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Tiempo De Morir

Tiempo De Morir

Autor: : Charló Blus
Género: Moderno
Serie Todo Tiene Su Tiempo Una nueva historia cargada de sentimiento y emociones. Una vida que ha tenido grandes batallas donde conquistó destacadas victorias, una mujer que ha derramado lagrimas como también sonrisas. Madelin atravesará grandes decisiones en su vida, momentos que marcan un antes y un después, el secreto mejor guardado de la madre de Madelin sale a luz, ¿Podrá lidiar con eso? Calvin su esposo le engaña por momentos con Úrsula su prima lejana, quien ahora visita la casa más a menudo, una amistad y confesiones hacen la antesala. Madelin descubre en una visita médica que su salud decae como su mismo corazón decae ante los embastes de sus propias mareas. Madelin toma una gran decisión, pues el tiempo es importante y vital para gastarlo en lo único que podrás tener, días maravillosos. Las decisiones que tomamos marcan la vida de otros, y es que reconciliarse con la vida en sí, no es fácil, pero quien dijo que es algo imposible. Su hija Pamela aprenderá una lección que le llevará a elegir un destino diferente. Fuertes emociones, lagrimas, dolor, flores secas y marchitas, secretos, mentiras y amor, forman parte de esta nueva entrega de la Colección Todo tiene su tiempo. Disfruta una nueva historia cargada de sentimientos, emociones que pueden tocar la puerta de tu alma. "Y ante una tumba fría solo resta colocar unas frías flores, mirar al vacío y llorar de dolor, o sencillamente sentarse debajo de los árboles para recordar los días maravillosos" La Autora: Charló Blus

Capítulo 1 Cada Día Es Lo Mismo

La tasa del café aún conservaba el calor, los panes estaban rellenos de queso y jamón listos para ser empacados en la bolsa de papel e introducidos en la pequeña lonchera de mano.

La ensalada era de verduras, pollo asado y un postre complementaban el almuerzo de Calvin, estaba revisando el periódico algo molesto, la propiedad había sido subastada antes de lo previsto, la señora Delia, había hecho un mal arreglo, su oferta había sido mejor, con las mejoras y remodelaciones sería una hermosa propiedad, la ganancia no estaba nada mal ciento cincuenta mil dólares, pagaría la comisión a Candela la astuta y sagaz mujer que trabajaba desde su llegada a Victoria Texas, una linda y agradable ciudad, donde Calvin tenía su oficina principal.

Viajaba con regularidad a Houston donde tenía su otra oficina, la señora Wallis era la encargada de atender los clientes, en sus inicios era desde la casa de Wallis, precisamente desde su garaje, ella no había colocado objeción alguna al respecto, ya que eso colocaría pan y leche en la mesa para sus dos hijos.

Ahora tenían una pequeña oficina cómoda, y agradable donde atendía los clientes que llegaban buscando alguna propiedad para rentar, o comprar.

Calvin había iniciado como vendedor alrededor de quince años atrás, recién llegado a Texas las cosas no habían sido fáciles, pues en su pequeño pueblo no había tantas oportunidades.

El asunto fue que con mucho trabajo, ahínco e ilusiones lograron comprar su propiedad, Madelin trabajaba en la oficina de correos de la ciudad, llevaba unos veinte años en general, había iniciado en su ciudad natal Denver, allí conoció a Calvin, se mudaron a su ciudad, tenía una pequeña casa, sus padres habían fallecido dos años después de su matrimonio con ella, así que la propiedad fue un poco remodelada, para alquilarla y ellos tomar un rumbo nuevo a Texas, Victoria una bonita ciudad pequeña y agradable en la cual se habían sentido a gusto.

Aunque intentó en varias ocasiones quedar embarazada no fue del todo exitoso, cuando ya no tenía esperanzas, llegó Pamela a sus vidas.

Ahora era una linda jovencita de 16 años, que estaba por ingresar a la universidad, en poco culminaría sus estudios, le esperaba una buena oportunidad, el buen tío Elmer y su esposa Karen habían ofrecido su hogar en Austin para que la joven viviera con ellos y continuara sus estudios, quería estudiar Biología marina y Madelin sabía que lo lograría, era una aplicada estudiante.

