Me desperté con los rayos del sol a través de la pequeña ventana que rodea mi habitación. Hoy tengo un propósito por el momento que es trabajar.
Lentamente, puse mis pies en el suelo. Apenas tengo un conjunto interior de un color morado en mi cuerpo, por eso me cambié sin mucho cuidado poniéndome una ropa sencilla.
Salgo, dejando la puerta abierta con la expresión de un muerto viviente por las mañanas. Me tropiezo con mi hermano menor. Abel juega con los carros disimulando un accidente, imaginando todos los hechos en su imaginación.
"Un accidente"
"Llamen a la ambulancia"
Son las típicas expresiones al verme. Luego se me acerca y me dice algo.
-Dale un beso y va a revivir-explicó entre risas, tocando mi pierna en señal de súplica.
Abel apenas tiene 10 años, le encanta jugar bromas y jugar conmigo. Para él es muy fácil hacer todo tipo de amistades. Aparte de que tiene el mismo color de pelo castaño y unos ojos hermosos igual que papá.
Yo me divierto un poco por su actitud, mientras que este niño se fue hacia las escaleras aun con los juguetes tirados en el suelo. Cuando termine de recoger todo ese desastre.
Bajé, escondiendo todo eso en un rincón de la casa sin dejarlo fácil. Cuando llegué a la cocina, mi madre le dice a Abel dónde dejar las cosas.
Me senté en la mesa con su estilo moderno, sin olvidar los cuadros familiares, muebles de madera y los trofeos de fútbol de Daniel y algunos míos de natación, faltaban los de karate o baloncesto del más pequeño de la familia.
-Hola, mami ¿Dónde está el mejor papá del mundo? Hay un gran aroma en la cocina-le saludé, esperando el desayuno.
Ella tiene su bata verde puesta, es un diseño de flores con un tono de verde en el fondo, con su corto cabello recogido y con sus sandalias al desnudo de sus pies.
-Buenos días, hija. Tu padre salió temprano para dar clases en la universidad. Aquí tienes tu comida-me respondió, con un tono de alivio.
En mi pequeño plato hay una especie de ensalada de frutas: piñas, duraznos, algunos trozos pequeños de manzana y lechosa, acompañados por un vaso de leche.
No quería esto. En mi mente tengo la ilusión de otra cosa más sabrosa, así como una pizza.
Luego ellos se sientan. Observó que mi mamá y yo vamos a desayunar lo mismo, pero mi hermano tiene un par de pastelitos de pollo.
Aquí pienso sinceramente que la vida es muy injusta.
-¿Y por qué él no viene lo mismo que nosotras?-le pregunté intentando ser una molestia para mi madre.
-Annabel no te pongas celosa, son calorías, sin un pequeño toque de proteínas. Además, este tipo de frutas nos aportan vitaminas, minerales y fibras para el organismo- me respondió, pero también continuó diciendo.
-Hace mucho se descubrió que las frutas previenen el envejecimiento prematuro de las células. Nos ofrece una piel más sana, joven y una mayor calidad de vida. Si quieres lo buscas en la internet-me explicaré probablemente.
-Como digas, creí que seguía siendo la favorita de la casa-le dije, fingiendo dolor.
-Lo eres, mi pequeña-me respondió con una sonrisa, mientras termina de comer.
-Gracias-pero en el fondo no le presté mucho cuidado a su explicación, mientras tomaba un vaso de agua, terminando de comer.
-Orgullosa- murmuró Abel en un tono bajo.
-Respeta a tus mayores-le contesté molesta, no me gustó para nada ese tipo de palabras hacia mí.
-Eres una vieja. Por cierto, gracias por traerme mis juguetes. Te quiero mucho, hermana-me respondió con una sonrisa falsa.
Ya había finalizado de comer, aunque había probado un poco.
Mientras que mi mamá se quedó limpiando con mi hermano. Después iba camino a mi habitación, con sus paredes de un color azul fuerte.
Una vez adentro, observé mi pequeña biblioteca junto a su escritorio. Al lado está la gran ventana donde se puede observar una gran parte de la ciudad y en el centro del cuarto está mi cama y clóset.
Vi en mi despertador con sus pequeños números en rojo para dar las 8:30 am.
Buscó la camisa mientras la guardo en un bolso pequeño de color verde que tengo y lo guardo.
Me hago una coleta con lo primero que veo y sin prestarle atención a mi cuarto, cierro la puerta con mucha fuerza.
En estos momentos mi habitación es un desastre. Diría que la primera guerra mundial pasó por aquí.
Bajo y luego intento caminar disimuladamente por la sala. Cuando escucho a mi mamá: Cuídate, ahí afuera hay muchos peligros.
-Está bien, te quiero madre. Y yo a ti, pequeño monstruo-le respondo y luego busco mi mirada hacia Abel, mientras busca sus juguetes de pie en la sala.
Enseguida él voltea, y me saca su pequeña lengua como señal de mi respuesta sin ponerle cuidado.
Sé que voy a tener cuidado hoy es un día como cualquier otro. No podría pasar nada más.
¿Qué podría ser diferente, ya cuando tu destino está marcado por la sociedad?
Pero por alguna razón, las palabras de mi madre no salían de mi mente. Como si algo interesante pudiera pasar.
Me encuentro en el autobús, en mi asiento preferido al lado de la ventana.
Observó el reflejo, mientras que mi acompañante es una señora con el pelo corto, unos lentes y la vestimenta típica de sus años de juventud.
Intento centrar en mi mente en otra cosa. Pero luego descubrí los carros.
Me encontré con muchos diseños, incluso me encantó uno de los últimos modelos de la marca Chevrolet de color azul metálico.
-Te sigo explicando, tiene que ser por esa calle. Hija, yo lo sé, tengo más experiencia que tú-dice la anciana, mientras que señala el lugar mentalmente invadiendo mi espacio personal.
