La Agencia "Gentleman XXL" le da la bienvenida a nuestra vasta disposición de acompañantes cualificados para hacer realidad cualquiera de sus fantasías.
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OLIVER:
Francés de 25 años de origen estadounidense; 1,85 m; moreno; ojos marrones; totalmente tatuado; mirada sexy e intimidante.
Idiomas hablados: inglés y francés.
Intereses: música, deporte, cine...
Particularidad: tiene un piercing en el glande.
Tarifa básica: 120 € c/hora.
Para contactar con Oliver, diríjase a la agencia Gentleman XXL en www.gentleman-xxl-escort.com
FRANK:
Polaco de 27 años; 1,88 m; ojos marrones que te enamorarán; mirada relajada y sexy.
Idiomas hablados: inglés, francés y ruso.
Intereses: salir, bailar e ir de compras.
Particularidad: practica masajes eróticos.
Tarifa básica: 120 € c/hora.
Para contactar con Frank, diríjase a la agencia Gentleman XXL en www.gentleman-xxl-escort.com
SERGIO:
Francés de 35 años de origen italiano; 1,85 m; ojos negros; mirada sexy y cautivadora.
Idiomas hablados: inglés, francés e italiano.
Intereses: Restaurantes, clubes nocturnos y salidas varias.
Particularidad: No está en contra del amor a tres bandas.
Tarifa básica: 150 € c/hora.
Para contactar con Sergio, diríjase a la agencia Gentleman XXL en www.gentleman-xxl-escort.com
CYRIL:
Francés de 30 años; 1,90 m, cabello castaño; ojos grises; mirada chic y sexy.
Idiomas hablados: francés, inglés, italiano, alemán y un poco de japonés.
Intereses: salir, bailar, ir de compras.
Particularidad: habla el lenguaje de señas.
Tarifa básica: 200 € c/hora.
Para contactar con Cyril, diríjase a la agencia Gentleman XXL en www.gentleman-xxl-escort.com
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La totalidad de los perfiles presentados en nuestro "mostrador" son seleccionados con sumo cuidado. Cada una de las actuaciones de nuestros Escorts es de antemano objeto de un estudio de potencialidad. Nuestros acompañantes están cualificados para responder a los problemas actuales de las mujeres modernas e independientes con precisión y seriedad...
"GENTLEMAN XXL" busca responder eficazmente a todas sus peticiones...
Estamos comprometidos a prestar un servicio de calidad y a ofrecer una presencia benévola y cortés.
Cyril POV
Amo mi profesión. Me encantan las mujeres. Todas las mujeres. Rubias, morenas, pelirrojas, mujeres exuberantes, delgadas, altas, bajas... Ya ves, realmente no soy complicado.
Me gusta hacerles soñar, entretenerles, hacer realidad sus deseos, darles regalos... Pero, sobre todo, me gusta tenerlas en mis brazos y oler el perfume embriagador de sus cuerpos cuando se despiertan, con una gran sonrisa en los labios, después de haberles hecho el amor.
Parece, según tú, que soy un magnífico espécimen de 1,90 m y que sé cómo trataros a todas. Tal vez por eso estoy la agencia número uno "Gentleman XXL" en esta hermosa ciudad, donde nací y donde todavía vivo, París.
¡París! Para algunos, esta capital es un lugar de ensueño con sus grandes monumentos, sus gigantescos parques, sus discotecas de moda, su Torre Eiffel, su Moulin Rouge, sus Campos Elíseos y sus museos. Para otros, es un infierno por el transporte público, el metro, los atascos y las repetidas huelgas.
Los extranjeros sueñan con venir aquí y descubrir una de las capitales más bellas del mundo. Los parisinos sueñan con irse al sur en busca del sol y el mar, la calma y el aire puro. Parece que uno nunca está satisfecho con lo que tiene. Eso tampoco está mal.
En cualquier caso, señoras, las adoro y ustedes me devuelven el favor con sus sonrisas y sus gestos.
A veces traviesas y a veces rebeldes. Todas ustedes son hermosas a mis ojos. Pero sobre todo... tú eres mi pan de cada día. La que me permite tener un alto nivel de vida: buen coche, buen apartamento, disfrutar de suculenta comienda en restaurantes cuatro estrellas y vestir trajes Gucci. En resumen, todo lo que necesito para hacerte soñar y ser el mejor a tu lado.
