Katherine
Escucho que llaman a la puerta, pronuncio un "adelante" un tanto seco, pero después de la conversación que tuve con mi madre anoche, no estoy de humor para nadie, ni para nada.
Flashback
- Mamma, me niego. No puedes pedirme eso. -Me encuentro totalmente indignada: ¿en qué piensa mi madre?
- Solo quiero lo mejor para ti, amore.
Respiro hondo para tranquilizarme, antes de abrir la boca, he de elegir bien mis palabras, lo último que quiero es discutir con mamma.
- Lo mejor para mí, en este momento, es seguir concentrada en nuestra empresa.
- Siempre estás trabajando, no sales, no vives.
- Mamma, no exageres, sí salgo.
- Bueno, saldrás, pero no hay novio a la vista y yo quiero nietos pronto, mientras todavía pueda llevarlos al parque.
No puedo aguantar más, ante el dolor de cabeza que amenaza con emerger de la nada. Pierdo la paciencia.
- Mamma, me niego a seguir discutiendo esto -le atajo alzando un poco la voz-, no me voy a casar de momento. No tengo novio, ¿no?
- Querida, me estás obligando a hacer algo que no quiero.
Alzo mis manos exasperada, colocando los dedos índice y corazón de ambas manos, a los lados de mi cabeza y masajeo mi sien.
- Mamma, ¿qué estás diciendo?
Un suspiro agotado escapa de sus labios.
- Tienes un plazo de tres meses. -La miro sin comprender y vista mi reacción se dispone a aclarármelo-: Si no encuentras un buen hombre que te quiera y al que tú quieras en un plazo de tres meses, no heredarás la empresa. -Me dispongo a quejarme, pero me detiene alzando la mano-: Antes de que pienses en tu padre, he de decirte que esta es una decisión de ambos. No pretendo que te cases en tres meses, pero tanto tú como yo sabemos que, si no te pongo un plazo, ni siquiera buscarías un buen chico. Siempre dices lo mismo: "Cuando se encauce más mi relación con la empresa..." Y ambas sabemos que estás muy bien encaminada. Además de que siempre habrá algún trato que cerrar, alguna reunión que celebrar o alguna compra de cualquier otra empresa, pero la vida pasa y no quiero que acabes sola pensando: "¿Qué hice con mi vida?"-Se acerca hasta mí y coge mis manos entre las suyas-. No quiero que te arrepientas de no buscar el amor. -Deja un beso en mi frente y sale de mi habitación.
Dejo salir el aire, que al parecer estaba sosteniendo, de un largo suspiro.
Una lágrima acaricia mi mejilla.
Fin del flashback
Se abre la puerta y no me creo quién aparece por ella.
- ¿Qué haces tú aquí?
Katherine
Es una típica mañana, últimamente, sobre
todo, para mí. He ido a la casa de mi atolondrada madre y desde que he atravesado la puerta, ha comenzado su diarrea verbal sobre el mismo tema que lleva machacándome más de un año. He llegado al punto en el que sé los temas a discutir, el orden de discusión y el tiempo que lleva cada uno. En serio, he cronometrado y memorizado cada palabra suya y mis respuestas. Lo que me falta es ver cómo evitar que siempre suceda.
No quiero discutir con mi madre, pero ha
de comprender que ahora lo importante es mi trabajo y llevar la empresa familiar aún más alto. No pensar en hombres, ya que a la mayoría solo le interesa la cantidad de tu cuenta bancaria, o el poder que tengas, al menos si tienes un apellido como el mío. ¿Así cómo puedo fiarme lo suficiente como para tener algo más estable que algún que otro encuentro esporádico con alguien?
Mi apellido trae consigo unas amplias y
cuantiosas gratificaciones que disfruto, sin duda, pero también tiene ciertas, y a veces pesadas, responsabilidades que debo afrontar de la forma más limpia y rápida posible y con una sonrisa, aunque en alguna tarea no sea lo que más me apetezca. Mi madre jamás lo ha entendido como tal. Por suerte para mí, mi padre lo ve igual que yo, pero, para mi desgracia, casi siempre está de su parte, casi siempre, al menos. Me he adentrado tanto en mis pensamientos, tan profundamente, que me sorprendo cuando mi madre chasquea sus dedos frente a mí, con su gesto fruncido, algo habitual cuando tocamos este tema.
-¿Qué, mamma?, ¡me has asustado! -Le digo un tanto brusca y con la mano en el
pecho, todo debido al susto.
-¿Cuántas veces he de decirte que debes encarrilar tu vida?
-¿Cuántas veces debo decirte que ya va encarrilada, mamma? -devuelvo la pregunta con aire apesadumbrado.
-No respondas con otra pregunta, jovencita, es de mala educación. Y cuidado con tu tono, recuerda que soy tu madre.
-Per favore, mamma -Suplico rendida estirada boca abajo sobre la isla de la cocina de mi antigua casa. Hace unos tres años que ya no vivo con mis padres.
No soy una persona caprichosa y jamás he
sido una niña de papá. Me considero una mujer fuerte y agresiva, en el buen sentido, cuando veo lo que quiero, lucho por ello y lo consigo. No soy débil, pero este tema ya podía conmigo. En el estado un tanto infantil, he de admitir, pero totalmente rendida como me encuentro, parece que eso gana la amabilidad de mi madre, ya que noto cómo posa una mano sobre mi hombro dando un pequeño apretón, que infunde ánimo y mucho amor. Levanto la cabeza y miro su mirada afligida y sincera cuando vuelve a abrir la boca.
-Lo único que quiero es que mi única hija sea feliz y tenga todo lo que necesita, para una larga y próspera vida.
-Y lo tengo, mamma. Por el momento todo está bien, y habrá momento para lo
otro. -Le garantizo, pero lejos de tranquilizarla eso la cabrea de nuevo.
-¿Lo otro?, ¿me tomas el pelo verdad? -estalla alzando su tono de voz y ahí me doy cuenta de que tal vez no he utilizado la selección de palabras más inteligente o correcta-: ¿te escuchas siquiera, hija mía? -pregunta de nuevo más calmada o
por lo menos lo intenta. Se nota en cómo respira, hondo y lento; ella tampoco quiere discutir conmigo-. Lo otro -repite con repulsión, como si la palabra le quemara en la boca-, hablas del amor como si no fuese un tema importante en la vida.
-No, mamma. El amor no es un tema importante en mi vida -digo recalcando el mí.
