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TU SONRISA ES UNA HERMOSA MENTIRA.

TU SONRISA ES UNA HERMOSA MENTIRA.

Autor: : Denisse Zommer
Género: Romance
¿Cómo dejar de amar al imbécil, narcisista y arrogante chico misterioso de tu clase? Elizabeth se hace esa pregunta constantemente desde que sus sentimientos de desprecio hacia él se transformaron en un amor latente. Samuel Anderson es conocido como el Donjuán de su instituto y el cual comienza a presentar un repentino interés en ella, envolviéndola en situaciones misteriosas que no hacen más que hacerla cuestionarse del nivel de honestidad qué el sabe manejar. ¿Cómo es que la nerd termino por enamorarse de alguien como él? Sencillo... Por una sonrisa que nace directamente desde las profundidades del infierno, siendo así, una hermosa mentira.

Capítulo 1 PROLOGÓ

Toda mi vida había pensado que nadie se enamoraría de mí, jamás , ni por error. Al menos eso creía hasta que llegó Samuel Anderson.

Ese chico popular del instituto que hace suspirar a cualquiera con su inminente belleza y que fácilmente consigue lo que se propone dado que intimida al que se le pone enfrente.

Por azares del destino, nuestras vidas se vieron unidas, y con el paso del tiempo pude percibir que, además de ser un Donjuán, también es alguien misterioso. La razón de su misterio, no la sé, pero esa sonrisa que siempre muestra esconde algo mágico y oscuro.

"Un curioso deseo de arrodillarme y confesar mis pecados"

... Así la describiría. Quémenme viva, si miento.

Cómo era de esperarse, me termine enamorando de él como una tonta hasta el punto de no poder controlar ni mis propias emociones. Una palabra suya y caigo rendida a sus pies.

¡Masoquismo puro!

Y he aquí, parado frente a mí, mirándome de una manera en la que jamás creí que lo vería hacerlo. Percibo un brillo único en sus ojos que se revela en mi única presencia y, si no me equivoco, Samuel Anderson , acaba de decir que está enamorado de mí.

«No te enamores», me advertí.

Sin embargo, fue más que imposible con semejante sonrisa a pesar de ser una hermosa mentira.

Si, así es... Todo comenzó con una sonrisa, pero vamos por partes.

Antes de aquello - que para ser honesta no sé si sea un vago sueño - sufrí por su causa, tanto que en repetidas ocasiones me partió el corazón en miles de diminutos fragmentos.

«¿Cómo comenzó nuestra extraña historia de amor?», Se preguntarán.

Pues verán...

Capítulo 2 One

Los dieciocho años son la edad perfecta para los jóvenes de hoy en día. Para ellos eso significa libertad en todos los sentidos. Supuestamente, ya son mayor de edad. "Un adulto", o al menos, aquí en Wellington es así.

Un lugar en donde nadie te dirá nada sin importar lo que hagas; siempre y cuando, muestres tarjetita.

Y, por supuesto, sea legal.

«Puff, como si eso fuera posible para mí»

Yo con diecinueve años no he hecho absolutamente nada de mi peculiar vida y he aquí la prueba.

¡Despierta!

-¡Elizabeth, despierta que llegarás tarde de nuevo!

Grita mi madre un lunes por la mañana.

-¡Déjame, mamá! - respondo con voz roca hundiendo el rostro entre las almohadas - Hoy no iré, ni te molestes en despertarme.

-Elizabeth Morrison - dice molesta, pero sin llegar a gritar. - Más vale que te levantes. Te doy diez minutos.

Sale de mi habitación y consigo cierra la puerta de un tirón que me hace reaccionar en seguida.

¡Joder!

Odio madrugar, sin duda sería lo que más odio en este mundo, pero como no quiero ver a mi madre molestándome todo el día; me levanto y en exactamente diez minutos ya estoy más que lista.

«¡Se supone que hoy no debería ir!»

Hoy viene la tía Susy y para ser honesta no la soportamos ni un poco. Ella es ese tipo de persona que, sin duda, querrás tener lejos y, es por eso, que no dude en salir de casa. Mi madre tendrá que lidiar con esto sola.

Pero aún así... ¿Por qué justo tenía que venir hoy? Si no fuera por ella me habría quedado en casa todo el día.

Bajo corriendo las escaleras y mi madre toma las llaves de su auto para llevarme a la universidad.

