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THORNS

THORNS

Autor: : Darknessyfs
Género: Adulto Joven
Hay personas que nacen rotas, carecen de algo desde el momento en que llegan a este mundo, otros se van rompiendo a medida que pasa el tiempo y estas son las peores rupturas, porque cuando naces roto mientras pasa el tiempo te acostumbras a esa ruptura en tu ser, pero aquellos que se rompen de un momento a otro sienten que no pueden reparar aquello que se rompió y simplemente colapsan; su ser se destruye de una manera tan impredecible que no saben cómo reponerse. Por eso les agradeceré infinitamente a ellos, les agradezco por haberme salvado, por haber detenido los pensamientos oscuros que se extendían por mi mente como una plaga infestando cada neurona de mi sistema programándome de una forma en la que no me enorgullece revelar, le agradezco a esos dos hombres por haberme hecho sentir; por haberme devuelto a la vida. Porque lo que la gente suele ignorar es que el suicida ya estaba muerto antes de saltar.

Capítulo 1 Prólogo

El viejo auto de mi madre iba a la mayor velocidad que se podía en una cacharra como esta, pero, aunque no fuese el auto más veloz iba a una velocidad suficiente como para lograr lo único que le daba sentido a mi vida, irónico, lo único que en ese momento le daba sentido a mi vivir eran las ganas de morir.

La noche era oscura y más considerando que me encontraba lejos de la ciudad en donde el fulgor de las luces no perturbaba la oscuridad, solo perturbaban mí ya ensombrecida alma.

Las lágrimas corrían por mis mejillas dificultando mi visión, pero eso no importaba, de hecho, facilitaba las cosas. Cuando estuve en el cruce en forma de T pisé hasta el fondo el acelerador y justo cuando cruzaba la estrecha carretera hasta el barranco que me esperaba al fondo un auto pasó por delante de mí, de inmediato pisé el freno, pero no fue suficiente para detener el auto y este chocó con la parte trasera del otro auto desestabilizándome y evitando que cayera por el barranco, en vez de eso di media vuelta en la carretera y terminé impactando el lado del copiloto contra un árbol que se encontraba en la orilla. Mi cabeza se golpeó fuertemente con algo que desconocía, mi vista se nubló aún más, pero antes de caer en la inconciencia ubiqué el otro auto para saber si estaba bien y así era, el auto se encontraba más adelante de mi justo en medio de la carretera.

Si la inconciencia no me hubiese llamado estaba segura de que le hubiese dado reversa al auto para recorrer la pequeña distancia que me separaba de la muerte, pero antes de siquiera poder pensarlo mis ojos se cerraron deseando no haber chocado con ese auto poniendo en peligro la vida de alguien que no tenía nada que ver con mis incesantes ganas de morir.

Capítulo 2 Uno

Cantar era posiblemente lo que más amaba en el mundo, después de mi madre claro estaba, ambas eran las cosas que me mantenían viva, me mantenían cuerda y atada al mundo que me rodeaba después de tantas perdidas.

Cantar era como volar, sentía que flotaba alrededor de la melodía y que esta me envolvía con brazos imaginarios reconfortándome, así me sentía en ese momento mientras cantaba Kindly calm me down de Megan Trainor en el restaurante en el que trabajaba.

Era mesera, pero una tarde en la que cantaba suavemente mientras ordenaba las mesas antes de abrir, el dueño del lugar me escuchó y me propuso trabajar de mesera medio tiempo y el resto de la noche podría cantar, pero eso solo lo hacía los miércoles, viernes y fines de semana.

Me encantaba hacerlo y más si eso significaba ingresos extras, ya que cuando la gente comenzó a escucharme elegía las horas en la que cantaba para venir y el lugar se llenaba. Eso me hacía sentir orgullosa, ya que ellos se encontraban aquí por mí.

En cuanto terminé la canción algunos aplausos se escucharon, mientras que otros silbaron con algo de alegría, aun cuando la canción que acababa de interpretar transmitía todo lo contrario. Con una sonrisa bajé del escenario para dirigirme a la parte trasera del improvisado escenario. Con la misma sonrisa hice el recorrido hasta la pequeña sala en donde dejábamos nuestras cosas, ahí me encontré a Lina con mi teléfono móvil en sus manos.

