Sintió los brazos del castaño rodeando su cintura en un intento de acercarse más a ella, necesitaba su cercanía más que nada en ese momento. Se inclinó hasta quedar a la altura del cuello de la chica, donde depositó sus labios seductoramente, obteniendo como respuesta algunos tímidos jadeos. Sonrió mientras acariciaba su cuerpo debajo de la ropa.
-Steve - susurró ella tratando de alejarlo - No creo que sea buena idea.
-Te necesito, linda - respondió en voz baja para dirigir su mirada hacia ella - Te necesito más que nunca, por favor, ayúdame a sentirme mejor.
-Pero...
-Ella no me quiere, Reagan, ya lo dejó muy en claro, y fui un idiota al olvidar nuestra salida por intentar arreglar las cosas con Nancy. Tú eres la única que en verdad me quiere - susurró antes de besar sus labios.
-No creo que sea correcto, ¿y si se amistan? Ustedes siempre vuelven, Steve, no podemos seguir haciendo esto - no sé si lo pueda resistir una vez más, pensó cansada de escuchar las viejas promesas del castaño.
-Te juro que esta vez es definitivo. Ayúdame a olvidarla, Reagan. Quiero enamorarme de ti, lo digo en serio.
Mentiroso. Steve Montgomery no era más que un maldito mentiroso. Todo a su alrededor se detuvo en cuanto se cruzó con la imagen más desagradable y dolorosa que podía apreciar: su mejor amigo sorprendió a Kate White cargándola mientras ella guardaba sus libros en su casillero. Y eso no fue lo peor. Ella sonrió y lo besó apasionadamente en los labios.
Reagan sintió cómo su corazón se hacía cada vez más pequeño, a la vez que batallaba contra las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos en cualquier momento sin aviso previo. Las voces de sus compañeros alrededor parecían lejanas, mientras todo se veía borroso.
Una vez más había confiado en Steve, y éste la había traicionado nuevamente.
Al mismo tiempo Grace Perkins hablaba muy emocionada sobre un paseo que realizó con sus padres a Nueva York el fin de semana, y pensó en la posibilidad de volver en otra oportunidad junto a su mejor amiga. El pequeño pueblo donde vivían no era nada comparado a la gran ciudad que ofrecía millones de oportunidades para las jóvenes chicas, sabía que a Reagan le encantaría... si tan sólo la escuchase.
Pero sus ojos estaban puestos en el maldito Steve Montgomery otra vez. Pensó en realizar un comentario sobre lo demostrativos que estaban él y Kate en los pasillos de clase, hasta que se percató del semblante de su amiga. No necesitó saber más para darse cuenta de lo que sucedía y adelantándose a lo que era evidente que pasaría tomó su mano para guiarla hasta el baño de chicas, el cual afortunadamente estaba vacío por el inicio de clases.
-Grace, ya sonó la campana, debemos ir a historia - le dijo Reagan tratando de pensar en algo más que su corazón roto.
-La historia ya está escrita, no es como si vaya a cambiar algo por nuestra ausencia - respondió encogiéndose de hombros - ¿me vas a decir por qué estás así? - le preguntó directamente a su amiga, quien desvió la vista - Reagan... ¿Otra vez? - se quejó - ¿Hace cuánto tiempo?
-Dos días - susurró en respuesta.
-Joder - masculló la rubia negando con su cabeza - Voy a matarlo, en serio lo haré. No entiendo por qué le sigues creyendo, Reagan, cada vez que tiene un problema con Kate o terminan te busca, te ilusiona, te da esperanzas y después vuelve con ella.
-Eso ya lo sé, Grace ¿cómo crees que me siento? Pensé que esta vez sería diferente. En serio creí que me iba a mirar con otros ojos - admitió avergonzada sintiendo sus ojos cada vez más pesados - Ni siquiera yo misma sé por qué mierda sigo a su lado esperando una maldita oportunidad.
-Oh cariño...
-Sé que jamás podré competir contra Kate, pero daría todo lo que tengo porque Steve me mirase como la mira a ella una vez en la vida. Es lo único que quiero - le contó a su amiga, Grace la rodeó con sus brazos mientras calmaba el llanto de la castaña - Ella no lo ama, ambos están estancados en una relación que no tiene pies ni cabeza.
