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Skyscraper © - Parte III

Skyscraper © - Parte III

Autor: : fractuscorheart
Género: Romance
Parte III del primer libro de la duología ''Skyplaces''. Skyscraper - Parte III La ciudad de Nueva York: la Gran Manzana. Una ciudad donde los sueños y pesadillas se hacen realidad, pero esto puede variar. Valet Boone simplemente busca un sueño en la ciudad más poblada de Estados Unidos. Es por eso que dentro de esta ciudad su curiosidad hace un favor a su objetivo de ser una gran periodista. La incertidumbre y el misterio han sido aquellos títulos que siempre ha tratado de desmantelar cueste lo que cueste. Nathaniel Vaughan busca sobrevivir. Siendo uno de los mejores apostadores en la ciudad también es la pesadilla de muchos hombres que deciden jugar y piensan poder ganar. Siempre tiene un as bajo la manga y su astucia dentro del juego lo ha hecho vivir una vida de lujos dependiendo de sí mismo y de nadie más. Haciendo perder fortunas a hombres de poder, también oculta un misterio en su vida que alguien decidirá resolver. Sin olvidar lo guapo, encantador, apuesto y cierto peligro de por medio que puede llegar a poseer. La atracción que siente por Valet al momento de verla en aquel café aquella noche fría en 86th Street, no lo detiene hasta saber más de ella quizá hasta llegar al punto de ponerla en manos de alguien que puede destruirlo a él, metiéndola al mundo oscuro del que él vive. Y al ambos caer en un mutuo encanto, juntos tienen que enfrentar sus miedos, revelar sus secretos y ser fuertes para que el mundo de Nathaniel no termine con ellos. Todos los derechos reservados. ® Queda estrictamente prohibida cualquier copia o adaptación.

Capítulo 1 VALET

Desperté en un cuarto blanco. La luz del día traspasaba por los cristales de las ventanas que había a unos cuantos metros de donde yo estaba. Estaba recostada sobre una cama. Una camilla. Cubierta con una sábana azul muy claro. Quise mover mis piernas pero al intentarlo una en específico resultó pesarme que siquiera pude moverla del todo. Me dolió, gruñí arrepintiéndome al instante.

-Hey, no te muevas -escuché esa voz y al girar mi rostro vi a Nathaniel levantándose de un sofá que había en la esquina de aquella habitación. Caminó hasta donde yo estaba-. ¿Cómo te sientes?

Le miré por unos segundos, pestañeando y asegurándome de que fuera real lo que estaba pasando. Volví a mirar al frente, las ventanas, mis piernas y después de nuevo a Nate.

-Me duele la pierna -dije sin pensar.

Hizo una mueca y se acercó cruzándose de brazos.

-No intentes moverla, no tendrás que hacerlo en mucho tiempo -dijo apoyando una de sus manos en el respaldo de la camilla.

-¿Por qué? -pregunté mirándole con el ceño fruncido.

Me miró por unos segundos, apretó los labios como si quisiese darme tiempo a prepararme por lo que iba a decir.

-Probablemente no te vaya a gustar lo que voy a decir -dijo antes y después soltó un suspiro-. Te has roto la pierna derecha y tendrás que usar un yeso hasta que mejore.

-¡¿Qué?! -casi grité sin creerlo y de inmediato traté de incorporarme.

-Hey, quédate así -me dijo pero no le hice caso.

-¿Me he roto la pierna? -pregunté incorporándome con la ayuda de mis brazos pero luego sentí los de Nate ayudarme acomodando las almohadas detrás de mí.

Me deshice de las mantas descubriendo mi cuerpo. En efecto. Mi pierna derecha estaba cubierta por un yeso. Casi grito horrorizada. Llevaba una bata de hospital que me cubría hasta los muslos y en las piernas pequeños y leves moretones que para mañana seguro se verían terribles.

Pero en ese momento un pequeño flashback vino a mi mente. Justo el momento en el que grité en el auto antes de que perdiera la conciencia.

-Thiago -dije mirando mi pierna y después a Nate-. ¿Dónde está? ¿Está bien? -pregunté acelerada.

Se quedó callado. Me miró serio relamiendo sus labios y después mirando a otra parte por unos segundos. Pareció estar pensando con detenimiento las palabras exactas que iban a salir de su boca. Esos gestos me hicieron ponerme nerviosa y tratar de no pensar en lo peor.

-Está estable -dijo mirándome mientas notaba como tensaba la mandíbula haciendo más notoria aquella línea fina.

-Estás mintiendo -dije de inmediato.

Su silencio casi me hace entrar en pánico. Sus ojos me decían todo lo que me daba miedo que saliera de su boca.

-Quiero verlo -dije tratando de salir de la camilla.

-Estás loca, no puedes moverte -dijo deteniéndome, haciendo que volviera a la antigua posición en la camilla.

-Necesito verlo -dije casi al borde del colapso.

-Valet, escúchame -tomó mi rostro entre sus grandes manos haciendo que lo mirara-. Tuviste un accidente, te has roto la pierna porque saliste disparada del auto por no traer el maldito cinturón y por un momento pensaron que tenías hemorragia interna en la cabeza. Necesitas quedarte aquí y reposar todo lo que los doctores consideren hasta estar seguros de que no tienes nada más grave por lo que preocuparse. Thiago está en observación, ha perdido mucha sangre porque cuando el auto se volteó él estuvo dentro, pero están haciendo todo lo que pueden para que mejore. No me han dicho más porque no soy ni cercano ni familiar de él pero si te quedas aquí quieta te prometo que iré a investigar cómo está.

Probablemente las últimas palabras de él eran la únicas en las que no debí de haberme enfocado del tanto. Casi me echo a llorar cuando empezó a decir todo lo de Thiago, pero aquello último me hizo preguntarme, ¿qué había dicho para que le dejaran estar conmigo en esa habitación?

-Tú no eres familiar mío -dije mirándole atenta en espera de sus palabras.

De pronto sonrió, y mis manos quisieron subir a su rostro para tocarle los hoyuelos que se formaban en sus mejillas. Me encantaban.

-Pero eres mi chica -repuso y sentí mi corazón hincharse.

Oh Dios, acababa de decir que soy su chica. Nathaniel acababa de decir que era su chica. No sé si mi cara le había dicho lo que pensaba al respecto de eso porque sonrió y acercó su rostro al mío, lo suficiente para rozar su nariz con la mía y apenas nuestros labios.

-¿O no lo eres? Porque puedo ir a decirles que no, aunque la verdad sería una gran pena -alzó ambas de sus cejas mirándome y sonreí negando.

-Dejemos que se queden con esa idea entonces -le seguí el juego sintiendo como desplazaba una de sus manos a mi mentón tomándome de este.

Me acerqué lo suficiente para terminar con esa pequeña y diminuta distancia que había entre nuestras bocas. Pero antes de que pudiese terminarla este se alejó. Se cruzó de brazos y suspiró.

En mi cabaza lo maldije.

-Me has metido un gran susto -dijo serio de nuevo mirándome con los ojos ligeramente entrecerrados.