-¿Ya te vas? -le pregunté mientras me acercaba a ella y tomaba mi teléfono móvil de sus manos cuidadosamente, pero ella parecía choqueada -¿Sucede algo, Lina? -ella asintió varias veces y la preocupación pasó levemente por su rostro.

-Tomé tu teléfono porque no paraba de sonar y creí que era tu madre por algo importante -ella miró mis ojos dejándome ver como los suyos estaban húmedos -lo siento tanto.

Luego de eso me abrazó fuertemente, abrazo que no correspondí porque no entendía nada.

-Tu madre murió hace unos pocos minutos -susurró en mi oído, en cuanto escuché esas palabras la separé bruscamente de mi cuerpo para mirar como las lágrimas rodaban por sus mejillas, luego negué una y otra vez.

-Deja de decir mentiras -le advertí, pero ella solo pudo romperse un poco más -mi madre muerta -susurré y ella se abalanzó a mi cuerpo para darme un abrazo que esta vez sí correspondí.

No entendía nada, definitivamente no lo hacía, mi madre era una mujer de apenas cuarenta años sin ninguna complicación, no salía de casa a menos que fuese conmigo o para ir a la casa de al lado con la vecina, definitivamente no entendía nada.

-¿Qué le pasó? -pregunté separándome de ella y tomando mis pertenencias.

-No lo sé, dijeron que te contactaras con el número registrado en tu teléfono móvil, que ellos te explicarían la situación.

Miré la pantalla negra de mi móvil y sin pensarlo dos veces lo encendí para remarcar el último número que había llamado. Mientras sonaba el primer tono comencé a salir del restaurante por la puerta trasera sin percatarme de nada, mientras sonaba el segundo tono empujaba la puerta de metal del callejón para poder salir a la calle, antes de que sonara el tercero un hombre respondió a mi llamada.

-Buenas noches -saludó -señorita, Alisha Heish, le habla el doctor Bermond, lamento que nuestra primera vez hablando sea para una pésima situación, pero necesito que se reúna conmigo en la morgue del hospital para poder entregarle el cuerpo de su madre y su récord médico.

Después de esas palabras todo pasó tan rápido, recuerdo muy pocas cosas de esa noche, pero más pocas aun del siguiente día. Lo único que se había grabado a fuego en mi mente fue aquel análisis médico en donde certificaba que mi madre tenía cáncer desde hacía dos años y se había negado rotundamente al tratamiento, mi madre estaba muriendo frente a mis narices y no me di cuenta.

Pero lo que más me dolía era que ella no había confiado en mí, había sufrido sola estos años aun cuando yo podía de alguna forma aliviar su dolor, hacerla olvidar, ella se había entregado a la muerte dejándome sola en un mundo en donde ya no me quedaba nada.

Después de enterrarla los días pasaron sin que siquiera me diera cuenta. Había dejado mi empleo y había subsistido solo con alcohol y comida enlatada. Me la pasaba llorando y cuando Lina golpeó la puerta de mi casa no abrí. Ni siquiera recordaba el último día en el que me había duchado y aunque los vecinos tocaran mi puerta intentando darme el pésame no les abría.

Yo vivía por y para mi madre, aunque ella trabajaba, su trabajo no generaba los ingresos suficientes por lo que desde que terminé la escuela busqué un trabajo para aliviar su carga, me pasaba mis días libres con ella, vacacionaba con ella, salía con ella, hasta que pude tener un trabajo estable que generara suficiente para ambas y así ella dejara de trabajar.

Definitivamente fue algo enfermizo aferrarme tanto a ella, porque mi vida dependía totalmente de ella, por lo que ahora nada tenía el más mínimo sentido.

Las lágrimas recorrieron por mis mejillas mientras llevaba la botella a mis labios y le subía a la música que sonaba a través de los auriculares, ya ni recordaba cómo se llamaba ni le prestaba atención a la letra, solo me dejaba envolver por la melodía mientras bebía un poco más.

Cuando intenté levantarme del sofá en el que me encontraba resbalé con alguna sustancia extraña del piso, caí hacia adelante debido a los reflejos de los que carecía por tanto alcohol. Mi cabeza terminó golpeándose con la esquina de la mesita cayendo en la inconciencia.