-Probablemente tengas razón, pero no podemos hacer nada con ello, Reg, es un asunto que ellos deben resolver, y lo mejor es que te mantengas al margen, o saldrás más lastimada. Steve es un idiota que solamente te busca cuando se siente mal, no le importan tus sentimientos - Grace sabía que sus palabras eran duras, nadie quisiera escuchar algo así en su vida y menos de su mejor amiga, pero necesitaba que Reagan reaccione antes de que fuera demasiado tarde.
No era un escenario extraño para ella encontrar a su mejor amiga llorando por Steve Montgomery, mientras que él continúa con su vida como si nada más importase, como si no supiera el daño que le causaba a la que cínicamente, llamaba "mejor amiga".
Reagan estaba destrozada. Todo ese amor que sentía por Steve terminaría por matarla, y eso la asustaba, porque ella era consciente de que su mejor amigo jamás la consideraría siquiera como una oportunidad de reemplazo a Kate, pero ella vivía por la esperanza de algún día conseguirlo.
Solía pensar que Steve era su alma gemela, y ella era la chica que él necesitaba en su vida, alguien que lo amase incondicionalmente, sólo faltaba que el castaño se diera cuenta, y ella estaba dispuesta a esperarlo hasta que esté listo. Aunque cada vez la batalla era más dura. La indiferencia y cambios de actitud de Steve la mataban por dentro, aunque intentase aparentar estar bien.
Estaba cansada de ser un secreto, de esperar algo que muy posiblemente nunca sucediera, y limitarse a ser el premio consuelo de la persona por la que ella daría todo. ¿Le dolía? Por supuesto, pero más doloroso era pensar en una vida sin Steve. Se convencía una y otra vez de que todo estaría bien, y debía ayudar a su mejor amigo cuando se lo pedía, así ella terminase llorando en el baño por sentirse insuficiente.
Lo más triste de todo eran aquellos momentos de lucidez que Reagan tenía, en los que sabía perfectamente que Steve la estaba utilizando, que ese chico del cual estaba perdidamente enamorada se aprovechaba de los sentimientos que tenía hacia él para su provecho, en especial cuando Kate y él terminaban.
Lo peor de todo era que Reagan no podía alejarse de él, porque al menos en esos escasos momentos tenía su atención. Y un poco del amor de Steve era mejor que nada. Aquellos efímeros instantes donde tocaba su piel y buscaba contacto, donde rogaba por besar sus labios y le prometía que todo cambiaría eran el motivo de la existencia de Reagan. Aunque claro, sólo eran mentiras para obtener unos momentos de calentura y afecto.
A la mañana siguiente el castaño actuaba como si nada hubiese pasado, la dejaba en la escuela y eventualmente se alejaba de ella, hasta que, como un balde agua fría, demostraba públicamente su excesivo afecto hacia Kate, su novia, dejando más que claro que habían retomado su relación, haciéndole saber a Reagan que nuevamente la había utilizado.
-Nunca te enamores, Grace, duele como la mierda - le advirtió la castaña mientras secaba sus lágrimas con papel.
-El amor no tiene que doler, Reg, al menos no cuando te enamoras de la persona correcta - opinó brindándole una sonrisa comprensiva a su amiga - y Steve no es esa persona.
-¿Qué debo hacer entonces? - preguntó apoyando su cabeza en el hombro de la rubia, quien acarició cariñosamente su cabello.
-Primero que nada, dejar de llorar y recoger la poca dignidad que te queda, necesitaremos un par de palas para buscarla en caso todavía exista - bromeó obteniendo un ligero golpe en el hombro como respuesta - Hablando en serio, tienes que alejarte de Steve, nos sentaremos en otra mesa durante el almuerzo, no responderás sus llamadas ni lo buscarás con la mirada.
-¿Y si él se acerca? - le preguntó.
Nunca se acerca, y menos cuando Kate está cerca, pensó la rubia, pero se limitó a acomodar el cabello de su mejor amiga detrás de la oreja.
-Si se acerca también lo ignoras - Grace la tomó de los hombros para llamar su atención - Reagan, prométeme que será la última vez que permites que ese idiota juegue así contigo. No importa si termina con ella o te jura amor eterno, Steve Montgomery no existe para ti desde este momento.
-Lo prometo - aseguró Reagan, aunque ambas chicas sabían que era una gran mentira, sin embargo, ninguna pudo percatarse del inicio del caos que se asomaba, aquella aparente intranquila mañana sería un paraíso a comparación del resto del año, especialmente para Reagan.