En sus ojos vi las preocupación y miedo, eso hizo que mi corazón se hiciera pequeño porque verlo así de alguna manera me hizo querer llorar.

-Es parte de mi persona -dije encogiéndome de hombros tratando de bromear un poco pero a este no le hizo gracia.

-Debería de regañarte por no haber traído el cinturón puesto porque en circunstancias aquello hace mucho peor las consecuencias del accidente, más cuando sales disparada del auto. En tu caso pareció favorecerte -siguió mirándome serio poco a poco frunciendo el ceño-. Es un milagro que lo único que te haya pasado sea tener una pierna rota y unos cuantos golpes con marcas pero que seguro se te quitaran pronto.

-Siempre lo llevo puesto, tú eres testigo de eso. Ponérmelo es lo primero que hago cada que subo a un auto -le dije mirándolo mientras apretaba la boca.

-¿Por qué no lo traías puesto esta vez? -preguntó ladeando la cabeza.

-Había tráfico, quise asomarme por la ventanilla para ver cuál era la razón por la que nos habíamos quedado atascados -me encogí de hombros haciendo una leve mueca-. El otro auto. Los otros dos autos, ¿hubo más heridos? -pregunté preocupada después recordando que las personas dentro de esos autos también pudieron haber sufrido algún tipo de lesión.

-Ambos se dieron a la fuga -de pronto se puso serio con el ceño ligeramente fruncido.

Últimamente ese gesto era bastante habitual en él que comenzaba a pensar que era parte de su personalidad igual.

-¿Cómo? -dije sin comprender-. ¿Se fueron? ¿No salieron heridos? -pregunté confundida y este negó.

-Al menos eso dijeron los oficiales y los que estuvieron alrededor -aclaró su garganta-. ¿Tienes hambre? -cambió repentinamente de tema, parecía que aquel tema le había molestado.

-Tengo sed -contesté mientras se acercaba a mí y me volvía a cubrir con las sábanas.

-Iré por agua y traeré comida porque necesitas comer -dijo mirándome mientras acomodaba la sábana a la altura de mi cintura, pues seguía sentada.

-Pero... -empecé a protestar, pero su boca se estampó en la mía, besándome.

Gracias al cielo que lo hizo, como deseaba que lo hiciera. Sentí su mano colarse entre mis cabellos justo en mi nuca haciendo del beso un poco más intenso, casi le agradezco en voz alta por ello. Le acaricié las mejillas sintiendo como sonreía en medio del beso y aquello me hizo sonreír igual.

Se separó lentamente, quedándose a centímetros de mi rostro mirándome la boca y después subiendo su mirada a mis ojos. Me sonrió.

-Ya vengo -dijo sonriendo después relamiendo sus labios al separarse para ir hasta la puerta y salir de ahí.

Me quedé embobada mirando la puerta con una estúpida sonrisa que seguro no podría borrar en horas.

Cuando Nathaniel volvió con el agua y la comida, mi estomago comenzó a rugir. Me había traído fruta y unos panqueques. Supe que no era del hospital cuando vi la bolsa en que traía todo, al parecer había ido a algún lugar cerca a comprarlo. Le agradecí pues la comida del hospital no solía ser la más deliciosa.

Buscó toda información posible que pudiese darme de Thiago. Estaba estable, pero en observación. El quedarse dentro del auto mientras este se había volteado le había lastimado bastante. Los cristales se rompieron y uno de estos se le clavó en la parte del abdomen, cosa por la cual había perdido bastante sangre, más considerando que estuvo de cabeza todo el tiempo que tardaron en sacarlo pues el auto había quedado muy mal.

Al parecer Olivia estaba ahí, mientras los padres de Thiago estaban en la habitación con él, pues Nate mencionó que en la sala de espera había una chica rubia de rizos que en cuanto escuchó a Nathaniel preguntar por Thiago Carman esta se levantó de inmediato en espera de escuchar todo lo que el doctor le dijo, pero no pudo decirle mucha información a Nate.

Los padres de Thiago habían venido a verme cuando supieron que yo iba junto a su hijo en el accidente. Vinieron a verme preocupados pero aliviados de que estuviese mejor de lo que podría haber salido de ese accidente considerando que no tenía el cinturón puesto. Me dijeron que cualquier cosa no dudara en llamarles, sabían que mis padres estaban en California y en cierta forma me apreciaban desde el momento en que los conocí meses atrás. Eran unas excelentes personas, al igual que su hijo. Les dije que por favor me tuvieran informada de cualquier cosa sobre Thiago, cosa que ellos me dijeron que harían en cuanto despertara pues aún no lo hacía.

Nathaniel me contó que había tenido que comunicarse con mis padres. Los médicos y oficiales le dijeron que tenía que hacerlo. Ellos se habían preocupado bastante y en cuanto Nate me había dicho de ellos no dudé en llamarles. Querían venir, insistían en hacerlo, pero no creí que fuera necesario, gracias al cielo solamente tenía una pierna rota de la cual podría ocuparme bien.

Casi después de la breve llamada que hice con mi madre en donde por fin la convencí de que no era necesario que viniera, miré a Nathaniel que me miraba divertido sentado en el sofá con un café en la mano.

-¿Qué? -le dije frunciendo el ceño apenas.

Sonrió de lado negando y rió bajo dando un sorbo al café.

-Sabes que no podrás arreglártelas tú sola con esa pierna -señaló a mi pierna enyesada con la cabeza y después me miró a los ojos.

-Claro que sí, una pierna rota no me va a detener a seguir con mi vida -fruncí el ceñó tomando un pedazo de sandía llevándola a mi boca.

-No podrás caminar -dijo mirándome mientas ladeaba la cabeza.

-No usaré una silla de ruedas, usaré muletas -repuse de inmediato.

-¿Y piensas ir así a la universidad? -preguntó enarcando una ceja.

-Pues sí, ¿cómo se supone que lo haré? -dije casi obvia y sonrió.

-Puedes no hacerlo -dio otro sorbo al café sin despegar su mirada de mí.

-Pero no lo haré, me perdería las clases.

-Realmente a los maestros nos les importa si asistes o no a las clases, ellos simplemente te califican con trabajos y exámenes. Si le pides a alguien los trabajos y lo visto en clase puedes hacerlo cómodamente desde la cama -se encogió de hombros apretando los labios y después pasando la lengua por encima de estos.

-No quiero quedarme encerrada en el apartamento -fruncí el ceño negando después mirando la poca fruta que quedaba sobre la pequeña mesita que Nate había colocado en mi regazo.

-Otra vez estás arrugando la nariz -lo escuché decir y no necesité mirarlo en ese momento para saber que estaba sonriendo. Cuando lo hice efectivamente, estaba sonriendo. Lo fulminé con la mirada y carcajeó-. A lo que me refiero es que, no puedes pensar que estos días puedes seguir tu vida rutinaria como si nada. Tienes que estar en reposo, ¿cómo piensas cocinar estando parada en un solo pie por minutos? Salir del edificio, subir al auto, ir a la universidad y andar por los pasillos, no puedes hacer eso, Val. Al menos no por las siguientes semanas o el próximo mes, no hasta que mejores un poco y te acostumbres.