-No te preocupes. Creo que estoy cerca-responde para inmediatamente cortar la llamada.
-Ella siempre anda con el mismo cuento. Yo sé vivir sola sin la ayuda de nadie. Mi niña le doy un consejo, nunca se case y menos tenga hijos con cualquiera-suelta ese comentario, observando mi aspecto físico.
Como si fuera a suceder. Nunca voy a conocer el amor, simplemente no existe. Una ilusión reflejada por el hombre llamada Felicidad.
-Entendido. ¿Pero es nueva en la ciudad?-le pregunté algo curiosa.
-Si cariño, mi hija se divorció y ahora tiene un nuevo novio. Lo vengo a conocer-me responde con algo de dignidad en su mirada.
Lo típico en la vida real. Piensas que conoces el amor, pero en realidad el engaño. Yo personalmente supongo que el divorcio no debe existir.
Tienes que ser feliz con la persona que elijas. En mi opinión necesita tener tiempo y paciencia de las dos partes.
-¿Pero no la podía buscar o recoger?-le seguía preguntando curiosa.
-No necesito eso, además no los quiero molestar. Si sabes a lo que me refiero- me responde guiñándome el ojo.
Dudo que mi mamá sea así. Para eso tiene a mis hermanos para cumplir con ese maravilloso porque deseo no quiero tener hijos en este año.
-Aquí es mi parada, gracias por el consejo y suerte-le dijo ya para salir entre la multitud.
-Solo recuerda mis palabras "El amor se puede convertir en tu mayor debilidad".
Finalmente, bajó con mucha dificultad, ya qué había mucha gente. Camino un poco hasta que llego al almacén Walmart, es el más grande de la ciudad de Chicago.
¿Cómo puede ser que una chica como yo, experimente cosas aun cuando al corazón estén prohibidas?
La respuesta: Los hilos del destino están en contraste, transformación y cambios. Jugados por Dios y la muerte.
Pero pienso que también por tus decisiones.
¡Sería un experimento habitual con un resultado sorprendente!
Extra I
El ladrón.
La noche inesperada, surgía con el pasar de los segundos y el caminar de los segundos cada vez más.
Las luces de Neón hacían el panorama su reino, encandilando a alguno que otro sujeto con sus problemas de visión.
Sí, era una buena noche inesperada, pero también muy común entre las otras.
Entré el conjunto de personas que hacían su vida social al asomar la luna, un chico de tez clara y cabello rubio castaño oscuro bajaba de un taxi con una gran mochila a cuestas y se maravilla observando tanta luz en donde debería haber tanta oscuridad.
Pero no era muy diferente al resto de donde venía y tenía que darse cuenta de prisa, ya que era muy reciente la noche.
Estaba antes que sus aviones dormir y debía buscar un lugar donde antes de que cerraran todos los hoteles cercanos, porque mañana se reuniría con los jefes que lo habían llamado a esta ciudad.
Para comenzar el tan clandestino negocio.
-Está muy bonita esta ciudad, o al menos este sector de ella-dijo él, sin querer, atraía las miradas del 90% de las chicas que lo veían.
-Veamos si no deje nada-mencionó para sí mismo.
El joven se recostó en una pared que estaba justo al lado de una farmacia abierta.
No sin quitarse previamente la mochila abultada para verificar que todo estuviera en orden. Y luego buscar un hotel donde pasar su primera noche en esta ciudad.
Abrió su bolso y comenzó a registrar; ropa para pocos días, caja de guantes de cuero, su cuchillo preferido, una daga negra (curva y filosa), su cartera con una identificación falsa y un sobre pequeño con su verdadera identidad.
¡Todo parece estar en orden!
Tenis, llaves, equipo de infiltración, no falta más nada.
De pronto y sin saber de donde, un hombre pasó velozmente frente a él, arrebatándole la cartera de sus manos con su identificación falsa y sin parar, se proponía desaparecer, pero gracias a los desarrollados reflejos del chico rápidamente se colocaron detrás de él y con un brazo rodeo el cuello del ladrón lanzándolo al piso con un movimiento giratorio.
El tipo quedó tirado en la acera y el chico de pie frente a él completamente tranquilo.
Sin perder un segundo, el ladrón sacó un revólver de su cinturón que esperaba no utilizar y apuntó a su víctima.
Quien en un reflejo tan veloz, como un relámpago pateó su mano arrojando el arma a metros de ellos y todo en una fracción de segundo.
El chico se agachó hacia el derrotado agresor y tomó su cuello impidiéndole levantarse.
-Lo siento. Pero tú, al igual que yo, debes saber que una verdadera identificación falsa es más importante que una en este negocio-le dijo el chico mientras destruyen el ladrón sobre el suelo.
-¿Y quién eres tú?-le preguntó el desarmado y estupefacto atacante quedándose sin aire.
-Me conocemos por muchos nombres, como te dije. Este negocio los necesita, pero ya que vas a morir. Te diré mi verdadero nombre. Que te acompañará al infierno. Me llamo Sebastián.
Dicho este, hundió el filo de su cuchillo directamente en el pecho de quien lo había intentado robar, objeto que había sacado de su mochila en ese momento.
Dejando noqueado el ladrón.
Solo se escuchó el quejido del hombre y en un instante fue un cadáver. El chico sacó el cuchillo y la herida oculta con la chaqueta de su víctima; ahora los roles habían cambiado y él era el agresor y no la víctima.
Se levantó y descubrió sorprendió a la muchedumbre de personas en torno a él murmurando sobre la escena de acción contemplada.
El joven tomó su cartera, bolso y guardo, su cuchillo ensangrentado sin que nadie lo notara y se alejó lo más rápido posible de la escena del crimen.
