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Tempesatad. Entre el amor y el odio

Tempesatad. Entre el amor y el odio

Autor: : Briss_M
Género: Adulto Joven
A veces los malos entendidos nos hacen sacar conclusiones erróneas, que nos envuelven en situaciones que nunca imaginamos. Es el caso de Nadir Figueiro y Lianet Limonta. Ambos tienen una visión distorsionada de cada uno, por las situaciones en que se han visto envueltos y las personas que los rodean. Haciendo que vivan una torrentosa relación de amor y odio. Sin saber que desde un inicio estaban destinados a ser lo que tanto anhelan y esconden uno del otro. ¿Será en verdad odio lo que sienten estos dos? A veces estos dos sentimientos, que están a tan solo un paso uno de otro, nos confunden.¿Podrá el amor vencer el odio?

Capítulo 1 ENCUENTRO

"Pasajeros del vuelo con destino Berlín, Alemania que aún no han abordado el avión por favor chequen sus pasajes y aborden el avión, es el último aviso"

"Pasajeros del vuelo con destino Berlín, Alemania que aún no han abordado el avión, por favor chequen sus pasajes y aborden el avión, es el último aviso"

-¡Corre papá, corre!

Grita una joven corriendo por todo el enorme aeropuerto rumbo a la puerta de embarque, seguida de un hombre que le lleva un bolso y corre detrás de ella.

-Adelántate hija, yo te sigo -le dice al ver que ella puede perder el pasaje-, ¡chequea el pasaje primero!

-¡Ah, sí!

La chica corre y sin darse cuenta choca con un hombre, pero sigue corriendo, y por un momento se asusta al ver que él tipo corre detrás de ella y le hace señas.

-¡Lo único que me faltaba! ¡El acosador! ¿Qué hace aquí? ¿Me estará siguiendo? Olvídate de ese tipo Lianet, y corre que te vas a quedar sin tu vuelo.

Sigue corriendo hasta llegar a la ventanilla, sin detenerse ante las voces que le da el chico, que corre a la vez detrás de ella, para ir a parar ambos a donde debe chequear su pasaje, cuando siente que la atrapan por detrás se gira y le da un bofetón al joven.

-¡Deja de seguirme! ¡No me interesas, se lo diré a mi papá! ¡Papá...! ¡Papá...!

-Joven, está confundida... -Trata de hablar el joven, pasando la mano por su adolorido rostro, pero ella sigue gritando como loca llamando a su padre.

-¡Papá...papá...!

-¡Joven...! -Le grita él. -¡Sólo quiero devolverle su pasaporte que se le cayó! ¡Abrase visto a la mujer más loca! ¡Tome!

Dice entregando el pasaporte y el pasaje a la chica, que se queda con la boca abierta sin saber que decir, mirando como se acerca su padre corriendo todo sofocado.

-¿Qué pasó hija? ¿Qué quería ese tipo? -pregunta el padre también mirando como se alejaba el joven volteando la cabeza para mirar con rabia a la chica que lo golpeó.

-No es nada padre, solo me confundí -dice ella pensando en lo que acababa de hacer. -Es que estoy muy nerviosa..., espera deja que chequee el pasaje.

Se gira para la ventanilla y hace todo el proceso. Entregan la maleta, la empleada le explica para donde debe de coger.

-Ya padre, vamos, dice ella que casi están por cerrar la puerta -dice tratando de ver para dónde cogió el joven para pedirle disculpa, aunque no está segura si debe hacerlo ¿Qué le pasa? ¿Por qué lo golpeó así? Se pregunta en lo que escucha a su padre.

-Está bien hija, apúrate -le da un beso y un abrazo- cuídate mucho hija, y no dejes de llamar por favor.

-Está bien padre, nunca olvides que te quiero muchísimo -responde girando de nuevo para correr y abrazarlo, fuerte, lo vuelve a besar y se aleja corriendo antes de que su padre vea las lágrimas en sus ojos.

-Y yo a ti hija. Recuerda llamar en cuanto llegues.

Le dice el padre, también limpiando sus ojos, observando como ella se aleja y se introduce en el aeropuerto. Se retira apesadumbrado, pensando que ahora estará mucho tiempo sin verla. Por su parte Lianet, se limpia las lágrimas y corre hasta la puerta de embarque donde sube casi de última.