Madelin respiró hondo, le había comentado a Calvin de las sobresalientes notas de Pamela, por lo cual le había dado el permiso para el paseo escolar a una hora de allí, sería un campamento para jóvenes de fin de semana, siete profesores, el director, la psicóloga y varios padres de familia acompañaban el grupo, actividades deportivas, competencias, ejercicios y charlas harían parte de su estadía. Calvin continuaba absorto en su periódico sin prestar mucha atención, algo dijo que, si estaría un fin de semana fuera, pues no había nada que hacer, por él, no hubiera acudido a ningún campamento donde los chicos solo fumarían marihuana, y tendrían todo tipo de desacato.

-Calvin, no me escuchaste verdad, es un campamento organizado por el colegio, con apoyo de la iglesia, no habrá marihuana, ni dramas pasionales, estarán muy ocupados, además hay varios concursos, pero no me atiendes porque tu periódico es mucho más importante-.

-Te seria bien entender que debo estar al día de las novedades, o crees que con tu salario solamente mantendríamos esta casa, y los demás gastos...pero que sabes tú de negocios, solo puedes opinar de tus cartas que todos los días cuentas, y no sé qué más cosas importantes soluciones en tu estafeta de correo-. Frunció su ceño con enojo, sacudía su página de sociales para hacerla a un lado.

-La economía es mi interés, o que está sucediendo en el congreso, pero asuntos de campamentos ocúpate tú, para eso eres la madre-.

-Lo tengo claro-. Madelin respiró para tomar una bocanada de aire y levantarse, tomando su paquete del almuerzo miró su reloj y se marchó a su trabajo.

-Por cierto, Madelin, llegaré algo tarde, después de diez, me reuniré con Candela y Rigo, haré un presupuesto para la remodelación de la casa que compré ayer, es una gran ventaja que el banco me abra la puerta cada vez que requiero efectivo para un negocio-.

-Si muy interesante-.

-Es supremamente interesante, bien, para que hablar contigo de negocios, es como que tú me cuentes de una carta de defunción, no es importante para mí ¿O sí?

Ella escuchaba las palabras frías de Calvin, por lo que no se dio a la tarea de contestarle nada, mejor callar, cualquier cosa que opinara o dijera sería una gran estupidez para él.

Calvin tomó su almuerzo, observaba todo ordenado de manera extraordinaria, si así fuera Madelin para la economía y los negocios que maravilla de mujer. Pero no lo era, y a cambio de eso, poseía un espíritu apacible, sereno, siempre apuntándole que debía serenarse antes de actuar, como si ella fuera perfecta, única e intachable. Solo era una trabajadora conformista en una estación de correo.

El auto iba a una prudente velocidad lo que pudo lograr que ella reaccionara a un perro que ahora se hacía a la carretera impidiendo que ella pasara, por suerte el freno hizo lo suyo a tiempo, era un hermoso perro dálmata, parecía perdido o quizás abandonado.

-Ven, eres una hermosura...veo que estas agotado, cansado y extraviado...piensa Madelin...piensa rápido-.

Se atrevió acercarse a paso tranquilo, el animalito estaba cansado, y agotado, por suerte era muy noble, ante su acción de atenderlo, él le lamia la mano, se echaba a sus pies y emitió unos ladridos bajos.

Madelin tomaba agua de la botella que siempre traía con ella, buscó un vaso que tenía a la mano y echó agua, el can se animó al tomarla rápidamente, la miraba con ojos tristes.

-Bien amiguito veamos de quién eres, le echó una mirada al collar, el nombre Mai estaba grabado y junto al nombre un número telefónico.

-Es tu día de suerte amigo, vamos. Arriba-. la puerta del auto se abría y ahora Mai tomaba asiento con mucha reverencia.

-Veo que eres todo un ejemplo a seguir, bien vámonos, te dejaré en el jardín, estoy segura que no harás ningún daño, cuidarás las flores, y si en la noche no logro que tus dueños lleguen por ti, te traeré a casa, total el jardín es bastante amplio, podrás entrar en casa una vez que llegues para que veas mi casa, pero...cuando llegue Calvin irás al jardín, tengo un lugar que está techado, y te hare un lugar cálido para dormir, te va gustar mucho-.

Parecía que Mai estaba de acuerdo porque se sentó con mucha comodidad, dando dos ladridos, para guardar silencio.

