-Dylan llegará en una hora, debes ir por ella -su padre Francis Derrick, una montaña en ciudad, su altura afortunadamente fue heredada, pero no tanto como su encanto y empatía por las personas, para Bastian no le era agradable tratar con personas, especialmente si se trataba de Dylan. Francis le miró con reproche al notar que sólo desvió la mirada para ignorar por completo lo que le estaba diciendo-. Y debes ir tú, Barrick no está, sabes perfectamente que tampoco maneja.
Sí, así es, Barrick Derrick, para su padre le pareció divertido hacer una combinación de nombres extraños para que seguramente la familia, amigos y desconocidos se burlaran de su hermano, aunque no le molestaba en lo absoluto, después de todo Barrick era irreverente e idiota, lo odiaba.
Incluso una vez más, a Dylan Henry, quien también se describía como una mujer sin vergüenza, es por ello por lo que su hermano y ella tenían tan buena amistad.
- ¿No puede tomar algún tipo de transporte que la traiga hasta este lugar? ¿Cómo se llaman? -entrecerró los ojos fingiendo pensar-. Oh sí, se llaman taxis, y hay muchos en el aeropuerto.
-Sólo ve por ella -reclamó una vez más su padre al verlo levantarse para partir, no lo dejaría irse a menos que hiciera lo que le decía, y entonces supo cómo hacerlo fastidiar-. Recuerdo a un niño que le gustaba...
-Corrijo, nunca me gustó, sólo era una niña interesante, una tonta, muy torpe, estúpida, distraída niña.
Otra cosa más en su lista no negaba que era adorable de niña, más si él era más grande que ella, en los dos sentidos tanto de edad como de altura, y alguien tan pequeño y frágil le atrajo, especialmente porque siempre fue tan inocente y logró hacer con ella lo que quisiera.
No lo mal piensen, le pedía que trajera cosas tal como un perro, o masajear su espalda luego de terminar sus prácticas de béisbol.
-Deja de hacer un berrinche tan infantil y ve por ella -gruñó por última vez antes de salir de la casa para trabajar. Su padre era dueño de una pequeña empresa que los hacía ganar lo suficiente para que él pudiera darse sus lujos, así como su hermano que nunca se encontraba en casa sino viajando. Francis volvió a abrir la puerta y asomó su cabeza por unos segundos-. Y más te vale que la traigas en una pieza, porque su madre nos la ha encargado. Y quiero verlos temprano para cenar.
Bastian enarcó una ceja ante su amenaza y asintió finalmente. Dylan también siempre había sido eso, torpe y distraída lo cual ya confesó que sí le agradó en un principio, pero claro, sólo cuando eran niños, luego creció y comenzó a ser odiosa, al hombre de cabellos cenizos no le agradó y finalmente comenzó a alejarse, e incluso para cuando ella entró a la misma Preparatoria que él, decidió continuarla en una extranjera para no tener que soportarla. Barrick, por su parte era otro idiota que también se había vuelto odioso después de la muerte de su madre, es por ello por lo que creía que seguía viajando después de tanto tiempo.
Sus pensamientos lo llevaron a subirse al auto y dirigirse hacia el aeropuerto con la velocidad al mínimo, podía ir por ella, pero si en el transcurso de ese favor le hacía la vida imposible, lo haría.
Desde que tenía memoria su familia y la de Dylan se unió, e incluso más luego de la muerte del padre de la mujer, que también pensaba que conllevó a que ella fuera tan estresante. Veranos largos en la casa de los Henry, vacaciones, fiestas, reuniones, siempre estaban ahí. Afortunadamente ahora con sus 25 años tenía la decisión de no verlos y quedarse en casa el mayor tiempo posible o haciendo lo que fuera, menos ahí.
Llegó al aeropuerto una hora y media después, sólo para estacionarse y entrar por las puertas recibiendo toda mirada alguna de las mujeres. En un principio cuando conoció el poder que tenía sobre las mujeres le incomodó que eso sucediera, pero luego cuando su deseo creció no dudó ni un segundo en aprovecharse de eso, a cualquier mujer que quisiera tomar lo hacía y sin necesidad de sentirse mal, no había mujer que rechazara su cuerpo y eso le gustaba.