Durante el resto de la semana Grace procuró no dejar sola a Reagan ni siquiera un instante, como una forma de apoyarla en su misión de olvidar a Steve Montgomery, aunque en verdad no era un objetivo tan difícil, especialmente porque el nombrado ignoraba su presencia cada vez que se cruzaban en los pasillos o si su mirada se posaba en ella.
En el fondo, Steve se sentía avergonzado por lo sucedido, nuevamente se dejó llevar por el temor a la soledad y se aprovechó de Reagan, no era tonto, y desde hace algunos años se dio cuenta de la manera en la que la chica lo miraba, sabía que estaba enamorada de él, pero por más que quisiera no podía corresponder a sus sentimientos, su corazón le pertenecía a Kate White, quien esperaba que algún día se convierta en su esposa y madre de sus hijos.
Pero Reagan, joder, Reagan también era especial, sí la quería, eran amigos desde hace mucho y era una chica linda, claro que sí, sin embargo, él no podía amarla de la misma manera en que amaba a Kate, ni era capaz de visualizar un futuro junto a ella.
Muchas veces Steve pensaba que era un miserable por jugar con quien llamaba mejor amiga, y lo mejor sería tomar distancia, así podría aprovechar del tiempo con su novia sin sus celos sin sentido por Reagan.
-Otra vez - la voz de Kate llamó su atención - la estás mirando otra vez - le tomó unos segundos volver a la realidad, sin darse cuenta su mirada estaba fija en la mesa donde se sentaron Reagan y Grace en el almuerzo - si tanto la extrañas mejor anda a saludarla.
-¿En serio estás celosa de Reagan? - preguntó Steve acariciando la mano de su novia - Kate, cariño, eres la única chica que existe para mí, cielo, no tienes porqué sentirte celosa, y menos de Reagan.
-¿Cómo no hacerlo? Se conocen desde hace años, sabe todo sobre ti, va a tu casa, pasas tiempo con ella, además, no es fea - admitió la chica de cabello rizado levemente sonrojada.
-No, no lo es, pero tampoco es mi tipo, si te hace sentir mejor, a Reagan le gusta alguien más - mintió con una punzada en el pecho, creyendo que era una opción segura para calmar las inseguridades de su novia rápidamente.
-¿En serio? ¿Quién le gusta? - se interesó.
Kate no era tonta, se había percatado en más de una ocasión de la extraña forma en que ambos se miraban, estaba segura de que Reagan tenía un enamoramiento secreto por Steve, y honestamente no le preocupaba, su novio era un chico atractivo y atento, lo que le consternó eran aquellas miradas que el castaño le dedicaba a la chica cuando ella no se daba cuenta.
-No ha querido contarme, y tampoco he insistido, supongo que quiere algo de privacidad - Steve no tenía idea de en qué momento se había convertido en un mentiroso.
Sintió una ligera tranquilidad cuando vio una sonrisa en el rostro de Kate.
-Creo saber por qué no te lo quiso decir - dijo con una risita burlona indicando a Steve que mire detrás suyo. Y todo rastro de tranquilidad abandonó su rostro al igual que su sonrisa tras presenciar una escena que jamás imaginó: William Preston coqueteaba descaradamente con Reagan.
Steve tuvo unas irremediables ganas de aventar todo al suelo y acercarse a Preston para partirle la cara ¿cómo se atrevía ese idiota a acercarse de esa manera a Reagan? Era su Reagan, nadie tenía derecho a coquetearle o intentar tener algo con ella... Se detuvo en medio de ese pensamiento... Él no era capaz de imaginar una vida sentimental con Reagan, pero tampoco le gustaba que un chico como William se le acercara.
Lo único claro en ese momento es que tenía que irse antes de hacer alguna estupidez.
Por otro lado, en el comedor, Reagan se sentó junto a Grace y sus amigos de la banda, no había tenido oportunidad de tratarlos en más de un par de conversaciones casuales, y se arrepentía de no hablar más a menudo con ellos, eran realmente personas muy agradables, en especial Maia, la castaña tampoco sabía que esa chica era tan cercana a su mejor amiga, quizá podían integrar a su grupo, Reagan pensó en invitarla a una pijamada cuando se percató de la presencia de William Preston en su mesa.
Era extraño, especialmente porque el rubio era uno de los chicos más populares de la escuela, pese a ser relativamente un estudiante nuevo, jugaba baloncesto con Steve, y no había conversado nunca con él, Steve no se sentía cómo con la presencia del chico, y ella lo apoyaba ciegamente en todo, lo cual ahora le parecía algo tonto.
