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TINDER

TINDER

Autor: : Broken Smile Girl 98
Género: Romance
Isabella es nueva en la ciudad, dejó todo para vivir su vida y empezar de nuevo. Comienza clases en un par de meses, mientras, por consejos de Silvana, nueva mejor amiga, se descarga aquella aplicación que está de moda: Tinder, con ella puedes conocer a muchas personas alrededor del mundo. Una gran locura. Un match. Un encuentro casual. Pero ¿y si se encuentran pasados esos meses en clases? O, peor aún, ambos descubren que mintieron e Isabella se da cuenta de que se acostó con quien será su maestro...

Capítulo 1 Es un Match

Acomodó un mechón de su cabello detrás de la oreja y rascó ligeramente su nuca con nerviosismo, llevaba cerca de cuarenta y cinco minutos frente a la pantalla de su laptop observando a su amiga editando las fotos que hace unos momentos le había tomado. Comenzó a dudar si realmente el plan de Silvana es una buena idea.

- Siento que estás exagerando- le dijo un poco cansada y recibió una sonrisa de parte de su amiga.

- Estoy haciendo que te veas aún más hermosa de lo que ya eres Isa, tus fotos están quedando geniales. Mira, toda una diosa- exclamó Silvana orgullosa de su trabajo.

- ¿No crees que es demasiado?

- Esa es la idea- sonrió cómplice- te he sacado tantas fotos que hasta puedes subirlas a tu perfil de Instagram.

- Sigo pensando que podríamos usar algunas de las que tengo en mi galería.

- Cariño, vas a ligar, no a aplicar a una pasantía, necesitabas tener más... fuego.

- ¿Fuego? Estás loca.

- Loca sería si permitiera que te quedes todo el verano metida en casa como si fueras un hongo Isabella- la castaña bebió un poco del vodka de su taza- ¿Acaso no te das cuenta de lo buena que se está convirtiendo tu vida? Mereces celebrar y vivir un poco, no todo es estudiar y trabajar.

Lo meditó por unos minutos y por más que odiase reconocerlo, Silvana tenía razón, desde que llegó a la ciudad hace apenas un mes y medio Isabella a lo mucho habría salido un par de veces, y ni siquiera se la había pasado tan bien.

¿Acaso no te das cuenta de lo buena que se está convirtiendo tu vida?

Las palabras de la que probablemente sea ahora su mejor amiga resonaron en su mente.

Sí que tenía motivos de sobra para celebrar.

Consiguió trasladarse a la mejor universidad de Marketing y Publicidad, se encontraba a tan sólo un año de graduarse, por fin había logrado tener la independencia que tanto anhelaba al mudarse a un departamento pequeño pero céntrico junto a su nueva amiga, por fin pudo salir de ese horrible lugar llamado hogar.

No la juzguen, ella amaba a su familia, sin embargo, era consciente que para poder llevarse bien con ellos debía mantener cierta distancia, de lo contrario, terminarían discutiendo y dejándose de hablar. Vive sola desde los diecinueve, pero dos años más tarde pudo mudarse de ciudad para cumplir sus sueños.

- Nadie te está obligando a nada Isa, si prefieres podemos salir a bailar y divertirnos nosotras dos- Silvana acarició el cabello de su amiga dándole a entender que la apoyaba en lo que ella deseara hacer.

- No- negó con la cabeza- creo que Tinder es la mejor opción.

- ¿Tan necesitada estás?- se burló Silvana y la castaña le aventó uno de los cojines decorativos- ¡Hey! Cuidado con el juego de sala, nos salió más caro que todo el apartamento.

- Bien, ¿qué sigue?

Un par de semanas atrás Silvana le había propuesto a su amiga que se descargara Tinder, una aplicación para conocer personas sin necesidad de que haya algún compromiso de por medio, es muy sencillo: se instala la aplicación, se crea un perfil, se eligen unas cuantas fotos para publicar, y listo. Permite escoger el rango de edades, sexo e incluso la distancia entre ambos.

Comienzan a aparecer entonces fotos de personas cerca a la ubicación que se seleccionó y, si la persona es de tu agrado, se desliza hacia la izquierda para descartar, pero, si te llega a gustar deslizas hacia la derecha y puede que a esa persona también le atraigas, en caso eso suceda en la pantalla aparece que hicieron "Match", por lo que a partir de ahora podrán chatear en privado para quedar en una fecha para salir y conocerse.

Un encuentro casual y listo.

Y la verdad es que Isabella no tenía un poco de acción desde hace ya bastantes meses. La opción que Silvana no parecía tan mala, obtener la atención que tanto esperaba sin tener que aguantar los dramas, celos y problemas que traen las relaciones de pareja.

Todo parecía muy fácil, pero había un problema.

Cuando obtenía algún match y quedaba con la persona en algún lugar terminaba arrepintiéndose y llamando a Silvana en busca de alguna excusa para salir lo más rápido posible de ahí. No sabía la razón, pero no se sentía cómoda con aquellos chicos.

"Tal vez te da miedo que te encuentren conocidos, aunque no tiene nada de malo, pero si te avergüenza pon un nombre falso y si alguien te pregunta si es tu perfil le dices que es falso" - le aconsejó Silvana.

"No creo que sea eso"

"O capaz quieras probar cosas nuevas".

"¿Como qué?"

"¿Alguna vez te has acostado con un hombre mayor?" - le preguntó.

"¡Por Dios Silvana! ¿Cómo se te ocurre?"

