Me sacaron a la fuerza de su casa y me introdujeron en el coche y luego de arrancar. Dejé a Alejandro tirado en el suelo, forcejeando con mi primo. Alejandro quería venir en mi búsqueda, pero se lo impedían. Mi madre me decía que era mejor así que me olvidara de él.
Pero como olvidarlo si sus recuerdos me abrumaban y apenas me dejaban respirar. Mi madre no era consciente de lo poco que valía mi vida si él no estaba a mi lado. Todo lo que para mí tenía significado se quedaba atrás con él. Al alejarme lo observaba por el vidrio trasero del vehículo y con ganas de gritar ese nombre que retumbaba en mi cabeza con más intensidad que nunca.
Alejandro, Alejandro, Alejandro...
Le mire por ultima ves mientras por mi mejilla rodaban lagrimas sin poder detenerlas todavía tenía el sabor de su cuerpo en mis labios, podía sentir sus dulces manos acariciando mi cuerpo, podio sentir el calor de cuerpo junto al mío, no dejaba de pensar en las últimas palabras que me susurraba en mi oído mientras me lo mordía con muchas sensualidad... y ahora veía como me alejaba de el a cada momento.
Mi madre me obligaba a apartarme del hombre al que amo sin darse cuenta de que con esa actitud solo lograba que yo muriera por dentro. Pero eso es algo que no le debía de importar lo más mínimo, después de que mi propia familia había puesto mi vida tantas veces en peligro.
Yo podía sentir como mi corazón se partía en millones de pedacitos, mientras que mi imagen se borraba empañada por mis lágrimas.
Mayerlin
Hay situaciones en la vida en las que no te das de cuenta cuando estas sobrepasándote la línea entre lo excitante y lo extremadamente peligroso; y en ese instante estaba exactamente el tipo de situación en el que yo me encontraba. Estaba sentada en el piso frio de un lúgubre, húmeda y apestosa cárcel, estaba rezando que Vladimir pagara la fianza y viniera a buscarme. El encuentro repentino con un muchacho que había conocido algún tiempo atrás, él era una persona perturbadora y agresiva que había conocido jamás en toda mi vida.
Me había arrastrado a ese repugnante lugar por mi atracción a lo indebido, lo conocí en los ambientes privilegiados en los que me solía pasar, eran antros de mala muerte donde se reunían los compañeros de mi liceo.
Mis pantalones blancos comprados ese día ahora estaban negros y arañados, mi chaqueta de cuero tenia enormes rasguños por todas parte estaba totalmente destrozada me cubría solo mi blusa azul, por culpa del forcejeo mis uñas se había roto casi todas mis uñas. Y, para el colmo de mis infortunios males me encontraba compartiendo mi celda con una mujer que parecía una bestia que no dejaba de mirarme.
Estaba toda cubierta de tatuajes y parecía todo un alfiletero cubierta de piercings, y con un mondadientes jugando en su boca, la abominable mujer parecía que me quería comer. Se notaba como me desnudaba con la vista y casi que podía notarse su humedad entre sus piernas.
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Desde luego que iba a hacer.
En el fondo solo se podía escuchar una trasmisión de una final de futbol y entremezclaban con la voz de dos guardias. Mis gritos retumbaban incontablemente veces en todas las celdas, pero lo único que recibí por su parte fueron quejas y amenazas que me callara o que iban hacer que esa noche no la olvidara nunca en mi vida, acompañados de golpe secos en una mesa.
Sin dudas ellos estaban tan cansados de mi como yo de aquel asqueroso lugar, me levante y sacudí mis pantalones aunque yo sabía que era en vanos, como si sacudiendo yo pensaba que todo el mugre se iba a caer y volvería a ser blanco.
