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Sólo existe una delgada línea entre la venganza y el amor.

Sólo existe una delgada línea entre la venganza y el amor.

Autor: : sonhsyreem
Género: Romance
Isabella es una mujer hermosa, administra el restaurante de sus padres, decidida y algo seria para su edad. Cuando conoce a Adrien Hamilton, un hombre de negocios, sumamente atractivo y con una personalidad atrayente, se enamora perdidamente de él. Es el hombre perfecto, aunque no era neófita en el tema del amor, conocerlo a él, le haría sentir cosas que no había sentido antes; por lo que no duda en aceptarlo, cuando le propone matrimonio. Estaba viviendo su historia de amor, o eso es lo que creía, al descubrir poco después, de su viaje de luna de miel, que el amor que Adrien le profesaba estaba basado en una mentira.

Capítulo 1 El encuetro

- ¡Date prisa Isa!, los chicos nos están esperando. - oigo gritar a Tania desde abajo.

- Ya casi estoy lista beba, en un minuto bajo. - contesto mientras termino de pintar mis labios y chequeo mi cabello. Decidí dejarlo suelto esta vez, para darle un toque de naturalidad y elegancia a mi look.

Miro mi reflejo en el espejo, lo examino a detalle. Mi vestido beige es ceñido al cuerpo, un poco sobre las rodillas, dejando entrever una pequeña parte de mis muslos; unos tacones cerrados de color rojo completan mi atuendo. Me aseguré de que estuviera todo en su lugar, ajustando cada detalle para que se vea perfecto.

Decido aplicar solo un poco de rímel en mis pestañas, dejando como protagonista a mis labios, los cuales lucen de un tono rojo intenso. Busco en mi cofre donde guardo mis prendas, unos aretes con detalles en rojo y una collar fino, de oro, con un dije en forma de lágrima en color rojo. Quería que cada detalle se complementara, para darle armonía a mi apariencia.

Le doy una sonrisa a mi reflejo. Hacía algunos meses que solo iba de mi casa al trabajo y viceversa, por lo que estoy por salir a una cita doble con mi mejor amiga Tania, su novio Ryan y el amigo de este, Willian.

Bajo las escaleras y mi amiga da saltos de emoción al verme. Me siento halagada al escuchar sus palabras:

- Estás preciosa, Isa, a Will se le caerá la baba al verte - dice, mientras me guiña un ojo.

Suelto una risa mientras la abrazo, definitivamente, nunca cambiará. Aunque dejo de lado el regaño, para no empañar la noche; ya me había acostumbrado a sus locuras.

- Siempre buscando que tenga novio - digo entre suspiros.

- No tiene nada de malo, además, ya han pasado años desde... -intentó consolarme mi amiga, pero la interrumpo antes de que pueda mencionarlo.

Mi rostro se tensa y hago todo lo posible por no recordar. Sin embargo, esos ojos café en los que tantas veces me perdí se infiltran en mi mente. La voz de mi amiga me devolvió a la realidad.

- Disculpa, tita, no quise hacerte pensar en él - dice, tomando mis manos con ternura.

- Lo sé, beba. Ya no debería afectarme su recuerdo - susurro, tratando de convencerme a mí misma.

- Bueno, ya olvidemos eso y vamos a divertirnos, ¿sí? Nada de tristeza hoy. - insiste Tania, decidida a cambiar el rumbo de nuestros pensamientos.

- Sí beba, tienes razón - reconozco, mientras con el dorso de mi mano recojo una lágrima solitaria que traicioneramente había rodado por mi mejilla.

- Tranquila - dice y me lleva de la mano hasta el sofá, dónde nos sentamos para esperar a los chicos.

Tania intenta animarme contándome lo pesado que se había puesto su jefe con un informe que le pidió entregar.

- Te juro que quería ahorcarlo - suelta, tratando de arrancarme una sonrisa.

No puedo evitar reír por su comentario. Conocía muy bien a su jefe y sabía lo insoportable que podía llegar a ser, especialmente cuando se acercaba el momento de las juntas ejecutivas. Tania trabaja en una empresa publicitaria como asistente del jefe de puntos de ventas.

Con cada risa, siento cómo la tristeza se aleja un poco más.

Nos encontramos relajadas cuando escuchamos el timbre, anunciando la llegada de Ryan y su amigo Will.

- Mi vida, te extrañé - le dice Ryan a mi amiga apenas esta abre la puerta, y acerca sus labios a los de ella.