No creo que no sea importante, solo que no es algo primordial ahora mismo en mi
vida. No pretendo declarar un odio a los
hombres, sería una cruel mentira que nadie creería, ya que me encantan, lo admito, no me proclamaré virgen porque no lo soy. El hecho de que esté soltera y centrada en mi trabajo no quiere decir que no salga y disfrute de mi juventud y soltería. Tampoco pretendo envejecer sola sin nadie a mi lado, con quien compartir todo lo que he logrado con esfuerzo y trabajo duro y, por supuesto,
un tema en el que no se admite discusión es que quiero hijos, una larga y extensa estirpe que provenga de una familia llena de amor, como es la mía, y no solo siendo dos hermanos como es mi caso. Sé que mi hermano Hudson piensa igual que yo en eso.
-No te entiendo, hija. -Finaliza mi madre con los labios fruncidos en una mueca
totalmente adorable, "¿así cómo me puedo enfadar con ella?", yo respondo: Fácil, no te enfadas y lo dejas correr absolutamente todo. Soy débil ante mi madre.
-Lo siento, mami, pero he de ir a trabajar.
-¿Te vas a tu jaula? -ironiza.
-No, a la empresa, la jaula la están reparando -le sigo el juego. Me gano una auténtica y sonora carcajada de mi madre, me acerco a ella y beso su mejilla antes de ir hacia la empresa.
Nada más salir de la casa de mi madre, me inunda un agradable olor a otoño y una suave brisa da en mi cara y decido ir caminando en lugar de tomar el coche. Luego visitaría a mis padres después del trabajo y recogería el coche. Voy de camino hasta D'Luca. Veo cómo caen la hojas oscuras y secas, típicas de la estación en la que estamos, de los altos árboles. Contemplo atenta cómo danzan, brevemente en el cielo, impulsadas por la suave brisa hasta que tocan el suelo. Estoy tan embobada contemplando la belleza cotidiana de la naturaleza, que no me doy cuenta de que hay un hombre de aspecto sucio y peligroso frente a mí, hasta que es muy tarde para hacer algo.
Agarra con suma fuerza mi brazo y tira
de mí con agresividad hasta que me empotra contra la mugrienta pared de un
oscuro callejón. "Seguro que aquí debe de haber ratas infectas", una cuestión de la que me preocuparía más si no tuviese a este individuo apuntándome con una asquerosa navaja a mi cara.
-Dame todo lo que tengas. -Ante mi falta de movimiento continúa ladrándome, como si tuviese miedo, "imbécil", pienso, eso me cabrea más. -¡Rápido si no quieres que te raje, puta!
Antes de que pueda reaccionar, un hombre
con peor aspecto que el que me intenta robar, lo agarra de los hombros y lo tira lejos de mí. El asaltante se levanta del suelo y alza la pequeña navaja contra el otro hombre. De un salto se abalanza sobre el hombre que quiso ayudarme, pero este, a pesar de la gran cantidad de ropa que lleva, por llamar de alguna forma a los harapos que hay sobre él, oculta su cuerpo casi por
completo, se adivina que es más fuerte y lo desarma sin problemas.
Lejos de rendirse, el estúpido asaltante, lo debe ser para no comprender que no va a ganar y que lo mejor es retirarse, se lanza de nuevo contra el chico. Este es más rápido y lo atrapa en el aire del cuello de la camisa con la mano izquierda, mientras que con la
derecha le estampa un buen puñetazo, lanzándole contra la otra pared del estrecho callejón, por donde su cuerpo semiinconsciente se desliza hasta caer
en un charco asqueroso, que parece estar ahí años y aún no se seca.
El individuo, tras una rápida mirada al chico y otra a mí, completamente furibunda, se apresura a levantarse del suelo y salir corriendo por el lado contrario del callejón, por el que me arrastró momentos antes.
Cuando han pasado, al menos, un par de
minutos desde que el rastrero ha decidido huir, como la rata miserable que es, mi salvador lanza un suspiro y gira lentamente hacia mí, con las manos alzadas en plan: "No te haré daño". ¿Por qué estos dos tipos creen que les tengo miedo? Jamás un hombre me había considerado débil, ni cualquier otra persona que me conociese, esto me ofende. ¿Me acaba de ayudar, como voy a temerle?
-No te haré nada, solo quiero ver si te ha hecho daño -habla finalmente una vez que
está totalmente frente a mí.
Lo que escucho me encanta, a pesar del
olor y el aspecto que tiraría para atrás a cualquiera, su voz es grave, rasposa y a la vez dulce, la típica voz de los chicos duros, que siempre sale en novelas románticas, la misma voz que siempre pensé que no existe pero que este tipo la posee, la misma que acaricia suavemente mis oídos, acompañada de un acento británico que te invita a perderte en él. Estoy tan enfocada es esa maldita y sexy voz suya, que no logro formar las palabras necesarias para decirle que no necesitaba su ayuda pero que gracias, que no estoy herida porque no me ha llegado a hacer nada, y que no es necesaria su ayuda. Toda la intención de
buscar dichas palabras muere en mi interior cuando noto cómo posa una suave mano, con total delicadeza, en mi mejilla. Lo miro a los ojos, unos ojos marrones totalmente atrayentes, no es el típico marrón sino tirando a color miel, tan suaves y brillantes que parece como si se fuese a desbordar algún tipo de líquido. Sus bellos ojos recorren cada centímetro de mi tez meticulosamente, entonces sonríe, una sonrisa devastadoramente hermosa. "Dios, ¿cómo puede existir un hombre así? y el pobre vive en la calle".
-Estás bien, tranquila... -Su sexy acento me devuelve a la tierra y por fin reacciono.
-S-si... -me aclaro la garganta para sonar más segura-. Estoy bien, aunque no necesitaba tu ayuda, la situación estaba perfectamente controlada. Una sonora carcajada escapa de sus carnosos labios, y a pesar de ello, eso no evita que mi nivel de enfado crezca hasta que me encuentro tan enfurecida que no puedo controlar mis propias palabras.
-¿Perdón?, ¿se puede saber de qué diablos te estás riendo?
-No sé si te has dado siquiera cuenta. Estabas en shock-, dice una vez que ha logrado parar de reír-, pero te tenía contra la pared y con su navaja señalando tu cuello. No creo que estés en posición de decir que lo tenías todo controlado.
-¡Eres un imbécil presuntuoso! -Estallo contra el chico.
Me giro dándole la espalda y salgo por donde el individuo me arrastró momentos antes. Un marcado acento británico me hace parar.
-De nada, ¿eh? -Me giro y lo miro mientras me intento sacudir la suciedad que hay
en mi falda-. Solo te he salvado la vida, ¿quién espera que eso se agradezca? -ironiza-, es taaan difícil decir un "gracias".
-Grazie mille, me has ayudado, pero eso no cambia el hecho de que, si no hubieses aparecido, igualmente me encontraría perfectamente bien -contesto con rapidez y vuelvo a girar sobre mis talones para retomar mi camino al trabajo.