★━━━━━━━━★

Un mes había pasado, un largo y angustioso mes en el que había solamente sobrevivido, un mes en el que solo subsistí gracias a las reservas de comida en mi casa, me había comido hasta las cosas que no me gustaban solo para no tener que abandonar la protección que me daba mi hogar, las cuatro paredes que habían visto morir a mi madre, pero todo se había acabado y me veía obligada a abandonar mi triste agujero para poder reponer la alacena y las botellas de alcohol que habían estado adormeciendo mis emociones.

Sin ducharme me coloqué un jean negro y un abrigo gris, amarré mi enmarañado cabello color chocolate en un moño y me lavé la cara lo mejor que pude para que pasara desapercibida mi resaca. Mis pies ocultos tras unas Adidas negras se dirigieron hasta la puerta con la tarjeta de crédito en mano y las llaves. Era de noche, por lo que no me preocupaba de ser vista por los vecinos. Recorrí las pocas calles que me separaban del supermercado 24 horas y en cuanto lo divisé aceleré el paso sintiendo el frío de la noche calarme.

Sin detenerme en la entrada ingresé en el pequeño supermercado y tomé un canasto para poner todo lo que compraría, busqué todo lo que necesitaba para alimentarme incluyendo dos cajas de auriculares y tres botellas de vodka, además de los tampones para el periodo que haría su llegada posiblemente en unas semanas.

Dirigiéndome a la caja para pagar, me detuve para tomar seis cervezas. En cuanto estuve en la caja pasé todos los cosméticos y por último el alcohol.

-Identificación -pidió. Yo solté un suspiro agotador.

Le mostré la identificación esperando que solo se fijara en el año.

-Aun no tienes veintiuno -declaró masticando severamente el chicle en su boca.

-Los cumplo en un par de semanas -él enarcó una ceja y sin siquiera responder terminó de facturarme sin pasar el alcohol.

-Con tarjeta o efectivo -bufé en respuesta casi molesta con el estúpido cajero.

Tiré la tarjeta sobre el mostrador y él la tomó sin inmutarse, pasó la tarjeta y después me tendió el papel para que firmara. De mala gana tomé el lapicero y firmé sobre el papel para luego tirarlo sobre el mostrador y arrebatarle mi tarjeta, luego tomé las bolsas y me encaminé hasta la salida con el ceño fruncido hasta más no poder, estaba tan enojada.

A penas eran las 9 de la noche y no tendría con qué anestesiar mis oscuros pensamientos, definitivamente las cosas iban de mal en peor.

En cuanto llegué a casa lancé las bolsas en la entrada y me dejé arrastrar por la puerta hasta caer al piso, llevé mis manos a mi rostro y sin poder evitarlo comencé a sollozar, estaba destruida, irremediablemente rota, ya no había nada que me atara a este mundo, no tenía trabajo, no tenía amigos, novio o algún otro familiar, mis abuelos habían muerto cuando era niña y mi padre abandonó a mi madre cuando quedó embarazada de mi a los 19 años, ambos estaban en la universidad, pero el decidió dejarla a su suerte para continuar con su sueño mientras que todo su mundo se desboronaba, pero en ese entonces mi madre me tenía a mí y se aferró a mi así como yo me aferré a ella y ahora no me quedaba nada, nada más que tristeza y remordimiento.

Había tenido tantos sentimientos encontrados durante el mes que solo pude tomar la primera botella de vodka que encontré en la casa, a esa le siguieron todas las que se encontraban en la casa, mi madre no tomaba alcohol, pero la vecina solía enviarle canastas durante todo el año, aunque no fuese diciembre ella enviaba una canasta llena de alcohol y dulces ¿Por qué? Solo ella sabría, pero durante ese mes le agradecí eternamente esa costumbre de cada mes, pues ese alcohol almacenado me había servido para callar los gritos de mi mortificada mente.

Con un suspiro cargado de cansancio me levanté del suelo secando mis lágrimas, tomé las bolsas del suelo y me encaminé hasta la cocina para dejarlas sobre la isla. Ahora que me encontraba sobria podía percibir el desagradable olor que desprendía el cesto de basura, sin mencionar la gran cantidad de platos sucios, en los que posiblemente comí varias veces.

-Madre te mataría si viera su casa así -me dije a mi misma mientras abría la nevera para asegurarme de que estuviese totalmente vacía y así era.

