PRÓLOGO
DESPUÉS
Antes de que llegara a mi vida, todo había sido monótono. Las dudas siempre me habían atormentado. Siempre había pensado en que simplemente se trataba de eso, luchar por lo que quieres para al final obtenerlo y triunfar. Cuando llegué a la ciudad me advirtieron de muchas cosas de las que debía de protegerme: no confíes, siempre duda, ten cuidado.
No me dijeron que tampoco tenía que confíarle mi corazón a alguien que desde un principio temí que fuera a ser mi perdición. Y lo fue.
NOTA DE AUTORA:
¡Hola a todos! Si estás aquí espero le des la oportunidad a esta historia, de ser así muchas gracias y de verdad espero que sea de tu gusto y disfrutes de la lectura.
Esta historia es una duología. Está conformada por el primer libro llamado Skyscraper y su secuela Skyfall. Sin embargo, por cuestiones de extensión, el primer libro se ha tenido que dividir en cuatro partes aquí en la plataforma. Esto significa que habrá un Skyscraper - parte I, Skyscraper - parte II, Skyscraper - parte III y Skyscraper - parte IV. Las cuatro partes conforman un solo libro, es decir, el primer libro.
Espero disfruten de la lectura así tanto como yo disfruté de escribir esta historia, de ser que le den una oportunidad, agradezco mucho el apoyo. ¡Muchas gracias!
- Con cariño, Mafer.
Casi había olvidado el ruido de la ciudad hasta que salí por las puertas del aeropuerto y escuché el tráfico andar por las calles de Nueva York. Hacía bastante frío, había sido tan tonta de no haber ido preparada para aquello como si no fuera consciente del clima que hacía ahí, tan solo con unos jeans y una blusa de algodón de manga larga pero no lo suficientemente gruesa como para impedir que el frío pasara y me tocara la piel haciendo que esta se erizara. Maldije bajo ante aquella sensación, nunca me había agradado el frío.
Que ironía al haber decidido mudarme a una ciudad donde el invierno era de bajas temperaturas.
Miré el reloj en mi muñeca y casi doy un respingo al ver la hora que era: 21:28. En ese momento el enojo y frustración volvió a mí recordando que el vuelo había sido atrasado por quién sabe qué asunto que había pasado, por lo tanto, aquello había hecho que llegará mucho más tarde a Nueva York. Odiaba volar cuando era de noche, a pesar de ser una amante de ella no soportaba ir en el cielo en plena oscuridad. Había comprado mi boleto desde hace dos meses atrás como costumbre de mi obsesión por tener la mayor parte de mi tiempo controlado cuando se trataba de la universidad, me parecía injusto para los pasajeros como yo que con anticipación habíamos comprado el boleto con una cierta hora para llegar a una en específico a nuestro destino. Ya en el vuelo cuando llegó la noche tuve que mantener mis impulsos de no agarrar el brazo del señor que iba a mi lado para calmar la ansiedad, aunque dudo que este no se hubiera dado cuenta de que algo me pasaba después de que me revolviera sobre mi propio asiento cada cinco segundos y mis manos no se estaban quietas.
-¿Se encuentra bien, señorita? -me había preguntado a lo que yo le respondí que sí con una sonrisa que había pensado que había fingido bastante bien hasta que en su rostro leí que aquello no lo había convencido.
-Es sólo que estoy algo nerviosa -le dije para despreocuparlo, aunque aquello tampoco funcionó del todo-, voy a ver a mi novio después de no haberlo visto en todas las vacaciones y bueno ya se imaginará.
No tengo idea de por qué dije aquello en ese momento porque, ni siquiera existía ese novio, pero había sido lo primero que vino a mi mente y al parecer funcionó para que el señor se despreocupara de la causa de todas mis acciones como resultado a mi miedo de volar por la noche.
En cuanto aterrizamos casi salgo corriendo del avión justo cuando nos indicaron que podíamos comenzar a desabordar con orden y precaución. Antes de que me alejara de todos escuché la voz del señor diciéndome un ''suerte con su novio, señorita'' a lo que yo le dediqué una sonrisa y le dije un ''gracias'' antes de alejarme por completo de ahí. Busqué mis maletas bastante apurada porque ahora parte de mis planes habían cambiado un poco debido al atraso del vuelo, tan así que ahora tendría que tomar un taxi para llegar a mi apartamento pues a Thiago se le dificultaba a estas horas debido al trabajo.
-¡Taxi! -dije en la acera mientras levantaba mi mano para poder detener alguno de los tantos que pasaban por ahí.
No tardó uno en detenerse frente a mí a lo que agradecí interiormente pues el frío me comenzaba a calar un poco y era algo que no soportaba. El taxista bajó al verme con una maleta y se ofreció a subirla a la cajuela por mí, le agradecí tan rápido que ni siquiera sé si pudo escucharme porque en cuanto pude me metí a la parte trasera del taxi para poder escapar del frío. Dentro me recorrió un escalofrío al sentir la calidez, comencé a frotar mis brazos y manos mientras colocaba mi bolso sobre mi regazo.