¿Mi currículum? Un máster en lenguas extranjeras. Domino el inglés y el alemán. Tengo algunos conocimientos de ruso, ya que pasé un año allí, y desde hace algún tiempo estoy aprendiendo japonés.
Mis padres tienen un gran viñedo. Esto significa que conozco los buenos vinos y sé distinguir entre un Nuit St Georges de Bourgogne de un St Emilion de Bordeaux.
Volviendo a mi historia, esta noche tengo una cita con una cliente a la que tengo que acompañar a una organización benéfica: Les Chiens d'accompagnement.
Otra que lucha por la protección de los animales, planeta o lo que sea. O el tipo de chicas feministas que no soportan no ser iguales a los hombres y que enseñan las tetas en todos los lugares públicos gritando a los cuatro vientos por la igualdad de género.
¿Te la imaginas? Sí. Una mujer mayor, vestida en tiendas de segunda mano y que seguro que no tiene gusto. A mí, que me gustan los sitios chic y de moda, me voy a pasar una noche de mierda con una panda de gilipollas a escucharles debatir sobre la causa animal.
De todos modos, mi noche se pagó con un pequeño extra para alegrar la suya. Y si pagas, puedes confiar en mí.
¡Ah! Se me olvidaba. Odio a los perros. Apestan, pierden pelo y se tiran pedos. Así que imagina mi cara cuando me dieron este contrato para realizarlo. Habrá perros por todas partes. Pequeños, medianos y grandes. ¡El infierno para mí!
Fue por teléfono que Miriam, una mujer de unos cincuenta años que dirige su empresa de acompañantes con mano de hierro, se puso en contacto conmigo después de haber sido contactada a su vez por correo electrónico. Es raro que uno vaya a la agencia. A no ser que, por supuesto, el cliente no esté satisfecho. Y ahí, debo reconocer que, a pesar de su pequeño tamaño, ella sabe ponernos en nuestro lugar.
En cualquier caso, ahora mismo estoy de pie frente a mi guardarropa, rascándome la cabeza, preguntándome qué voy a ponerme esta noche.
En el interior, todo está bien guardado o colgado en perchas. Mis trajes están protegidos en sus fundas transparentes y mis corbatas están bien dobladas en el primer cajón. Mi ropa interior está en el segundo cajón. Mis camisas están planchadas a un cuadrado perfecto. Todo en orden de color.
Sí, odio parecer un vagabundo.
Una vez que he hecho mi elección, coloco cuidadosamente mi ropa, que he elegido metódicamente, y los zapatos que la acompañan a los pies de la cama.
Conecto mi teléfono privado a su estación de acoplamiento y elijo una lista de reproducción. Hoy quiero ponerme de humor. El Amante de Nicky Jam. ¡No está tan mal! Me dirijo hacia el baño con un paso sensual al ritmo de la música. Debo admitir que es una buena manera de trabajar las caderas.
Me quito la camiseta y los pantalones cortos. En casa, me encanta estar cómodo y relajado. Hago que mi cola haga de helicóptero. Vi esto la última vez en YouTube. Un grupo de hombres bailaba desnudo en el escenario y tengo que decir que me hizo reír. Después de darle cuatro vueltas completas, mi teléfono del trabajo empieza a sonar.
Con una sonrisa en la cara, pero con un paso molesto, camino desnudo hacia la mesita de noche. Lo cojo y miro el nombre en la pantalla. Bárbara, una de mis habituales.
Señalo que en este negocio es mejor tener dos teléfonos. Una para el trabajo y otro para la vida privada. ¿Te imaginas la cara de las familias al estarles mostrando algo y de pronto salga algo indebido? Aunque el oficio de acompañante se ha convertido en algo habitual, algunas familias no entienden esta elección que, hay que decirlo, sigue siendo particular.
En resumen, el nombre que aparece en mi pantalla es el de una mujer casada. Imagino que su cónyuge tuvo que salir a la carretera. Ser camionero internacional tiene sus ventajas, pero también sus desventajas, entre ellas ser un cornudo. Debe estar sola en casa y necesita un poco de acción en su ordenada y rutinaria vida.
Respiro profundamente, bajo el sonido y me meto en la piel de uno de mis personajes antes de pulsar el botón de "contestar".
-Sí -respondo.
Con el teléfono en la mano, vuelvo al baño y me pongo delante de mi lavabo para empezar a afeitarme y luego pulso el altavoz.