Lentamente vacié las bolsas colocando todo donde iba y mientras hacía eso los pensamientos viajaban a través de los años intentando agobiarme, pero como no tenía alcohol, debía buscar algo en lo que ocupar mi mente.

Sin pensarlo mucho tomé las bolsas vacías y comencé a echar en ellas todas las latas vacías, en cuanto recogí toda la basura de la cocina fui hasta la sala para recoger las botellas de alcohol y cualquier otra basura tirada en el piso. Tomé la bolsa de basura de la cocina y la amarré junto con las otras para salir hasta el frente y colocarla en la acera, pues el recolector de basura pasaba a las diez de la noche. Volví dentro para continuar con la limpieza ahora que me encontraba parcialmente sobria, gracias al golpe que me di en la cabeza pude dormir por lo que creo fueron dos días, no sabía con exactitud, pues mi fecha estaba algo distorsionada, pero lo que si sabía era que mi vida había estado en pausa por todas esas horas, cosa que no parecía tan descabellada, ya que solo quería poder presionar un botón y simplemente dejar de sentir.

Pasaron horas en las que me enfoqué solo en limpiar, lavé la ropa sucia, arreglé las habitaciones incluyendo la de mi madre y lavé los trastes de la cocina, la casa estaba limpia y yo seguía más sucia que antes, sin mencionar el horrible olor a alcohol que desprendía mi cuerpo y del que me pude percatar solo ahora.

Con pasos lentos crucé el pasillo ignorando los recuerdos que colgaban de cada esquina de la casa, mi madre y yo habíamos vivido en esta casa desde que tuve ocho años, era el lugar donde ella me había visto crecer y yo la había visto envejecer. Entré en mi habitación y seguí hasta el baño para abrir la llave de la tina. Quité mi ropa mientras el sonido del agua cayendo inundaba el baño, cerré la puerta y me adentré en la tina después de agregar jabón líquido con olor a vainilla.

Amaba el olor a vainilla, por su suave aroma y la forma en la que se impregnaba en tu cuerpo. Sin que pudiera evitarlo los recuerdos comenzaron a invadir mis pensamientos. Recuerdos de cuando mi madre me duchaba en esta misma tina, de cuando me celebró mi cumpleaños número diez con niños que ni conocía solo para que no me sintiera sola, las tardes de té con galletas con la vecina de al lado, me hundí completamente en la tina y grité lo más fuerte que pude sin importarme que el agua entrara a mis pulmones, cuando el aire se extinguió y las fuerzas se acabaron volví a la superficie con las lágrimas confundiéndose con el agua espumada de la tina.

-Te extraño tanto -sollocé sin poder evitarlo -no aguanto más tiempo sin ti, te necesito -dije esperando una respuesta, sin embargo, no la obtuve -la vida no tiene sentido sino estas.

Eso fue lo último que dije antes de salir de la bañera abriendo el desagüe para que el agua escapara. Tomé mi toalla y comencé a secar mi cuerpo y luego mi cabello, por último, la amarré en mi cabeza para que toda el agua escapara de mi oscuro cabello.

Me paré frente al espejo para observar mi figura; había perdido las libras extras que envolvían mis curvas hacía un par de semanas, mis ojos castaños se encontraban apagados y mi piel amarilla pareciendo levemente bronceada se encontraba sin brillo.

Me dirigí a mi pequeño closet y saqué de él un jean negro y una remera del mismo color y un buzo verde oscuro que me quedaba considerablemente grande. Me puse toda la ropa para después secar mi cabello y colocar desodorante. No tenía idea de por qué me arreglaba tanto si de igual forma nadie apreciaría lo limpia que estaba después de lo que estaba a punto de hacer.

Entré en la habitación de mi madre dejándome invadir por los recuerdos voluntariamente, busqué en el cajón de la mesita de noche las llaves de su viejo auto y luego de cerrar todas las ventanas simplemente salí de la casa hasta el auto que se encontraba frente a esta. Una lágrima resbaló por mi mejilla antes de entrar al auto y ponerlo en marcha.

Capítulo 3 Dos

El viejo auto de mi madre iba a la mayor velocidad que se podía en una cacharra como esta, pero, aunque no fuese el auto más veloz iba a una velocidad suficiente como para lograr lo único que le daba sentido a mi vida, irónico, lo único que en ese momento le daba sentido a mi vivir eran las ganas de morir.

