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Te Odio a Primera Vista

Te Odio a Primera Vista

Autor: : NiNa G.
Género: Romance
Savannah Grey, es una obstinada escritora con unos ideales sobre el amor muy especiales, todo cambia cuándo la editorial para la cuál trabaja sufre una caída de audiencia y se ve obligada a una fusión con su peor enemigo, Maximus Bennett (Cupido), un hombre que no puede sacarla más de quicio y un intrépido escritor que intenta demostrarle que los atributos que ella busca en un hombre no existen. Su estilo escandalosamente romántico, subido de tono, descarado y vulgar la fastidia hasta decir basta, haciendo que la situación empeore cuándo sin percatarse, ambos terminan hundidos en un plan descabellado para llamar la atención de los medios y elevar los índices de lectores.

Capítulo 1 PRÓLOGO

ADVERTENCIA: +21

La siguiente Historia contiene lenguaje explícito, escenas de sexo y contenido que puede herir la sensibilidad de algunas personas, léela bajo tu responsabilidad.

****************

Si.

Al igual que muchas de ustedes yo también crecí soñando con castillos rosas, cuentos de hadas y principes de sangre azul.

Viviendo en la eterna búsqueda de esa media naranja y el hombre perfecto que todas anhelamos conseguir, pero por cuánto me ha pasado en la vida, entendí que el amor y el romance no es todo lo que nos rodea, razón por la cuál adoro escribir sobre misterio y terror sangriento, bajo mí lema favorito: Abajo el Amor.

En la actualidad llevo más de un año trabajando para «Cinder» una editorial dónde han reconocido mi talento y me han dado la oportunidad de formar y dirigir mi propio departamento creativo, hoy por hoy después de tantas horas de trabajo y de largos desvelos estamos a punto de ser recompensados con el premio Pulitzer en categoría de la mejor novela del año.

Y estoy cien por ciento segura de que vamos a ganar, pues, mi mayor rival en esta nominación es un Dios.

Si, si un Dios de manera literal pero no precisamente por ser alguien celestial, sino todo lo contrario, es un Dios lujurioso que se hace llamar Cupido.

Este tipo es un cabron egocéntrico, romántico y mujeriego que representa el machismo en nuestra sociedad y para nada se me hacía guapo...

Bueno, está bien.

Si era bastante guapo y también le fascinaba dar vida a protagonistas frágiles y desvalidas que necesitan que un hombre las salve para poder ser feliz.

Su lema es: "Arriba el amor" y trabaja para «Moon-Novel» la editorial que actualmente es nuestra competencia.

Un majadero que sólo habla de sexo burdo y orgasmos de tres horas...

Es imposible que pueda ganar, estás personas reconocen lo que es la verdadera literatura.

- Damas y caballeros, el ganador en la siguiente nominación es...

- Apreté la mano de Madison, mi editora para controlar mis nervios, pero la emoción fue tan grande que no pude evitar levantarme de mi asiento.

«Era una victoria segura»

- El señor Maximus Bennett (Cupido) por su Obra titulada: "Cumbres de un amor frágil e inocente".

- ¿¿¿Qué???

- Exclamé sin que alguien me prestara atención porque todos se levantaron para hacer ovaciones y celebrar el triunfo de ese tipo...

- Savannah, cariño estamos contigo.

- Madison me ayudó a sentarme de nuevo, sentía mi cuerpo paralizado, no podía creer lo que estaba sucediendo.

Maximus pasó por mi lado rodeado de personas pero aún así me miró fugazmente, movió sus labios y lo que pude entender fue un: "Lo siento preciosa"

Observé como recibía mi premio con una enorme sonrisa en los labios mientras que las ganas de llorar a mí me desgarraban por dentro.

- ¡Será en otra ocasión, hermosa!.

¡Lo vamos a lograr!

¡Ánimo Savannah!

- Escuché como mi equipo me daba ánimos y de alguna manera lograron reconfortarme.

Ellos tenían razón, yo era una ganadora que estaba destinada a la grandeza, tarde o temprano iba a lograrlo.

Ese fue el día en que conocí a Maximus Bennett, y nuestra incomoda rivalidad nació, estábamos destinados a ser enemigos en una carrera épica, sólida y duradera por saber cuál de los dos era el mejor.

Y me encantó...

* * * * * * * *

Nota de Autor:

¡Hola! ¡Hola! Mis amadas lectoras.

¿Sabes lo que puede suceder cuando dos escritores perversos se unen para escribir erotismo?

Exacto!!!

