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Su obsesión oscura

Su obsesión oscura

Autor: : LISA BEE
Género: Hombre Lobo
"Eres el padre de mi compañero. Eres mi suegro. Y eres el mejor amigo de mi padre. ¿Cómo puedes decir esas palabras tan fácilmente?". "¿Si te refieres a que estoy completamente obsesionado contigo, que te voy a coger tan fuerte que no sentirás nada con otros hombres? ¿O hablas de arruinar tu matrimonio con mi hijo? ¿O... de que nunca te librarás de mí?". "¡Vince, por favor...!". Mis gritos de placer fueron silenciados por su gran mano que cubría mi boca. Él se adentró más profundamente, haciéndome llorar y gritar. Le rogaba que se detuviera, porque podrían descubrirnos. * Él era el padre de mi compañero y tuve una aventura de una noche con él. No debería haberlo hecho, pero me sentía tan enfadada porque mi compañero me traicionaba con mi hermanastra. Esa noche marcó el comienzo de su obsesión. Y entonces me di cuenta de que no era el suegro tranquilo y calmado que siempre pensé que era. Detrás de esa máscara había un hombre obsesivo, manipulador y controlador que había jurado no dejarme ir nunca. Haría cualquier cosa para mantenerme a su lado, incluso arruinando mi vida. Ahora estoy atrapada en esta relación secreta y apasionada que tenemos. Y cada día me encuentro más adicta a él. ¿Qué hago para liberarme de este vínculo erótico pero tóxico que compartimos?

Capítulo 1 En un club nocturno

Punto de vista de Elena Peters

"¿Ahora me crees?".

El mensaje escrito bajo esas escandalosas fotos hizo que se me rompiera el corazón.

Me tomé otro trago de whisky y, mientras sentía el ardor en la garganta, los ojos se me llenaron de lágrimas. ¿Era el whisky o mi corazón roto?

"Lléname el vaso", indiqué arrastrando las palabras, empujando el recipiente vacío.

"Sí, señora", respondió el mesero, haciendo una reverencia.

Volví a mirar las fotos. Eran imágenes de mi compañero con mi hermanastra. Ambos estaban en ropa interior y en pleno idilio en uno de los hoteles de cinco estrellas de nuestra manada.

Meses atrás, recibí un mensaje anónimo que decía que mi pareja me estaba engañando. En ese momento, me sonó como la estupidez más grande de la vida, y enseguida descarté el asunto como una mentira absurda.

¿Por qué iba a dudar de Trent? Él me amaba hasta el infinito y más allá. Había sido mi compañero durante tres años, y siempre había sido el caballero más romántico y perfecto.

¿Por qué me iba a engañar? Y si lo estuviera haciendo, yo lo sabría, ¿verdad? Por el vínculo de pareja. Sin embargo, no sentí nada.

Me enojé tanto que arremetí contra el remitente anónimo: le dije que no volviera a ponerse en contacto conmigo.

Lo peor de todo era que hoy... celebraba mi tercer aniversario con Trent. Se suponía que iba a ser el día más feliz de mi vida.

Acabábamos de cenar con mi familia y la suya, y luego cerraríamos la noche con sexo apasionado. Pero entonces me dijo que tenía un asunto urgente que atender. Y, por la Diosa, confiaba tanto en él que no dudé de que ese asunto debía de ser extremadamente importante como para abandonarme en nuestra noche de aniversario.

Entonces, recibí otro mensaje del señor Anónimo. Y venía con fotos, una brutal y desgarradora evidencia de la cruel infidelidad de mi pareja. ¡Y mi hermanastra estaba involucrada!

De todas las chicas de la manada, ¿por qué tenía que ser con Tracy, la única hermana que tenía? La persona a la que más quería, justo después de Trent.

¿Por qué ella y por qué él? ¿Por qué tenían que traicionarme tan cruelmente las personas que más amaba? ¿Qué había hecho para merecer esto?

Volví a leer el mensaje, con los ojos anegados por las lágrimas. Cada palabra me destrozaba el corazón.

"¿Ahora me crees?".

Odiaba lo engreído que sonaba ese mensaje, pero... ahora sí le creía. No tenía otra opción. ¡Aunque eso no me quitaba las ganas de "agradecerle" por destrozarme el corazón de esa manera!

"Elena", me llamó una voz, profunda y ronca, a mis espaldas.

