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TENTACIÓN PELIGROSA: UN CONTRATO CON EL CEO

TENTACIÓN PELIGROSA: UN CONTRATO CON EL CEO

Autor: : Emma Brown
Género: Romance
Él es todo eso que cualquier mujer desea tener en su cama, realmente atractivo, voz ronca, masculina. Promete llevarte al cielo, pero también al infierno. Cuando conocí a Alexandre Grayson, jamás imagine que terminaría en las manos de un hombre como él. Pero en esta vida, no todo es lo que parece.

Capítulo 1 PREFACIO

¿Estarías dispuesto a sacrificarte por las personas que amas, venderías tu alma al diablo de ser necesario?

Es una pregunta que todos nos hemos hecho en algún momento de nuestra vida. Pero muchos de nosotros nunca hemos llegamos a saberlo con seguridad.

Solo podemos esperar poder tener lo necesario para sacrificarnos, por lo que en realidad importa.

Desde que mi madre fue diagnosticada con cáncer por primera vez, reflexione, y esa pregunta se repite en mi mente una y otra vez. ¿Hasta dónde yo estaría dispuesta a ir para salvarla?

Es la única familia que tengo desde que mi padre nos abandonó, tenía otra familia y a fin de cuentas, nosotras resultamos no ser tan importantes. Ella es todo mi mundo.

Sin embargo, no hay nada que yo pueda hacer para salvarla de esa maldita enfermedad.

¡Al menos no hasta que lo conocí a él!

Alexandre Grayson. El mismo diablo en persona.

Más rico que Jeff Bezos o Elon Musk y el doble de poderoso que esos hombres de tanto renombre.

Todos conocían su nombre, era respetado, y temido por muchos.

Tenía prácticamente a todas las mujeres a sus pies, ellas hacían cualquier cosa por una sola mirada, incluso los hombres que luchaban por una oportunidad de sentarse a su lado en alguna conferencia de negocios.

Decían que era más peligroso que cualquier criminal conocido en los bajos mundos.

Incluso se rumoraba que su fortuna había sido adquirida a través de la sangre, la violencia, y tratos con demonios de todo el mundo, incluso al recordar esas palabras, todavía se me eriza la piel.

No estaba segura de cuántos de los rumores eran ciertos, pero ese hombre sería mi jefe.

Sabía que sonaba como el tipo de persona de la que debería estar lejos, muy lejos, para ser específica a kilómetros de distancia.

Pero Grayson era el único que de todos los empresarios, qué pagaba un salario lo suficientemente alto para como pagar las elevadas facturas médicas de mi madre, yo también debía de vender mi alma al mismísimo Lucifer de ser necesario.

Así fue como llegué a trabajar para el hombre más rico y poderoso del mundo, el terror de cualquier mortal.

No sabía lo que podía suceder, pero no era momento de darle tantas vueltas al asunto.

Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, a pesar de todo, el miedo no desaparecía.

Capítulo 2 CITA

-Señorita Smith, llega tarde -murmura con un tono de voz frío.

Me detengo de golpe en la puerta, estoy en su departamento, ubicado en uno de los lugares más exclusivos de la ciudad, levanto la mirada y puedo notar esos hermosos ojos verdes mirándome sin parpadear, un escalofrío recorre mi espina dorsal.

-Son la una de la madrugada, señor Grayson -respondo para demostrar que no estoy asustada

Tenía el mismo aspecto de un ángel caído, hermoso por fuera, pero con muchos secretos perversos por dentro.

-Lo sé, pero en ningún momento se negó a venir, eso me deja mucho en que pensar -responde en tono frío.

Mis ojos lo recorren disimuladamente, traje de diseñador a la medida, músculos abultados amenazando con romper la tela de su costosa camisa, por instinto me muerdo el labio, es imposible no hacerlo, me regaño mentalmente por las barbaridades que han recorrido mi cabeza en ese momento.

-¿Tenía opción? -hay algo de sarcasmo en mi voz.

-No.

El hombre se dio la vuelta y entró de nuevo a la habitación, dejándome de pie junto a la puerta como una tonta, mi corazón amenazando con salir de mi pecho.

Lo seguí hasta la sala de estar, hacía algo de frío, el sitio está lujosamente amueblada y tiene una magnífica vista de la ciudad, mi atención vuelve a mi jefe.

No sé por qué motivo estoy aquí y realmente no quiero averiguarlo.

Llevaba prácticamente dos meses trabajando para lucifer y nunca había recibido una llamada a la una de la madrugada y menos citada a su departamento, eso hace que mi curiosidad crezca a cada segundo.

Si él quería podía asesinarme sin testigos, mi cuerpo sería encontrado días después en algún lote baldío.

Se giró y sus ojos me escudriñaron de arriba a abajo, está nevado afuera, pero yo estaba empezando a sudar, su mirada tenía algo diferente, lujuria, curiosidad, quizás algo más.

-Toma asiento -me ordena su quitar sus ojos de mí.