Pero Sebastián no olvidará nunca esta gran bienvenida para él esperando encontrar más competencia en el camino.
-Será mejor que me continúe, podría ser muy malo dejar esperar a mis jefes- dijo para sí mismo.
Luego de eso, prosiguió su camino desconocido adentrándose en las calles. Camino hasta que se encontró con un pequeño hotel, apenas visible, que aún se conservaba en esa zona.
Apenas entró a la puerta, sintió la presencia de una joven hermosa con su pelo rubio largo, junto a su diminuta ropa roja con su gran cuerpo.
Una prostituta, pero también podría ser una chica huyendo de su familia. Pero no había dudado en su mente de conseguir una habitación y una noche inolvidable de sexo.
Poco se acercó a poco a la mujer mientras que ella se encontraba en el gran salón leyendo una de las tantas revistas del Glamour, Vanidades, de los últimos diseños de este año 2018 referente al verano.
Deseando aparecer en la portada como actriz o modelo. Pero también estaba la edición de Vogue, con la reseña de Looks de impacto y sus nuevas mezclas.
-Hola, quisiera saber dónde puedo encontrar al gerente. Para estar en una habitación al lado de la tuya-dijo Sebastián, intentando usar eso como excusa para hablar con la chica.
Ella dejó de hacer su actividad y se dispuso de alguna manera a leer sus expresiones como a la revista. Pero lo supo de inmediato sus verdaderas intenciones.
-Sé lo que buscas, no finjas Acepto tu invitación. Pero bajo dos simples condiciones: Vas a estar en el cuarto conmigo y después de lo que pase hoy se olvida ¿Aceptas? No soy una prostituta, solo aprovecho las oportunidades de la vida de la mejor forma-le respondió guiñándole un ojo.
-Me parece bien, ya que ambos vamos a disfrutar esta increíble noche. No solamente de sexo, sino de placer. Por cierto, me llamó...-dijo él, buscando las palabras correctas para responder, pero, sin embargo, no pudo continuar.
-No te presentes. No lo necesito saber tu nombre. Pero si lo que produce en mi cuerpo, vamos te enseño el camino o no-dijo ella, poniendo un dedo sobre la boca de Sebastián.
Le encantaba la actitud de ella, aunque tiene su lado fuerte que convierte eso en una debilidad para este chico.
Él siguió a la desconocida a través de las escaleras del primer piso, aquel sitio, con la ilusión de aquel encuentro.
Con la decoración antigua e incluso dañada, esas paredes con falta de color, apenas el suelo de cerámica dañado.
Llegaron al cuarto 1202, ella abrió la puerta, mientras que Sebastián dejó sus cosas tiradas en el suelo, admirando el espectáculo que apenas comenzaba sobre la cama.
Ella se desnuda cada centímetro de su cuerpo a través de su penetrante mirada. La chica sintió deseos de tenerlo y sentir sus fantasías en una noche fugaz.
Esa es el tipo de libertad que una vez la obediencia intentó experimentar.
Cuando en la realidad, es tan cerca, pero a la vez imposible. Llamada por la experiencia, pero escuchada por el destino.
El Almacén Walmart es una corporación multinacional de tiendas que opera grandes cadenas de descuentos. Se fundó en 1962 en Estados Unidos como una empresa pública, siendo su fundador Sam Walton. Que ofrece una mayor demanda de ofertas privadas del mismo empleo en el mundo. Siendo la Familia Walton, su propietario principal.
Aquí trabajo como cajera, por mi buen manejo de números y cálculos mentales. Apenas piso la puerta de entrada, la vista de mi jefa cae en mis hombros. Se llama Katheryn, tiene sus expresiones duras junto con su personalidad fuerte.
-Buenas tardes, señorita. Esperamos que el mal clima de la tarde, no afecte su llegada. Hoy te toca trabajar en la caja 6-dijo ella, haciendo un juego con sus dedos al señalar el lugar.
Katheryn está con una camisa blanca con el logo de la estrella del almacén, con pelo corto rubio y en algún sitio de su ceja izquierda, tenía un pequeño lunar. Siempre haciendo juegos con sus pantalones negros y lentes de sol.
-No hay problema para nada-le respondí, sin reclamar nada ni menos estado molesto.
Generalmente, hay 12 cajas, situadas paralelamente entre sí. Con su estilo moderno para satisfacer las necesidades de nuevos clientes. Hoy me toca trabajar en la principal, donde la mayoría pagan con tarjetas de crédito y débito, casi nunca en efectivo.
Ya en esta hora, viene el cambio de turno. Vine con una chica nueva que tiene su pelo largo teñido de rojo, ella es Amanda, aunque su único defecto es personalidad, a veces es arrogante e histérica con algunos, pero también seducía a cada hombre literalmente que veía. Por eso únicamente la saludé y decidí irme antes de conseguir un futuro esposo.
Pero me agarró fuerte del brazo y luego disimuladamente en mi oreja: Mira ese chico a la izquierda, dijo está para probarlo poco a poco, se parece a uno que por cierto pasó una noche increíble.
Pongo la mirada en él, es un chico vestido con una ropa formal negra combinada de azul muy pegada a sus músculos, pero enseguida viene un hombre de más edad a su lado con una ropa playera, hablan y discuten muchas cosas.
Luego camino hacia la habitación donde guardamos nuestros bolsos junto con nuestra ropa, pero me detuve inmediatamente al escuchar la voz de Sofía.
-A las personas como ella, siempre se puede esperar lo peor. Chicas, ni siquiera termino de estudiar. Ni tampoco es tan bonita para conseguir novio, es una rechazada-le siguió comentando a todos.
-Saben que Annabel siempre llega tarde. Esa clase de personas como ella nunca cambia. Además, solo trabaja para su patética familia-le continuaba diciendo a las demás.