Es raro que no me obligue a quedarme en casa a soportar a la tía Susy junto con ella. En fin, creo que debo ya aprender a manejar para no depender tanto de ella.

¡Joder, que ya tengo 19 años!

Tras veinte minutos de viaje al fin llegamos a la universidad Massey; una de las mejores universidades de Nueva zelanda.

Es un campus es lo suficientemente grande como para complacernos como estudiantes. Cuenta con las especialidades de diseño pionero, ciencias e ingenierías.

El campus esta dividido por áreas verdes llenas de árboles y pasto, que para nada favorecen el frío clima de la ciudad. Como es bien sabido en Wellington siempre hace un frío viento que gira como espiral a la luz del sol.

Mi madre me deja a un costado de la cafetería que es en donde me encuentro con Cristina, mi mejor amiga. Conozco a Cristina desde la secundaria, lamentablemente ella estudia ciencias naturales mientras que yo estoy en diseño gráfico. Ambas estamos en tercer semestre y para mí suerte, nuestras especialidades son vecinas, así que podemos comer juntas después de todo.

La cafetería principal está en el centro del campus: sus puertas son de cristal y los muros de tabique carmesí adornados con amplias ventanas que permiten apreciar las áreas verdes. Cuenta con cinco mesas al aire libre que es donde mi amiga y yo solemos almorzar.

Hay dos cafeterías más a las orillas de este, pero más pequeñas y no tan importantes.

-Que cara te cargas, Elizabeth - dice con una pequeña carcajada - Se supone que hoy no debías venir.

-Se supone - suspiro, derrotada - Mi madre me ha obligado a venir.

-Y, sin más, ¿la obedeciste?

- Hoy viene la tía Susy - hago una mueca de desagrado.

-Eso explica tu presencia aquí - revisa la pantalla de su celular - Ya casi son las nueve, date prisa a desayunar o no llegaras a tu clase.

Ordene una malteada de chocolate junto con un Cóctel de frutas. Mi amiga optó por un café americano que acompaña con un pan de nata.

Bien, vamos por partes:

El profesor Tomás se encarga de impartir la materia de diseño digital y él tiene esa mala costumbre de formar parejas para trabajar el resto del semestre en su clase.

El año pasado me las arregle para faltar esos días. ¿Por qué? Bueno, no soy una persona muy sociable, y el hecho de entablar conversación con otras personas que no sean Cristina, me resulta sumamente difícil.

Siempre he intentado ser la chica que se sienta al fondo de la clase para no llamar la atención en lo absoluto. No tengo amigos en el aula y no quiero tenerlos. Siempre he pensado que entre más personas entren en tu vida, más influencia tendrán sobre ti y es por ello que es muchísimo más fácil salir herida.

Así que simplemente falto ese día y al día siguiente ya no hay personas disponibles, por lo cual consigo trabajar sola.

- Necesito alejarme de la clase del profesor Tomás - digo mirando a Cristina directo a los ojos en espera de una solución rápida, pero su respuesta es toda una sorpresa para mí:

-Debes entrar.

-¡Jamás! - protesto - Si no quieres quedarte conmigo buscaré algo que hacer hasta que termine su clase.

-Elizabeth, no pasará nada malo. Solo es un trabajo, no exageres.

-Esa idea no me agrada. Tú sabes bien que no se me da socializar.

-Solo inténtalo por esta vez, no vas a huir siempre - se inclina hacia mí poniendo sus codos sobre la mesa para mirarme fijamente. - Sabes que tengo razón.

Yo sé que la tiene.

En el campo laboral básicamente todo es sobre interactuar con otras personas y tarde o temprano tendré que afrontar eso.

- Elizabeth - insiste - Si no funciona por alguna razón, la próxima vez no metes su clase y ya está.

Después de pensarlo por un momento, contesto:

- De acuerdo - suspiro - Pero si mi compañero resulta ser un completo idiota, tú te encargarás de hacer el trabajo por mí.

- Vale, vale. - se pone tensa de repente. - ¡Mierda, mira quién viene!

Cristina concentra toda su atención en una persona y la mirada se le transforma en un asco total. Es como si estuviera viendo algo desagradable y ya veo porque.

«Pamela Summer»

Ella es la archienemiga número uno de Cristina Torres y todo eso después de encontrarla en la cama de su novio... bueno, ex novio, Eric.