La noche era oscura y más considerando que me encontraba lejos de la ciudad en donde el fulgor de las luces no perturbaba la oscuridad, solo perturbaban mí ya ensombrecida alma.

Las lágrimas corrían por mis mejillas dificultando mi visión, pero eso no importaba, de hecho, facilitaba las cosas. Cuando estuve en el cruce en forma de T pisé hasta el fondo el acelerador y justo cuando cruzaba la estrecha carretera hasta el barranco que me esperaba al fondo un auto pasó por delante de mí, de inmediato pisé el freno, pero no fue suficiente para detener el auto y este chocó con la parte trasera del otro auto desestabilizándome y evitando que cayera por el barranco, en vez de eso di media vuelta en la carretera y terminé impactando el lado del copiloto contra un árbol que se encontraba en la orilla. Mi cabeza se golpeó fuertemente con algo que desconocía, mi vista se nubló aún más, pero antes de caer en la inconciencia ubiqué el otro auto para saber si estaba bien y así era, el auto se encontraba más adelante de mi justo en medio de la carretera.

Si la inconciencia no me hubiese llamado estaba segura de que le hubiese dado reversa al auto para recorrer la pequeña distancia que me separaba de la muerte, pero antes de siquiera poder pensarlo mis ojos se cerraron deseando no haber chocado con ese auto poniendo en peligro la vida de alguien que no tenía nada que ver con mis incesantes ganas de morir.

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Poco a poco recuperaba la conciencia, aunque no la movilidad en mis extremidades. Sabía a la perfección lo que había sucedido, recordaba cómo había acelerado el auto para acercarme a la muerte, pero terminé chocando con un auto.

Recordando tales cosas imaginé que aún estaba en el auto, claro si no había estado mucho tiempo inconsciente, aunque también era probable que estuviese en un hospital y esa teoría se reforzó cuando pude percibir la superficie acolchada debajo de mí.

Mis ojos se abrieron suavemente intentando acostumbrarse a la luz de la habitación, pero me molestaba más mi vista nublada que la intensa claridad de la habitación. Las bombillas en mi casa eran amarillas, sin embargo, estas eran blancas.

Cuando abrí mis ojos por completo intenté sentarme en la superficie en la que me encontraba apoyando mi mano izquierda, pero un quejido de dolor escapó de mis labios ante aquella acción. Llevé mi mano hasta donde la pudiese observar para estudiar la venda que se envolvía alrededor de mi muñeca. Al parecer me la había torcido o algo por el estilo.

Intenté sentarme una vez más apoyando esta vez mi mano derecha logrando sentarme en la mullida cama. La habitación que se extendía frente a mí era enorme, pero impersonal, no había nada que me diera una señal de donde estaba, pues no parecía ser la típica cama de hospital.

La habitación era de paredes grises y blancas, lujosa a simple vista y me pregunte una vez más en donde estaba.

-Al fin despertaste -miré hacia una esquina de la habitación en donde un hombre descansaba sentado en un sofá negro de cuero.

-¿Dónde estoy y quien es usted? -él se levantó del sofá, a leguas se veía enojado y algo agitado.

-Estas en la casa del hombre que casi matas -contestó severamente.

-¿Qué hago aquí? -pregunté entrando poco a poco en pánico.

-Pues estuviste a punto de morir, literalmente te salvé de morir quemada -comenzó a caminar en la habitación intentando parecer calmado -estoy a punto de explotar -comentó mientras llevaba sus manos hasta su cabello negro para despeinarlo.

-¿Qué sucede, Cameron? -un hombre entró por la puerta abierta de la habitación vistiendo solo unos pantalones largos de dormir, su musculoso y tatuado torso se encontraba desnudo y su cabello negro despeinado.

-Lamento haberte despertado -el hombre me observó curioso y el reconocimiento brilló en sus ojos azules.

-Hola, Alisha -mi ceño se frunció ocasionándome un leve dolor en mi frente.

-¿Me conoce? -él asintió.

-He ido al restaurante en el que cantas, o bueno, cantabas -mi cuerpo se erizó al saber la situación en la que me encontraba -¿Qué sucede con ella, Cameron?

-Sucede que esta niña atropelló mi auto -pasó las manos por su cabello una vez más intentando relajarse.

-Tienes cinco más y por lo que veo estas en perfectas condiciones -puntualizó el hombre de cabello negro.