Al instante siguiente, unas manos surcadas de venas me quitaron el vaso de whisky. Lo siguiente que supe fue que un aroma dulce y embriagador invadió mis sentidos y mi corazón se aceleró.

Me atreví a mirar a la persona que me había interrumpido y quedé completamente cautivada. Pero, ¿quién podía culparme, si se veía mejor que nunca? Y eso que tenía cuarenta años. ¿Era normal ser tan condenadamente sexy a los cuarenta?

Me costaba admitirlo, pero no había podido quitarle los ojos de encima durante la cena. Un esmoquin negro nunca le había dado a nadie tanto atractivo como a él. Además, su pelo negro ondulado, acomodado hacia atrás, realzaba su rostro de rasgos duros y su mandíbula afilada. Sus cejas pobladas eran un rasgo distintivo, y sus labios nunca me habían parecido tan apetecibles.

Eso sin olvidar la confianza atrevida que lo envolvía. Ese hombre se mostraba relajado, pero poseía un aura intimidante que contrastaba con su personalidad. Una combinación que agitaba millones de corazones y hacía que acaparara todas las miradas de cualquier estancia en la que entrara.

Y aunque eso me hacía sonar como una descarada... llevaba un tiempo fijándome en él. Siempre estaba mirándolo, incluso cuando estaba con Trent y su madre. Me odiaba a mí misma por andar viendo a mi suegro, un hombre casado.

Pero eso no contaba como infidelidad, ¿verdad? Nunca me le había insinuado, o algo así, así que no había engañado a mi pareja. De hecho, el único infiel aquí era Trent, ¡quien resultó ser un cabrón de sangre fría!

"¿Qué demonios haces sola en un club nocturno, Elena? ¿No podías beber en casa?".

"Dame eso", balbuceé, intentando alcanzar mi vaso, pero él lo lanzó por la barra con tanta fuerza que se deslizó todo el camino y terminó en el suelo.

Me quedé sin aliento ante el escándalo, pero él ni siquiera se inmutó. Además, podía ver la furia gélida en sus ojos. Realmente mi suegro era muy relajado; rara vez se alteraba por algo.

"Trent me llamó. Dijo que se la ha pasado intentando localizarte, pero no le contestas", prosiguió, clavando sus ojos verde esmeralda en mí.

Su mirada me cortó la respiración. Aparté la vista bruscamente, tratando de recuperar el aliento.

"Sí, claro. Mi compañero, perfecto y dedicado, debe de estar preocupado, ¿verdad? Por eso envió al autoritario de su padre a buscarme", solté.

Noté que mi suegro tensó la mandíbula de inmediato. Parecía que mi comentario impertinente no le había sentado bien. Honestamente, yo no pretendía ser tan grosera, pero en ese momento mi mente estaba nublada por el whisky, y mi corazón absolutamente roto.

Él era la última persona que necesitaba a mi lado en mi estado vulnerable. Podría cometer una locura...

"Levántate. Te vas a casa".

"No, no voy a...", comencé a protestar, pero él ya me había levantado del brazo. "Suéltame".

"No voy a soltarte, Elena. Estás borracha. ¿A qué estás jugando? ¿Intentas meterte en problemas? Mira a tu alrededor. Aquí hay muchos libertinos. Cualquiera de ellos podría propasarse contigo".

"El único libertino que me asusta es el que me está sujetando", me quejé, pues realmente me estaba agarrando del brazo con fuerza.

Mi suegro volvió a apretar la mandíbula. ¿Esa era la primera vez que se comportaba así, o era que nunca me había fijado en ese lado sutilmente amenazador?

Sin embargo, debía reconocer que mi suegro siempre había sido muy protector conmigo: me regañaba cuando hacía algo mal, y se preocupaba por mi seguridad. De hecho... me prestaba un nivel de atención que me hacía tener pensamientos descabellados.

Siempre me decía que hiciera esto o aquello, mientras que Trent solo me dejaba hacer lo que quisiera. Y aunque algunas chicas preferirían tener su libertad, a mí siempre me había gustado que un hombre me dominara, en el buen sentido. ¡Y odiaba que no fuera mi hombre quien lo hiciera, sino el semental de su padre!

¡Realmente odiaba eso! ¡Y en ese momento, más que nunca! Porque mientras él se preocupaba y me trataba como lo haría cualquier buen suegro, en mi mente tenía puros pensamientos eróticos sobre él, ¡lo que era malditamente unilateral e injusto!