-¿Qué sugieres que haga entonces? -bufé enfadada de que tuviese razón.

Mantuvo la mirada fija en mí. Se levantó del sofá dejando el café en la mesita a la par de la camilla, colocándose a la par mía mientras se cruzaba de brazos.

-Que te quedes conmigo en mi apartamento mientras aún tengas eso -apuntó al yeso con la mirada-. O puede ser en el tuyo, aunque preferiría que fuera en el mío para ser sinceros.

¿Acaso me estaba pidiendo que viviera con él por unos días? La recuperación iba a durar más que días, quizá semanas o meses. ¿Estaba consciente de eso? ¿Lo hacía por dar el siguiente paso a lo que teníamos? No creo, todo había sido muy rápido para que de pronto quisiese pedirme eso, pero era por la recuperación. Sí era por la recuperación, no seas tonta, Valet.

La idea de poder verlo todos los días me hizo querer sonreír, pero traté de disimularlo al mismo tiempo que asimilaba sus palabras.

-Pero, Nate -empecé a decir pero me interrumpió.

-Necesitas a alguien que te ayude, no podrás hacer todo sola. Sé que necesitas tu espacio y lo tendrás, lo prometo. La mayor parte del tiempo estoy en el apartamento a excepción de las mañanas que estoy en la universidad. Alguien que te ayude con las cosas de la universidad si necesitas ir a dejar a algún trabajo, alguien que te cocine, ¿qué mejor persona que el mejor cocinero de la ciudad? -alzó una de sus cejas mirándome divertido claramente haciendo referencia a él mismo.

Carcajee sin poder evitarlo, él sonrió. Le miré sonriendo con los ojos ligeramente entrecerrados mirándolo pensativa. ¿Era una buena idea? Bueno, no veía lo malo en aquella propuesta. Sí necesitaba ayuda, pero mi lado independiente se negaba a aceptarlo.

Pero una parte de mí se sentía asustada. Con miedo a lo que aquella propuesta se podría significar, la otra parte me gritaba que lo hiciera, pero la otra me frenaba.

-¿Y el trabajo? -pregunté mirándole y este sonrió.

-Sólo es en las noches, y a lo mucho es una vez a la semana -se encogió de hombros tratando de darle poca importancia a ese hecho.

-Ah es verdad, stripper de noche -suspiré asintiendo como si fuese algo con lo que tuviese que lidiar.

-Comienzo a pensar que te gustaría mirarme como uno -enarcó una de sus cejas sonriendo de lado formando aquel pequeño hoyuelo en su mejilla.

Bueno, tal vez.

-He visto cosas mejores -le mentí tomando otro cubito de sandía metiéndolo a mi boca.

Carcajeó y lo miré seria tratando de ocultar la sonrisa que me provocaba escucharlo reír.

-Entonces, ¿tu apartamento o el mío? -dijo acercándose a tomar un cubo de melón llevándoselo a la boca.

-Diría que el mío, pero tú tienes un piano -apreté los labios mirándole con ojos de ángel-. Y tienes una mejor vista que yo, así que me temo que será en el apartamento del peor cocinero de la ciudad.

-Pero hace las mejores enchiladas y tacos -se acercó acomodando un mechón detrás de mi oreja.

Seguramente en aquel momento lucía terrible y completamente demacrada.

-Quizá, tengo que volver a probarlas para comprobarlo -ladee mi cabeza y este sonrió.

Se acercó y me dio un beso en la comisura de los labios.

-Sé que muy dentro piensas que soy el mejor -susurro sonriendo sobre mi boca dejando un beso en mi mandíbula.

-Eres muy egocéntrico, a veces -le dije sonriendo-. Entonces, ¿cuándo me puedo ir de aquí? Detesto estos lugares.

-Iré por la doctora para ver qué nos dice -dijo separándose y asentí tomando un gajo de naranja metiéndolo a mi boca.

No tardó mucho en regresar con ella, cuando lo hizo se mantuvo frente a la camilla mirándome y escuchando las palabras de la doctora con atención. Decía que si ella decidía podía quedarme ahí por unas horas más, pero que la decisión quedaba en mí. Por supuesto la mirada de Nathaniel me decía que me quedara, pero lo ignoré y le dije a la doctora que ya me sentía bien para irme de ahí.

Mentí. Me sentía terrible, me dolía el cuerpo, pero sabía que también era por la tensión de estar en ese lugar.

La doctora me dio indicaciones, medicamentos que debía de tomar para los dolores y recomendaciones para que el proceso de recuperación fuera más eficacia y rápido. En cuanto di el consentimiento de que Nathaniel podía igual decidir por mí, este firmó para que me dieran de alta, casi a regañadientes queriéndome matar con la mirada, pero lo ignoré.

Nathaniel tuvo que ir a mi apartamento por un vestido pues no podría usar jeans debido al estúpido yeso. Cuando regresó también me trajo un zapatos aunque claramente solamente podría usar uno debido a que el otro estaba enyesado. En el proceso de cambiarme y levantarme de la cama me la pasé maldiciendo y Nathaniel riendo debido a eso. Me cambié mientras este se volteaba hacia otro lado para no mirar, cosa que agradecí pero a la vez no. Él tuvo que ayudarme a colocarme el zapato y tuve que ir en una silla de ruedas para salir del edificio del hospital. Cuando salimos pude apoyarme en las muletas, insistió en cargarme al auto pero lo fulminé con la mirada. Quería hacerlo sola.

Antes de ir a su apartamento pasamos al mío para que hiciera una maleta para las próximas semanas en el apartamento de Nathaniel. Me ayudó con todo y después fuimos a su apartamento en el que fue menos batalloso el bajar pues me dejó exactamente frente a la puerta trasera que estaba en el estacionamiento y por donde podía bajar con facilidad para entrar al edificio. Lo esperé junto al ascensor mientras este sacaba mi maleta y me alcanzaba.

Cuando entramos a su apartamento ni siquiera me avisó cuando me tomó en brazos alzándome en estos.

-¿Qué haces? Yo puedo sola -dije sacudiendo la única pierna que podía hacer porque la otra pesaba más de lo que podía soportar para sacudirla.

-Te la has pasado maldiciendo las muletas desde que salimos del hospital -rodeó los ojos y caminó por el pasillo de la entrada después entrando a la sala de estar donde el gran piano yacía en la esquina.

Rodee su cuello con mis brazos para sostenerme y bufé frunciendo el ceño.

-Aquí está cálido -dije de inmediato agradecida de que la calefacción estuviese encendida.

Abrió la puerta de la habitación donde había dormido la última vez que estuve ahí. Entró, me dejó en la cama y abrió las cortinas del ventanal que había ahí. Sonreí porque sabía que lo hacía por mí.

-No te muevas, voy por la maleta y las muletas -casi me advirtió.