Madelin llegaba a su lugar de parqueo, abriendo la puerta Mai descendía del auto, caminaron a paso tranquilo, ella abría la pequeña verja que daba acceso al jardín, era un día soleado, pero justo había un árbol, verde grama y allí le llevó para que se quedara.

-Iré por comida, siempre hay algo para cuando llegan algunos amigos tuyos a solicitar alguna buena miga-.

Entrando saludaba a sus compañeros, tenía quince minutos, no era habitual para ella llegar sobre la hora, hasta media hora antes ya estaba en su trabajo, al menos allí era un ambiente que salía de la monotonía de cada día. Mai se acomodaba en el verde césped y después del agua y alimento, se dispuso a dormir. Como le habría gustado a ella hacer lo mismo en ese instante, tumbarse boca arriba y dormir tan profundo que nada la lograra despertar.

Hace tiempo que Calvin era alguien desconocido, la pregunta que ella se hacía no era una sola, eran muchas, porque sentía la profunda decepción de la vida, en puntualidad la de ella.

Los hilos de su vida se estaban rompiendo poco a poco, apenas si podía hacer malabares en las pocas hebras que quedaban. Era como si caminara en una cuerda delgada, templada y a punto de caer ella en un salto al vacío.

En ese momento marcaba su tarjeta, se despedía de Louis, para tomar su turno, un café fue colocado en su puesto, lo bebía y disfrutaba, si al menos así fuera en casa, disfrutar de las cosas de la vida.

Esa noche tomaría un buen chocolate en casa, de pronto y de la nada chocolate vino a su mente como algo espumoso y caliente.

Se sentía cansada y el cansancio era de su alma, de su corazón, de sus sentimientos y emociones. Le gustaría pedir unos días, quizás dos o tres para estar en casa, en cama bajo cobijas, mirar la televisión o sencillamente ir al jardín y recibir el aire que sus plantas le daban, todos los días para ella eran iguales, la vida estaba corriendo veloz, los días para ella se habían convertido en una monotonía, y con los días vendrían cambios, verdades y muchos argumentos. Madelin sonrió feliz, aun eso le quedaba la felicidad que su corazón podía albergar, esa nada ni nadie se la podía arrebatar.

Llegó a casa, y preparando su chocolate lo tomaba con serenidad, mirando las estrellas y observando como Mai le miraba con aquella sencilla mirada. Una mirada tierna y un gesto amable.

Capítulo 2 Un Día De Lluvia

Tres días habían pasado desde que Mai estaba con ella, lo podía llevar al trabajo pues su presencia no se sentía en lo más mínimo, parecía que el perro la entendía mejor que los humanos.

Su hija había regresado del campamento con buenas ideas, era una buena chica, aunque a veces algo de rebeldía salía a flote, pero nada preocupante, pues era relacionado a quedarse en la banca de la iglesia relegada, y no unirse al grupo de actividades del domingo, había inculcado en Pamela la oración.

Pamela solía en su habitación cerrar la puerta al ver los días difíciles en que Calvin estaba molesto y decía esas palabras que lastimaban, Pamela se arrodillaba en su cama para decir algunas palabras que le dieran tranquilidad. Aunque su padre no era un hombre de golpes, o maltratarla con palabras obscenas, decía cosas que lograban bajarle su autoestima, hacerla ver fea, insegura, eso sí, resaltaba su inteligencia para luego decirle que era solo una zorra inteligente para leer libros y nada más.

Pamela tenía un cabello castaño claro, ojos cafés claros, piel trigueña, el cabello era como el de su madre, sus bucles se hacían solos. Era de un hermoso tono, tono que resaltaba ese par de ojos cafés claros y brillantes.

Esa noche mientras lavaba la loza de la cena, observó que tenía algo de jaqueca, esos últimos días sus dolores habían sido algo frecuentes, entre el trabajo, madrugar, su hija, Calvin, el hogar. Había sido demasiado, aunque en Pamela reconocía que su ayuda en las tareas de casa le hacían algo más llevadero los días.

Había solicitado dos días, pues contaba con vacaciones acumuladas, casi nunca las tomaba porque Calvin solo descansaba los días domingos, su rutina consistía en desayunar a las 7 en punto, leer su periódico, salir en bici, o ir a pescar, no la invitaba porque era su salida con los muchachos, André y Luca, sus dos amigos, Úrsula su prima venia después de la iglesia para charlar un poco, hacer algo en el horno, y tomar refresco, o vino en el patio de casa.