-¡Hola bebé! ¿No te molesto?
Su voz melosa resuena en el cuarto de baño y pongo el celular en la estantería que tengo delante, donde están mis artículos de aseo personal.
-No, no me estás molestando Bárbara. ¿A qué debo esta llamada?
A mis clientas les suele encantar que les llame por su nombre de pila. Es una forma de que se sientan importantes.
Dejo correr el agua en el lavabo, cojo mi maquinilla de afeitar de mano y mi bote de spray y lo agito para mezclar la textura. Después de poner el equivalente a una bola de nieve en la palma de mi mano, sonrío a mi reflejo.
-Quería verte esta noche.
-¿Esta noche? No puedo, tengo una cita.
Me aplico la espuma en el rostro, cubriendo la barbilla y las mejillas, asegurándome de aplicar una capa gruesa.
-¡Oh! ¡Vas a salir! Y... ¿con quién? -pregunta con voz vacilante.
-No es así Bárbara como funciona esto y lo sabes. Yo respeto tu vida y tú debes respetar la mía.
Suspira un poco decepcionada.
Bueno, tengo que cambiar de estrategia. Sigue siendo una de mis fieles clientes. Tengo que satisfacerla de alguna manera. Si Bárbara me llama, es porque quiere que la cuide.
Cierro los ojos durante treinta segundos, respiro profundamente y me meto en la piel de otro de mis personajes que me encanta interpretar por teléfono. Entonces abro los ojos, miro al tipo en el espejo y me concentro.
Reconozco que nunca lo he hecho con ella, pero sé que le gustará. Es como cualquier otra mujer, solo hay que estimularlas y el retorno está garantizado. Se corren.
Es un juego virtual que me encanta realizar. Sigo siendo correcto y respetuoso. Es una cuerda más para mi arco. A algunos de mis colegas les encanta añadir fotos de su polla erecta o masturbándose. Yo no hago eso. No quiero encontrar una foto de mi polla publicada en Google al lado de mi cara.
Me gusta jugar, pero no me arriesgo. Las mujeres son capaces de lo peor para vengarse. Como dice el refrán, "la venganza es un plato que se sirve frío". Y está descartado que me lo coma congelado.
-¿Dónde estás ahora? -inquiero.
Tiro de la piel de mi mejilla hacia arriba y comienzo la primera pasada de la cuchilla.
-Estoy frente a mi televisión.
Sonrío antes de meterme por fin en la piel de mi personaje.
-Bien mi hermosa. Entonces, vas a ir a tu habitación, te vas a desvestir y te vas a acostar en tu cama.
La cuchilla se desliza metódicamente sobre mi piel mientras el roce de la ropa me indica que lo está haciendo. Sonrío, a mi doble, satisfecho de mí mismo.
-¿Estás desnuda? -pregunto con voz suave, pero firme.
-Estoy desnuda, Cyril.
-¡Bien bebé! Ya sabes cómo me gustan las mujeres obedientes.
-Sí... lo sé, pero yo... ¿puedo saber si estás desnudo?
Pongo la hoja de mi maquinilla de afeitar en el otro lado de la mejilla y giro la boca para que la piel quede bien estirada.
-Completamente desnudo mi hermosa y pienso en ti. Ahora cerrarás los ojos e imaginarás que estoy a tu lado. -Suavemente, deslizo la hoja sobre mi piel-. Te acariciarás para mí.
-¿Qué quieres decir con... acariciarme?
Su voz es repentinamente vacilante, así que detengo mi movimiento.
-Nena, no me digas que nunca te has acariciado.
-Sí..., pero nunca por teléfono -responde con voz tímida.
-¿Confías en mí?
-Sí..., pero... nunca lo he hecho así -profiere con un suspiro que deja entrever su preocupación.
-Actúa como si estuviera a tu lado, guiando tu mano. ¡Confía en mí, cariño! Te vas a divertir mucho con esto.
Levanto el cuello y coloco la cuchilla en la parte donde la piel es delicada para continuar mi afeitado.
-Cierra los ojos y deja que mi voz te guíe.
Espero que me responda, pero su silencio me indica que me está escuchando totalmente. Está bien, puedo empezar.