La aeromoza la ayuda a buscar su puesto. Por suerte le toca junto a una amable señora, que no deja de hablar y de explicarle cosas todo el trayecto, en el que ella no duerme por lo excitada y temerosa que está. Es la primera vez que estará sola en un país extranjero.

Por fin luego de unas cuantas horas de viaje, el avión aterriza en Berlín. Se pone de pie acompañada de la amable y parlanchina señora y junto a ella se dirige a recoger el equipaje.

-Vamos primero a pasar por el baño querida -le pide la amable señora-ahora demoran en sacar las maletas.

-Está bien, vamos.

Se dirigen a un baño cerca y luego de hacer todo en lo que ella está muy nerviosa y no suelta su bolso, sigue a la mujer hasta el lugar donde deberá coger la maleta.

-Es como todos los aeropuertos - le explica la mujer- las maletas salen por allí, luego tienes que enseñar el comprobante allá afuera y ya.

-Muchas gracias. ¡Oh, mi maleta salió de primera! Voy a recogerla.

Dice en lo que la atrapa con dificultad, está un poco pesada y se enreda con ella y su bolso que se le olvidó cerrar y está desparramando sus cosas. Una mano sale de pronto y la ayuda, al tiempo que ve como se le caen todos los papeles al piso. Se agacha nerviosa y cuando levanta la cabeza ¡No lo puede creer! ¡Esto es demasiado! ¿Qué diablos hace aquí!

-¿Usted? -pregunta el hombre y lleva su mano al rostro. -No vaya a volver a pegarme, solo la ayudaba con su maleta.

-¿Me estás siguiendo? -pregunta ella furiosa quitándole la maleta de la mano.

En lo que el corazón le salta en el pecho del miedo que le provoca el tipo. Está convencida de que debe ser un espía que le puso la odiosa de su madrastra. Lo observa por un instante, y se asombra de ver de quién se trata. ¡Es imposible! Se dice alejándose presurosamente del tipo que se queda observándola como si le recordara a alguien.

¿Será el mismo? Se pregunta Lianet mientras se aleja y gira la cabeza varias veces para observarlo recoger su maleta y dirigirse a la salida igual que ella. No, no puede ser el mismo chico con el lleva tanto tiempo soñando. ¡De seguro estoy confundida! Vamos Lianet, apenas lo viste aquella vez, no puede ser él.

-¡Señorita Limonta.... Señorita Limonta...!

Escucha la voz de un hombre y se percata de que es el amigo de su padre que la llama. Corre a su encuentro y lo saluda feliz. Luego de montar su maleta en el maletero se monta en el auto, al tiempo que contesta todas las preguntas que le hace aquél de su padre. Arrancan y justo cuando pasan por frente de la puerta, el joven que la obsesiona está detenido y la observa fijamente, haciendo que su corazón salte acelerado.

¡Tiene que ser él! ¡Sus ojos son del mismo color! ¡Oh, Dios! ¿Será acaso uno de los hombres de mi madrastra que me ha estado siguiendo todo el tiempo y yo de tonta me he estado ilusionando y soñando con él? Pero si cree que me va a tomar por tonta está muy equivocado, fue bueno saber que había venido siguiéndome, así me mantendré alerta.

Por su parte Nadir, observa como se aleja el auto con la chica rubia de trenzas largas en lo que escucha a su amigo Ismael a sus espaldas, reír a todo dar.

-Ja, ja, ja... ¿No me digas que la loca que te abofeteó también venía para acá? -pregunta al ver a Lianet que los observa desde el auto.

-¡Así mismo! ¡Ojalá jamás la vuelva a ver! ¡Está más loca que una cabra, mira que abofetearme por entregarle su pasaporte! ¡Tenía que haber dejado que perdiera el vuelo! Menos mal que no coincidimos en el avión. -Contesta Nadir, volviendo a acariciar el rostro dónde Lianet le diera la enorme bofetada. -Y tiene la mano pesada, todavía me lo siento. Vamos ahora a tomar un taxi para la universidad.

-Eso te pasa por estar siempre queriendo salvar a damiselas en peligro, ja, ja, ja... -ríe su amigo Ismael- te lo dije que lo dejaras allí, por poco perdemos el vuelo por andar de caballeroso, te mereces el premio que te dieron, ja, ja, ja..