Ella puntualmente asistía los domingos al servicio de las 7 de la mañana, desde las seis ya estaba arreglada, dejaba desayuno, para luego tomar su bolso e ir al servicio, la hora y media era algo que le animaba en gran manera, era como lo que le llenaba el alma, ese día el sermón había sido enfocado a los matrimonios en crisis, "Esposos amen a sus esposas, y denle trato como a un vaso frágil" ¿Sería posible que Calvin algún día entendiera esas palabras? Su intimidad era distante, siempre le decía que no sentía mayor deseo, además que ya las cosas estaban frías entre ellos. Sentía que Calvin no le había querido lo suficiente, la mejor manera de exponerlo era, no le amaba lo suficiente, en algunos instantes tenía alguna palabra para apreciar sus detalles porque ella los tenía para con él, cada oportunidad que se presentara, pero esperando nada a cambio, porque jamás llegó a esperar algo, amar a tu enemigo, esa lectura siempre le daba una amplia visión de la vida, los humanos eran dados a seguir una oscuridad, que buscar una luz.

Terminaba de limpiar el piso de la cocina para irse directo al baño, una ducha le sentaría bien esa noche, su cabello castaño caía debajo de sus hombros, un cabello sedoso y ondulado, con aroma a miel y flores.

Se despojaba de la ropa para entrar en la ducha, el agua la reconfortaba en ese momento, estuvo durante unos minutos, luego de secarse y colocarse su bata azul de seda ingresaba bajo las sábanas, ese día Calvin después de la cena, el café y la ducha, se había quedado profundamente dormido.

A medida que las horas pasaban sintió un pequeño dolor en su brazo izquierdo, se levantaba para buscar un vaso de agua, en la cocina el aire era fresco, la ventana había quedado abierta, en su rostro y cuello el sudor corría, tomando una servilleta de papel del dispensador que estaba sobre la alacena, se secaba el sudor, abrió la puerta de la cocina que daba al jardín, Mai estuvo ahí junto a ella en contados segundos.

-Vaya amiguito, eres rápido, mucho más que yo...no logramos aun comunicarnos con tu amo, pero estoy segura que habrá noticias, te echaré de menos Mai-. Tomaba agua en ese instante, una vez se sintió renovada, regresaba a la habitación, permitiendo que Mai se quedara en el tapete de la cocina, a un costado de la puerta de vidrio. Se sentía a gusto, y ella se percató enseguida.

Al ingresar en la habitación miró por unos largos minutos el rostro de Calvin, le era difícil al menos organizar sus pensamientos sobre lo que sentía en realidad por ella, quizás sería nada. O quizá sería algo vago que no pasaba a ser un mayor sentimiento.

Se sentía cansada, abrumada, agotada, últimamente las cosas iban en un salto al vacío, por suerte Pamela había llegado diferente del campamento, lo triste era que Calvin no hacia el menor esfuerzo por forjar un lazo con ella, crear un vínculo tan resistente que nada lo quebrara.

Su vida era como una corriente de olas que la empujaban de un lado a otro, mientras ella con fuerza remaba para no terminar en alta mar, a la derriba y perdida.

¿Cuántos sentimientos se necesitaban en la vida? No tenía la menor idea.

Terminó por dejarlas que todas salieran a través de sus ojos, estaba cansada, solo quería dormir y no despertar nunca más.

Dormir, como se notaba que tenía tiempo sin dormir en paz.

Eran las cinco cuando el reloj sonaba, lo apagó rápidamente, se regaló uno minutos más en la cama, había solicitado dos días para descansar, y aun así no creía que fueran suficientes, intentaría ir a mirar algún paisaje, caminar con Mai, e irse en su auto a unos kilómetros de allí, para sencillamente respirar un aire libre de toda la toxicidad.

Salió de su cómoda cama para irse al baño, darse un baño, vestirse y usar sus zapatos blancos deportivos, eran la comodidad calzada en sus pies, se ataba su cabello con una cinta, luego hizo el café, tomó los huevos para batirlos, alistaba el pan, el arroz había quedado listo desde la noche anterior, las verduras estaban en la vaporera, mirando la bandeja de carnes, escogía una carne en trozos para prepararla, mientras las verduras se cocían, sirvió una buena taza de café,

Fue al jardín a colocarle agua a sus plantas,

Mai dormía abrigado en el gran tapete acolchado y felpado. Se sentía a gusto porque a ella le parecía que sonreía.