De casi dos metros, con cabello cenizo y ojos verdes, él sabía perfectamente que era eso, perfecto.
Observó el increíble repertorio que tenía frente a él, las mejores chicas que podía encontrar eran las recién llegadas al país, aquellas que sólo querían un tour hacia su miembro, sin rechistar ni problemas. La mirada del hombre se dirigió hacia una mujer alta de largo cabello azabache y un exquisito trasero redondo que meneaba al esperar su maleta. Vestida como una secretaria, sus deseos más intensos se incrementaron al imaginar a la mujer pasearse por una oficina y pedir por clemencia para un aumento.
Con aquel andante audaz y gracia, se acercó a ella, tocó su hombro y con una voz grave habló sobre su hombro.
-Bienvenida a Canadá -el aroma masculino entró por las fosas nasales de la mujer y una excitante punzada viajó a través de todo su cuerpo.
Ella giró sólo unos segundos para que su vista periférica se encontrara con el hombre que le hablaba. Enarcó una ceja cuando se dio cuenta de quién se trataba.
-El gran Bastian Derrick -sonrió de lado deslumbrando una sonrisa perfecta, que de manera similar el mencionado hizo, sólo que la suya era cínica.
- ¿Te conozco? -enmarcó una ceja imaginando si ese cuerpo ya se lo había comido antes y negó con lentitud recordando que en ningún momento aquellos brazos delicados le abrazaban con fervor pidiendo clemencia.
-No es posible que no me reconozcas -rio girando por completo. El hombre entonces la examinó una vez más, de hermosos ojos oscuros, labios carnosos que deseó probar, y una larga línea de piel que llevaba a una camisa nude con gran abertura en el área de los pechos-. Sigues siendo el mismo imbécil de siempre.
- ¿Disculpa? -preguntó intrigado, frunció el ceño enfadado y escrudiñó más en su rostro-. ¿Dylan?
-Ay mi amor, no es posible que no me hayas reconocido -Bastian volvió a echarle un ojo y enarcó las cejas en grande, no podía creer que aquella niña odiosa y fea, había perdido la "o" y ahora era una completa diosa, de largas piernas que imaginó tener como aretes-. Cierra la boca amor, las moscas pueden entrar. Trae mi maleta, estoy hambrienta.
Señaló su maleta con un dedo y comenzó a caminar tambaleando su exuberante cuerpo que sabía perfectamente estaría observando.
Y de pronto él también estuvo hambriento.
- ¿Cómo está Naomi? -murmuró intentando despejar sus pensamientos. Incluso dentro del auto no podía dejar de verla de reojo. La tenía ahí, sin saber cómo reaccionar y al verla quitarse los zapatos y colocar los pies sobre el asiento para que su falda entonces se ajustará para mostrar su profunda curva, supo que ella tampoco podía dejar de verlo, sabía perfectamente lo que hacía, de eso estaba seguro.
-Bien, dijo que llegaría la siguiente semana y me pidió venirme antes -Dylan elevó la mirada hacia él y sonrió con ternura. Bastian sólo logró asentir con la cabeza y continuar con la mirada hacia el camino-. ¿Y tú? ¿Qué hay de nuevo? Es decir, hay mucho de nuevo en ti, en especial porque te ves realmente bueno, en todos los sentidos, ¿qué talla eres de zapatos?
Resopló por unos segundos, seguía siendo aquella niña odiosa que no tenía pelos en la lengua para decir todo lo que pensaba. La miró por unos segundos y continuó en el camino.
- ¿Mi talla de zapatos? -preguntó incrédulo.
-Sí, ya ves que dicen que, con la talla de zapatos, puedes conocer el tamaño de su pene -ahogó un gruñido incómodo cuando terminó la frase y la volvió a mirar, ella sólo sonrió una vez más triunfante de hacerlo sentir nervioso, y es que Bastian ya se encontraba ansioso, y de pronto sonrió jocoso.
