Marylise.
"El cuadrado de 24 es..., 576, y el cuadrado de 20 es 400..., entonces el valor de la hipotenusa sería la raíz cuadrada de la suma de éstos dos"
Hundí mi labio inferior dentro de mi boca para después mordisquearlo mientras resolvía la operación en mi cuaderno.
Comienzo a resolver la raíz cuadrada del resultado de la suma de los catetos y me da el resultado. Lo compruebo haciendo las cosas a la inversa y da lo mismo, así que el resultado está bien. Perfecto.
Levanté mi mano para llamar la atención del profesor.
- ¿Si, Marylise?- Dijo el profesor Matthews cuando vio mi mano arriba.
-Ya terminé- Le anuncié, con suficiencia en mi voz.
Unos alumnos bufaron ante mi respuesta, mientras que otros se alegraron ya que podrían copiar mi resultado y no hacer la operación por ellos mismos.
-Bien, díganos, ¿cuál es su respuesta?-. Dijo el profesor, indicándome a que pasara al frente a resolver la operación en la pizarra. Me levanté de mi pupitre y pasé al frente.
Comencé a hacer las cuentas correspondientes al lado del triángulo rectángulo que había dibujado el profesor previamente. Lo hago así porque una vez sólo puse la respuesta y él me amonestó diciéndome que siempre tenía que justificar mis respuestas, sea lo que sea.
-El valor de la hipotenusa es 31.24 centímetros- Digo mi respuesta, una vez que terminé de anotar en la pizarra. El profesor Matthews observa detalladamente lo que acabo de hacer por unos segundos y después se dirige a mí.
-Muy bien, señorita Bernand-. Aludió con una sonrisa, le devolví el gesto-. Ya puede ir a sentarse- Dijo, tomando el borrador y borrando toda la operación a lo que la mayoría de los alumnos se quejo diciendo que no la habían copiado aún, pero él hizo caso omiso a sus reclamos-. Para los que no terminaron, quiero todo eso de tarea para mañana y la página 68 de su libro- Ordena, y yo abro en libro en la página que dijo, marcándola con una nota, mientras que mis demás compañeros se quejan-. Lo quiero todo contestado, nada a medias- Exige, y toda la clase se queja aún más fuerte-. Es todo, ya pueden salir.
En cuando pronunció la última frase, todos salieron, literalmente, corriendo del salón. No sé por qué no les gustan las matemáticas, es la materia que más utilizamos en nuestra vida cotidiana, es necesario saber por lo menos los conceptos básicos por si en algún momento se nos presenta algún problema. Esa es mi clase favorita de todas las que me dan, sobre todo porque el profesor Matthews enseña muy bien y desempeña su trabajo perfectamente. No sé por qué la mayoría lo odia, supongo que porque es muy estricto, pero así debe de ser si realmente quieres aprender algo.
Tomé mis pertenencias, las metí a mi mochila y me dispuse a salir de clase haciendo ademán en salir del colegio. Matemáticas era mi última clase de hoy así que ya he terminado con esto.
Hoy Dalila no había venido al colegio, ya que estaba un poco enferma cuando la llamé ayer por la tarde. Quizá ahora amaneció igual y por eso no asistió. Le mandé un texto a mi mamá diciéndole que iría a casa de Dali cuando saliera del colegio, ella no me ha contestado aún pero supongo que no se enojará.
Mi colegio se encuentra relativamente cerca a la casa de Dalila, así que no creo que tuviese que pedir un taxi o esperar a mi hermano que saliera de la universidad para pedirle que me llevara. No pensé que fuese necesario, así que solo caminé.
No sé cuánto tiempo me tomó llegar a su casa. Quizá unos diez o quince minutos a lo mucho, pero el tiempo se fue rápido. Disfruto mucho de ésta avenida llena de vegetación y sin tanto tráfico, es un lugar bastante tranquilo para vivir y tomar mis clases.
Llamé a la puerta un par de veces hasta que una Dalila despeinada y con un pañuelo sucio en sus manos me recibió.
-Hola, Mary- Saludó gangosa por la gripe, con una sonrisa al verme. Se veía derrotada.
-Hey, Dali- La saludé de vuelta de la misma forma.
-¿Qué haces aquí?- Preguntó, limpiando con su pañuelo su nariz. Hice una mueca de fingido asco al verle a lo que ella rió.
-Solo vine a ver como estabas.
-Oh, pues mírame. Estoy hecha un asco- Dijo bufando y mirándose a sí misma de arriba abajo.
-Si que lo estas- Le di la razón, en son de broma, pero ella lo tomó enserio.
-Lo sé- Hizo una mueca-Bueno, pasa- Dijo, apartándose de la puerta dejándome entrar. Dejé mi chaqueta del colegio en el perchero y me dirigí a uno de los sillones de la sala de estar.
-¿Estás sola?- Le pregunté cuando ella se sentó en el sillón individual.
-Sí. Mi papá está en el trabajo y mi mamá fue a comprar algunas cosas- Sorbió su nariz y dibujó una mueca en su boca.
-Pues ahora me tienes a mi- Le sonreí y ella imitó mi gesto. Miró hacia arriba unos segundos, como si estuviese rezándole a Dios o algo parecido. Su acto me hace reír.
-Qué bueno que viniste, estaba a punto de tirarme por la ventada porque no hay nada bueno en televisión- Dijo, claramente dramatizando las cosas. Rodé los ojos ante su broma, ya que su casa es de una sola planta-. ¿Y bien? ¿Quieres quedarte aquí o vienes?- Preguntó levantándose del sillón. Me limité a asentir con la cabeza y la seguí hasta su habitación.
~*~
-Bueno, creo que ya tengo que irme- Dije con resueno al ver la hora en mi teléfono.
Mi mamá llegaría a casa en poco más de media hora y me dijo que quería que estuviese ahí cuando ella llegase. Así que es mejor que me vaya de una vez. No quiero que mi mamá se enoje conmigo.
-¿Ya?- Asentí con la cabeza. Ella forma una mueca de pesar-. Bien, te acompaño a la puerta- Dijo levantándose de la cama en la que estaba sentada. Le imité y salimos de su habitación para ir directamente a la puerta de entrada, no sin antes tomar mi chaqueta, ya que en varias ocasiones se me había olvidado aquí. No quiero que vuelva a pasar, ha hecho bastante frio en estos días tan nublados.
Siempre la paso muy bien en casa de Dalila. Hablamos de miles de cosas. Ella me cuenta sobre los chicos que trae babeando a sus pies mientras yo solo la escucho ya que yo no tengo su suerte con los chicos. Para lo único que me hablan es para que les pase la tarea de matemáticas o que les ayude con alguna operación que ellos no entienden. Esa es mi vida en el colegio. Pero no me quejo, ya que creo que aún no es mi tiempo para interesarme en los chicos de esa manera. Por ahora eso no me importa.
-Nos vemos mañana- Dijo Dali cuando yo estaba fuera a punto de irme.
-¿Mañana si vas?- Pregunto, por enésima vez.
-Sí, Marylise, sí- Contesta, rodando los ojos y negando con la cabeza. Me limito a asentir como lo hice antes, cuando me contestó de la misma forma cuando le pregunté lo mismo. Es sólo que no quiero estar sola otra vez, Dalila es mi única amiga y compañera en mi grupo de clases, cuando no asiste el tiempo entre clases es bastante aburrido.
Me doy media vuelta para salir de su casa y emprender camino hacia la mía, pero algo capta mi atención al observar la casa de enfrente.
-¿Nuevo vecino?- Pregunté apuntando con mi pulgar hacia la casa de enfrente al lado, en donde había cajas de mudanza y un chico afuera de esta.
-Ah, sí- Contestó -Los vecinos dicen que es un universitario, eso es lo único que sé de él- Dijo mirándolo.
-Oh- Me limité a contestar.
Mi casa no quedaba del todo cerca de aquí a pie, quizá a unos veinte o veinticinco minutos aproximadamente si tomo un ritmo de caminata sin detenerme. Así que tendría que apurarme para llegar antes que mi mamá.
Crucé la calle y me dediqué a caminar a paso rápido por la acera. Mientras lo hacía, mi vista se enfocó en el nuevo vecino de Dalila. Parecía un tipo joven, se me hacía raro que tuviese una casa completamente para él, ya que las casas de este vecindario suelen ser amplias con varias habitaciones, no creo que sea necesario rentar o comprar una casa tan grande para una sola persona.
El chico estaba terminando de meter las cajas de mudanza a su casa mientras yo lo miraba expectante. Llevaba una camisa interior sin mangas y unos vaqueros negros ajustados mientras su cabello caía libremente a los lados de su cabeza. Su cabello era algo largo, pero aun así le quedaba bien. Era de un tono chocolate claro con unas ondas naturales en los medios y puntas.