Recordaba y me maldecía a mí misma por caer en aquel charco me recordaba también que me había costado trecientos euros por la alcantarilla. Mis pensamientos sobre el desesperado deseo de asearme y de ponerme una buena ropa de mi amadísimo armario se vieron interrumpidos cuando, de pronto siento que cae cerca de mis botas un fuerte escupitajo bien cargado proveniente de mi compañera.
Me estremecí cuando note que se había levantado y se aproximaba hacia donde me encontraba me aferre a los barrotes de la celda mientras pensaba que aquello no pintaba bien y, sin poder evitarlo, pensaba rápidamente en la situación que me había llevada hasta ese lugar y de solo pensar que esta bestia me podía hacer cualquier cosa me estaba volviendo loca.
La brisa congelada de la noche entro con fuerza cuando abrí la ventana que daba al balcón. Sin medir las consecuencias que nos encontrábamos en pleno invierno, en Austria ya estaba nevando y el ambiente era totalmente frio y todo a mí alrededor que no se encontraba congelado estaba húmedo.
Las ramas de los árboles que se podían notar desde mi balcón estaban todas cubiertas de nieve y al moverse dejaban caer espolvoreada cuando se mecían ligeramente por una suave brisa. En el patio de la casa donde me encontraba residenciada se encontraba congelado; me comentaba la dueña del establecimiento que pronto lo niños los utilizarían como pista de patinaje, aunque ese año me daba rabia de solo pensar que no iba a estar allí para comprobarlo. Estaba a punto de irme.
En internado Hogwarts se encontraba en un castillo, La historia del castillo de Hogwarts se remonta al año 1506, cuando un rey Alejandro adquirió unos terrenos existentes ante los actuales muros del nordeste, e hizo construir en el lugar un jardín de recreo y esparcimiento (el Cogen Havel, el jardín del rey, por lo que a veces se le denomina como el castillo de los jardines de Hogwarts). Posteriormente, se construyó en dicho jardín una residencia veraniega dotada de dos pisos de altura, que quedó finalizada en 1507. Dicho primer edificio puede ser contemplado hoy en día en la parte sur del dominio de Hogwarts.
Entre 1600 y 1601 se construyó el ala norte del palacio-castillo, y entre 1606 y 1614 se añadió al edificio un tercer piso, así como tres torres. A partir de ese momento fue cuando apareció el nombre del lugar, al que el rey Alejandro denominaba como Hogwarts. Finalmente, el castillo alcanzó su aspecto actual con la construcción de una torre en su fachada oriental en 1624 por el arquitecto real Hans van. Con sus ladrillos rojos, su decoración a base de gres de color gris y sus reducidas proporciones, el castillo de Hogwarts posee los rasgos característicos propios del estilo neerlandés de la Arquitectura del Renacimiento.
Y arquitectónicamente, lo adoraba. Pero una cosa era admirarlo y otra muy distinta era tener que vivir allí. Eso lo detestaba porque era una internado exclusivo para chicas, ausencia total de chicos, ellos vivían en un internado que se encontraba algunos kilómetros más alejado algunas colinas debajo.
Otra de las cosas que detestaba era que no podíamos quitarnos el uniforme que por cierto detestaba era horrible, era una verdadera condena tener que llevarlo todo el tiempo, la disciplina era medieval, muy estricta, me recordaba los libros de lectura donde hablaban sobre las colonias donde las mujeres no podía hablar ni tenían permiso de opinar nada.
Todo se encontraba bajo un estricto cronometro, hasta la hora de ir la lavado, o te adaptaba a las normas de aquella infernal institución o tu vida se volvía un verdadero infierno, asi era mi aburrida vida en aquellos días.
Hasta que un día llego mi padre. El interrumpió súbitamente en el internado rodeado de guardaespaldas, sin el más mínimo disimulo de su egolatría y prepotencia, y dejando notar su dilatado vocabulario impetuoso.
Sin más, ni más entro directamente hacia los dormitorios y al verme me ordeno a recoger mis cosas días antes había hablado con el director del internado (bueno si amenazarlo se considera una charla diplomática bueno allá ellos con sus cosas), él ya tenía todo arreglado para mi regreso.