- ¿Y por qué no mejor me pides que lo saque para que puedas admirar su largo? -ella soltó un silbido al clavar la mirada en su entrepierna.
-Por la manera en la que se aprieta contra tu pantalón, puedo darme una idea -murmuró acercándose a él para pellizcar su miembro. Bastian se sobresaltó por unos segundos.
«La misma niña odiosa, más sexy y caliente. »Su subconsciente delató sus intenciones, no quería contestar grosero, y si no era ello, sería otro tema que decidió hablar.
-También bailo bien, ¿sabes?
-Oh vaya, que rico -rio. Los hombres que sabían bailar seguramente tenían enormes posibilidades para ser increíbles en la cama-. ¿Es una invitación a bailar?
-Quisiera llevarte a bailar, sí -comentó divertido y despegó su mano derecha del volante sólo para colocarla sobre la rodilla de la chica, ella abrió un poco las piernas casi de inmediato. La mano de Bastian viajó con lentitud sobre su muslo interno hasta llegar al borde de su falda, le miró por sobre el hombro y sonrió de lado.
Aquella mirada la hizo derretirse y comprendió a lo que se refería, subió su falda un poco más hasta quedar al descubierto para él. Bastian bajó más la mano, y tocó la fina tela que ya se encontraba mojada, masajeó con tres dedos su cuerpo y la escuchó dejar escapar un suspiro.
Con la mirada en el camino, pero su concentración no estaba del todo ahí, sólo la quería ver retorcerse por el deseo, y gemir sobre su cuerpo.
Las delicadas manos de Dylan tomaron su brazo y supuso que era una invitación a seguir.
Retiró hacia un lado la tela de su ropa interior y tocó los pliegues de la mujer que soltó otro suspiro más, los abrió con dos dedos y el del medio comenzó a masajear su clítoris, presionando y moviéndolo con tranquilidad, en su lugar Dylan intentaba controlarse para que las personas fuera del auto no se dieran cuenta de lo que ocurría y en un semáforo, entre risas Bastian colocó el aire acondicionado cerrando las ventanas.
No sin dejar de hacer su trabajo de darle placer a la mujer a su lado, en cuanto las ventanas cerraron, ella recostó la cabeza hacia atrás y esperó a que la penetrara con el dedo-. ¿De verdad crees que lo voy a hacer?
Rio separando su mano para ponerla en su propia pierna observando el semblante molesto de la mujer.
-No me vas a dejar así, ¿verdad? -reclamó haciendo un puchero.
-Puedes tocarte, no juzgo -la miró por unos segundos y llevó sus dedos a la boca probándolos-. Exquisita.
Entró detrás de Bastian con un incómodo caminar, deseó golpear la cabeza del hombre contra la pared. Mentía, deseó rogarle que continuara tocándole y hacerla sentir lo inimaginable con tan sólo aquella mirada suya que tanto le estaba volviendo loca.
Los ojos verdes penetrantes que le intuían deseaban lo mismo que ella estaba deseando.
Lo miró de arriba abajo, había crecido en gran manera, su cuerpo romano estaba en buena forma sin llegar a ser el típico hombre con músculos y poco cerebro, era candente e inteligente lo que un arma de doble filo tendría, en especial Bastian que siempre había sido alguien tan peculiarmente intrigante.
Incluso aquella voz que no le molestaría escuchar constantemente, algo dentro de ella creció y era otro deseo, quería que él dijese su nombre, acompañado de un "Te quiero coger".
-Bueno, conoces la casa, ya sabes que tu habitación está arriba y puedes acomodarte con confianza -ella asintió y comenzó a caminar hacia las escaleras, giró para ver a Bastian recargarse en la pared de la entrada.
- ¿No me ayudarás a subir la maleta? -negó con una sonrisa burlona clavando los ojos en ella, sólo para mirarla subir-. Ya veo.
Dylan enmarcó una ceja indignada. Si quería jugar, ella también lo haría.