Seguía viendo con atención cada uno de sus movimientos mientras caminaba, y al parecer, él no lograba percatarse de ello. Al pasar frente a su casa, no me di cuenta de que había algunos objetos, que de seguro cayeron de alguna de las cajas, en la acera. Todo por estar viendo a ese chico que me pareció tan atractivo. Pisé uno de esos objetos el cual me hizo caer al piso haciéndome soltar un grito ahogado.
¡Idiota, idiota, idiota!
Me repetía en mi mente por no haberme dado cuenta de lo que estaba a punto de pisar previamente.
Intenté levantarme para no pasar más vergüenzas, pero un dolor en mi rodilla ocasionó que no pudiese hacerlo. Me quejé en el frío concreto de la acera.
- ¿Estás bien?- Preguntó una voz varonil y ronca llegando a mí.
-Eh, s-si- Contesté en un hilo de voz mientras buscaba a tientas mis gafas en el concreto.
-¿Buscas esto?- Dijo esa voz mostrándome algo que parecían mis gafas las cuales no podía ver bien debido a mi problema visual que tengo desde pequeña.
Hoy tuve que ponerme gafas ya que no encontré mis lentes de contacto en la mañana y tenía prisa, ya que anoche me desvelé haciendo mi tarea de geometría porque la dejé a lo ultimo, grave error.
No me gusta llevar gafas, siento que luzco extraña, no me acostumbro a ellas ni creo que me acostumbre nunca, prefiero mil veces las lentillas, aunque me digan que son incómodas.
Con mi vista nublada pude notar apenas como acercó las gafas a mi rostro y me las puso. Parpadeé un par de veces para acostumbrarme a mi nueva vista y fue entonces cuando lo observé de cerca. Muy de cerca. ¡¿Por qué se acercó tanto?!
- ¿Estás bien?- Insistió. Asentí-. ¿Segura? Porque tu rodilla no se ve muy bien- Dijo alzando ambas cejas observándola. Me levanté un poco apoyándome de mis codos para poder ver mi rodilla, la cual estaba cubierta de sangre. Hice una mueca de dolor y asco a la vez. No me gustaba ver sangre, y mucho menos si esta es mía.
- ¿Te duele?- Preguntó, se le notaba preocupado al ver la herida que me he hecho.
Lo miré y... Nunca antes había visto unos ojos tan bonitos como los suyos. Era una mezcla de tonalidades verde profundo y dorado intenso. Realmente hipnotizantes.
Escaneé todo su rostro sin perderme ningún detalle. Al verlo más de cerca, noté que era mucho más atractivo. Era realmente guapo. Lástima que es mucho mayor que yo y así no puedo...
- ¿Tengo algo en la cara?- Preguntó divertido sacándome de mis cavilaciones mientras que de su boca brotaba una sonrisa torcida.
-Ah... ehm...- Balbuceé. Cerré los ojos con fuerza y aparté mi rostro. Lo escuché reír.
¡Demonios! Qué vergüenza.
- ¿Te ayudo a levantarte o tú puedes sola?- Preguntó, pero yo no lo miré. No lo miraré para pasar otra vergüenza con él.
-Y-yo puedo, gracias- Sentí ganas de golpearme por sonar tan nerviosa. Intenté levantarme, pero sentí a mi rodilla entumecerse. Hice una mueca de dolor al sentirlo y mejor me quedé en la misma posición que antes.
-Bien, no lo creo. Déjame ayudarte- Dijo dándome su mano. Dude un poco, pero al final la tomé. Al levantarme, no pude estirar mi pierna, así que la tuve que mantener flexionada hacia arriba sosteniéndome de un solo pie. Él al notarlo, me tomó del brazo para que no perdiera el equilibrio y cayera de nuevo. Mi cuerpo se estremeció al sentir su contacto.
-Acompáñame- Dijo empujándome para caminar junto a él. Paré en seco.
- ¿A-a dónde?- Me escuché más asustada de lo que esperaba.
-Te curaré eso- Contestó con un tono amable.
-Ahm, no, no gracias. E-estoy bien- Dije tratando de sonar determinante, pero me salió terrible.
-No, claro que no lo estás. Estás sangrando- Dijo mirándome a los ojos.
-Pero, e-es que mi mamá me está esperando en casa- Mentí. Aun el nerviosismo se apoderaba de mí evitando que pronunciara las palabras correctamente.
-Sólo voy a curarte- Me sonrió. Tragué duro y él se mofó al notarlo. Abrí mi boca para hablar pero de esta no salió nada. Era como si él tuviese un poder para hacerme actuar de esta manera. Aparté mí vista de él porque me estaba afectando más de lo que me gustaría aceptar.
-Creo que será mejor que me vaya.
-No te dejaré irte así- Me tomó por los hombros. Alcé mi rostro para mirarlo. Dios. ¿Por qué me pasa esto?-. Y aparte, ni siquiera puedes caminar, ¿Cómo piensas irte?- Dijo alzando ambas cejas con elocuencia.
-P-puedo brincar- Le digo, mientras hago una pequeña demostración. Él rio haciéndome sonreír. Su risa es hermosa.
-Oh, pues cuando llegues a tu casa me avisas- Dijo, en un tono que se me antoja sarcástico.
-Lo haré- Dije de la misma forma.
-Anda, vamos- Insistió-. Si esa herida se te infecta no me lo perdonaré porque fue mi culpa que tropezaras- Hice una mueca nerviosa y negué con la cabeza su aclaración-. Vamos, allá dentro tengo un botiquín de emergencias, no soy doctor ni mucho menos, pero puedo hacer algo con eso- Me dice mientras señala mi herida en la rodilla.
Mis padres siempre, de pequeña hasta hoy en día, me han dicho que no confíe en los extraños, que nunca son de fiar. Quizá él sea esa clase de chico que aparenta ser bueno en las películas y resulta ser un abusador o algo mucho peor, o quizá solo sea producto de mi paranoica mentalidad que me hace pensar diez mil veces algo antes de hacerlo.
Tengo que pensar en las posibilidades, quizá este chico frente a mí tiene las mejores intenciones del mundo y solo quiere ayudarme, algo en él me genera la suficiente confianza como para aceptar su proposición de entrar a su casa, pero otra parte de mi me dice que no debo hacerlo, que debo confiar en lo que me han inculcado mis padres y no confiar en personas extrañas, pero ¿acaso tengo otra opción? No lo sé, no estoy pensando con claridad, no cuando unos ojos verdes intensos me miran fijamente.
-Está bien- Dije rápidamente, aceptando su propuesta y arrepintiéndome al instante.
Él me regaló una sonrisa de lado e hizo ademán en colocarse a mi lado. Me sorprendió el cómo me tomó por la cintura ayudándome a levantarme, ya que yo no tenía la suficiente fuerza en mi pierna como para hacerlo.
¡Contrólate, Marylise! ¡Contrólate!
Me decía a mí misma mientras hacia el intento de caminar hacia la casa del chico con su ayuda. Mientras caminábamos a mi paso, miré re reojo hacia atrás, encontrándome con Dalila en la ventana haciendo una expresión de total emoción, su boca abierta, sus ojos como platos y sus manos en su rostro lo decían todo.
En ese momento pensé, ¿por qué no solo me regresé a su casa? ¿Por qué estoy entrando a la casa de un desconocido? ¿Por qué acepté? Tengo miedo.
Cuando entramos, él me ayudó a sentarme en uno de los sillones, el cual aún estaba cubierto por una manta que lo protegía del polvo.
-Disculpa por el desorden. Es solo que acabo de mudarme y...
-No, no. No te preocupes- Interrumpí-. Está bien- Fingí una sonrisa haciendo que me sonriera de vuelta.
-Ahora vengo- Avisó-. Iré por el botiquín- Asentí con la cabeza y él se fue.
Mientras él iba por el botiquín médico, me dediqué a observar el lugar. Toda la sala de estar y comedor estaba cubierto de cajas y más cajas. Los muebles tenían una manta percudida encima y, puedo jurar, que había telarañas en las esquinas del techo. Pero no lo culpo a él por eso, ya que como acaba de mudarse, no creo que haya tenido mucho tiempo para limpiar y ordenar un poco el lugar. Si mal no recuerdo, esta casa estuvo sola por más de 3 meses, es entendible su estado.
-He vuelto- Anunció, al llegar a la sala de estar.