Antes de abandonar completamente el
sucio y angosto callejón escucho tras de mí un bufido masculino y pasos alejándose.
Cuando llego a la empresa, observo cómo
se produce ante mí el usual revuelo. Todos piensan que muerdo o algo, pero la verdad es que solo soy exigente con mis empleados y ayudantes, porque quiero lo
mejor para mi empresa y para ellos. Tampoco es como si yo no respondiese de
igual medida, los cuido y mientras que den lo máximo de ellos en su trabajo, se comporten con profesionalidad y ayuden a alzar la empresa aún más, su esfuerzo
siempre se verá recompensado con creces. El leve taconeo de mi secretaria me alcanza nada más entrar en mi despacho.
-Señorita D'Luca, ha llegado el informe de la compañía "Lern in Style", para la reunión de las once de hoy, como usted pidió.
-De acuerdo, Isabelle, déjelo en mi mesa -le digo mientras me sirvo una taza de café caliente.
-¡Ah! También llamó su hermano.
-¿En serio?, qué raro. ¿Por qué no llamó a mi teléfono? -digo lo último más para mí
que para Isabelle, pero igual ella contesta.
-Me dijo que la llamó, pero no respondía, así que probó con el teléfono de su despacho. -Se detiene y continúa con un leve rastro de miedo en su voz-, como yo estaba dejando unos papeles, lo atendí por si era importante.
-Muy bien, ¿y qué dijo?
-Que la recogería para comer a las dos.
-Uf... -Se me escapa un suspiro. "De verdad este Hudson siempre igual, pensando que puedo irme así sin más"-. Muy bien, si no hay ninguna otra cosa... puede retirarse.
-Permiso -pronuncia con suavidad la palabra y se dispone a abandonar el despacho, pero algo viene a mi cabeza y la llamo- ¿Sí?
-¿Tienes novio o algún interés amoroso por ahí? -Tarda unos segundos, la veo completamente nerviosa, pero respira hondo y da un flojo "no"-. ¿Cuántos años llevas trabajando para nuestra empresa? -Sé a la perfección la respuesta, pero quiero que aún así se pronuncie. No soporto que no hablen alto y claro. No es como si fuese a hacerle algo, esta chica me agrada, es la mejor secretaria que he tenido.
-Seis años señorita.
-¿Cuántos conmigo?
-Con usted como jefa tres señorita. -Espero a ver si continúa hablando... y ¡bingo!-:Tres años en los que he aprendido mucho, me ha tratado muy bien y he estado y me encuentro muy cómoda. Le debo esta oportunidad, me esforzaba por hacer mi
trabajo bien y fue usted quien lo vio. Me ascendió como su secretaria personal y lo agradezco esforzándome lo máximo posible, pero he de decirle que, si eso no es suficiente, me emplearé aún más a fondo, se lo garantizo.
-No se equivoque Isabelle. -Veo cómo respira hondo-. El puesto se lo ganó a pulso con su trabajo bien realizado y lo mantiene por su esfuerzo. Yo recompenso a
los trabajadores que lo hacen bien. No pretendo regañarle tampoco ni mucho menos reprocharle nada, porque no hay nada de eso -. Esta vez su rostro se ilumina un poco y me sonríe-: Lo que quiero es felicitarla por su trabajo, así que, ¡siga así! Por cierto, hoy vendrás a almorzar con mi hermano y conmigo -la miro ante su gesto de duda-, a no ser que tengas algún compromiso previo.
-No, no tengo nada planeado, solo iba a almorzar en mi mesa.
-Bien entonces vendrás con nosotros. -Comienza su camino hacia la puerta, pero la
llamo-: Otra cosa, aquí dentro puedes llamarme por mi nombre. Hace tres años
que trabajas para mí y me caes bien, así que no hay problema. En caso de que haya alrededor algún compañero de trabajo o algún socio, personas de la junta directiva con las que me vaya a reunir o algo así, trátame de usted, mientras tanto puedes tutearme e igual lo haré yo.
-De acuerdo... uhm... Kate, me retiro.
-Muy bien Isabelle.
Suspiro satisfecha una vez que la chica
de pelo negro y ojos verdes, desaparece a través de la puerta de mi despacho.
Lo que intentaré puede que salga mal, pero si sale bien, será algo grandioso. No creo que justo en este momento, haya recordado ese rumor que corría por toda la empresa hace un año de que a Isabelle le interesaba mi hermano.
A decir verdad, Isabelle es el tipo de Hudson y lo metería un poco en vereda. Amo a mi hermano, Hudson junto a mi padre son los únicos hombres de mi vida en este momento, y los defiendo con uñas y dientes, pero mi querido hermanito es un mujeriego empedernido que le vendría bien un empujón para centrarse. Quizá ese empujón sea Isabelle.
La mañana transcurre sin mucho ajetreo pese a dos o tres reuniones pendientes. Es entonces cuando veo aparecer por la puerta de mi despacho al grandullón de ojos verdes que tengo por hermano. Todo sea dicho, al igual que es un mujeriego es muy concienzudo y trabajador, conservar ese musculado cuerpo, a pesar de las fiestas locas que se pega, tiene que costar lo suyo. Ojalá su dedicación a las mujeres, fiestas y sobre todo al gym, la tuviese para la empresa.
-¡Hermanita! -dice mientras le abrazo.
-¡Grandullón! -contesto y antes de poder alejarme, me alza en sus brazos y da unas cuantas vueltas, provocando que ría.
-¡Ja, ja, ja! Estás loquito, ¡bájame! -Intento mantener la compostura, estamos en la empresa, pero con Hudson no se puede. Es demasiado juguetón y el único que hace que me suelte por completo.
-Vamos a comer, pequeñaja.
-Un respeto, que soy la hermana mayor- refunfuño con enfado fingido, pero en seguida me río al ver su cara de "inocencia".
-Está bien, vamos. -Dice y me coloca la mano en mi cintura mientras abre la puerta
para mí, indicando que pase primero.
-Mmm, todo un caballero, ¿eh? -murmuro burlona.
-Por supuesto, ¿cómo lo dudas? -Pone una mano en su pecho, como si le hubiese hecho daño mi comentario.
-¡Claro! -digo chocando mi puño cerrado contra mi mano izquierda, como si acabase de caer en algo muy importante-, con razón te las llevas a todas de calle.
-Ja, ja, ja -ríe fuerte mi hermano y mientras sube y baja las cejas seductoramente dice-: ¿lo dudabas?
Esta vez es mi turno de reír, Hudson es un tanto payaso.
-¿Por cierto, has reservado en algún lugar?
-No, conozco un buen sitio, es un restaurante que te encantará, es de un amigo así que no necesito reserva, siempre hay lugar para mí -sonríe orgulloso.