-¿A dónde la llevo, señorita? -dijo el señor que sería mi taxista durante los próximos veintidós minutos.
-A 200 East 87th Street, por favor -dije mientras sacaba mi celular y le mandaba un mensaje a Thiago diciéndole que ya me encontraba en la ciudad y que iba de camino a mi apartamento.
-Hace frío -soltó de pronto el señor mientras conducía y me daba una rápida mirada por el espejo del retrovisor.
-Sí, bastante -dije mirando por la ventanilla la ciudad que se abría a nuestro paso, llena de luces, grandes edificios, autos y a unas cuantas personas aún caminando por las calles saliendo de sus respectivos trabajos.
Por un momento había olvidado lo que se sentía estar aquí, y del por qué me había enamorado tanto de esta ciudad a pesar de que siempre había preferido los lugares tranquilos y rurales, esto era totalmente lo opuesto a ser algo rural y por alguna razón me tenía encantada. Había tan solo pasado seis meses viviendo aquí y ya estaba segura de nunca querer dejar por completo este lugar.
Había disfrutado de las vacaciones de invierno en casa de mis padres, no voy a negar que habían sido algo que necesitaba después de haber cursado mi primer semestre de universidad lejos de casa y de ellos. Sin embargo, había llegado el tiempo de volver a donde ahora tenía mi vida y una parte de mí estaba ansiosa por volver a ella porque realmente me encantaba.
Después de lo que habían sido veinticinco minutos vi que ya estábamos en una parte de East 86th St, no tardé en identificar exactamente por donde íbamos pues a tan solo una cuadra y media quedaba mi apartamento. Logré divisar un poco más adelante en aquella misma calle el Sur La Route un café al que Thiago y yo solíamos ir juntos bastante seguido tiempo atrás, ahora debido a su trabajo en pocas ocasiones llegaba a acompañarme por lo que me estaba acostumbrando a ir sola.
-Disculpe, ¿podría mejor dejarme ahí, por favor? -dije apuntando hacia el café y el señor amablemente asintió sin notar algún rastro de enfado por el cambio tan repentino.
Mi apartamento quedaba muy cerca, podría caminar el resto después de comprar un café, después de todo necesitaba la cafeína para la larga noche que me esperaba para organizar todo en casa, y quizá tal vez este podría calmarme un poco el frío. Me las arreglaría.
Bajé del taxi volviendo a sentir el frío y otro escalofrío recorrió mi cuerpo. El taxista se bajó también y me ayudó a bajar la maleta, le pagué y le agradecí a lo que este me deseó una buena noche. Arrastré mi maleta, agradecía que no era muy grande y fuera de llantitas lo cual me hizo más fácil el trabajo de llevarla conmigo. No lo dudé dos veces y casi corrí hacia la entrada del café cuando un señor alto moreno, cabello oscuro, con abrigo largo, guantes y un olor a loción extremadamente cara abrió la puerta para salir del local haciendo sonar la pequeña campanita que había en la parte inferior de la puerta. Me detuve en seco esperando a que este saliera sin embargo este me miró por unos segundos, me dedicó una sonrisa y me hizo un ademán de que fuera yo la que pasara primero.
-Adelante, señorita -dijo con un tono de voz bastante educado a lo cual yo sonreí algo apenada.
-Gracias -dije y entré apresurada junto con la maleta.
-No hay de qué -dijo cuando ya me encontraba dentro y pude ver por el rabillo del ojo como este salía del local.
Fue imposible no sentir enseguida la calidez de la cafetería y no aspirar el delicioso olor a café y pan, amaba ese olor. Me acerqué a la caja y como la mayoría de las veces me encontré a Jack detrás del mostrador, al mirarme una sonrisa de sorpresa se dibujó en su rostro.
-Hey, Val -dijo con un tono de alegría al verme acercarme a la caja y le devolví la misma sonrisa-. ¿Dónde te habías metido? Feliz año nuevo.
-Hola, Jack -dije aun sonriendo ya estando frente a él en la caja y con la maleta a mi lado-. Feliz año nuevo para ti también. Fui a pasar las fiestas a California con mis padres, ¿Thiago no te lo dijo?
-Ese chico no se ha pasado por acá desde que empezaron las vacaciones -dijo apoyando ambas de sus manos sobre el mostrador-. California, eso es muy lejos.
-Del otro lado del país básicamente -comenté encogiéndome de hombros y después colocando mi bolso sobre el mostrador-. Justo vengo del aeropuerto, mi vuelo se atrasó y bueno, ya te imaginarás.
-Ya veo -dijo riendo un poco mientras miraba mi maleta y después darme una mirada a mí la cual hizo que su sonrisa se borrara por completo y abriera los ojos bastante que creí que se le saldrían sus orbitas-. Val, ¿no tienes frío? He escuchado que afuera es un congelador.
