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TRECE: SERENDIPIA

TRECE: SERENDIPIA

Autor: : Nambi
Género: Fantasía
"Cuando Dios creó el universo lo dividió en tres mundos. El primer mundo conocido como el Cielo o Cheongug, el medio mundo conocido como la Tierra y el tercer mundo conocido como el Infierno o Jiog. A la vez el medio mundo fue dividido en complejos. El complejo J, habitado por licántropos creados por los ángeles del Primer Mundo, el complejo D, habitado por licántropos arrebatados de Cheongug por los demonios de Jiog y el complejo E, conocidos como exentos, habitados por humanos. Los eternos enfrentamientos entre Cheongug y Jiog desataron una maldición sobre doce licántropos, llamados a su vez "Los elegidos". Seis de ellos pertenecen al complejo J y los otros seis al complejo D. Para acabar con la maldición deberán encontrar al décimo tercer elemento del cual no conocen su identidad ni dónde se encuentra, pero para ello deberán dejar a un lado sus diferencias y acabar con un interminable enfrentamiento entre complejos"

Capítulo 1 P R O L O G O

Cheongug, Primer Mundo/Paraíso, 1.750

No habían tenido noticias de Jiog los últimos días y a pesar de que los ángeles de Cheongug se encontraban algo confusos al respecto, decidieron no brindarle tanta importancia y mantener la paz que reinaba por el momento.

Parte de los ángeles se encargaban de la creación de los Amarok, los primeros licántropos con el objetivo de enviar al Medio Mundo, también llamado Tierra y proteger a la misma. Las creaciones se desarrollaban en el Palacio de Kkoch bajo las órdenes del ángel Sauro junto con su prometida Zoe, mientras que otros se encargaban de entrenarlos para que una vez listos, sean enviados al Medio Mundo.

Solo pasaron unos días hasta que tuvieron noticias de Jiog, así era llamado el Tercer Mundo, conocido también como el Infierno.

Los demonios de Jiog invadieron Cheongug con la orden de destruir todo lo que había a su paso.

Todos los hogares fueron destruidos, los monumentos sagrados fueron quebrados en mil pedazos, el Palacio de Kkoch había caído y todo ante los ojos de los ángeles que trataron de salvar a Cheongug con todas sus defensas que fueron en vano. El tercer mundo logró tomar control sobre la cuarta parte de los Amarok.

Tomaron como prisioneros a Sauro, su prometida Zoe y a Zoilo, la mano derecha de Sauro y fueron llevados a la cámara de la tortura en el Tercer Mundo.

Los tres ángeles se encontraban de rodillas en el pavimento, mientras que Sauro sostenía la mano de Zoe y prometía que todo iba a estar bien, por otro lado, Zoilo era invadido con un miedo inefable.

Solo unos segundos después, Elke, gobernante de Jiog, había aparecido ante sus ojos.

-Sauro, que agradable verte- esbozo irónico.

Sauro, Zoilo y Zoe fueron sujetados del dorso por tres de los demonios.

Elke caminó de un lado a otro mientras observaba a sus enemigos.

-¡NO LOS DAÑE A ELLOS!- rogó Sauro, lo que provocó una risa por parte de Elke.

-Música para mis oídos- respondió con malicia.

Elke se acercó hacia Zoilo.

-¿Cuánto vale su vida ante la tuya?- preguntó en referencia a Sauro.

Zoilo desvió la mirada y su temor se incrementó cada vez más.

-¿No vas a responder?

Elke volvió a su posición inicial.

-Bien- y con un gesto de manos ordenó que se llevaran a Sauro mientras él le gritaba a Zoe que todo saldría bien.

Elke volvió a acercarse a Zoilo.

-No sería tan divertido matar a Sauro y perder toda la diversión de verlo sufrir por lo que resta de su vida por la pérdida de uno de ustedes- formó una sonrisa.

Elke tomó dos espadas, ordenó a los demonios que los soltaran y le extendió una a cada uno.

Zoe se hundía en sus propias lágrimas mientras que Zoilo era abordado por el temor en su más puro estado.

Ellos con dificultad tomaron las espadas, se observaron con lágrimas recorriendo sus mejillas.

-Bien- habló Elke- Esto es muy sencillo. Solo uno de ustedes va a sobrevivir, pero como soy tan generoso, voy a dejar que ustedes decidan quién va a ser el afortunado que quede con vida.

Elke tomó un reloj de arena.