"Perdón abuela"- se burló la rubia- "ya vi que no, y déjame que te diga, no sabes lo que te pierdes".

"No idealices a un hombre sólo por ser mayor que tú".

"No idealizo, lo he comprobado"- dijo segura de lo que decía- "y si quieres un buen polvo, necesitas a uno que tenga más experiencia, sin necesidad que eso lo convierta en un patán, ¿quién reúne esas cualidades? Un hombre mayor".

Y bastó de una simple conversación para convencerla, Silvana tenía razón, no perdería nada intentando, pero esta vez ella la ayudó en todo. Eliminaron el perfil antiguo y crearon uno nuevo, con un nombre falso, para cuidar la identidad de Isabella, y esta tarde su gran amiga le había hecho una sesión completa de fotos para añadirlas al nuevo perfil.

Después de editarlas, escogieron las más llamativas, realmente Isabella se veía sensual sin perder su esencia. Silvana era muy talentosa para todo esto.

- Bien ya está, ya sabes, te gusta a la derecha, no te gusta a la izquierda. – Silvana le entregó el celular a Isabella, quien empezó a ver a los candidatos que aquella aplicación le ofrecía.

- ¿Hasta qué edad has aceptado?

- Sesenta, esos son los que tienen herencia- se burló Silvana- lo dejé en máximo treinta y cinco, para que haya una cierta diferencia sin que sea demasiado para tu moral. Créeme, me amarás por esto.

- Veamos... no... no... no... no... definitivamente no... Dios, ¡Silvana! Este se parece a mi tío John- se queja- me rindo.

- ¿Dónde dejaste tu espíritu investigador? Dame, te apuesto que yo encontraré uno que te guste.

- Apuesto a que no.

- ¿A qué apostamos?- la retó.

- Si consigo uno que te guste tú pagas la cena de hoy, quiero comida china, y si tú ganas, entonces yo lo pago y añado una botella de vino.

- Que sea tinto- pidió y fue a la cocina para servirse un poco de jugo de naranja.

Silvana no era de aquellas personas que suelen rendirse ante el primer inconveniente, y menos cuando se trata de tener la razón en algo. La amistad entre ella e Isabela surgió de una manera inesperada y extraña, se conocieron a los dieciocho años en la fiesta de año nuevo de una amiga en común, después algunos ­(por no decir muchos) vasos de vodka, terminaron hablando como si se conocieran de toda la vida, compartieron número y hablaron en un par de ocasiones, pero no volvieron a verse, hasta hace un par de meses, cuando Isa la contactó por Instagram, y decidieron compartir un apartamento.

No sabía cómo era posible que a pesar de haber estado sin hablar por tres años se pudieran llevar tan bien, parecían ser amigas de toda la vida, y es que, la amistad no se mide en tiempo en conocerse, sino en experiencia y química, o al menos eso pensaba Silvana.

Admiraba mucho a su amiga, lo inteligente que era y lo mucho que había logrado con veintiún años, aunque vivía siempre pendiente de la universidad y de temas relacionados a la casa, entiende que tienen responsabilidades, pero su amiga andaba muy tensa últimamente, necesitaba salir con urgencia.

Siguió pasando por los perfiles de los hombres, algunos sí eran guapos, pero no parecían ser del tipo de Isabella, comenzaba a creer que tendría que pagar la cena, hasta que por unos segundos se olvidó de cómo respirar.

Era fuego puro. Todo un dios griego.

No era sólo un hombre.

Era ÉL hombre.

- ¿Estás bien? – se preocupó Isabella ante el semblante de la rubia - ¿Qué pasa?

- Pasa que usaremos tu tarjeta para pagar la cena, quiero añadir unos enrollados primavera a la orden- respondió al entregarle el celular a Isabella- De nada.

- Ver para creer- la castaña bebió un sorbo del jugo mientras miró el celular y de inmediato se atoró al ver la fotografía de aquel hombre en su pantalla.

- Está bueno ¿no?

- ¿Es real?- preguntó incrédula- Digo, ¿se puede ser así de guapo? Dios... Ese hombre acabará con la poca estabilidad emocional que me queda.- Silvana se rió por el comentario de su amiga- Es la verdad... míralo.

- Ya lo vi y serías una tonta si no lo aceptas. Se llama Edward, tiene treinta y cuatro años y de sólo ver su foto tenemos orgasmos múltiples, es perfecto.

- Bien, le daré like.

- Espera- Silvana le quitó el teléfono - Primero tomaré una captura de pantalla por si no lo volvemos a ver, listo, tú puedes leona- la alentó tras devolverle el dispositivo móvil.

Contó hasta cinco y deslizó la pantalla hacia el lado derecho, automáticamente el perfil de Edward se borró y apareció el de otro hombre. Según Silvana ahora deberá esperar a que el dios griego que acababan de encontrar le devuelva el like a Isabella.

Lo prometido es deuda, ordenaron comida china con la orden extra de enrollados primavera que Silvana quería, e Isabella pagó la cuenta, debía reconocer que ese hombre lo valía todo, bueno, en caso que le devolviera el like, las dudas se asomaban por su mente cuando volvieron a casa. ¿Un hombre así de guapo sería capaz de sentir atracción por una muchacha de veintiún años insignificante como ella?

- Lo estás pensando demasiado Isa, a veces los likes demoran en llegar, en especial cuando sólo le has dado a un chico.

- Te dije que ese hombre acabaría con mi estabilidad emocional.