-¡Deja de burlarte! ¡Será una odiosa, pero no se merecía perder sus papeles! Dale, deja de reírte y vamos a tomar el taxi. -Contesta avanzando hacia la cola de los mismos. Sin dejar de ver como el auto en que se va Lianet se aleja. No sabe por qué, pero le parece conocida.

Así lo hacen, luego de esperar un tiempo al fin logran tomar uno que los lleva a la universidad el gran cartel en la cima del edificio los recibe. Humboldt University of Berlin.

-¿Listo para la nueva batalla, hermano?-pregunta Nadir al bajar y detenerse delante del imponente edificio.

-¡Seguro que sí, tenemos que ser los mejores del curso Nadir! No podemos defraudar a nuestros padres que tanto sacrificio hacen para mandarnos hasta acá.-Contesta Ismael, observando también la universidad.

-Eso es mi hermano. Ahora comienza la aventura -le dice a su amigo- tenemos que esforzarnos para ser los mejores.

-Así mismo, vamos a ver dónde queda la dirección para reafirmar la matrícula. Se ve que es enorme, nos vamos a perder dentro hasta que la aprendamos.-Dice y pretende entrar.

-Espera, vine preparado, tengo un mapa de la Universidad. -Le dice Nadir, deteniéndose buscando en el bolsillo de su maleta. -Aquí está, vamos, es por allá.

-¡Oye, hombre preparado vale por dos! A mi no se me ocurrió, ja, ja, ja..., bien me dijo tu papá que no me separara de ti o no iba a saber volver, ja, ja, ja...

Ríen los dos ante las ocurrencias de Ismael, de los dos siempre es el más vivaracho y dado a decir locuras como le dice el serio de su amigo Nadir. Avanzan a la par de una gran cantidad de estudiantes, que como ellos, también llegan ese día para incorporarse a la universidad. Después de la enorme escalinata, doblan a la derecha, por el enorme pasillo que los lleva a donde los están recibiendo. Cuando Nadir siente que chocan con él.

-Perdón, perdón, no lo vi, no lo vi -dice la voz de una chica en alemán, se gira despacio para decirle que no hay problemas. Y no puede creer lo que ven sus ojos.

-¡¿Tú?!

Capítulo 2 PRIMER ENCUENTRO

Nadir Figueiro, el único vástago de Josué Figueiro, uno de los hacendados más influyentes y prósperos de la región, era bien conocido no solo por su linaje sino también por su destreza en la cría de ganado vacuno. Las dos mil hectáreas de tierra fértil que poseía se extendían como un tapiz verde bajo el cielo abierto, albergando a más de mil cabezas de ganado.

Estos animales no solo eran el núcleo de su imperio agropecuario, sino también la fuente de una impresionante producción que superaba los tres mil litros de leche y las cinco toneladas de carne al mes, abasteciendo tanto al mercado local como al internacional. Esta vasta contribución no solo consolidaba la posición de la hacienda Figueiro en el mercado, sino que también afirmaba el estatus de Nadir como el ganadero más destacado del sur del país, cimentando así su fortuna y reputación.

La fortuna de la familia Figueiro no se limitaba a la ganadería. Las tierras de Nadir también albergaban yacimientos de diamantes, en particular de rubíes, cuya extracción añadía un brillo especial al ya próspero negocio familiar. Estas gemas eran meticulosamente procesadas y transformadas en joyas exquisitas y exóticas en sus propias empresas joyeras. Al final de cada mes, las piezas se subastaban alcanzando precios estratosféricos, lo que incrementaba aún más la fortuna de los Figueiro.

Este éxito convertía a Nadir en el soltero más codiciado de la región; las familias más acaudaladas lo veían como el partido ideal para sus hijas. Sin embargo, Nadir no tenía interés en matrimonios concertados ni en las distracciones del romance. Desde joven, se había fijado metas claras y ambiciosas. Su inteligencia y dedicación lo distinguían en sus estudios, y su padre no podía estar más orgulloso de los logros alcanzados por su hijo.