-Para cuando el último grano de arena haya caído, solo uno de ustedes habría quedado con vida, pero si para ese entonces ninguno tomó la iniciativa, no voy a dudar en deshacerme de ambos.

Giró el reloj y los granos de arena comenzaron a caer.

Zoe tomó la mano de Zoilo.

-Debes cuidar de Phoe- hizo una breve pausa- Hazlo- pidió.

Capítulo 2 C A P I T U L O 1

Complejo J, Presente

Por un lado se encontraba el complejo J, el hogar de los Jountugi, los Amarok que fueron creados por los ángeles de Cheongug. Por otro lado, el complejo D, hogar de los Dambae, los Amarok que fueron tomados por los demonios de Jiog y luego el último complejo, el complejo E, o el complejo de los Exentos como solían llamarlos los primeros dos complejos, habitados por humanos y la razón para ser llamados de esa forma era simplemente porque ante los ojos de la última generación de Jountugis y Dambaes, los humanos eran inferiores a ellos y por ende diferentes, que no pertenecían a ninguno de los complejos principales y eso los hacían exentos.

Mansión Jountugi

El líder de la manada, Zahinos, reunió a todos los Jountugi que habitaban en la mansión, en la gran sala para dar un anuncio que cambiaría la vida de seis de ellos, "Los elegidos", entre los cuales se encontraba Phoenix, primogénito del líder de los Jountugi.

Ellos se acomodaron en la gran sala, esperaron por el líder y el tan esperado anuncio que tenía para darles.

Phoenix se ubicó por delante del resto de los Jountugi y esperó a que su padre hiciera su aparición.

Momentos después, la gran sala y todos los presentes le dieron la bienvenida al gran líder.

Se posó delante de los presentes quedando frente a ellos.

Aclaró su garganta y anunció.

-Después de tantos años de buscar al décimo tercer y más poderoso elemento que cualquiera en este mundo, ¡Lo hemos encontrado!- Zahinos se pausó a oír los murmullos que rondaban por el gran comedor- Por favor, hagan silencio- continuó y posó su mirada en los Jountugi de la última generación, entre ellos Phoenix, o como Zahinos solía llamarlos, los "Elegidos"- Myron, Leander, Deo, Michael, Tymon y Phoenix, den un paso hacia adelante- pidió con rigor.

Phoenix se encontraba tan confundido como el resto de la manada y los elegidos. Ellos dieron un paso hacia adelante y oyeron atentamente cada una de sus palabras.

-Creemos que el último elemento se encuentra entre los exentos del Complejo E- prosiguió.

-¿El complejo E?- irrumpió Phoenix.

-Puede ser cualquiera de los habitantes dentro del complejo.

-¿Un humano?- insistió Phoenix.

-Claramente está mezclado entre los humanos- respondió Zahinos con cierta molestia.

Tragó saliva, acomodó su corbata, dio un breve paseo con sus ojos hacia todos los presentes y finalmente dijo.

-Prepárense porque serán enviados al Complejo E.

En la gran sala, las palabras de todos los presentes se mezclaban en el aire y podía notarse que claramente era una sorpresa para todos, inclusive "Los Elegidos".

-Creemos que allí es donde podremos encontrarlo- Zahinos elevó su tono para disuadir los murmullos.

-¿Creemos? ¡Ni siquiera estás seguro!- Phoenix dio un breve suspiro y continuo- Padre, esto es realmente arriesgado... Sabes que tenemos prohibido el ingreso a los complejos ajenos- dijo en su mismo tono.

-Es un riesgo que debemos correr- su tono se enfrió aún más.

-Algunos de ellos ni siquiera pueden controlar sus elementos- dijo en referencia a los elegidos.

Phoenix recibió una mirada de molestia por parte de los elegidos, las cuales ignoró, estaba más preocupado por las consecuencias que podría haber a futuro.

-Ellos fueron entrenados durante seis largos meses para cuando este día llegara- fijó su mirada en Phoenix.

-¿Seis meses? ¿Crees que seis meses son suficientes para aprender a ocultar nuestros elementos?- su preocupación iba en aumento.

-Tú puedes pasar inadvertido en el complejo E y puedes controlar tu elemento, ¿Por qué ellos no pueden?- se quejó.

-¡Porque es algo que yo elegí hacer! ¡Para descubrir el porqué de la división entre los complejos! ¡Porque quiero descubrir qué tan diferentes somos!- su tono se elevó.

Zahinos soltó un pequeño suspiro y respondió.