Tomaba la ropa de las habitaciones y la colocaba en la lavadora, dejaría todo en orden, después del desayuno se vería con su amiga Edna, eran amigas desde los doce años, y aunque Edna se había mudado antes que ella a Texas, continuaron su amistad, se escribían largas cartas, y hablaban por horas. Edna se había mudado a Victoria Texas, tan solo tres años atrás, trabajaba en una tienda de víveres que había terminado comprando, su hijo y ella eran socios, el chico era responsable, se había independizado y estudiaba en Austin, pero cada vez que tenía tiempo y espacio se venía a Victoria para pasar los fines de semana en casa con Edna.

Varias veces Edna le propuso que fuera a trabajar con ella, le dejaría el turno de la mañana y así podría salir a las dos, era una gran tienda, y siempre estaba al tope, todo lo que imaginaras lo encontrabas allí.

Pero solo quedaban dos años para completar su tiempo en la estafeta, aún era una mujer joven, apenas contaba con 38 años, recién cumplidos, se había casado a los 18, entonces Calvin era un detallista enamorado y romántico, luego de intentar por dos largos años, pudo tener a su hija, se habían hecho novios a los 16, y dos años después tomaron su decisión de ir al altar.

Edna se casó con el mejor amigo de Calvin, Kevin era diferente, su vida familiar giraba en torno a su esposa, la iglesia, paseos, y viajar cada vez que podían, no tenían hijos. Una oportunidad le había surgido en Houston, trabajaba en una empresa, era el director ejecutivo, por eso solía ir y venir, pero no le molestaba, los horarios eran cómodos, y el salario era bueno, se tomaba cada quince días, tres de descanso, iba a la oficina de Calvin para platicar, tomar un café, o ir a cenar a casa con Edna.

Las verduras estaban listas en su punto, preparó todo de manera que dio una última mirada y cerraba con cuidado cada recipiente, el timbre sonaba, era Calvin que siempre colocaba la alarma para desayunar mientras leía su apreciado y amado periódico,

-Calvin esta noche podríamos ir a cine, creo que hace tiempo no lo hacemos, hay una película de acción, otra de romance, puedes elegir la que gustes-.

-No tengo tiempo para ir a cine, trabajo Madelin, creo que no te das cuenta que compre una vieja casa, y la estoy remodelando, para ahorrar en algunos costos, decidí hacer la parte eléctrica-.

Calvin era bueno en todo lo relacionado a electricidad, había estudiado para ello.

-Entonces, haré algo delicioso para esta noche-.

-Lo que hagas estará bien, además no estanos festejando nada en particular, por mí un buen sándwich de pollo con queso seria perfecto-.

Le miró ahora por unos minutos, su periódico descansaba unos minutos.

-Tenemos una buena suscripción al cable, tienes más de 100 canales, no creo que los vistes todos...y pregunto... ¿No trabajarás hoy? -.

-Es una pregunta muy buena la que formulas, tome dos días para descansar, me he sentido algo fatigada-.

-Toma vitaminas, en el baño hay varias que te sentarían bien, de hecho, las tomo y me siento muy bien, se las compre a Candela, trabaja con un buen laboratorio así que puedes tomarlas-.

-Que detalle de tu parte-.

-Me marcho, tengo un día con mucho trabajo, cuídate-.

Le dio un pequeño beso que paso rápido como el mismo aire.

Capítulo 3 La Amante

Úrsula avanzaba por el amplio corredor en dirección a la oficina de Calvin, su vestido de flores azules era realmente hermoso, el cabello rubio recién cepillado había quedado perfecto, un corte arriba de los hombros le hacía lucir sensual, sabría apreciarlo el hombre que ahora estaba detrás del archivo revisando unos documentos.

Se detuvo y con suma delicadeza cubría sus ojos.

-Oh...creo que eres un fantasma, hazte visible ante mi-.

Las carcajadas no se hicieron esperar.

-Veo que has acertado, soy tu fantasmita travieso-.

- ¿Que tan travieso será este fantasma? Calvin recorría sus caderas, alzando la amplia falda de Úrsula acariciaba su piel.