-Disculpa Reagan, se te cayó este papel - le informó el rubio entregando un pequeño pedazo de papel perfectamente cortado.
-No es mío - negó la castaña ladeando su cabeza confundida.
-¿Segura? Porque creo que tiene tu nombre - insistió con una sonrisa coqueta, Reagan no estaba acostumbrada a obtener ese tipo de atención por parte de los chicos, y menos de uno tan atractivo como William, era imposible no corresponder a aquella sonrisa.
-¿Y qué hay en ese papel? - preguntó sin dejar de sonreír, William en respuesta pasó rápidamente la lengua a sus labios para humedecerlos antes de hablar, y Reagan sintió que sus piernas fallaban ante ese gesto.
-Un espacio para que pongas tu número - dijo directamente y Reagan se vio en la obligación de apretar la mano de Grace, quien estaba a su lado atenta a la conversación de su amiga, y le devolvió el apretón evidentemente sorprendida - podríamos ir al cine, a tomar un café, no lo sé, lo que tú quieras.
¿Por qué yo? se preguntó inconscientemente, y de pronto todo rastro de emoción abandonó su rostro. Tras todo lo vivido con Steve tenía miedo de que ningún chico la tome en serio, o que la historia vuelva a repetirse, aunque otra parte la alentaba a seguir adelante, y recordó las palabras de Grace "la persona indicada llegará en el momento menos imaginado".
-Depende - se animó a decirle Reagan alzando una ceja. William la miró con curiosidad.
-¿De qué depende?
-De si en verdad me vas a llamar - respondió devolviendo el coqueteo, el rubio sonrió con más ganas al obtener aquella respuesta.
-Sólo un idiota dejaría ir a una chica tan linda como tú - le guiñó un ojo antes de entregarle un bolígrafo para que Reagan apunte su número. La campana sonó informando que la hora del almuerzo había terminado y era hora que volvieran a clases - Nos vemos después, Reagan.
-¿Qué fue eso? - Grace apretó su brazo con emoción - Mi mamá tenía razón "Dios quita, pero también da".
-Eres una tonta - se burló la castaña.
-Oh vamos Reg, tú también lo pensaste, nadie sabe, tal vez mister California te ayude a olvidar a don idiota - dijo caminando más apurada - tengo clase de geografía, ¿nos vemos a la salida?
-Sí, te esperaré, jamás me perdería el pastel de carne de tu madre - anunció como despedida. Se dispuso a deambular por los pasillos hasta que terminen las clases de Grace para irse juntas, cuando de pronto unos brazos la jalaron hacia el cuarto del conserje - ¿Qué mierda, Steve? - se quejó tratando de recuperarse del susto.
-Eso mismo me pregunto yo, ¿qué mierda hacías con ese idiota, Reagan? - preguntó evidentemente enojado, provocando una risa sin gracia en la chica.
-No eres nadie para preguntarme eso, mucho menos después de todo lo que pasó - le reclamó e intentó salir, pero fue detenida por el castaño, quien la tomó de los brazos para empujarla contra la pared- Suéltame o voy a gritar.
-Me gusta cuando gritas, en especial si es mi nombre - susurró rozando sus labios con los de la chica, quien poco a poco dejó de quejarse - ¿Por qué hablabas con Preston? ¿Qué quería ese idiota contigo?
-No te importa - respondió ella en voz baja debido a la cercanía - Ahora déjame salir de una maldita vez.
-¿Por qué le devolviste el coqueteo? ¿Acaso te gusta? - insistió - ¿Piensas salir con él?
-Y si lo hiciera ¿qué tendría de malo? - lo retó - Ambos estamos solteros, en cambió tú... Mejor suéltame antes de que alguien nos vea así y malinterpreten esto.
-¿Te gusta más que yo? - preguntó mientras esparcía cortos besos húmedos en el cuello de la castaña, y acariciaba sus piernas por encima de la falda que traía - Dios, cómo me pone cuando usas esta falda - susurró en su oído antes de continuar atendiendo su cuello.
-Steve - gimoteó Reagan tratando de alejarlo - Kate...
-Ella no me importa - dijo despreocupado tratando de desabrochar la blusa de la castaña - Voy a terminar con ella ahora, porque no quiero que nadie se te vuelva a acercar más, tú sólo eres mía - masculló apretando la cintura de la chica - nadie te hará sentir como yo.
-Pero Steve, ahora no... mierda - jadeó al sentir la erección del chico presionada sobre sus bragas.