Pamela es hermosa, muy hermosa; de piernas largas, curvas bastantes pronunciadas que se marcan a través de su vestido color azul súper entallado que lleva puesto el día de hoy; sus pechos resaltan tras ese gran escote que muestra -me atrevería a decir que son operados, pero simplemente guardo mi opinión al respecto - Su cabello es largo y demasiado lacio para mi gusto; de el desprenden tonos castaños en la parte superior y mechas doradas que caen por la parte inferior y, luciendo todo aquello, están eso hermosos ojos color avellana debajo de sus finas cejas perfectas.

No era de extrañar que el ex novio de mi amiga cayera rendido a sus pies, sin embargo, Cristina también es muy bonita. Es alta, más alta que yo...

¡Todos son más altos que yo, joder!

A comparación de Pamela, ella es un poco más baja y de complexión delgada, pero eso no le impide tener un cuerpo de ensueño con semejante culo que se carga. Su cabello es rizado cobrizo y su perfecta nariz respingada junto con sus ojos color caramelo hacen de ella la combinación perfecta.

- Hola - saluda Pamela a Cristina con desagrado. Mi amiga no le es indiferente en absoluto - Solo vengo a invitarte a mi fiesta de cumpleaños este sábado.

- ¿Por qué debería ir? - le responde con repudio.

- Estoy invitando a media universidad, no te sientas especial - le contesta irritada.

Sus ojos se posan sobre mi.

-¿Tu eres?

He estado en las tres peleas más épicas que ha tenido con Cristina desde la preparatoria y, ¿no me recuerda?

-Olvídalo - resopla Cristina - Pierdes tu tiempo aquí.

-Te hice una pregunta, niña - insiste mirándome.

- Elizabeth - murmuro - Amiga de Cristina.

Me estudia de manera silenciosa de pies a cabeza y estoy sumamente segura de que está criticando cada parte de mí.

A diferencia de Pamela y Cristina, no tengo el cuerpo soñado. Se que soy bonita de cierta manera, pero sexy definitivamente no soy. Y el tener una cara bonita en Wellington, no es relevante.

Mis piernas son cortas, tanto que apenas y rozo el metro sesenta; mi cabello es quebrado y negro en su totalidad que en contraste con mi piel pálida, parezco muerto. Suelo usar flequillo de lado para ocultar un poco mis cejas de Frida Kahlo; mis ojos son redondos y un poco grandes, casi del color de mi cabello que oculto tras unas gafas. En cuanto a mi cuerpo, soy sumamente delgada –mi madre ha llegado a pensar que soy anoréxica, para nada ese es el caso – Soy pecho plano y lo único que me alivia es saber que tengo un bonito trasero, o al menos, así lo creo yo.

-Tú también puedes venir. - dice en tono jocoso.

¿Qué diablos le divierte tanto?

Después de decir aquello se va moviendo el trasero de una forma bastante exagerada provocando que suelte una ruidosa carcajada.

- Cristina... - la miro, pero ella parece pensativa , así que insisto - ¡Cristina!

- ¿Qué? - responde al salir de su trance.

- Iré a la clase del profesor Tomás y tendré un nuevo compañero de equipo - suspiro agobiada por lo que acabo de decir - Así que tú vas a demostrarle a Pamela que no te afecta en absoluto su presencia ni la de Eric, ¿de acuerdo?

- Espero te toque con un chico sexy y te lo ligues.

-¡Oye! - me quejo y ella se ríe.

- Es broma y suerte.

Se levanta para ir directo a su clase de las nueve al igual que yo. Siempre llegamos media hora antes para platicar un poco cuando entramos tarde.

Entro al salón y voy directo a mi asiento sin mirar a los alrededores. No saludo a nadie y nadie me saluda a mi, es algo normal.

En cuando saco los libros de mi mochila el profesor Tomás entra con esa sonrisa descarada de arruinarnos el semestre.

Es más fácil para nosotros escoger a nuestra pareja de trabajo, así nadie me elegiría a mí y yo estaría más que feliz, pero él lo hace con el propósito de fastidiarnos.

- Bien chicos - dice mientras saca una pequeña caja de su maletín - Ya saben que día es hoy, así que en un papel escriban su nombre y colóquenlo dentro de esta caja.

Arranco un pedazo de hoja y coloco mi nombre en el "Elizabeth ". Lindo nombre al cual no le hago mucha justicia que digamos.

Coloco el papel en la pequeña caja que van pasando de asiento en asiento.