No quería entrar y que me miraban como el bicho raro, apenas me quedé escuchando por un buen rato en un rincón. Sofía tiene el pelo corto sobre los hombros, pero ella muy hermosa, siendo por dentro un real monstruo de terror, su pasatiempo favorito es hacerme la vida imposible en el trabajo desde que quedó fija hace unos meses, nunca entendí el porqué.
Me fui de ese lugar, por casualidad me encontré con Sarah. A diferencia de mí, tiene una camisa verde con las mismas descripciones que la mía, pero acompañado de un mono marrón, estaba a punto de trabajar para su doble turno. Ella es mi mejor amiga desde hace 3 años, también mi confidente en los buenos y malos momentos.
-Hola, Annabel. Ten suerte con los huracanes, andan espantosos esta semana-comento sigilosamente, mientras está parada a mi lado.
-Sarah, espero que tengas muchos clientes. Y conquista un chico guapo y sexy-mencionó con una sonrisa pícara al final.
-Gracias, fea. Porque veo que tú no tienes suerte. Anda, vete para romper muchos corazones-le respondí un beso en la mejilla.
Sarah y yo somos muy diferentes en nuestro carácter y gustos, sin embargo, mi amiga es un ejemplo a seguir. Unos de los sueños para este año es comprar un carro de último modelo o usado. Hace poco, ella pasó por una decepción amorosa. Fue cuando ambos fuimos al departamento de su novio David para darle una sorpresa de tres meses de aniversario.
Pero nosotras fuimos las sorprendidas, nos encontramos con él junto a una chica en su cama, desnudos aparte de un gran desorden. Para ella fue muy duro. Es una infidelidad y eso casi nadie lo perdona. No existe un espacio para una explicación. Pero tengo la esperanza de que Sarah sea feliz con una buena persona y conozca el amor verdadero. Algo simple y superficial para el hombre.
Tienen razón con el clima, ahora estoy en la parada soportando la lluvia en toda la ciudad, aunque no me extraña. Estamos en el mes de octubre, donde la mayoría de los pronósticos meteorológicos son de este tipo. Aun estando cerca de mi casa no quiero caminar, entonces decidí esperar con mucho esfuerzo, mientras tocó mi pelo ondulado.
Poco a poco, las gotas de la lluvia censaron, pero no acabo del todo. Me salí del grupo para irme trotando pero al mismo tiempo evitando agujeros de agua. Pero no pude evitar caer en uno. Aparte de estar mojada me convertí en un desastre con toda la tierra arriba.
De pronto viene un chico en una bicicleta. Cuando enseguida me vio y se detuvo, tiene puesta su gorra roja, una camisa informal con sus llamativas bermudas de color blanco.
-Hey ¿Estás bien?, si quieres te ayudo-me dijo al verme, enseguida me ofreció su mano donde resalta mucho su piel blanca.
-No gracias, estoy excelente ¿Acaso no ves?-le dije que intentaba ser lo más directa posible.
Él inmediatamente devolvió su mano otra vez a su bicicleta, mientras seguía tirada en el suelo.
-Solo te quería ayudar. Pero veo que puedes tu sola, niña-luego de esas palabras se fue en dirección contraria a su rumbo.
Me levanté con cuidado. Y esta vez, intente caminar sin ocultar el dolor en mis piernas. Ya había terminado de llover. El sol brillaba con la mayor intención posible sobre la impotente ciudad.
-Este día no puede ser peor, gracias a ese imbécil!-, mencione mirando el cielo, quizás en busca de una señal.
Cuando vuelvo a pisar el suelo, veo un sapo grande emitiendo un sonido raro, este anfibio seguía manchando mis zapatos. Luego seguí corriendo lo más lejos posible de este animal. Pero volví a caer en un charco de agua donde apenas me volteó a encontrar de nuevo con este pequeño animal.
-Vaya, eres mi príncipe azul-dije para mí mismo.
Me levanté y, camine sin darle importancia a esto, no sé si este sapo me perseguía. Solo tengo el aspecto de una vagabunda por las calles de noche. Una vez me levanté sigo mi camino donde vivo.
La urbanización donde vivimos es una de las clases medias, por la situación económica de mi familia. Por eso apenas acabe la escuela decidió trabajar sin realizar mis estudios universitarios. Además, cuando mi hermano Daniel se fue de la casa fue muy duro para todos, aunque él tiene parte de la culpa por no cumplir las reglas que nuestro diseño para nosotros. En mi caso siempre iba a obedecer, incluso Abel tiene ese implante de las reglas en sus pensamientos.
Intenté limpiarme, aunque tengo la duda de que alguien estuviera en la casa a estas horas. Así nadie iba a ver mi aspecto en este momento. Aunque para los ojos de mis padres, soy hermosa, tengo más miedos profundos en mi corazón que en sus mismas palabras.
Extra II
El jefe.
Por una calle oscura, y solitaria pasa un auto pequeño de vidrios empañados, con las luces abajo, ni tan rápido para ser detallado; ni tan lento como para ser alcanzado un pastel.
El cielo despejado sin la culpa de la luna llena por su brillo, el chico va adentro del auto, se hubiera arrepentido de aceptar la oferta que lo lleva por ese camino. Aquel tiene una chaqueta oscura adentro de una camisa azul, con el pequeño logo de un gato en el bosque, además de un pantalón gris.
Al fin llegaron a su destino perdido entre tanto vacío, en un sitio parecido a un club, con un portón y una piscina adentro. El auto se estacionó donde se mostró a nuestro protagonista Sebastián saliendo por la puerta trasera, escoltado por tres hombres armados. Si no fuera por los tatuajes y la vestimenta de pandillero parecerían policías llevando preso a un detenido.