Me siento y cruzó las piernas, no puedo demostrar que estoy aterrada, Grayson se sentó frente a mí, estar bajo su intensa mirada era realmente un desafío para mí.

Nunca, ningún hombre me había visto de esa forma, mi garganta se secó, sus dedos tamborileando lentamente en sus muslos.

No sabía lo que me esperaba cuando vine, pero no podía negarme, él era el jefe.

Si mi jefe fuera cualquier otra persona, lo ignoraría, y seguiría durmiendo plácidamente en mi cama.

Guarde silencio esperando a que me dijera el motivo por el cual yo estaba en ese lugar a esa hora de la madrugada.

-Gusta un trago, señorita Smith.

-No, gracias -respondí sin dudar.

Él se levantó, se sirvió un trago y volvió a sentarse, llevo el líquido a sus labios y bebió un sorbo, note cuando se escurrió por su garganta.

-¿Sabe por qué está aquí, señorita Smith?

Traté de pensar en una razón de peso, quizás necesitaba que buscará algún documento confidencial, tenía hambre o simplemente lo hacía para molestarme.

En ningún momento su mirada se apartó de mí.

-En realidad no lo sé, señor, puede decírmelo usted.

Podía notar las venas de su cuello tensarse, de seguro estaba molesto con mi estúpida respuesta.

Este hombre estaba acostumbrado a estar en la cima. Era tan poderoso que nadie se atrevería a enojarlo de ninguna manera. Eso significaba que estaba acostumbrado a tener gente inteligente a su alrededor.

No estaba segura de si Alexandre podía ver que estaba mintiendo o simplemente quería jugar un poco conmigo, como si fuera un pequeño conejo asustadizo.

-Pensé que era más inteligente y tendrías una respuesta a estas alturas -respondió con un brillo perverso en sus ojos.

Se bebió otro trago y sus ojos se clavaron en mí nuevamente, me removí algo incómoda en el sofá.

Intenté ignorar lo atractivo que se veía en ese momento, solo soy su asistente, alguien como Grayson jamás pondría sus ojos en alguien como yo.

-Soy su asistente señor Grayson, pensé que tenía algún problema.

Observe esa risita divertida en su rostro, al parecer había dicho algo estúpido, se remojó los labios descaradamente.

-¿Está casada o tiene algún compromiso, señorita Smith?

Guarde silencio por unos segundos, ¿Acaso era necesario ventilar mi situación sentimental?

Pará mi no tenía ningún tipo de importancia.

Pero la manera en que pronunciaba mi apellido me hacía delirar.

-¿Acaso es importante para el trabajo?

-Solo responda señorita Smith -presionó con voz ronca.

Podía sentir que mi corazón se aceleraba cada vez más, un mal presentimiento se apoderó de mí.

-No, ningún tipo de compromiso -respondí mirándolo fijamente.

-Bueno, no está tan mal -murmuro -esto es realmente interesante.

Sus ojos se clavaron en mis piernas.

-Creo que debo volver, además esto se está volviendo personal.

-No puede irse, hasta que yo se lo ordene -hablo de manera autoritaria.

Se acercó y tomó mi barbilla entre sus manos, justo en ese momento, se me olvido como carajos, se respiraba.

Soltó su agarre y se estiró y colocó sus manos en los bolsillos, solté el aire que tenía retenido en los pulmones.

-Está bien -respondí casi atragantándome con las palabras.

-Esto se trata de trabajo y nada más que eso, señorita Smith, recuérdelo.

-Puede ser más específico señor Grayson.

El camino a la barra, se sirvió otro trago, el silencio reinaba en la habitación, los nervios me estaban matando.

-Voy a proponerle un trato, señorita Smith, algo que quedara, entre nosotros, negocios, simples negocios.

Capítulo 3 DOS MESES ANTES

DOS MESES ANTES

-Natalie Smith.

Me giré al escuchar mi nombre, me encontré con una hermosa mujer. Era tan hermosa que cualquiera creería que se trataba de una súper móldelo o algo parecido.

Vestía con elegancia y encanto, se veía realmente bien, incluso tenía envidia de ella.

Era como un ángel, incluso creía que estaba soñando.

Algunos pensamientos estúpidos pasaron por mi mente, quería arruinar su precioso cabello, romper su falda y hacer trisas su blusa, yo quería arruinarla por completo.

El motivo: ella se veía mucho mejor que yo, incluso llamaba la atención de todos sin proponérselo.

En cambio, yo, soy un completo desastre, ni siquiera sé si debería de estar en un lugar como este, la vergüenza me invadió instantáneamente.

-Soy yo señorita -respondí cortésmente y sonreí, pero por dentro tantas cosas oscuras pasaban por mi mente.

Yo no soy así, quizás este lugar hace que las personas se vuelvan locas, mezquinas y egoístas.

-Mi nombre es Laura, me sorprende verla aquí tan temprano, pero no te preocupes, es algo bueno -me guiño un ojo -al señor Grayson no le gusta la impuntualidad.

Quizás en sus adentros me estaba maldiciendo, pero no me lo decía, simplemente me mostraba una sonrisa hipócrita.