-Imagina que estoy tumbado a tu lado desnudo y que nuestros ojos se encuentran. Primero, quiero que te lleves los dedos a la boca y los mojes. Luego ponlos en tu pezón y pellízcalo eróticamente. Imagina que son mis labios en ese pequeño botón rosa. Pasa tus dedos por encima como lo haría mi lengua.
Un suave suspiro se escapa de mi teléfono. Entonces sé que está receptiva, y puedo continuar.
-¡Eso es bueno, cariño! Me encanta oírte suspirar. ¡Tu voz es tan sensual!
Me miro la ceja y me doy cuenta de que un pelo está fuera de su sitio. Dejo la maquinilla de afeitar y cojo las pinzas.
-Acaríciate mi dulce. Mantén los ojos cerrados. Siempre estoy a tu lado y mi mano te acaricia con ternura. Bajo a tu vientre. Recorro tu ombligo para hacerte desear más antes de bajar mis dedos al interior de tus muslos y deslizar mi dedo entre tus labios y luego subir lentamente hasta tu tesoro mi dulce.
-Oh -responde ella, sorprendida por el giro que está tomando nuestra conversación telefónica.
Agarro el pelo con la pinza y doy un golpe seco. Así está mejor. Vuelvo a coger la navaja y continúo con mi monólogo erótico.
-Tócate.
-¡¿Qué...?!
Dejo de afeitarme por tercera vez y añado con voz tranquilizadora y sexy.
-Shhh baby... no digas nada. Déjate llevar por mi voz. Solo quiero escuchar tus suspiros y gemidos a cambio. Tócate muy lentamente. Diviértete excitando ese clítoris que estoy soñando recorrer con mi lengua.
-Mmmm... -añade, presa de la emoción.
-¡Eso es!
Reanudo mi afeitado tomando mi nariz entre mis dos dedos para levantarla y facilitar el paso de la navaja.
-Acaríciate en ese punto que estoy seguro que está caliente y húmedo para mí. Ese tesoro que me encanta besar y meter mi lengua para hacerte gemir. Mmmm... cómo me gustaría sentir tu excitación, ver cómo te mueves bajo mis repetidos lametones, acariciar tu clítoris para hacerte llorar de placer, separar tus muslos y agarrar tus nalgas para facilitar mis movimientos.
Un suspiro más intenso resuena en la habitación.
-Eso es bueno, cariño, déjate llevar. No olvides que es mi boca la que te acaricia.
Continúo mi afeitado metódicamente.
-Tienes que ser lenta, como yo. Me gusta acariciarte donde tu piel es suave y tersa.
Sus gemidos aumentan de intensidad en respuesta a mis instrucciones.
-¡Dime a qué sabes nena!
Su silencio me hace saber que está un poco sorprendida por mi pregunta, pero los pequeños ruidos de fondo me dicen que es muy obediente y está lo suficientemente excitada como para hacer lo que le pido.
-Tengo un pequeño sabor dulce...
-Justo como me gusta. Me pones muy caliente, nena.
-¡¿Sí?! -me responde entre el deseo y la excitación.
-Shhh... no hables. Mantente concentrada en mi voz. Pero sí, estoy excitando.
Cojo mi bomba de afeitar, la acerco al teléfono y empiezo a agitarla rápidamente como si me estuviera masturbando.
-Mmmm... ¿Ves cómo me excitas?
Oigo sus gemidos mientras simulo los míos. En silencio, reanudo mi afeitado mientras sigo dándole indicaciones.
-Vas a tumbarte de lado, preciosa, e imagina que sumerjo mi glande en tu humedad mientras hago pequeños movimientos hacia arriba y hacia abajo para mantenerte excitada.
-¡Ooh! Cyril...
-Realmente quiero tomarte fuerte bebé e introducir mi sexo por completo en ti sin ninguna delicadeza. ¿Estás preparada para mí?
-Oh... ¡sí!
Sonrío a mi reflejo, feliz por el efecto que estoy teniendo en ella.
-Comienza a penetrarte muy lentamente y luego duro y rápido mi dulce. Déjame oír el chasquido de tus dedos con cada golpe dentro de ti.
Puedo decir por sus estrechos suspiros que está a punto de correrse. Miro el reflejo de mi reloj colgado en la pared de atrás. ¡Mierda! Tengo una hora antes de mi cita.
-¡Si supieras lo duro que soy para ti, cariño! Mmmm...
Añado a mis palabras algunos suspiros y un gemido bastante fuerte al que ella responde con un largo mmmm.