El chico fue llevado a un lugar donde otros hombres lo revisaron de pies a cabeza. Unos de ellos tomaron su cuchillo negro de su cinturón y cuando Sebastián intentó quitárselo, los pandilleros se acercaron advirtiéndoles que no debían resistirse, lo cual no le quedó opción.
Entró en una especie de despacho o habitación, una mesa en el centro y cuatro hombres apostando dinero, alrededor había mujeres divirtiéndose con ellos y muchas botellas de diferentes licores, pero también había un chico casi igual que él, recostado a una pared jugando con una navaja, que le sonrió maliciosamente al recién llegado.
Esté se ilustró con una ropa casual a su modo, sin chaqueta, pero en dedo meñique tenía un simple anillo de plata.
-Ah!, pero si es nuestro invitado especial-dijo un hombre, canoso y bien vestido, con tonos claros.
Parecía la cabeza de todo en este lugar, por algo de respeto que demostraba que él.
-Toma asiento, hijo.
-¿Casablanca?-le preguntó él, muy curioso, al señor.
Lleva un traje muy formal, donde resalta su corbata de un verde metálico, con sus poderosas facciones corporales, pero de una baja estatura, ese hombre.
-Él mismo. Siéntate por favor-le respondió al final con un tono fuerte.
-Prefiero quedarme de pie, si no le importa-agregó Sebastián.
-Bueno, igual no es mucho lo que te voy a decir. Supe que tienes experiencia en este negocio-habló mientras tomó un tabaco de la mesa, y comenzó a fumar lentamente.
Mientras que los otros sujetos de la mesa se retiraran junto a las mujeres para ir a las habitaciones.
-Usted, no me dio un buen recibimiento. Déjame recordarlo o por lo menos podría haber sido más discreto.
El entrevistado fue rápido y preciso con sus respuestas, no quería mostrar debilidad ante el jefe, necesitaba un buen contrato para su modo de vida.
-Solo que prometí traerte en el avión desde tu país. Hasta acá, ayer mismo, pero se nos presentó ese inconveniente. Aunque supe que no perdiste tus habilidades con un asaltante de la zona, apenas llegaste. Él fue unos de mis hombres que entraron hace un año-le dijo Casablanca directo y frío hacia él.
Luego él grabó el incidente con el ladrón y se dio cuenta de que la noticia se ha esparcido, mostrando a Sebastián sin una expresión de sorpresa.
Miro al otro chico en la pared, que no para de reírse como un psicópata y prefirió evadir el tema.
-Nada más dígame como es el juego y vaya directo al grano-le respondió al mismo momento desgastado un puño a la mesa de Casablanca.
-Como ya diste cuenta tenemos ojos en todas partes. Y nos enteramos de todo. Tu trabajo será cumplir con mandatos que estorben en nuestro camino. Y de vez en cuando tomas prestado alguna cosa para nosotros, a cambio tendrás todo lo que necesites para cumplir con esas misiones, aparte de vehículo propio, casa, comida, seguro social, papeleo limpio de cualquier crimen, dinero. En fin, todo lo que deseas. Si fallas o no quieres matar, tu vida será el pago, ni siquiera trates de huir porque te voy a encontrar.
-¿Por qué a mí?- preguntó el joven después de mucho pensar.
-Quisiera saber por qué me mando aquí teniendo a tantos hombres a su disposición-le seguía preguntando Sebastián a Casablanca.
-Para mí, eres más inteligente, rápido, hábil, experimentado, fácil de camuflar y lo más importante es que nunca cometes un error. No como el resto de mi gente-expresó Casablanca, casi con la sinceridad reflejada en su rostro.
-Sobre todo más guapo-habló sarcásticamente aquel muchacho que se había parado en la pared y se había acercado a Sebastián tomándolo del rostro por la barbilla.
Cosa que enfureció el chico y empujó al otro hasta dejarlo de nuevo en la pared, esté intento amenazarlo con una navaja en su cuello. Pero Sebastián sostuvo su mano y con la otra la apartó, cuando se disponían a forcejear.
Hasta que Casablanca gritó muy fuerte, interrumpiendo esos movimientos: ¡Basta!
Produciendo el silencio repetidamente y finalmente los chicos se soltaron. Sebastián le dio la espalda y se hundió hasta donde se encontró antes. Acto seguido, él otro chico alzó su cuchillo y se dispuso a lanzárselo a Sebastián mientras que estuvo de espaldas. Pero un movimiento el chico sacó la navaja de unas de las escoltas y la lanzó primero, clavándose en la pared por encima de la manga del otro justo a un nivel de la muñeca, agarrando su brazo y deteniendo el ataque inminente.
El joven humillado se dirigió hacia Sebastián con furia y enojo, pero el viejo lo detuvo una vez más, pensando quizás en un problema menos.
-Cálmate Erick "Recuerda, es solo un novato" además no tengo en contra de ti-le dijo Casablanca, intentando tranquilizar al chico.
-Esperó que me den mi carro, arma y una nueva casa. Llámame, apenas necesites un mandado. Señor, cuente conmigo-respondió Sebastián, pero de último mirando a Erick con odio mientras esté le devolvía la mirada-Para matar a quien sea-añadió Sebastián mientras que aún desafía a Erick con una sonrisa en la mirada.
-Así lo haré. Y me olvidó decirte atrás, te espera un vehículo, tú sabrás cuál-culminó de decir Casablanca, mientras le lanzaba unas llaves a Sebastián que las atajó en el aire.
-Juro que encontraré todas tus debilidades. Sebastián, de alguna manera, solamente espera ¡Te voy a acabar!-dijo en silencio su nuevo rival, mientras terminó la reunión.
Cuando Sebastián salió, apenas vio el aveo plateado siendo un modelo del año 2015 con aún un aspecto moderno, lo abrió con las llaves de Casablanca y empezó a conducirlo. No encontré a ninguno de los hombres, eso hizo mucha diferencia, pero esta vez no iba al hotel, sino que se dirigió a otro sitio.