-Bien, aquí me quedaré -bufé cruzándome de brazos sobre la cama mirando a otro lado. Cuando vi que este no se iba le miré y reí-. No me voy a ir, anda.

Pareció dudar y sonrió.

-Es que eres tan terca -soltó negando con una sonrisa y salió de la habitación yendo por la maleta.

De pronto comencé a ponerme nerviosa. La última vez que había estado ahí Nathaniel y yo no teníamos ningún tipo de relación, o al menos era totalmente diferente a al de ahora. Las cosas habían cambiado, me lo había confirmado hoy mismo cuando dijo que era su chica y aunque me hinchaba el corazón de lo feliz que eso me ponía, me era imposible no ponerme nerviosa y ansiosa de lo que pudiese pasar.

Iba a estar en el mismo piso que Nathaniel día, tarde y noche, todos los días. No supe si emocionarme o desmayarme ahí mismo.

Capítulo 2 NATHANIEL

Las primeras semanas fueron difíciles, ni hablar del mes. Valet podía ser muchas cosas y el ser terca mucho más. No podía estarse quieta en ningún momento. Cada que volvía de la universidad la encontraba de pie junto a la cocina en su intento de preparar algo. Y no había sido por el hecho de tener hambre, ella misma me había aclarado que era porque no podía estarse quieta y tenía que mantenerse haciendo algo. Siquiera las tareas y trabajos de sus clases la mantenían ocupada, el estar la mayor parte del tiempo en cama la hacía terminar todo con mayor rapidez.

Sin embargo, las últimas visitas al doctor la hicieron mantenerse más quieta de lo que la había visto todo aquel tiempo que estaba conmigo en el apartamento. El que yo la mantuviese quieta había adelantado y mejorado el proceso de recuperación, cosa por la que últimamente se había mantenido casi inmóvil.

Si las cosas seguían bien, dentro de dos semanas le quitarían el yeso, cosa que iluminó los ojos de Val cuando lo escuchó del doctor.

William no me había dado información de nada desde la última vez que fui a su casa. Por la mañana había recibido una llamada de él diciéndome que en cuanto pudiese ir a verlo lo hiciera. Quedamos en que sería esta noche, cosa que tuve que decirle a Val que era cuestión de trabajo.

El que Val me preguntara por el trabajo sabía que era porque la duda seguía carcomiéndola. Yo comenzaba a llegar a un punto donde las ganas de soltárselo me invadían cada noche que me preguntaba si trabajaría. Pero algo siempre me frenaba: las palabras de Jhon.

Parecía que entre más pasaba el tiempo más me preocupaban y me ponía ansioso de una manera incómoda el no saber nada. Incluso pareciese que me evitaba cada noche que jugaba para Stone. Cuando me regresaba al hotel siempre trataba de sacarle algo de conversación para llegar al tema, pero él siempre lo evadía con palabras secas hasta dejarme frente al hotel. Nada funcionaba. Parecía incluso que tuviese miedo de volver a hablar del tema.

Eso me hizo pensar en que quizá Stone si tenía algo que ver, después de todo era jefe de Jhon y por supuesto temería a que supieran que había comentado esas palabras de advertencia conmigo.

-No hay -dijo William apoyado en el escritorio mientras me extendía tres carpetas.

-¿A qué te refieres? -le pregunté frunciendo el ceño ligeramente, confundido de lo que se refería.

-Henry Bachelor, tiene casi todas las entradas de acceso de información bloqueadas -contestó mientras me miraba fijamente.

-¿Y los otros no? -pregunté haciendo referencia a los otros hombres de los cual también le había entregado información.

-Sí, pero fueron fáciles de acceder, Henry parece tener más seguridad. Se podría decir que es más discreto -contestó mientras tomaba las carpetas de sus manos y abría una de estas.

En esta dentro había información de los hombres a los que William había puesto su equipo a investigar. Información privada de posibles delitos que podrían condenarlos a unos cuantos años o meses de cárcel, nada nuevo: simplemente drogas o algunas estafas con empresas.

-No veo algo de lo que deba preocuparme tanto como Jhon me advirtió -dije escaneando las páginas para después mirar a William.

-Gabriel es ambicioso -comenzó a decir mientras me miraba fijamente y después se separaba del escritorio rodeando este-. Se ha involucrado en negocios para nada buenos, el tráfico de drogas no favorece en nada, es peligroso cuando estás involucrado en ese tipo de asuntos. Quizá este hombre que dices que es su guardaespaldas ha visto más de lo que debió hacer, y te está advirtiendo de algo.

-Yo no estoy metido en esos asuntos con Stone, se lo dejé muy claro en una ocasión -tensé la mandíbula recordando esa situación-. Tampoco él haría que me involucrase en eso, él solamente me quiere para jugar en sus casinos.

-Estos hombres son igual de ambiciosos que Stone, lo único que hacen es jugar con el dinero y dudo que haya algo más detrás de ellos -me dijo mientras miraba un punto fijo en el escritorio.

-¿Qué hay de Henry Bachelor? ¿No pudieron encontrar nada? -pregunté y este me miró fijo por unos segundos.

Dio la vuelta al escritorio, se acercó a un cajón y sacó una carpeta. La deslizó por el escritorio hasta mí y mirando a William la tomé dejando las otras sobre la madera. Abrí la carpeta mirando la información que yacía escrita ahí.

Nombre: Henry Bachelor

Edad: 47 años

Lugar de nacimiento: Chicago, Illinois

Ocupación: Negociador y administrador

Reside: Nueva York

Ingresos, presupuestos, etc.

-¿No encontraron nada de su hijo? -pregunté mirándole-. Se llama Alejandro.

-Fue todo lo que pudieron encontrar -señaló con la cabeza a la carpeta en mis manos.

Apreté los labios, respiré profundo y seguí leyendo lo que había en las páginas. La mayor parte solamente era información general. Venían ciertas de sus propiedades, entre ellas LAVO. Últimos negocios y tratos con otros hombres. Nada de lo que hubiese preocuparme.

Excepto una cosa.

¿Por qué no mencionaban nada de su hijo? Henry siempre parecía enorgullecerse de él. ¿Por qué solamente información general y muy breve? Se supone que un hombre como él, con tanto dinero y propiedades debería de tener más información expuesta. Pero, ¿por qué estaría escondiendo entonces? Probablemente exageraba y Henry solamente era un hombre como Stone, pero había algo más y lo sabía porque no me dejaba tranquilo la noche en que había vuelto a jugar contra su hijo.

Nada de lo que había pasado esa noche había sido completamente normal. Sabía que algo extraño pasaba, como si casi todo hubiese estado planeado. Dudé de cada decisión tomada esa noche, y aunque a veces trataba de convencerme en que era simple paranoia, no podía. El extraño presentimiento de que Henry no era de fiar en lo absoluto me atrapaba cada vez que podía.

-Necesito que busquen -dije sin mirar a William aún con la mirada fija en las páginas-. No confío.

-Tiene las entradas bloqueadas a cualquier acceso... -lo interrumpí.

-Es imposible que sólo haya esto sobre él. No dice nada de su hijo -cerré la carpeta dejándola caer sobre el escritorio frente a mí.