-Sí, olvidé traer algo más -hice una mueca y después miré el menú sobre su cabeza entrecerrando mis ojos leyéndolo para decidirme por qué pedir-. Voy a querer un...
-Café moca -terminó Jack por mí a lo que yo sonreí y asentí-, lo mismo de siempre -dijo sonriendo mientras anotaba aquello en la computadora y después me miraba de nuevo en espera de que confirmara en que aquello sería lo único o agregaría algo más.
-Y también voy a querer el sándwich que es en un croissant de...
-Pretzel -volvió a terminar por mí y sonreí asintiendo como niña pequeña porque amaba ese sándwich, rara vez no lo pedía y Jack ya se había aprendido la mayoría de mis combinaciones que, aunque Thiago siempre me decía que eran raras yo las amaba-. ¿Algo más?
-Nada más, ¿cuánto sería, Jack? -respondí mientras sacaba la cartera.
-Quince con sesenta y ocho centavos, ¿sería para llevar o? -me respondió a lo que le tendí un billete de veinte, este lo tomó, lo metió a la caja registradora mientras tomaba la feria y después me la dio.
-Sí, por favor. Necesito llegar a mi apartamento lo antes posible -reí bajo mientras guardaba la feria junto con la cartera y volvía a colgar del bolso sobre mi hombro.
-Entiendo, enseguida te doy tu pedido -me dedicó una sonrisa a lo que yo se la devolví y agradecí mientras me iba del otro lado del mostrador arrastrando mi maleta.
Jack era un chico alto con cuerpo de atleta, cabello oscuro y ojos verdes, cinco años mayor que yo, era muy guapo y era bastante agradable. Lo conocí cuando recién llegué a la ciudad y descubrí esta cafetería. Empecé a venir a hacer la mayoría de mis tareas aquí y siempre estaba él atendiendo, contagiaba su alegría y positivismo por lo que después de conocer a Thiago y hacernos buenos amigos decidí enseñarle este lugar que a pesar de él llevar la mayor parte de su vida viviendo en Nueva York, no conocía. Le encantó, no tanto como a mí, pero aquí era nuestro lugar y Jack ya nos conocía muy bien.
Saqué mi móvil cuando escuché que me había llegado un mensaje y al ver la pantalla vi el nombre de Thiago en él.
'Que bueno, princesa. Avísame cuando estés en él. Lamento no haber podido ir por ti, te quiero.'
Sonreí, le escribí un corto mensaje diciéndole que había llegado primero a Sur La Route y que aquí estaba Jack. Le mandé una foto del mostrador y después mandé el mensaje. Miré hacia afuera y apreté los labios con angustia al pensar que en unos minutos volvería al frío, pero aquel pensamiento lo reemplace por el hecho de que el café podría ayudarme a no sentirlo tanto de camino al apartamento, después de todo solo estaba a una cuadra y media.
De pronto aún mirando hacia afuera sentí algo en mí, no algo físico, sino una mirada. No pude evitar desviar la mirada de las ventanas y buscar en el local de quien provenía hasta que al fondo sentado en una de las mesas de la esquina me encontré con un chico mirándome fijamente, sin siquiera disimular un poco.
Esperaba que cuando lo atrapase mirándome desviara la mirada, pero no lo hizo, se quedó ahí, sentado mirándome aún con una mirada que no podía describir de qué era. Su mano derecha se encontraba alrededor de un vaso el cual llevó a sus labios y dio un sorbo, supuse que era café por el tipo de vaso que era. Fruncí el ceño algo enfadada y le hice un gesto dándole a entender que qué era lo que había perdido o algo que le representara que aquello no me parecía bien y me incomodaba. Este solo rió, no fue una carcajada, pero pude escuchar un pequeño sonido y pude ver la sonrisa cuando bajó el vaso y volvió a apoyarlo sobre la mesa. Estaba a punto de protestar e ir a decirle algo, pero entonces escuché a Jack llamarme.
-Val, aquí está tu pedido -dijo dándome el sándwich en una bolsa y el café con un cartoncito de más para no quemarme cuando lo agarrara.
-Oh gracias -dije automáticamente olvidándome de lo que había pasado segundos antes y tomé la bolsa con el sándwich junto con el café-. Eso fue rápido -comenté bromeando un poco, aunque era verdad, este sólo rió y asintió.
-¿Cinco de cinco estrellas? -me preguntó como cada vez que estaba por irme de ahí.
-Seis -respondí yo como siempre y este volvió a reír mientras salía del mostrador e iba a la puerta abriendo esta.
-Deja te ayudo a abrir la puerta, ¿segura que puedes sola?
En ese momento tomé la maleta con la misma mano que tomaba la bolsa con el sándwich y la arrastré hasta llegar a la puerta y quedar frente a Jack.