Mi rostro demuestra demasiado disgusto. ¿Me pregunto cuál de todos ellos será mi compañero? Espero sea Loaiza, se ve muy adorable. O puede ser Alfred; es lindo y muy inteligente. Bien podría tener buena vista mientras estudio.

El profesor comienza a mencionar a las parejas y cada vez que saca un papel se me acelera el corazón por los deseos que siento de escuchar mi nombre. Hasta que....

- Elizabeth Morrison... - saca mi papel.

Impaciente por escuchar el nombre de mi compañero entrelazo los dedos de mis manos sobre la mesa de mi asiento y lo observo fijamente.

- Estará con... - se queda en silencio por un momento mirando el papel entre serio y divertido.

¿Por qué se queda callado? ¡Dígalo ya!

- Samuel Anderson.

¿Qué?... ¿Escuché bien? Dijo Sam... Samuel Anderson.

Esto debe de ser una broma. De todos los que podían tocarme, ¿por qué justo tenía que ser él?

Miro hacia su asiento, él se encuentra recargado sobre la mesa de la butaca mirando fijamente por la ventana como si no estuviera prestando ni la más mínima atención a la clase. Todos me miran de forma burlona y yo se la razón de eso.

¡En qué lío me acabo de meter! ¡Te odio tía Susy!

Samuel Anderson no es mi tipo favorito...

Él está repitiendo esta materia, pues es de séptimo semestre y yo solo soy de tercer semestre. El semestre pasado también tomo una clase con nosotros y jamás, pero jamás he cruzado una palabra con él, ni siquiera un "Hola".

Sin embargo, lo conozco muy bien. Es decir, su fama habla por él mismo.

Es conocido por ser todo un Donjuán. Las chicas están locas por él y no las culpo, es bastante atractivo; es alto y si no me equivoco le tira al metro ochenta y siete.

«Soy una hormiga a su lado»

Su piel es blanca, pero sin llegar a lucir pálido, pues tiene tonos rosados alrededor de su rostro que le dan vida; su cabello es negro y casi siempre lo lleva ligeramente despeinado.

Hoy lleva puesta una playera negra que se ajusta perfectamente a sus bíceps bien definidos. Sus brazos están llenos de pequeños tatuajes y puedo apostar que tiene varios en todo su cuerpo.

«No es que me lo imaginé desnudo ni nada por el estilo»

Algunos le sobresalen por la parte inferior de las mangas de su playera y otros por la parte superior de su espalda por debajo de su despeinado cabello negro.

Y sus ojos, joder...

Esos ojos que hacen suspirar a cualquiera. No sé exactamente de qué color son, pues varían entre verdes con destellos café o cafés con destellos verde. Y las pestañas jodidamente largas que se carga los hacen resaltar mucho más.

Bienvenido a mi vida, Samuel Anderson.

Capítulo 3 SAMUEL ANDERSON

Sam siempre fue muy popular con las chicas y no les miento: en cuanto lo vi, quede encantada por él. Es sumamente guapo y sexy que, sin duda, si me llegarán a preguntar cómo describiría a mi chico perfecto...

Lo elegiría a él.

Cristina me ha contado que la mitad de las chicas de su salón han terminado en media clase llorando por él y peleándose entre sí, por él.

Menuda estupidez, lo sé.

En mi salón solo unas cuantas han sufrido la desdicha de ser su juguete y eso no es un secreto:

Samuel Anderson, juega con las mujeres de esta universidad.

Al final de la clase decido acercarme a él para así poder intentar ponerme de acuerdo sobre el proyecto, el cual vale ochenta por ciento. Puedo ser antisocial, pero jamás pondría en juego mis excelentes notas.

Suspiro agarrando todo el valor posible que puedo y me acerco a su asiento. Él aún no se ha levantado y tampoco ha dejado de ver a través de la ventana desde que inició la clase.

«¿Que estará pensando?», solo puedo pensar.

-Hola - lo saludo. Mi voz suena algo temblorosa, pero lo ignoro y espero por su respuesta.

-Hola - me responde sin dejar de mirar por aquella ventana.

- Sobre el proyecto... - continúo sin poder dejar de mirar uno de sus tatuajes que llama mi atención.

No se que es exactamente y eso me intriga, parece un tipo de pájaro o insecto. No estoy muy segura.

-Supongo que tú serás mi compañera - se gira para mirarme directamente a los ojos.

No puedo evitar estremecerme.