Después de las celebraciones de fin de año, volvía a Italia. No tenía ni la más remota idea de porque mis padres había tomado esa decisión pero me alegraba la idea de volver... de verdad me alegraba demasiado la idea.
Solo diecinueve horas después me encontraba delante de un enorme armario decidiendo que chaqueta me iba a ponerme. Estaba claro debía conformarme con lo que había hasta que pudiera ir de compras. Odiaba tener que pensar que tenía que escoger entre las miles de prendas que mi hermana mayor Evelyn me había regalado.
Pocas me convencían eran chaquetas de color negro metalizado, pantalones blancos y zapatos negros de tacones altos. Me di la vuelta y me moví hasta un espejo que se encontraba justo al lado la una venta y me quede observando mi propio reflejo mientras escuchaba una música en mi reproductor digital de mi grupo favorito las Pussycat Dolls.
(El cual fue un grupo femenino estadounidense creado por la coreógrafa Robin Antin. Originalmente pensado y trabajado como si fuera un grupo de cabaret burlesque, el cual incluyó artistas como Carmen Electra y Christina Applegate, posteriormente al expandir su popularidad fue apoyado por cantantes como Britney Spears, Gwen Stefani y Christina Aguilera.
Años más tarde se transformó en un grupo de R&B, hip-hop y pop que no solo impactó en la música, sino que generó una línea de ropa, lencería y un reality show con dos temporadas llamado Pussycat Dolls Present: The Search for the Next Doll y Pussycat Dolls Present: Girlicious). Realmente que quería parecer a una de ellas.
Tome mi largo cabello y me lo coloque a un lado. Salí del vestidor y cogí mi bolso blanco sabiendo que pronto contendría una considerable cantidad de dinero. Observe mi impresionante habitación, claro está que después de haber convivido varios años con diez compañeras en un cuchitril de habitación y durmiendo en incomodas literas cualquier otra habitación se veía enorme.
Aunque aquella lo era de verdad, apague el reproductor y salí de allí con paso firme y sonoro. Pensé que después de unos años sin vernos, iba al encuentro de mi mejor amiga. Evan había sido mi compañera en el internado desde que entre.
Era como una hermana, una parte muy importante para mí, pero tuvo que abandonar el colegio cuando su madre falleció por culpa de su corazón. Quiso volver a Italia para apoyar a su padre, y desde entonces solo podíamos comunicarnos por llamadas y en el internado me permitían hacerla solo los domingo y por cinco minutos.
¿Qué se podía hablar en cinco minutos nada? Pocas cosas, mus pocas, pero solo el hecho de poder escuchar su voz me confortaba, termine de bajar las escaleras y observe hacia atrás. Me tomaba un tiempo para pedirle gracias a Dios porque mi habitación se encontraba en el pasillo central de aquella mansión porque si no tuviera que poseer un mapa para salir de aquellos laberintos.
De innumerables puertas y corredores, era una mansión descomunal. Ni siquiera en el internado se veían salas como las de mi casa, y eso que en el internado hospedaban a más de una docenas de niñas.
Al llegar a la sala principal me dé tuve un momento para poder recordar donde se encontraba el despacho de mi padre, después de un rato recordé que se encontraba justo al lado de un hermoso jardín que se encontraba en el interior de nuestra mansión, y me encamine hacia allí.
Alfred, el mayordomo, me abrió la puerta. Era alto y delgado, y sus ojos azules resaltaban por la falta de cabello. Aun así, resultaba muy atractivo, claro está que yo no he tenido la dicha de ver a muchos chicos en mi vida, el me recibió con una sonrisa y extendió su mano, indicándome que pasara. Me acerque a él dando un pequeño salto y lo bese en la mejilla.