"Bueno, te llevaré a casa. Vamos", dijo, intentando arrastrarme, pero yo me resistí para quedarme en mi lugar.

"Estamos en público, Luna. Intenta no armar una escena", siseó él, acercando peligrosamente su rostro al mío.

Sí, tenía que recordarme mi título.

Yo era la Luna de la manada. Era una Luna con el corazón roto.

Capítulo 2 Aventura de una noche

Punto de vista de Elena Peters

El viaje transcurrió en silencio. Mi suegro y yo no nos habíamos dicho ni una sola palabra desde que salimos del bar. Sentía el corazón desbocado, y recé para que él no oyera el caos de mis latidos.

Observarlo fue un error, porque ahora no podía apartar la vista de su manzana de Adán, que subía y bajaba.

'Oh, Diosa... Santa Diosa... No me dejes hacer esto', pensé, clavando mi vista en la ventana, para tratar de calmar mi pulso acelerado. Fue en ese momento en el que me di cuenta de que ese no era el camino a casa.

"¿A dónde me llevas?", pregunté, con un dejo de pánico en la voz.

"A mi casa", respondió, con su voz extremadamente profunda. "Trent llamó. Dijo que no volvería esta noche. La reunión en la que está se alargó, así que pensé que deberías pasar la noche en mi casa".

Ante el recordatorio de la infidelidad de mi pareja, los ojos se me llenaron de lágrimas. Mantuve la vista fija en la ventana, negándome a que él viera mis ojos llorosos.

"¿Por qué bebías, Elena? ¿Pasó algo?".

"Nada", respondí secamente, pues nunca podría decirle que su supuestamente perfecto hijo me estaba engañando... con mi hermana.

"No lo creo, pero está bien si no quieres hablar de ello", dijo con voz neutra.

Nos quedamos callados hasta que entramos a su propiedad. Apenas apagó el motor, me bajé deprisa y me sequé los ojos.

Él también lo hizo y se acercó para agarrarme la mano, pero yo me aparté de un tirón.

"No tienes que sostenerme. Puedo caminar perfectamente sola".

"Te creería si no te hubieras ahogado en vasos de whisky", replicó mi suegro, sujetándome la mano con más fuerza.

De nuevo, sacaba esa actitud dominante. Nunca aceptaba un no por respuesta. ¿Por qué tenía que ser mi suegro? Era tan injusto.

Entramos en su casa, que estaba extrañamente silenciosa.

"¿Dónde está la tía?", pregunté, mirándolo. Así era como yo llamaba a la madre de Trent, mi suegra y la pareja de mi interlocutor.

Corría el rumor de que él se había involucrado con otra mujer antes de conocerla, así que ella no era su compañera destinada, sino elegida. Aunque, honestamente, no podía decir qué tan ciertos eran esos chismes.

"Fue a visitar a una amiga. Pasará la noche allí".

Al instante, el corazón se me desbocó.

'Espera un momento... ¿Así que... solo estamos él y yo aquí?', reflexioné.

Rápidamente me solté de su agarre cuando llegamos a las escaleras. Subí los peldaños de dos en dos, ansiosa por alejarme de él.

Para mi mala suerte, me torcí el tobillo. Mientras caía, solté un grito.

Sin embargo, no toqué el suelo, pues unas manos firmes me sujetaron por detrás. El aroma de ese hombre volvió a despertar en mí un deseo desenfrenado.

"¿Ves lo que pasa cuando dejas que una mujer borracha camine sola? Acaba rompiéndose todos los huesos", soltó mi suegro, en un tono cargado de ira, y algo mucho más oscuro. Lo siguiente que supe fue que me cargó como si fuera una novia en su noche de bodas, y me llevó al piso superior.

Yo coloqué mis manos alrededor de su cuello, y me esforcé por no mirarlo a la cara. Por suerte, llegamos a la que supuse era la habitación de invitados, donde me acomodó en la cama, lejos de todo el calor que emanaba de su cuerpo. ¿O era del mío?

Miré a mi alrededor y el corazón me dio un vuelco. No estábamos en la habitación de invitados.

"¿Por qué me trajiste a tu cuarto?".

"Porque tengo que curarte ese tobillo. Vuelvo enseguida", dijo y se fue. Segundos después, regresó con una bolsa de hielo.