Puso el botiquín en la pequeña mesa de café al frente y lo abrió. Sacó de él una gasa, algodón y algo que parecía una solución para desinfectar heridas. Mojó el algodón con la solución y se puso de cuclillas frente a mí.
-Me dices si te duele ¿de acuerdo?- Asentí. Tomó el algodón empapado, pero al llegar a mi rodilla se detuvo. Le miré confundida-. ¿Puedes levantar un poco la falda?- Pidió mirándome a los ojos.
¿Qué? ¿Me acaba de pedir que...?
- ¿Uh?- Inquirí frunciendo mi ceño en confusión. Puedo jurar que mi cara era de completo terror en ese momento.
-Sí, es que tu falda está muy larga y no me deja limpiar la herida- Explicó. Solté un suspiro de alivio. Pensé que... ¡Dios! Tengo que sacar esas ideas de mi mente, tengo que confiar en él, no me hará nada malo... espero.
-¿Todo bien?- Pregunta, curioso supongo, por el gesto de terror y pánico que invade mi rostro.
Trago duro.
-Te noto muy nerviosa, ¿te pasa algo? ¿quieres que llame a un doctor? ¿te sientes bien?- Me pregunta, intranquilo, buscando mis ojos con los suyos, pero no me atrevo a mirarle.
Escucho como suelta una exhalación profunda y se retira, deja el algodón con desinfectante en la mesa y se vuelve hacia mí de nuevo.
-Me llamo Harry, tengo 24 años, me acabo de mudar... -Hace una pequeña pausa y es hasta entonces cuando me atrevo a mirarle-, me gusta tocar la guitarra, allá está guardada- Señala el estuche de color negro que se encuentra recargado en la mesa de comedor-, a veces canto- sonríe y hace otra pausa, frunce su entrecejo pensando y suspira-. Es difícil hablar de mí mismo ya no sé qué decir, supongo que con eso es suficiente, ya no soy un desconocido del todo, ¿no?
Retiro mi mirada.
¿Cómo es que se dio cuenta que precisamente por ser un extraño le temo con solo verme? No entiendo.
-No estás obligada a decirme tu nombre ni nada, solo lo hice yo para que conocieras el nombre de tu secuestrador.
Mis ojos se abren como platos y una aspiración apresurada me hace ahogarme un poco. Escucho una carcajada de su parte mientras yo comienzo a hiperventilarme. ¿Qué demonios hago aquí? Tengo que irme, ¡pero ya!
-Espera, no no, era broma, lo siento- Se apresura a aclarar al ver que intento escapar por mis propios medios, mientras me detiene de mis brazos con sus grandes manos-. Lo siento, fue un mal chiste- se disculpa-, solo quería aligerar la situación, pero no funcionó- Suelta un suspiro y me mira directo a los ojos-, si quieres irte está bien, solo quiero ayudarte- me suelta-, no te haré daño- se gira para tomar un nuevo algodón con producto y me lo muestra-, si quieres hazlo tú.
Inhalo y exhalo un par de veces antes de tomar una decisión.
Tomé el borde de la falda y la levanté un poco dejando ver la herida en mi rodilla. Él me mira por un momento, con sus cejas levantadas, expectante a una respuesta. Retiro mi mirada. Escucho que murmulla un "Okay" antes de disponerse a limpiar mi herida. Colocó el algodón sobre mi piel viva y comenzó a limpiarla. Al instante sentí un ardor en la zona haciéndome pegar un brinco y hacer una mueca de dolor. Paró.
- ¿Dolió?- Preguntó mirándome con preocupación. Asentí-. Lo siento, solo será un poco- se disculpa, pero yo asiento en respuesta, dándole permiso para continuar.
Dejó el algodón sobre la mesa de café y tomó un analgésico local en spray antes de aplicarlo en la zona. Al principio ardió muy poco pero después la sensación fue refrescante. Dejó el spray y se volteó hacia mí.
-Ahora hay que esperar un momento a que haga efecto la anestesia- Asentí. Él se sentó por completo en el piso para una posición más cómoda. Coloca una de sus manos en su barbilla y su codo en su muslo a modo de soporte mientras observa mi herida detenidamente.
Observándolo bien no se ve como si fuese alguien malo con intenciones de hacerme daño, quizá solo lo estuve juzgando por el miedo que me inculcaron mis padres desde chica, que todas las personas que se acerquen a mi que yo no conozca son malos, quizá solo lo decían para protegerme y que no confiara en las personas tan a la ligera, porque no se sabe quién pueda tener buenas intenciones y quién no; en este caso dudo que él sea una persona mala, si lo fuera ya me habría hecho algo o dado indicios claros, hasta el momento sólo se ha comportado bien conmigo, es risueño, carismático y tiene un sentido del humor un tanto extraño pero es lindo en cierta forma, solo me ha ayudado y no debo ser ruda con él, no se lo merece por cómo me ha tratado hasta ahora. Quizá, solo quizá, deba comportarme de la misma forma con él para no ser grosera.
-Me llamo Marylise- Me presento, en una voz tan baja y débil que dudo que me haya escuchado del todo bien.
El muchacho frente a mí me observa, puedo jurar que hasta un poco asombrado por mis repentinas palabras. Noto como esboza una sonrisa de lado, dejando ver uno solo de sus hoyuelos.
-Un gusto.
Sonreí tímidamente.
-Bien, Marylise. Creo que ya está- Toma un algodón nuevo y me mira, enarcando sus cejas, pidiendo permiso para continuar, yo asiento a modo de consentimiento y se dispone a seguir limpiando la herida-. Está vez ya no duele tanto, ¿cierto?- Preguntó sonriendo de lado. Negué con la cabeza.
Después de varios algodones más y una sesión de limpieza para mi rodilla ensangrentada, puso una gasa para tapar la herida.
-Listo- Dijo al terminar.
-Gracias- Dije con una sonrisa tímida en mis labios.
-No agradezcas- Me sonrió-. Fui yo quien dejé todas esas cosas regadas por allí. Es lo menos que podía hacer- Se encogió de hombros.
Bueno, en parte tiene razón. Me caí gracias a que pise una de sus cosas regadas por la acera, y también por estarlo viendo como boba sin fijarme por donde camino. Le sonreí en respuesta.
Él se levantó, tomó todas las cosas que utilizó para limpiarme y emprendió su camino, supongo que a tirar lo que no sirve y a guardar el botiquín, pero logro detenerlo.
-Oye... - Le llamo.
-¿Si?
-Lo siento- Me disculpo, un tanto apenada, recibiendo un gesto de confusión de su parte.
-¿Por qué lo sientes?
-No suelo confiar mucho en las personas, mucho menos si no las conozco y perdón si te juzgué sin conocerte, aunque no te conozco aún, pero... - suelto un suspiro para tranquilizarme, ya que estaba hablando muy rápido. Desvío mi mirada hacia el piso antes de continuar -. Solo eso
-No, no te preocupes, entiendo perfectamente, no es fácil confiar hoy en día, no te preocupes- me regala una sonrisa sincera-. Es más, lo siento yo si te hice sentir incomoda o algo parecido.
-Está bien, no pasa nada- Le respondo el gesto.
-Muy bien, ya vengo, voy a guardar esto- Anuncia y yo le respondo con un asentimiento de cabeza, es entonces cuando se va.
Mientras él no estaba, me levanté del sillón y noté que ya podía apoyar un poco la pierna, aún dolía, pero ya no tanto como antes.
Él al entrar a la sala de estar y verme de pie frunció su ceño. No necesitaba conocerlo de toda la vida o ser un genio para saber que estaba molesto.
- ¿Qué estás haciendo?- Preguntó al verme. Al ver su expresión y escuchar el tono de su voz sentí que la sangre abandonaba mi cuerpo y me sentía desvanecer.
-Yo..., y-ya tengo que irme- Digo a tropezones, a como mi cuerpo me permitió hablar.
-No, tú no vas a ningún lado- Habló con determinación.
- ¿Qué?- Pregunté, al dudar de lo que había escuchado.
¿Acaba de decir lo que creo?
Tragué duro cuanto comenzó a acercarse lentamente a mí. Por un doloroso momento temí que me hiciera algo malo, de nuevo, entre en pánico.
Cuando estuvimos como a un metro de distancia se detuvo antes de hablar con voz tranquila y apacible-: Aun no puedes caminar bien, espera un poco y luego te vas.
Respiré.
-P-pero...
-Pero nada- Me cortó de tajo-. Bueno, si no quieres quedarte, entonces déjame llevarte a tu casa así estaré más tranquilo de que no te pasara nada malo- Me sugirió, pero yo no estaba segura de ello.
Abrí mi boca para hablar, pero solté un suspiro al no poder hacerlo. La abrí de nuevo y esta vez dije-: E-está bien.