-Sí, no te preocupes, Jack. Sólo es una cuadra y media -dije yo mientras le dedicaba una sonrisa y después alzaba el café-. Muchas gracias, un día de estos me volverás a ver por aquí como los viejos tiempos, hasta pronto.
-Con cuidado, Val -dijo riendo mientras yo salía y comenzaba a caminar por la acera hasta llegar a la esquina y poder cruzar a la otra calle y después a la otra.
El frío era espantoso, por lo que de camino di unos cuantos sorbos al café con cuidado de no quemarme como lo hacía de costumbre, aunque en aquellos momentos no me importaría hacerlo pues quizá por unos segundos dejaría de sentir frío. Maldije en voz baja mientras seguía caminando y daba vuelta en la esquina aún caminando por la acera, quizá mañana tendría un terrible resfriado y no podía permitir aquello. Las clases comenzaban en dos días, no podía iniciarlas con un resfriado, si de por sí no me gustaba faltar a clases mucho menos me gustaba la idea de faltar a las primeras clases del semestre.
Ya estaba frente al edificio de mi apartamento así que empujé la puerta con mi hombro y entré casi tropezando con el mini escalón que había que por un momento había olvidado que se encontraba ahí. Levanté la maleta mientras sostenía la puerta de cristal con mi cuerpo y entonces escuché la voz de George.
-Señorita Boone -dijo acercándose a mí el señor calvo que era el guardia del edificio, un hombre bastante agradable-. Permítame ayudarle.
Me sostuvo la puerta para que me fuera más fácil y le sonreí entrando por completo y después soltando un suspiro de alivio al sentir la calidez de nuevo.
-Gracias, George, ¿no tuviste vacaciones?
-Oh señorita, no exactamente, sólo descansé los días festivos para pasarla con mi familia. No pienso perder este trabajo -dijo despreocupado con aquella sonrisa que le caracterizaba.
Asentí entendiendo aquello y traté de regalarle una sonrisa.
-Entiendo, espero la hayas pasado muy bien. Supongo que lo veré mañana -dije deseándole una buena noche mientras me acercaba al ascensor, pero antes de que pudiera oprimir el botón volví a escuchar su voz.
-Espere, señorita -dijo mientras volvía detrás del mostrador y sacaba una caja envuelta con papel de regalo y un moño dorado. Se acercó a mí casi corriendo a pesar de que solo nos separaban unos cuantos metros y me tendió la caja-, vino su novio a dejarle esto el día de vísperas de navidad, le dije que no se encontraba y me dijo que se lo entregara cuando llegara.
Fruncí el ceño confundida. ¿Novio? Yo no tenía ningún novio. Sin embargo, tomé la caja algo insegura soltando la agarradera de la maleta y vi la tarjeta de la caja:
' Para: Valet Boone
De: Dylan Becher
Feliz Navidad, espero compensarlo todo algún día.'
Bufé rodeando los ojos sin poder evitarlo al leer aquello. Negué haciendo una mueca y no me di cuenta de que George seguía ahí, con una expresión de preocupación al ver mi reacción.
-No lo quiero, puede deshacerse de él si gusta -dije devolviéndole la caja a lo que este la tomó asombrado y preocupado.
-¿Está segura señorita? -preguntó y asentí-. ¿Y si es algo de valor? No puedo simplemente tirarlo a la basura.
-George, una vez me dijiste que tenías hijas, ¿no? -pregunté a lo que este asintió algo confundido por mi pregunta-. Puedes ver lo que hay dentro y si gustas dárselo a una de tus hijas si es que es posible.
-¿Está segura? ¿No quiere ver lo que hay dentro? -dijo mientras me veía oprimir el botón del ascensor.
-Nunca he estado tan segura de algo, y no, no quiero ver lo que hay dentro. Estoy algo cansada por el vuelo, iré a descansar. Buenas noches, George -dije entrando al ascensor volviendo a tomar la maleta pues las puertas ya se habían abierto.
George me deseó buenas noches y antes de que las puertas del ascensor se cerraran le dediqué una sonrisa que al momento de estas cerrarse se borró. Me quedé quieta ahí por unos segundos, cerré los ojos, respiré profundo y después dejé salir el aire de mis pulmones mientras abría los ojos. No podía dejar que aquello me afectara. Di un sorbo al café sin importar si este seguía demasiado caliente como para quemarme y oprimí el botón del piso once.
Había aprendido que la puntualidad era un hábito que en ocasiones podía intimidar al contrincante cuando este no lo era, y la ventaja de esta ciudad es que aquí era muy difícil serlo. Pero no para mí. Aunque era un hábito que tuve que adherir a mi vida a regañadientes, resultaba que ahora era amante de la puntualidad porque aquello me hacía poder analizar a las personas desde el momento en el que llegaban al lugar donde habíamos acordado.
