divertido en los ojos-. Y tengo más sorpresas guardadas que te van a encantar -hizo una pausa que me dio escalofríos-, creo que merezco un aumento por conseguirte esta oportunidad con tu bias, ¿no?
-Él no es mi bias, te dije que era Jung Ha-neul -fruncí los labios, volviéndome hacia la ventana.
-Sí, sí, claro -dijo Silvia, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos-. Pero confía en mí, las sorpresas que te tengo preparadas te harán olvidar cualquier otra cosa.
Cerré los ojos, intentando bloquear la imagen de Ethan y la idea de tener que trabajar con él. «No podía ser verdad. No podía estar pasando esto». La ansiedad me atenazaba el pecho. ¿Qué clase de sorpresas me tenía Silvia? ¿Y por qué sentía que estaban relacionadas con él? El resto del trayecto a casa fue una tortura silenciosa, con mis pensamientos dando vueltas en mi cabeza como un torbellino. Normalmente tengo muchas ganas de ir a casa después del trabajo, pero ahora mismo, no quiero, no quiero porque no quiero enfrentarme a lo que está por venir con la espantosa sorpresa de Silvia. «¿Acaso vendrá Chromatic a Los Ángeles, o estarán dentro del trabajo que realizaré con Ethan? Espero que sea eso».
(Park Ethan)
La sonrisa que me obligaba a mostrar ante las cámaras se sentía cada vez más pesada. Era una máscara que ocultaba la frustración que me consumía por dentro. Revisé mi teléfono por enésima vez. Allí estaban, las pruebas de que la realidad y la ficción eran dos cosas muy distintas. Una foto mía, capturada en un mal ángulo, me mostraba con una expresión que nada tenía que ver con lo que estaba sintiendo en ese momento. Otra, directamente manipulada, me involucraba en un romance inventado. «¿De verdad la gente se creía esto? ¿De verdad pensaban que mi vida era un reality show?» El fastidio se transformó en una profunda decepción.
La luz fría de la pantalla del portátil iluminaba mi rostro mientras esperaba a que se conectaran los demás. El silencio en mi apartamento era ensordecedor, un contraste con el torbellino de emociones que me sacudía por dentro. Finalmente, aparecieron los rostros de los chicos y el del director Kim. El ambiente en la videollamada era tenso, casi palpable.
-Ethan -comenzó el director Kim, con un tono cortante-. Esto tiene que parar.
-¿Parar qué? -pregunté, intentando mantener la calma, aunque sentía la presión acumulándose en mi pecho, como una olla a punto de estallar.
-Estas fotos -dijo Seo-joon, mostrando la pantalla de su teléfono a la cámara-. Están afectando nuestra imagen.
-No he hecho nada malo -me defendí, con la mandíbula apretada y la voz firme, aunque por dentro me debatía entre la indignación y la impotencia-. Salí con un amigo, no es mi pareja. ¡No rompí ni una sola regla del contrato, ni una sola vez! Y aunque lo hubiera hecho, ¿a ellos qué les importa? ¿Acaso no tengo derecho a una vida privada?
Me pasé las manos por el cabello con desesperación, intentando liberar la tensión que se acumulaba en mis hombros. La rabia, contenida hasta ahora, amenazaba con desbordarse.
-Nos dijiste que ibas a ser más discreto -intervino Ha-neul, con una mirada de reprobación que me hizo sentir una profunda punzada de resentimiento. Él, que se había negado a ayudarme con las letras de mis canciones en solitario, ahora me exigía discreción. La hipocresía me revolvía el estómago.
-¿Discreto? ¿En serio? ¿Ahora tengo que esconderme para que no me saquen fotos? -exploté, sintiendo la traición punzando en mi pecho-. Estaba cenando. ¿Es un crimen ahora salir a comer? ¿En serio nadie recuerda todo lo que he hecho por esta banda? ¿Todo el tiempo y esfuerzo que he invertido?