Recogió su bolsa con rapidez y comenzó a arrastrar la maleta. Bastian contempló en todo momento su cuerpo al intentar subirla por los escalones y con dificultad la escuchó llegar al segundo piso, sólo entonces se dirigió hacia las escaleras para subir detrás de ella.
Dylan prestó atención en que se acercaba hacia donde se encontraba. Dio vuelta para verlo ahora recostado sobre el umbral de la puerta de su habitación y lo admiró, era en verdad, una cosa para disfrutar, con los brazos enganchados a su cintura en una espectacular vista masculina que la hacía recorrer sus ojos de arriba hacia abajo, distribuyendo su atención en cada detalle de aquella figura.
- ¿Te gusta lo que ves?
La chica hizo un sonido de desaprobación y por un segundo quiso asentir, pero no le daría el gusto de hacerlo.
-Hay mejores, pero supongo que podría funcionar -un "Ya lo creo" se quedó en la garganta del joven y se acercó a ella para tomar en sus manos el cuerpo de la mujer, pero Dylan enseguida lo rechazó alejándose por unos centímetros-. Pero, si somos como hermanos, ¿no es así?
Sonrió tiernamente y se acercó a abrazarlo, algo que lo desorientó por completo.
-Es un alivio que la trajeras en una pieza, ahora puedo confiar en ti.
-Ha, muy gracioso -separó su cuerpo de Dylan sólo para dirigir la mirada hacia su padre que los miraba sonriente-. No quiero que me pidas más favores, si se tratan de la niña estresante.
-La niña estresante es tu hermana menor, y espero que lo comprendas, ¿verdad Francis? -su padre asintió riendo y entonces ella lo abrazó también-. ¿Quieren que prepare la cena?
-No, por favor, ¿olvidas la última vez que lo intentaste? -ella negó fingiendo olvidar el recuerdo. Sólo había sido su primer intento en el que terminó quemando el asador con aquellos champiñones portobello que finalmente quedaron achicharrados junto con el pasto y el preciado artefacto de Francis Derrick, desde entonces ninguno de los dos, su madre y él, la dejaban cocinar cuando se veían para celebrar. Barrick siempre terminaba cocinando para ellos o en un restaurante-. Hoy tengo un poco de antojo, ¿quieren salir a comer?
Ella asintió guiñando el ojo a Bastian que desvió la mirada hacia otro lado, salió rápidamente de la habitación con un solo pensamiento, y en su mayoría era calmar el excitante pensamiento que tenía sobre ella y sus bragas de encaje que ya había tenido el placer de tocar, imaginó que fueran de un color pálido, incluso blanco, por la pureza que seguramente todavía poseía. Y lo quería para él, completamente.
Pero no sería nada fácil, ella era como un niño, sabía que podía llegar a ser convenenciera, y si se trataba de conseguir lo que quisiera, era la mejor.
Hasta su hermano reconocía lo exigente que podía llegar a ser, si tan sólo le hubiera hecho caso a Barrick. Y es que, cuando llegó a casa mencionando que la pequeña niña ya no era otra cosa, si no una mujer con exuberantes atributos, y él que no creyó ni una sola palabra.
Entonces recordó que Barrick ya le había visto, y le intrigó saber si se comportó de la misma manera con él.
-Bas -exclamó Dylan unas horas después, vestía un hermoso vestido verde con blanco, escote en V, y sandalias grises. Cerró los ojos al escuchar la manera con la que se refería hacia él, algo que hacía mucho tiempo no oía. Aquel apodo que durante mucho tiempo le hacía estremecimientos dentro suyo.
-No tengo interés alguno en lo que estés por mencionar.
Dylan caminó hacia la mesa de centro rodeando el sofá en el que se encontraba sentado y también tomó asiento frente a él. Cruzó las piernas con una increíble sensualidad que el cenizo no dudó ni un segundo en seguir su movimiento y siguió con la mirada la fina línea de su piel hacia el corto del vestido que cubrió de inmediato con sus manos.