Siendo ya cerca de las dos de la mañana, la castaña apagó la laptop y se echó en su cama, era de esperarse, un hombre como Edward no se fijaría en una chiquilla como ella. Cuando estuvo a punto de caer en los brazos de Morfeo unos sonidos extraños provenientes de su celular captaron su atención, no lograba reconocer de qué era, tal vez un recordatorio y puso mal la hora. Abrió los ojos y alcanzó el teléfono para cancelar lo que fuera que estuviera sonando.

Y gritó.

- ¿Dónde está la cucaracha?- exclamó Silvana entrando a la habitación de su amiga sosteniendo en una de sus manos una zapatilla- Te dije que debíamos comprar el líquido morado.

- No hay cucarachas.

- ¿Entonces?- le enseñó el celular y ambas gritaron mientras se abrazaban - Aún te odio por escoger mi nombre para tu vida promiscua, pero bien jugado Isa- se burló Silvana.

"Tienes un nuevo match"

*Edward*

Hola Silvana, ¿Estás libre mañana?

- ¿Qué hago?

- Pues dile que sí, estúpida.

- ¿No debería esperar un poco más para responder?

- Isabella, Edward no va a ser tu novio, ni tu esposo ni nada por el estilo, sólo van a coger, no creo que le importe el tiempo que demoras en responder.

*"Silvana"*

Hola Edward. ¿Mañana a qué hora nos vemos?

- Qué directa... Me encanta- comentó su amiga mientras ambas esperan la respuesta del apuesto hombre que encontraron en la aplicación - Mañana tenemos un largo día.

- ¿"Nos espera"?- preguntó confundida, estaba agradecida con Silvana pero ella no era la que saldría con Edward.

- Sí, tenemos que ir a comprarte ropa, hacer algo con ese cabello maltratado y seco que tienes, y que te depilen todo, urgente - Isabella le dio una mirada desaprobatoria- No me digas que te lo vas a follar con la jungla que tienes entre las piernas.

- Tampoco me veo tan desastrosa como me describes- la castaña se quejó y automáticamente se examinó en el espejo - Bueno, en mi defensa, llevo trabajando todo el día y estaba a punto de dormir.

- No me malinterpretes bebé- Silvana se acercó y abrazó por detrás a Isabella - Yo veo a una chica realmente hermosa, pero que no sabe sacarle todo el provecho a la belleza que tiene, mira, tienes las uñas a medio pintar.

- ¿Qué tiene de malo?

- O las llevas pintadas o sin pintar, y no lo digo por ser pesada, pero, incluso para el trabajo debes tener buena presencia, lo queramos o no nuestro trabajo consta también de eso.

- Bien, Silvana, ¿serías mi gurú de la moda personal?

- Por supuesto, como decía, mañana nos espera un gran y largo día, iré a dormir, cuando te responda pregúntale el color que prefiere.

- ¿Color para qué?

- Sólo pregúntale eso. – besó la mejilla de su mejor amiga- Buenas noches.

*Edward*

¿A las 11 en el bar del Golden Source?

*"Silvana"*

¡Perfecto!

*Edward*

Envíame tu dirección para pasar por ti.

¿Pasar por ella? Esto era nuevo. No tenía mucha experiencia en citas por aplicación, pero todas las que había tenido hasta ahora quedaban en algún lugar para encontrarse, ninguno se había ofrecido a recogerla.

"Y si quieres un buen polvo, necesitas a uno que tenga más experiencia, sin necesidad que eso lo convierta en un patán, ¿quién reúne esas cualidades? Un hombre mayor".

Parece que Silvana tenía razón, puede que Edward sea todo un caballero, o un psicópata. Era peligroso darle su dirección a un desconocido, por más guapo y encantador que parezca, no lo conocía realmente. Prefirió guardar sus precauciones. Su seguridad y la de Silvana valían más que un buen polvo.

*"Silvana"*

No lo tomes a mal, pero preferiría que nos encontremos ahí.

*Edward*

Una chica cautelosa... me gusta.

Te esperaré ahí entonces.

*"Silvana"*

Por cierto ¿qué color prefieres?

Envió el mensaje y bloqueó el celular. Se sentía estúpida por haberle hecho caso a Silvana, Edward parecía tan amable, ¡pensará que es una loca por sacar esa pregunta de la nada! Bueno, ya lo envió, no hay vuelta atrás. El celular volvió a sonar, pero lo ignoró, en algo su amiga tenía razón: mañana será un largo día.

Apenas logró dormir tres horas, aunque para Isabella era suficiente, se había acostumbrado a dormir poco por el ritmo de vida que tenía: gimnasio, un trabajo mal pagado que consume la mayor parte de su tiempo y trámites universitarios. Amaba su carrera, pero odiaba el trabajo de asistente que consiguió en una agencia medianamente conocida. Alice, su jefa, la llamaba a la hora que fuese para que ella solucionara todos los problemas.

Su pasantía terminaría en una semana, y con ello también podría disponer de más tiempo libre. Unas semanas antes, Silvana y ella habían planeado invertir parte de los ahorros de ambas en poner un pequeño negocio online de venta de ropa, quizá era la oportunidad de empezar.

Regresa a casa al mediodía, extrañamente Alice decidió darle el resto del día libre, Isabella llega a casa y sus únicos deseos son darse otra ducha y buscar algo para comer.

- Espero que no te hayas desgastado mucho en el gym, recuerda que hoy tendrás doble rutina - Silvana movió sus caderas riendo - ¿Llegaste a hacerle la pregunta que te dije?