Yo solo quiero irme de aquí, sea como sea, no me siento bien, todo es muy confuso, no entiendo nada, solo quiero irme.
- ¿Quieres que te lleve?- Inquirió al no comprender mi respuesta. Asentí. -Bien, vamos entonces- Dijo tomando mi antebrazo ayudándome a caminar.
¡Demonios! De nuevo esa sensación.
- ¿No prefieres que te cargue?- Habló inquirente.
-Ehm, no. Puedo caminar- Sonreí tímidamente para convencerlo. Asintió sin más que decir y me ayudó a caminar hacia su auto que se encontraba aparcado en la acera fuera de su casa.
Me ayudó a entrar al auto para posteriormente colocarme el cinturón de seguridad como si yo no tuviese la capacidad de hacerlo, como si yo fuese una niña pequeña que necesita de sus cuidados.
Sentí un estremecimiento cuando abrochó el mismo y sus manos tocaron mi vientre.
No sé si fue mi imaginación o si en verdad tardó un tiempo con sus manos en esta zona.
Finalmente, cerró la puerta del copiloto para encaminarse a la del piloto y entrar al auto. Encendió el motor y lo hizo rugir antes de ponerlo en marcha para salir del fraccionamiento.
- ¿Cuál es tu dirección?- Preguntó.
-Ehm, te iré diciendo por el camino- Le sonreí tímidamente a lo que él asintió.
Le dije eso porque, sinceramente, no sabía mi dirección. Sí, sé cómo llegar a mi casa más no sé cuál es el nombre de la calle.
Durante el camino a mi casa Harry estuvo hablando de cosas triviales, hablaba desde el clima hasta de sus gustos personales, supongo que hizo todo esto para que yo entrase más en confianza con su persona y dejase de verlo como un extraño, y debo admitir que si lo logró, hasta tal punto de que comencé a responder sus preguntas sobre mi vida personal con bastante naturalidad, aunque al mismo tiempo me sentía en peligro por divulgar información.
Pude notar en estos minutos que es una persona bastante agradable, es amable, respetuoso y lindo, siempre estuvo atento a lo que respondía y en ningún momento fue grosero, tampoco me hizo sentir incomoda de nuevo, supongo que comprendió que sus chistes de secuestros no son graciosos.
-Ese uniforme me parece conocido, ¿a qué colegio asistes?- Me pregunta, escuchándose curioso, sacándome de mis pensamientos.
-A Seven Kings- Contesté mientras el nerviosismo hacía estragos en mi voz por haber mencionado sin pensarlo dos veces y tan a la ligera el nombre del colegio al que asisto, pero él no pareció notarlo. O quizá sí y solo lo estaba ignorando.
- ¿Enserio?- Me dedicó una mirada rápida. Asentí con la cabeza-, yo fui allí- Declaró con entusiasmo.
- ¿En verdad?- Inquirí.
- Sí, antes vivía cerca así que mis padres decidieron que entrara allí- Sonrió-. Era un desastre, sobre todo en matemáticas- Recordó con una expresión divertida.
- ¿Se te dificultaban las matemáticas?- Inquirí con asombro. Son realmente muy fáciles, no entiendo porque las ven complicadas-. Oh, aquí dobla a la derecha- Me apresuré a decir.
- ¿Aquí?- Inquirió apuntando hacia la calle. Asentí a lo que él dobló hacia la derecha.
Suspiró antes de volver a la conversación-: Y sí, ahora que estoy en la universidad se me complican más- Hizo una mueca de tedio. Reí y noté como me miró con una sonrisa ante mi acción.
-En realidad son muy fáciles, sólo es cuestión de poner atención y practicar- Digo, porque es cierto.
- ¿Tú les entiendes?- Pregunta, mirándome de reojo. No sé qué contestar ante eso, no sé si decirle la verdad, tampoco quiero parecer presumida o que crea que soy una matadita.
Pero... ¿a mí por qué tiene que importarme lo que piense?
Después de pensarlo por unos segundos, termino asintiendo. Él se limita a asentir con la cabeza y después todo es silencio.
Cuando pensé que todo había quedado atrás y la conversación ya no volvería, dijo lo siguiente-: ¿Podrías ayudarme con eso?
- ¿Con qué cosa?- Pregunté, algo curiosa y con un ligero titubeo en mi voz.
- ¿Me darías clases de matemáticas?
- ¿Yo?- Inquirí, por no creerle a mis oídos lo que escucharon. Él asintió a lo que yo tragué duro-. Ehm..., no lo creo.
No creo que mis conocimientos puedan ayudarle en algo. Sí, sé matemáticas, entiendo conceptos, teorías, sé manejar y resolver perfectamente un problema matemático, pero lo que yo sé y lo que me enseñan en el colegio no es lo mismo que le enseñan a un universitario. Lo que él ve debe ser más avanzado, no creo que pueda ayudarle con eso.
- ¿Por qué?- Preguntó, algo confundido y curioso.
-No creo que te sirva lo que yo sé- Le expliqué, porque en realidad lo creo.
- ¿Por qué no? Necesito asesorías, y tú me dijiste que sabías matemáticas, ¿no?- Asiento con la cabeza, aunque no creo que lo haya notado su vista está enfocada en el camino-. Bien, entonces sólo eso es necesario, que le entiendas, porque yo sinceramente no entiendo nada.
-N-no lo sé- Hice una mueca mientras movía nerviosamente mis manos sobre mi regazo-. No creo que esté bien- Digo lo que pienso.
Yo apenas tengo quince años, no creo que sea normal que le dé asesorías a un universitario, es algo muy poco visto para no decir imposible. Aparte de eso, él es un hombre de 24 años, ya es un adulto, está mal visto que vaya una chica de casi dieciséis años a la casa de un hombre soltero y solo a darle asesorías de matemáticas, quizá piensen cosas que no son y no me gustaría involucrarme en eso, no quiero problemas. No puedo estar a solas con él, ni siquiera sé por qué acepté su oferta de llevarme a casa o su ofrecimiento de curar mi herida. No debí de haber aceptado, ni siquiera lo conozco.
- ¿Por qué no ha de estar bien? Sólo me enseñarás matemáticas, no hay nada de malo en eso- Dice, pero aun así no me convence de que esto no está bien-. Solo tienes que aceptar, no perderás nada..., al contrario, ganarás mucho- Dijo parando el auto en un semáforo en rojo.
¿Qué acaba de decir? ¿A qué se refiere con que "ganaré mucho"? No lo entiendo.
-Bien pero, ¿qué tendré yo a cambio?- Le pregunté mirándole. Necesito saber a qué se refiere.
Él me miró de vuelta, pude observar la diversión y el jugueteó en sus ojos, algo que no me gustaba del todo para ser sincera. Había algo en él que no me daba mucha confianza.
-Tú me enseñas matemáticas..., y yo te enseño otras cosas más divertidas, pequeña.
- ¿Me darías clases de matemáticas?
- ¿Yo?- Inquirí, por no creerle a mis oídos lo que escucharon. Él asintió a lo que yo tragué duro-. Ehm..., no lo creo.
- ¿Por qué?- Preguntó, algo confundido y curioso.
-No creo que te sirva lo que yo sé- Le expliqué, porque en realidad lo creo.
- ¿Por qué no? Necesito asesorías, y tú me dijiste que sabías matemáticas, ¿no?- Asiento con la cabeza, aunque no creo que lo haya notado su vista está enfocada en el camino-. Bien, entonces sólo eso es necesario, que le entiendas, porque yo sinceramente no entiendo nada.
-N-no lo sé- Hice una mueca mientras movía nerviosamente mis manos sobre mi regazo-. No creo que esté bien- Digo lo que pienso.
- ¿Por qué no ha de estar bien? Sólo me enseñarás matemáticas, no hay nada de malo en eso- Dice, pero aun así no me convence de que esto no está bien-. Solo tienes que aceptar, no perderás nada..., al contrario, ganarás mucho- Dijo parando el auto en un semáforo en rojo.
¿Qué acaba de decir? ¿A qué se refiere con que "ganaré mucho"? No lo entiendo.
-Bien pero, ¿qué tendré yo a cambio?- Le pregunté mirándole. Necesito saber a qué se refiere.
Él me miró de vuelta, pude observar la diversión y el jugueteó en sus ojos, algo que no me gustaba del todo para ser sincera. Había algo en él que no me daba mucha confianza.
-Tú me enseñas matemáticas..., y yo te enseño otras cosas más divertidas, pequeña.
...