-Pellizca tus pezones mi bella mientras continúas con tus movimientos.
-¡Cyril!
-¡Oh, sí, nena! ¡Sigue adelante! Lame tu dedo e imagina que es mi sexo deslizándose sobre tu lengua sin dejar de acariciarte.
Sus gemidos son cada vez más fuertes y hasta sospecho que se aferra a las sábanas por el placer.
Miro cada vez más el reloj, que avanza más rápido de lo que podría haber imaginado, y decido sacar la última carta de la baraja.
-Introduce rápidamente el dedo dentro de ti, nena, y acaricia tu clítoris con pequeños apretones para estimularlo aún más. Mueve tu pelvis contra tus dedos para darte aún más placer.
-¡Oh, Dios mío! ¡Cyril! ¡Me voy a correr!
-¡Adelante! Suéltate, cariño, para que pueda correrme a la vez.
Un largo grito llena la habitación y como respuesta finjo mi orgasmo.
Espero a que recupere el sentido común y la respiración normal y luego añado, limpiando mi cara con una toallita refrescante.
-¡Eso fue perfecto, cariño! Pero tengo que dejarte ahora. No olvides conectarte a mi cuenta y validar la cuota de 50 euros por teléfono.
-Sí... -añade, todavía aturdida.
-Buenas noches Bárbara, hasta pronto.
Bueno, ahora estoy en un estado de excitación avanzada y tendré que darme una ducha fría para volver a la cordura rápidamente.
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Bienvenidas a esta nueva aventura 😊 Espero la disfruten, así como lo han hecho con mis otras historias ❤️
Cyril POV
Esta pequeña sesión me ha excitado. Ahora mi polla está tan tiesa como una estaca de tienda de campaña. Vuelvo a mi estación de acoplamiento del celular, elijo una pista y subo el sonido. Necesito distraer mi mente. Y qué mejor que una buena banda de rock. La guitarra eléctrica de Kings Of Leon: "Find Me" llena la habitación mientras me dirijo de nuevo al baño, con la polla todavía apuntando al cielo.
¡Mierda! Para ser una principiante, lo ha hecho bastante bien. Abro el grifo y me meto bajo la ducha. Inhalo y exhalo lentamente mientras apoyo las manos en las baldosas y dejo que la presión baje gradualmente.
La última vez que me masturbé fue hace mucho tiempo y no hay manera de que lo vuelva a hacer hoy. De todos modos, esta noche lo haré en un coñito que seguro que estará húmedo y caliente para mí.
Cierro los ojos y cuento hasta diez. Lentamente, me bajo la cremallera dejando que mi polla caiga al suelo de forma adecuada. Bueno, normal... para mí.
A pesar de mi reciente visita a la esteticista, cojo mis pinzas y me quito los pocos pelos que han conseguido crecer en mi pecho y alrededor de mi sexo.
Hay que reconocer que a las mujeres de hoy les gustan los hombres totalmente depilados de arriba a abajo. Sin embargo, en el pasado, el vello de un hombre lo hacía sexy y viril. Ahora, un hombre peludo es considerado un cromañón. Cómo cambian las costumbres.
Después de comprobar mi piel a fondo, cojo mi gel de ducha y lo froto por todo el cuerpo, creando espuma.
Algunas burbujas de jabón se escapan, dando la impresión de estar bailando al ritmo de la música de Kings of Leon: "Closer".
El aroma almizclado llega a mis fosas nasales y aspiro el olor a madera. Me froto enérgicamente y luego paso a mi herramienta de trabajo, que lavo cuidadosamente. Me deslizo bajo el agua para enjuagarme por completo, el cabello, el cuerpo y mi pene que mimo como una joya preciosa.
Poco después, cojo una toalla de baño bien doblada, me seco enérgicamente y la tiro al cesto de la ropa sucia. Luego me froto el cuerpo con crema y con paso decidido y desnudo camino hacia la cama, imitando a un guitarrista tocando una guitarra eléctrica. Parece que ser guitarrista es una actividad que genera dinero y se organizan concursos en Francia y en todo el mundo. Quizá tenga que pensar en ello si alguna vez quiero cambiar de carrera, aunque de momento no está en la agenda.
Miro mi polla moviéndose en todas direcciones y sonrío al espejo de pie donde se refleja mi imagen.