-La decisión está tomada- afirmó- ¿Acaso quieres ser un elegido toda la vida?- quedaron enfrentados.

Phoenix bajó su mirada.

-Claro que no- respondió con molestia.

Zahinos retomó su discurso.

-Bien, entonces recarguen energías porque mañana se filtraran en el complejo E- agregó sin más.

Terminado el anuncio se retiró de la sala dejando que los murmullos invadieran nuevamente el lugar.

-Esto es muy mala idea- Phoenix comentó a los elegidos.

-Necesitamos el elemento- replicó Myron seriamente.

-Lo sé, pero esta no es la manera- respondió en un susurro.

-Lo único que me importa en estos momentos, es el dejar de ser un elegido- irrumpió Leander.

Dion, otro de los elegidos, dio un paso hacia adelante.

-No gastes saliva Phoenix, de todos modos lo haremos- y acto seguido se retiró de la sala.

El resto de los elegidos imitaron su acción y uno por uno se fueron retirando.

Phoenix se quedó unos momentos en la gran sala, buscando una solución que no involucrara acabar con su vida o con la vida de los elegidos, pero era en vano.

Su padre estaba al tanto de que la entrada a los otros dos complejos estaba totalmente prohibida y que si lo hacían, no iban a poder hacer nada al respecto ante las consecuencias que eso podría causar.

Cuando las divisiones fueron creadas, la primera regla establecida fue la de no invadir otros complejos o eso llevaría a la muerte del invasor sin excepciones, pero había algo peor y eso era que el complejo E estaba al tanto de "Los elegidos" y no iban a dudar en acabar con sus vidas, porque si eras un elegido eso significaba que estabas maldecido y si estabas maldecido merecías la muerte, pero no podían culparlos, los Amarok "normales" también creían en que si eras un elegido era porque estabas maldecido y por eso, tanto el Complejo J como el Complejo D, estaban tan desesperados para encontrar al elemento que acabaría con su maldición, sin embargo había una forma sencilla de detectar a un elegido y eso era a través de sus ojos heterocromos que solo ellos portaban al utilizar sus elementos.

Millones de pensamientos recorrieron la mente de Phoenix y es que su mayor preocupación eran los demás elegidos, el temor a que sean descubiertos y que los habitantes del Complejo E pudieran acabar con ellos.

Sin ninguna respuesta se dirigió al lugar más sagrado de la mansión, "La cámara de Yosodeul".

La cámara contaba con estricta seguridad y solo unos pocos podían acceder a ella, entre ellos estaban los elegidos.

Apoyo su palma sobre la pantalla de seguridad y esperó a que reconociera el número con el que había sido marcado, el número "UNO" y una vez que lo reconoció, las compuertas de la sagrada cámara le dieron el paso.

Una vez dentro, ante sus ojos se encontraba la tabla de los trece elementos. Por un lado, los seis elementos Jountugi, del otro lado, los seis elementos Dambae y en el centro, el más poderoso de todos los elementos restantes, el décimo tercer elemento.

Apoyó las puntas de sus yemas sobre la tabla y recorrió cada uno de ellos.

-Jountugi- susurró- Myron "T.P."- y pasó al segundo elemento- Deo "FORVE"- luego el siguiente- Dion "TILA"... Tymon "ZEPHY"- luego él ante-último elemento Jountugi- Leander "INRA"- y se posó en el último elemento, su elemento-"BLAFI".

Giró su mirada y se dirigió la vista al grupo de los Dambae y nuevamente apoyó las yemas de sus dedos al ritmo que los nombraba.

-Theo "FROWA"- pasó al segundo elemento- Polux "THERA"- luego el siguiente-Aidan "GOKY"- luego al que le siguió-Linus "THULI"- llegó al anteúltimo-Janus "ALI" consistencia líquida y por último, Tyr "TEMI", el líder de los elegidos Dambae.

Fue interrumpido por una voz familiar.

-Genial, ¿Verdad?

Phoenix se giró rápidamente hacia la voz.

-Tyr, ¿Qué haces aquí?, sabes que tu presencia no está permitida- Phoenix estaba notablemente preocupado por Tyr y es que sabía de las duras consecuencias que traería el estar en un complejo ajeno.

-Relájate, nadie me ha visto- a diferencia de Phoenix, Tyr estaba relajado- Deberían cambiar la seguridad de la cámara- dijo burlón- ¿Repasando los elementos?- se posó a su lado- Sabes que no pasara, ¿Verdad?- preguntó sin importancia.

