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Su esposa no deseada: la obsesión inolvidable del magnate

Su esposa no deseada: la obsesión inolvidable del magnate

Autor: Saffron Hale
Género: Moderno
El mismo día en que Vivian recibió el informe que confirmaba el cáncer de su marido, él le entregó los papeles del divorcio. Todos pensaban que Vivian era la que se estaba muriendo, y su suegra dijo con desdén: "¿Para qué gastar dinero si no vas a vivir?". Su esposo declaró con brusquedad: "Ella está embarazada. Se acabó lo nuestro". Pero el mismo día en que Vivian firmó los papeles del divorcio, se casó con un magnate despiadado e intocable. A medida que sus identidades ocultas salían a la luz, este se dio cuenta de que era la mujer que siempre había deseado. Mientras el magnate se obsesionaba con ella, su ex y su familia se ahogaban en el arrepentimiento. Vivian solo sonreía. "¿Me dijiste que dejara el tratamiento? Qué gracioso. Tú eres el que está enfermo".
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Capítulo 1 Un día, puede que te arrepientas de esto

"La condición de su esposo ha llegado a una etapa avanzada de cáncer de estómago", explicó el médico, manteniendo la voz firme y serena. "Con un tratamiento conservador, puede que solo le queden unos dos meses. Existe una opción quirúrgica, pero es costosa y conlleva riesgos importantes. Si tiene éxito, podría prolongar su vida varios años. Debería llevarse esta información a casa y discutirla con su esposo".

Vivian Brown frunció el ceño.

Desde hacía medio año, una inquietud persistía en su pecho. Vincent Brown no se encontraba bien, pero cada vez que ella le preguntaba, él lo descartaba, culpando al agotamiento del trabajo y rechazando cualquier revisión médica. La semana anterior lo convenció de que se hiciera un chequeo completo en el hospital.

Ese día solo había venido a recoger los resultados de las pruebas de él. Nunca imaginó que la verdad sería tan devastadora.

Cuando salió del hospital, tenía la mente hecha un lío. Apenas recordaba cómo volvía a casa, con los dedos agarrando el informe con tanta fuerza que se arrugó por los bordes.

La puerta apenas se había cerrado tras ella cuando Vincent le lanzó una pila de papeles. "Vivian, quiero el divorcio".

Por un instante fugaz, un pensamiento frágil cruzó la mente de la mujer. Quizá él ya lo sabía. Tal vez era su forma de protegerla, alejándola para que no tuviera que cargar con su peso. "Entonces... ya te enteraste, ¿verdad?".

Vincent aún no había respondido cuando Chloe Carpenter, su supuesta prima, intervino, apoyando la palma de la mano sobre la pequeña curva de su abdomen.

"Claro que lo sabe. Yo fui quien se lo dijo", dijo Chloe, con los labios curvados por la satisfacción. "Casualmente te vi durante mi visita prenatal. Me llamaste la atención, así que te seguí. Escuché fragmentos de tu conversación con tu médico. Cáncer en fase avanzada... ¿quién lo hubiera imaginado?".

"Te equivocas. Eso no es lo que...", intentó explicar Vivian, pero la madre de Vincent la interrumpió antes de que pudiera terminar.

Apoyándose con fuerza en su bastón, Helen Brown se acercó a paso lento. "Vivian, no te lo tomes a mal, pero Vincent ya tiene suficiente presión manteniendo este hogar. Tu situación solo serviría para agobiarlo todo. Eres sensata. No querrías retenerlo, ¿verdad?".

El aire pareció congelarse alrededor de Vivian. Así que esa era la verdad.

Vincent creía que ella era la enferma. En su mente, se había convertido en una carga, y esa era razón suficiente para dejarla de lado.

Aferrada a la última pizca de esperanza que le quedaba, se volvió hacia Vincent y dijo: "Cariño, este no es el final. Aún es posible el tratamiento. En cuanto a los gastos, podemos vender el apartamento".

La voz de Helen se disparó al instante. "¿Vender el apartamento? ¿Te volviste loca?".

La calidez que Vincent alguna vez tuvo desapareció sin dejar rastro. Lo que la sustituyó fue una mirada fría e inflexible.

"Imposible". Un destello de impaciencia cruzó su rostro, y el poco autocontrol que le quedaba desapareció. "Se acabó fingir, Vivian. Chloe está embarazada de mi hijo. ¿Y el apartamento? Ya está a su nombre".