Una novela maravillosa y muy muy lujuriosa.

No te olvides de agregarla a tu biblioteca dando corazoncito y si aún no nos sigues en Ins.ta.gram acá te los dejo para que puedas contactarnos:

Ninagescritos

Ljamestyescritor

Capítulo 2 Feliz Cumpleaños Savannah.

POV : SAVANNAH.

Nací en una tarde soleada en el verano del 93 (en Dallas Texas), mí padre el gran Albert Grey, era un escritor de renombre el cuál se enteró tres días después de mí nacimiento, estando en la presentación de su último libro.

Dijo que fue una noticia maravillosa y una noche perfecta dónde se abrieron muchas botellas de champán para celebrar en mi nombre.

Papá escribió libros tan profundos a su corta edad que capturaban la esencia de la cosas más simples en lo cotidiano, cómo la agonía en el amor o el humor en el sufrimiento, fue reconocido como un gurú de la escritura, algo que le dió reconocimiento, felicidad y mucho éxito.

Y con ese éxito obtuvo grandes sumas de dinero, propiedades y mucha popularidad entre las chicas.

Ahora bien, en su vida personal no era muy exitoso que digamos, se casó dos veces, tuvo tres hijos, fue un padre ausente y luego salió con muchas mujeres más, pero siempre admitió que él era el del problema.

Tal cómo lo fue en su historia con mi dulce madre; Odette Evans, una chica inocente que terminó enredada con él; creyendo en un "Felices por siempre"

Y como era de esperarse, eso nunca sucedió, su amor era del tipo "No volverse loca en el intento" es decir, un amor que nunca duraría. Ya que, después de mí decimo quinto cumpleaños ellos se divorciaron, hecho que convirtió a mamá en la tercera exesposa de Albert Grey.

Desafortunadamente para mí madre su divorcio causó la inspiración en papá para crear la mayor de todas sus obras y la que lo catapultó en la cima de la fama, llevándolo años después a los brazos de su última esposa, una mujer dieciocho años menor que él, con la que actualmente tiene un par de gemelos, esta en la dulce espera y tiene una hermosa familia estable.

Papá no es un hombre de expresar muchos sentimientos pero siempre estuvo presente para mí, diciendome que soy su mas bonito tesoro en la vida. En cada cumpleaños que pasamos juntos me recordaba lo talentosa y perfecta que era.

Siempre decía: "Lo vas a lograr Savannah" ; "Tienes el mundo a tus pies" ; 'Eres una ganadora" y yo lo creí...

Pero... La realidad, es que hoy es mi cumpleaños número treinta y no he logrado mi sueño, tampoco tengo el mundo a mis pies, ni mucho menos soy una ganadora.

Soy una escritora mal pagada, casi al borde de la quiebra, aún sigo solterona y estoy llorando a escondidas en el tocador de mi oficina porque no puedo dejar que mi equipo de trabajo me vea en este estado.

- Savannah, querida.

¿Estás ahí?

- Las voz de mi asistente junto con la de mis compañeras cortaron el rollo de mi crisis existencial.

- ¡Hola! pequeña Savannah..

¿Estás ahí?

Vamos, sal un momento.

- Me miré en el espejo y lavé mi rostro rápidamente con agua helada.

- Eh... Si...

- Aclaré mi voz, que se oía aguda de tanto llorar.

- ¡Salgo en un momento, chicas!

-Indique tratando de recomponer mí apariencia, en cuanto abrí la puerta; las encontré frente a mí con una pancarta con mi nombre.

- ¡Felicidades por tu cumpleaños!

- Exclamaron con alegría.

Por dentro yo quería morir pero me ví en la obligación de dar mi mejor sonrisa ante ellas.

- Ay... Gra-ci-as, chicas.

Son tan lindas...

- Tomé la pancarta mientras mi amiga Zoe colocó un pequeño cupcake con un vela para que la apagara.

- Vamos, pide un deseo.

- Dijo, como si esas cosas fueran ciertas.

Cerré mis ojos y por un momento deseé conocer el hombre perfecto de mis sueños: alto, guapo, tierno, honesto, fiel, respetuoso, caballeroso y con una sonrisa reluciente. Claro que estába muy consciente de que ese hombre no existía, era un personaje ficticio de los libros que escribía.

Al apagar la vela, la voz curiosa y emocionada de Madison resonó a mi lado.

- ¿Y que pediste?

- Jamás iba a decirle mi verdadero deseo, así que mentí.

- Hmmm... Una cafetera nueva.