Phoenix agachó su cabeza.

-Ya no sé qué pensar al respecto- se pausó unos segundos y continuó- Mi padre ha ideado un plan- comentó un tanto inseguro.

Tyr alzó sus hombros en señal de desinterés.

-También el mío-dijo Tyr- Del cien por ciento, solo confió el cinco por ciento, pero como es el líder, hay que obedecer sus órdenes.

Ambas miradas se posaron en la tabla.

-Aun así tengo una pequeña esperanza- respondió Phoenix.

Y sus miradas se posaron en el elemento más poderoso "Stella".

-La unión de todos nuestros elementos juntos- susurró Tyr con inquietud.

-Esa será la parte más difícil- respondió Phoenix.

-Seriamos una gran manada y sería más sencillo si no fuera por la rivalidad que une a nuestros padres- replicó Tyr.

Phoenix asintió en respuesta.

-Pero aun así no ha interferido en nuestra amistad.

Tyr sonrió en respuesta.

Se oyeron unos pasos un tanto inaudibles que se dirigían hacia la cámara.

-¡Alguien viene!- advirtió Tyr y segundos después trató de huir.

-¡Mejor vete antes de que alguien pueda verte!

Tyr asintió y se despidió.

Escapó por una de las aberturas secretas que llevaban al patio trasero de la mansión.

Tyr y Phoenix habían sido mejores amigos desde pequeños además de ser de la misma sangre, pero la diferencia era que Tyr era Dambae de origen y por ende pertenecía al complejo D y su estadía estaba totalmente prohibida además de la oposición de ambos padres respecto a su amistad.

Capítulo 3 C A P I T U L O 2

El ambiente de Yosodeul había cambiado drásticamente. El frío había invadido el lugar y Phoenix presentía de quien se trataba.

Las compuertas se abrieron de par en par y dieron paso al gran líder, Zahinos.

-¡Que grata sorpresa!- comentó Zahinos con asombro- No acostumbro a verte aquí.

Phoenix evitó su mirada.

-Deseaba ver la tabla por unos instantes- el tono de Phoenix se tornó molesto.

-Estás consciente de lo que significa, ¿Verdad?- preguntó Zahinos en el mismo tono que Phoenix.

Phoenix soltó un suspiro irónico.

-¡Por supuesto!, él que no lo está eres tú- y no le dio oportunidad a replica.

Phoenix se retiró de Yosodeul y dirigió hacia el patio trasero en donde se encontraba los elegidos.

Al llegar a ella, se silenciaron unos segundos.

Phoenix se sentó en medio de ellos.

-¿Cómo están seguros de que lo harán bien?- preguntó rendido.

Leander formó una sonrisa.

-Te hemos estado observando y aprendimos mucho por lo que si algo falla sabremos a quién culpar- respondió divertido-

Tymon giró la mirada hacia Phoenix.

-Sabemos que no es nada fácil, pero debes darnos la oportunidad.

Dion observó a Phoenix también.

-El propósito es el mismo y te aseguro que tenemos las mismas ganas de encontrarlo tanto como tú las tienes- agregó.

Phoenix aún no estaba seguro respecto a ellos.

-¿Saben que seis meses de entrenamiento no son suficientes?- observó a cada uno de ellos.

-Sí, lo sabemos- afirmó Dion.

-¿Serán capaz de hacerlo?- replicó Phoenix.

Deo se levantó molesto.

-¡Ya Phoenix, solo danos la oportunidad y confía en nosotros!

Phoenix imitó su acción.

-¿Desean una oportunidad?, pónganse los guantes y vengan conmigo- ordenó.

Cruzaron sus miradas por un momento y luego en uno fueron colocándose los guantes y siguieron a Phoenix.

Cruzaron el bosquejo que rodeaba la fortaleza y Phoenix los guio hasta el límite del complejo J y E.

Sus miradas se tornaron temerosas.

-Phoenix yo no estoy seguro de esto- dijo Tymon con temor.

Phoenix frunció el ceño, suspiró y respondió.

-Esto será algo regular, el infiltrarnos en el complejo- respondió con cierta molestia- ¿Habrá alguna diferencia mañana? No, ¿Verdad? Si no pueden hacerlo ahora tampoco podrán hacerlo mañana.

Todos quedaron inhibidos.