Y había comprobado que aquello era verdad, pues al verme ya en aquel lugar podía mirar las miradas nerviosas y el encogimiento de hombros que trataban de ser ocultas debajo del poder y dinero de aquellas personas que pensaban que lo era todo en este mundo.
Sin embargo, aquella noche no iba a encontrarme con una de esas miradas pues no era la primera vez que nos encontrábamos para un acuerdo. Vi a Stone entrar por la puerta de aquel café, había sido un nuevo lugar para encontrarnos, algo bastante diferente a lo que estábamos acostumbrados. Lo había visto desde el momento en el que bajó del auto acompañado de aquel gran hombre que siempre iba con él a todas partes, le dio ciertas indicaciones que hizo que este solo asintiera sin decir ninguna palabra y se quedó fuera del café junto al auto mirando a todas partes con aquel disimulo que tenía un guardaespaldas. Miré como Stone me buscó con la mirada ya dentro del café y al encontrarme sonrió victorioso mientras caminaba hacia la mesa donde estaba sentado.
-Nathaniel -dijo ya estando lo bastante cerca de la mesa para después sentarse frente a mí-. Sabía que no me fallarías.
-¿Alguna vez lo he hecho? -dije automáticamente mirándole serio.
-Nunca, muchacho -contestó con aquella sonrisa aún con orgullo quitándose los guantes de piel dejándolos sobre la mesa-. Hace mucho no nos encontrábamos, ¿cómo has estado?
-¿Por qué mejor no empezamos por la razón por la que me has pedido encontrarnos? -dije evadiendo aquella pregunta que sabía perfectamente que no le interesaba del todo, sólo era una máscara para ocultar que lo único que le importaba era el dinero.
-Tienes razón -dijo borrando la sonrisa llevándose con ella aquella máscara mientras apoyaba su espalda sobre el respaldo del asiento-, necesito que hagas un trabajo por mí.
Le miré atento analizando cada facción de su rostro. En aquel momento supe que había mucho dinero de por medio, no era la primera vez que trabajaba para él, mucho menos habiendo una gran cantidad de dinero involucrada.
Tomé el café que había pedido minutos antes de que llegara y lo llevé a mis labios dando un sorbo a este desviando la mirada por la ventanilla mirando hacia la calle, sin dejar de mirar por el rabillo del ojo como este esperaba ansioso a que yo dijera algo como respuesta a sus palabras.
-Necesito saber cuánto es y el nombre -dije como siempre volviendo a mirarle a los ojos, percibiendo aquella sonrisa arrogante en el rostro de Stone.
-Doce millones. James Cook.
Mierda.
-¿Me estás jodiendo? -pregunté apartando el café de mis labios volviéndolo a dejar sobre la mesa, pero sin apartar mi mano de este-. Es una gran cantidad.
-Por eso mismo te necesito a ti -dijo con orgullo mientras sacaba de su abrigo la cajetilla de cigarros y sacaba uno colocándolo entre sus labios. Extendió la cajetilla hacia mí y yo me negué.
-¿Por qué estás tan seguro de que puedo ganar aquella fortuna? -pregunté colocando ambas de mis manos sobre la mesa entrelazando estas sin dejar de mirar cada una de sus acciones mientras este sacaba el encendedor y prendía fuego al cigarrillo en su boca, ignorando el hecho de que estábamos en una cafetería libre de fumadores.
-Siempre lo has hecho, ¿no? Eres mi mayor arma, es una gran fortuna y no pienso arriesgarme a darle este trabajo a un estúpido que pueda hacerme perder tal cantidad -dijo sin mirarme guardando el encendedor y la cajetilla dentro de su abrigo, dio una calada al cigarrillo y después liberó el humo por la boca hacia otro lado.
-¿Y conmigo sí piensas arriesgarte?
-¿Alguna vez has perdido, Nathaniel?
Y la verdad es que no. Nunca lo había hecho, y era bueno. Bastante bueno. Entre la gente que se bañaba en dinero me consideraban el mejor apostador de la ciudad, casi después de un año que llegué a la ciudad. Era una ironía que la gente que más tenía dinero era la que siempre andaba buscando más y más, sin nunca tener suficiente. Yo me aprovechaba de aquello, cómo no hacerlo cuando recibía una gran cantidad de dinero a cambio. Sin embargo, siempre tenía cuidado de donde me metía.
De todas las personas para las que había trabajado a lo largo de estos años, Stone era el más apasionado por el dinero y el poder, si aquello se pudiera considerar como una pasión o más bien una obsesión con siempre tener más. Empecé a trabajar para él hace tres años, había investigado sobre él antes de comenzar a hacerlo, sabía que este mundo podía tornarse peligroso si no lo hacía con las personas correctas. La verdad es que no había encontrado mucho más que era dueño de dos casinos en Nueva York, uno en Las Vegas y uno en Los Ángeles, de ahí porque poseía tanto dinero y cierta fama. Ciertamente nunca había podido entender por qué teniendo tanto siempre quería más a tal punto de hacer apuestas en sus propios casinos por una gran cantidad de dinero: la única respuesta era la obsesión por él.