- ¡No!

No es cierto Savannah, desperdiciaste tu deseo.

- Había cierto toque de desilución en su voz.

- Si. Bueno, tienes razón, debí pedir un nuevo vibrador.

- Sus mejillas se sonrojaron, y yo me encogí de hombros restándole importancia al asunto, mientras que escuchaba de fondo las carcajadas de las demás chicas.

Caminé hasta mi escritorio y Zoe desliza su silla más cerca de mí aferrándose a mi brazo.

- ¿Y, que haremos de divertido está noche?

- Preguntó.-

Me di cuenta de que no había planeado nada para esta noche.

- Eh... Ya tengo planes.

- Dije y esta vez los ojos de Madison brillan con emoción.

- ¡Ay maldita sea! ¿saldrás un hombre? Necesitamos saberlo todo ahora mismo.

- Pegó un chillido de la emoción.

«Dios, lo que hago es empeorar más las cosas».

- Tal vez.

Ahora, chicas, necesito trabajar.

- Les guiñé un ojo.

- ¿Leanna, que tenemos pendiente?

- Le pregunto a mi asistente, evitando todo el tema de mi cumpleaños pero eso no es suficiente para detener la curiosidad de Madison.

- Pero promete que nos contarás todo, hace mucho que nadie toca esto.

- Señala sus senos.

- Así que quiero vivir la experiencia a través de ti.

- Sonreí pero no le prometo nada.

Mi vista se va hasta Leanna y ella capta lo que quiero.

- Hace un par de minutos recibí una llamada de Acantilados, y quieren trabajar con nosotros.

He enviado los contratos...

- Impresionante; Gracias Lea.

¡Realmente es una gran noticia!.

Que manera tan espectacular de comenzar el día.

- Sonreí porqué necesitamos esos contratos.

- Toc, toc.

- Alguien dice desde la puerta y me fijo que se trata de Joe, nuestro diseñador.

Le hago seña para que se acerque a nosotras e inmediatamente me entrega un par de opciones a elegir.

- Está es perfecta.

- Señalé.-

- Buena eleccion.

Por cierto, Savannah.

Felicidades por tu cumpleaños.

- Me entrega un pequeño presente y lo recibo con una sonrisa.

- Oh... Joe.

No debiste haberte molestado.

- Era una caja de bombones en forma de corazón, antes de guardarla me giré hacía Leanna.

- ¿Algo más? ¿Que tenemos previsto para esta semana?

- Ella asiente.

- Habrá una subasta y el dinero recaudado está destinado para la caridad.

- Informa.

- Necesito saber en qué prefieres participar, aquí tengo la lista.

- Me la entrega y la reviso enseguida.

Hay premios fantásticos.

Una velada para dos en un fino restaurante, Mil quinientos dólares en efectivo, un viaje a Hawaii, tres sesiones en el mejor spa de la ciudad.

«Ojalá tuviera dinero para participar en todo.»

- La cita a ciegas sería una buena opción.

- Zoe, me aconseja moviendo las cejas con picardía y se ríe.

- Creo que te gustaría si estás dispuesta a ello, Savannah.

- Pienso que no deberían exponer a Savannah, hay un alto índice de riesgo de mujeres asesinadas en un cita a ciegas...

- Joe nos interrumpe pero las chicas no le prestaron atención.

- Joe, ¡Por Dios! Ve con tu nube gris a otra parte.

- Madison interviene.

- Seria divertido, Savannah.

Si ganas no sabes con quién puedas terminar, quizás un atractivo millonario.

- Añadió.-

De pronto siento escalofríos en mi columna. Es algo nuevo para mí salir con alguien que jamás he visto. Tal vez es justo lo que necesito pero es una locura y no soy es tipo de mujer.

- Hmmmm.

- Finjo que lo estoy pensando pero es un "No" rotundo.

- Claro, ¿porque no?

Leana, puja por mí para el viaje de Hawai.

A ver si gano.

- Las chicas se desaniman y Lea mueve su cabeza.

- Sé que no hay garantía de que gane, así que paso al siguiente tema.

- ¿Creo que eso es todo verdad?

- Pregunto para finalizar la charla.

- No, El señor Alfred Murray pidio hablar contigo hace quince minutos.

Está alterado.

- Me levanté inmediatamente al saber que mi jefe estaba solicitando mi presencia.

- ¡Demonios!

Seguro tiene los índices de lectores en este mes.

Bueno, chicas nos vemos luego.

Leanna pasa todas mis llamadas al buzon.