-Bien, pero no seremos dos, nos acompañará una amiga.
-¿Quién?, Ellie, Casie o...
-Espera -le corto-, no es alguien que conozcas, al menos de esa manera. Ten cuidado -le advierto antes de llegar a la mesa de Isabelle-, no puedes hacer algo, que la haga sentir incómoda después... -Le regaño haciendo hincapié en las palabras, algo y después y mi hermano en seguida comprende a lo que me refiero y se defiende.
-¿Por quién me tomas?
-Por un ligón -digo sin demasiada importancia. Ambos sabemos que lo es y no es algo que pretendamos disimular entre nosotros.
-Está bien, me comportaré -claudica tras meditarlo un momento.
Cuando nos dirigimos hacia la mesa de
Isabelle, mi hermano me da un pequeño toque con su codo y me río por lo bajo,
cuando veo que ha adivinado quién nos acompañará y el porqué de mi advertencia.
En cuanto entramos a la zona donde está su mesa, un brillo diferente inunda los ojos de Isabelle, cuando ve que detrás de mí se encuentra Hudson.
-¿Estás preparada, Isabelle? -me responde con un breve asentimiento y se pone de pie-: Vamos entonces.
Mientras recorremos el pasillo que lleva
hasta mi ascensor particular, noto cómo se posan en nosotros las miradas de todos los trabajadores. Simplemente las ignoro, alzo la cabeza y continúo mi camino, pero advierto que Isabelle puede que no se sienta tan cómoda, así que, en tono muy serio le digo: "Señorita Cavano, acompáñeme un momento", haciendo que todos vuelvan a lo suyo. Una vez que entramos al ascensor y se cierran las puertas.
-Grazie mille, Kate -dice de manera tímida Isabelle, ganando una mirada de mi hermano, ya que, en la empresa, todos me suelen llamar por mi apellido.
-No debes dejar que te afecte, nadie te debe hacer sentir mal, en mi empresa eso no lo consiento. Si alguien te va con alguna queja, dímelo inmediatamente, pero no agaches la cabeza. ¿Está bien? -le pregunto dándole un pequeño apretón en el
hombro.
-Está bien -me sonríe.
Llegamos al restaurante y la verdad es que Hudson tenía razón, el sitio era muy elegante y parecía trasladarnos a las antiguas calles londinenses. Me encanta.
Una pequeña farola negra se encuentra en
la entrada, una alfombra roja nos da la bienvenida y una vez que entras todo mejora. Mesas de madera cubiertas con elegantes manteles, pequeños candelabros,
paredes de piedra y largas lámparas colgantes del alto techo, y una enorme colgada en el centro de aspecto señorial.
El camarero llega y nos toma nota. Pasa el rato en una conversación agradable, en la que descubro que tal como pensaba, Isabelle tiene mucho en común con Hudson. Cuando llega nuestra comida, mantenemos un cómodo silencio en el que me percato de las continuas miradas que mi hermano lanza a Isabelle, las mismas que esta le devuelve con timidez.
Hace ya unas cuantas horas que hemos
terminado de comer y lo último que me queda para terminar mi día e irme a casa
es preparar la dichosa reunión de Marketing de mañana. Termino todo y veo cómo Isabelle sigue trabajando.
-¿Aún aquí? Tu horario laboral hace ya un par de horas que terminó. Mira que no pagaré horas extras -bromeo. Isabelle ríe por lo bajo.
-Ya me voy, estaba terminando unas cosas.
Bajamos por el ascensor y cuando cruzamos la puerta nos separamos. Llego a casa de mis padres.
-Hola, papi -le digo nada más lo veo sentado en el sofá.
-Hola, pequeña -Me devuelve el abrazo.
-He venido a saludar, ya que tenía que recoger mi coche. Estoy agotada.
-Quédate a cenar, cielo. Tu madre ha preparado tu plato favorito.
-Ok, me quedo.
Hemos cenado un delicioso pollo al
horno, pero cuando voy a levantarme para ayudar con los platos, me llama mi madre a su despacho. En seguida comprendo que esto será la repetición interminable de la misma mierda y me altero.
-Mamma, ¿qué sucede?
-Cierra la puerta.
***
Un rayo de sol acaricia mi rostro y abro los ojos mientras me desperezo como un gato. Llamo a Casie para desayunar juntas hoy, accede y corro para vestirme e ir lo antes posible con ella. Me visto con una camisa blanca, un pantalón color caqui y una gabardina marrón oscura larga.
Entro al restaurante e inspecciono con
la mirada todo el local, hasta llegar a una cabeza rubia. En cuanto me ve, alza la mano y saluda.
-Hola, amiga.
-Hola -le digo nada más llegar hasta ella.
Le cuento la locura que me dijo anoche
mi madre y veo cómo alucina. ¿Cómo puede decir que si no me caso no heredaré la
empresa? He estado ganándomela por tres años, la he llevado a un nivel que no tenía hasta que no llegué yo, no es que antes no fuese una de la más importantes, pero ahora es la empresa líder y todo por mi esfuerzo. Es increíble que todo se vaya a ir a la mierda, porque no tengo un novio.
Una loca idea se me cruza por la cabeza.
Me despido de mi amiga, que, aunque no parece estar de acuerdo, antes de irme me dice que cuente con ella. Amo a esta chica, no sé qué haría sin ella. Voy casi corriendo, esto es una locura, y debo de llegar y hacerlo antes de que mi parte racional gane a la parte desesperada porque no le quiten lo que es suyo por derecho y tome el control.
Sé que es difícil y loco, no conozco a ese chico para nada, pero me "salvó" sin conocerme de nada y sin pedir nada a cambio. Debe ser una buena persona. Comprendo todas las cosas que pueden salir mal y los riesgos que correremos si acepta o si me pillan en esta pequeña mentira, pero llegados a este punto, me la suda. Llego hasta ese oscuro, asqueroso y
maloliente callejón con la esperanza de encontrar a aquel chico, pero la decepción me abofetea en plena cara cuando no logro dar con él. Cuando me voy a rendir y salir de ese horrible lugar, escucho ese acento que tanto me cautivó y enfadó ayer.
-¿Estás loca? Debe ser eso o que quieres morir.
-Estoy desesperada -casi grito.
-Ya, cielo, eso se ve, pero, ¿por qué ponerse en peligro?
-¿Otra vez con eso? Yo no.... Uff. Mira, déjalo, eso no es importante ahora mismo.
-Ah, ¿no? -dice apoyándose en la pared mugrosa, con pose chulesca, a lo que yo pongo cara de asco y no precisamente por él. Lo observo detalladamente. Está apoyado contra la pared, con los brazos cruzados sobre el pecho y un pie contra la
sucia pared, mientras mantiene el equilibrio sobre el izquierdo. Cuando me descubre inspeccionándolo de arriba a abajo, sacude una mano delante de mi cara, trayéndome de vuelta.