Entonces me percaté de que en el despacho, además de mi padre, estaban mi tío Cheo, Elvis Gallardo y su hijo menor, Victorino. Mi sonrisa se congelo en cuanto descubrí a este último observando de arriba abajo con una mirada tan pervertida y perversa.
Siempre me había gustado que me miraran, pero no de aquella manera tan pervertida, fruncí mis labios y le mire con desprecio y desafiante. Sabía que mis ojos podían actuar como un huracán devastador, y que eso ocurría la mayoría de las veces.
-Mi pequeña como siempre provocadora- sonrió mi padre, con un tono falso.
-Deberías guardar tus miradas para quien las merezca- No le importó desacreditar a sus invitados los cuales notaron el tono de molestia en mi padre.
Entonces Resoplé.
-¿Deseas algo, mi querida hija?
-Sí, primero que nada mis disculpa por interrumpir no sabía que estas acompañado.
-Tranquila no te preocupes amor- contesto con una dulce sonrisa.
-Veras padre, he quedado con Evan para vernos y...
-Ya lo tengo necesitas dinero- no me dejo terminar de hablar y me corto en seco, a la vez que echaba mano a un cajón y sacaba una cartera negra de piel, muy hermosa por cierto. Cogió una tarjeta y extendiendo su mano la toma Alfred rápidamente.
-Dásela por favor- dijo, orgulloso del gesto.
-¿Me das una tarjeta de crédito? - le pregunte, levantando una ceja.
Solo Dios y el sabían cuánto dinero se encontraba en aquel trozo de plástico. Mis ojos brillaron, yo esperaba mucho menos, algunos euros y nada más.
-¿Por qué lo dices acaso no debería fiarme? - pregunto, soberbio.
-No he dicho eso- le susurre. -Pero, si fuera tú, dudaría. Es peligroso entregarle algo así a una adolescente.
Se recostó sobre el asiento y se cruzó de brazos sin dejar de observarme. Después, desvió su mirada hacia Victorino, que estaba apoyado en un mini bar que se encontraba en un rincón de aquella habitación ensayando una pose muy varonil.
Lo cual me resultaba muy provocador. Victorino era alto, cerca de los dos metros, y podía presumir de un muy bien formado cuerpo se encontraba bien marcado y corpulento. Su cabello, de un amarillo intenso, hacia resaltar sus hermosos ojos verdes los más hermoso que yo e podido imaginarme.
Se parecían a dos esmeraldas incrustadas en un muñeco de porcelana. Era muy guapo, pero tenía una belleza desconcertante, de aquellas que no muestran quien eres en realidad. No era sincero y ambos lo sabíamos muy bien.
-Tu madre puede llegar a ser mucho más peligrosa y no es una adolecente. Además, dudo mucho y se que es muy difícil que tú puedas gastar todo el saldo de esa tarjeta en una hora- todos sonrieron ante el comentario sarcástico de mi padre.
-No deberías tentarme- cogí la tarjeta mirando de reojo a Victorino, que frunció los labios la fijarse en la curva de mis caderas. -Se ocurren un millón de formas de gastarme todo el dinero, papa- yo también sabía exhibir mi prepotencia.
Mi tío Cheo sonrió.
-Podrías necesitar, no se... ¿un coche? Si, un Audi r8 estaría bien. A ser posible, rojo.
Me pase un debo por los labios al pensar en ello. No era una mala idea aparecer en el grandioso jardín de mi casa con un vehículo de esas características.
-Buen gusto, Mayerlin- murmuro Elvis.
-Gracias- le conteste con una sonrisa.
-Vuelve a las doce- gruño mi padre. -Y cuidado con lo que compras. No me gusta que seas tan...- fruncio el ceño buscando el mejor adjetivo. -Provocativa.
-¿Te molesta que sea provocativa? - le pregunto con una toco algo molesta.
-Lo que me molesta es que te guste provocar.
-A mí me gusta- intervino Victorino guiñándome un ojo.