Trato de evitar verlos juntos y mis ojos se posan en Will. Posee una estatura que sobrepasaba la media, haciéndolo destacar entre la multitud. Su rostro, de rasgos armoniosos, era enmarcado por una melena de cabello castaño oscuro que caía con naturalidad. Pero eran sus ojos verdes, brillantes como esmeraldas, los que cautivaban a quien se atreviera a mirarlos. Una combinación irresistible de encanto y atractivo físico. Él al percatarse que lo observó me sonríe.

Ryan nos mira por un instante y decide presentarnos.

–Isa, él es Willian...

Me da un beso en la mejilla y luego dice - Gusto en conocerte hermosa - su voz es profunda y serena. Además su gesto me enternece.

- El gusto es mío William - le devuelvo amablemente

- Puedes decirme Will - dice, mientras me guiña un ojo.

Tania tiene una sonrisa de oreja a oreja y una mirada pícara que me hace reír.

Juntos nos dirigimos hacia el restaurante que Ryan había reservado previamente. Llegamos y todo lucía ameno y tranquilo. Charlamos un poco, cuando de pronto Tania interrumpe la conversación con la intención de hacer sentir incómodo a Will.

- Dime, Will, ¿crees que Isa luce hermosa esta noche?

Siento cómo el rubor invade mi rostro mientras la miro con deseos de asesinarla. Ella me devuelve la mirada y me guiña.

- Por supuesto, Tania, Isabella está muy hermosa. - responde Will, un poco apenado.

- Bueno, entonces estás algo lento - comenta mientras se cruza de brazos.

Ryan se ríe ante el comentario de Tania, y aprovecho para darle un pellizco a mi amiga por su impertinencia.

- No todos podemos ser como tú, Tani. Me gusta asegurarme del terreno que piso - dice Will mostrándose un poco más relajado.

- Tranquila, nena. Will sabe cómo jugar sus cartas - interviene Ryan.

- Lo sé, amor. Solo quiero ayudar un poco - dice Tania haciendo un puchero.

Ryan le da un beso tierno en la frente y le acaricia el cabello, consintiéndola como a una niña pequeña.

Yo por mi parte, me disculpo un momento y tomo a Tania de la mano para ir al baño.

- No te molestes conmigo, tita - me dice Tania mientras caminamos hacia los baños -. Solo quiero ayudar a Will. Se nota que desde que te vio, lo tienes completamente cautivado y babeando como un grifo.

Ruedo los ojos con exasperación, aunque no puedo evitar pensar que tiene razón. Paso mi mano por su mejilla tratando de calmar su ímpetu.

- Es posible que estés en lo cierto, pero el pobre no tiene que sufrir tus ataques, beba - le dije con tono suave.

- Es que quiero verte contenta, amiga - respondió ella con una expresión aniñada adorable.

Su confesión me enternece. Ha sido siempre así, desde que nos conocemos, busca incansablemente la manera de hacerme feliz.

- Lo sé, beba, pero no tienes por qué incomodar a Will, apenas nos estamos conociendo - le dije, tratando de ser empática.

- Lo conozco y sé que necesita un empujoncito para poder actuar - respondió ella con una sonrisa pícara.

No pude evitar reírme ante su comentario, era imposible ganarle en este tipo de discusiones. Le doy un abrazo cariñoso y le digo que la quiero mucho.

Caminamos nuevamente hasta donde se encuentran los chicos, vamos riendo y recordando anécdotas del pasado.

- Aunque debes reconocer que ese Cristian era algo sonso - le dije a Tania en tono jocoso.

- Es que el pobre ni siquiera sabía dar un beso - respondió ella entre risas contagiosas.

Me uní a sus risas, pero no pude evitar sentir pena al mirar alrededor. Miro hacia la mesa donde estábamos sentadas y algo capta mi atención, logrando que me tense en el lugar donde me encuentro, Tania se percata de mi reacción, por lo que dirige su vista hacia el punto donde estoy mirando. A unas mesas de distancia de la nuestra, se encuentran tres hombres, uno de ellos llama completamente mi atención. Aunque estaba de espalda a mí, logro percatarme de su mandíbula cuadrada y su cabello perfectamente peinado.

Recupero la compostura y nos acercamos rápidamente a nuestra mesa. Ryan y Will interrumpen su conversación para recibirnos, mientras mis ojos vuelven a la mesa, preguntándome si él me ha reconocido.

- ¿Estás bien? - pregunta Will mientras se levanta para ayudarme con la silla.

- Luces pálida - comenta Ryan.