Tras acomodarme en la cama, me pongo los calcetines, un pantalón gris, y la camisa asegurándome de que está bien abotonada -no vaya a ser que esté torcida-, y luego la chaqueta a juego con el pantalón.
Hago una última comprobación en mi gran espejo para ajustar mi corbata borgoña. Quiero que esté centrada, que el nudo sea recto y que no sea demasiado grande.
Me reviso el cabello, me pongo un toque de "Le Male" de Jean Paul Gautier, luego mis zapatos italianos y estoy listo para la noche. Al pasar por la sala, me detengo treinta segundos para mirar la foto de la boda de mi prima Judith y Luke. Ella se mantiene orgullosa a su lado.
Gracias al amor de Luke, finalmente puede caminar de nuevo. Claro que tiene un bastón, pero el amor puede hacer milagros.
Miro rápidamente mi reloj Cartier, que me indica que ya es bastante tarde. Por cierto, debo mencionar que odio llegar tarde.
Agarro las llaves de mi último modelo de Camaro, una pequeña locura que me he comprado y que mimo aún más que a una mujer. Luego salgo de mi apartamento en Trocadero -el barrio más elegante de París- con paso rápido.
¡Y sí, señoras! Vista de la Torre Eiffel y su parque.
Acomodado en el asiento de mi coche, lo enciendo y emite un gruñido que me encanta escuchar. Pongo la primera marcha cuando la voz mecánica del coche resuena y anuncia la llegada de un mensaje de texto en mi teléfono del trabajo:
"¡Hola, chico sexy! ¿Cómo estás?"
¡Joder! ¿Qué les pasa a todas estas mujeres hoy? ¿Acaso están todas locas por mi polla? Verdaderas perras en celo parecen.
Miro por el espejo retrovisor antes de zigzaguear por el familiar tráfico de mi querida capital, mientras aprieto el mando a distancia del volante para enviar un mensaje de texto de vuelta. Dicto mi texto, que se transcribe inmediatamente en un mensaje.
-¡Buenas noches mi sexy dama! Yo estoy muy bien, ¿dónde estás?
Déjeme explicarte. En mi trabajo, hay todo tipo de mujeres. Las ninfómanas, las viciosas y las que hacen valer su sexualidad y luego las bribonas. Los que no se atreven a mostrarse, las reservadas en cierto modo. Nunca las veré. Sí, porque aman a sus maridos y no quieren engañarlos. O porque sus maridos han muerto y esta es una forma de mantenerse fieles a ellos. En resumen, en pocas palabras: mujeres complicadas.
La que me manda el mensaje ahora es una pequeña bribona fiel a la que nunca veré. Mientras mi cuenta reciba su dinero, no veo ningún problema. Si ella es feliz así, si encuentra placer en ello, entonces yo también.
"Saliendo de una reunión familiar que no fue muy bien, por cierto."
Realmente no me importa su reunión familiar, pero si quiero mi recompensa, tengo que mostrar algo de interés.
-¡Oh... eso no es bueno! ¿Quieres hablarme de ello?
"No importa. Hay un viejo dicho: Tú eliges a tus amigos, pero no a tu familia."
Puedo ver por su texto que no se siente bien. Quiero consolarla, pero tampoco soy un buzón de quejas o debería decir de lamentos.
-¡Inhala y exhala! Vas a estar bien, mi sexy dama.
"No tengo ganas de respirar. Solo quiero gritar fuerte. Si estuvieras frente a mí, me lanzaría sobre ti y tendríamos sexo enfermizo."
¡Ah! Esto está mejor. Una pequeña palabra mágica y todo vuelve a estar en orden. Sigo dictando mi texto mientras presto atención a los vehículos que tengo delante.
-Sí, mi sexy, ahora te estoy conociendo bien. Como estás en un estado de fastidio increíble si te tuviera en frente te pondría a cuatro patas en el sofá. Entonces comenzaría a usar tu coño como a una pequeña perra mientras te abofeteo el trasero.
Sonrío, contento con mi mensaje de texto, y me dirijo a la circunvalación interior.
Voy, a por los atascos, los moteros que se entrecruzan con los coches y los malos conductores.
"Y yo no habría dejado que sucediera. Hay demasiada ira en mí. Demasiada rabia. Así que te habría poseído a mi manera hasta que gritaras mi nombre de placer, con tu polla entre mis labios."
¡Oh! Una verdadera tigresa esta noche.