Nadir se graduó del bachillerato con los más altos honores, liderando su promoción y dejando una marca imborrable de excelencia académica. Pero no se detuvo allí; sus resultados excepcionales le abrieron las puertas para perseguir su verdadera pasión: la Ingeniería Metalúrgica. Con una visión clara de su futuro, se dispuso a estudiar en el extranjero, aceptado en una de las universidades más prestigiosas de Alemania, donde continuaría forjando su camino hacia la grandeza.

Nadir Josué Figueiro, así rezaba su nombre completo. A pesar de ser un hombre de innegable atractivo, que suscitaba suspiros allá por donde transitaba, había decidido que no se dejaría llevar por las convenciones sociales ni por la presión de su estatus. Estaba resuelto a casarse por amor, tal como lo había hecho su padre. Admiraba profundamente la relación de sus padres, que después de tantos años mantenían su amor tan fresco y vibrante como en sus inicios.

Josué Figueiro había conocido a Vania en una tarde inesperada, mientras cabalgaba por los confines de la finca familiar, recién heredada tras la pérdida de sus progenitores, en un trágico accidente aéreo. Habían estado en París, presentando una joya excepcional elaborada con las piedras preciosas de sus minas, cuando su jet privado se estrelló en el viaje de regreso. Aquel día marcó a Josué con la dualidad más extrema: el dolor por la negativa a acompañar a sus padres y la culpa que le acosaba por ello, y la sorpresa del encuentro más significativo de su vida.

Nadir se deleitaba cada vez que su padre narraba el encuentro con Vania. Ella galopaba con tal ímpetu que su cabellera dorada parecía una estela celestial, un ángel enviado para mitigar su dolor. Josué siempre decía que Vania era la mujer más bella que había visto jamás, y desde el momento en que sus miradas se cruzaron, con aquellos intensos ojos verdes clavándose en los suyos, quedó irremediablemente enamorado.

Era natural que Nadir fuera un hombre de notable hermosura, heredero de la gracia y el atractivo de sus padres. Al igual que su padre, abrigaba la esperanza de que, algún día, el amor irrumpiera en su vida de manera inesperada y maravillosa. La finca "Los Figueiro," era un reflejo de la alegría y la felicidad que emanaban de sus dueños, una prosperidad que se extendía generosamente a las familias de los obreros que trabajaban para ellos. Estas familias vivían en un pequeño poblado construido por la misma mano benefactora de Nadir, convirtiéndose en objeto de admiración y envidia para todos en las millas a la redonda.

La mañana había despertado con una ligera humedad en el aire, pero la vida en la mansión seguía su curso tranquilo y sereno. El cielo despejado se extendía en un azul intenso, realzando la belleza del día. Los ojos azules de Nadir, reflejando aquel cielo, brillaban con un fulgor especial, un destello que evidenciaba la dicha que sentía al vivir en aquel lugar idílico. La felicidad lo inundaba al compartir su existencia con sus amados padres en la finca, un lugar que consideraba insustituible y que formaba parte inseparable de su ser.

A la hora del almuerzo, Pastora, el ama de llaves, anuncia que ya está servido. Allí siempre se reúnen con mucho amor Vania, Josué y Nadir, nunca faltan a esta cita, les gusta mucho compartir en la mesa.

-Es un regalo de la vida un día así tan hermoso, ¿verdad padre? -comenta Nadir, admirando el paisaje a través de la amplia ventana. -Lástima que hoy se anuncia una tormenta y ya se vislumbra en el horizonte.

-Así es hijo, ya sabes cómo es esta temporada. Amanece un sol radiante y en un instante todo cambia -responde su padre con una voz serena, mientras degusta el exquisito manjar que tienen delante.

-No me agradan estos cambios bruscos -manifiesta Vania, observando con cierta inquietud el cielo desde el gran ventanal. Las tormentas siempre le han causado temor.

-No te preocupes querida, aseguraremos bien las puertas. No tienes que temer, y ambos estaremos aquí -le asegura su esposo con ternura, acariciando su mano.

-Sí, mamá. Te cuidaremos muy bien -asegura Nadir acercándose y depositando un beso en su mejilla-. Nos tienes a nosotros que no dejaremos que te pase nada.

-Gracias, hijo -susurra ella con voz tenue.