-Destruyó la parte trasera de mi Lamborghini, Ashton y si me hubiese tardado medio segundo más en la calle ambos estaríamos en el fondo del acantilado -mi cuerpo se erizó antes tales declaraciones, lo sabía, sabía que yo terminaría en el fondo, pero no tenía intención de que nadie más saliera afectado.

-Lo siento -en cuanto esas palabras salieron de mis labios ambos hombres enfocaron sus miradas en mi -pagaré todo lo que dañé, de verdad -el castaño de nombre Cameron rio irónicamente mientras colocaba ambas palmas de sus manos al pie de la cama en la que yo aun yacía sentada.

-Chocaste un auto de medio millón de dólares, sin mencionar que no tienes ni licencia ni seguro -puntualizó -¿Cómo pretendes arreglar el desastre que acabas de armar por conducir a las dos de la mañana a toda velocidad? -mi cuerpo sufrió un escalofrió y las lágrimas se acumularon en mis ojos.

-Cameron, deberíamos descansar, ya mañana podríamos pensar en la mejor de las soluciones, mientras puede quedarse en esta habitación -el que ahora sabía se llamaba Ashton miró con una ceja enarcada a Cameron cuando siguió mirándome profundamente con sus ojos verdes oscureciéndose cada segundo.

-Bien -dijo al fin, para luego salir de la habitación dando enormes zancadas.

Un suspiro de alivio escapó de mis labios y llevé mi mano derecha hasta mi pecho intentando calmarme.

-Se que será difícil descansar en la casa de dos desconocidos, pero ponle seguro a la puerta e intenta hacerlo -llevó sus manos hasta los bolsillos del pantalón de dormir y suspiró suavemente -mañana estará más enojado que hoy, pues ese auto se lo regaló su padre -explicó a medias -por ahora solo descansa Alisha -dicho esto salió de la habitación cerrando la puerta detrás de él.

Sin hacerle el más mínimo de los casos a su orden de cerrar la puerta me recosté una vez más en la mullida cama. Cerré mis ojos y me dejé guiar por la angustia que ahora sentía, pasé de no tener nada que me atara al mundo a tener una razón más para suicidarme.

¿Cómo demonios pagaría el arreglo del auto que atropellé si apenas tenía dos mil quinientos dólares en mi cuenta de banco? Estaba segura de que eso no me serviría ni para comprarle un adorno al auto.

Una lágrima escapó de mis ojos y a esa le siguieron muchas más hasta que quedé profundamente dormida debido al leve mareo que aún tenía a causa del golpe que me di en la cabeza.

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Me hubiese gustado decir que todo lo que viví la noche anterior se trataba de una fea pesadilla, pero no era así, la habitación de paredes blancas y grises me recordó que había intentado quitarme la vida, pero sobre todo me recordaba que había fracasado y que ahora me encontraba en una situación que no podía controlar. Estaba jodida.

Lentamente me levanté de la cama y caminé en dirección a la única puerta que había además de la entrada. Supuse que era el baño y estuve en lo correcto, pues cuando la abrí un lujoso baño de cerámica blanca me recibió. Sin detenerme a examinarlo profundamente me acerqué al lavabo para lavar mi rostro con una sola mano y cepillar mis dientes con mis dedos y la pasta dental nueva que se encontraba en el cajón.

Luego de eso peiné mi cabello con mis dedos para recogerlo mejor en el moño y luego oriné, cosa que se me dificultó gracias al esguince en mi muñeca izquierda.

Mi cuerpo seguía cubierto por mis jeans y mi remera negra, el buzo había desaparecido, pero esa era la menor de mis preocupaciones.

Cuando salí del baño me encontré con Ashton con unos pantalones de vestir azul marino y una camisa blanca que se ajustaba a todos sus músculos y una corbata gris alrededor de su cuello.

-Te dije que le pusieras seguro -reprochó, pero no me detuve a mirarlo por más tiempo.

Me encaminé hasta la cama y como pude comencé a estirarla.

-Alguien más se encargará de eso -aseguró indicándome la salida -tenemos cosas de las que hablar antes de que nos vayamos.

Asentí tragando saliva, luego caminé hacia él quien comenzó a salir de la habitación. Pude apreciar un pasillo de paredes blancas y piso de mármol, repisas y cuadros por todas las paredes y candelabros hermosos. Definitivamente estaba en un palacio.