No entendí a qué quiso referirse con eso, pero me asustaba. Me asustaba su expresión y la forma en cómo lo dijo. Me estoy arrepintiendo de haber aceptado su invitación de llevarme a casa.
-¿Q-qué cosa?- Pregunté con claro nerviosismo intentando alejarme de él, pero ya no me era posible debido a que ya estaba chocando contra la puerta.
Rió quedo ante mi reacción. De seguro mi cara era de completo terror y confusión en este momento.
-Puedo hacerte sentir el placer...- Hizo una gran pausa. Algo que hizo que mi miedo aumentara significativamente-. Que sientes cuando le ayudas a alguien que lo necesita- Terminó su oración con una sonrisa. Solté un suspiro de alivio.
Este hombre va a matarme de un infarto en cualquier momento.
-Ahm..., Eh...- Balbuceé al no poder articular las palabras.
-¿Qué pasa, pequeña?- Sentí una electricidad recorrerme el cuerpo ante el apodo, era algo extraño que no había sentido antes, pero me agrado la sensación.
Comencé a balbucear una vez más. ¿Qué rayos me pasa?
Tan solo evité el verlo, si lo hacía era más probable que me pusiera más nerviosa de lo que ya estaba. Giré mi rostro hacia enfrente mientras mis manos se movían con desesperación y nerviosismo sobre mi regazo.
-¿Pasa algo?- Insistió.
-Ahm..., e-el sema...- Exhalé pesadamente.
-¿El qué?- Inquirió al no comprender mis palabras. Me lindé a apuntar hacia enfrente al no confiar en que las palabras salieran correctamente de mi boca, indicándole que el semáforo estaba en verde. -Oh, ya veo- Dijo antes de avanzar.
Demonios, enserio que estoy nerviosa. Nunca antes había experimentado esto. Este sentimiento no se compara al nerviosismo que sentí la primera vez que actué en público en mi primera obra escolar, o el temor que sentía el primer día de clases. Esto es peor.
-No has contestado mi pregunta, Marylise- Habló haciendo que saliera de mis cavilaciones-. ¿Aceptas o no?- Inquirió. Abrí mi boca para hablar, pero de esta no salió nada.
Ni siquiera podía hablar.
Apunté hacia la derecha esperando a que lo notara, ya que no podía pronunciar palabra.
-¿Quieres que doble a la derecha?- Inquirió a lo que yo afirmé. Asintió antes de hacerlo.
-¿Por qué no hablas?- Cuestionó cortando el silencio previo-. ¿Te comió la lengua el ratón?- Bromeó dedicándome una mirada alígera.
No entiendo ni la mitad de las cosas que dice y aun así me provoca todo esto.
-A-aquí a la izqui-erda, es la sexta casa- Le dije con algo de dificultad debido a mi estado.
-Está bien- Dijo asintiendo con la cabeza-. Ya veo que tu lengua está completa- Siguió bromeando con lo mismo.
-Sí, mi lengua está bien, gracias- Me sorprendí porque esta vez las palabras salieron bien, pero algo bruscas a mi parecer.
-Solo bromeaba- Se disculpó alzando ambas manos en rendición.
-Detente, aquí me bajo- Le pedí, al llegar a la casa de mi vecino de al lado.
Detuvo el auto en la acera y yo me apresuré a abrir la puerta para salir.
-Espera- Me detuvo tomando mi muñeca evitando que saliera. Tragué duro al encararlo-. No me contestaste, ¿aceptas o no?- Insistió.
Evité mirarlo a los ojos porque si lo hacía actuaría como una idiota una vez más.
-No- Dije cortante apartando su mano de mi muñeca y haciendo ademan en salir de su auto. Solo quería llegar a casa. Solo quería correr a casa.
-Marylise, espera- Me llamó a lo que yo aumenté mi velocidad al caminar, pero mis zancadas eran muy cortas y la velocidad disminuía debido a que cojeaba por mi rodilla lastimada.
-Voy a pagarte- Me detuve en seco al escucharlo.
Últimamente hemos tenido problemas económicos, mi mamá no gana lo suficiente en su trabajo y mi papá no nos deposita dinero muy de seguido. Un ingreso extra podría ayudarnos un poco, por lo menos en mis gastos y así no le pediría a mamá todos los días.
Pero..., no lo sé, esto me aterra un poco. No lo conozco realmente como para confiar en él, sus "bromas" no las entiendo, siento que todo lo que me dice es con otro sentido y me confunde terriblemente, no me inspira la suficiente confianza aún como para aceptar su propuesta de estar con él a solas por varias horas seguidas, no conociéndome, no conociendo a mi mamá; si llega a descubrirlo me va a matar o va a hacer un escándalo, no, no, no... No puedo aceptar.
Bueno... quizá sí, depende de muchas cosas, podría solo intentarlo por un día o dos y probar el terreno, solo tengo que ocultarlo bien de mi madre y todo estará bien. Solo será unos días, a la mínima provocación me voy y no vuelvo a verlo. Si, eso me parece bien.
Me giré hacia él encarándolo antes de decir-: ¿De cuánto estamos hablando?
Le noté sonreír sin mostrar sus dientes al escucharme. Aunque tenga un poco de miedo, no puedo negar que su sonrisa es hermosa.
Para este entonces, él ya se encontraba fuera de su auto; se alejó de este y caminó hacia mí.
-No lo sé, tu pon una cifra.
-Cinco por hora- Me apresuré a proponer. Rio.
-Wow, para esto si hablas rápido ¿eh?- Sonrió jovial.
No era mi intención que pensara eso.
-¿Qué te parecen tres por hora?- Sugirió.
-¿Qué te parecen diez?- Dije elocuente en forma de broma a lo que él rio.
-Veo que eres una chica de negocios- Sonreí tímidamente. Se acerca otro poco -. Pero el chiste es bajar la cifra, ¿aceptas los tres?- Dijo inquirente. No contesté a su pregunta, simplemente giré sobre mi eje dirigiéndome a mi casa.
No quisiera aprovecharme de él, solo quiero probarlo y ver cuánto está dispuesto a pagar.
-Espera, espera- Me detengo y le encaro-. Bien- Exhaló-. Ni tú, ni yo, cuatro por hora..., y es mi última oferta- Habló con determinación.
Si son cuatro libras por hora, serían unas tres horas de clases, cinco días a la semana, entonces, ganaría doce por día, que serían 60 por semana, eso me ayudaría mucho.
No sé si deba aceptar, no lo conozco realmente, no sé quién es o qué intenciones tenga, solo sé su nombre, algunas cosas que me contó sobre su persona y que es vecino de Dalila. Pero, necesito ese dinero.
Solo le enseñaré un poco de matemáticas, ¿qué podría salir mal?
-Está bien- Dije con una sonrisa a medias.
-¿Aceptas?- Asentí con la cabeza-. Bien, sabía que aceptarías..., Nos vemos mañana entonces.
-¿Mañana?- Indagué con confusión. ¿Por qué tan pronto?
-Sí, mañana empezamos, ¿o no puedes?
-Eh, si, si puedo- Sentí ganas de golpearme por haber sonado tan nerviosa.
-Bien, ¿a qué hora sales del colegio?
-A las dos de la tarde- Contesté con un ligero titubeo en mi voz.
-Te veo allá entonces- Levantó su mano en despedida y se giró dándome la espalda para caminar hacia su auto.
-Espera, espera- Lo detuve. Me encaró -¿Irás por mí?- Inquirí con desconcierto.
-Sí, ¿o alguien más va por ti saliendo?- Balbuceé un poco antes de negar-. Entonces pasó por ti- Dijo, más como un aviso que como una pregunta.
-No te molestes, puedo irme sola.
-No es ninguna molestia- Sonrió -. Me queda de paso y aparte no dejaré que camines tanto con tu rodilla lastimada- Dijo observándola. Noté como me miró de arriba abajo lentamente, como si quisiera encontrar algo perdido en mi cuerpo. Todo eso hizo que sintiera una corriente eléctrica recorrerme mi espina dorsal.
-E-está bien- Asentí titubeante.
-Nos vemos mañana- Se despide, caminando de espaldas agitando su mano a modo de ademán. Le sonreí tímidamente en respuesta y fue entonces cuando él metió sus manos dentro de los bolsillos de sus vaqueros y me dio la espalda para entrar a su auto.
Solté un gran suspiro antes de entrar a casa.