- Estoy bien, no se preocupen. - contesto, aunque sé que no es cierto.

Intento concentrarme en la conversación, pero de reojo veo a Tania observándome sin apartar la mirada. Vuelvo a mirar hacia la mesa y nuestros ojos se encuentran directamente. Esos ojos que tantas veces me han cautivado. Hay una chispa de comprensión en ellos. Una sonrisa se dibujó en su rostro al percatarse de mi presencia.

Mi corazón comienza a latir desbocado, como si corriera una alocada carrera en mi pecho, mientras pienso:

«Adrien, finalmente me ha encontrado».

Capítulo 2 Adrien

Dos años atrás:

Me siento hechizado mientras la veo acercarse, sus caderas se mueven con gracia, contoneándose en cada paso. Sus ojos verdes y almendrados se encuentran clavados en los míos, atentos a las emociones que reflejo en mi rostro.

Su sonrisa felina me recuerda lo mucho que le gusta que la observe acercarse, como una fiera acechando a su presa, sigilosa, decidida y con cautela.

Se detiene frente a mí y toma mi mano, levanto la suya y la hago girar para admirar su belleza. Cuando vuelve a estar frente a mí, la tomo por la cintura y nos damos un beso apasionado que ella devuelve con intensidad y fiereza.

Su lengua cálida y hambrienta me envuelve, al punto de casi devorarme. La sostengo firmemente por la cintura y mis caricias se vuelven urgentes mientras recorro cada curva desde su hombro hasta su cintura, pero una chispa de conciencia me recuerda que estamos en público.

Llevo mis manos a su rostro y rompo el beso, ella abre los ojos y me mira con deseo, sus pupilas reflejaban una lujuria incontenible. Le doy un beso casto en los labios y susurro cerca de sus labios:

- Siempre logras hacerme olvidar dónde estoy, chiquita.

Ella me mira con una chispa traviesa en sus ojos, se separa de mí y mi cuerpo anhela inmediatamente su calor. Era tan fácil desear tenerla cerca.

- Te ves tan sexy allí - comienza diciendo-, logras que pierda la noción del tiempo, amor. Además - continúa diciendo mientras acorta la distancia entre nosotros -, no creo que sea un escándalo que el hijo del dueño de los hoteles Hamilton bese a su novia -. Me besa de nuevo y la rodeo con mis brazos.

Una tos seca me hace soltar a Ericka y girar para ver a Liz, mi secretaria, disculpándose con la mirada.

- Lamento molestarlo, Señor Hamilton -su vista se desplaza de mi hacia Ericka -. Vengo a recordarle la reunión que tiene programada con su padre, la cual se efectuará en diez minutos.

Ericka suelta una pequeña risa y yo la miro.

- Gracias, Liz - le respondo a mi secretaria, con la seriedad propia de un ejecutivo.

Ella asiente y comienza a alejarse por el pasillo. Tomo a Ericka de la mano y camino con ella hacia mi oficina.

- Espérame aquí, preciosa, debo reunirme con mi padre - le digo. Ella hace una mueca, la cual la hace ver adorable -. No tardaré - le prometo. Le doy un beso y luego se dirige al sillón, se sienta colocando sus piernas sobre mi escritorio, sonriéndome con picardía.

Salgo de mi oficina y me dirijo a la de mi padre. Claudia, su secretaria, asiente al verme. Toco suavemente la puerta y me dispongo a entrar.

- Pase - escucho decir a mi padre. Empujo la puerta de madera y lo veo frente a la computadora revisando algunos trámites.

La oficina es amplia, con grandes ventanales que dejan entrar la luz natural. Está decorada con elegancia y refinamiento. Matizada en colores neutros y algunos detalles en tonos cálidos.

Mi padre, detrás de un amplio escritorio de madera, posa su mirada en mí y me indica que me siente. Al hacerlo, analizo su actitud e intuyo que está inquieto. Él devuelve su atención hacia la computadora, continuando con su labor.

Sabía que desde el verano mi abuela había estado aún más decaída debido a su enfermedad, aunque su actitud y fortaleza la hacían parecer autoritaria cuando hablaba con alguno de nosotros.

Mi padre retira su atención de la computadora y nuestras miradas se encuentran, expectantes. Por su actitud sé que algo personal está en juego, pero si lo presionaba no conseguiría una respuesta. Al final mis sospechas se confirman.

- Hijo - comienza, frunciendo el ceño mientras lucha con sus emociones. - Se trata de tu abuela - agrega y se pasa la mano por el cabello -. El médico dice que su situación va en decadencia y no puede pronosticar una mejora.