-Mira cómo me pones, Reagan, sólo tú puedes ponerme así y sólo yo puedo estar contigo, no Preston, ni nadie más, sólo yo - ordenó antes de alzar una de sus piernas para embestirla sin previo aviso - Dilo. Sólo yo.
-Sólo tú, Steve, sólo tú.
El castaño cayó los gemidos de Reagan en besos húmedos mientras las embestidas eran cada vez más veloces, creó un ritmo rápido y despreocupado, donde sólo importaban sus cuerpos y obtener aquella liberación que tanto anhelaba, no les tomó mucho tiempo hacerlo. Unos segundos después de su orgasmo Steve sonrió complacido mientras esparcía besos por todo el rostro de Reagan.
Ella por su parte estaba confundida, ¿qué demonios acababa de suceder? ¿Era posible que la escena de William haya influenciado en Steve? Quizá era el empujón que necesitaba para enfrentar sus sentimientos, y ella no le resultaba tan indiferente después de todo.
O tal vez...
-Steve - llamó su atención mientras se acomodaba la ropa - lo que dijiste ¿era en serio? ¿terminarás con ella? - preguntó y una sola mirada del chico le bastó para obtener la respuesta, otra vez había actuado como una estúpida, enojada y sintiéndose totalmente usada abofeteó con fuerza al castaño - Eres un imbécil. No vuelvas a buscarme o te juro que le contaré todo a Kate.
Reagan salió de la habitación del conserje rápidamente para dirigirse hacia la salida, buscaría alguna excusa para Grace porque no podía esperarla, en lo único que pensaba era en ir a casa, pero Steve parecía tener planes distintos al salir tras ella y tomarla del brazo en el estacionamiento.
-Te dije que me dejes en paz - advirtió ella elevando la voz.
-Reagan, por favor, tenemos que hablar, necesito que me escuches y me entiendas.
-¿Qué hay de mí, Steve? ¿Quién me entiende a mí? Nadie, porque tú nunca lo has hecho.
-Reg, eres mi mejor amiga, por favor hablemos - pidió.
-No te atrevas a llamarme así, yo no soy tu amiga, Steve, sólo soy la idiota a la que acudes cuando necesitas algo y tienes miedo de estar solo.
-Eso no es cierto.
-Vete al diablo - sentenció ella dispuesta a caminar, pero Steve la detuvo del brazo.
-No, no te irás hasta que hablemos. No puedo perderte.
-Adivina, idiota, lo acabas de hacer.
-Reagan.
-¡Hey! Ella te ha pedido que la sueltes - de una furgoneta vieja salió un chico un poco mayor que Reagan, y más alto que ella. Su cabello era rizado y oscuro, acompañados de unos grandes ojos café, Steve detuvo su mirada y bufó al verlo.
-Busca algo en qué entretenerte, Moore, no te metas en asuntos que no te incumben.
-Reagan quiere que la sueltes, vamos Montgomery ¿dónde quedaron tus modales? - intervino el chico acercándose, Steve bufó antes de soltar el brazo de la castaña e ingresar nuevamente a la escuela - ¿Estás bien? - la castaña asintió, aunque el rizado no parecía conforme con su respuesta, sin querer había presenciado todo, incluso lo ocurrido en la habitación del conserje, aunque no diría nada - ¿Te hizo algo?
-Estoy bien Moore, gracias - dijo tratando de que no notase la tristeza en su rostro, pero era prácticamente imposible. Él la conocía bien pese a no ser cercanos.
-Soy Edward, ¿puedo hacer algo más por ti? - ofreció inesperadamente, no era el tipo de persona atenta con todo el mundo, especialmente con sus compañeros de aula, pero él entendía lo que la chica estaba pasando.
-¿Podrías llevarme a casa? - le pidió y el chico le brindó una pequeña sonrisa, era apenas un mínimo acto de amabilidad, pero en aquel momento, significó mucho para Reagan.
El camino fue acompañado únicamente del estéreo del joven de cabello rizado, y es que, pese a vivir en el mismo recinto de remolques, Edward y Reagan nunca habían cruzado más que un saludo a la distancia en alguna oportunidad que ninguno lograba recordar, mientras el chico parecía concentrado en el camino, la castaña se limitó a ver el paisaje tratando de pensar en algo más que en Steve.
Solía consolarse con la absurda idea que algún día Steve se daría cuenta de que su relación con Kate White no lo llevaría a ningún lado y era mejor que ambos vayan por caminos separados hasta encontrar su felicidad, y él la buscaría tras darse cuenta de que nadie podría amarlo como ella.