Para Dylan no era nuevo que alguien le mirase de esa manera, los hombres eran iguales, y lo primero que se apresuraban a ver era si había algún tipo de chance con ella y Bastian no era la excepción.
-Hagamos un trato. Y estoy segura de que sí tienes interés en escuchar esto.
-Si se trata de escucharte, no es interés -murmuró apenas ella se inclinó hacia adelante con una sonrisa pícara. Él también se inclinó entonces acercando las manos hacia sus piernas desnudas que comenzó a acariciar-. Pero, si en su lugar ofreces un trato... Tienes toda mi atención.
-Es algo que siempre fue fascinante de ti -confesó sin despegar los ojos de los suyos. Sentir las manos del hombre divagar por sus piernas hasta subir por sus muslos la dejó sin aliento, hasta que sintió presionar los dedos contra su trasero y en un movimiento le cargó hasta ponerla sobre de él a horcajadas. Sorprendida por el gesto presionó su intimidad contra la creciente excitación de su "hermano".
-Ahora, tienes mi completa atención, ¿qué tienes que decir?
Inmersa en los leves movimientos que Bastian comenzaba a hacer con las caderas, ignoró por completo lo que tenía que decir y colocó las manos sobre el pecho de la persona frente suyo-. Cariño, ¿te comió la lengua el gato?
-En este caso el perro -murmuró, el hombre sonrío pícaro y asintió riendo.
Una hilera de dientes se mostró y entonces Dylan supo que no tendría escapatoria.
-Eres muy graciosa.
Se mofó Bastian al verla disfrutar del vaivén de sus caderas y entonces ella en unos segundos también estaba moviéndose al mismo ritmo que él. Sus delicadas manos se movían descubriendo su torso hasta que las enredó detrás de su cuello donde comenzó a jugar con su cabello.
-Lo diré directo -dijo finalmente clavando su mirada, de pronto los ojos de la mujer se oscurecieron con una pasión que nunca había visto en ella, algo que lo volvió loco por completo. En tan sólo unos momentos él había perdido el control y Dylan se movía con lentitud rozando su intimidad, los pechos saltaban y ella parecía danzar con sensualidad una melodía que no podía escuchar.
Sonrió sorprendido por lo hermosa que se había vuelto, así como, demandante en todos los sentidos, y tan sólo llevaba unas horas ahí, no esperaría a saber qué pasaría mañana y haría que pasara en esos precisos momentos.
Elevó una mano para tomar su mejilla y acercarla para besar sus labios. Cálidos y con un sabor extraordinario la hizo gemir al morder ligeramente sus labios y besarla con deseo. Su lengua abrió paso hacia su boca para pelear por un poco de territorio y lo único que logró fue caer hacia sus encantos.
Sintió las manos de la mujer recorrer tortuosamente su torso hasta llegar al cinturón de su pantalón que desabrochó de inmediato, jugó por unos segundos con el elástico de su ropa interior y entonces con la otra mano Bastian tomó las de joven e hizo que le tomara su miembro por encima de la delgada tela que los separaba.
Extrañamente necesitaba que ella le tocara, aunque tuvieran a su padre arriba en el segundo piso bañándose, sólo quería retirar la ropa de la mujer y tomarla como un animal salvaje-. ¿Cogemos?
Murmuró la mujer entre besos y él habló risueño-. Cariño, no me lo tienes que preguntar.
Cargó a la mujer por el trasero y la recostó sobre el sofá para colocarse sobre de ella, y por más que quisiera hacerlo se abrochó los pantalones.
- ¿Qué haces?
La mirada tensa del hombre bajó a sus piernas para satisfacerla. Acercó sus labios hacia la tela de sus bragas y echó una lengüetazo, el aliento caliente del hombre erizó su piel y recostó su cabeza sobre el brazo del sofá.
Con delicadeza abrió las piernas de la chica para introducir dos dedos en su entrada y seguir lamiendo sobre sus bragas, ella aspiró con fuerza ahogando un gemido y mordió sus labios con fuerza, los dedos del cenizo comenzaron a moverse con lentitud, sintiendo cada centímetro de estos, no pudo ignorar la idea de que también disfrutaría cada centímetro de su miembro-. ¿Puedes? Por favor.