Ya sabía que sus ojos eran preciosos, pero tenerlos tan de cerca...

«Dios»

Su mirada es fría y sombría, lo cual de cierta manera me atemorizó de pies a cabeza. Sin embargo, y por el lado contradictorio; sus labios mostraron una hermosa sonrisa.

Inclina la cabeza a un lado y me estudia silenciosamente.

-S... si - titubeo.

Mierda, me puso nerviosa con tan solo una mirada. No, no sólo es la mirada. También es su gruesa y sumamente varonil voz, provocando que se me dobleguen las piernas.

- Lo siento - sonríe pícaro mientras se levanta.

Joder es muy alto. Doy un paso hacia atrás cuando lo siento muy cerca.

Entro en mí de nuevo cuando me pregunta:

-¿Cuál dices que es tu nombre?

- Elizabeth - respondo con rapidez. - Elizabeth Morrison.

-Bien, Elizabeth - suspira inclinándose hacia mi - La cosa está así: tú trabajas y yo te doy algún tipo de recompensa por ello, ¿Qué dices?

-¿Perdona? - pregunto confusa. No entiendo que quiere decir y él parece darse cuenta de ello.

-No suelo repetir con la misma chica y tampoco me hago responsable de ellas después de hacerlo. - me barre con la mirada- Piénsalo.

Como acto final, me regala un guiñe de ojo para después salir del salón antes de que yo pudiese protestar.

Espera, él no querrá decir ....

¡Mierda!

###

- ¡¡Debes de estar de broma!!

Ya me esperaba lo sorprendida que estaría Cristina cuando le contara quien era mi nuevo compañero de proyecto. Ella sabe mucho más de Sam que yo. El semestre pasado casi se desmaya cuando se enteró que estaba en mi clase.

-¿Quiénes son las chicas con las que ha trabajado? - me pregunta analizando todo lo que le acabo de contar.

- Creo es Tamara en el semestre anterior... solo ella - me detengo a recordar algo más y lo consigo - Sara, en clase de Leopoldo también en el semestre pasado fue su compañera.

-¡Joder, Elizabeth! - grita sorprendida.

-¿Qué? - pregunto perpleja. Odio que no acabe sus frases - ¿Dime qué has descubierto?

-Tamara y Sara juraron vengarse de Sam. ¿Sabes lo que eso significa? - me mira con las cejas encarnadas.

-Pues no lo sé -respondo. Creo que puedo imaginarlo, pero aun así espero a que ella lo diga.

-¡Se las tiro a ambas! - grita - ¡Joder!

-No grites - intento callarla mientras miro alrededor cerciorándome de que nadie más nos haya escuchado.

-Elizabeth - me mira inquietante - Mientras tú haces sola todo el proyecto - hace una pausa - ¡Él te pagara follandote!

No me sorprende en lo absoluto, su reputación habla por si sola y seguramente esas dos chicas aceptaron su asquerosa propuesta.

-¿Que harás?

- Como puedes preguntar eso - me aclaro la garganta - No me acostaré con él, así que quédate tranquila.

Cristina suspira de alivio

- Menos mal - me toma por los hombros para mirarme fijamente - De verdad me preocuparía si pensarías en perder la virginidad con ese tipo.

-¡Cristina! - le grito con suavidad tras un gesto de desaprobación.

Le doy vueltas al asunto y todavía no sé cómo lo voy a hacer. Si cree que puede manejarme a su antojo se equivoca: Típica frase de la chica empoderada, lo sé.

La tía Susy se marchó hace más de media hora, así que solo alcancé a saludarla para enseguida subir a mi habitación.

Todo esto es su culpa.

Tengo tres alternativas para manejar está situación...

1. Hacer el trabajo yo sola y agregarlo sin pedirle nada a cambio. Eso me ahorraría todas las molestia.

2. Obligarlo a trabajar como se debe. Podría ser...

3. Hacer el trabajo yo sola y aceptar su forma de pago...

¿Cómo siquiera me atrevo a pensar en eso?

¡Dios! «Reacciona, Elizabeth»

Creo que optaré por la opción número uno, total, ya estoy acostumbrada a trabajar sola.

Me encuentro sentada en mi cama mientras bebo una malteada de fresa e investigo un poco sobre el proyecto del profesor Thomas, sin embargo, no tardo mucho en perder la concentración en cuanto mi teléfono suena.

Es Cristina.

-: ¿Qué pasa? - pregunto.