-Quiero proponerte algo -le digo sin dudar-: Necesito que te hagas pasar por mi novio, quizás tengas que casarte conmigo, pero todo eso se puede arreglar. Te pagaría
una cuantiosa suma -digo todo muy rápido para no darle tiempo a rebatir nada.
-Sí, definitivamente, estás loca.
-Y tú eres un necio por rechazar mi oferta, antes de escucharla.
-A ver, ¿qué oferta sería esa? -Lanza el reto incrédulo.
-Te pagaré una vez que todo acabe cinco mil euros, a parte de una casa que estará
totalmente pagada y a tu nombre hasta que ya no estés para utilizarla y, si tienes hijos, la heredarían, sin contar con que el tiempo que dure todo esto, todas tus necesidades serán cubiertas, ropa, comida, -lo miro dudosa -estudios... si quieres. Absolutamente todo.
-¿Y yo solo tengo que fingir ser tu novio y casarme contigo?
-Sí -respondo esperanzada.
-Me estás tomando el pelo, vete a reírte de otro.
-No, no me estás escuchando, yo...
-¡No quiero oírte! -Me corta iracundo -cuando te salvé ayer, pensé que eras una
preciosa chica en apuros a la que estaría bien ayudar, sin pretensiones de
nada. Pero has resultado ser una víbora que se ríe de que viva en la calle.
-No, yo no pretendía...
-¡Olvídalo! -Me vuelve a cortar cabreado- ¡vete al infierno!
Unas lágrimas, que duelen como si de
ácido tratasen, escapan de mis ojos. Cuando ve que estoy llorando su gesto
cambia por una fracción de segundo, pero en seguida vuelve a endurecerse.
-Yo no me burlo de nadie, en mi vida. Me da igual que no lo creas, pero ahora necesito tu ayuda. Después de lo de ayer, pensé que tú serías el único en quien podría confiar para pedirle esto. Eres buena persona, lo sé, y yo tengo algo que necesitas. Sería lo mejor para ambos. Te dejaré mi tarjeta aquí, por si
cambias de opinión. -Lo miro por última vez antes de irme de ese horrible callejón.
Cuando llego a la empresa lucho contra
las caprichosas lágrimas que desean salir. Encima hoy me espera un día largo... Escucho que llaman a la puerta, pronuncio un "adelante" un tanto seco, pero después de la conversación que tuve con mi madre anoche, no estoy de humor para nadie ni nada. Eso sin contar lo que ocurrió esta mañana, para empeorar mi humor un poquito más si es posible.
Flashback
-Mamma, me niego. No puedes pedirme eso. -Me encuentro totalmente indignada: "¿en qué piensa mi
madre?"
-Solo quiero lo mejor para ti, amore.
Respiro hondo para tranquilizarme, antes
de abrir la boca, he de elegir bien mis palabras, lo último que quiero es discutir
con mamma.
-Lo mejor para mí, en este momento, es seguir concentrada en nuestra empresa.
-Siempre estás trabajando, no sales, no vives.
-Mamma, no exageres, sí salgo.
-Bueno, saldrás, pero no hay novio a la vista y yo quiero nietos pronto, mientras
todavía pueda llevarlos al parque.
No puedo aguantar más, ante el dolor de
cabeza que amenaza con emerger de la nada. Pierdo la paciencia.
-Mamma, me niego a seguir discutiendo esto -le discuto alzando la voz-, no me voy a casar de momento. No tengo novio ¿no?
-Querida, me estás obligando a hacer algo que no quiero.
Alzo mis manos exasperada. Coloco los
dedos índice y corazón de ambas manos a los lados de mi cabeza y masajeo mi
sien.
-Mamma, ¿qué estás diciendo?
Un suspiro agotado escapa de sus labios.
-Tienes un plazo de tres meses. -La miro sin comprender y vista mi reacción se dispone a aclarármelo-: Si no encuentras un buen hombre que te quiera y al que tú
quieras en un plazo de tres meses, no heredarás la empresa. -Me dispongo a
quejarme, pero me detiene alzando la mano-: Antes de que pienses en tu padre,
he de decirte que esta es una decisión de ambos. No pretendo que te cases en
tres meses, pero tanto tú como yo sabemos, que, si no te pongo un plazo, ni
siquiera buscarías un buen chico. Siempre dices lo mismo: "Cuando se encauce más mi relación con la empresa..." y ambas sabemos que estás muy bien encaminada. Además de que siempre habrá algún trato que cerrar, alguna reunión que celebrar o alguna compra de cualquier otra empresa, pero la vida pasa y no quiero que acabes sola pensando: "¿Qué hice con mi vida?" -Se acerca hasta mí y coge mis manos entre las suyas-. No quiero que te arrepientas de no buscar el amor. -Deja un beso en mi
frente y sale de la habitación. Dejo salir el aire, que al parecer estaba sosteniendo, de un largo suspiro.
Una lágrima acaricia mi mejilla.
Fin del flashback
Se abre la puerta y no me creo quién
aparece por ella.
-¿Qué haces tú aquí?
Katherine
-¿Qué haces tú aquí? -repito sorprendida. Jamás habría pensado que vendría hasta la empresa y mucho menos que entrase a mi despacho ¡así vestido!
-Lo siento, señorita D'Luca -se apresura a disculparse Isabelle, entrando como loca a mi despacho. Cualquiera, aunque no la conociese, podría ver claramente dibujado el miedo en sus ojos. No miedo a mí, si no al hombre que ha entrado en mi despacho, vestido, por llamarlo de algún modo, con harapos que supongo sería su única ropa.
-No te preocupes, Isabelle -le digo volviendo en mí sin despegar la vista del apuesto, pero sucio chico-. Está bien, es un... amigo -le digo con una pequeña sonrisa para que se tranquilice-. Déjanos solos.
La mirada asombrada y cargada de incredulidad de Isabelle no tarda en chocar contra mí. Preguntando a todas luces si estaba segura de ello, aun cuando no ha abierto la boca. Asiento y le digo que salga con un ademán.
-Bien, ¿te has replanteado mi propuesta? -le pregunto una vez que estamos a solas, obviando todo lo que acaba de pasar.
El hombre frente a mí, del que, por cierto, aún no conozco su nombre, me mira un tanto conmocionado, asiente y se sienta en la silla que hay al otro lado de mi escritorio.
-Con que D'Luca-dice con un leve tono de asombro en su voz, pasando por alto mi pregunta y de pronto provocando una gran ofensa en mí. No sé si no me ha escuchado o me está ignorando a propósito. Cosa que no me agrada.