- Sí, pero aún no leo su respuesta.

- Bueno, llegó el momento de la verdad, ¿prefieres que te depile ahora o después de ir a comprar?

- Puedo depilarme yo misma Sil.

- El rastrillo lastima mucho la piel, prueba con la cera, duele un poco más, pero es mucho mejor.

- Vale, odio depilarme, al menos ahorraría tiempo.

Cuando dicen que algo "Duele sólo un poco" significa que dolerá como mierda. O al menos eso ha aprendido en sus veintiún años de vida. Las enfermeras le dicen eso cuando está enferma y le pondrán alguna intravenosa, le dijeron eso cuando perdió la virginidad, cuando se fracturó los dedos, y ahora, cuando Silvana usó cera para depilar su zona íntima. Habían sido los treinta minutos más tormentosos de toda su vida, y todo por ir a una estúpida cita con un desconocido.

¿Por qué le interesaba tanto impresionar a Edward?

Porque es jodidamente guapo, se respondió ella misma.

Además, estaba cuidando de su imagen personal, y, de alguna forma, le daba un poco más de seguridad en ella misma.

Horas más tarde, mientras hidrataban su cabello y arreglaban sus uñas, entendía a lo que se refería Silvana.

"No te arregles sólo por él, sino también por ti misma, te vas a sentir diferente, créeme".

- Bien, aún tenemos tiempo para ir a comprar algo para que te pongas, descansas un par de horas y a las ocho te comienzo a arreglar.

- ¿No me puedes prestar algo de ropa?

- Lo haría de mil amores, pero hay cierta clase de ropa que no podemos compartir- Silvana guiñó su ojo de una manera divertida hacia Isabella - No lo tomes a mal pero no puedes ir con los calzones de abuela que tienes. No me mires así, tampoco compraremos lo más exagerado que encontremos. ¿Qué color te dijo?

- Negro.

- Hombre clásico - miró a la castaña, como la examinara- Sí, creo que ese color te irá bien.

No solía darle importancia a la ropa interior que lleva, aunque si va a acostarse con alguien quizá sí deba pensar en llevar algo un poco más atractivo que sus calzones de lunares. Quedó conforme con el conjunto que escogió Silvana; no es ni muy revelador ni muy aburrido. Tal vez deba comprar más ropa así.

A medida que la hora se acerca comenzó a sentir cómo los nervios aumentan en ella. Tenía miedo de arruinarlo todo.

- Todo saldrá bien, linda, y si no te sientes cómoda puedes cancelar.

- Lo voy a hacer- le respondió la castaña- ¡Hey! No recargues tanto mi maquillaje. - se quejó al ver la paleta de sombras que su amiga sostenía.

- Estás quedando como una diosa cariño. He hecho un trabajo estupendo.

- La verdad que sí, sin ti esta cita hubiese sido un desastre.

- Mírate en el espejo, y mírate bien Isa estás hermosa, no tengas tantos nervios, por favor. Todo saldrá bien.

- Iré pidiendo el taxi- la castaña respiró profundamente antes de ingresar la dirección.

- Primero repíteme lo que harás si algo sale mal.

- Antes de aceptar ir a un lugar más privado digo que iré al baño y te escribo.

- Estaré al pendiente de cualquier cosa, pero si te vas con él también me avisas.

Subió al taxi y miró hacia la ventana buscando calmar su mente, su respiración estaba demasiado acelerada, y sentía que en cualquier momento vomitaría. "Realmente voy a verlo", pensó. Mil ideas cruzaron por su cabeza. ¿Qué sucedería si era un perfil falso? ¿O si era un idiota? ¿O si tiene fetiches extraños?

"Todo saldrá bien. Disfruta del momento Isabella, vas a conocer a un hombre verdaderamente atractivo y que, no se si recuerdas, tú también le gustas, por algo hicieron match, tonta".

A veces odia lo torpe que era ante estas situaciones y lo experimentada que era Silvana, se obligó a volver a la realidad al sentir que el vehículo se detuvo.

- Ya llegamos, señorita.

Respiró profundamente y contó hasta diez antes de abrir la puerta del taxi. Entró por la puerta principal del hotel, primero necesitaba ir al baño antes de conocer a Edward, sólo un minuto a solas para tranquilizarse y procurar no arruinar esta cita antes de que comience. Le preguntó a uno de los encargados, quien, amablemente le dió las instrucciones, se dirigía hacia el fondo hasta que una voz muy varonil llamó su atención.

- ¿Silvana?

Capítulo 2 El encuentro

Wow.

Es todo en lo que podía pensar.

¿Es posible que este dios griego sea real?

No sabía lo que ha hecho bien en la vida para tener el privilegio de intimar con un hombre como él.

Era alto y fornido, un elegante traje cubre su bien trabajada musculatura, y su rostro. Es simplemente perfecto. Son los ojos más hermosos y cautivadores que ha visto en su vida.

Isabella sonríe y se acerca para saludarlo. Al besar la mejilla de Edward sintió el exquisito aroma del perfume que llevaba puesto. La combinación de aquel olor y la sonrisa de ese hombre acabaron con la cordura de la castaña.

A la mierda sentarse en alguna mesa del bar para conocerse, ella quería tocar a ese hombre, besarlo, verlo sin camisa, deseaba estar sobre él, debajo de él, lo quiere todo.

Cálmate Isa, dijo su última ráfaga de autocontrol.

- Decidí esperarte aquí, me parecía algo grosero dejar que entres sola. En realidad, pensaba ir por ti, pero como dijiste que preferías venir por tu cuenta...