Para distraerla de la inminente tempestad, comienzan a relatar historias chistosas, logrando que Vania olvide momentáneamente cómo el cielo se va tiñendo de gris. La comida transcurre entre risas y anécdotas, creando un ambiente cálido y familiar. Al terminar, Vania se retira junto a su esposo para cumplir con la tradición de la siesta. Nadir, sin embargo, permanece despierto, preocupado por cómo el día se va ensombreciendo. Más de dos horas después, empieza una llovizna fina y persistente.

Los pastores se apresuran a reunir el ganado para protegerlo en un lugar seguro, pues saben que cuando la lluvia arrecia, el río que bordea las fincas por estos lares suele crecer y tornarse peligroso. Nadir supervisa y acompaña a los trabajadores en sus labores. Al caer la tarde, la lluvia se intensifica hasta convertirse en un aguacero torrencial acompañado de truenos estruendosos y ráfagas de viento. Su padre asoma por la puerta de la casa y lo llama con urgencia.

-Nadir, hijo, por favor avísale a Sergio que le diga a los pastores que no salgan más. Las reses restantes se recogerán mañana -pidió el padre con urgencia.

-Entendido, papá. Ya les había advertido, pero sabes cómo son, no les gusta dejar el trabajo a medias -respondió Nadir, preparándose para volver a montar.

-Lo sé, pero con tantos truenos y relámpagos es peligroso estar a caballo. Podría ser muy riesgoso para ti. Así que no te demores. No me agrada la idea de que estés afuera con este tiempo y te necesito aquí -añadió el padre.

-Sergio, papá dice que no salga nadie más. Que lo que queda de las reses se recogerá mañana -comunicó Nadir al capataz, quien se esforzaba por encerrar a las vacas alarmadas por los truenos. -¿Me escuchaste, Sergio? -insistió al notar la distracción del hombre en su labor. -La tormenta es muy intensa y no queremos accidentes. Hay demasiados rayos y truenos, nadie debe salir.

-Claro, mi niño -respondió finalmente Sergio García, el capataz y hombre de confianza de Josué. -Lo comunicaré de inmediato. No te preocupes, todos estarán a salvo al regresar.

Nadir observó un momento a Sergio. El hombre, de cabellos canosos y avanzada edad, había trabajado en la finca desde tiempos de sus abuelos y le tenía un gran cariño. A pesar de su edad, su fortaleza y responsabilidad eran incuestionables y había sido un gran maestro para Nadir, quien lo consideraba casi como parte de su familia.

-Nadir, hijo mío -llamó nuevamente el padre desde la casa. -Ven a ayudarme con estos ventanales, siempre me cuesta trabajo cerrarlos bien.

-Ya voy, papá -contestó Nadir mientras aseguraba a su caballo antes de correr en ayuda de su padre.

-Una vez terminemos aquí, debemos asegurar los ventanales de las habitaciones. Tu madre teme mucho a las tormentas -explicó el padre.

-¿Mamá siempre ha tenido miedo a las tormentas? -preguntó Nadir, curioso.

-Sí, es un miedo que tiene desde niña. Se aterra con los truenos, por eso intento estar en casa cuando hay tormentas. No me gusta que esté sola-respondió su padre, mientras la lluvia se intensificaba hasta el punto de que apenas podían ver el exterior.

-Papá, la lluvia es muy fuerte, apenas se ve algo afuera -observó Nadir, preocupado.

-Es verdad, hijo. Hacía años que no veíamos una tormenta de esta magnitud. Sube y espérame allí; voy a buscar a tu madre, hace rato que no la veo-dijo con preocupación.

-¿Crees que se haya escondido? -preguntó Nadir con seriedad, odiaba ver a su madre asustada.

Subieron y Josué comenzó a buscar a Vania con desesperación. Al no encontrarla en los espacios comunes, entró en su habitación matrimonial.

-¿Amor, estás aquí? Dime dónde estás para que no estés sola -llamó con ternura.

Sin respuesta, recordó que una vez la había encontrado en el closet. Al abrirlo, la encontró acurrucada en un rincón. Se inclinó y la abrazó, animándola a salir.

-¿Qué haces aquí? Te prometí que volvería pronto. Dame la mano, salgamos. Estamos aquí para ti -dijo con voz calmada. De repente, la voz de Sergio interrumpió el momento.