- Lo sé, papá. Sé que es algo duro, pero en estos momentos solo nos queda esperar. - contesto intentando consolarlo.

- Tienes razón - suspira, se sienta erguido en su silla y me mira -. Pero no es por eso que quería reunirme contigo. - Le permito organizar sus ideas sin interrupciones. - Ella posee acciones en la empresa, y es su deseo heredártelas.

Me tenso en mi asiento. Sabía que mi hermano estaba enfocado en el mundo del espectáculo y nunca mostró interés alguno por la empresa familiar. Pero no esperaba que mi abuela me cediera sus acciones, lo que me convertiría en el socio mayoritario, por encima de mi padre.

Él me observa en silencio mientras asimilo el torrente de emociones que se agolpan en mi cabeza.

- Sé que estás preocupado - continúa diciendo. Al oírlo levanto la mirada y asiento -. Pero no tienes por qué - asegura, y eso hace relajar la creciente tensión en mí -. Cómo sabes, Carl tiene sus propios intereses, alejados del negocio - hace una pausa, respira y prosigue -. Por ello, siempre he puesto mi confianza en ti como mi futuro sucesor.

Asiento nuevamente, agradecido por su confianza, a pesar de no haber dedicado el esfuerzo necesario en el cargo que poseo.

- Gracias, papá - respondo con sincera gratitud -. Comenzaré a tomar en serio mis responsabilidades, para ser un digno sucesor.

Él se levanta y rodea el escritorio, colocando sus manos sobre mis hombros.

- Sé que lo harás. Aunque eres joven, veo el potencial que posees para manejar este negocio. - dice, para luego darme un cálido abrazo.

La relación con mi padre siempre ha sido buena, a pesar de las ocasiones en las que me llamaba la atención por mi comportamiento, las cuales ocurrían constantemente. Aunque ya había dejado atrás esa etapa de vida desordenada al conocer a Ericka. Mi familia, a pesar de no estar entusiasmada con mi noviazgo, reconocían que había cambiado desde que estaba en una relación con ella.

- Tu abuela quiere que nos reunamos con ella estas navidades - comenta -. Solo la familia - añade apenado.

- No te preocupes, a Ericka tampoco le emocionan las fiestas familiares. - respondo resignado, encogiéndome hombros, consciente de que desde presenté a Ericka como mi novia frente a la familia, no había tenido un recibimiento cálido, especialmente por parte de mi abuela. Aunque nunca me lo había expresado abiertamente, conocía su desaprobación.

Después de despedirme de mi padre, regresé a mi oficina. Ahora tenía que contarle a Ericka sobre el cambio de planes para las navidades.

Al llegar a mi oficina, la veo caminar de un lado a otro. Levantó la mirada cuando oyó el sonido de la puerta al cerrarse y corrió hacia mí para besarme. Le correspondí el beso, notando la urgencia en su gesto. Mis manos recorrieron su espalda mientras ella se acercaba aún más, y el calor de su cuerpo comenzaba a nublar mis pensamientos. Si me dejaba llevar, terminaría haciendo el amor con ella en mi oficina. Por ello, rompo el beso y ella me mira confundida.

-Lo siento, nena - le susurro -. Necesito decirte algo.

Ella me miró expectante mientras rodeaba el escritorio para sentarme. Se acerca a mí, sentándose en mis piernas. Acaricié su cabello y le di un beso.

- ¿Y bien? - pregunta impaciente, tamborileando con sus dedos sobre el escritorio -. Deja el suspenso y dime.

Sus dedos suaves se trasladaron del escritorio a mi cuello, acariciandome mientras buscaba perderme en sus ojos cálidos. A pesar de lo impulsiva y alocada que era, su mirada me envolvía.

- Mi abuela... - comencé diciendo, y noto cómo rueda sus ojos -. Quiere que pasemos las navidades con ella.

Se levantó de inmediato, dando vueltas alrededor del escritorio con una mezcla de enojo y angustia en su mirada. Observo cómo respira profundamente, intentando calmarse. Conozco bien sus gestos y sé que está molesta, pero tratando de controlarse. Después de darle un momento para asimilarlo, me mira con sus ojos húmedos.

-Lo siento, mi amor, pero esperaba pasar las navidades contigo -admite, y una lágrima escapa por su mejilla.

Me levanto rápidamente y la rodeo con mis brazos, ella suspira y yo la abrazo más fuerte. Estaba seguro de que no lloraría; han pasado diez años desde el accidente de sus padres y desde entonces no ha llorado desconsoladamente.