- Sí, es que no quería hacerte esperar- mintió, pero sonaba mejor a confesarle que tenía dudas de que realmente sea una persona cuerda y no un asesino en serie.

Edward posó su mano en la cintura de la castaña mientras se dirigían hacia el bar del hotel. El Golden Source era poseedor de uno de los mejores recintos de la ciudad, estaba considerado como el hotel más lujoso del país. Isabella supuso que el hombre frente a ella debía ser rico o tener un buen empleo para permitirse una salida en ese bar.

- Creí que pensarías que era un demente- rió buscando la confianza de la chica - No tengo mucha experiencia en Tinder, me la descargue hace poco y no sé si tienen reglas.

- La verdad es que yo tampoco- Isabella se atrevió a ser honesta con él - Pero quizá tú y yo podamos crear nuestras propias reglas.

- Me gusta tu forma de pensar. ¿Qué deseas beber?

Cualquier cosa de tu boca, pensó.

- Vino está bien- respondió sonriendo por las tonterías que su mente imaginaba. Edward pidió la orden y en menos de cinco minutos tuvieron en su mesa una botella de vino blanco. Ella imaginaba lo bien que sabría el vino en la boca de Edward, mientras la obligaba a beberlo directamente de sus labios - Y ¿a qué te dedicas? - debía distraer su mente para evitar crear ese tipo de escenarios.

- Soy publicista- respondió y la chica se obligó a no ahogarse con el vino, este hombre era cada vez más perfecto- Disculpa ¿dije algo malo?

- No, perdón, lo que pasa es que yo también soy publicista- bueno, le faltaba un año para graduarse, pero, técnicamente lo era- Y me emocionó un poco conocer a alguien que pudiera entenderme.

- No puedo creerlo - Edward parecía desbordar la misma emoción que Isabella - ¿Cuántas horas duermes al día?

- ¿Qué es dormir? - preguntó ella haciéndolo reír- Es trabajoso, pero totalmente gratificante.

Ninguno de ellos era consciente de cuánto tiempo han pasado conversando sobre anécdotas del trabajo o la universidad. Sus proyectos, campañas y planes de inversión en publicidad parecen ser los protagonistas de la noche.

Edward la miraba atentamente y se sintió un poco estúpido, tenía a su lado a una chica hermosa, radiante y que era mucho menor que él, y lo único que ha hecho durante la mayor parte de la noche es hablar de trabajo. Pensó en cambiar de tema antes de terminar de aburrirla.

Isabella, por otra parte, se sentía maravillada por el hombre que tenía frente a ella. No solo era hermoso y atractivo, sino que además tenía la misma pasión que ella por su trabajo. Edward era mucho más interesante que cualquiera de los chicos que había podido conocer antes.

Y empezó a arrepentirse de todo, era un hombre demasiado perfecto al cual le encantaría volver a ver, sin embargo, era consciente de las reglas del acuerdo implícito entre ambos, y sabía que aquello no sería una opción viable.

- Quiero preguntarte algo, pero no deseo incomodarte- le dijo Edward, e Isabella lo animó a que le cuestione sin pena- Sabes mi edad ¿cierto?- ella asintió e intuyó por dónde iba la pregunta- ¿Por qué una chica tan joven busca citas con alguien mayor?

- Tampoco es que tengas edad como para que seas mi padre, pero, creo que es por las mismas razones que tú buscaste una cita con una chica más joven.

- ¿Cuál crees que sea la razón?- La voz de Edward era un poco más profunda, e Isabella podía jurar que se había acercado más a ella.

- Intentar algo distinto y que sea emocionante - respondió ella- Al menos esa es mi razón. ¿Acerté con la tuya?

- Totalmente, cariño - Él se acercó más a Isabella, y sostuvo delicadamente su mejilla- ¿Puedo besarte?- preguntó mirando los labios de ella- Perdón si suena tonto, pero creo que no sería correcto hacerlo sin tu consentimiento.

- Llevo toda la noche esperando a que digas eso - susurró antes de que el mayor posara sus labios sobre los de ella.

Sabía mucho mejor de lo que se imaginaba, la mezcla de Edward y el vino era un placer fuera de este mundo. La besó de manera delicada, pero también firme. Sostuvo el rostro de Edward con sus manos para darle más profundidad al beso. Él no se quedó atrás y abrió un poco más su boca, su lengua buscaba la de Isabella con desesperación.

Es apenas un beso, pero eso le bastó para querer más, estaba completamente segura. Mientras Edward la besó sintió pequeñas contracciones en su pelvis, y podía asegurar que estaba mojando sus bragas.

Y todo por un simple beso.

- ¿Te gustaría subir a una habitación? - Volvió a hablar él- No quiero que te sientas presionada a hacerlo.

¿Cómo podía ser tan tierno y caliente a la misma vez?

- Me siento cualquier cosa menos presionada Edward- respondió con franqueza - Sí quiero subir contigo.

- ¿Segura?- preguntó nuevamente y ella asintió gustosa - Bien, espérame un momento.

Antes de ir a la recepción le dio un beso corto. Isabella sonrió al verlo y dio un vistazo rápido a su celular. ¿La una de la mañana? ¿Realmente ha hablado con Edward casi dos horas sobre publicidad? Silvana debía estar preocupada por ella.

*Mensajes de Silvana*

¿Cómo vas?

Creo que vas bien porque no respondes.... O te moriste.

Aunque sea avísame bebé, me preocupas.