Del otro lado William me miraba con las palmas sobre la mesa, inclinado hacia adelante tratando de leer lo que pasaba por mi mente.

-¿Por qué piensas que puede haber algo más de él? ¿Por qué la insistencia en su hijo? -preguntó con cierta confusión y curiosidad.

-Sé que hay algo más, su actitud no me convence, siquiera sus movimientos. Las veces que he visto a Henry su actitud cada vez más es más insistente por ser un gran hombre, ¿por qué querría forzar tanto aquello? -esta vez fui yo quien se apoyó en el escritorio-. Tiene un hijo, del cual cada que puede demuestra enorgullecerse de él, aquí en estas páginas no hay absolutamente nada de él.

-Puede que no le interese del tanto que sepan que tiene un hijo.

-Es parte de la información general de una persona, sobre todo de personas como él. Tú conoces a los hombres de este mundo, William -repuse de inmediato mirándole serio-. A menos que no sea su hijo.

-Quizá no es su hijo -se encogió de hombros.

-¿Y por qué fingir que lo es? -le dije sonriendo de lado sabiendo que entonces entendería el dilema-. He visto a su hijo en cuatro ocasiones. Dos en el juego, jugando contra mí, y las otras dos en el club de su supuesto padre, acompañándole. Si es su hijo, ¿por qué oculta la información? Y si no lo es, ¿por qué fingiría que lo es?

-Pienso que estás tratando de ir más allá de lo que deberías de hacer, Nathaniel -comenzó a decir William pero negué.

-Cuando te digo que hay algo extraño detrás de todo esto, es porque lo hay. No estuviste la noche en que volví a jugar contra él y sé que hay algo -me separé del escritorio caminando por la habitación mientras me cruzaba de brazos-. ¿Por qué mentiría?

-Muchacho, cuando el guardaespaldas de Gabriel te dijo todo aquello, ¿temes a que se refiera que alguien quiera hacerte daño? -se incorporó rodeando el escritorio esta vez apoyándose en la parte frontal.

-Probablemente, no lo sé. ¿Por qué otra razón me advertiría? Podría ser, pero ¿por qué razón querría hacerme daño? -fruncí el ceño tratando de encontrar algo más.

-No estamos seguros de que sea Henry Bachelor quien quiera hacerlo, Nathaniel.

-¿Quién más entonces? No encuentro otra opción, los otros hombres que has investigado solamente los he visto en una ocasión y no hay razón más que haberles ganado en el juego para que quisiesen perjudicarme.

-¿Y Henry tiene una? -me preguntó y lo miré-. ¿Le has hecho algo a Henry Bachelor para que quiera perjudicarte? También le has ganado a él en el juego.

-No -contesté a su primera pregunta y después miré un punto fijo en el piso-. No que yo sepa -le miré deteniéndome en una de las esquinas de la habitación.

Nos mantuvimos callados y serios por unos segundos. Ambos pensando en más teorías y posibilidades. No podía estar tranquilo, mucho menos ahora que tenía en mi vida a alguien que realmente me importaba y por el que temía su seguridad.

-Puedo decirle al equipo que traté otras alternativas de investigación, pero no sé cuanto les tomaría. Conseguir esa información fue de un mes y medio maso menos, no sé cuanto les tarde conseguir más -me dijo apretando la boca.

Le miré, sin moverme. Necesitaba más, estaba más que claro que necesitaba más que aquello. Asentí ante su propuesta, miré hacia la puerta y después el reloj en mi muñeca.

-Necesito más -le confirmé y apretando la mandíbula-. Tengo que volver -le dije y este de inmediato me acompañó hasta la puerta.

Tenía inseguridades en aquel momento. Inseguridades por mí, por Val e incluso por mi trabajo. Tenía que empezar a evadir a Henry a toda costa, aún si no supiera lo que había detrás de todo eso.

Semanas después le quitaron el yeso a Valet. Casi se ponía a brincar de la emoción cuando salimos del hospital con ella caminando sin las muletas. Si no fuese por mí, seguro ya hasta se habría puesto a correr. Por supuesto que no podía hacerlo, pero no le faltaban ganas para hacerlo.

-¿Podemos ir a Central Park? Quiero caminar, podemos ir por un café -dijo emocionada mientras subíamos al auto.

Sonreí mirándola porque mirarla de esa manera me encantaba. Siendo tan parlanchina y emocionándose por cosas tan pequeñas. Me sentía aliviado de que la recuperación había sido rápida considerando el tiempo que debía permanecer con el yeso.

-Bueno, no -dijo de pronto y la miré antes de poder arrancar-. ¿Me puedes llevar a casa de Thiago? Quiero verlo -me preguntó de pronto cambiando sus expresiones.

Sabía que una parte de ella se sentía mal que ella estuviese mucho mejor de lo que su mejor amigo estaba. Él tardaría más en recuperarse, más con las lesiones que él había tenido. Estuvo a punto de romperse una costilla y fractura en una pierna, casi peor que Valet. Podía sonar egoísta, pero agradecía que hubiese sido él y no Val la que terminara así.

Acaricié su mejilla con mi pulgar me acerqué y le di un beso en la coronilla.

-Vamos -le dije y tomé de su mano para después arrancar.

Capítulo 3 VALET

El vivir con Nathaniel las últimas semanas había sido muy diferente a como había imaginado que sería. Cumplió con la promesa de que tendría mi espacio, aquello en un principio me pareció perfecto, pero comencé a desesperarme y ponerme ansiosa por ese espacio. En ocasiones sentía que iba explotar. Aquella relación que teníamos se podría decir que se había mantenido de la misma manera, aunque por supuesto la confianza había subido bastante de nivel.

Siempre pensé que jamás podría vivir con alguien con quien tuviese alguna especie de relación. Pensaba que aquello era un gran paso. Resultaba que Nate había cambiado esa idea al parecer en cuestión de pocos días de haber venido aquí. Nuestro caso era totalmente diferente, si había estado quedándome en su apartamento era por el accidente, aparte que dormíamos en habitaciones diferentes. Nathaniel se había ocupado de que tuviese la mejor de las comodidades ahí, realmente no podía quejarme de la atención que me había brindado.

Pero había una cosa.

Estábamos juntos, pero al mismo tiempo tenía la sensación de que no lo parecía. El imaginar que viviría con Nathaniel por un tiempo me hizo pensar que nuestra relación iba a avanzar con más fluidez, pero había algo raro en él. No me tocaba, siquiera se quedaba dormido a mi lado cuando por las noches veíamos algo en Netflix y me quedaba dormida entre sus brazos. Por las mañanas al despertar o en medio de la noche, él no estaba a mi lado. En ocasiones lo había atrapado junto al piano en la madrugada, simplemente sentado y tomando algo, con la mente quién sabe dónde. Comencé a preocuparme.

¿Ya no quería que estuviera ahí? Quizá se había arrepentido. Todo tipo de ideas comenzaron a amontonarse en mi cabeza.