Le fingí una sonrisa- él supo apreciarla y soltó una carcajada.
-intentare ser buena niña padre, pero no te aseguro nada. Sabes que me resulta muy difícil. Chiao.
salí del despacho lo más rápido que pude antes que mi padre me fuese a recriminar, y sabiendo que Victorino me estaba desnudando con la vista. Mire la tarjeta y la presiones contra mi pecho sonriendo.
Después de estar varios años en el internado usando siempre ese malvado uniforme y ahora con dinero ilimitado, genial.
Tan entusiasmada iba hacia la puerta que no observe que alguien se cruzaba en mi camino. Chocamos bruscamente en el vestíbulo. Al separarnos vi como mi hermana me miraba ceñuda. Ella era el clon de mi madre tenía los labios preparados para soltar algún insulto, mientras que yo activaba todos mis reflejos para esquivar su aliento, que me podía impregnar de aroma a vodka y anular mi perfume.
-¿Acaso no vez por donde vas, imbécil? ¿Es que en el jodido internado no te enseñaron a caminar mirando hacia delante? - su cabello castaño se agito crispada.
Supe que había bebido más de una copa porque empezaba a vomitar tocos cuando sobrepasaba la tercera.
-Hola, Evelyn- repuse con desdén.
-Te he hecho una pregunta.
-No me apetece en estos momentos responderte. Sabes de sobra que se caminar. Lo que deberías preguntarte es si en tu estado tú puedes hacerlo.
Ella rápidamente estampo sus manos contra mi pecho empujándome hacia una de las columnas de la escalera. Retire sus brazos con rapidez.
-¿Qué te pasa? ¿Necesitas pelearte con alguien porque ya no tienes nada que puedas beber?
-¡Que te crees, serás zorra!
Nuestra charla emotiva termino en discusión muy acalorada sacándonos algunos trapitos al sol como era de costumbre era evidente que entre nosotras no había nada de empatía
-Supongo que esas palabrota la aprendisteis de tu amante Valentino cuando están en la cama- le respondí, sin pensar.
Su expresión cambió en su totalidad al escuchar el nombre de su amado amante que, curiosamente, era nuestro primo paterno. Se mordió los labios con mucha fuerza hasta sangran y levanto la mano con la intención de soltarme una bofetada.
-¿Piensas golpearme? - le exclame con fuerza.
Ella bajo su mano empuñándola con mucha fuerza.
-Si no fuera porque eres la consentida de nuestros padres te daría una buena tunda, niñata. ¿Por qué no te quedaste en el internado donde realmente perteneces- me refunfuño Evelyn, pensando que con esas palabras me iba a hacer daño. Lo que no sabía que me daba igual absolutamente lo que ella pensara.
-Pregúntaselo a nuestro padre a ver que piensa el sobre esta conversación- me encogí de hombros y di por terminada la conversación.
-Me encargare de que te envíen de regreso al internado como siempre lo he hecho- añadió, al verme retirar sin saber que dé tras de ella estaba su esposo Vladimir, y sin duda era la persona más maravillosa de esta familia.
-¡Evelyn! No te comportes como si fueras una cría, ¿Quieres, estas dando un muy buen espectáculo? - frunció los labios y grasándose de brazos.
-Porque siempre la proteges vete al infierno, cariño- y desapareció.
-Otra vez, si ya nos casamos, no podemos casarnos de nuevo cielo- el murmuro sonriendo.
Se giró hacia donde me encontraba yo que iba pasando por su lado y pude percibí su molestia. Le di un gran abrazo y le regale una hermosa sonrisa. Yo no podía soportar que por culpa de mi hermana el estuviera triste todo el tiempo, sobre todo sabiendo que el la trataba como si fuese una reina. Cuando yo era pequeña yo los veía y soñaba con enamorarme de un hombre como él.