Me pregunto por qué me lo pidió a mí. No entiendo por qué no se lo pidió a alguien de su curso, que esté a su nivel de estudio, ¿por qué a mí? Es algo absurdo que alguien que me lleva poco más de 8 años, le pida a alguien de quince que le enseñe matemáticas. Es algo que no tiene lógica, no logro comprender por qué me eligió a mí, si quisiera aprender de verdad simplemente contrata a un asesor, a alguien profesional que sí pueda ayudarle, no a una estudiante con conocimientos algo básicos
Solo espero que lo que dijo sea verdad y no sea un abusador o un asesino, aunque no tenga pinta de serlo, aun así, me da un poco de miedo que sea así.
No quisiera juzgarlo ni mucho menos, pero no puedo evitar sobre pensar las cosas. Miles de preguntas que tienen que ver con mi integridad física y mental invaden mi cabeza cada vez que recuerdo todo lo que acaba de pasar en cuestión de poco más de media hora. Es demasiado para procesar, no puedo comprender ni siquiera la mitad de todo lo que sucedió. No entiendo nada, y eso me aterra demasiado.
~*~
Por suerte mi mamá aún no había llegado a casa cuando yo llegué, si hubiera sido lo contrario de seguro me hubiera hecho millones de preguntas sobre el por qué llegué más tarde y sobre quién era ese tipo que me llevó a casa. Definitivamente no puedo contarle absolutamente nada sobre lo que sucedió a mi mamá, no sé qué sería capaz de hacer si se entera que estaré a solas con un hombre para ayudarle con matemáticas.
Pensando en eso último, me sigue pareciendo demasiado raro todo, algo no me termina de convencer, pero decidí que no debo juzgar sin conocer así que es mejor que deje de darle vueltas al asunto y simplemente me disponga a ayudarle, ya si me encuentro en alguna situación extraña puedo irme en cualquier momento y listo.
Por desgracia, las clases ya habían terminado por hoy, ya era hora de irnos a casa, ya era hora de darle clases de matemáticas a Harry.
Hace diez minutos que las clases terminaron y yo lo espero fuera del colegio. Dijo que pasaría por mí, pero no pensé que tardara tanto.
La mamá de Dalila se había ofrecido a llevarme a casa y yo no acepté solo para esperarlo a él porque había prometido venir. Mejor hubiera aceptado la invitación de Dali.
15 minutos y ninguna pista de él. Estoy comenzando a desesperarme. Quizá lo olvidó o quizá tuvo algo qué hacer, el día de ayer no me dio su número de teléfono ni yo le di el mío como para comunicarme con él, todo fue tan rápido que no hubo tiempo ni oportunidad de hacerlo. Gran error, no estaría esperando tanto tiempo si se lo hubiese pedido.
Ya han pasado más de 20 minutos y no llega, no llegará. Se olvidó de mí, debí suponerlo, no lo conozco, no debí confiar en él.
Me separé del auto en el que estaba recargada y me dispuse a caminar hacia la parada del bus que quedaba a una cuadra del colegio.
Mi rodilla ya no dolía tanto, pero aun así cojeaba un poco porque no la podía apoyar muy bien; todo esto haciendo mi caminar mucho más lento.
-¿A dónde vas tan sola?- Escucho una voz ronca a mis espaldas, esa voz que reconocería hasta en un lugar lleno de personas.
A pesar de haberlo escuchado perfectamente hago caso omiso, pretendiendo que no me he percatado de su presencia.
-Marylise, soy yo, ven- Me pide, pero sigo ignorándole-. Marylise, hey, ¿a dónde vas?
-A casa- Contesté finalmente, sin mirarle porque ya sabía de quién se trataba.
-Sube, te llevaré- Ofreció, pero hice caso omiso; me abracé a mí misma y aceleré el paso lo más que pude -. ¿No subirás?- Inquirió a lo que negué con la cabeza-. Vamos, te llevaré a casa, no puedes caminar bien.
Me detuve antes de girarme hacia él. Me miró esperando a que actuara o dijera algo, pero no lo hice, me quedé ahí mirándole con mis brazos cruzados a la altura de mi cintura. Noto como suelta una exhalación y prosigue a bajarse del auto y dirigirse al lado del copiloto para abrir la puerta, haciendo un ademán con su mano para que entrase a este.
Mi cara en ese momento es de completa confusión y asombro, mi intención no era esa, no quería que pensara que me quedé esperando a que hiciese ese acto de "caballerosidad", no fue mi intención solo me quedé esperando a ver lo que hacía.
Siento que debo aceptar su proposición, a pesar de que hizo mal en llegar tan tarde debe tener su razón, solo estoy exagerando y siendo muy ruda con él. Quizá debo aprender a ser más tolerante.
Suspiré y me acerqué a su auto para entrar en él. Harry cerró la puerta una vez estuve dentro y se apresuró a dar la vuelta para adentrarse e irnos de ahí.
-Perdón por llegar tarde, había mucho tráfico- Se apresura a decir, a modo de disculpa. Yo tan solo me lindé a asentir con la cabeza mientras cruzaba mis brazos sobre mi pecho y miraba mis zapatos.
Le escuché suspirar y por consiguiente puso en marcha el auto.
El camino a casa fue demasiado silencioso, solo se escuchaba el ruido que se crea cuando el auto avanza por el asfalto.
No estaba poniendo atención al camino, solo me distraía con cualquier otra cosa, como mis manos, mi mochila o tan solo observaba mis pies. No lo miraba a él porque, si lo hacía, aumentaría mi nerviosismo significativamente.
-Ya llegamos- Me avisa, aparcando el auto en la cochera. Observé por el vidrio de enfrente y noté que esta no era mi casa
-¿Dónde estamos?- Pregunté con desconcierto.
-En mi casa- Contesta, obviando su respuesta-, ¿dónde más?
Se baja del auto y se dirige al lado del copiloto para abrirme la puerta. Después de hacerlo, me ofreció su mano para ayudarme a bajar. Dudé un poco, mucho, pero al final la acepté.
-¿Por qué me trajiste aquí?-
Pregunté para salir de mi duda.
-Aquí estudiaremos- Dijo mientras caminaba hacia la casa. Le seguí.
-Creí que lo haríamos en mi casa- Se giró de repente haciendo que nuestros cuerpos chocaran, caminé dos pasos hacia atrás en ese momento. Fue entonces cuando me di cuenta de la gran diferencia de altura entre nosotros. Tuve que elevar la cabeza y él bajarla para poder mirarnos a los ojos.
-Podemos hacerlo donde tú quieras- Habló pausadamente antes de mojar sus labios con su lengua.
-¿Q-qué cosa?- Mi nerviosismo aumentó considerablemente ante su acción. Casi puedo escuchar los latidos de mi corazón acelerados.
Rió quedo antes de decir-: Estudiar, a eso te referías, ¿o no?
-Ahm..., ehm...- Balbuceé. Me sentí tan idiota por lo que acaba de suceder. ¿Por qué me provoca todo esto? No tiene sentido.
Solté una exhalación forzada y me lindé a asentir.
-Acompáñame- Ordenó. Asentí y le seguí.
Estoy comenzando a darme cuenta que cuando me pone nerviosa con cualquier gesto que haga provoca que solo asienta a sus peticiones y obedezca sus mandatos. No entiendo nada.
Entramos a su casa. Él me dijo que podía dejar mis cosas sobre la mesa mientras él iba por todo lo necesario para estudiar, no sin antes ofrecerme algo de beber, a lo cual yo me negué por el momento.
Me senté en una de las sillas del comedor principal para esperarlo. Noté que ya no había tanto desorden como lo había el día de ayer. Quizá se dedicó a limpiar desde que me fui.
Poco tiempo después llegó y dejó su mochila sobre la mesa, sacó su libro de matemáticas y un cuaderno cuadriculado, así como un lápiz y un bolígrafo.
- ¿Qué quieres que te enseñe primero?
Murmuró algo que no fui capaz de escuchar, lo que si noté fue su mirada. Nunca antes alguien me había mirado de la misma forma. Nunca antes había sentido esta sensación extraña en mi vientre.
-¿Qué?- Pregunté para que repitiera lo que había dicho ya que no lo había escuchado bien.
-Que nunca he entendido las fracciones- Confesó.
Oh, pensé que había dicho otra cosa. No se entendió como eso, pero simplemente lo deje pasar.
-Entonces podemos empezar con eso si te parece bien.
~*~
-No, Harry, no me estás entendiendo.
¿Por qué es tan complicado que aprenda?
-Lo entiendo perfectamente, es muy fácil- Habla, con suficiencia en su tono de voz.
-¿Enserio?- Asintió-. Si eso crees, entonces puedes decirme quién es el numerador- Le reté.
-Es el número de arriba que te dice cuántas partes tomaste- Contestó, sonriendo ligeramente de lado, como si fuese pan comido para él.
-Muy bien, ¿y el denominador?