-Prometo compensarte, chiqui - le aseguro mientras le doy un beso.

Capítulo 3 El funeral

El gélido cielo de enero me abrazó con su gris melancolía esa mañana, como si reflejara mi estado de ánimo iba a la par con mis emociones. Sentí un escalofrío al mirar a través de la ventana de mi habitación mientras hacía el nudo de mi corbata con manos temblorosas. Me preparaba para el funeral de mi abuela, la mujer que me había enseñado todo lo que sabía sobre los negocios y la vida.

Las palabras de mi padre resonaban en mi cabeza como un eco persistente: «me dijo que te heredaría sus acciones». Sabía las responsabilidades que acarreaba dicha acción, pero estaba preparado para ello. Al menos eso quería creer.

Había compartido con Ericka la revelación que me había hecho mi padre y ella se mostró emocionada ante la idea de ser la pareja de un CEO. A pesar de ello, aún no lograba asimilar el hecho de liderar la cadena hotelera Hamilton, fundada por mi abuelo con esfuerzo y dedicación.

Sin embargo, el día había llegado y hoy sería su funeral. Mi abuela había muerto después de una larga batalla contra la Esclerosis Lateral Amiotrófica, la cual había causado una degeneración irreversible a nivel celular, hasta que su cuerpo no pudo resistirlo más. Ahora, en pocos días me nombrarían el nuevo CEO, y tendría que tomar decisiones importantes para el futuro de la compañía.

Cogí las llaves del auto y me dirigí al cementerio. Tenía la intención de pasar por la casa de mis padres, pero un mensaje de mi madre me informó que ya estaban allí, esperándome.

La ceremonia del funeral fue emotiva, personas desconocidas para mí me daban el pésame y también a mi padre. Mi abuela fue una mujer respetable, antes de su enfermedad siempre se encontraba activa en el negocio familiar, se le conocía como "La dama de hierro". Nunca la había visto como una mujer frágil, tras la muerte de mi abuelo, hacía ya siete años, había seguido adelante y demostraba su temple y firmeza en cada decisión.

Desde pequeño la admiraba profundamente. Sentía su pérdida, pero no era una persona de mostrar mis emociones y menos en público. Me mantuve sereno y estoico durante todo el acto, aunque por dentro me dolía el corazón.

Necesitaba a Ericka, pero una oportunidad en el extranjero se le presentó y su contrato como modelo no le permitió acompañarme. Sabía que era la excusa perfecta para no sentirse obligada a estar conmigo en este momento tan difícil. Ya me había acostumbrado a que no le gustaran los eventos familiares. Solo esperaba que eso cambiara cuando la hiciera mi esposa.

Después del funeral de mi abuela, decido caminar y despejar la mente. Había eludido la invitación de mis padres de ir a su casa. Simplemente quería estar solo.

Estaciono el auto en el centro y camino sin rumbo específico por sus avenidas, sintiendo el aire frío que intentaba colarse por mi traje. Aunque llevaba puesto un sobretodo, sé que no es el momento ideal para un paseo a pie. Las calles no se encontraban tan concurridas como de costumbre, debido al clima. El cielo estaba nublado y amenazaba con llover en cualquier momento.

Busco con la mirada un lugar donde pueda estar tranquilo, no quería compañía pero tampoco iba a quedarme solo en mi apartamento; por un momento me quedo mirando la fachada de un restaurante, me resulta familiar, así que busco en mi memoria tratando de recordar algún indicio. La imagen de una mujer de cabello negro y ojos azules viene a mí, recuerdo haber asistido a la inauguración del restaurante y verla allí. Su belleza me había cautivado desde el primer instante, pero no había tenido la oportunidad de hablar con ella.

Me dirijo rápidamente hacia el área de recepción, viendo la hora en mi reloj, faltaban veinte minutos para la una de la tarde. Una mujer rubia detrás del mostrador me atiende.

- Buenas tardes, bienvenido al restaurante Rasetti, ¿tiene reservación? - pregunta amablemente.

- Buenas tardes señorita. No, no tengo - admito.

Ella me mira con una disculpa dibujada en su rostro.

- Lo siento, no tenemos mesa disponible.

- Está bien. - respondo un poco decepcionado.

Dirijo la mirada hacia el interior del restaurante, a pesar de la hora el lugar estaba concurrido, pero no al tope. El ambiente está matizado en colores neutros, con mesas perfectamente distribuidas y sillas forradas en tonos crema y dorado. Los manteles blancos tienen detalles azules y dorados que completan la armonia. Al fondo había una orquesta pequeña tocando música clásica que amenizaba perfectamente el ambiente.