Isa dos horas y no revisas tu puto celular ¿estás bien?

*Responder a Silvana*

Estoy perfecta, no sé a qué hora llegaré a casa, pero no me esperes despierta.

*Mensaje de Silvana*

¡Esa es mi perra! Disfruta por las dos.

Tonta, susurró riendo ante las ocurrencias de su mejor amiga. Y guardó su celular cuando notó que Edward se acercaba a ella. Tomó su mano y se dirigieron hacia el ascensor. Isabella sonrió y lo abrazó. Él se sintió maravillado, esa chica era asombrosa, no creyó que pudiese tener una conversación tan fluida con alguien tan joven.

Tiene apenas cuatro años más que Gaby, piensa. Podría ser mi sobrina.

Pero no lo es.

El ascensor se abrió unos segundos después, localizaron rápidamente la habitación 609. Edward pasó la tarjeta por el censor de la puerta y se abrió casi de inmediato. Hizo pasar primero a Isabella y cerró la puerta con seguro para evitar intromisiones.

Iluminó medianamente la habitación antes de que Isabella posara sus labios sobre los suyos. Si esta chica seguía así lograría que termine dentro de sus pantalones, ahora entendía el motivo por el que Mark le había recomendado que busque una mujer joven.

Esa pasión es única, y lo hacía sentir vivo nuevamente.

Isabella lo ayudó a deshacerse del saco y la camisa que llevaba puesto. Si Edward se veía bien con ese traje, se vería aún mejor sin él. Sus brazos eran fornidos y fuertes, llenos de tatuajes, al igual que su abdomen. Ella bajó sus besos hacia la mandíbula de Edward, era tan caliente, quería probar cada centímetro de su piel.

Edward no se quedó atrás y le quitó el top gris que vestía, permitiéndole ver el sostén de encaje negro que traía.

- ¿Te gusta?- le preguntó.

- Me encanta.

- Lo compré sólo para ti - ­Isabella susurró en su oído.

- Vas a matarme- respondió Edward bajando sus manos hasta su trasero, haciéndola gemir.

Levantó una de las piernas de Isabella alrededor suyo, ella repitió la acción con la otra pierna, permitiendo que Edward la cargue, podía sentir su erección apretándola, movió ligeramente sus caderas, frotándose contra el miembro de Edward.

Rápidamente la acomodó en la cama mientras besaba el cuello de la chica, descendió sus besos hasta sus senos, los cuales besó por encima de la tela del brasier, ella arqueó un poco su espalda para poder desabrocharse el sostén, dejando sus senos expuestos ante él.

El mayor mordió su labio inferior al ver que la chica tenía un tatuaje de una serpiente en medio de sus senos.

- ¿Pasa algo?- Isabella se preocupó al notar que Edward se quedó quieto.

- Me gusta tu tatuaje... eres una combinación perfecta entre dulzura y sensualidad.

Y, sin perder ni siquiera un segundo, llevó su boca hacia uno de sus senos, chupando y mordiendo su pezón, Isabella gemía por todo el placer que este hombre le provocaba. Repitió lo mismo con su otro seno, mientras ella tocaba desesperada los fornidos brazos de Edward y su espalda.

Él siguió bajando sus besos por el abdomen de la chica, se separó unos segundos para poder acomodarse y subió la falda que traía la castaña, era cada vez más increíble, besó cuidadosamente sus muslos, le encantaba escuchar los gemidos de Isabella, y retiró las bragas de ella con sus dientes.

Isabella casi suelta un grito al sentir la lengua de Edward en su clítoris, la movía tan bien, justo donde a ella le gusta, acompañó el ritmo del movimiento de la lengua de él moviendo sus caderas, hasta que sintió que había metido dos dedos dentro de ella, los movía rápidamente volviéndola loca, sólo salían gemidos de su boca, este hombre la iba a acabar.

-Mierda... Estoy muy cerca - le avisó gimiendo - Si sigues así voy a...

- Hazlo. Quiero que te vengas en mi boca. Demuéstrame lo bien que te hago sentir - le pidió Edward con la voz más ronca de lo normal.

Y no le faltó mucho para hacerlo, sintió esa presión ya conocida en la parte baja del estómago, y en pocos segundos tuvo la sensación de estar en el cielo, Edward pudo sentir las contracciones que tenía Isabella y subió para besarla en los labios nuevamente.

Ahora ella se movió para quedar encima de él. Fue bajando sus besos por su abdomen hasta que llegó al molesto pantalón de Edward, tuvo algunos problemas para desabrocharlo, pero finalmente pudo hacerlo. Tenerlo frente a ella, vestido sólo con un bóxer, era una escena jodidamente caliente. Besó la erección de Edward por encima de la tela del bóxer y después se separó.

- Siéntate- le pidió y Edward obedeció un tanto confundido.

Él se sentó en el borde de la cama a la vez que Isabella se arrodilló en el suelo, le ayudó a quitarse el bóxer, cerró ligeramente sus ojos al sentir la lengua de la castaña en su glande, y tiró su cabeza para atrás cuando sintió que estaba dentro de su boca.

Hace tanto tiempo que nadie le hacía una mamada, las últimas mujeres con las que había tenido intimidad no habían querido hacerlo y que Isabella haya tenido la iniciativa era demasiado excitante para él. Sostenía el cabello de ella con una mano, como si le estuviera haciendo una cola, y se obligó a jalar de ella para separarla de él.