Lo seguí a través del pasillo hasta unas escaleras de caracol que bajé lentamente intentando retrasar lo inevitable. Cuando llegamos al pie de las escaleras una sala muy moderna nos recibió; de muebles negros y paredes blancas y grises con decoraciones plateadas.

La teoría de que estaba en un palacio se reafirmaba con cada paso que daba en el brillante piso de mármol, si me detenía a mirarme en él estaba segura de que podría ver mi reflejo.

Seguí a Ashton hasta la sala en donde se sentó en el mismo sofá que Cameron, pero al otro extremo manteniendo las distancias. Yo me quedé de pie frente a ellos detrás de la mesita que separaba el sofá que estaba frente a mí del que estaba detrás.

-Siéntate -acaté la orden de Ashton lo más tranquila posible, quería salir de este problema de la mejor forma posible, pero viendo en todo lo que había fracasado a lo largo de mi vida dudaba que eso sucediera.

-Podemos arreglar este problema de muchas formas, pero en ninguna te va bien -advirtió Cameron -por una milésima de segundo pensé en dejarte arder después de haber estropeado por completo mi auto, también sopesé lanzarte después de haberte sacado y mientras conducía hacia acá contigo en el asiento de copiloto también sopesé la idea dejarte desangrar por la herida de tu cabeza -llevé mi mano hasta la parte de mi cabeza que dolía encontrando una superficie acolchada cubriendo el lugar que dolía.

Definitivamente no me había dado cuenta de ese detalle gracias a la gran cantidad de cosas que tenía que procesar. No había explorado mi cuerpo en busca de alguna herida punzante porque no me importaba en lo absoluto, mi salud no me importaba, eso lo tenía claro, por lo que no me sentí culpable por no haber prestado atención a alguna otra herida en mi cuerpo.

-La primera opción para resolver este asunto es enviarte a la cárcel, fue mi primera opción de esta madrugada, pero Ashton me hizo cambiar de opinión alegando que habían otras formas, mi intención no es exactamente que pagues la reparación del auto porque no necesito que lo hagas, lo que necesito es darte una lección, hacerte entender que no puedes tomar un auto sin licencia e ir a chocar con otro auto casi ocasionándole la muerte -un suspiro largo escapó de mis labios, mis manos comenzaron a temblar al imaginar aquella escena en mi cabeza y un escalofrió me recorrió el cuerpo al darme cuenta de que tenía toda la razón.

Yo no tenía a nadie que me esperara en casa, pero él sí.

-La otra opción que queda es que trabajes para mí para que sientas el peso de saldar una deuda no solo con dinero -asentí una y otra vez.

Podría vender la casa en la que vivía y pagarle, pero despojarme de lo único que me quedaba de mi madre no era una opción, sin mencionar que ahora tendría que trabajar para saldar una deuda y dudaba de que me dieran un sueldo, por lo que tener mi hogar propio me ayudaría a no necesitar tanto dinero para subsistir.

-Haré lo que sea necesario para saldar la deuda, el tiempo que creas conveniente, de verdad lamento tanto haberte atropellado, lamento haber puesto tu vida en peligro, joder, no quería que nada de eso sucediera y me alegra que nada te haya pasado por mi culpa, sería algo que no podría perdonarme -me sentí aliviada de por fin hablar, de por fin poderle expresar lo mal que me sentía con la situación.

-Me alegra que te sientas mal y créeme que te lo recordaré cada día para que no vuelva a pasar algo similar -solté un suspiro al darme cuenta de que no sería fácil -Ashton me dijo que cantabas -asentí lentamente -en tres días tenemos una actividad en la que cantarás, por lo general pagamos algunos miles de dólares a la cantante, espero que estés a la altura -asentí frenéticamente -después de esa presentación firmarás un contrato en donde pautaremos por cuanto tiempo durará este acuerdo y los límites de las cosas que harás -asentí una vez más.

-Estoy de acuerdo con todo -aseguré. Él asintió para sí mismo mientras que Ashton se mantuvo en silencio todo el tiempo, pero analizando cada uno de mis movimientos -¿Ahora puedo irme a casa? -Ashton me miró con una ceja enarcada.

-Tal vez esa sea la única parte que no te va a gustar -miré a Ashton interrogante esperando a que respondiera, pero no lo hizo.