Barrí con la mirada a mis compañeros, buscando una señal de apoyo, una palabra de aliento. Pero solo encontré silencio y evasivas. La traición me quemaba por dentro. ¿Así que así eran las cosas? Me dejarían solo ante esto. Me usarían como chivo expiatorio para proteger su perfecta imagen pública. Y Ha-neul, con su silencio cómplice, me demostraba que nuestra "amistad" valía menos que un titular. Me estaban utilizando, manipulando cada aspecto de mi vida. El silencio en la llamada se hizo aún más pesado. El director Kim suspiró, frotándose la frente. La reunión continuó, pero yo ya no estaba allí. Estaba atrapado en un laberinto de decepción y resentimiento.
-Yo creo que deberíamos irnos de hiatus, sacar música en solitario como lo estuvo haciendo Ethan -dijo Ha-neul, con la mirada fija en la pantalla, como si estuviera recitando un guion-. Creo que eso hará que...
-¡No! -Tae-yang se levantó de la silla, con una expresión de frustración que reflejaba la mía-. ¡Esto es ridículo! Tenemos un comeback a la vuelta de la esquina. ¿De verdad crees que es el momento de proponer un hiatus? ¿Quieres que perdamos todo el impulso que hemos conseguido?
-Chicos -intervino Yu-jin, con su voz calmada y persuasiva-. Creo que tengo una solución que nos beneficia a todos. Robyn nos ha invitado a su desfile en Los Ángeles.
-¿Robyn? -preguntó Tae-yang, con curiosidad-. ¿Quién es?
Ha-neul puso los ojos en blanco.
-Por favor, ¿en serio no la conocen? Es una genia. Combina el rock con la estética urbana de una forma... sublime. Es mi diseñadora favorita. Estoy trabajando en mi imagen para convertirme en su imagen.
Yu-jin sonrió con una frialdad que me dio escalofríos.
-Pues bien, Ha-neul, te adelanto que Robyn tiene otros planes. Ha solicitado específicamente que Ethan sea la estrella de su desfile. Y, por supuesto, ha invitado a Chromatic a actuar.
La expresión de Ha-neul se transformó en una mueca de disgusto. Yo sentí que la rabia se acumulaba en mi interior. ¿En serio pensaban que iba a aceptar esto sin más?
-Es una oportunidad única -continuó Yu-jin, con un tono que no admitía réplica-. Presentarán a la hija de Matilde Vázquez. La prensa internacional estará presente. Es la oportunidad perfecta para limpiar la imagen de Ethan y darle un empujón a Chromatic.
Los demás asintieron con entusiasmo, sin siquiera consultarme. Me estaban utilizando. Me estaban sacrificando. Jae-hyun, con una expresión seria, interrumpió el entusiasmo general.
-Yu-jin, creo que deberíamos preguntarle a Ethan qué opina al respecto. No podemos tomar una decisión así sin consultarlo.
-Jae-hyun, creo que es una oportunidad única que no puede desaprovechar Ethan, además que es una gran oportunidad para todos -declaró el director Kim, con un tono que no admitía réplica. Sus ojos brillaban con una intensidad que me incomodó. Estaba claro que esto era mucho más que una simple propuesta. Era una orden disfrazada de oportunidad-. Piensa en el impacto, Jae-hyun. La hija de Matilde Vázquez. La prensa internacional. Esto nos catapultará a otro nivel.
Sentí una profunda repulsión. Me estaban utilizando como un simple objeto, sacrificando mi bienestar por su ambición. Ya no podía más.
-Director Kim -dije, con una voz que, para mi sorpresa, sonaba firme y decidida-. Entiendo que esto sea importante para la empresa, para la imagen de Chromatic. Pero yo no soy un peón en su juego. No voy a ser parte de esta farsa. Si mi presencia es un problema, si soy una mancha en su perfecta imagen, entonces me voy. Renuncio al grupo.