- Me despido y casi salgo corriendo de la oficina.

- ¡Pero, Savannah!

¿Que haremos está no...?

- Si escuché la voz de Madison.

Solo que decidí hacer oídos sordos.

[...]

Al ingresar a la oficina de mi jefe, él estaba de pie junto a la ventana.

- Alfred, lo siento, yo....

- ¿Viste los índices de preferencia entre Cinder y Moon-Novel?

- Exclamó sin dejarme terminar.

- Moon-Novel ha ganado todos los premios en cada nominación, tienen un éxito inminente dentro de la industria.

Eso sin contar que en las últimas encuestas, los lectores han dicho que los prefieren a ellos por encima de cualquier otra editorial.

- Se sentó en su silla.

- Por Dios, Alfred es solo un traspié temporal.

Todo mejorará mañana.

- Es lo que has dicho durante tres años, desde que ese tipo nos robó el Pulitzer.

¡Cupido arraso con todo, sabes!

- Sus palabras fueron como un golpe a mi hígado.

Maximus Bennett, es un misógino con una careta de hombre romántico que se ha convertido en una gran piedra en mi zapato desde que su carrera despegó.

Es que, ni siquiera era tan bueno.

Claro, él ya había amansado un ejército de admiradoras de «MaxiLovers» ganándose su afecto con carisma y extravagancia, es cierto que ganó algunas nominaciones, pero yo estuve a punto de ganar otras.

- Estamos próximo a un nuevo éxito lo sé.

- Añadí y el niega con su cabeza.

- Aún así teniendo éxito con un autor más fresco, tendríamos alcance de solo un 9%.

¡Estamos jodidos!

- Agito sus manos con rabia.

- Por favor, Alfred, no digas lo que estoy pensando.

- Le pedí.

- Lo siento, Savannah.

Yo te adoro, eres grandiosa en tu trabajo y respeto mucho a tu padre pero...

Debes darme cifras.

Estamos endeudados hasta el cuello.

- Voy a recuperarme, lo prometo.

Tengo a los inversores de "Acantilados"

- El suspira con pesadez.

- ¿¿Te recuperas??

Cada día lo haces según tu y eso es lo que me preocupa.

Ni siquiera lo estás intentando.

- Se reclinó en su silla.

- Solo te daré está última oportunidad sino funciona, tomaré decisiones.

- Me quedé observandolo sin tener una respuesta para él.

¿Que carajos voy hacer si no lo consigo?

- Vamos, ya lárgate a trabajar.

- Me hizo un leve gesto con su mano.

[...]

Esa noche en mí departamento encendí mi laptop para trabajar en mi última novela, coloque un tazón de croquetas para mi gata y precisamente en ese instante mi teléfono vibró.

Era una llamada entrante de mi madre. «Contesté dejándola en altavoz».

- ¡Cariño, felicitaciones por tu cumpleaños!.

- Su voz alegre suena por el altavoz.

- ¡Gracias mamá!

- ¿Que harás está noche?.

- Me estoy arreglando para una cita.

- Dije mientras me servía una copa de vino.

- Oh, que alegría cariño.

¿Quien es el afortunado? De casualidad ¿Lo conozco?

- No, no lo conoces mamá...

- Miré la pantalla de la laptop tratando de retomar algunas líneas justo dónde lo dejé ayer.

- ¿Puedes creer que tú padre vaya a tener otro hijo con esa zorra?

- Cambio el tema completamente.

- ¡La próxima vez que lo veas, dile que le dije que algún día tiene que crecer!

Tiene cincuenta y siete años y sigue haciendo bebés como si fueran panqueques.

- Sostuve un cojin contra mi pecho, tratando de bloquear sus palabras, pero fue en vano su voz era estridente y siempre descargaba su amargura contra mi padre en mí cumpleaños.

Empezaba simple, cómo si hubiese superado el pasado, pero después de varios minutos revelaba su verdadero acto central de manera mezquina.

- Adiós Mamá, gracias por llamar.

- Colgué la llamada, no estaba de humor para soportar cómo peón en su juego de odio.

Respirando profundamente y comiendo de los chocolates que Joe me regaló, coloqué un temporizador de cuarenta minutos que era lo que me tardaba en escribir un capítulo completo.

Tenía una fecha límite con que cumplir y mis facturas no se iban a pagar solas.

«¡Feliz cumpleaños para mí!»

Capítulo 3 Un encuentro inesperado.

POV : MAXIMUS.