Lo que me apetece ahora sería mandarlo bien lejos, por osado, de una patada en ese culo tan atractivo que se le intuye, a través de esa horrible prenda, pero, de pronto, recuerdo que lo necesito y lo peor de todo es que él lo sabe. Una sonrisa arrogante, que de buena gana le borraría de un bofetón, se planta en su cara, cuando se da cuenta de la situación. Así que respiro profundamente para tranquilizarme, expulso lentamente el aire y lo miro.
Me limito a asentir.
-¿Esta es tu empresa?
-De mi familia -contesto seca.
-Así que... ¿tu oferta va en serio?
Otro asentamiento por mi parte.
-¿Me contarás el porqué?
-Tal vez -contesto perdiendo un poco la paciencia-. Una vez que firmes.
Lo observo mientras su máscara de suficiencia se va desquebrajando poco a poco, en el instante que se plantea la posibilidad de que no tiene tanto poder sobre mí, como él creía cuando entró por las puertas de mi despacho. Noto duda en su rostro, pero a la vez una irrefrenable curiosidad inunda sus facciones, algo que me da una clara ventaja.
Tras unos momentos en silencio, estiro el brazo, alcanzo el teléfono de mi mesa y rápidamente marco a Brian.
-Hola, ¿me puedes subir el contrato que te pedí que preparases? -Veo cómo el chico frente a mí me contempla extrañado, su cara es un verdadero cuadro mientras continúo hablando con mi abogado y amigo-. Si... Perfecto... Te espero.
En cuanto cuelgo, el chico que posiblemente salvará mi empresa, mi sueño, todo lo que me ha importado en mi vida además de mi familia, todo por lo que he luchado y me he dejado la piel en ello, y del que aún no se ni su nombre, me mira nervioso. Mierda, se va a ir.
-Esto ha sido un error -dice comenzando a levantarse, pero lo alcanzo rápidamente de la mano.
-No, no te vayas, solo he llamado para que traigan el contrato. -Él dirige su profunda mirada ambarina a donde nuestras manos se unen, un momento antes de soltar un suspiro agotado y sentarse de nuevo-. De todas formas, no hubieses llegado más allá de las puertas del ascensor de la planta baja -murmuro recobrando la compostura, frente a la atónita mirada de mi acompañante, quien me mira fijamente.
-Y, ¿cómo pensabas evitar que me fuese de aquí? - pregunta curioso.
-Fácil, tengo mucha gente de seguridad, estarían preparados para retenerte antes de llegar a la puerta, una vez que salieses del ascensor.
-¿Eres de la mafia o algo así?
Un inevitable ataque de risa surge y, aunque me da un poco de vergüenza, no puedo evitar reírme como una pobre morsa a la que le falta la respiración.
-¿Qué? ¡No! -digo recuperándome del ataque de risa. Entonces es cuando caigo en lo que está insinuando y le contesto a su impertinencia-. En mi empresa todo se hace y se logra bajo la estricta legalidad-digo realmente seria, me cabrea sobremanera que un cualquiera cuestione todo mi trabajo y mi esfuerzo. Y el funcionamiento de la empresa, que ha sido de mi familia por generaciones, cuando el tipo está claro que desconoce todo lo que esfuerzo y trabajo significa y, desde luego, no tiene ni la menor idea de llevar una empresa ni algo por el estilo. Quizá sea mala idea haber dicho a alguien como él mi situación, por suerte no lo sabe todo. Tal vez debería buscar a otro, alguien... mejor, pero no me puedo arriesgar a que los rumores comiencen. Si lo llegan a saber muchas personas, o peor aún que alguien disperse información falsa, empeoraría la situación completamente. Me niego que mis padres se enteren de lo que pretendo y, a pesar de tener que aguantar a mi lado a alguien que no quiero, no voy a permitir que me quiten la empresa por la que he luchado igualmente. -Hay empresas rivales que quieren lo que nosotros poseemos. Ni la empresa más limpia del mundo asciende puestos en la escala de poder sin conseguir algún enemigo, y mi empresa es la número uno -contesto orgullosa.
Cuando el chico se dispone a contestar, se ve interrumpido por la entrada de Brian, cargado con dos carpetas negras y su maletín de siempre. Mañana le compraría uno nuevo, mi hermoso amigo se encariña demasiado con sus cosas y no se da cuenta de que necesita que le renueven el pobre maletín.
Me levanto rápidamente y prácticamente me lanzo a los brazos de mi mejor amigo, el cual me recibe con la misma alegría que siempre, como si no nos hubiésemos visto en meses o incluso años, cuando la verdad es que nos hemos visto hace apenas una hora. Pero lo amo, es mi mejor amigo y siempre puedo contar con él, al igual que él cuenta conmigo. Será el único, además de mi loca amiga, que sepa del contrato, en él puedo confiar. En medio del abrazo, me levanta y da un pequeño giro ante la atenta mirada del chico, del cual aún desconozco el nombre, que no pierde detalle.
Cuando me baja le doy un beso en la mejilla y regreso a mi asiento, no sin antes quitarle de la mano ambas carpetas y extenderle una al susodicho.
-Lee el contrato, con lo que tengas alguna duda te lo explicaremos -le digo sin levantar la vista de mis papeles.
Comienza a leer en voz alta, en cuanto lo abre.
-"La persona que opta al puesto, se verá obligada a firmar un contrato de confidencialidad de por vida, antes de conocer el resto de la circunstancia que le lleva a la acción de convertirse en esposo. En dicho contrato se estipulará que no debe hablar, ni revelar información, de la señorita Katherine D'Luca, su empresa o familia, ni detalles que haya conocido en su estancia conjunta durante dicho matrimonio o de su convivencia en particular". -Deja de leer y me mira-: ¿En serio, es esto necesario?
-Totalmente, si cierta información que no me convenga que se conozca llega a oídos de nuestros rivales, sería nuestro fin. -Me mira raro. No lo soporto-: ¿Qué? -pregunto un tanto borde.
-¿"Persona que opta al puesto"?
-No sabíamos tu nombre, de hecho, aún no me lo has dicho -Digo defendiéndome.
-Me llamo Jayden.
-Bonito nombre, yo me llamo...
-Katherine Allen -me interrumpe y, mirándome de forma intensa, continúa-. Lo sé -No puedo evitar sonrojarme un poco, tras un momento en silencio, en el que nuestras miradas no se han abandonado ni un solo segundo, un fuerte carraspeo nos trae de regreso a lo que estábamos.
-Kate, tenemos que terminar esto, es importante -murmura Brian, entregándole una copia del contrato de confidencialidad a ambos.
-Tienes razón, perdona, continuemos -dice después de que Jayden firmase sobre el papel que le acaba de extender Brian-, además luego tendremos que hacer un par de cosas una vez que firmes. Continúa leyendo.