-Es el de abajo. Es el número de partes en que se dividió el total.
-Sí, eso es- Sonreí complacida al ver que por fin había entendido los conceptos. No sé cuánto tiempo me llevó, pero creo que fue mucho.
-Es como si yo fuera el numerador y tú el denominador ¿no?- Fruncí mi ceño en confusión al no comprenderlo.
-¿Cómo?- Le pregunté desconcertada.
-Sí, tu abajo y yo arriba- Humedeció sus labios-. ¿O prefieres al revés?
-Ahm..., n-no te entiendo.
-Es como si tú y yo...- Calló y comenzó a reír-. Olvídalo- Negó con la cabeza restándole importancia; pero yo quería saber de qué hablaba.
-¿A qué te refieres con eso?- Insisto, entre curiosa, confundida y nerviosa.
-Solo olvídalo, era una broma- Esclareció-. Prosigue, que necesito aprender más de esto.
-Pero quiero saber...
-Ya- Me interrumpe, acallándome en ese instante.
Intento abrir mi boca para renegar, pero algo me impide hacerlo, no sé si haya sido su orden o su mirada determinante, solo sentía dentro de mí que debía obedecerle, y así hice, limitándome tan solo a asentir con la cabeza.
En el escaso tiempo que llevo de conocerlo me ha dicho cosas como esas que sinceramente no entiendo. Cosas como que me enseñaría otra cosa si yo le enseñaba matemáticas, o balbuceos y murmullos que no alcanzo a escuchar mientras me mira de esa forma tan... tan... no lo sé, no sé cómo describirlo ya que nunca me había pasado nada parecido. No sé si es algo correcto o no, no sé si solo es producto de mi imaginación. Es extraño todo lo que provocan en mí sus palabras y acciones, no sé si me gusta.
Estar con él es algo agobiante, pero aun así divertido; aunque sea algo difícil de instruir, nunca antes la había pasado tan bien con un hombre, ya que mi única amiga es mujer. Bueno, también está Brent, pero no sé si aún sea mi amigo, no después de que lo rechacé. Es solo que mi mamá no me permite tener novio, no hasta que esté completamente segura que sea una persona de bien y no quiera hacerme daño. Brent nunca me haría daño, pero mi mamá no comprende eso. A mi si me gustaba Brent, aún me gusta, pero mi mamá no entiende eso.
A veces es demasiado sobreprotectora, cosa que no me gusta del todo. Por eso mismo es que no le conté que de ahora en adelante le enseñaré matemáticas a Harry, prácticamente un desconocido, porque sabría cómo reaccionaría si le contara, y claramente no me daría permiso.
El tiempo con Harry en su casa hasta el momento ha sido un tanto extraño para ser honesta, fue divertido de cierta forma ya que él es muy bromista y carismático, pero existen ciertas ocasiones en que se comporta de forma distinta. Realmente no sabría cómo describir estas situaciones, no quisiera catalogarlo con un nombre ya que eso me da un poco de ansiedad, porque quizá lo que pienso es algo que no es verdad y solo es producto de mis desvaríos, o quizá sí sea algo totalmente real y lo que llega a mi mente en esos momentos lo estoy interpretando bien; es solo que nunca había pasado por algo así, nunca antes alguien me había mirado de esa forma en la que me mira, nunca me habían sonreído de esa forma en la que él me sonríe cuando actúo nerviosa ante sus provocaciones, es como si quisiese algo de mí, algo más, como si desease algo más.
De tanto pensar en todo lo sucedido, el tiempo se pasó deprisa. Ya era hora de regresar a casa, en aproximadamente veinte minutos llegaría mi mamá del trabajo y si no estoy allí para entonces, sé que me irá muy mal.
-Ya tengo que irme- Le avisé mirando la hora en mi móvil, levantándome de mi asiento.
-Pero si aún es temprano- Dijo marcando su ceño observando cómo me ponía de pie.
-Lo sé, pero si llego tarde a casa mi mamá va a regañarme- Expliqué formando una mueca de disculpa.
-Yo te llevo más tarde, de seguro tu mamá entenderá- Ofreció imitando mi acción previa-. Necesito que esto me quede muy claro- Dijo suplicante.
-Ehm...- Exhalé-, tú no conoces a mi mamá, y aparte ella no sabe que estoy aquí.
-¿No le contaste?- Inquirió a lo que yo negué-. ¿Estás aquí sin permiso?- Sacudí la cabeza en asentimiento.
Sonrió sagazmente mientras negaba lentamente con la cabeza y me miraba de arriba abajo con detenimiento.
-Eres una chica mala, eh- Más que palabras se asemejaban a susurros roncos y casi inaudibles-. No obedeces a tu mamá, y eso solo lo hacen las chicas malas- Me miró de pies a cabeza una vez más antes de sonreír y decir en un murmuro-: Me gusta.
-N-no, yo no soy eso- El nerviosismo se apoderaba de mi boca haciendo que las palabras se escucharan temblorosas al pronunciarlas.
-Siempre hay una primera vez para todo, ¿no crees?- Dijo en el mismo tono de antes. Me ceñí de hombros en respuesta.
El silencio sepulcral se apoderó de la habitación. Un silencio insoportable que hacía el momento mucho más incómodo y aumentaba mi ansiedad e inquietud a niveles que soy incapaz de comprender.
Noté como relamió sus labios causando un leve espasmo en todo mi cuerpo. No podía seguir soportando esto mucho más tiempo, tengo que salir de aquí, tengo que por lo menos un momento descansar y liberarme de esta tensión que provoca su sola mirada posada en mí, en mi cuerpo.
Nunca antes alguien me había mirado de esa manera. Su mirada era como el filo de una navaja recién aguzada, como un torrente poderoso que desfila a toda velocidad e impacta contra mi cuerpo con fuerzas inimaginables. Era tan penetrante y lasciva que me era imposible mirarle a los ojos sin caer en un abismo sin término, me era imposible mirarle sin sentir cómo mi cuerpo se desvanecía poco a poco.
Tomé mis pertenencias de la mesa desapacible y nerviosamente para meterlas a mi mochila.
De repente, oí el sonido de su voz muy cerca de mi cuello, demasiado cerca, haciendo que soltara un suspiro ahogado de completa aprensión y dejara caer mis cosas al piso. Mi pecho vibró debido a los latidos huracanados de mi corazón que amenazaban con perforarme el tórax.
¿Qué creé que hace?
--Quédate aquí unos minutos más-. Pidió en un susurro-. Por favor.
Me alejé en un efímero movimiento y le encaré para ver sus acciones y no darle la espalda como una presa indefensa.
-¿Qué pasa?- Preguntó con preocupación acercándose a mí mientras yo me alejaba-. Solo necesito que lo que me enseñaste hoy me quede claro. Quédate y así me ayudas con eso- Ofreció con una sonrisa.
-N-no- Negué con la cabeza mientras retrocedía.
-¿Por qué no?- Pregunta, con cierto tinte divertido en su voz, avanzando un par de pasos hacia mi, mismos que yo retrocedí.
-P-porque tengo que irme ya- Le digo, casi a modo de súplica. Por un momento dudo que me haya entendido por el titubeo tan marcado que existe en mi voz.
-¿Me tienes miedo?- Preguntó con aflijo acercándose más a mí. Dejé de retroceder cuando mi cuerpo se encontró con la pared evitando que me alejara más de él-. Yo no voy a hacerte nada malo- Prometió con voz apacible acariciando mi mejilla con la parte posterior de su dedo índice. No pude evitar sentir un estremecimiento ante su contacto-. Sino todo lo contrario- Declaró con una sonrisa traviesa dibujada en su rostro.
¿Todo lo contrario? Eso significa que todo lo que me hará será bueno, ¿a qué se refiere con eso?
-Y-ya tengo que irme- Hablé titubeante. Soltó un suspiro y se alejó un poco dándome espacio.
-¿No vas a quedarte?- Inquirió con algo de desilusión en su voz.
Me atreví a negar con la cabeza una vez más. Hizo una mueca de desánimo y soltó un suspiro pesado antes de asentir.
-Está bien, entonces, ¿nos veremos mañana?
No contesté a su pregunta. Estaba tan conmocionada y aturdida por el momento que ni siquiera pude contestar.
No estoy muy segura de querer venir de nuevo.
Su rostro cambio, pude notarlo. Pasó de divertido y risueño a exacerbado y serio.
-Nos vemos mañana- Dijo lentamente en un mascullo, está vez más como una afirmación que como una pregunta. Asentí rápidamente con la cabeza temiendo a lo que podía pasar si me negaba.