-Patrón... patrón...

-Quédate con mamá, yo me encargo -dijo Nadir rápidamente, y bajó corriendo para encontrarse con un Sergio visiblemente alterado. -El patrón está con mamá, ¿qué sucede?

-Es el caballo semental, no sé cómo se soltó y se escapó hacia el río. Debemos ir por él, pero como el patrón ordenó no salir por la tormenta, vine a pedir instrucciones.

-¡Ese caballo no lo podemos perder, o estaremos en serios problemas! ¡Vamos ahora mismo! Después yo le digo a papá

Montados en sus caballos bajo la intensa lluvia, no les tomó mucho llegar a la orilla del río donde vieron al semental intentando cruzar hacia el otro lado para reunirse con unas yeguas. Los pastores, con destreza, capturaron al animal con sus lazos.

Nadir estaba a punto de dirigirse de vuelta cuando, al otro lado del río, una figura cautivadora captó su atención. Una joven de gran belleza lo observaba con ojos desmesuradamente abiertos, como si dudara de la realidad de su presencia.

En ese instante, su caballo se encabritó justo cuando un relámpago cortó el cielo seguido por el estruendo de un trueno, iluminando la silueta de la mujer con una claridad sobrenatural antes de que ella se esfumara en la oscuridad.

-¡Nadir... niño... vamos! -lo llamó Sergio desde lejos-. ¡Es muy peligroso quedarse bajo esta lluvia!

-¡Ya voy, Sergio! ¡Ya voy! -respondió Nadir, alzando la voz mientras su mirada barría el lugar donde había visto a la joven, buscando alguna señal de ella. Pero no había nada más que la cortina de lluvia.

¿Había sido real o solo una visión producto de la tormenta? Se preguntaba mientras espoleaba a su caballo y emprendía una carrera frenética hacia su hogar.

Capítulo 3 LIANET LIMONTA

Se queda paralizada al ver la increíble visión del joven más hermoso que sus ojos han visto del otro lado del río, montado en un imponente caballo que se para en dos patas, al tiempo que un relámpago seguido de un rayo ilumina todo alrededor. Aunque quiere no puede apartar sus ojos de los azules del joven que la mira fijamente, como si ella fuera una visión. Al fin reacciona y corre a esconderse detrás de un matorral, junto a su caballo.

Cuando vuelve a asomarse, la imagen del joven vaquero la deja estupefacta. No está segura si lo que ve es real o su imaginación. Lo cierto es que la hermosa visión del apuesto joven vaquero hace que su corazón salte acelerado y le alivie un poco el dolor de lo que no hace mucho vivió.

Unos momentos antes...

Baja despacio por las escaleras de la habitación en que la ubicaran después que llegara del aeropuerto a la casa de su padre. Todo le parece extraño y atemorizante. ¿A dónde he venido a parar?Se pregunta en lo que camina por el salón.Por favor diosito lindo, protégeme, creo que no podré aguantar y sola, aquí solo conozco a mi papá y ahora a Lina la ama de llaves que parece ser una buena persona.

Tengo que resistir por mi madre, ella se esfuerza mucho por tal que yo estudie y se veía muy cansada antes de que yo viniera, y ese viaje lo necesitaba para poder terminar de reunir el dinero de la beca en Alemania. Y , no tenía con quien dejarme, porque los vecinos que eran como nuestra familia, se marcharon hace un mes para Francia.

Es por eso que no le quedó más remedio que llamar a papá, yo sé que él me quiere, pero Rosario, me va a hacer la vida imposible y qué decir de mi medio hermano Carlos. Tendré que tratar de areglármelas, pero no se como.

-¡Oye tú, niña! -escucha una voz áspera a sus espaldas. -¿Cómo fue que dijiste que te llamabas?

-Perdón, no tuve tiempo de decirlo -responde girando para enfrentarla- me llamo Lianet Limonta López , pero todos me llaman Lia , señora Rosario.

-Bien dicho, ¡señora Rosario! -Enfatiza muy fuerte. -¡Y que nunca se te olvide!

-No, señora.

-¡Y ni pienses que me creo la historia que eres hija de Manuel! -Sigue hablando en muy mal tono. -¡No sé qué se traen entre manos tu madre y tú, pero ni loca voy a dejar que quieran coger parte de mi fortuna que con mucho sacrificio hemos logrado Manuel y yo!