Qué tonta fue al creer que un chico como Steve Montgomery se fijaría en alguien como ella. Frenchy, la chica de Grease tenía razón cuando dijo que todos los hombres eran ratas. Pero en un mundo de Frenchy 's ella era una Sandy, devotamente enamorada de un Danny que no era capaz de verla de la misma manera.
Piensa en algo más, se dijo a sí misma. De pronto se concentró en la canción que sonaba en el estéreo de Edward, la melodía le era muy familiar...
-¿Qué canción es? Creo haberla escuchado antes - le preguntó, el joven dejó de ver la carretera por unos segundos para dirigir su mirada hacia ella, era la primera interacción real que tenía con Reagan, y extrañamente era sobre música.
-Paranoid de Black Sabbath - respondió volviendo a concentrarse en la carretera.
-¡Tú! - exclamó un poco más alto de lo que quería, sobresaltando al rizado - Lo siento, quiero decir que tú tocas esa canción en las noches ¿cierto? Es esta canción.
-No sabía que tenía público - comentó burlón, aunque una parte de él se emocionó de que Reagan pudiera reconocer a su banda favorita por él - al menos tú no te quejas como la señora Jenkis.
-Joder, la señora Jenkis se queja de todo - bufó la castaña obteniendo una risa del mayor - Debería agradecer que tenemos música en vivo a las dos de la mañana.
-¿Qué haces despierta a las dos de la mañana? - le preguntó con curiosidad.
-Lo mismo que tú.
-No sabía que también tocabas la guitarra, jamás te he escuchado ¿o es una imaginaria? - se burló, aunque decidió dejar el tema atrás, sabía que la vida de Reagan era un tanto complicada, y no deseaba incomodarla con preguntas personales.
El resto del camino fue acompañado de algunas conversaciones casuales entre ambos, y al llegar al recinto Reagan agradeció una vez más a Edward por haberla traído a casa. Para sorpresa de la chica, su madre se encontraba en casa, aunque claro, era demasiado perfecto para ser real. Apretó con fuerza sus labios al percatarse de la botella de vodka vacía sobre la mesa.
Como una costumbre habitual buscó una manta para tapar a su madre y la acomodó en el sofá para que pudiese descansar. La mujer balbuceó algunas palabras que Reagan no entendió hasta que se quedó profundamente dormida. Y una vez más estaba sola. No podía contar con su madre como un apoyo emocional por el estado en el que se encontraba, tampoco quería incomodar a Grace con sus problemas, y Steve... Él no era una opción.
El teléfono de su casa sonó y corrió para contestar antes de que su madre despierte.
-¿Hola?
-Hola, ¿esta es la casa de Reagan Lacefield? Soy William Preston, un amigo suyo - dijo la voz masculina, era extraño escucharlo sin pensar en sus sonrisas coquetas o miradas intensas.
-Soy yo, en verdad llamaste pronto.
-Sí, bueno... quería asegurarme de que no fuera un número falso y me preguntaba si tal vez te gustaría que mañana fuéramos por un café - ¿en serio uno de los chicos más atractivos de la escuela la estaba invitando a salir?
En alguna otra oportunidad Reagan se hubiera negado, principalmente por lo que Steve pudiese pensar, pero, aquella amarga combinación de soledad y despecho la animaba a dejar atrás todo lo relacionado a Montgomery, y para eso sabía lo que debía hacer.
-Claro, suena bien.
-¿En serio? ¡Perfecto! Entonces mañana paso por ti a las seis - al menos la llamada de William le trajo un poco de alegría antes de irse a cumplir con su turno laboral.
A unos metros de distancia Edward Moore buscaba cervezas en la nevera para él y su amigo Gareth, con quien pasaría el resto de la tarde. El rizado no era precisamente un chico popular en la escuela, por el contrario, era considerado como el bicho raro, no sólo en la preparatoria, sino en todo Montana, por lo que las personas solían alejarse de él y evitarlo.
Sin embargo, él no estaba solo, contaba con el apoyo de sus amigos y miembros de la banda que formó, con quienes pasaba sus ratos libres escuchando música, ensayando o también jugando D & D, un juego de roles que les gustaba.
-Dicen que a la hora de la salida Kate White y Steve Montgomery pelearon - le comentó su amigo bebiendo de la cerveza que le ofreció.
-¿Y qué tiene eso de interesante? Ellos viven peleando.