-"Dicho aspirante accederá a casarse con la señorita Katherine, un lapso de tiempo no mayor a cuatro años". -Me mira, asiente y continúa leyendo-: "Antes que se realice el enlace matrimonial, firmará la procedente separación de bienes y renunciará a la parte de la empresa que le pueda pertenecer debido a dicho enlace -otro asentimiento de su parte -, al finalizar esta relación profesional, el aspirante recibirá cinco mil euros y una propiedad a su nombre que pertenecerá de por vida a su familia -otro pequeño movimiento de cabeza-. El aspirante deberá acceder a todo lo que la señorita Katherine crea necesario, sin emitir queja alguna, lo que incluye su aparición en diversos actos, conferencias, viajes de empresa u otros menesteres". -Nada más terminar de leer la línea me mira divertido.
-¿Todo lo que quieras y sin quejas? -dice alzando ambas cejas. Me mira con picardía.
-Lo que yo quiera -le informo, sacándolo de su error. Su cara ya no muestra diversión ni picardía cuando vuelve a hablar. -Eres una aburrida -comenta desilusionado mientras firma el contrato y me da un poco de risa.
Con una sonrisa satisfecha le contesto.
-En seguida comprobarás que eso no es verdad. Acompáñame. -Recojo mis cosas y salgo de mi despacho con una sonrisa triunfante y Jayden pisándome los talones.
Llego hasta donde se encuentra la mesa de Isabelle y le digo que posponga todas mis reuniones del día para mañana. Le doy unos informes antes de irme.
-Quiero que mandes estos informes a contabilidad para realizar el ingreso a la cuenta de la empresa por el trato cerrado con Mackenzie's. Envía los contratos que te di esta mañana a la sucursal de México e Italia para que los firmen y que te los devuelvan. -Isabelle asiente levemente a cada orden que le doy. Es una gran chica y muy buena en su trabajo, debería relajarse un poco más.
-¿Necesita algo más señorita...? -No termina de formular su pregunta ya que la miro entrecerrando los ojos-, Kate -se corrige y le sonrío satisfecha.
-No, nada más por hoy, una vez que lo tengas todo listo y en mi mesa puedes irte a casa a descansar. -Me mira desconcertada.
-Pero, esta tarde...
-Esta tarde yo no estaré -le corto- y no necesito que estés aquí tú sola sin nada que hacer, lo que necesito es que vayas a casa, te relajes y te arregles -la miro pensativa y en seguida recuerdo aquel vestido que le vi en una cena de empresa el año pasado- formal, aquel vestido negro que usaste en la cena del año pasado, ¿sabes cuál te digo? -asiente con la cabeza-. Bien- le doy un beso en la mejilla-, pues yo me voy, termina rápido y haz lo que te he dicho. Me da la impresión que esta noche alguien te visitará.
Isabelle me mira completamente roja y da un pequeño grito, llamándome enfadada.
-¡Kate! ¿Qué diablos has hecho?
Al darse cuenta de cómo me ha hablado se tapa la boca rápidamente con expresión horrorizada, acto que provoca que estalle en una sonora e incontrolable ola de carcajadas. Jayden contempla la escena en silencio con rostro divertido.
-¿Yo? -digo recuperándome del ataque de risa-, nada que no quisieras hacer tú, pero no te animabas. Agradéceme haciendo lo que te he pedido y esperando lo que tenga que pasar -Le lanzo un beso y me giro hacia Jayden-: Vámonos.
Una vez en la entrada de la empresa, el coche nos está esperando junto a Daniel apoyado en el lateral. Al vernos se acerca a la puerta y la abre para nosotros con una amable sonrisa dirigida sobre todo a Jayden. Daniel ha sido el chófer de mis padres desde que se casaron, hace más de treinta años. Es un hombre de confianza y muy noble, no juzga a los demás por su aspecto o nivel económico y, a pesar de tener ya el dinero suficiente para terminar de trabajar y poder vivir tranquilamente, él siempre dice lo mismo: "Me quedaré mientras vea que me necesitan". Adora a nuestra familia y formar parte de ella, porque sí, aunque sea el chófer de la familia, también es parte de nosotros porque lo adoramos. Es uno de mis mayores confidentes, siempre me ha apoyado en todo desde pequeña, él y su mujer, Sam. Hacen una pareja espléndida. Jamás he visto a una pareja con más amor que ellos y mis padres, además ambos se mantienen muy bien para la edad que tienen. Ronda los sesenta, pero Daniel siempre ha sido, y sigue siendo muy apuesto.
Cuando se detiene el coche, abro la puerta, salgo y con un pequeño ademán con la mano, le digo a Jayden que salga también y eso hace. Hemos parado frente a Massimo Dutti y un par de mujeres muy amables se acercan a nosotros. Bajo la mirada de desconcierto total de Jayden, le pido a una de las mujeres, la más mayor, que tome sus medidas y que mande a hacer tres trajes: negro, gris claro y gris oscuro. La mujer asiente y se lo lleva adentro, mientras que la más joven me ofrece asiento y un café. Cuando, pasados veinte minutos, sale Jayden por la puerta que entró, aún más contrariado, agarro su mano y tiro de él fuera de la tienda, antes de que se le ocurra preguntar algo.
De pronto me comienzo a sentir como en Pretty Woman, pero a la inversa y, sobre todo, sin prostitución de por medio. Igualmente, una sensación de emoción me invade extrañamente, me lo estoy pasando genial, yendo de compras y lo mejor es que, Jayden tiene que acatar lo que yo diga y no se puede quejar. Lo sé, soy muy mandona y algo controladora, como dice mi madre, pero si quiero que las cosas salgan bien, tengo que hacerlas yo misma y, a fin de cuentas, esto es bueno para él también. Al final me lo agradecerá.
Nos montamos en el coche y bajamos frente a Giorgio Armani. Le toman las medidas y pido otros tres trajes completos de tonalidades distintas y, esta vez, entramos a Ermenegildo Zegna y pedimos varias camisas de distintos tonos; en Channel compramos algunas corbatas y encargamos en Ángel Infantes varios pares de zapatos hechos a mano. Terminamos en Gucci, ya que mi padre siempre dice que "un buen par de zapatos italianos, hechos a mano, jamás te fallarán en los negocios ni en tu vida personal".
Llegamos a mi casa, le digo dónde está el baño y le doy una camiseta negra y un par de pantalones de chándal y calzoncillos que paré a comprar en Calvin Klein, cuando me di cuenta de que no tendría nada de ropa hasta que la recogiésemos el lunes por la mañana, ya que debían hacerla y tardarían un par de días. Dejo el resto de ropa casual encima de la cómoda y me tumbo boca abajo en mi cama, esperando que entre para terminar de hablar.