Le miré por unos segundos serio sin cambiar ninguna facción de mi rostro. Entrecerré mis ojos mientras este trataba de averiguar qué era lo que pasaba por mi mente en esos momentos, pobre que no tenía ni puta idea.
-¿Tienes información? -pregunté volviendo a hacer mi cuerpo hacia atrás imitando su acción de apoyar la espalda sobre el respaldo.
Este sonrió de lado volviendo a sacar el humo de sus pulmones esta vez soltándolo por la nariz. Metió la mano dentro de su abrigo y sacó una carpeta dejándola en la mesa. Sin despegar mi mirada de la suya me incliné un poco y tomé la carpeta abriéndola después leyendo el nombre ahí.
-Británico -dije leyendo la nacionalidad del hombre con que el que Stone había apostado una fortuna y miré la foto que había adjuntado en aquellos papeles.
-Viene desde Londres -dijo dando otra calada al cigarrillo mientras me miraba sin poder borrar aquella sonrisa, como si ya pudiera ver el dinero entre sus manos-. Viene a hacer unos negocios conmigo, aprovechará el tiempo para pasar un buen rato jugando.
-¿Perdiendo el dinero? -pregunté con ironía mientras tomaba de nuevo el café y daba otro sorbo sin dejar de leer toda información de aquel hombre.
-Piensa que tiene al mejor apostador de su lado -dijo despreocupado encogiéndose de hombros.
-¿Cómo sabes que no es mejor que yo?
Yo sabía que no lo era, nadie era mejor que yo.
-Lo he investigado es un novato de veintidós años, ha perdido en cuatro ocasiones -justo cuando dijo eso vi unas cuantas hojas atrás la información del chico que decía-. Pan comido para ti.
-Yo también fui un novato de veintidós años.
-¿Y cuantas veces has perdido?
Ninguna.
Cerré la carpeta sin terminar de leer toda información, le dedicaría una noche entera a aquello.
-¿Cuál es el porcentaje? -pregunté volviendo a apoyar mi espalda sobre el asiento mientras llevaba el café a mis labios y bebía de este.
-Pensaba darte el quince por ciento.
Yo sonreí casi aguantado las ganas de querer carcajear en ese momento. Estaba loco si pensaba que sólo me daría aquello. Dejé el café sobre la mesa volviendo a incorporarme un poco hasta inclinarme lo suficiente para colocar mis manos entrelazadas sobre la mesa, sin dejar de mirarle notando como este se ponía serio ante aquello, sabía lo que pasaba por mi mente solo porque yo le había permitido que lo supiera con aquello que había hecho.
-Veinte -dijo esta vez.
Entrecerré mis ojos esta vez mirándole mientras ladeaba un poco mi cabeza.
-Veinticinco.
Me quedé quieto, sin cambiar mis facciones dándole a entender que seguía sin aceptar aquel trato. No lo haría hasta que el número subiera, no era estúpido y sabía como aprovecharme de aquella situación. Había tratado a Stone años para saber hasta que punto accedería por mi trabajo, por supuesto que haría lo que yo le pidiera pues no tenía a nadie mejor que yo, por muy arrogante que aquello sonara, pero era la verdad.
-Vamos, Nathaniel. Son tres millones de dólares -dijo casi riendo, pensando que aquello me sería suficiente.
Seguí sin decir nada y sin apartar la vista de él. Me sostuvo la mirada, apostaría que para él fueron eternidades, pero para mí solo fueron segundos. Después de dar una larga calada al cigarrillo y liberar una gran cantidad de humo me miró sonriendo mientras negaba.
-Treinta -dijo por fin llegando un poco más arriba de mi objetivo.
-¿Cuándo es? -dije como aprobación ante aquel acuerdo.
-En dos días -me contestó.
De pronto vimos alguien acercarse y era el chico que había estado en el mostrador minutos antes. Justo el que había tomado mi orden cuando pedí el café.
-Disculpe, este es un área libre de fumadores -dijo con educación mirando a Stone.
Este ni siquiera lo miró. Sonrió como si aquello no le hubiera importado hasta que asintió.
-Descuide, ya me iba -comentó como respuesta mientras apagaba el cigarrillo en la carpeta sin importar si había dejado alguna marca de ceniza en los documentos. A mí no me preocupó, había leído lo esencial de la primera página.
Stone se levantó sin dejar de mirarme y sacó una tarjeta de su abrigo la colocó en la mesa y la deslizó hasta mí sin apartar la mirada ignorando por completo al chico que aún seguía ahí.