Se sentó en la cama y colocó con cuidado mi pierna sobre su muslo. En ese momento, sentí que mis bragas se empararon por el roce de sus manos sobre mi piel.

Y el hecho de que mi pierna estuviera tan cerca de su miembro me excitaba aún más. Si no lo conociera, pensaría que me estaba seduciendo sutilmente.

Sin embargo, mi corazón roto y mi mente borracha estaban sucumbiendo ante su cercanía.

"¿Por qué llorabas?", preguntó en un tono tan bajo que apenas lo oí. "¿Te peleaste con mi hijo?", inquirió, mirándome.

A mí me costó encontrar una respuesta adecuada.

"No es nada que no podamos arreglar".

¿Pero de verdad podíamos arreglar esto? ¿Podía pasar por alto y perdonar lo que estaba haciendo con mi hermana? No lo sabía, pero no creía ser capaz. Era una traición demasiado grande para soportarla.

"Si te hace llorar, ¿vale la pena arreglarlo?".

Esa pregunta de mi suegro me desconcertó, y me esforcé por comprender el significado que había detrás.

Él se levantó y salió de la habitación. Suspiré aliviada, pero mi tranquilidad no duró mucho, pues la puerta volvió a abrirse y mi suegro regresó.

Esta vez, se metió en el baño sin decir una palabra. Me retorcí en la cama, hecha un manojo de deseo; me resultaba imposible mantener la calma, sabiendo que estaba desnudo ahí dentro.

Minutos después, salió vestido solo con unos bóxers, mientas se pasaba una toalla por el pelo. Su cuerpo musculoso y mojado lucía increíblemente delicioso.

Abrí los ojos como platos al ver el rotundo bulto que sobresalía entre sus piernas. Dejé que mi vista se deleitara también con sus abdominales y luego con el sensual tatuaje de su pecho.

Una avalancha de pensamientos alucinantes y sucios invadió mi mente, obligándome a incorporarme.

La Diosa y yo sabíamos que no podría contenerme más.

Puse lentamente las piernas en el suelo, inhalé profundamente, y me preparé para lo que iba a hacer.

'¡A la mierda! Esta será mi pequeña y sucia venganza contra Trent', me dije.

Ahora, mi pareja estaba a punto de descubrir lo que se sentía ser apuñalado por la espalda por sus seres queridos.

Me levanté de la cama y me abalancé hacia mi suegro, quien dejó de secarse el pelo.

"¿Qué pasa?", preguntó con severidad, intentando clavar sus ojos verdes en los míos.

Agarré con fuerza su erección; él se estremeció, pero no se movió. Vi que volvía a tensar la mandíbula, y que sus ojos se oscurecían.

"Podría ayudarte a aliviar esa erección. Si me dejas", solté, pues en ese momento me había convertido completamente en una zorra.

Pero, ¿cómo demonios se suponía que no lo fuera, cuando en lugar de huir me lanzaba esa mirada ardiente?

Él apretó los dientes, mientras parpadeaba varias veces.

"Estás loca, Elena", declaró, sin inmutarse.

"Sí, lo estoy", contesté.

No me importaba que me mandaran al psiquiatra mañana, pero en ese momento, quería probarlo.

Sin decir más, me arrodillé y, lentamente, le bajé los calzones.

Él no se movió ni me detuvo, así que le agarré su dura verga y lamí su rosado glande, probando su líquido preseminal en el proceso.

Mi suegro soltó un gruñido y sus piernas temblaron un poco. Su reacción me excitó más y comencé a mamársela, metiéndome la mitad en la boca.

¡Sabía jodidamente increíble! Me atraganté con su miembro y él volvió a gemir, más fuerte, antes de agarrarme del pelo con fuerza.

Jugué con sus testículos mientras aceleraba el ritmo.

"Mierda", exclamó, respirando entrecortadamente, mientras me separaba de él de golpe. Sin previo aviso, me levantó del suelo y me lanzó sobre la cama.

Los ojos se me desorbitaron ante la velocidad con la que se deshizo de la única prenda que le quedaba. Acto seguido, me arrancó la ropa de un tirón.

Comenzó a juguetear con mi clítoris con sus dedos, lo que me volvió loca y me hizo gimotear. Lo siguiente que supe fue que se masturbaba un poco y, después, deslizaba su verga en mí con una fuerza arrolladora.