Necesitaba calmar sus nervios después de ese encuentro con Casablanca y su nuevo rival en el negocio. Pero en varias ocasiones tomó un mapa, aunque lo pensó, pero varias dudas sobre la zona donde se dirigía. Cruzó muchas avenidas y calles, este día faltó el encuentro con alguien más.
Cuando al fin llegó cerca de la casa, se bajó y caminó lentamente mientras que observaba a su alrededor. Cuando llegó a la entrada de una casa, sonó varias veces, pero elevando su voz, hasta que al fin la persona lo vio a través de la ventana de su hogar.
Abrió aquel señor la puerta de su casa de un color marrón oscuro con pocos muebles y de un aspecto viejo que necesitaba una renovación.
-No esperaba nadie hasta mañana-le dijo sorprendido y en ese momento frotando sus manos sobre su pelo claro.
-¿Ya tienes la información? ¿Está afuera del país?-le preguntó a Sebastián, tratando de mantener la cordura en ese momento.
Apenas tiene su pijama de color miel y en unas de sus manos un periódico doblado en unas de las páginas. Y sus pies solo con medios a pesar de su aspecto mayor.
-Sí, está confirmado. Ayer fui al aeropuerto y lo busqué con cuidado. Pero no sabes que estás vivo. No creo que vuelva un buen tiempo-le respondió, calmando a nuestro chico.
-Gracias, Ahora estoy más tranquilo-dijo Sebastián, comenzando a salir, dejando al hombre en la puerta de su casa.
-¿Quién es ella?-le preguntó él, buscando una respuesta a todo.
El chico se detuvo, pero por un momento se quedó pensado para buscar las palabras prudentes, quizás nadie lo necesite los mejores secretos de nosotros mismos.
-No es nadie, a veces el pasado lo tienes que dejar ahí y si es mejor no recordarlo. Únicamente cumpliste con tu trabajo como siempre-le respondió de espaldas al hombre y luego continuando su rumbo.
Encendió el carro, al poco tiempo la radio, estaba construida, pero a la vez quería olvidar todo eso.
-Yo soy fuerte. No tengo debilidad ante nadie-dijo para él mismo.
Pero sin suponerlo, apareció una pequeña lágrima, grabando lo que una vez pasó con su familia y más si todos tenían la culpa de lo sucedido hace unos años.
Abrí la puerta y notó las luces apagadas, al menos de alguien esté en casa, pero está vacía. Así que primero enciendo la luz en la sala y luego en la cocina.
-Hola, ¿Alguien vivo?- preguntó mientras sentía los aires de silencio.
Así que abrí la nevera, están las frutas de mi mamá, algunas bebidas alcohólicas de papá en un pequeño lugar atrás, pero al frente vi los pastelitos de pollo de mi hermano.
-¡Aquí tienes mi venganza, Abel!-murmuró para mí.
Agarré varios de los pastelitos más rellenos y empecé a comer ahí parada, mientras que en el otro extremo llené un vaso de agua. Intenté masticar más lento y después limpié todo, para no dejar ninguna evidencia, para asegurarme bien pasé un pequeño paño por el suelo mientras pongo mi bebida en la mesa sin prestarle mucha atención.
Luego subí las escaleras para ir a mi habitación, entré en el baño que compartía con mi hermano Daniel, se ubica antes del cuarto de mis padres, justo al frente. En realidad fue compartido entre los dos porque Abel tiene su cuarto propio.
Tiré mi bolso en el suelo, entro directo al baño donde me quito toda la ropa, una vez en la ducha me empecé a limpiar mi cuerpo incluido el pie con un pequeño jabón.
Una vez que terminé fui al armario donde me cambié poniéndome una ropa interior rosada con figuras de gatos junto a mi camisa naranja favorita y un short negro.
Después de intentar peinar mi cabello, me tiré en la cama donde miro todo alrededor. Tengo un desorden horrible en mi habitación, los libros en el suelo abiertos, el dinero de mis pasajes para el trabajo encima de mi ropa.
Pero a pesar de que no estudio, el trabajo me agota más con los clientes dónde la mayoría no me cae bien.
Me imagino aquellas personas que estudian una carrera universitaria y trabajan a mitad de tiempo. Sin duda un reto, pero si haces lo que te apasiona no tienes límites.
Cerré los ojos meditando que hoy fue un buen día por qué comparado con otros días, a veces tengo problemas cuando me toca organizar la mayoría de las cuentas para ayudar a Katheryn.
Me desperté temprano escuchando unos ruidos abajo, enseguida pongo mi almohada encima intentando dormir de nuevo.
A los minutos escuchó el mismo sonido de unas pisadas fuertes. Y de nuevo, otra vez, no creo que sea un ladrón, podría ser alguien de la casa o una visita de mi madre.
Casi siempre vienen en la tarde las señoras de la sociedad de nuestra urbanización. Son tan aburridas y discuten acerca de la religión o mejor aún lo que pasa a diario con sus vidas.
Una vez fui a esas reuniones obligadas por mi mamá dónde una de las ancianas me habló para proponerme matrimonio a su hijo de 50 años, teniendo yo 22 años, a partir de ahí, decidí ocultar esas malvadas abuelas.
Me levanté cansada de escuchar eso para dirigirme a la cocina con mis convers negros debajo de la cama. Cuando entre, para mi sorpresa, me encuentro con mi hermano mayor Daniel. Tiene su pelo más oscuro que el mío, su camisa de unas rayas azules donde mostró un poco más de sus músculos, pero a la vez aquellos pantalones que le hacían un buen juego a su figura. Y aquellos zapatos de marca Adidas deportivos algo gastados de un color marrón.