-Jhon te estará esperando en el hotel para llevarte, aquí está la tarjeta de la habitación -dijo sin más tomando los guantes de piel y colocándoselos de nuevo. Se giró hacia el chico y le dedicó una sonrisa de esas que yo ya conocía que sabía que para cualquier otra persona hubiera sido amable, para mí era falsa-. Una disculpa... -se detuvo entrecerrando los ojos mientras miraba el gafete en el uniforme del chico-, Jack -completó la oración con una sonrisa y después se dio la vuelta yendo directo hacia la puerta.
El chico me miró algo confundido y pude percibir cierta pena en su rostro, quizá pensaba que lo había molestado y por eso Stone se había ido.
-Así es él, no te preocupes -dije mirándole mientras volvía a tomar del café dando otro sorbo, el chico miró la colilla del cigarrillo ya apagado sobre la carpeta-. Tranquilo, yo lo limpiaré.
-¿Se te ofrece algo más? -preguntó con educación con su mirada esta vez en dirección al café a pocos centímetros de mi mano.
-No, así estoy bien, gracias -dije sin más con el fin de que este se fuera y en efecto, este lo hizo volviendo al mostrador en cuanto me escuchó.
Abrí de nuevo la carpeta dejando de lado la colilla, apenas había cruzado a la primera hoja por lo que seguí escaneando con mis ojos alguna otra información general que pudiera servirme, hasta que escuché la pequeña campana de la puerta, supuse que Stone entonces ya se encontraba cruzando la acera para ir hasta su auto donde su guardaespaldas lo esperaba. Cuando levanté la mirada por el cristal de la ventana no lo miré, aquello me extrañó así que miré hacia la puerta. Noté que este seguía ahí de pie, junto a la puerta mientras sostenía esta, lo vi decir algo que no pude escuchar con certeza y entonces entró una chica casi corriendo con una maleta a su lado como si tuviera mucha prisa y desesperación en entrar. Tembló al entrar mientras se acercaba al mostrador y enseguida sonrió.
Tenía el cabello castaño y le llegaba unos cuantos dedos más abajo de los hombros, no era baja, pero tampoco era alta, tenía una estatura promedio. Me fue imposible no mirarla de pies a cabeza. Siempre que miraba a una mujer lo primero que trataba de analizar eran sus acciones y las palabras que salían de su boca, con ella me había sido casi imposible no contemplarla desde aquel ángulo, el cual no estaba tan cerca pero no tan lejos como para no poder fijarme en que a pesar de aquella ropa que llevaba podía decir que hacía ejercicio, aquello le favorecía.
Miré su perfil y me incliné sobre la mesa juntando mis manos sobre esta para poder escuchar lo que hablaba con el chico que antes había venido a decirle a Stone sobre el cigarrillo. Jack era.
-Fui a pasar las fiestas a California con mis padres, ¿Thiago no te lo dijo? -dijo la chica aún sosteniendo la maleta a su lado.
Aquello que había dicho me hizo deducir y enlazar la información, seguro venía del aeropuerto y por eso llevaba la maleta con ella. Volví a mirarle de pies a cabeza, no de una manera morbosa, sino que trataba de buscar algo que ni siquiera yo me convencía de saber qué era, había algo en ella que me causaba cierta curiosidad e incertidumbre.
Sin darme cuenta ella ya se encontraba yendo del lado opuesto del mostrador arrastrando la maleta, sacó su celular y automáticamente sonrió mientras tecleaba algo en él, me preguntaba que era lo que la había hecho sonreír, o más bien quién. Miró hacia afuera y detecté cierta preocupación en su semblante, el cual fue reemplazado cuando de pronto desvió la mirada de ahí mirando dentro de la cafetería corriendo la vista por todos lados como si estuviera buscando algo. Hasta que su mirada topó con la mía.
Mierda.
Nunca me había pasado aquello. Siempre que miraba a las personas con el fin de analizarlas, estas nunca se percataban de mi mirada en ellas, pero ella lo hizo. Aquello por un segundo me extrañó y me sacó de mis estándares, pero no aparté la mirada. Tomé el vaso de café llevándolo a mis labios y dando un sorbo sin dejar de mirarle. Me sostuvo la mirada sin mostrar ninguna señal de miedo y yo me mantuve firme. Hasta que frunció el ceño y arrugó la nariz como forma de enfado, aquel gesto me hizo sonreír y después reír bajo sin poder evitarlo volviendo a colocar el vaso sobre la mesa. Pareció enfadarle aún más porque parecía que iba a decir algo, pero entonces se giró cuando alguien en el mostrador la llamó era Jack.
Decidí apartar la mirada esta vez, mirando hacia afuera olvidándome por completo de Stone. Su auto ya no estaba. Apreté mis labios volviendo a concentrarme en los papeles dentro de la carpeta leyendo esta vez más de la segunda hoja, pero no podía concentrarme. Cuando la pequeña campana de la puerta volvió a sonar automáticamente subí la mirada hacia la puerta y vi a Jack sosteniendo la puerta mientras la chica le sonreía y le decía algo, el chico rió mientras le decía algo cuando esta ya se encontraba fuera del local caminando por la acera arrastrando la maleta, la miré hasta que ya no pude pues había desaparecido de mi panorama.