-Mmmm..., me encanta cuando me dominas especialmente si es para llevarte mi polla a la boca. Eres mía, mi cerdita.
"No. Esta noche solo quiero palabras dulces. Palabras que me digan que soy importante para ti."
¿Importante para mí? En definitiva, como todas mis pequeñas clientes que me pagan bien.
-¡Sí, mi princesa! ¿Qué quieres? En cuanto me dices que me la chupas, el resultado es...
Un coche me sigue de cerca y al notar que es una mujer la que conduce, exclamo con rabia.
-¡Puta! ¡No puedes prestar atención!
Luego me doy una palmada en la frente al notar que me devuelven el mensaje.
-¡Mierda! -digo en un susurro.
"¿Qué? ¡Lo estás llevando demasiado lejos! Te dije que solo quería palabras dulces."
-Lo siento, sexy, estoy en el coche y le gritaba a una mujer que quería chocarme. Mira, hoy no estoy en la mejor forma. No te preocupes. Te compensaré la próxima vez.
"Vale, lo entiendo. Que tengas una buena noche, chico sexy."
Otro texto viene rápidamente después de éste.
"¿Cuánto le debo?"
¡Ya ves! El tipo de cliente perfecto que no se olvida de darme mi recompensa por mi bonita perorata.
-Valida mi cuenta por 50 euros. La próxima vez, prometo que te haré vibrar por mensaje de texto. Hasta pronto.
Entonces cancelo la opción de los mensajes de texto mientras conduzco sin esperar su respuesta.
Detenido en un semáforo en rojo, miro rápidamente mi GPS y tomo la dirección indicada por la hermosa voz femenina que imagino alta, rubia y glamurosa.
Cuando llego a la dirección anunciada por la hermosa voz, busco un lugar, aparco y miro mi reloj que muestra que estoy justo a tiempo. Perfecto.
Pongo unas monedas en el parquímetro, coloco mi billete en el parabrisas y me dirijo con paso suave hacia el número 8 de la rue du désir (calle del deseo).
Subo por la calle bordeada de álamos y me detengo frente a la puerta de mi cliente. Me paso la mano por el cabello, me arreglo la chaqueta y golpeo la puerta del gran puño colgando de ella.
Espero treinta segundos y tomo el puño para repetir la operación. Todavía no hay nada.
¡Mierda! ¿Por qué me hace esperar?
Saco mi libreta del bolsillo delantero de la chaqueta para comprobar el día, la hora, el nombre y la dirección. Doy un paso atrás y veo que no me he equivocado. De repente, el sonido de cuatro cerraduras que se abren me indica que la puerta se está abriendo.
Cuando la puerta se abre, un monstruo con los labios colgando y una mirada no muy amigable se para frente a mí.
¡Oh, mierda!, exclamo en mi mente, sorprendido y ligeramente aterrado. ¿Qué raza es este perro?
La mujer gira sobre sus talones, me deja como un imbécil en la puerta, y con un chasquido de dedos su perro la sigue sin olvidarse de mirarme por última vez.
¡¿Está bien?! ¿Puedo preguntar qué estoy haciendo? ¿Debo entrar o quedarme fuera? Después de pensarlo, atravieso la puerta y la cierro tras de mí.
-Discúlpame, me he tomado la libertad de entrar -digo mientras entro en su salón, donde todo está impecablemente ordenado.
No me llega ninguna respuesta. ¿Me está tomando el pelo?
-Coucou, je suis entré?! Mademoiselle! (¡Hola, he entrado! ¡Señorita!)
Bueno, tal vez no habla francés. Así que lo intento en inglés, alemán, pero todavía nada. Cuando el perro coge con delicadeza la muñeca de su ama, ella se da la vuelta y se lleva la mano a la oreja para indicar que no oye y luego me hace una señal.
¡Mierda! Miro a la chica que tengo delante, con la cabeza un poco inclinada, como si lamentara no poder oír.
Hace mucho tiempo que no utilizo el lenguaje de señas. De hecho, desde que mi hermano pequeño fue atropellado por un coche, que él no escuchó venir.
Levanto las manos delante de mí y empiezo a formar lentamente signos con los dedos.
-Lo siento.
Me sonríe y sus manos se mueven para empezar a hacer señas.
-No pasa nada. -Luego añade con una gran sonrisa-. Buenas noches Cyril.
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Un nuevo capítulo con Cyril 😈😈😈