- Si sigues así me voy a venir, cariño- le dijo mordiendo su labio - Y todavía tengo un par de cosas que deseo hacer contigo.

Buscó en su pantalón un preservativo y lo iba a abrir cuando sintió que lo abrazaba por atrás y depositó un beso en su cuello.

- Déjame que te ayude- susurró Isabella quitándole el preservativo- Échate- le pidió y él obedeció.

Ella abrió el sobre plateado y se acercó hacia él, le puso el preservativo sin mucho esfuerzo y se acomodó entre sus piernas. Con sus manos cogió el miembro de Edward y lo colocó en su entrada.

Gimió al sentirlo dentro. Era grande, pero se sentía muy bien. Comenzó a mover sus caderas encima de él, aumentando cada vez más la velocidad, Edward la ayudaba moviéndose también y sosteniendo sus caderas firmemente.

En un momento Edward se levantó con cuidado para poder abrazar a Isabella, y comenzó a moverse más rápido mientras besaba el cuello de la castaña quien cada vez gemía más fuerte. Edward jaló su cabello haciendo que lo mire a los ojos y después la besó apasionadamente en los labios.

- Quiero estar encima de ti- le pidió Edward cambiando de posición- necesito tenerte completamente. - entró en una sola estocada dentro de Isabella y empezó a moverse con mucha velocidad- ¿Te gusta cómo te estoy follando, cariño?- le preguntó- Mírame bebé, quiero que me mires, me pone demasiado cuando me miras con esa mirada tan caliente que tienes- Isabella lo obedeció y siente que se acercaba a un segundo orgasmo- Me encanta lo apretada que estás- gime en su oído- Mierda- gruñó sintiendo cómo llenaba el preservativo de semen. Ambas respiraciones eran agitadas, pero igual sonrieron cómplices al verse, Edward sale de ella y besó su frente- ¿Estás bien?

- ¿Sigo viva?- preguntó Isabella haciéndolo reír - Por un momento creí que me había muerto.

- ¿Tú? Nena, casi me matas.

- ¿Podemos decir entonces que la experiencia de tener una pareja sexual con diferencia de edad fue exitosa?

- Completamente- sonrió Edward antes de besarla- iré a darme una ducha, no tardaré.

Cuando sintió el ruido del agua cayendo Isabella se debatió mentalmente si debía irse o quedarse. Había sido la mejor experiencia sexual de su vida, pero era sólo sexo, por más maravilloso que Edward sea, ambos habían salido únicamente para eso, fue todo un caballero, pero no porque algo más fuera a pasar.

Y mejor irse con el mejor recuerdo posible a convertirlo en un momento incómodo. Se levantó de la cama y se vistió con rapidez. Cogió su celular y se fue de la habitación.

Mientras el agua caía por su cuerpo, Edward analizaba lo que acababa de pasar: se había acostado con una chica que era trece años menor que él. Y le había encantado, no pensó que una chica de su edad pudiera ser tan maravillosa.

Fue con la idea de un encuentro casual, pero una parte de él quisiera seguir conociendo a la castaña tan increíble que lo esperaba en la cama. No perdía nada intentándolo. Cerró el grifo del agua y mientras secaba su cuerpo mirándose en el espejo.

- Estuve pensando y, ninguno de los dos sabe realmente mucho de las reglas de Tinder, pero me gustaría volver a verte, no sé ¿qué crees tú?- esperó unos segundos por una respuesta- ¿Silvana?- preguntó, al no escuchar nada, caminó hacia la habitación pensando en que la muchacha se había quedado dormida, pero se dio cuenta de que se había ido.

Capítulo 3 ¿Otra vez tú

¿En verdad acababa de acostarse con un hombre así de apuesto? Isabella siente que se sacó la lotería, y no puede amar más a Silvana por haberla ayudado en todo. Sabe que es tarde, pero no tiene sueño, lo único que desea es llegar a su casa, despertar a su mejor amiga para contarle todo sobre su cita con Edward. Finalmente, su mala racha de citas de Tinder había terminado.

Abre con cautela la puerta de su apartamento, quizá debía esperar a que sea más temprano para hablar con Silvana, por la hora su amiga debe estar durmiendo. Le sorprende verla echada en el sofá, intenta orientarse en la oscuridad y se sienta a su lado.

- Sil- Isabella la samaquea un poco- mejor descansa en tu cama.

- Bonitas horas de llegar- se sobresalta al escuchar la voz de su mejor amiga detrás de ella- ¿la pasaste bien?

- Silvana, ¿quién mierda está en nuestro sofá?- pregunta la castaña asustada.

- Ah, se llama Caleb, me trajo unos brownies especiales y al final se hizo tarde, le dije que se quedara en el sofá.

- ¿Has dejado que un extraño duerma aquí?

- No grites, lo vas a despertar y se pondrá insoportable, no es un extraño, lleva algunos cursos conmigo.

- Me hubieras dicho que tendrías compañía.- se queja la chica, se acerca hasta la otra muchacha intentando abrazarla pero la aleja

- Vienes de coger, no me agarres con tus sucias manos hasta que te bañes, puerca.

- Exagerada.

- Bien, te rociaré con alcohol para que vengas a contarme todos los detalles de hoy.

Las dos chicas se dirigen hacia la habitación de Silvana e Isabella le cuenta todo lo que ocurrió en la cita, lo guapo que se veía Edward, lo caballero que había sido, lo inteligente y apasionado por su trabajo, lo buen amante que era, básicamente le dijo lo perfecto que había sido todo.