Rogó y él la consintió, retiró la tela y dio otro lengüetazo que tomó por sorpresa a la mujer que soltó un gemido. Llevó por instinto su mano a la boca y observó a Bastian que le miraba divertido.
Metió una vez más sus dedos y la chica volvió a recostar su cabeza.
La preocupación de si Francis la hubiera escuchado desapareció en cuanto el hombre siguió lamiendo su clítoris y todo el largo de su intimidad.
Sentía que se corría hasta que escuchó al padre de Bastian hablar por las escaleras en un fuerte ronquido que inundó como trueno sus oídos, estaba bajando las escaleras y no se quedaría ahí a descubrir qué pasaría si los encontraba en aquella situación.
Elevó la cabeza para ver al hombre sonreír con malicia y con su brazo izquierdo la detuvo con fuerza para que siguiera recostada sobre el sofá.
Comenzó a mover más rápido los dedos y se dedicó a sólo lamer su botón para hacerla llegar más rápido al éxtasis.
Ella quería gemir, y hasta gritar el nombre del hombre que hacía perfectamente su faena.
Bastian sintió las paredes de la chica contraerse sobre sus dedos y sabía que estaba por llegar, dio una última lamida cuando ella encorvó su espalda y se estremeció por los espasmos de su orgasmo. Sólo sintió la lengua de su contrincante paseándose con lentitud a través de su cuerpo y un último vaivén de sus largos dedos dentro de ella la hicieron encorvarse hacia atrás esperando que esta vez le introdujera algo más.
Extasiada dejó caer su cabeza una vez más y sólo entonces escuchó los pasos del hombre mayor bajar las escaleras.
- ¿Cansada del viaje? -preguntó el hombre al verla recostada sobre el sofá, ella levantó la cabeza de inmediato para buscarlo con la mirada, ni siquiera se había dado cuenta cuando Bastian había abandonado su cuerpo.
-Padre, sabes que siempre ha sido muy floja para todo -comentó sonriente desde el otro lado de la habitación, las habilidades del hombre eran extraordinarias, estaba segura, no había tenido un orgasmo tan intenso desde mucho tiempo y es que con los únicos hombre con los que se había atrevido a estar eran nada más que unos patanes que creían que con una cogida sin juego previo era lo mejor. Además de que, en su mayoría, todos buscaban su satisfacción y no lograban seguir su ritmo que ella consideraba era normal, es decir, ¿quién no quisiera un pequeño juego y hacerlo con libertad durante al menos más que tres minutos?
Cerró los ojos, no tenía ni siquiera fuerzas para responder a las burlas de Bastian y sólo asintió. Ese hombre era fantástico.
Caminaba en su habitación de la planta baja ansioso por lo que pudiese estar haciendo Dylan en la suya. Tenía conocimiento del odio que tenía sobre ella, y la dificultad que tenía tener que soportarla, pero tocarla y hacerla retorcerse del placer lo hacía tener líos en la cabeza.
En las dos cabezas, pero más específicamente en la de abajo.
Seguía sin creer el increíble atractivo que ahora tenía la azabache, hermosa, y seductora, la chica también tenía consciencia de lo que era y de lo que causaba en cualquier hombre, es por ello de que se daba el lujo de volverlos locos y por lo que desde que lo supo, se dedicó a conseguir lo que quería de esa manera.
El cenizo tomó asiento en el borde de su cama, llevó las manos a la cabeza. No podía sacarla de sus pensamientos, si fuese un horario aceptable para salir estaría en algún bar buscando a cualquier mujer para liberar su libido, pero aunque sí era horario para ir a algún bar clandestino, no se atrevía a sacar un pie de su habitación.
No durmió hasta bien entrada la noche, y cuando luego decidió salir a correr antes de que el sol saliera, la vio entrar a la casa con la misma ropa que la noche anterior, pies descalzos y ansiosa de que alguien la escuchase.