"¡Aaaah!", gemí al sentirlo de mí.

Él entrelazó nuestras manos, y me inmovilizó al colocarlas por encima de mi cabeza. Su peso me tenía atrapada mientras me penetraba con fuerza.

Me di cuenta un poco tarde de que, mi suegro, gentil y relajado, era un monstruo en la cama. No había nada de amable en sus embestidas. Me estaba enviando al infierno erótico con sus brutales movimientos.

Yo era un caos de chillidos y gemidos, mientras que él era una tormenta de roncos gruñidos, que nos llevó a ambos salvajemente a un orgasmo abrumador.

"Tú pediste esto, Elena. No lo olvides", me susurró al oído, enterrándose más dentro de mí, como si quisiera que mis entrañas sintieran su verga, o como si quisiera marcarme permanentemente.

"Sí...", solté con un tono velado por los gemidos. "Yo... lo pedí", agregué, mientras nuestras caderas giraban al ritmo rápido que él marcaba.

"Así que nunca vas a arrepentirte. Y tampoco podrás fingir que esto no pasó", declaró, apretándome contra él, mientras me arrancaba suaves gemidos.

"Sí...".

"Eres mía. Completamente mía".

Al instante siguiente me besó, atrapando mis gritos mientras duplicaba el ritmo de sus embestidas hasta que tuve un orgasmo devastador que me dejó sin aliento. Por su parte, mi suegro gruñó y eyaculó dentro de mí.

Ambos estábamos sin aliento, y segundos después, él se dejó caer a mi lado.

Yo estaba agotada y sonrojada. Cerré los ojos con debilidad, sintiéndome muy mareada.

En algún lugar entre la realidad y el mundo onírico, creí oírlo decir algo... Sonaba casi como una disculpa y un par de palabras más que no entendí.

"Lo siento, pero... era la única forma de traerte a mis brazos", dijo.

Capítulo 3 Una noche en casa de papá

Punto de vista de Elena Peters

Mi celular vibró y me quedé congelada en donde estaba. Se me encogió el corazón cuando revisé la pantalla y vi que no me estaba marcando el hombre que esperaba.

Ya había pasado una semana desde la noche que compartimos. Sin duda fue el alcohol el que me dio el valor para decirle que no me arrepentiría de lo que pasó entre nosotros, porque al día siguiente, al volver a casa, lloré hasta quedarme seca. Nunca pensé que haría algo tan sucio como acostarme con otro hombre que no fuera mi pareja. Y lo peor de todo era que le había sido infiel con su padre. Honestamente, eso me hizo sentir como una persona horrible.

Lo odié al instante y no quise saber nada más de él. Pero ese sentimiento se fue atenuando hasta convertirse en un deseo ardiente unos días después.

Me sentía constantemente tentada a llamarlo, pero cuando estaba a punto de hacerlo, me faltaba valor. Y él no me había llamado.

Tampoco nos habíamos visto, y esto era lo que me inquietaba más.

Me hacía pensar que me estaba ignorando o que lo que tuvimos no fue lo suficientemente importante para él como para mantener el contacto. Quizá para mi suegro yo fui una aventura de una noche, sexo casual... Nada más. Y aunque debería estar encantada, una parte de mí sufría enormemente.

Además, ¿no había sido él quien me hizo prometer que no actuaríamos como si no hubiera pasado nada? Entonces, ¿por qué hacía exactamente eso? ¿No había hecho esa promesa en serio? ¿Acaso se dejó llevar por la emoción del momento? ¿Estaba tan arrepentido como yo?

Tal vez para él no significó nada. Y se suponía que para mí tampoco. Sin embargo, mi magullado corazón parecía desearlo inevitablemente.

Miré nuevamente su número en la pantalla, sacudí la cabeza y decidí no llamarlo. Tras secarme las lágrimas, bajé a desayunar.

Trent ya estaba sentado, revisando su celular, pero apenas me vio, lo dejó a un lado.

'¿Por qué? ¿Está hablando con Tracy?', me pregunté.

Me resultaba difícil enfrentarme a él por eso, así que no lo hice. Sobre todo porque sabía que era igual de asquerosa, pues me había metido con su padre.

"Hola, cariño", dijo e intentó besarme en los labios.

Yo lo esquivé sutilmente, y el gesto terminó en mi mejilla.