Cada que nos besábamos y subíamos de nivel, él se detenía. Muchas veces quise golpearlo y pedirle que no parara, que siguiera. Pero las palabras no salían de mi boca y no sabía si era por miedo a lo que él pudiese decir o porque temía a lo que podría llegar si no se detenía. Luego la segunda opción la descartaba por completo porque entre más lo sentía cerca de mí, más lo deseaba. Comenzaba a volverse una tortura el que simplemente me besara.

Era más que evidente la tensión y el deseo que había entre nosotros cuando me besaba, cuando yo lo besaba, cuando nos besábamos. No entendía la razón del por qué siempre se detenía.

¿Sería por el yeso? Sería estúpido si fuera solamente por eso. Llegué a pensar que era ello, pero después de que me quitaron el yeso de la pierna y podía caminar por mí misma, descarté esa opción, temiendo que fuera la opción de que no me deseara lo suficiente.

Esta noche había ido a trabajar. ¿A dónde? No lo sabía. Eso también me tenía carcomiendo los nervios y poniéndome tensa. Siempre que volvía del trabajo yo estaba dormida. Mis nervios se habían elevado tanto que el insomnio se hizo presente sin dejarme dormir.

Estaba junto a los ventanales, sentada sobre el banco del piano mirando los rascacielos cuando lo escuché llegar. Eran las doce de la madrugada. Las luces en el apartamento estaban apagadas y la estancia estaba iluminada solamente por los grandes edificios que yacían iluminados por las luces de las ventanas y su alrededor.

-Hey, ¿qué haces despierta? -escuché detrás de mí y giré mi rostro para mirarlo.

Había llegado. ¿De dónde? No lo sé.

-No puedo dormir -le dije haciendo una mueca después volviendo a mirar los rascacielos a través de las grandes ventanas.

-No traes la férula puesta -dijo acercándose a mí mirando mi pierna desnuda.

-Me incomoda usarla -me encogí de hombros mirando esta y después de nuevo al ventanal frente a mí.

-Sabes que debes usarla hasta cuando duermes -se quitó el saco que llevaba puesto y lo dejó sobre una de las sillas del comedor.

Hice todo lo posible por no mirarle embobada. Iba de traje y me encantaba como se miraba así. Se veía tan guapo, con los primeros botones de la camisa desabrochados dejando ver apenas un espacio en su pecho.

-No me siento cómoda -ignoré su comentario evitando mirarlo.

Se acercó a mí sentándose a la par mía mirándome. Le ignoré. Tomó mi mano llevándola a su boca dejando un beso ahí. Me derretía ese gesto, pero tenía que mantener la compostura.

-¿Fue una buena semana en la universidad? -dijo acomodando un mechón de cabello detrás de mi oreja mientras se inclinaba para poder mirarme mejor.

Gracias al cielo había vuelto a la universidad hace semanas. Me había acostumbrado a usar las muletas después de las primeras semanas estando aquí, logré convencer a Nathaniel de que me llevara la semana pasada y esta. Ahora podía estar sin ellas y simplemente la férula. Incluso yo me sorprendía de lo rápido que había mejorado después del accidente.

-Bien, normal -solté un suspiro relamiendo mis labios-. ¿Y a ti cómo te fue en el trabajo?

-Normal, como siempre -dijo como si no quisiese darle importancia y cambiar de tema-. ¿Cenaste?

-Sí -contesté seca y sentí su brazo rodear mi cintura atrayéndome hacia él.

Me tomó del mentón con delicadeza impidiendo que siguiera mirando hacia el gran ventanal y esta vez lo mirara a él.

-¿Qué tienes? -me preguntó con el ceño ligeramente fruncido.

-¿Quieres que me siga quedando aquí? -pregunté sin más y su entrecejo se frunció más.

-Sabes que sí.

-No, no lo sé -solté bruscamente y este me miró confundido-. Me quitaron el yeso, puedo ya caminar por mí misma y hacer todo lo demás, podría irme sin ningún problema.

-Sinceramente preferiría que te quedaras -apretó los labios mientras su mano se deslizaba por mi mandíbula y nuca acariciando ahí.

-No hagas eso -le dije frunciendo el ceño y apartando su mano de aquella zona-. Me desconcentra.

Alzó una ceja de manera coqueta y sonrió de lado.

-Ya he encontrado un punto débil, entonces -dijo orgulloso volviendo a acomodar mi cabello detrás de la oreja.

-¿Podemos hablar en serio? -le dije seria y entonces me miró fijo.

-Bien, hablemos. ¿De qué quieres hablar, preciosa? -me dijo mientras con sus manos en mi cintura me giraba en aquel banco hasta tenerme por completo frente a él. Él se giró igual quedando con sus piernas una de cada lado en el banco.

-Estos días te he notado raro -solté sin pensar mientras este tomaba mis manos jugando con estas, acariciándolas delicadamente-. Estás tenso, distraído, incluso llego a pensar que siquiera disfrutas tu trabajo y no te voy a mentir que me sigue matando la curiosidad por saber qué es lo que haces porque sé que no eres stripper y...

Sonrió haciendo que me detuviera por unos segundos.

-¿De verdad pensabas que era stripper? -preguntó entrelazando ambas de sus manos con las mías.

-No -dije y después bufé-. Bueno, no sé. Es decir, ¿por qué simplemente no me confiesas la verdad y listo? Se supone que debes de tenerme confianza.

-La tengo.

-¿Entonces?

Hizo una mueca mirando hacia otro lado por unos segundos.

-Es complicado, Val -dijo subiendo una de sus manos a mi mejilla acariciando esta con la yema de su pulgar-. No lo entenderías.

-Explícame, entonces -le pedí mirándole a los ojos-. Quiero ayudarte.

-No puedes, Val -rió sin ganas.

Me quedé callada. Lo miré por unos segundos y asentí. Me aparté de él con cuidado levantándome del banco después queriendo alejarme de ahí e ir a la habitación, pero sentí su mano jalarme suavemente del brazo. Seguía sentado mientras me miraba, pidiéndome que me quedara con la mirada.

-Ven -me pidió y escucharlo decir eso me hizo casi convencerme de que debía de hacerlo.

Cuando notó que no lo haría él se levantó colocándose frente a mí. Me tomó del mentón con delicadeza y juntó su frente con la mía. Su colonia invadió mis sentidos y cerré los ojos por instinto dejándome sumergir en su aroma. Me acarició la mandíbula y mentón con los nudillos de su mano y después rozó su nariz con la mía.

-El que estés aquí me ayuda más de lo que piensas, preciosa -susurró cerca de mi boca.

¿Así de fácil podía convencerme y olvidar todo lo demás?

Se inclinó y me besó. Tardé segundos en reaccionar, pero cuando lo hice este me pegó a su cuerpo jalándome de la cintura. Olía a loción cara y a cigarrillo, me pregunté a dónde habría ido entonces porque que yo supiera él no fumaba.