-Esta vez parecía algo más serio que una simple discusión, no lo sé, daba la impresión de que verdaderamente iban a terminar.
-¿Planeas conquistar a Montgomery o por qué tanto interés? - se burló Edd - Sigue sin importarme por qué me cuentas todo esto.
Gareth hizo señas hacia la ventana de la sala, apuntando hacia la casa de Reagan.
-¿Ella tiene algo que ver en eso? - inquirió y por alguna razón el cuerpo del chico se tensó sobre el sofá - Siempre está con Montgomery y ¿recuerdas esa noche que los vimos? Hasta donde yo sé, los amigos no se besan...
-Gareth, cállate, nosotros no vimos nada - masculló el rizado con el semblante serio.
Semanas atrás ambos jóvenes fueron con dirección a la roca calavera para fumar algo de hierba con tranquilidad, y se encontraron frente a una escena que los dejó sorprendidos: el novio perfecto Steve Montgomery tenía presionada contra la gran roca a su mejor amiga mientras la besaba con fervor. Decidieron no contarle a nadie lo que vieron porque no era un problema que los involucrase a ellos, pero Gareth lo recordaba en cada oportunidad que tenía, especialmente cuando presenciaba los espectáculos patéticos de Montgomery con su novia.
Edward no era tonto, si bien en la escuela tenía problemas para concentrarse, era muy bueno leyendo a las personas y sabía lo que sucedía entre Steve y Reagan cada vez que surgía algún problema con Kate, así como se percató del encuentro que tuvieron los jóvenes esta tarde en la habitación del conserje, pero no se lo contaría a nadie. Especialmente al pelirrojo que tenía frente a él.
-¿En qué momento te convertiste en una vieja chismosa, Gareth? - se quejó.
-Lo siento, me aburro en casa, no tengo novia, ni trabajo, ni nada por hacer. Enterarme sobre la vida de los demás es mi único pasatiempo por el momento.
-Bueno, Paul vendrá en cualquier momento, y él sí ha trabajado todo el día, por lo que estará cansado, así que mejor vete de una vez.
Paul era la única familia que Edd tenía, y a pesar de que sólo eran ellos dos, se sentía agradecido de contar con alguien que verdaderamente se preocupara de él y su bienestar. En especial porque no era su obligación directa, sin embargo, Edd no tuvo la suerte de contar con padres normales, o al menos unos responsables, por lo que su tío se dedicó a cuidarlo y protegerlo desde entonces. Paul no sólo le brindó un techo donde dormir y un plato con comida sobre la mesa, dentro de lo posible trataba de estar presente en la vida de Edward, se preocupaba por cómo le iba en la escuela y los amigos del chico. Paul era lo más cercano a un padre que tenía.
El hombre entró a la casa junto a un par de bolsas de comida china para la cena. Mientras los dos comían comentaban sobre cómo les había ido en el día y reían recordando algunas anécdotas, hasta que escucharon gritos de afuera y salieron a ver lo que sucedía: la señora Jenkins peleaba con Reagan.
-Eres una chica muy grosera - se quejó la anciana.
-Y usted es una maltratadora de animales - exclamó la castaña cargando a un gato naranja - No estaba haciendo nada malo como para que intentara golpearlo.
-¡Está en mi jardín!
-Es jardín de todos y sólo busca comida - replicó la chica bajando al animal - no tiene por qué lastimar a un ser inocente.
-Entonces hazte cargo de él - la retó la anciana.
-¡Lo haré! - gritó para cargar al gato y llevarlo a su casa - ¿Qué voy a hacer contigo? Al menos aquí no pasarás frío y estás más seguro que en la calle, nunca he tenido una mascota así que ten paciencia ¿sí? Veré en la cocina si tengo algo para ti.
¿Estoy hablando con un gato? Sí, eso parece.
-Eddie - lo llamó Paul para que volviera a la sala - En la mesa hay un paquete con algo de comida china que quedó, anda a casa de Reagan y déjalo para que pueda cenar.
-¿Quién? ¿Ella o el gato? - bromeó el rizado, pero Paul seguía mirándolo seriamente - Ya veo, hoy tenemos un público difícil. No pretendo ser grosero, pero dudo que esa chica coma. Lo único que consume es cafeína y cigarrillos.
-¿Y tú crees que eso está bien? - comentó Paul - No es mucho, pero podemos apoyarla.
-No nos corresponde a nosotros hacerlo, digo, Reagan tiene padres ¿no? - opinó Edd, aunque quizá tenga padres como los míos, pensó.