-De esa manera no perderás tu trabajo, créeme, el señor Grayson es muy exigente.

Asiento con la cabeza mientras mi nerviosismo crece, este no es un lugar adecuado para alguien como yo, miro mis zapatos y siento pena.

-Nadie me dijo cómo era la nueva asistente del Señor Grayson, no puedo ocultar qué estoy un poco decepcionada, esperaba a alguien diferente, solo mira a tu alrededor. Asumo que tenía sus propias razones -una sonrisa burlona apareció en sus labios.

Cuando esas palabras salían de su boca, no niego que un ser maligno se apoderó de mí, quería asesinarla, dañar su bello y aterciopelado rostro, luego lanzarla al mar y dejarle el resto a los tiburones.

Los empleados parecían ser todos iguales, orgullosos y estúpidamente perfectos.

Sonreí ampliamente, debía de adaptarme a este lugar, sabía que no sería sencillo.

-Supongo que el señor Grayson vio algo especial en usted, algo que no vemos los demás mortales -murmuro mientras me escaneaba de pies a cabeza.

-Debo tener suerte entonces -respondí con total tranquilidad.

La mirada asesina en su rostro, me dio un poco de satisfacción, mis palabras no fueron de su agrado.

-Lo que sea, no importa, sígueme, te mostraré tu escritorio, espero puedas adaptarte con rapidez.

Continúe avanzando detrás de ella, acababa de llegar y ya tenía a alguien que me odiaba sin ningún motivo.

Se giró y me mostró una sonrisa dulce y encantadora.

-Este será tu escritorio -señaló el mueble de color negro.

Se veía que era costoso, en realidad todo en este lugar lo era.

-Gracias, ¿algo más que deba saber? -Pregunto con nerviosismo.

-Vas a estar sentada aquí -respondió ella -mantente pendiente del teléfono, haz tus deberes y estarás bien, la mayoría no pasa de los tres días.

Trague grueso, la mayoría no pasaba de los tres días, eso era muy malo.

-Sí, señorita.

-Bienvenida entonces, vamos a ver cuánto tiempo duras -murmuro haciendo énfasis en sus palabras.

Me mordí la lengua para evitar decirle hasta de lo que se iba a morir, estúpida.

-No se preocupe, quizás no tenga belleza, eso es lo de menos, pero sí mucha inteligencia, cariño.

Pude notar el disgusto en sus ojos, pero no dijo nada, se dio la media vuelta y se marchó contoneando las caderas.

20 minutos después, llego Satanás, caminando de manera elegante, ese hombre no era humano.

Su rostro carecía de emociones, ojos fríos como el mismo ártico, guapo como un Dios griego.

Me quedé anonadada, mirándolo, alto, cuerpo musculoso, qué daban ganas de tocar.

Mi corazón latía con fuerza, ese traje le quedaba de infarto, completamente negro como su propia alma.

Se veía peligrosamente atractivo, como si algo te llamara desde las mismas profundidades del infierno.

Todos lo miraban, saludaban y se retiraban como un rayo, pero él ni siquiera se preocupaba en responder.

Todos escapaban como si hubieran visto a un demonio.

Me quedé pegada al escritorio, tenía un debate mental, ¿qué podía salir mal?

Mire mi atuendo nuevamente y eso me hizo dudar, era inteligente, pero no encajaba en este lugar.

Me levanté de mi asiento después de unos minutos, respire profundamente, me acerque a la puerta, llame una vez.

Me quedo esperando una respuesta que no llego, decidí llamar de nuevo, pero esta vez alce mi voz solo un poco.

-¿Qué? -respondió en tono agrio.

Di un paso atrás por instinto, no podía ser tan cobarde, solo era un hombre, me dije a mí misma.

Me acerqué y giré la perilla, abrí la puerta, entré en su fría oficina y cerré la puerta detrás de mí.

-Buenos días, señor Grayson.

Lo saludé tratando de sonar lo más calmada posible.

El señor Grayson levantó lentamente la cabeza lentamente para mirarme.

Parecía más aterrador de lo que podría haber imaginado, sentía como mis piernas perdían sus fuerzas.

Trate de mantenerme en pie, sus ojos verdes se fijaron en mí, me empezó a recorrer con la mirada lentamente, sentí que el mundo se detuvo por un instante.

Parecía estar molesto y no se preocupó por disimularlo.

Mi corazón latía erráticamente y mi respiración era un caos total.

-¿Puedo ayudarla, señora? -me habló de forma despectiva.

¡Señora! Como se había atrevido a decirme eso, yo seguía siendo joven, quizás era culpa de la vestimenta.

Iba a responder, pero ni siquiera me lo permitió, me interrumpió de manera grosera.

-¿Quién te dejó entrar? No estoy interesado en donar nada a la caridad, fuera de aquí.

Tomo el teléfono, realizo una llamada y empezó a gritar como loco, eso me dejó helada.

-Señor Grayson cálmese por favor, usted me contrató para ser su asistente. Natalie Smith, vine para presentarme, disculpe si lo he molestado.

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