Desde que me enteré de su infidelidad, no había dejado que me besara ni se acostará conmigo. Honestamente, ahora su contacto me causaba repulsión. Y saber que se estaba acostando con Tracy lo hacía mucho menos atractivo para mí.

Y aunque no fuera a confrontarlo por ello, no significaba que iba a compartir pene con mi hermana. Eso acabaría con cualquier pizca de orgullo que me quedara.

Él me sacó una silla y yo me senté. Siempre era tan caballeroso que, honestamente, sentía que nunca podría entender cómo fue capaz de engañarme.

"La cena de cumpleaños de tu padre es esta noche", me recordó.

Sí, mi papá era el Alfa de la Manada Rayo de Luna, mientras que el padre de Trent era el Alfa de la Manada Claro Carmesí, o lo fue hasta que se jubiló anticipadamente y le cedió el lugar a su hijo.

Mi papá y Vince, el padre de mi compañero, eran amigos desde la infancia, y su amistad se fortaleció con los años. Por eso se emocionaron mucho cuando me convertí en la pareja de Trent.

"Sí", respondí con indiferencia, tratando de comer aunque no tenía apetito.

"Tengo trabajo más tarde, así que solo te dejaré allí y luego tendré que retirarme. Pero te aseguro que estaré en la fiesta de mañana".

Yo volví a asentir, pues no tenía nada que decir. Sabía que me estaba mintiendo, así que no valía la pena gastar mi aliento con él. Lo único que conseguiría sería volverme a poner a llorar otra vez.

"No tengo hambre", dije y me apresuré a volver a mi recámara.

Me quedé encerrada hasta la noche.

Trent me llevó a la manada de mi papá. Al llegar, él ya me estaba esperando en el porche.

Me bajé del auto y corrí a sus brazos.

"Tranquila, cariño", comentó, riéndose entre dientes, mientras me pasaba una mano por la espalda.

"Lo siento", respondí, porque necesitaba un abrazo desesperadamente.

Trent se marchó tras saludar a su suegro. Verlo irse me deprimió aún más.

Papá y yo entramos, y allí estaba Tracy con su madre, mi madrastra.

"Hola, mamá", la saludé, abrazándola.

Quizá nunca llenaría el vacío que mi madre dejó en mi corazón cuando tenía cuatro años, pero ciertamente fue muy amable conmigo, y eso significaba mucho.

"Hola, hermana mayor", intervino Tracy, con su habitual sonrisa descarada, que iluminaba el más sombrío de los corazones.

¿Cómo podía alguien con semejante sonrisa ser tan malvada? Y la quería tanto que, honestamente, no sabía cómo enfrentarme a ella.

De hecho, me vi obligada a reprimir todas mis emociones, y eso me estaba asfixiando. Y ahora mismo tenía que ser amable con esa zorra, aunque me estuviera muriendo por dentro.

"Hola, Tracy", la saludé, con una sonrisa que apenas duró un segundo. Por suerte nadie se dio cuenta y papá nos llevó al comedor.

Ahí descubrí que solo estábamos nosotros. No había ningún otro invitado; ni siquiera Vince. En el camino, sentí el corazón en la garganta ante la idea de que lo vería allí. Y ahora que sabía que no estaba, me sentí decepcionada y aliviada a partes iguales.

"¿No invitaste a nadie más?", le pregunté a papá mientras me sentaba a su lado.

Tracy se sentó junto a su madre.

"Solo invité a Vince", respondió él, agarrando sus cubiertos.

Me quedé paralizada, pero lo disimulé de inmediato.

"¿Por qué...?", empecé, con la voz ronca, así que carraspeé. "¿Por qué no vino?".

"No lo sé. Dijo que le había surgido un imprevisto del que no podía zafarse", contó mi progenitor, en un tono que revelaba su decepción.

Comí en silencio, sintiendo que una enorme culpa me aplastaba. ¿Y si Vince había rechazado la invitación porque sabía que yo asistiría? ¿Y si se sentía mal por lo que pasó? Eso había ocurrido solo porque yo estaba borracha, atrevida y despechada.

Quizá Vince se sentía culpable, porque al final del día, yo era la hija de su mejor amigo, y la pareja de su hijo. Suponía que en ese momento debía de odiarse a sí mismo.

Y yo no debía olvidar que todo empezó por mi culpa.