-Siempre tan oportuno, cuñadito- le sonreí, y al momento pensé en invitarlo a que me acompañe para la Pizzería, así Vladimir dejaría a un lado por un rato la porquería de relación que tenía que soportar con mi hermana.
-¿Qué te propones ahora cuñada? - pregunto resignado, pero sonriente. -Voy a empezar a creerme que solo me quieres por interés- bromeo al ver como arqueaba una ceja.
-Bueno en estos momento soy menor de edad y de paso no se conducir, claro aunque sabía conducir- claro está que no se lo podía decir a nadie, pero había aprendido en una noche que nos fugamos del internado para irnos a la ciudad. Recuerdo que en aquella noche había experimentado mi primer beso con un chico que ni conozco.
-A ti te multarían si intentara yo conducir tu coche y a mí me mandaría para un centro de menores por ser una delincuente juvenil...- fingí algo de preocupación mientras observaba su rostro de resignación y luego soltó un bostezo.
-Eres una exagerada muy descarada- me lo dijo colocándome su mano en mi cabello para despeinarme.
-¡Eh! No lo hagas que estoy recién peinada y me cuesta mucho mantenerlo peinado- lo dije protestando mientras intentaba de que él no me despeinara.
-¡A dónde quieres ir ahora?
-Bueno, quede en verme con una amiga. ¿Recuerdas a Evan? - no me había percatado de que estábamos caminando lentamente y que él había abierto la puerta de la casa y el me dejo salir primero luego nos encontrábamos bajando los escalones.
-¿Hablas de Evan Brunéi? ¿La hija del señor Luciano?
-¡Sí! Esa misma.
El señor Luciano era el dueño de una línea aérea más importante de nuestro país.
-Tengo muchas ganas de hablar con ella. Ya sabes, iremos a comprar ropa, hablaremos de chicos y de cómo es el internado de San Ángeles. Ella también estudiaba en un colegio como el que yo estudiaba, así que no me costara acostumbrarme.
-Me parece genial. Aunque ¿realmente podrás adaptarte? - me pregunto cuando estábamos entrando a su vehículo.
-que si lo creo pues claro que no- sonreí mientras me ponía el cinturón. ¿Cuándo te has comprado este coche es toda una maravilla?
Era un coche continental del lujo de GT V8 S de la serie de plata de Bentley, y si por fuera era sorprendente, por dentro era alucinante. De verdad que le entraban ganas a uno de quedarse allí viviendo dentro de aquel lujoso coche.
-Hace varios meses atrás- se le escucho orgulloso pero no me quiso decir en realidad cuando lo octavo.
-No sabía que en la fuerza de policía criminalística pagaran también, verdad que si se me olvidaba que eres el jefe del cuerpo investigación criminalística.
-Es que... a lo mejor es que no solo soy un criminalista...- su mirada cambio por completo de matiz y lo note algo extraño.
Siempre presumía que entre Vladimir y yo nunca había secretos ni mentiras. Yo lo consideraba mi confidente mi mejor amigo y yo pensaba que yo era la de el, pero en ese instante me parecio que había algo oculto. ¿Yo me estaba volviendo paranoica por todo lo que había vivido en el internado o en realidad había algo extraño tras esa profunda mirada?, ¿hay algo que en realidad lo incomodo pero que será?
Lo notaba molesto y pude notar como sujetaba con mucha fuerza el volante tanta que sus nudillos de volvieron totalmente blancos como si la sangre se fuese desaparecido y de pronto reacciono y acelero. El estruendo de enorme motor me en volvió y por un instante me olvide de Vladimir, la brisa que se deslizaba entre mi cabello fue suficiente para aumentar mi euforia de encontrarme nuevamente libre y de poder ver a mi amada amiga Evan.
Alejandro.