―Está muerto... yo mismo le arranqué la última gota de vida con mis manos y enterré su corazón en lo profundo del mar...

Mary, con la mirada brillosa por la insinuación de esas lágrimas que no podía contener, levantó el rostro y me miró con una emoción que le cerraba la garganta y no le dejaba hablar.

―¡Eres un cabrón Max! ―espetó secando la lágrima de su rostro― Aún no entiendo cómo es posible que seas capaz de hacer algo así.

Su voz se escucha quebrada y melancólica. Una sensación de devastación emocional se comunica en sus palabras.

Río y disfruto, sus palabras de confusión y desconcierto son combustible para mi ego. Esa era justamente la reacción que estaba esperando de ella.

Lo he logrado. Sigo teniendo el don; sigo siendo Dios, el dios de mi propio mundo de amor y deseo.

Acabo de escribir una nueva historia que se convertirá en oro literario, estoy seguro. Un nuevo Best Seller viene en camino.

―Es sencillo, hermanita ―le dije, al tiempo que llené mi vaso de ese buen whisky escocés que mi garganta me pedía a gritos― solo canalizo todo lo que aprendimos del amor gracias al matrimonio perfecto de papá y mamá y le doy a ellas justo lo que quieren leer.

Mary asiente con una mirada burlona y una mueca de negación en su boca.

―Lo cuentas como si fuese sencillo.

―Para nada, no es nada sencillo ser el dios del amor para tantas personas en el mundo ―el gesto de abrir las manos de manera humilde solo sirve para restarle humildad a mi afirmación.

―¡Cabrón! ―sentenció Mary, quién me conoce a la perfección desde toda la vida y sabe que es lo que en verdad quiero decir― recuerda que conmigo no es necesario el personaje.

Ella es mi hermana menor, pero también es quien me cuida como a un niño desde que dejamos el campo para enfrentarnos a la vida de la ciudad: Yo como un exitoso escritor, ella como mi conciencia ambulante.

El sol se está poniendo en el horizonte, dejando que sus últimos rayos dorados se desvanezcan lentamente atravesando los cristales de mi estudio en la mansión de turno en las afueras de la ciudad. Me recliné contra el espaldar de mi silla de terciopelo haciendo un nuevo esfuerzo por disfrutar de esa vida de playboy supermillonario que me había ganado con tanto esfuerzo.

No tengo otra manera de ocultar mi verdadero dolor.

Mis lectoras obsesionadas me conocen como Cupido, para mi hermana soy simplemente Max. Para la opinión pública soy Maximus Bennett, un escritor exitoso y admirado; para mi hermana solo soy el engreído que ha triunfado con mucha suerte.

Que tierna Mary, mi agente y mi principal hater al mismo tiempo.

Esa tarde estar sentado frente a mi escritorio era lo mejor que me podía pasar. Mi estudio era mi mundo donde podía ser quien en verdad era. Aquel era un espacio lleno de estanterías repletas de libros que eran un refugio donde podía sumergirme en mis historias y desconectarme del mundo exterior.

Sin embargo, aquel día, Mary no había irrumpido mi pacífico retiro solo para llorar al escuchar el final de mi próximo éxito de ventas que recién estaba terminando de pulir, sino que se presentó con una propuesta que me sacudió de inmediato por lo descabellado que era el asunto.

-Max, tengo una idea fabulosa―, dijo Mary con entusiasmo mientras saca su teléfono para mostrarme una publicidad―. He pujado a tu nombre en una subasta benéfica y ¿Qué crees? ¡Ganaste!

Le miré confundido y sin un ápice de ánimo. Esas ideas suyas a menudo eran así de espontáneas y alocadas. Mary tenía la suerte de ser mi hermana, por lo que me veía en la obligación de tolerarla, aunque no soportara en lo absoluto esas ideas impulsivas que se le ocurrían cada cierto tiempo.

―Si no gano otra botella como esta maravilla ―le digo señalando la botella cuyo contenido esta pronto a terminarse― el premio entonces no me interesa.

―Claro que te interesa estúpido, es algo que mantendrá tu nombre en boca de todos.

Guardé silencio con detenimiento mientras hacia el esfuerzo de recordarme que gran parte de mi imagen pública se la debía a ella; Mary había tenido mucho que ver en la construcción de "Cupido".

―Habla.

Mary se acomoda el flequillo detrás de la oreja y sonríe fingiendo timidez ―El premio es una cita a ciegas para ti.

Conteniendo la decepción levanté la vista de mi escritorio, frunciendo el ceño.