Escucho que entra a la habitación y me quedo sin palabras al verlo. Sabía nada más verlo que era guapo, pero ni siquiera me había acercado a la realidad. Es increíble. Sus facciones faciales ahora se ven más claras, a través de la fina camiseta negra de manga corta que lleva puesta; se adivina un cuerpo bien trabajado y se pueden apreciar unos brazos fuertes y musculosos; es alto; y su pelo oscuro, que ahora se encuentra mojado y revuelto, le da un aire aún más sexy a este maldito británico que hace que un extraño sentimiento se esparza rápidamente por todo mi cuerpo y se plante en cierta zona. ¿Pero a ti qué te pasa, Kate? Contrólate, no eres una adolescente en pleno huracán hormonal.
-¿Y bien? ¿qué tal estoy? -dice tímido, ya que después de casi dos minutos, sigo mirándolo sin decir ni pío.
-¡Estás tremendo! -contesto sin pensar y me doy una bofetada mental por ser tan estúpida, ¿por qué he dicho eso? Jayden sonríe satisfecho y un tanto engreído y, lejos de soltar algún comentario jocoso sobre lo que acaba de pasar, se acerca a mí y se sienta a mi lado. Mira a nuestro alrededor y profiere un silbido de asombro, cosa que me hace reír un montón.
-¿Te enseño la casa? Tendrás que conocerla si se supone que has venido aquí más veces cuando "comenzamos el noviazgo" -digo haciendo comillas con los dedos-. Además, te ayudará a no perderte. Aquí no hay carteles de "usted está aquí".
-Pues sería una gran idea -dice riéndose, y es una risa súper linda, un tanto ronca y completamente sexy.
-¿Verdad?, le dije eso al arquitecto, pero no coló.
Seguimos hablando de tontería y riendo mientras le enseño toda la casa, incluso el jardín. Cuando terminamos el tour nos sentamos en la barra de la cocina, tomando una copa de whisky. Continuamos con nuestra agradable charla.
-No pensé que fueras así -admite Jayden.
-¿Así como?
-Pues como eres, tan natural, agradable y divertida -Lo miro y sonrío.
-O cómo te has portado con tu secretaria -continúa.
-Y... ¿Cómo te pensabas que era? -pregunto pensativa, casi por inercia, sin darle realmente importancia.
-Pues los reporteros te pintan como una empresaria, superseria, concentrada...
-Lo soy, concentrada y seria, pero eso no quiere decir que sea una bruja. -Me defiendo molesta y harta de esa acusación de los dichosos medios.
-Lo sé -dice rápidamente. Me mira arrepentido-, no quería decir eso. Perdona.
-No perdóname tú, es solo que estoy harta de que todo el mundo piense que soy la mala por querer llevar la empresa que mi familia fundó con tantos esfuerzos a lo más alto. No soy para nada como me dibujan. Por eso también quiere que tenga alguien en mi vida que me quiera y sea mi pareja, porque cree que eso me endulzará más, de cara a los medios. Verán que soy humana-. Digo indignada, como si no lo fuera por no tener pareja.
-¿Quién?, ¿quién quiere eso? -pregunta él muy astuto.
-Mi madre -confieso.
-¿Por eso haces todo esto?
-Sí.
-¿Por qué no le dices simplemente? Lo siento, mamma, no estoy interesada en casarme por el momento.
-Como si fuera tan fácil -digo exasperada.
-¿Qué complicación le ves?, ¿qué tienes que perder?
-Mmm, no sé. -Finjo que estoy pensativa, la verdad es que estoy fastidiada. ¿Por qué tiene que preguntar? Me da rabia tener que hablar del tema, es frustrante ver que todo mi esfuerzo de años se puede ir a la mierda en un solo segundo, por algo tan estúpido como no tener novio-. Mi empresa, para empezar -digo brusca. -Toda mi vida, para terminar.
- ¿Por qué perderías tu empresa?
-Porque la mujer atolondrada, fantasiosa, mandona y cabezota que tengo por madre, y amo con locura, es una idealista que quiere para su hija lo mismo que ella tiene. El amor de su vida a su lado, pero no se da cuenta de que ahora mi prioridad es la empresa, y como la suya es que yo encuentre el amor...
-Te presiona para que lo encuentres, porque si no te quitará la empresa -termina por mí, adivinando mis palabras.
-Sí- contesto decaída.
Acerca su mano a mi cara, la coloca bajo mi mentón y, con delicadeza, hace que levante la cara para que lo mire. En cuanto nuestros ojos conectan entre ellos, veo una profunda mirada cargada de sinceridad.
-No perderás la empresa, tranquila, no llores -dice enjugando mis lágrimas con su pulgar.
"¿Estoy llorando?" -pienso. Acerco mi mano a mi cara y veo que es verdad. En ese momento me doy cuenta de que había comenzado a llorar. Vuelvo a bajar la mano, pero la dejo sobre uno de sus fuertes y musculosos brazos.
-¿Cómo estás tan seguro de eso? He luchado en cuerpo y alma por esa empresa, si descubre la verdad de nuestra relación, el trato...
-No descubrirá nada -me interrumpe-. Confía en mí.
Pasadas dos horas, en las que después de un silencio largo, pero cómodo, continuamos con nuestra animada charla, descubrí algunas cosas de él. Acompaño a Jayden y su sexy acento británico, que por cierto me confirmó que era de Inglaterra y que tiene familia por aquí pero no quería contarles el hecho de que vivía en la calle, para no preocuparles o causarles problemas, a la habitación de huéspedes. Habitación que ocuparía mientras no estén por aquí mis padres, una vez que lo presente como mi prometido.
-Buenas noches -me dice una vez que llegamos a la puerta de su habitación.
-Buenas noches, si necesitas algo, mi habitación es la última puerta por ese pasillo -digo señalando un pasillo que hace una rara "L", desde donde nos encontramos-. Y tienes un baño justo al lado de la puerta de tu habitación -señalo la puerta que sigue a la suya.
-Está bien, gracias -dice, se acerca y deja un pequeño beso en mi mejilla y se aleja de mi cara con una arrebatadora sonrisa. Un ligero sonrojo tiñe mis mejillas ante el dulce e inesperado gesto. Antes de que pueda hablar, abre la puerta del que será su cuarto y desaparece por ella, dejándome como una boba contemplando la puerta por donde se ha ido.
Giro y me dirijo a mi habitación, me cambio y coloco mi pijama para intentar dormir un poco. "Mañana será un día largo", me recuerdo a mí misma viendo que no logro dormir. Un rato después, el sueño me abraza y comienzan a pesarme los ojos, me relajo y, finalmente, logro dormir.