Mis manos fueron a su nuca aferrándome a él acariciando su cabello oscuro, enredando este entre mis dedos lentamente. Me acarició la cintura apretándola suavemente después colando apenas sus dedos por debajo de la blusa de la pijama que llevaba puesta. Me estremecí por lo fríos que estaban y sentí mi piel erizarse.

-¿Tienes frío? -me pregunto sobre mi boca rompiendo el beso pero rozando nuestros labios.

-No -dije tratando de no soltar un quejido de por medio cuando se separó.

-¿Segura? -preguntó besándome la mandíbula y después la curva del cuello.

Me fue imposible no estremecerme por eso, era imposible cuando lo hacía.

-Sí -fue inevitable no soltar un suspiro.

Se separó y me miró acariciándome la mejilla.

-Ya es tarde -susurró relamiendo sus labios.

-Es viernes -dije de inmediato pero aquella excusa para que siguiera, no funcionó ni un poco.

-Pensaba que mañana podríamos ir a desayunar -repuso mirándome y asentí-. Voy a la habitación a hacer unas cosas del trabajo, ¿irás ya a dormir o te quedarás aquí?

Me quedé callada. ¿En serio ya se iba a su habitación? ¿Eso iba a ser todo? Miré hacia otro lado apretando los labios. No quería hablarle. De repente me sentí enojada y furiosa, quería gritarle porque seguía con la misma duda que tenía hace minutos antes de que él llegara. Tenía dudas de todo y eso no iba conmigo, él lo sabía.

-Te veo en la mañana entonces, para ir a desayunar. Descansa, preciosa -dejó un beso en mi mejilla y después se alejó yéndose de ahí.

Pero no aguanté, me giré sobre mis talones mirando como tomaba su saco de la silla e iba en dirección al pasillo que llevaba a su habitación. No iba a permitir que se fuera, no sin antes escuchar todo lo que tenía que decirle.

-Estoy harta -le dije y este se detuvo, se giró confundido mirándome fijamente sin entender-. No entiendo absolutamente nada de lo que estamos haciendo. No entiendo qué se supone que tenemos. No me tienes confianza, siento que siquiera me quieres tener aquí, pero cuando te digo que podría irme me dices que prefieres que me quede. No sé qué te pasa, porque desde hace días por la madrugada te encuentro aquí junto al piano tomando alguna bebida alcohólica, pensando en no sé que carajos, pero sé que te tiene con la mente en otra parte que no es aquí. Quiero ayudarte y no me dejas.

-Valet -comenzó a decir, pero no lo dejé seguir.

-Siquiera duermes conmigo en la cama, sé que me dijiste que me darías mi espacio, pero creo que hay un límite sobre todo si me dices que soy tu chica. Cada vez que despierto tú no estás conmigo. Cuando me besas y comenzamos a subir el volumen, te detienes. Parece que te da miedo siquiera tocarme y detesto eso porque te juro que me muero por que lo hagas y que me toques como si no fuera un maldito cristal que puede romperse fácilmente. No lo soy, Nathaniel. Si no me quieres aquí y no me deseas entonces dime que me vaya. Porque te juro que es una total tortura cada que me besas y de pronto te detienes, como si no estuviese bien lo que estuviésemos haciendo. Quiero que me beses y me toques de la manera en que creí que querías hacerlo en un tiempo, sin miedo a nada y sin dudas, ¿acaso no te das cuenta de que te deseo?

-Val, para -trató de interrumpirme, pero di unos cuantos pasos hacia su dirección.

-Sé que me deseas, sé que lo haces y no me lo puedes negar porque me lo demostraste cuando me besaste en mi apartamento hace tiempo. Siempre buscas la manera de siquiera tocarme un poco, aunque sea un roce y yo ya estoy muriendo por que vayas más allá. ¿Por qué te detienes entonces? ¿Qué te detiene? ¿Eso cambió? -sin darme cuenta poco a poco había alzado un poco la voz.

-No sabes lo que estás diciendo, Valet -dijo mirándome serio.

-Sé perfectamente lo que estoy diciendo. Quizá pienses que esto es rápido, pero por favor, mira todo lo que ha pasado en estos casi tres meses, Nathaniel. Me has hecho sentir más de lo que cualquier otro chico ha hecho en mucho más tiempo de lo que tú me has tenido para ti, ¿qué esperas entonces?

Estaba enojada pero el sacar todo eso fue como sacarme un peso de encima. Nathaniel me miraba serio, apretando la mandíbula y no sé si había metido la pata o no. Apreté los labios ya sin saber nada más que decir. Quizá había dicho más de lo que debía de decir, porque Nathaniel parecía simplemente quedarse ahí mirándome a fijamente analizando cada una de mis palabras.

Me giré pensando que nada más saldría de nuestras bocas. Quise caminar hasta la que se había convertido mi habitación, pero entonces sentí su mano tomarme de la cintura colocándome contra la pared estampando su boca en la mía. Me sorprendí por un momento, pero segundos después le correspondí el beso que había empezado a ser desesperado y ansioso. Mi mano fue a su mejilla acariciando esta mientras sus manos se encontraban una en mi nuca y la otra en mi cintura apretándome contra la pared.

-No tienes ni puta idea de lo que acabas de decir -murmuró con voz ronca sobre mi boca entre el beso. Quise hablar, pero entonces sentí sus manos tomarme por los muslos alzándome en sus brazos apoyándome en la pared-. No tienes idea de todo lo que pasa por mi cabeza cada vez que te beso, Valet.

Pegó sus caderas a las mías justo en la pelvis y casi jadeo por aquella presión, pero su boca me lo impidió besándome de nuevo como si estuviese hambriento, metiéndome la lengua a la boca haciendo que soltara un suspiro por las maravillas que hacía con ella. Pareciese que de un momento a otro se había transformado y no sabía si aquello me asustaba o me gustaba porque de verdad lo deseaba.

Mis manos se aferraron detrás de su cabeza justo sobre su nuca sosteniéndome mientras me besaba cada vez con más hambre. Justo cuando se separó de mi boca pensé que se detendría, que me bajaría de sus brazos y que se iría a su habitación como había dicho que haría antes. No lo hizo. Me miró apenas rozando su boca con la mía mientras me separaba de la pared y me llevaba al piano, me sentó ahí.

-Nate -dije porque de pronto temía a lo que estuviese pensando en decir. ¿Lo había hecho molestar?

Me besó de nuevo abriéndose paso entre mis piernas con su mano sobre mi cintura acercándome a él y la otra en mi nuca manteniendo la presión que siempre emergía ahí para que el beso fuera más intenso. Si antes nos habíamos besado con un nivel subido de tono, este definitivamente estaba rompiendo el récord de todas esas demás veces. Bajó su mano desde mi nuca hasta mi cintura colando la mano lentamente, pero sin dudas debajo de mi blusa. Su tacto me hizo casi temblar porque a pesar de que antes me había tocado ahí, nunca lo había hecho de la manera en que estaba haciendo en ese momento.

-¿Estás consciente de todo lo que acabas de decir? -preguntó entre besos con la voz ronca-. Joder, Valet. Jamás había deseado tanto a una chica como te deseo a ti.