-No señora, mi madre y yo, no estamos interesadas en la fortuna de mi papá.- Expresa Lianet con una voz casi inaudible y bajando la cabeza , sus manos tomadas que tiemblan de puros nervios.

-¡La fortuna de tu padre! Ja, ja, ja... ¡No me hagas reir criatura del infierno, esa fortuna es mía y de mi hijo y no pienso compartirla con nadie! ¿Me escuchas? ¡Con nadie!

-Señora, yo..

-¿Qué quieres decir? Yo..., no yo... ¡Tú aquí no eres nadie! ¡Nadieeee! -sigue vociferando su madrastra Rosario. -¡Así que ya lo sabes y no te quiero ver merodeando dentro de la mansión! ¿Entendido?

-Como usted diga ,señora Rosario, haré lo que me pida. -responde Lianet, muy asustada.

-¡Desaparece de mi vista! -grita Rosario haciendo que ella salte asustada. Y dando la vuelta va a retirarse, pero se detiene ante el último grito de su madrastra.

-¡¡¡Ah...!!!! ¡Y mucho cuidado con ir a contarle a Manuel , si por casualidad me entero que le fuiste con el chisme, te las verás conmigo! ¿Entendido?

-Sí, sí señora Rosario, como usted ordene.

Ya casi está lista para retirarse cuando una nueva voz desde la escalera hace que se vuelva a detener.

-¡Pero madreeee! ¿Qué haces hablando con esa buena para nada? La embustera esta, mira que decir que es hija de mi padre. -Dice con muy mala forma el medio hermano de Lianet, avanzando hasta donde ellas se encuentran.

-Nada mi niño -dice Rosario tratando de endulzar su voz, sonando muy ridícula le parece a Lianet. - Solo le ponía las cosas en orden, para que no se esté creyendo cosas, no te preocupes, le dejé bien claro que la fortuna es tuya y que no la vamos a dividir con nadie.

-Eso mismo digo yo, mira que aguantar ese borracho de mi padre por tantos años, para ahora tener que compartir la fortuna con esta.

Sigue hablando con desdén. Lianet no dice nada solo está detenida hasta que vuelve a saltar asustada ante el grito que le da su madrastra.

-¡Pero aún estabas ahí muchacha, vete a tu cuarto o a no se donde! ¡Pero desaparece de nuestra vista!

-Está bien, ya me voy, ya me voy .

Y echa a correr, sin rumbo fijo, y , fue a dar a las caballerizas, alistó el mismo caballo negro que le había dado su padre, porque le daba confianza y salió a galopar sin rumbo. Mientras en su mente se repetía una y otra vez.

¿Que voy a hacer, que voy a hacer? Esos dos son el diablo en persona, sé que solo son dos meses, pero será muy difícil. Y continuaba galopando alejándose cada vez más de la finca. Cuando vino a darse cuenta, fue a parar a un árbol que quedaba cerca del río y ya había comenzado a lloviznar bastante fuerte.

Sin importarle el temporal que se avecinaba, se desmontó y se puso a observar tristemente el río. Vió aparecer de pronto a un hermoso cemental que relinchaba una y otra vez siendo respondido por unas yeguas del lado que se encontraba. La lluvia arreciaba y ella seguía extasiada mirando el animal,¡era realmente hermoso! Hasta que aparecieron unos pastores dirigidos por un joven que la lluvia no la dejaba ver muy bien.

Vio cómo enlazaban al animal y se lo llevaban. Ella no había dejado de observar toda la escena, y justo en ese momento cuando se había puesto de pie para marcharse, el joven se quedó mirándola fijamente a sus ojos como si no pudiera creer en lo que veía.

Ella le sostuvo la mirada y vio cómo si de una película se tratara, como su caballo se paraba en dos patas ante el sonido de un fuerte relámpago que iluminó todo, en especial sus increíbles ojos azules que no dejaban de mirarla, seguido de un rayo que hizo que saltara asustada.

-¡Jesús, María y José! -exclamó ante el aterrador sonido, pero sin poder apartar su mirada de la increíble y hermosa imagen que tenía delante de ella al otro lado del río embravecido -, hasta parece que el tiempo se ha confabulado para hacer esa presentación -susurró -, ¡son increíblemente guapos él y su caballo!