- ¿Te imaginas si te quedabas y Edward te pedía tu número para volver a salir?

- Es raro verte creando historias de amor, Silvana.

- Nunca mención la palabra con "A", sólo dije que podían verse otra vez, no proyectes tus deseos en mí.

- Parece que alguien estuvo leyendo a Freud- se burla - pero siento que Edward ha jodido mi vida sexual, no encontraré a alguien que sea como él.

- Podemos buscar a otro Edward.

- No, no quiero otro Edward, estuve pensando y fue divertido, pero por ahora quiero divertirme con mi mejor amiga lo que queda del verano, salgamos hasta que tengamos que regresar a la universidad.

- ¿Solo nosotras?

- Solo nosotras- repite Isabella y le entrega su celular a Silvana- elimina esta cosa de mi teléfono.

[...]

Mira su reloj por tercera vez, lleva esperando más de una hora a que su cita llegue. Se rasca su nuca con incomodidad, desde aquel casual encuentro apasionado con "Silvana", la suerte del hombre de grandes ojos avellana había ido de mal en peor, cada cita que prosiguió fue cada una más decepcionante que la otra.

Seguía probando su suerte, no perdía la esperanza de conocer a alguna que sea al menos la mitad de lo interesante que "Silvana" le resultaba. Con ninguna otra había podido entablar una conversación, o se interesaban en los temas que esa chica sí.

Tan solo iban y directamente accedían a acostarse con él. Aquella situación empezaba a incomodarle.

Entra a su auto cansado de esperar a aquella pelirroja con la que había quedado en salir. Desde su celular busca la conocida aplicación y busca la foto de la castaña.

*Mensaje de Edward*

Hola Silvana, nos vimos hace unas semanas y tal vez resulte raro, pero ¿te gustaría volver a salir conmigo?

Borra el mensaje y bloquea su celular. Tal vez este tema de las citas casuales no funciona en todos.

[...]

- ¿Cómo te fue ayer, tigre?- le pregunta Mark, su mejor amigo y socio de la empresa.- por tu cara creo que no te fue tan bien.

- La esperé más de una hora y nunca llegó.

- Creo que no eliges bien a tus citas.

- Ya me aburrí de esto de las citas en línea Mark, ayer desinstalé la aplicación, es un desastre.

- No pensabas lo mismo la primera vez que saliste.

- Es que todo fue distinto, era como si Silvana y yo tuviéramos cierta complicidad...

- No – lo interrumpe su amigo- estás confundiendo las cosas, que esa chica también sea una loca obsesiva en su trabajo y que hayan pasado más tiempo hablando sobre anécdotas en sus campañas publicitarias que follando no lo convierte en especial. Descargaste Tinder para divertirte, no para buscar una novia.

- Quizá debería buscar mujeres de mi edad- duda el rizado.

- Lamento que tu experiencia con las jovencitas haya sido mala.

[...]

El verano se le fue en un abrir y cerrar de ojos. No recuerda hace cuánto no se divertía de esa manera. Desde aquel encuentro con Edward su vida sólo mejoraba, ese hombre le devolvió las ganas de vivir, le había recordado que en la vida hay más cosas que el trabajo, y que debe aprovechar en divertirse las veces que pueda.

Durante el verano pasó de fiesta en fiesta con Silvana y Caleb, descubrió en aquel moreno a un buen amigo y confidente. Ahora, los tres se encontraban en la puerta de la universidad, Isabella no podía evitar una piza de nerviosismo en ella, finalmente se encontraba ahí, por lo que tanto luchó. Estudiaría su último año en la universidad que tanto quería.

- Recuérdame la razón por la que nos inscribimos en un curso tan temprano- se queja Silvana.

- Porque dicen que el Señor Cross es el mejor enseñando plan de inversión en medios.

- ¿Cross?- se burla Caleb- por culpa de ese tipo reprobé taller de proyectos digitales y tengo que llevarlo nuevamente. Es un hijo de puta al que le hace falta una buena follada.

- Pensé que era un maestro nuevo, nunca lo he visto- dice Silvana confundida.

- Enseña algunos cursos de últimos años, y tiene una empresa grande, casi nunca está aquí.

- ¿Y me estás diciendo que estoy inscrita con un amargado que proyecta sus frustraciones sexuales en los trabajos de sus alumnos? Demonios Isa debemos cambiarnos de salón.

- Tal vez no sea tan malo, además, Caleb, eres un holgazán.

- Bien, llegó el momento de separarnos, suerte con Cross- se despide de sus amigas mientras camina hacia su salón.

Dio una mirada rápida al aula, a comparación de otros cursos, había menos estudiantes, un total de veinte, incluyéndose Silvana y ella.

Por su experiencia en anteriores pasantías, Isabella sabía lo complicado que era armar un plan de inversión, pero no creyó las advertencias de Caleb, tal vez el moreno tenía razón y el famoso profesor Cross era más exigente de lo que pensaba.

¿Cómo sería? Notó que algunos parecían nerviosos, y algunas chicas lucían ligeramente emocionadas, los minutos pasaban y la hora de la verdad se aproximaba. Siendo las ocho en punto de la mañana la puerta del aula 503 se cerró, e inmediatamente todos quedaron en silencio, observando como aquel hombre se adentraba hacia el centro del salón.

- Bien, llegaron temprano, eso me gusta- sonrió mirando hacia los estudiantes que tenía en frente. Tenía la manía de mirar sólo a los alumnos de las primeras filas para evitar distraerse.

Oh mierda.

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