Las palabras cayeron sobre la joven como una avalancha. "¿Qué acabas de decir?".

Ahora que todo estaba al descubierto, Chloe pasó el brazo por el de Vincent y se apoyó en él, con expresión rebosante de victoria.

"Vivian, ¿de verdad nunca te diste cuenta?". Chloe habló, con un tono agudo y cortante. "Nunca fui su prima. Solo era una historia que usábamos para que pudiera quedarme a su lado sin preguntas. Te lo creíste durante cinco años... y pasaste todo ese tiempo cuidando de nosotros".

"Dime la verdad... ¿es todo cierto?", preguntó la otra, mientras alternaba su mirada entre Helen a Vincent. Ninguno de los dos la miró a los ojos.

El informe médico crujió entre su mano mientras apretaba los dedos con más fuerza.

En lugar de dolor, una extraña sensación de vacío se apoderó de ella.

Cinco años atrás, se había convertido en la esposa de Vincent. El día que se casaron, él le presentó a Chloe como una prima que había caído en desgracia y necesitaba un lugar donde quedarse. Poco después, ella se convirtió en un elemento permanente en su casa.

Al día siguiente, Vincent convenció a Vivian de que dejara su trabajo. Le dijo que su madre estaba postrada en cama y necesitaba cuidados constantes. Creyendo que se casaba con un hijo devoto, Vivian renunció a un futuro brillante en la industria farmacéutica y se dedicó a la familia.

Durante cinco años, utilizó todos los contactos profesionales que poseía para ayudar a Vincent a avanzar en su carrera hasta que finalmente se sentó en el despacho del CEO de Life Pharmaceuticals.

Se había mantenido al lado de Helen, supervisando los tratamientos, organizando las sesiones de terapia y ayudándola con paciencia a recuperarse de la parálisis.

Trató a Chloe como si fuera de la familia. Cuando surgieron complicaciones que amenazaron el embarazo de esa tipa, Vivian agotó todos los favores que podía pedir para conseguir medicación y gestionó personalmente el tratamiento que protegió al niño.

Pero ahora se reveló la verdad ante ella con toda su fealdad. Todo en lo que había creído durante cinco años se construyó sobre el engaño.

Poco a poco, Vivian cerró los ojos. Soltó un largo suspiro. Cuando volvió a mirar a su esposo, la tristeza había desaparecido. La calidez también. "De acuerdo. Si eso es lo que quieres".

Se agachó y recogió los papeles del divorcio. Recorrió con la mirada el contenido y soltó una leve carcajada.

Después de todo lo que les había dado, pretendían despedirla sin absolutamente nada.

Sin discutir ni cuestionar una sola cláusula, Vivian firmó. En cuanto el bolígrafo se separó del papel, ella miró directamente a Vincent. "Un día, puede que te arrepientas de esto".

La facilidad con la que Vivian firmó sorprendió a Chloe solo por un segundo. Luego la satisfacción se extendió por su rostro.

"¿Arrepentirnos? ¿Por qué lo haríamos? Probablemente estemos celebrándolo". Chloe recorrió a Vivian con una mirada de desdén. "Pero... puede que te deje quedarte y trabajar aquí como sirvienta".

"Chloe, eres una chica amable". Helen le sonrió.

Su expresión se volvió fría mientras se enfrentaba a Vivian. "No eres más que un ama de casa sin ningún valor real. El futuro de Vincent debe ser compartido con alguien con logros, alguien respetado, como Chloe. Francamente, deberías darle las gracias. Un puesto de sirvienta ya es más de lo que te mereces".

Vivian esbozó una leve sonrisa y respondió :

"No, gracias". Luego se giró hacia Vincent. "Mañana a las tres. Terminaremos los trámites del divorcio".

Capítulo 2 ¿Qué le hiciste a mi abuela

Al día siguiente, después de que el divorcio se hiciera oficial, Vincent no perdió el tiempo. Antes de que terminara la mañana, él y Chloe ya habían registrado su matrimonio.

"Vivian".

La aludida estaba a punto de marcharse cuando Chloe la llamó.

Reconoció la voz de inmediato, pero no hizo ningún movimiento para enfrentarla.