-Nada me asegura que no vas a huir en el momento en que te encuentres libre -mi mirada pasó de Ashton a Cameron en cuestión de segundos -tendrás que quedarte aquí.

Mi cuerpo sudó frío ante sus palabras, esa no era una opción, podría pagar todo lo que debía durante el tiempo que fuese necesario, pero no podría vivir en el mismo techo de la persona que estuve a punto de matar.

-No puedo hacer eso -él enarcó una ceja disgustándose un poco más.

-Bien, a menos que estés dispuesta a que te ponga un GPS en el cuello es la única opción -llevé mis manos hasta mi rostro y lo restregué abrumada por toda la situación.

-Nosotros nos tenemos que ir, tienes todo el día para pensarlo, volveremos a las tres y si aún estas dispuesta a aceptar el trato para disolverte de toda culpa, pues firmarás el contrato en tres días -Ashton se puso de pie y tomó el saco a juego con su pantalón que se encontraba en el brazo del sofá.

Lentamente se lo colocó mientras su mirada escaneaba cualquier reacción de mi cuerpo ante sus palabras.

-Pero si no estás de acuerdo fácilmente puedo acabar con esto olvidándome de las palabras de Ashton y contactando a la policía -dicho esto se puso de pie dejándome ver su imponente figura y lo bien que se veía en ese traje igual de azul que el de Ashton -que tengas buen día, Alisha.

Dicho esto, se acercó a la puerta con pasos rápidos y salió de la casa sin mirar atrás.

-Espero que aceptes, no me gustaría ver como una vida es arruinada con años de cárcel por un error que nunca debió pasar -luego de esto salió de la casa desprendiendo el mismo poderío y prepotencia que Cameron.

Tal vez lo hacía inconscientemente o solo fluía a través de su ser por la costumbre, no lo sabía, pero lo que si sabía era que estaba frente a dos hombres poderosos, la casa, su actitud y la forma en la que caminaban me dejó saberlo.

Definitivamente estaba jodida de todas las formas posibles.

★━━━━━━━━★

Las horas pasaban tan lentas que me torturaban y mi mente simplemente no se callaba, muchas formas de resolver la situación en la que me encontraba pasaron por mi mente. Como por ejemplo terminar con lo que me había llevado hasta donde estaba, pero no podía simplemente quitarme la vida en la casa de las personas que había perturbado desde el inicio de mi descabellada idea.

Idea que no parecía tan descabellada cuando pensaba en mi madre, no parecía tan absurda cuando pensaba en que no tenía nada que me atara al mundo, pero el destello de una deuda que pagar viajó por mi mente hasta que un suspiro escapó de mis labios en reconocimiento.

Si tenía algo que me atara al mundo.

Una deuda que saldar.

Y mi madre me enseñó que nunca debía dejar una deuda sin pagar, mi madre me enseñó que eso no era honorable.

Pero mi madre también me había enseñado a no mentir y según escuché hace mucho tiempo el mejor consejo era el ejemplo y mi mamá no había dado un buen ejemplo ocultando una verdad tan dolorosa como lo era su enfermedad y futura muerte.

Mi cabeza estaba hecha un desastre, pensamientos demasiado descabellados y recuerdos muy dolorosos, pero había llegado a una conclusión dentro de aquel torbellino de emociones y pensamientos.

Debía aceptar el trato, saldar mi deuda y luego terminar con lo que había empezado sin ningún remordimiento que me atara a la vida. Después de que muriera quería ir directo al infierno y no al purgatorio o el limbo en donde mi alma debía encontrar el perdón que no pude conseguir en vida.

Definitivamente absurdo, pero había leído suficientes artículos de personas que habían vuelto a la vida y también había leído demasiadas historias de fantasía en mis tiempos libres. Demasiadas cosas en las que pensar.

Gracias a Dios que la mujer que se había acercado a mí en cuanto me quedé sola, no había vuelto, me había negado al desayuno que ella me ofrecía al igual que a las pastillas. No las quería, yo necesitaba sentir dolor para aferrarme a lo físico y no viajar más lejos a lo mental. A penas arañaba la superficie de mis pensamientos, pero era por el simple hecho de que no quería tener una recaída en una casa que no conocía con personas desconocidas para mi cuando aún tenía miles de cosas en las que pensar.

En realidad, solo una.

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