Seguía paseando la mirada por los alrededores quizás en busca de aquel ángel de ojos azules que no había podido olvidar. ¿Estaría allí? ¿Qué haría si la veía? ¿Me reconocería? ¿Me atrevería a hablarle? Me sentía nervioso e ilusionado al mismo tiempo. Al final desisto al darme cuenta que es casi imposible encontrarla entre tantas personas.

Me dirijo a la salida, mi mente analiza la situación, buscando una manera de verle nuevamente. El día de la inauguración ella se encontraba del brazo del señor Rasetti, por lo que intuyo que es su hija. Tal vez podría llamarlo y pedirle una cita para hablar de negocios, y así tener una excusa para ir al restaurante otra vez. O tal vez podría esperar a que saliera y seguirla discretamente hasta su casa. O tal vez podría...

Un trueno me sacó de mis pensamientos y me hace mirar al cielo. Entonces comienza a llover.

...

El día de la lectura del testamento había llegado, eran las ocho de la mañana. El abogado nos había citado a las diez. Quería llegar temprano, me sentía ansioso, con los nervios a flor de piel, por la idea de conocer parte del contenido de dicho documento.

Había recibido temprano un mensaje de Ericka expresando su amor y su orgullo hacia mí. Ella me hacía sentir como un adolescente, amaba su locura y el fulgor que emanaba cuando estábamos juntos.

La imagen de aquel ángel de ojos azules vino otra vez a mi mente, provocando un cosquilleo en mi estómago. Había hablado con Ericka de ella, sin darle muchos detalles. Me gustaba verla celosa, pero le había asegurado que solo ella era la mujer de mi vida. Aún así, el recuerdo del ángel me mantenía intrigado.

Nunca antes había sentido algo así por otra mujer, su sola presencia hacía que olvidara el resto de lo que estaba a mí alrededor. Desde el día en que la vi en el restaurante, acudía con frecuencia a mis pensamientos. Necesitaba saber el por qué.

¿Quién era? ¿Qué relación tenía con el señor Rasetti? ¿Qué sentía yo por ella? Eran preguntas que me atormentaban y que no podía responder. Solo sabía que debía verla nuevamente, aunque fuera solo una vez más.

Al llegar a casa de mis padres los abrazo a ambos, especialmente a mi madre. La veo con los ojos rojos y la cara pálida, sé que ha llorado mucho por la muerte de su suegra. Desde el día del funeral, hacía ya tres días, no había venido a visitarlos. Nunca fui bueno con las tristezas, y me gustaba estar solo en días así. Ellos siempre habían respetado eso de mí.

Aprovecho que he llegado una hora antes de lo acordado con el abogado para proponerle a mi padre una conversación privada. Nos dirigimos a su despacho, un lugar amplio y elegante lleno de libros, diplomas y fotos de la familia y los negocios.

- Papá - comienzo una vez que me siento frente a él en un sofá de cuero - hay algo que quiero comentarte antes de la lectura del testamento.

Él me mira con interés y asiente.

- Hace un tiempo - continúo - estaba pensando una idea para los hoteles, sé que tenemos una buena cocina y atención de catering para las habitaciones pero, siento que no es suficiente para algunas personas que se hospedan en nuestros hoteles.

Él me mira atento y me invita a continuar con un gesto de su mano.

- Por lo que, tengo en mente una propuesta para tener un restaurante en cada uno de los hoteles. Un restaurante de calidad, con un menú variado y un ambiente acogedor. Creo que eso nos daría más prestigio y más clientes.

- ¿Ya tienes un restaurante en mente? - pregunta mostrando su interés en mi propuesta.

Asiento con la cabeza. Él junta las manos y me dice:

- Adrien, como te dije aquel día en mi oficina, sé que tu abuela va a heredarte sus acciones, lo que te convierte en el socio mayoritario, por encima de mí.

- Lo sé, pero aun así no quiero pasar por encima de ti padre. Eres mi mentor y mi ejemplo a seguir. Quiero contar con tu opinión y tu apoyo.

Él se levanta de su silla y yo hago lo mismo, me estrecha la mano con fuerza y luego me abraza.

- Nunca he dudado de tu capacidad hijo - me asegura - sé que serás un buen gerente, incluso mejor que yo. Estoy orgulloso de ti.

- Gracias papá, tu confianza es gratificante para mí.

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