Con Vincent a su lado, Chloe se acercó y le mostró a propósito un acta de matrimonio. "Mira esto. Vincent y yo nos casamos hoy. En cuanto se finalizó tu divorcio, fuimos directamente a registrar nuestro matrimonio. Todo salió a la perfección. Bastante rápido, ¿verdad?".

"Me alegro por ti. Felicidades". Vivian esbozó una leve sonrisa.

Chloe entornó los ojos y no se creyó esa reacción ni por un segundo. "Deja de fingir, Vivian. Sé que estás destrozada. Estás enferma y se te acaba el tiempo. ¿Cómo podrías estar feliz?".

"Vivian, la familia de Chloe lleva generaciones ejerciendo la medicina. Dentro de unos días, se convertirá oficialmente en alumna del Rey Médico. Si se lo pides amablemente, puede que esté dispuesta a ayudarte. Al menos, podría prolongarte la vida", intervino Vincent, con un tono notablemente más suave.

"¿Convertirse en alumna del Rey Médico?", preguntó, mirándolo directamente. "No está ni de lejos cualificada".

El rostro de Vincent se tensó, pero Chloe lo hizo callar con un gesto despreocupado de la mano. "¿Por qué discutimos con alguien que ya tiene un pie en la tumba? El Rey Médico volverá dentro de tres días. Debería dedicar mi tiempo a preparar un regalo adecuado en su lugar".

"Tienes razón. Me pregunto qué le gustaría a alguien como él". Vincent acompañó a Chloe hacia su auto, rodeándola con un brazo protector.

Vivian los vio alejarse, mientras una fría sonrisa se dibujaba lentamente en su rostro.

Chloe seguía soñando con convertirse en su aprendiz.

En tres días, se asegurará de que Chloe reciba una sorpresa que nunca olvidará.

Tras decidirse, Vivian sacó su celular y llamó. La línea conectó casi al instante. "Arthur, mantén mi identidad en secreto por ahora. En el banquete de bienvenida dentro de tres días, quiero revelarla yo misma. Hay alguien a quien me gustaría sorprender".

El hombre al otro lado era Arthur Coleman, director del renombrado Instituto Yadem. "No te preocupes, Vivian. Nadie oirá ni una palabra de nosotros", respondió.

Hubo un breve silencio antes de que él continuara.

"Hay otro asunto que necesito informarte. El proyecto de investigación que planeabas reanudar requiere acceso a los Datos NR. Por desgracia, el Grupo Marshall controla los derechos exclusivos. Ya me puse en contacto con el encargado, pero se negaron a cooperar. Según lo que me dijeron, la información es estrictamente confidencial y no puede compartirse".

Vivian frunció levemente el ceño. "Hablaremos cuando nos veamos".

Terminó la llamada y se dirigió al lugar de encuentro. Poco después, una escena llamó su atención.

Un gran grupo se había reunido cerca de la carretera. Algunas personas señalaban hacia el centro de la multitud. Otras filmaban con sus celulares, mientras que unas pocas ya habían empezado a transmitir en vivo.

"Parece otra estafa de accidente fingido".

El comentario hizo que Vivian echara un vistazo. No tenía intención de involucrarse. Sin embargo, en cuanto vio a una anciana a través de los huecos entre los espectadores, cambió de rumbo y se abrió paso.

La vieja yacía acurrucada junto a la acera, con la piel pálida y sin vida.

Cuando Vivian se agachó, un hombre que estaba cerca intentó detenerla, diciendo: "Señorita, piénselo dos veces antes de ayudar. Esta zona es famosa por estafas como esta. Un repartidor se detuvo a ayudar a una anciana no hace mucho y acabó siendo demandado por diez mil dólares".

Otro transeúnte asintió de inmediato: "Exacto. Si la toca, solo se creará problemas. Mejor espere a las autoridades".

Vivian no les prestó atención a ninguno de los dos. En cambio, agarró la muñeca de la anciana y le comprobó el pulso en silencio.

Un momento después, su expresión cambió.

La mujer había sido envenenada y la toxina ya se había extendido por todo su cuerpo. A juzgar por los síntomas, estaba peligrosamente cercana al límite.

Sin perder un segundo más, Vivian metió la mano en el bolsillo. Llevaba consigo un pequeño frasco de medicina a todas partes.

Tras quitarle el tapón, sacudió una única píldora de color oscuro.

Vivian sostuvo con cuidado la barbilla de la mujer y le puso la medicina en la boca.