"No pasa nada, cariño. Seguro que estará aquí para la fiesta de mañana", lo consoló su esposa.

Sin embargo, mi papá apenas podía ocultar su tristeza.

Me sentí tan mal que apenas comí.

Cuando por fin me encerré en mi habitación, me quedé mirando nuevamente mi celular.

Mis acciones de aquella noche podrían arruinar la amistad de Vince con mi padre y dañar aún más mi relación con Trent si no arreglaba las cosas. Tenía que asumir la responsabilidad de mis actos. Necesitaba disculparme y asegurarle que no tenía de qué preocuparse.

Todo había sido mi culpa. Yo no debí haberme abalanzado sobre él. Y debía pedirle perdón por eso.

Inhalé profundamente y marqué su número. Lo que me sorprendió fue que contestara al primer timbrazo.

"Te tardaste", dijo con voz ronca.

"Lo siento", respondí con calma, tratando de controlar mi corazón acelerado.

"Es que... No debí haberme lanzado sobre ti", continué, antes de que él pudiera decir algo. "Lamento si te sientes culpable, pero no hay razones para ello. Lo nuestro fue solo una aventura de una noche. Finjamos que nunca pasó, por favor".

El silencio se instaló en la línea, y por un momento pensé que él había colgado.

"¿Me has llamado solo para decirme eso?", soltó en un tono brusco y... aterrador.

Al instante, sentí que un escalofrío me recorría.

"Sí...", tartamudeé, agarrando con más fuerza el celular. "¿No es... lo que quieres oír?".

"No tienes ni puta idea", espetó, y colgó.

Me quedé blanca como el papel durante un minuto entero. Mi rostro estaba encendido por la intensidad de la llamada de tres minutos con el hombre que se suponía que era el más decente y tranquilo de la manada.

Sin embargo, no había sonado ni remotamente así al teléfono. De hecho, había sonado bestial y desquiciado, igual que la noche en la que me embistió.

¿Qué estaba pasando? ¿Por qué parecía que había algo más en él de lo que se veía a simple vista? ¿Qué era lo que sucedía en realidad? Porque sentía que con esa llamada acababa de remover el avispero, cuando lo único que intentaba era calmar las aguas.

"¿Hay algún problema?", preguntó mi padre, sobresaltándome.

Me giré con rapidez, e intenté disimular mi palidez con una sonrisa.

"Ninguno, papá", contesté.

Quería preguntarle exactamente qué clase de hombre era su mejor amigo... porque me causaba unos escalofríos de muerte. ¿No se suponía que Vince era conocido por ser cálido y amable?

¿Quién era el hombre con el que me acosté y con el que acababa de hablar? Parecían personas totalmente distintas del Vince que todos conocíamos desde hacía años.

"Vine a darte las buenas noches", dijo mi papá, abrazándome unos segundos. "Gracias por venir a pasar la noche conmigo en la víspera de mi cumpleaños".

"Es un placer, papá", contesté, manteniendo mi sonrisa, pero la Diosa sabía que apenas podía con la culpa que pesaba en mi corazón.

No quería ni imaginar lo decepcionado que se pondría mi papá si se enteraba de lo sucedido.

"Descansa un poco. Lamento que no vayas a pasar una noche divertida con tu hermana".

Por lo general, las noches que me quedaba a dormir, Tracy y yo nos quedábamos despiertas viendo películas de terror y gritando a más no poder.

Pero definitivamente no haría eso con ella ahora. Ni siquiera podía mirarla a los ojos un minuto, ¿cómo podría compartir habitación o reírme con ella?

"No, papá. Estoy exhausta. Necesito descansar".

"Está bien. De todos modos, Tracy no está aquí. Se fue. Dijo que tenía que verse con un amigo".

"¿Qué?", exclamé, pero todo lo que obtuve como respuesta fue el suave sonido de la puerta cerrándose. Papá ya se había ido.

¿Tracy no estaba en casa? Honestamente, no quería ponerme a imaginar cosas. Sabía que no debía torturarme así. Tal vez no era lo que pensaba. Quizá...

De repente, mi celular emitió un pitido. Rápidamente, abrí el mensaje, que incluía fotos de un remitente anónimo.

Trent estaba desnudo y Tracy encima de él, pasándoselo de maravilla.

El mensaje decía: "Tu adorable compañero, Trent".

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