-¿A qué le temen? ¿A ellos?- preguntó Phoenix en referencia a los habitantes del Complejo E y señaló sus guantes- ¡Saben que nosotros podríamos ocasionarles mayor daño si siquiera los rozamos y por eso usamos estos guantes! ¡Nosotros somos los peligrosos!

-Ese es el problema- respondió Myron abatido.

-Es por eso que es arriesgado más allá de las consecuencias que podrían suceder si nos descubren, pero mi padre no está consciente de ello, jamás ha ingresado al Complejo E, pero yo lo he hecho... Inténtenlo ahora, yo estaré para guiarlos- Phoenix regaló una sonrisa de ánimo- Si sienten que algo va mal simplemente nos iremos.

Todos asintieron, tomaron los lentes brindados por Zahinos el día anterior y se infiltraron por una abertura que solo Phoenix conocía y así se fueron infiltrando en el Complejo E.

Los guio hasta lo que era llamada la ciudad central del Complejo E y luego fueron alejándose de ella, a un lugar no muy poblado en caso de que algo saliera mal.

Los elegidos caminaban con temor y cuidando cada paso que daban.

-Relájense un poco, no es tan fácil reconocer a los elegidos porque nunca se han topado con uno, simplemente están al tanto de ellos, pero eso solo lo sabrán ante cualquier muestra de nuestros elementos por lo que no estén a la defensiva- aconsejo.

Mientras recorrían las avenidas del complejo, pudieron notar lo diferente que era comparado al Complejo J y D.

Los humanos eran felices a comparación de ellos.

Observaban cómo se trataban mutuamente y sonreían en consecuencia y es que era lo que siempre habían soñado. Familias, amigos hasta parejas que sonreían como si todos fueran iguales y eso era la mejor parte. En cambio ellos debían lidiar día a día con las miradas de desprecio por ser diferentes al resto.

-Es tan diferente a como lo había imaginado- se oyó a Tymon.

-¿Mejor o peor?- preguntó Phoenix divertido.

-Mucho mejor- respondió con una sonrisa en su rostro.

-Y eso que no vieron la mejor parte.

Phoenix los llevó hasta un parque cercano en que los habitantes solían frecuentar.

Se acomodaron a un lado y simplemente se dispusieron a observar. A observar como mostraban sus mutuos afectos, ya sea a través de una caricia, un beso o un simple roce.

Observaban cómo disfrutaban de su mutua compañía, como los invadía la felicidad estando juntos.

Phoenix pudo notar como una pequeña sonrisa escapaba del rostro de cada uno de ellos.

Su atención se fijó en una familia que se encontraba con su pequeño hijo.

Unos instantes después el balón con el que estaban jugando cayó hacia donde ellos se encontraban, cayendo en los pies de Myron.

Él los observó unos instantes y luego tomó el balón. El niño se acercó a él y Myron se puso a la par del pequeño para devolvérselo. El niño observó a Myron fijamente y los demás podían sentir como su respiración aumentaba con cada segundo.

El niño estiró su pequeña mano hacia el rostro de Myron, pero un segundo antes de que el niño pudiera tocarlo, Myron dio un paso hacia atrás. Estaba consciente de la consecuencia que eso tendría.

-Debes volver con tus padres.

El niño asintió y regresó con ellos.

-Siempre me pregunté como se debe sentir la calidad del roce de alguien más- dijo Myron observando al niño y a su familia.

-También yo- respondió Leander.

-Es por eso que vamos a hacer esto, para poder ser como ellos, para conseguir el poder más dichoso, que es el de sentir- animé.

-Ellos realmente son tan afortunados-dijo Dion.

-Sé que seremos capaces de lograr esto, lo deseamos más que a nada en el mundo- animó Tymon.

-Sé que así será- agregó Deo.

Luego de observar por un momento el parque, subieron a una colina no muy lejos de allí, que les permitía apreciar gran parte de la ciudad. Era como Cheongug o al menos eso habían oído, que era un lugar en el que todo Jountugi desearía pasar el resto de su vida.

Todo un sueño, pero al igual que el paraíso, era prohibido.

Se conformaron con poder observar desde lejos lo que algún día podrían alcanzar.

El único contacto físico que podían tener era con los de su misma especie, pero en su manada, una caricia o un abrazo, no existe. Podían tocarse, pero no iban a sentir absolutamente nada.

Pasaron horas observando el paraíso que se mostraba ante sus ojos y como no contemplarlo si era lo que deseaban.

Horas después llegó el tiempo de irse, mañana empezarían con el plan que Zahinos había dictado.

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