Bastian estaba seguro de haberla visto entrar la noche anterior a la casa, pero ni siquiera quería imaginarse cómo es que había logrado escapar sin que nadie la escuchase.
-Juraba que estabas en tu habitación -Dylan se sobresaltó al intentar subir por el árbol frente a la casa y sonrió levemente al ver al hombre acercarse, en la oscuridad la única luz que apenas los cubría era la luz del pórtico, no sabía ni siquiera por qué debía enfrentarlo, pero algo dentro de ella la hizo acercarse para mentir y es que era lo único que lograba hacer.
-Bueno, lo estaba, pero salí un rato con un amigo -Bastian cruzó los brazos sobre su pecho y aprisionó toda sorpresa de la chica sobre si sus brazos eran tan duros y grandes como se notaban. Enarcó una ceja, no supo cómo interpretar la mirada que inspeccionaba su cuerpo y exhaló largo-. Sólo fuimos a tomar un poco, me acaba de dejar sobre la avenida, sólo caminé unas cuantas cuadras.
-Así que, es irresponsable tu amigo al dejarte caminar unas cuantas cuadras largas hacia la casa, ¿qué edad tiene? -Dylan se encogió de hombros y farfulló unas cuantas cosas-. ¿Qué?
-Tiene tu edad -respondió finalmente.
-Así que, sales con un hombre que es mayor que tú por tres años -Dylan asintió con la cabeza muy en alto-. Y que, en lugar de velar por tu seguridad, prefiere dejarte a la deriva en la avenida.
-Hiciste un verso... -el hombre de ojos verdes hizo una mueca de enfado, para su sorpresa el saber que salía con alguien mayor a ella lo hizo enojar, ni siquiera alguien mayor, sino que estaba saliendo con un hombre, y por su aspecto seguramente habían tenido sexo-. Mira, no te molestó masturbarme, y eres de la misma edad, así que no vengas a decirme que salí con alguien mayor.
-Eres una necia, al menos entra por la maldita puerta.
Regañada hizo lo que él pidió. En cuanto entró subió escaleras con gran rapidez molesta por la manera en que le había reclamado salir con su mejor amigo Raphael, si tan sólo supiera la gran persona que era, no le importaría que saliera incluso sin regresar en dos días.
Rio mientras se desnudaba en el camino hacia su cama, no había tiempo para bañarse, quería dormir hasta altas horas de la tarde y es lo que haría.
-Puede que sea la peor idea que has tenido en años -reclamó Bastian horas después hacia su padre.
-Bueno, tener Tinder no es mala idea en estos tiempos, además de que sigo tan guapo como cualquier joven -una risa profunda salió de la garganta del joven-. En verdad, que si te ríes de tu padre una vez más haré que te vayas de la casa.
-Podría irme ya, pero estoy más cómodo aquí -el Derrick mayor asintió en burla, podía hacerlo, tenía las solvencia económica, pero no tiene interés alguno en conseguir algún lugar para vivir, más que ahí junto a su padre.
¿Qué era lo que hacía? Pues no era más que un diseñador de automatización, se dedicaba a realizar máquinas, arreglarlas y ser básicamente el sustento de la empresa en la que trabajaba y para su suerte, no siempre lo requerían en el lugar, sólo en ciertas situaciones en las que le pagaban miles de dólares sólo por saber qué arreglar o cómo realizar un programa.
- ¿Dylan no se ha levantado? -Bastian negó observando el celular, tampoco tenía interés en saber si ya lo había hecho o no, posiblemente una vez más no se encontraría en su habitación como la noche anterior.
No quería llamarla irresponsable, después de todo eso no era de su incumbencia, después de todo no eran más que familia a fuerzas, su hermana... Un intenso dolor en su entrepierna se encendió al imaginarla hacer pucheros como una hermana para tomarla por detrás, ¿cómo es que su sucio pensamiento con un familiar apareció de pronto?
Soltó un suspiro y entonces habló.
- ¿Se quedarán mucho tiempo? -Francis negó nervioso.