Ante otro rayo que retumbó corrió a refugiarse debajo del gran árbol cerca de su propio caballo que se movía inquieto. ¿Quién será aquel joven? ¿Será real? Se preguntaba, pues al volver a salir de detrás del matorral en que se parapetó del rayo. La lluvia era tan fuerte que no podía distinguir muy bien por lo lejos que estaba. Aunque le pareció ver que giraba en el lugar como si buscara algo o a alguien. Mejor me escondo. Se dijo asustada, no vaya a ser un maleante o un espía de la señora Rosario.

No sabía porque había pensado así, a lo mejor la mirada tan intensa y sorprendida que le dio el joven como si la grabara en su memoria o algo más la asustó. Pero su curiosidad era mayor que el miedo que le inspiraba su madrastra y todos los extraños que ponía a que la vigilaran.

¿Ya se habrá ido? Se preguntó sintiendo como la lluvia se volvía cada vez más fuerte haciendo que se percatara que debía regresar a la casa. Con temor salió de su escondite, pero al mirar, lo vio girando en el lugar como si la buscara. Su corazón comenzó a palpitar aceleradamente al encontrarse sus miradas por el medio de la lluvia un instante.

Volvió a esconderse sujetando su pecho, ¿qué es esto que siento? ¿Será miedo? ¿Por qué mi cuerpo tiembla, y mi corazón se agita? ¡Rayos! Creo que me voy a caer, mis rodillas no me sostienen, ¡que apuesto es ese joven! ¿Quién será? Se preguntaba sin dejar de observarlo.

Creo que me he confundido, no creo que sea un espía. Mira su pelo como lo mueve el viento y es bien alto, ¡ay por poco me ve! No puede ser que me haya seguido desde la casa, está del otro lado del río. Tonta Lianet, no es un espía, ¿o sí? ¿Quién será? ¡Oh! Que lástima, ya se fue. Bueno, si no fue una visión mía. ¡Uy, que susto! Salto al sonido de otro trueno. ¡Madre de Dios! ¡Qué rayos y qué lluvia!

Mejor regreso a la finca, el tiempo se ha puesto malísimo, ¡qué manera de llover! Nunca había visto una tempestad como esta. Vamos amigo, llévame sin perderte de regreso, no quiero que esa mujer me arme un escándalo. ¿Habrá regresado papá? Ojalá, de seguro que delante de él, no me maltratan, ¡arre! ¡Esta lluvia no me deja ver! ¿Quién me mandaría a montar a caballo sin averiguar el tiempo?

Avanza sin apenas ver, el aire y la lluvia la golpean fuertemente, hasta que después de media hora al fin suspira aliviada al ver aparecer a lo lejos la casa de su padre, se dirige al establo. Le quita ella sola la montura al caballo, lo seca un poco y lo mete en su lugar, para luego echarle comida. Todavía se queda un rato más allí, escuchando como llueve sin parar.

Cuando al fin hace un descanso y la lluvia es más suave. Corre hasta llegar a la casa, con tan mala suerte que cae de lleno de frente a la señora Rosario que la mira con odio.

-¿Qué crees que haces imbécil? -le grita ferozmente- ¡Echarás a perder toda la alfombra!

-Perdón señora, perdón -pide Lianet, quitándose los zapatos. -No sabía que iba a llover y salí a dar una vuelta a caballo y me cogió el tempestad.

-¿Quién te preguntó? ¡No me interesa nada de lo que hagas con tal que no entorpezcas mi vida! -grita con un vaso de tequila en la mano. -¿No te dije que no te quería ver merodeando dentro de la casa? ¡Piérdete de mi vista y que no te vuelva a ver! Chiquilla del demonio, ¡desaparece dije! ¡Y que no te vuelva a ver, me das dolor de cabeza! -sigue vociferando en lo que se aleja rumbo al bar de nuevo para servirse un trago de ron.

-¡No sé en qué estaba pensando el imbécil de Manuel al traerte! ¡¿Qué se habrá creído? Sabe muy bien el motivo por el que me casé con él, si papá no me hubiese obligado, no estaría atada a un hombre como ese imbécil.

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