-Hola. Pensé que te habías olvidado de tu propia familia, viviendo feliz con esa chica-le comenté, apenas lo veo.
Daniel se volteó y me vio de abajo hacia arriba con una completa sonrisa en su rostro.
-Hermanita, yo jamás me olvidaría de ustedes, mi familia-dijo contento.
Desde que Daniel se fue de la casa por pelear con mi padre, hizo su vida junto a su novia Lucía, intento olvidarse de nosotros. Algunos creerán que mi pregunta fue egoísta, pero no lo era para mí, queriendo lo que necesitas, olvidando a tu familia y luego aparecerá de la nada.
-¿Qué haces aquí? ¡No entiendes que más nadie te quiere ver!-le grité así por su actitud, pero daba lo mismo.
-Los extraño, solamente quiero saber cómo están ¿Y mis padres? ¿Abel?- preguntó evadiendo ese tema.
-Quiero que te largues!-le respondí abriéndole paso con mi dedo, señalando el lugar para que se fuera sin retorno.
-Ni lo supongas. De verdad necesito ver a nuestra familia.
-Nadie te quiere, lo mejor fue olvidarnos de ti. Lo arruinado todo, ni siquiera mereces estar aquí presente y para que lo entiendas nadie se lamentó por ti-le dije soltando todo sin ocultar nada-Debiste creer muy bien las cosas hace dos años.
-Annabel lo que hice fue buscar algo diferente. Mi libertad, estaba atado en este sitio, como tú lo estás en este momento. Además de ser el novio de Lucía en este momento. Y tenía mucho miedo si ellos no la iban a aceptar. Me comporté como un cobarde, estoy feliz ahora ¿Y tú?-me respondió Daniel.
Iba a responder, pero justo en ese momento llegan nuestros padres con muchas bolsas de mercado. Mi mamá notó la mirada triste de Daniel, mientras que Abel permaneció un pie de mi papá.
-Daniel-dijo mi madre sorprendida.
-Mi hijo, has vuelto-hablo papá, quien anda con su camisa marrón informal y su pantalón oscuro que combina con sus zapatos viejos de color blanco.
Mi madre enseguida fue a abrazarlo, ella viste su conjunto tradicional moderno, un vestido largo de color azul con sus sandalias blancas.
-Nunca supimos nada de ti en estos años-responde ella aún sorprendida.
-Mamá, también los, extrañe. Hace poco, pude vivir solo con Lucía. Nada más esperó que la conozcan pronto-responde Daniel, más calmado hace un momento.
-Hermano, ¿Todavía no tienes bebés?-pregunta Abel, interviniendo por primera vez e impresionando a todos.
Todos nos sorprendimos mucho más con la pregunta del más pequeño de la familia. Pero a Daniel no lo tomó por sorpresa. Si no se agachó a la altura de Abel para darle una respuesta.
-Primero debes conocerla, luego viene la boda. Y los bebés pueden esperar, ¿no crees?-le responde con mucha dulzura para qué intenté comprender.
-Vale, si tienes razón-comentó mi hermanito, quién viste una camisa de multicolor con unos estampados de una serie infantil, su pequeño mono de color azul en el costado, unas rayas negras.
Inconscientemente, se me salieron pequeñas lágrimas en el rostro por la emoción, otra vez éramos una familia completa porque Daniel se había convertido en una gran persona.
Después se fue junto a mis padres seguidos por detrás del pequeño Abel a la sala. Daniel se sentó al lado de mi mamá en unos de los sofás, mientras que yo me quedé en la cocina observando todo desde la distancia. Mi hermano les relato a mis padres un breve resumen de estos dos años.
Según él, cuando se fue, estuvo un tiempo viviendo con la familia de Lucía, mientras que iba a muchas entrevistas de trabajo. Hasta que encontré empleo en una inmobiliaria pequeña. Hace poco, pudo ingresar en la universidad donde estudia Biología. Reciente compró una pequeña casa, mientras que su novia termina sus estudios de enfermería.
-¿Y cuándo la vamos a conocer?-dijo mi madre, interrumpiendo a alguien.
-Muy pronto. Es una chica dulce, encantadora y muy cariñosa. Aunque no lo creas, a mí me atrapo desde que la vi por primera vez.
Yo supe que se conocieron cuando Daniel tuvo un pequeño accidente en la casa, tuvo que ir a un hospital mientras ella, realizó sus pasantías y se conocieron mientras Lucía le reviso su herida. Más adelante, en su primera cita, mi hermano se besó con ella y en poco tiempo se formó su relación. Aún la sigo odiando más cuando mi hermano se fue por su culpa, pero quizás fue un error mío.
Yo enseguida me fui a mi habitación, pero Daniel se despidió de todos. Mientras sigo caminó, pero enseguida él me atrapó con sus manos. Yo al principio me resiste un poco, pero entendí que Daniel me quería decir algo antes de irse. Me llevó a la puerta de la casa, mientras mi mamá fue la cocina, papá a su cuarto y Abel juega con sus juguetes.
-Espero que un día, me perdones en ningún quiero tener un problema contigo, comprende que todo está mal. Y no lastimes a Lucía, se puede convertir en una gran amiga para ti.
-No actúes así. Únicamente digo lo que sentí ese día, ella tiene la culpa de todo. No inventes nada del otro mundo, quiero estar con mi orgullo. En mi corazón siempre va a tener la culpa y listo-le reclamé, aun sabiendo que juzgue a Lucía sin conocerla.
-Vamos Annabel en algún momento te vas a enamorar y lucharás por todo para estar con esa persona. Y te vas a dar cuenta de que todo esto no sirve.
Mi hermano se marchó desapareciendo de mi vista. Reflexioné mucho sobre las palabras de Daniel, aunque no lo quería aceptar por qué nunca iba a aceptar la manipulación de su novia.