Las citas a ciegas no eran mi estilo. Prefería la tranquilidad de una conquista segura, de preferencia de una sola noche y con alguna chica linda o una celebridad; siempre iba a preferir eso en lugar de sumergirme en el juego de las relaciones verdaderas, pero Mary, con su chispa característica, continuó animada, contándome su plan.

―No puedes seguir ocultándote detrás de la fama y el éxito Max ―replicó Mary―. La gente necesita verte, verte de verdad; La gente necesita verte interesado en el amor y en la vida, no solo en tus libros... las encuestas están hablando: La gente quiere a un Cupido menos "dios" y más "humano".

Suspiro, dándole a mi hermana una mirada resignada. Muy en el fondo yo sabía que en parte ella si tenía razón. La imagen que proyectaba al público era importante para mi carrera y una cita a ciegas podría ser una forma de mostrar que "Max" no solo era un escritor exitoso, sino también un hombre con una vida emocional plena: Un hombre que vive lo que escribía.

-Está bien, Mary, si la gente quiere ver algo diferente al Cupido conquistador y libre, entonces le daremos a un "Max enamorado"―sentencié con desgano, al final de cuentas todo sería una mentira.

Mi vida era eso, una gran mentira, yo no creía en lo que escribía y en el amor, para mí el resultado era siempre el mismo: Derrota.

Me levanté despidiéndome de Mary para regresar a mi habitación. Pasé directo al baño tratando de borrar la sonrisa de mí hermana de mí memoria, pues en la tina me espera una rubia a la que le haría el amor un par de veces antes de despedirla, luego de romperle el corazón sin piedad con una sola frase: No eres tú, soy yo.

Sacudí la cabeza para no pensarlo tanto mientras me quitaba la ropa para hacerle compañía a la rubia.

Tal vez Mary tenía razón.

(.....)

Al día siguiente me encuentro vestido con mi mejor traje de diseñador italiano, repasando mentalmente porque aquello era una buena idea, listo para bajar de mi coche y entrar al restaurante.

A pesar de mi renuencia inicial, estaba decidido a hacer de aquella noche algo memorable. Llegué al imponente restaurante que Mary me había indicado y tal como ella lo había dicho, un par de reporteros esperaban junto a la puerta. (seguramente ella misma había filtrado la información)

La seguridad del lugar intervino y solo permitió que me hicieran un par de preguntas y les conceda una foto. El plan funciona, tal como Mary lo dijo.

Entonces soy conducido hasta una mesa reservada en la esquina del comedor, con vista a la ciudad iluminada. El Salón es amplio y elegante. Hay varias mesas en el espacio, pero lo suficientemente alejadas para que cada una tenga un aura de privacidad.

―Perfecto... ella es una impuntual ―susurré con sorna mientras le marcaba a Mary.

―¿Qué tal la chica? ― de inmediato me acribilla la pregunta, apenas se establece la comunicación.

―Ni siquiera ha llegado... esto tiene mala pinta.

―No comas ansias, Max... tal vez sea una mujer guapísima, inteligente y bondadosa.

―La mujer perfecta para ti ―le digo sin pena.

―Sabes que si ―me responde Mary, para quien se ha vuelto costumbre el tono melancólico―, lamentablemente no todos tenemos "tu suerte" en el amor.

Una risita se dibuja en mi rostro, más por vergüenza que por cualquier otra cosa.

Me da un poco de tristeza que mi hermana no tenga suerte en el amor, pero es su culpa por idealizar a la mujer perfecta y no darle la oportunidad al ejército de chicas que le coquetean a diario.

―Tal vez esta cita a ciegas debió ser para ti.

―¡Cabrón! ―Me lanza su característica despedida, antes de dejarme remarcado un regaño soberano―... no lo arruines, ya en las redes sociales están las primeras reacciones de tu arribo al restaurante... las cosas están saliendo bien.

―Perfecto... Crucemos los dedos por una pelirroja ―le digo riendo y termino la llamada.

Dejé salir el aire de mis pulmones mientras mi espalda se acomodaba en la silla y estaba a punto de llamar al mesero para pedir un vaso con whisky cuando escuché pasos acercándose desde mi espalda.

De manera extraña sentí cómo la expectativa comenzaba a tomar forma. Giré la vista y a medida que las luces tenues del restaurante iluminaban la figura que se acercaba, sentí cómo mi corazón latía con fuerza en mi pecho antes de abrir la boca para expresar mi jodida sorpresa.

―¡Pero miren quién está aquí!

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