La reacción de la multitud fue inmediata:

"¿Se volvió loca? ¿Por qué le mete algo en la boca a esa mujer?".

"¿Y si ahora le pasa algo? ¡Nunca podrá explicarlo!".

Antes de que el alboroto pudiera calmarse, un Maybach negro se detuvo cerca.

Un hombre alto salió y se dirigió directamente hacia la escena. La multitud se apartó por instinto. Nadie se atrevió a interponerse en su camino.

La luz del atardecer proyectaba sombras afiladas sobre su rostro, haciéndolo parecer aún más frío. Su expresión era ilegible, y la poderosa presencia que lo rodeaba hizo que la gente retrocediera sin pensarlo.

En cuanto posó sus ojos en la anciana, vaciló. Cruzó la distancia en cuestión de segundos y la levantó con cuidado en brazos. "¡Abuela!".

Tras descubrir que había desaparecido, había enviado gente por toda la ciudad para encontrarla.

Nunca se había imaginado encontrarla así.

Sin previo aviso, la agarró a Vivian por la muñeca, con una fuerza sorprendente. Con mirada escalofriante, le pregutó: "¿Qué le hiciste a mi abuela?".

Capítulo 3 Nos divorciaremos después de un mes

Waylon Montenegro agarró la muñeca de Vivian con una fuerza brutal, sin dejarle margen para resistirse.

En cuanto se dio cuenta de que no había salida, la joven se quedó quieta. Se enderezó y levantó la barbilla, antes de mirarlo directamente, sin vacilar. "Suéltame. Intento ayudarla", dijo ella.

Los murmullos de la multitud se mezclaron en la tensa atmósfera.

"Ya te lo había advertido: no te metas cuando un desconocido se desmaya en público. Siempre es una trampa, por lo general algún tipo de estafa. La culpa es tuya, francamente", dijo alguien en voz baja.

Uno de los guardias de Waylon fulminó con la mirada al metiche, quien enmudeció en el acto.

Al sentir que la situación se tornaba peligrosa, los transeúntes no perdieron tiempo en alejarse, poco dispuestos a involucrarse.

Waylon mantuvo la vista fija en Vivian, con una mirada aguda y llena de dudas.

No había nada llamativo en su aspecto: llevaba el rostro sin maquillaje, su camisa blanca parecía desgastada por los bordes y sus jeans se habían descolorido hasta adquirir un tono apagado. A su lado, una bolsa de lona evidenciaba el uso prolongado.

Su atención pasó del frasco que ella tenía en la mano a su rostro, pero Vivian permanecía serena, con una expresión firme e imposible de leer.

"Será mejor que no le haya pasado nada a mi abuela. Si está herida, yo no...".

No logró terminar, pues la anciana que tenía en brazos empezó a moverse.

Matilda Marshall abrió los ojos despacio. Parpadeó, pues tenía la visión desenfocada, pero poco a poco pudo concentrarse en Waylon. Con la confusión llenando su expresión, preguntó: "¿Waylon? ¿Qué haces aquí?".

El muchacho se relajó de inmediato. Soltó a Vivian sin pensarlo y ayudó con cuidado a Matilda a incorporarse, preguntando: "Abuela, antes te desmayaste. ¿Te sientes bien?".

Matilda no le respondió. En cambio, centró su atención en Vivian, y la miró con una intensidad inesperada antes de declarar: "Mi nieta política fue quien me salvó".

Al instante, un pesado silencio se instaló en el lugar.

Waylon se recuperó primero, y un destello de comprensión pasó por sus ojos al darse cuenta de que Vivian la había salvado de verdad.

"No es tu nieta política. Vamos a casa primero", la corrigió con calma.

Matilda le apartó la mano con sorprendente fuerza, preguntando: "¿No fueron los dos al juzgado? Dijiste que íbamos a registrar tu matrimonio. ¿Por qué siguen aquí? ¿Discutieron?".

Vivian hizo una pausa y luego comprendió lo que pasaba. No era una simple confusión, sino algo que coincidía con los signos de demencia causados por una exposición prolongada a toxinas. "Señora, creo que me confunde con otra persona", dijo Vivian.

La expresión de Waylon se ensombreció aún más, pero lo intentó de nuevo, suavizando su tono todo lo que pudo para decir: "Abuela, tu memoria está mezclando las cosas. Ella no es...".

"Quiero pruebas del matrimonio". interrumpió Matilda, ignorando por completo todo lo que decían. "Enséñame el certificado. ¿Dónde está?".