Yo seré la chica obediente de las reglas, aunque mis padres siempre han tenido miedo de que algún momento se destruyan.
Extra III
El acosador.
Por los iluminados pasillos de uno de los grandes almacenes de la ciudad, caminaba un joven con vestimenta oscura con un carrito de compras. Buscando artículos de ferretería como cables y unos bombillos, mientras que su compañero lo espera afuera.
Al llegar a la caja, se negó a esperar detrás de las personas para qué llegará su turno. Así que solo saco su pequeño revolver y con mucha facilidad dijo: "A un lado".
El chico influía miedo sobre los demás. Se llama Harry y tiene bastante tiempo en este negocio, lleva mucha experiencia en los robos y violaciones de muchas mujeres, eso lo excitaba mucho. Jamás la policía lo pudo atrapar, además de ser muy ágil y silencioso con este tipo de actos.
La joven cajera pasaba los productos de su cliente. Pero algo sucedió inesperadamente.
-Lo siento, chico. Este producto no puede ser vendido porque aún no hemos registrado su precio, debe ser reciente o...-ni siquiera la dejó terminar de hablar.
-Espera un momento. ¿Me estás diciendo que no puedo llevar esto a mi casa?-le preguntó aquel muchacho con un tono amenazante.
Tomó el rollo del cable que se niega con mucha fuerza, intentó tirarlo, pero se le ocurrieron otras ideas más brillantes.
-Perdón, pero aún no hemos registrado este producto, ¿Con qué precio se lo voy a vender?-respondió la chica, con un solo de curiosidad.
Justo cuando la situación se calentaba, él pretendía sacar de nueva su pistola, sucedió algo más inesperado. Unos de sus compañeros fieles se acercaron. Es otro joven más apuesto y mejor vestido de la nada, para calmar los humos.
-¡Eh! ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué la tardanza?-dijo otra persona llegando a la caja.
-Esta muchacha no me quiere vender el maldito rollo de cable que tomé de la exhibición-dijo su compañero furioso.
-Ya le dije que se tiene que registrar primero, si quiere pasar mañana y le haremos un descuento-respondió esa cajera en su defensa.
Pero el recién llegado intercesor ya no estaba en la caja y tampoco en el supermercado, ni siquiera en la ciudad. Exclusivamente plantado en otro mundo mientras observa los ojos de la chica que tiene frente a él, contemplando cada cabello, cada pestaña, su única forma... -¡Erick!-le
gritó su compañero.
El interpelado despertó de su ensueño y ve una hermosa chica que despierta, sus más bajos instintos humanos y sus deseos más salvajes.
Parpadeó y volvió en sí, para encontrar una solución al problema presente para darle una respuesta a su compañero Harry.
-Disculpe, preciosa-dijo este hacia la chica con una mirada penetrante y una diabólica sonrisa, que desencajaba por completo con su voz caballerosa.
-¿Cuánto crees que cueste está rollo para mañana?-le preguntó Erick a la chica en ese momento.
La chica confundida por la actitud de quien tiene en frente, sin suponerle aún que le iba a pagar.
-Quizás 800 dólares o más.
-Perfecto-exclamó Erick.
El chico sacó 1000 dólares de su bolsillo y los puso en el mostrador con la mayor facilidad del mundo, sin ocultar nada de nadie.
-Esto cubrirá por completo el posible costo del rollo y quédate con el cambio. Disculpa el mal genio de mi compañero. Pero es que tenemos urgencia de este material-le respondió Erick, aun sin perder sus ojos verdes sobre ella.
Minutos después, los jóvenes caminaban fuera del supermercado hasta la camioneta negra que guardaba por ellos. Uno muy molesto, el otro hipnotizado. Ese vehículo es del año 2012, comprado en una subasta por los jefes de la mafia más reconocidos de la ciudad.
Pero en breve, lo compró Erick jugando sucio con unos de los socios.
-Esto nos pasa por ineptos o estúpidos. Nosotros nunca vamos tiendas, departamentos, supermercados a comprar cosas. Todo esto porque la organización fue aislada de proveedores. Que asqueroso pasar el ridículo delante de tantos gusanos. No podemos volver a caer tan bajo, de esta manera-mencionó al compañero de Erick.
Mientras que...
El verdadero protagonista de esta historia siguió grabando la imagen de la cajera que daba vueltas en su cabeza. Cada segundo se encapricha más con esa persona que removía, deseos que ni el mismo conocía y lo conducían a un sentimiento característico de su personalidad, llamado obsesión.
-Mi hermosa y pura víctima. Deberías ser mía-dijo en sus concentrados pensamientos-Y de nadie más. Juro que te tendré.
En el camino hacia su destino conocido para ellos. Mientras uno se quedó viendo el paisaje, él otro imaginó la forma de atraerla hacia él de muchas formas.
-¿Qué te pasa?-le preguntó Harry, lleno de curiosidad.
-Sabes, lo que piensa Casablanca. Erick no nos podemos enamorar, es algo prohibido. Recuerda que una vez que se entra estamos bajo su ley-le respondió su compañero mientras iba al volante del carro.
No opinó en eso, sino que se imaginó cada pedazo de su piel, tan perfecto pero a la vez tan dulce. Con la sonrisa en la mirada de esa chica, dibujando aquellos ojos grises en su mente.
-Sin duda, ella es mi alma gemela. Anya que se le acerque lo voy a matar-repitió bajo para él mismo.
Se volvió loco, por cosas simples, quizás inútiles para los demás. Pero, sin embargo, para nosotros es alcanzar el cielo con la mano de Dios. Sugiriendo que el amor es unos pecados, te hace hacer las cosas más estúpidas en tu vida, pero también te pone una prueba de pies a cabeza.