-Es enloquecedor tu perfume-.

-Deja, podrían vernos...eres un hombre casado con promesas que no cumplirás nunca-.

-No empieces de nuevo, hasta cuando te tendré que repetir que no puedo divorciarme aun, Madelin... tu no tan tonta primita me dejaría en la calle, ¿Crees que se va quedar sin nada? La casa y la mitad de esta empresa le pertenecería...no seas incauta ridícula-.

-Calvin, ¿Por qué siempre me ofendes? -.

Calvin le miraba con fastidio absoluto.

-Mira Úrsula es mejor que te vayas acostumbrando a mi tono de voz, no estoy para cursilerías, si deseas alguien cursi, búscate un chiquillo que te lleve serenatas y flores, yo te doy lo que tú quieres-.

-Perdón-.

Calvin se acercaba a ella para llevarla sobre el escritorio y allí darle un par de caricias, sus manos bajaron su ropa interior y le dio el placer que ella requería, una vez que concluía se alejaba con dirección al baño, se limpiaba el rostro, y acomodaba su ropa, Úrsula acomodando su vestido, se sintió embargada por una profunda decepción, amaba inmensamente a Calvin, pero le destruía a la misma vez. Calvin notó que su rostro tenía culpa y quizás esa estupidez de la decepción, tenía que tenerla de su parte, Úrsula era dueña de un gran negocio de materiales para construcción, dos casas y un buen seguro que su marido le había dejado. Era viuda, treinta y dos años, algo tonta, ingenua y carente de malicia, que mejor plato servido para Calvin que una verdadera rubiecita, sexy y nada más, eso sí con dinero en su cuenta personal.

Úrsula tomaba su bolso, mientras una pequeña lagrima rodaba por su mejilla, se despedía con poca efusividad lo que captó la atención en Calvin, le hizo además que le mirase, ella levantaba su rostro con ojos enrojecidos.

-Creo que lo nuestro no va a ningún lugar, es una relación donde solo me quitas la ropa y una vez concluida la sección, vete Úrsula, me abrumas...no tienes tiempo-.

-Vaya, y yo te pensaba decir lo contrario.... Te amo, solo que no sé cómo expresarlo de mejor manera, no tuve padres cariñosos como los tuyos, abrazos, besos, solo golpes, un padre alicorado que solo sabía golpear y gritar...pero tú no entiendes eso-.

-Lo siento mucho-. Úrsula se disculpaba-

-Claro que no lo sientes, yo era maltratado mientras tu quizás eras cubierta de vestidos y caricias de tu madre-. Calvin ahora miraba por la ventana, apoyando su mano sobre el amplio cristal, se lamentaba de no poder abrazar a su padre y decirle cuanto le amaba.

-Debiste sufrir mucho-.

Calvin la tomaba en brazos.

-Es muy serio lo que hablo Úrsula, es muy serio-.

-Lo sé...-.

El la soltaba dándole un beso en su frente.

-Esta noche para que veas que puedo llegar a ser romántico, iremos a ver una película-.

-Oh, que hermoso detalle de tu parte-.

-Quizás te lleve alguna flor del jardín de la señora Madelin, tiene bonitas flores, y siempre vives hablando de su encantador jardín-.

Úrsula soltaba una pequeña risa apagada.

Se despidieron con un beso lleno de pasión.

Madelin tomaba sus llaves mientras Mai la seguía, entraron en el auto el cual se colocaba en marcha por la amplia carretera hasta llegar a su destino. Mai saltaba de alegría, era evidente porque su cola no paraba de agitarse, se acercaba a ella por una galleta, le daba la mano. Mai era mejor compañía que Calvin.

-Compañerito te has ganado esta enorme galleta, daba la galleta con efusivas palabras de recompensa.

Se quedó mirando a Mai quien había devorado su premio, y le miraba con aquellos ojos profundos, ¡como diciendo... ¡Vamos Madelin, el tiempo apremia! Tenía razón y prisa, les esperaba un lugar con vistas preciosas, era un descanso bien merecido.

Como Calvin no tendría tiempo para ella, entonces ella se daría un buen espacio de tiempo, tomando la cesta y las botellas de refrescos, guardó todo, regresaba para asegurar la casa, al girar sobre sus talones Úrsula hacia su aparición frente a ella.