Escucharlo maldecir era algo que había notado que hacía solamente cuando estaba molesto, no supe si preocuparme o no en ese momento. Realmente estaba disfrutando de aquello, más que temer por el que estuviese molesto.

Con sus manos en mi cintura me atrajo lo suficiente hacia él presionando sus caderas en las mías para que sintiera su erección en mi pelvis, casi soltando un suspiro de lo bien que se sentía aquel simple roce. Mis manos se deslizaron por su abdomen y pecho, donde llegué hasta los botones de arriba queriendo comenzar a desabotonar el resto de estos pero sus manos fueron directamente a las mías apartándolas y colocándolas a cada par de mis muslos sobre el piano, dejándolas inmóviles sosteniéndolas con ambas de sus manos.

-He querido hacerte tantas cosas desde el momento en que te besé por primera vez -gruñó en mi boca aun besándome. ¿Por qué no lo hacía entonces? ¿Por qué no me hacía todas esas cosas que tanto ha querido hacerme? -. Lo hubiese hecho hace mucho de no saber que eres virgen -se separó de mí, tan sólo lo suficiente para poder mirarme a los ojos

Lo miré sorprendida y confundida. Pero, ¿cómo lo sabía? Nunca habíamos tenido una conversación sobre eso. Siquiera asomándose un poco el tema.

-Te preguntarás, ¿cómo lo sé? -se acercó a besarme de nuevo, mordiéndome el labio tirando de él hasta después soltarlo y rozar su boca con la mía en modo de provocación-. Cada poro de tu cuerpo me lo grita, preciosa. Cada movimiento que haces, cada palabra que sale de tu boca emana esa palabra.

Me ruboricé sin poder evitarlo sintiendo mis mejillas arder.

La palma de su mano se presionó contra mi pelvis por encima del short liberando una de mis manos y jadee sobre su boca mientras cerraba los ojos. Me besó mordisqueando mi labio y después jalándolo hacia él volviendo a besarme haciendo maravillas con su boca sobre la mía.

Sin darme cuenta una de sus manos ya se había colado por el borde del short de pijama que llevaba puesto. Me siguió besando después deslizando su boca por mi mandíbula y cuello, aquello sirvió para distraerme cuando su mano se metió por debajo de mis bragas tocando aquella zona con las yemas de sus dedos.

-¿Crees que no me he dado cuenta de las veces en que has tratado de provocarme? ¿Por qué crees que siempre me detengo? -preguntó en un tono que jamás había escuchado salir de su boca, me gustaba-. Porque las ganas de hacerte lo que cualquier otro chico jamás ha hecho me consumen y dudo que me sea imposible parar si sigo -se contestó a sí mismo mientras sus dedos se presionaban contra mí.

-Nunca he dicho que te detengas -logré decir con la voz entre cortada debido a la respiración agitada.

Jadee cuando su mano se adentró en aquella zona en la cual jamás nadie había hecho antes. Sus dedos me acariciaron lentamente ahí en ese punto débil que me hizo estremecer y soltar un gemido que después fue silenciado por su boca volviendo a besarme con deseo. Mi piel se erizó por el contacto frío de sus dedos ahí. Sentí uno de estos introducirse en mí y ahogué un gemido sobre su boca aferrando mi mano en su nuca queriendo atraerlo más a mí.

-Me haces enloquecer y desearte tanto -gruñó en mi boca después besándome el cuello hasta llegar a mis clavículas, chupando, besando, succionando y mordisqueando aquella zona.

Cuando sentí otro dedo penetrarme otro gemido salió desde mi garganta sin poder creer lo que estaba pasando en ese momento. Definitivamente no quería que parara, no iba a dejar que parara. Mi cuerpo estaba echando llamas y el de él también.

-Nate -gemí cuando comenzó a penetrarme con sus dedos, lentamente.

Lo sentí sonreír sobre mi piel mientras sus dedos hacían maravillas en aquella zona que no había dejado que ningún otro chico antes conociera. Quise mover mi otra mano pero seguía siendo prisionera de la suya y quise quejarme por ello.

-¿Quieres que pare? -me preguntó con voz ronca cerca de mi oído y negué de inmediato.

-No te detengas, por favor -pedí disfrutando de lo que sus dedos hacían haciéndome descubrir un nuevo placer que nunca había experimentado.

Dios, iba a terminar desmayándome ahí mismo. No sabía si aquello era buena señal o no de lo que estaba provocando en mí lo que hacía con sus dedos.

-No pienso detenerme esta vez, preciosa -me dijo al oído besando mi lóbulo-. Voy a hacer que te corras.

No podía estar más encendida que en aquel momento, escuchándolo decir aquello mientras sus dedos me penetraban de una manera que me enloquecía. Sentí su pulgar acariciar aquel punto sensible mientras seguía penetrándome y apreté los labios tratando de acallar los gemidos que podrían salir de mi boca.

-Dios... -susurré casi en un gemido bajo echando mi cabeza hacia atrás.

De pronto sentí una presión en mi vientre, acompañada de mis músculos tensarse y un temblor en mis piernas.

-Nate yo... -empecé sin saber qué decir con exactitud.

-Déjate llevar, Val, anda -me dijo soltando mi mano por fin y llevando su mano a mi mentón haciendo que lo mirara-. Mírame, quiero que me mires.

Abrí los ojos mirándole a los ojos con la respiración agitada, sin saber qué era lo que estaba a punto de pasar. Me quedé mirando sus ojos marrones los cual a la poca luz que había ahí parecían ser totalmente oscuros, no sabía si aquello era por la ausencia de luz en esa oscuridad o por el deseo que emanaba en ese momento. La presión en mi vientre se hacía cada vez más intensa y sentía mis músculos tensarse al mismo tiempo que la zona que acariciaba Nathaniel se volvía más sensible.

Luego lo sentí. Sentí que el placer invadió por completo mis sentidos haciéndome gemir cerrando los ojos sin poder evitarlo sintiendo mis piernas temblar. La boca de Nathaniel se presionó sobre la mía una vez más, esta vez el beso ya no era hambriento y necesitado, era lento y suave, totalmente diferente a como había sido hacía minutos atrás. Los dedos de Nate siguieron penetrándome lentamente hasta detenerse y sacar su mano de ahí.

Se separó de mí apenas, llevó dos de sus dedos a su boca chupando estos mientras me miraba a los ojos. Los dedos que habían entrado en mí y me habían acariciado. Sentí ruborizarme y temblar de nuevo aún con la respiración agitada.

-Que no se te vuelva a pasar por la cabeza que no te deseo, Tarzán -se acercó a mí besándome de nuevo. Se separó apenas sonriendo sobre mi boca mirando esta y después alzando la mirada a mis ojos-. Ya veo porque eres terca, a veces puede sacarte buenos resultados.

Nathaniel me había provocado mi primer orgasmo hacía menos dos minutos y ahora estaba bromeando con mi terquedad. No sabía si iba a desmayarme por lo agitada que aún seguía de lo intenso que había sido o por lo inesperada que había sido esa noche.

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