-Sólo unos cuantos días, después de todo Naomi sólo vendrá para una entrevista de trabajo.
- ¿Entrevista? Oh, rayos, ¿en la empresa? No me digas por favor que la tendremos aquí más seguido.
-Bueno, acabo de encontrar entonces la manera para que ya te mudes de mi casa.
Hizo un chasquido con la boca y observó a su padre salir de la casa, no era en definitiva cómo quería empezar la mañana.
-Buenos días -comentó la chica bajando de las escaleras, de manera instintiva giró un poco para poder verla.
- ¿Intentas provocarme? -ella rio falsamente acercándose hacia el refrigerador, en esos precisos momentos no tenía ni ganas intención ni siquiera de verle, salvo para hacerlo rabiar.
-Somos hermanos, creo yo que eso de andar tocando a tu hermana, no es lo correcto -se excusó vertiendo un poco de leche en un vaso, él sólo le veía impaciente-. Además de que sigues siendo aquel pedante adolescente "Me creo mejor que ustedes."
Él enarcó una ceja, es que sí era mejor que todos, pero no seguiría el juego que ella tenía, de fingir ahora ser hermanos cuando él estaba seguro de que ella se moría por tocarlo tanto como él también lo hacía. Divagó unos segundos en el cuerpo de la mujer, su pijama o lo que se podría llamar como una, era un brassier de encaje azul oscuro cubierto por apenas una camiseta blanca transparente, junto con las mismas bragas de color similar que había visto cuando masajeó su cuerpo en el sofá.
-No terminamos el trato, ¿sabes? -ella elevó la cabeza asintiendo, no lo habían ni siquiera platicado, ni siquiera sabía en qué estaba pensando para pedirle tener un trato tan lujurioso, pero siendo Bastian no le molestaría que así fuera-. Quieres que te coja.
-Cuando lo dices tú suena tan extravagante -Bastian rio dejando el celular sobre la isla de la cocina y elevó las cejas pícaro-. Sí, hagamos ese trato, sólo que hay una condición.
Él entonces frunció el ceño, no podían existir condiciones cuando se trataba de tener sexo, ni siquiera sabía cuál podría ser, y meneó la cabeza en desaprobación, si saciaría su sed de ella haciendo lo que quería, entonces no le molestaría jugar un poco. Cruzó los brazos sobre el pecho tambaleando la silla hacia atrás, Dylan esperaba ansiosa su respuesta.
-Parece razonable, ¿qué es lo que quieres? -ella bromeó tocando su barba para fingir pensar lo que quería, pero por supuesto que ya tenía en mente la condición.
Bastian era un hombre orgulloso y regio, no dejaría que su imagen fuera manchada así se tratara del sexo. Se le notaba que era reservado y mantenía el perfil bajo si era sobre de arruinar su reputación, toda la vida había sido así y por supuesto que esta vez, no sería diferente.
-Mi condición es que me llevarás a donde yo quiera -él asintió una vez más, no parecía tan mala idea, después de todo le gustaba manejar-. Y en su defecto, hacerlo dónde, cómo y cuándo yo te lo pida.
Agregó ahuyentando todo asentimiento en el rostro del hombre, ¿ser salvaje y hacerlo hasta en las piedras? Negó con el ceño fruncido, no podría siquiera exponerse de esa manera.
-No, para nada, ni lo pienses.
-Mi oferta sigue en pie, será divertido -mencionó caminando hacia las escaleras una vez más-. Piénsalo, cariño, con la cabeza -Bastian rodó los ojos-. No esa, mejor con la de abajo.
Le guiñó un ojo antes de subir las escaleras hambrienta de lo que él pudiera hacerle, en su lugar sólo la observó, una trato intrigante, ella le conocía, sabía que no aceptaría, pero si estaría ahí de ahora en adelante, entonces él podría divertirse un rato y mudarse de una buena vez por todas.
Frunció el ceño, dejar entonces su figura serena frente a su padre y ser un animal salvaje junto a ella, un perro buscando aquel mínimo instinto.
Por supuesto entonces que aceptaba.