Saliendo del garaje de mi casa con mi primo observe unas hermosas piernas morenas apoyadas en una de las columnas que sobresalían en la entrada de mi edificio era Elisa. Mir primo Leonardo se giró hacia mí y me lanzo una mirada burlándose de mí, el día anterior estábamos conversando y discutíamos sobre cual seria las posibilidades de encontrarnos hoy a Elisa.
Leonardo me daba dos opciones: La primera era que Elisa pasara por el frente de mi casa por pura casualidad mientras saliéramos o, al menos eso intentaría ella que nosotros creyéramos; La segunda, que llegara sin avisar y con un espectáculo todo montado de sufrimiento o con una drama de infarto intentando provocar que yo le prestara atención.
Cuando en realidad viniera a portadas, yo por supuesto rezaba para que no pasaran ninguna de las dos y Leonardo se desvivía por la primera opción. Y para mi desgracia tubo toda la razón.
Allí estaba ella parada, dejando casi que al descubierto sus caderas porque se dibujaban provocativas debajo de una falda azul y ella estaba fijamente observándome, ella se encontraba expectante a mi reacción, que por cierto no fue otra que desnudarla con la vista la miraba de arriba abajo.
Yo mismo tenía que admitir que ella era maravillosamente preciosa, y que aquella silueta no era apta para cardiacos, pero yo sabía que de todas esas sensaciones excesivas a los placeres sexuales se desaparecían cuando ella abriese la boca. Ya no sabía cómo decirle que nuestra relación era estrictamente sexual que yo no la quería, y ella asegún lo aceptaba gustosa.
Ella me decía que era lo único que deseaba delo le recordaba todo los días un millón de veces que eso era lo único que conseguiría de mí. Apreté las llaves de mi coche mientras observaba de reojo esperado a ver cuál sería la reacción de mi primo, la cual fue que camino hacia su coche que estaba parado al frente.
Abrió la puerta y ante de terminar de entrar me dice.
-Te espero en la cafetería de siempre no tardes...
Él no tenía idea que la sonrisa burlona que sostenía mientras me decía aquello me molestaba grande mente. Termino de montarse bajo el vidrio del chofer saco uno anteojos negro acelero y saco una mano despidiéndose.
Yo aproveche aquello para regalarle una sonrisa impertinente. Él y yo crecimos juntos y por eso nos conocíamos a la perfección, conocíamos cualquier mensaje que trasmitiéramos con cualquier gesto de nuestro rostro. Él era como mi hermano a pesar que en realidad éramos primo.
Y antes de irse por completo le escuche decir.
-Alejandro, se bueno con ella y tu Elisa, no seas tan dura con el sí...
Y ante de que yo le pudiera decir algo lo vi desaparecer entre los demás coches que pasaban por la calle. Delante de mi casa había una preciosa plaza donde se aglomeraba mucha gente, en ese momento se notaba una hermosa estampa que resaltaba por la luz anaranjada que desprendía las luces de la plaza.
Elisa se me abalanzo en sima y sujetándome fuertemente por el cuello provocando que de unos pasos hacia atrás hasta llegar a una pared. Ella sabía muy bien cómo moverse para intentar impedir que yo la evada y que no la apartara.
-¿Se puede saber porque no contestas mis llamadas? - pregunto mientras me abrasaba e intentaba besarme.
-Yo no sabía que era obligado que tu viera que hacerlo- le respondí bruscamente mientras que ella intentaba meter sus nanos entre mis pantalones para acariciarme. -Mira Elisa voy a salir me están esperando.
-tu no vas para ningún lado en estos momento estás conmigo- lo dijo mientras le lambia la oreja.
Ella me abrazo con mucha más fuerza en mi cuello y no pude aguantar más porque sus caricias me estaban volviendo loco ella rosaba su cuerpo contra el mío, la sujeté entre mis brazos, no aguantaba las ganas estaba súper ansioso.
Elisa sabía como provocarme para que me descontrolara con mucha facilidad y por supuesto que supo controlar aquella situación para no dejarme salir.