-: Mañana no tengo clases y estuve pensando... - suspirar para luego continuar fingiendo emoción. - Vamos de compras cundo salgas de las tuyas.

-: ¿De compras? -suelto desconcertante por la invitación - ¿Por qué?

Yo no soy de compras y Cristina lo sabe.

-: El sábado será la fiesta de Pamela y Eric estará ahí - me explica, triste - Tenemos que ir.

-: Oye no tienes...

Soy interrumpida.

-: Si tengo, Eli - protesta - Debo demostrarles que ya no me importa y que mejor manera de ir a esa dichosa fiesta.

-: Eso lo entiendo, pero ¿por qué debería ir yo? Sabes que no me gustan las fiestas.

-: ¡Hazlo por mí, por fa! - súplica -Sabes que no haré esto sin ti. Eres mi mejor amiga, te necesito.

Suspiro, lo medito y respondo con resignación:

-: Bien.

Deja escapar un pequeño grito ensordecedor por unos segundos.

-: Perfecto, paso por ti a las tres de la tarde.

Pero... ¿Qué demonios estoy haciendo?

***

El día siguiente salgo directamente de clases y busco a Cristina en el aparcamiento. Cuando la veo en su KIA color amarillo me acerco e inmediatamente abro la puerta del copiloto para saludarla con una pequeña sonrisa. Vamos rumbo Luciana, una pequeña localidad comercial.

«Tres, cuatro... Seis»

Seis tiendas hemos recorrido y ningún vestido parece ser lo suficientemente bueno para Ella.

- El morado - le digo molesta.

-Demasiado virginal para mí gusto, Eli - réplica -Si quieres úsalo tú.

¡Olé!

-Yo no voy a usar vestido, el viento no ayuda en absoluto. Bueno, pero eso ya lo sabes - le contesto cansada - Llevamos aquí tres horas y debo volver a casa a las siete, ¿recuerdas?

Parece que no me escucha y cuando menos lo deslumbro, ya la veo correr hacia la tienda que esta frente a nosotras.

Dios, estoy tan cansada; está es la razón principal por la que odio ir de compras.

-¡Lo encontré! -grita mientras me acerco a ella - ¡Lo compraré!

Es bastante mono, a decir verdad. Azul marino de dos tirantes y el torso tiene forma de corazón con un escote que seguro la favorecerá; es de un largo un poco más arriba de las rodillas. Entallado a más no poder, pero eso no es problema, estoy segura que resaltará más su trasero y vaya que esa es su intención.

Esta en todo su derecho. Va a ver a su ex después de todo.

###

El sábado por la tarde al fin llega y Cristina no ha de tardar en llegar por mí.

Llevo puestos unos vaquero no tan rotos y una blusa blanca que se entalla a mi cuerpo para nada llamativo. Me combino con mis converse negros favoritos; recojo mi cabello en una coleta alta para no batallar por estar acomodándomelo a cada rato y mi flequillo lo peino hacia un lado. En cuanto al maquillaje: me rizo las pestañas y coloco un poco de labial color vino algo discreto acompañado de un rubor ligeramente rosado en las mejillas para así evitar que mi piel se vea muy pálida.

Bajo las escaleras cuando Cristina toca el claxon y enseguida entro al carro soltando un bufido de admiración.

«¡Madre mía!»

Pero que mujerón está sentada a mi lado. Se ve preciosa y sin duda, ese vestido es perfecto para ella.

- ¡Hey! Deja de verme así - sonríe - No me gustan las mujeres, Elizabeth.

- Eres muy hermosa, Cristina - le digo con toda sinceridad - No dejes que ese imbécil te arruine la noche.

- Ya lo sé - responde y da marcha para irnos.

La casa de Pamela es de dos pisos cubierta por cantera blanca en su totalidad y vislumbra más debido a que el jardín está adornado con luces doradas. La música se escucha a una cuadra de distancia, cabe aclarar.

Cristina se estaciona a un costado del buzón de correos y nos bajamos mirándonos la una a la otra con cierta inquietud.

Al entrar nos topamos con demasiada gente a plena vista y apuesto a que Pamela no conoce ni a la mitad de ellos. Miro por todos lados buscando a Eric, pero no consigo verlo, sin embargo y para mí sorpresa, lo veo a él...

¡Samuel Anderson!

Esta noche parece que se va a poner algo interesante y no para Cristina precisamente.

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