-Es una chica de diecisiete años con dos trabajos, una madre evidentemente alcohólica y sin padre, discúlpame, pero no puedo quedarme de brazos cruzados viendo cómo intenta salir adelante sola. Es muy fácil criticar cuando no es uno el que sufre. Ahora deja de quejarte y anda a dejarle la cena - ordenó el mayor mientras se arreglaba - Iré a la fábrica, nos vemos en la mañana.
Edward solía mantenerse al margen de cualquier problema que pudiese ver, no entendía por qué debía involucrarse en alguna situación que no le afectara directamente, especialmente cuando sabía que nadie nunca movería ni siquiera un dedo por él. La única persona con la que contaba en el mundo era Paul, pero Reagan no tiene un tío Paul a su lado.
Bufó antes de tomar el paquete de comida entre sus manos, y se detuvo en seco al abrir la puerta: el auto de Steve Montgomery estaba en el recinto. Por alguna extraña razón sintió una punzada en el pecho junto a una sensación parecida a la decepción, quería cerrar la puerta y volver a su habitación, pero por el lenguaje corporal de la chica supo que quizá necesitaría ayuda.
-¿Podemos hablar? - le preguntó Steve señalando la puerta de su casa.
-Mi madre está adentro, y nosotros no tenemos nada de qué hablar.
-Reagan, por favor, hablé con Kate y...
-¿Y? ¿Qué pasó? ¿Pelearon? ¿Te sientes solo? ¿Estás caliente? ¿O para qué mierda me necesitas? - masculló la castaña.
-Fue una discusión fuerte, y lo más seguro es que terminemos. Reagan, en verdad lo siento, por favor perdóname. Tal vez aún no es tarde para nosotros.
-No sabes cuánto me gustaría creerte, Steve - dijo con pesar, eran las palabras que quería, pero no el momento indicado, ni los motivos adecuados. Reagan sabía que todo era producto del miedo a la soledad del castaño. Y esta vez no se dejaría engañar tan fácilmente.
-¿Qué tengo que hacer para que me creas? - preguntó acercándose a ella.
-Dilo.
-¿Decir qué?
-Tú sabes lo que tienes que decir - prosiguió - Reagan, te amo. No es tan difícil, aunque claro, es mucho pedirlo de ti.
-Reagan...
-Dilo - demandó otra vez y Steve se mantuvo en silencio - No puedes decirlo porque no lo sientes en verdad. No entiendo qué haces aquí.
-Por favor, hablemos ¿sí? - le pidió el castaño.
Reagan le dedicó una pequeña sonrisa, pero a diferencia de otras ocasiones, esta era una sonrisa triste, como si se tratase de una despedida. Se acercó hacia Steve y besó su mejilla con delicadeza.
-Espero que algún día puedas ser feliz, Steve - fue lo único que dijo antes de darse la vuelta, el chico tomó su muñeca en un intento desesperado por retenerla - Steve, suéltame.
-Una oportunidad, Reg, sólo eso te pido.
-¿No entiendes, Montgomery? Te dijo que dejes de joderle la vida - intervino Edward saliendo de su remolque, lo que sorprendió a Steve, sabía que el chico vivía en el mismo recinto, pero nunca antes se había acercado - Cuando una chica dice no, significa no, niño bonito.
-¿Por qué dejas que este idiota se meta en nuestra conversación? - exclamó Steve.
-Porque tiene razón, y es hora de que te largues - demandó la castaña. Steve desvió la mirada y no tuvo mayor alternativa que subir a su auto para irse - Segunda vez en el día que me ayudas.
-No es nada - Edd se rascó la nuca con nerviosismo - Mi tío te manda esto, es algo de comida china, por si tienes hambre.
-Gracias, son muy considerados - sintió una punzada de culpa al ver la sonrisa en el rostro de Reagan.
-Sí, bueno, creo que es hora de que vuelva a mi casa.
-Sí claro, Edward espera, por favor no le vayas a contar a nadie lo que pasó ¿sí?
-¿Cotorrear sobre la vida de Montgomery? Tengo mejores cosas por hacer - dijo bromeando y asintió para tranquilizar a la castaña.
-¿Tocarás algo de Black Sabbath hoy? - le preguntó.
-Quizá te sorprenda con otro tema - respondió como despedida y tocó su rostro con extrañeza mientras caminaba a casa ¿por qué demonios estaba sonriendo?