Vivian miró la hora en su celular y sintió un destello de urgencia. "Ya está bien, así que tengo que irme", dijo.

Antes de que pudiera alejarse, Matilda la agarró de la mano, con una fuerza inesperada. "No te vas. No hasta que vea ese certificado. Si no me lo enseñas, dejaré de comer".

Waylon dejó escapar un suspiro y se apretó las sienes con los dedos. Cuando su abuela se ponía de terca, no tenía sentido intentar razonar con ella.

En ese momento, el celular de Vivian empezó a sonar. Era Arthur. Con una mano aún cautiva, contestó con torpeza usando la otra.

"Lo siento mucho, Arthur. Surgió algo urgente. Sí, tendremos que cambiarlo. Te llamaré más tarde", dijo.

La llamada terminó. Cuando Vivian levantó la vista, Matilda le sonreía con una expresión de completa satisfacción. "¿No te enojes con Waylon? Haré que te regale el Grupo Marshall. ¿Eso te haría feliz?", preguntó.

¿Grupo Marshall?

Vivian se dio cuenta de algo de inmediato. Si ese hombre realmente...

Antes de que pudiera expresarlo, Matilda se volvió de nuevo hacia Waylon y le ordenó: "¿Por qué sigues ahí parado? Llévatela y ve a oficializar tu matrimonio ahora. Y si vuelves a molestarla, ¡no regreses a casa!".

La cara de Waylon se tensó, su paciencia se estaba agotando, pero aun así cedió. "Está bien", respondió, apretando los dientes.

Solo entonces Matilda soltó la mano de Vivian. Se sentó tranquilamente en los escalones del juzgado, con un aire de total tranquilidad. "Me quedaré aquí y esperaré".

Sin otra opción, Waylon guio a Vivian unos pasos más allá y se disculpó: "Sobre lo de antes... te juzgué mal".

La disculpa que debería haber dicho nunca salió.

"Como puedes ver, necesito que registres un matrimonio conmigo. Solo para mantener satisfecha a mi abuela", continuó.

Vivian estuvo a punto de negarse por instinto, pero algo la detuvo. "¿Cuál es exactamente tu relación con el Grupo Marshall?", preguntó.

"Yo lo dirijo. Soy Waylon Montenegro", respondió él sin vacilar.

Vivian abrió un poco los ojos al darse cuenta de que era el jefe del Grupo Marshall, el hombre que tenía fama de ser despiadado y decidido en el mundo de los negocios.

"Nos divorciaremos después de un mes. A cambio, puedes poner una condición y yo la cumpliré", continuó Waylon.

Levantó la muñeca y miró la hora, con movimientos precisos y distantes. "Tienes dos minutos. Elige", dijo.

La negativa que Vivian estaba dispuesta a expresar nunca salió.

Los Datos NR que buscaba para su investigación estaban encerrados en las bóvedas del Grupo Marshall, y no podía conseguirlos en ningún otro sitio.

Solo duraría un mes. 'Puedo manejar eso', pensó.

Con una ligera sonrisa cargada de decisión, respondió: "De acuerdo. Lo haré".

Firmaron el acuerdo prenupcial y, una vez cumplidas las formalidades, salieron.

No fue hasta que Matilda confirmó personalmente el documento que por fin accedió a abandonar su lugar en las escaleras del juzgado. "¡Perfecto! Ven conmigo, mi querida nieta política", exclamó.

Waylon se apretó las sienes con los dedos, intentando contener un dolor sordo. Hoy era un matrimonio. No quería pensar en lo que su abuela pediría después.

Mientras Vivian ayudaba a Matilda a acomodarse en el auto, Leo Beckett, el asistente de Waylon, se adelantó por fin.

A Leo le costaba creer lo que veía. ¿Cómo era posible que el hombre que había convertido al Grupo Marshall en un gigante de la industria en solo tres años, la figura más influyente de Ekaville, estuviera completamente indefenso cuando se trataba de su abuela?

Se aclaró la garganta y dijo: "Señor Marshall, he verificado la información. El Rey Médico volverá a aparecer dentro de tres días".

Un brillo agudo apareció en los ojos de Waylon. "Prepara el regalo. Ponte en contacto con él de inmediato. Es el único que puede eliminar la toxina del cuerpo de mi abuela", ordenó.

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