Recorrimos abrasados y besándonos cada rincón del garaje hasta que llegamos a la entrada de mi edificio. Ella conocía muy bien aquel lugar y sabía cómo provocarme para llevarme lentamente a sus redes.
Mientras ella me llevaba cautivo hubo un momento donde pude reaccionar y percate sus intenciones ella quería llevarme a mi habitación para luego no dejarme salir en todo el dia y rápidamente lo logre impedir abriendo una puerta a una sala del primer piso.
Ya adentro nos movimos hacia una mesa y sobre ella la senté rápidamente ella me quito mi franela sin dejar de besarla mientras que ella me sujetaba con sus piernas por mi cintura. Después le acaricie muy bien sus bien formados muslos mientras que sus besos desbocados recorrían mi cuello y parte de mi pecho.
Elisa me rasguñaba la espalda suavemente atrayéndome, aún más, hacia ella. Yo por mi parte la besaba con mucho frenesí mis besos se alejaron por un momento de sus labios me deslice por su cuello, por su clavícula, llegue a su oreja se la mordí con mucha suavidad y luego baje hasta llegar a su vientre y luego volví a subir.
Yo también sabia como provocarla y volverla loca. Y efectivamente mi plan no facho, soltando ella varios gemido de placer, y yo sonreí levemente mientras su cabello rojo me cubría el rostro.
-¿Por qué me provocas de esta manera? -pregunto buscando desesperadamente mi boca.
-¿Acaso no viniste porque deseabas esto?
Aquel suave e intrigante susurro termino de volverla loca de frenesí su excitación no la podía controlar. Se arrancó su camiseta y tomando mis manos se la coloco en su pecho. Aunque yo también estaba bastante descontrolado mientras me la devoraba a besos me deshice de su falda.
No dejaba de pasar por mi mente que la tenía que mantener a distancia porque yo no la amaba y mucho menos quería tener nada serio con ella. -Aunque en realidad, no quería tener nada serio con nadie yo vivía obstinado- pero era humano por eso nada me impedía disfrutar de aquel momento.
De repente, se notó un sonido a lo lejos cuando pude reaccionar no era tan lejos, era la melodía de mi móvil sonando en el bolsillo de mi pantalón me quise intentar retirarme un poco de Elisa para contestar aquella llamada, pero Elisa me supo dominar y me jalo con furia.
-No creo que sea el mejor momento para eso Alejandro- replico, intentando retenerme con las piernas.
Intente de ver por lo menos por el rabillo del ojo para ver de quien se trataba y pude observar que era mi primo.
Yo me volvía a concentras en lo que hacía mientras que Elisa me decía susurrando en mi oreja.
-Así está mejor- Aquel beso se entremezclaba con otra nueva llamada.
Mi primo no era del tipo de persona que llamaría solo para interrumpir un momento especial. Solo podía significar una cosa había algún tipo de problema.
-¡Joder! - exclamo ella empujándome con fuerza.
Si fuese sido en otro momento o en otras circunstancia le habría dicho lo imbécil que era ella, pero ya no me importaba una mierda lo que ella pudiera pensar o lo que ella pudiera sentir. Lo verdaderamente importante era saber que me aguardaba detrás de aquella llamada.
-¿Se puede saber que rallos pasa estoy ocupado? - le pregunte directamente apenas pude contestar.
-Alejandro tienes ganas de pelea.
Yo ya sabía por dónde venía sobraban las palabras. Si ese gilipollas de amiguito de Victorino y su grupito de niñatos querían pelear, habían topado con las personas equivocadas y en el momento más inoportuno nosotros eras las personas perfectas para aquello.
Me acomode rápidamente y tome mis llaves de mi cache ignorando los fuertes insultos que provenían de la aguda y venenosa y la muy bien cabreada voz de Elisa que por cierto se encontraba de tras de mi dando golpes por mi espalda; segundos antes, parecía todo lo contrario.