Segundos después miré a mi alrededor en el local, había solo dos personas y una de esas era yo. Jack se acercó a un señor que se encontraba en las primeras mesas cerca de la entrada, le dijo algo y el señor asintió. Después se acercó a mí y yo di otro sorbo al café.
-Hey, disculpa que te moleste de nuevo, pero, la cafetería ya va a cerrar en diez minutos.
-No te preocupes, haces tu trabajo -dije mientras cerraba la carpeta y tomaba una servilleta limpiando las cenizas que había dejado Stone con el cigarrillo.
-¿Correr a la gente? Creo que eso no es algo que sea parte de mi trabajo -bromeó a lo que yo sonreí un poco alzando la mirada hacia el chico.
Cabello negro, ojos verdes y bastante alto, quizá un poco más que yo lo cual era sorprendente a lo alto que yo era.
-La chica con la que hablaste antes -hice un ademán con la cabeza indicando al mostrador y después a la puerta por donde segundos antes la castaña había salido-, es tu amiga.
Aquello lo dije casi afirmando y no como una pregunta, una táctica que había aprendido durante los años para hacer que las personas solamente me confirmaran lo que yo preguntaba.
-Algo así, digamos que es una buena relación de cliente a trabajador -dijo casi riendo mientras se cruzaba de brazos sin apartar la mirada de mí.
Asentí ante aquello, sonreí de lado negando y relamí mis labios, aquel gesto lo hizo hablar automáticamente:
-Viene mucho y cuando lo hace la mayoría de las veces estoy yo atendiendo.
-¿Te gusta? -pregunté sin rodeos sin importar que aquello fuera bastante extraño que un cliente preguntara a un trabajador que no conocía en lo absoluto.
Lo tomé por sorpresa por supuesto, frunció el ceño algo confundido y después negó carcajeando, miró hacia el mostrador por unos segundos y después volvió a dirigirme una mirada llena de diversión.
-Val no puede gustarme -dijo sin borrar aquella sonrisa y fruncí levemente el ceño.
Val. Pensé. ¿Su nombre era Val o era un apodo?
-¿Porque es una cliente?
-Porque no es un hombre.
De pronto entendí la diversión en sus ojos y aquello casi me hace carcajear por unos segundos, pero no lo hice, solamente sonreí de lado negando y volviendo a tomar un sorbo del café.
-No te preocupes, no pienses que te estoy coqueteando o algo. Me gustan los rubios -dijo antes de que por mi mente pasara que estaba haciendo algo más que solo responder a mis preguntas, igual no era algo que hubiera pasado por mi mente porque de ser que lo estuviera haciendo yo lo hubiera detectado enseguida.
-Val -dije a propósito mirando hacia la puerta mientras volvía a dar otro sorbo al café.
-Valet en realidad -contestó justo lo que esperaba que hiciera y sonreí sin poder evitarlo, había funcionado aquello para que me confirmara que aquello solo había sido una abreviatura a su nombre.
Asentí dándole a entender que aquello no era tan importante para mí, volví a dar otro sorbo al café sin dejar de mirar aquel punto en la entrada por donde minutos antes había salido la castaña.
-La próxima semana vendrá por acá -dijo alejándose, volviendo al mostrador, pero antes de alejarse por completo se giró y me miró-. Casi siempre viene los lunes, eso es seguro -me dijo aquello último con cierta diversión de nuevo en sus ojos.
Sonreí sin mostrar mis labios y alcé el café un poco hacia él con un 'gracias' en mi mirada. Este sólo alzó su mano con el pulgar arriba y fue hacia la puerta cambiando el letrero a 'cerrado', di un sorbo más al café mientras me levantaba y tomaba la carpeta en mis manos junto con la servilleta con la que había limpiado las cenizas. Me dirigí a la puerta del local y salí por esta. Al hacerlo el frío golpeó mi rostro, miré en la dirección por donde la castaña había desaparecido de mi vista momentos antes.
-Valet -pronuncié aquel nombre y una sonrisa de lado apareció en mis labios.
Me acerqué a mi auto el cual había dejado unos metros más lejos, saqué las llaves y oprimí el botón para que este pitara desactivando la alarma. Abrí la puerta del Audi negro y subí dejando la carpeta en el asiento del copiloto. Encendí el auto junto con la calefacción y esperé unos segundos ahí pensando en lo que dentro de dos días pasaría. Ganaría y me llevaría conmigo el treinta por ciento de aquella fortuna. Tres millones seiscientos mil dólares. Aquellas eran las ventajas de tener el don de ser un buen apostador, y yo nunca perdía.
Arranqué hacia mi apartamento y después pasé la noche entera leyendo aquellos documentos, el día siguiente pasaría rondando por la ciudad siguiendo cada paso de aquel chico con el que me enfrentaría.