-Bien- Sonrió-. Entonces vamos, te llevaré a tu casa- Dijo volviendo mágicamente a su lado risueño y alegre, cosa que me dio un poco de miedo y a la vez me desconcertó.
¿Por qué cambió tan prontamente?
Asentí para evitar más problemas que me confundan aún más. Él bajó al piso y juntó las cosas que había tirado debido a mi sobresalto antes de entregármelas. Le agradecí en un susurró que ni siquiera yo fui capaz de escuchar, pero él pareció comprender ya que asintió con la cabeza y sonrió en respuesta.
Me acerqué a mi mochila en la mesa y metí todas mis pertenencias dentro lo más rápido que pude para salir de allí.
A veces me da un poco de miedo el solo hecho de pensar que pueda hacerme daño, que pueda secuestrarme o algo mucho peor que eso, por ello es que quiero cancelar esto para no volverlo a ver, pero a la vez me acobardo y pienso en las secuelas que pueden llegar a ocurrir si le digo eso. He notado que es una persona muy impredecible y algo impulsivo, quizá no lo acepte o quizá me entienda y termine por asentir. No lo sé, no sé qué pueda pasar, y eso es lo que me aterra. Es un tipo intimidante.
Tomé mi mochila y la coloqué sobre mi hombro antes de caminar hacia la puerta. Él la abrió dejándome salir primero. Mientras Harry bloqueaba la puerta de su casa, me dirigí a su auto y entré en este para esperarlo. Unos cuantos segundos después, él también entró y puso en marcha el auto para dirigirnos a mi casa.
Solo espero que el viaje sea rápido y no haga preguntas que me pongan aún más incómoda.
-¿Por qué me tienes miedo?-. Preguntó tras el previo silencio.
Confirmo que el universo me odia.
-No te he dado motivos para que me temas..., ¿o sí?- Inquirió dedicándome una mirada rápida mientras yo deseaba que el auto fuese más ancho para así poderme alejar más de él.
Es un hombre de más de veinte años que le dice cosas extrañas a, prácticamente, una niña de casi dieciséis, ¿quién en mi situación no temería de él?
-Si hice o dije algo que te incomodó, solo dímelo- Pidió, pero no hubo respuesta de mi parte.
La mayoría de las cosas que han salido de su boca han sido incomodas para mí.
Soltó un suspiro antes de hablar-: Perdón si te incomodé, no era mi intención.
-E-está bien- Le sonreí tímidamente para darle a entender que no importaba, aunque importara mucho. Giré de nuevo mi vista hacia la carretera para no estarlo viendo a los ojos.
Le escuché soltar una ligera risa nasal y cuando le encaré, vi que sonreía, quería saber por qué sonreía, así que le pregunté-: ¿Qué?
-¿Hm?- Pronunció al no comprender mi pregunta.
-¿Por qué sonríes?- Me osé a preguntar, aún mi cuerpo y mi tono de voz no se recuperaban de todo lo pasado.
Una luz roja intensa iluminó el auto y por consiguiente este se detuvo. Él me miró, ya me había mirado así un par de veces, y justo en esas veces fue cuando mi corazón se aceleró en un instante y sentía como la respiración me faltaba. Me recorrió el cuerpo con la mirada mientras yo sentía que en cualquier momento comenzaría a convulsionarme.
-Es solo que eres tan inocente-. Declaró con la misma sonrisa de antes. No pude evitar sentir una corriente eléctrica que me recorrió el cuerpo al escucharlo-, Y eso me gusta, ¿sabes?
Abrí mi boca para hablar, pero la cerré de golpe al notar que de esta no saldría nada coherente ante eso. Me dediqué a mirar mis manos que se movían como si fuesen peces fuera del agua sobre mi regazo para no verlo y evitar que me ponga más mal.
Me acaba de pedir disculpas por hacerme sentir incomoda antes, y ahora dice esto, ¿enserio?
El auto comenzó a moverse cuando supongo el semáforo cambio. Solo espero que mi casa esté cerca de aquí.
-Bueno, cambiemos de tema.
Le agradecí internamente por haber dicho eso porque no creo que pueda soportar más cosas como lo previo.
-Quiero saber más de ti, dime, ¿a qué universidad piensas entrar?- Preguntó, mirándome un par de segundos antes de seguir enfocando su vista en la carretera.
-No lo sé todavía- Aún los nervios se apoderaban de mí y eso se notaba en mi habla.
-Pero, falta poco para que te gradúes, tienes que decidir pronto.
-Si casi tres años te parecen poco...- Dije en tono irónico contrayéndome de hombros.
-¿Qué? ¿Tres años?- Inquirió con impresión. Me lindé a asentir con la cabeza. Soltó un suspiro frustrado. -Espera..., ¿Cuántos años tienes?- Preguntó con desconcierto.
Le miré extrañada. Su ceño estaba fruncido en confusión y su boca ligeramente abierta.
No entiendo por qué le importa tanto mi edad, no es algo que importe mucho si solo estudiarás matemáticas, ¿o sí?
-T-tengo quince- Confesé.
-¿Qué? ¿Quince?- Preguntó con desconfianza. Asentí-¿No tienes diecisiete?- Inquirió-. ¿O dieciocho?- Niego con la cabeza en respuesta-. Estás bromeando ¿cierto?- Hablo con mordacidad.
-¿Por qué tendría que bromear con mi edad?- Dije con confusión en mi tono de voz.
Soltó un bufido y hecho su cabello hacia atrás con una mano antes de mascullar una maldición que no alcancé a comprender. Cosa que hizo que mi confusión creciera. No entiendo por qué reaccionó así, no creo que mi edad sea algo que importe mucho.
-¿P-por qué te afecta que tenga quince?- Sondeé con desconcierto.
-Pensé que eras más grande, que tenías dieciocho o estabas a punto de cumplirlos- Bufó antes de mirarme-. Te ves más grande de lo que pareces.
¿Me veo de más edad? Según yo me veía más chica.
-Pero ya casi cumplo los dieciséis- Notifiqué, intentando sonreír para aligerar la situación extraña, pero lo hice terrible.
Soltó una risita escasa de humor antes de hablar-: Eso no cambia nada, Marylise- Indicó con hastío en su tono de voz.
- ¿Cambiar qué?
-El hecho de que eres muy chica aún, no estás lista- Suelta una exhalación pesada, me mira por unos segundos por el rabillo de su ojo y vuelve la vista al frente, antes de murmurar algo que apenas y entendí.
No sé si haya dicho lo que creo que escuché, es solo que no comprendo por qué diría eso. No entiendo por qué diría que "aún soy prohibida". ¿Prohibida por qué? Realmente no lo logro comprender al cien por ciento, pero no sé si me agrada.
- ¿L-lista para qué?- Me atreví a preguntar, escuchándome nerviosa y a la vez curiosa por lo que acabo de escucharle murmurar.
Él simplemente se lindó a asentir dejándome con la duda.
-Es aquí donde vives, ¿no?- Preguntó. Su voz se escuchaba apagada y algo brusca, un gran contraste entre su tono de hace unos minutos y la de ahora.
¿Qué le pasa?
-Eh, si- Afirmé titubeante al observar a mí alrededor y ver mi casa-. Gracias por traerme- Le dije con una sonrisa tímida situada en mis labios.
-Por nada- Contestó en el mismo tono de antes.
Abrí mi boca para hablar, pero de esta solo salió un suspiro. Me confiné a salir del auto, pero antes de cerrar la puerta le dije:- Nos vemos mañana entonces.
-Sí- Contestó sin siquiera mirarme.
Iba a decir otra cosa, pero me arrepentí al darme cuenta que él ahora no estaba de ánimos para contestar. Así que me lindé a cerrar la puerta. Unos cuantos segundos después, arrancó el auto emprendiendo su camino sin siquiera decir un adiós.
¿Por qué cambiara tan rápido de actitud?
Hay tantas cosas que me intrigan de él, como por ejemplo que diga cosas tan raras como lo que me ha dicho, que me mire de esa manera tan asediadora o simplemente lo que acaba de pasar; hay tantas cosas que no entiendo, quisiera poder saber que pasa por su mente cada vez que hace o dice esas cosas.
Sinceramente no entiendo por qué cambio tanto de actitud al decirle mi edad, ¿por qué le afecta tanto? ¿por qué es tan importante para él que yo sea mayor como pensaba? ¿por qué piensa que aún soy muy chica?
No logro comprender nada, no me gusta esta sensación, quisiera que contestara a todas mis preguntas, quisiera que disipara todas mis dudas, pero eso no va a pasar, sé que no me atreveré a preguntar una vez teniéndolo enfrente y también sé que no responderá, aunque lo haga.