-Madelin...te tomé por sorpresa lo sé, pero podemos tomar un café, traje pan y pastel de fresas-. Úrsula le miraba con bastante inocencia.

-Uh...bien, un café no está nada mal para esta belleza que ven mis ojos, eso sí, no podré quedarme mucho tiempo, Pamela llegará en unas dos horas, así que te hará linda compañía-.

-Pensé que quizás te darías unos minutos para charlar-.

-Lo siento, estoy aprovechando estos días al máximo-. Madelin tomaba su cesta, bolso, y llaves del auto, era un perfecto plan que no pensaba cambiar por nada del mundo, ni siquiera por Úrsula y un pastel.

-Bien mejor me iré, esta noche tomaré un poco de aire ya que...-.

-Qué bueno por ti cariño, me parece bien, lamento que sientas que me deshago de ti a prisa, pero debo aprovechar mis días de descanso, Calvin tendrá mucho que hacer, el pobre solo trabaja-. Los ojos de Madelin hicieron un gesto de tristeza.

-Calvin quizás esté pasando un mal momento-.

-Siempre tiene malos momentos querida, aunque es su excusa preferida, siempre tiene excusas, algún día lamentará su vida, pero será algo tarde-.

- ¿Porque lo dices?

-Porque al final la maldad es devolutiva-.

Madelin subía al auto y se marchaba, dejando a Úrsula con una gran cantidad de miedos y temores. Salia del sendero para subir a su auto, aun pensativa, ella amaba perdidamente a Calvin, quizás decidiera divorciarse de Madelin, por lo que observaba el matrimonio no iba bien, en cualquier momento ellos terminarían. Colocaba en marcha su auto, tenía tres horas para dejar todo acomodado en su tienda, cambiarse, y estar lista para ir a cine, por fin Calvin accedía a un detalle como este, le encantaba el cine, el romance, las flores, pero Calvin no era de esos.

En un instante sus hermosos ojos, lucieron tristes, era un papel que le quedaba bastante mal...el papel de la amante.

Calvin realizaba varias llamadas, estaba molesto en gran manera, los trabajadores le habían dejado a medio terminar los detalles, se quejaban por el pago, cierto era que les debía una semana, pero tampoco era para que hicieran tanto lio, se aprovechaban que los requería, salió rumbo a la construcción, conducía con verdadera rabia, y fastidio. Una auto venia hacia él, era el auto de Madelin, ¿Qué demonios estaba haciendo por esos lados, y hacia dónde iba?, se atravesaba un poco obligándole a detenerse.

Se acercaba a su auto.

-Veo que vas de paseo-. Miraba la cesta y el perro atrás.

-Te dije que entregues ese perro, no es nuestro, aunque desde que no tenga que alimentarlo, ni me interesa-.

-Voy a un día de paseo, creo que no tiene nada que ver contigo, pero si con mi descanso, bien Calvin que tengas un buen día, llegaré en la tarde, te preparare la cena, así que llega temprano por una vez en tu vida...pareces el hombre más ocupado del mundo-.

-Lo soy-. Su risa era irónica. -Además iré a caminar por ahí y tomar algo con los chicos, no me guardes cena-. Se alejaba.

-Mai, no haremos cena, espero que no llegue con otra idea, siempre lo hace-.

Mai ladraba fuerte, quizás en aprobación a sus palabras.

-Buen chico, siempre entiendes todo-.

Seguía conduciendo, en el camino se cruzaba con Candela quien le saludaba desde su coche.

-Hola Madelin, que ven mis ojos, ¿Acaso descansando? -.

-Si, así es, y en buena compañía, iré a tomar aire fresco, me encanta-.

-Pues me parece una estupenda idea, hay que hacerse sentir, Calvin no se porta muy bien a veces, tu disfruta tus días de sol-. Agitaba la mano y continuaba su camino. Respiraba el fresco aire, esa noche tenía una tarea que hacer, localizar el dueño de Mai, aunque se estaba encariñando con la mascota, y por lo que se veía, él también estaba entretejiendo un lazo de amistad con ella.

-Seremos muy buenos amigos Mai, siempre quise un amigo como tú, especial, confidente, cariñoso, tierno y protector-.

Continuaba hasta llegar al lugar, descendieron del auto para tender en el verde prado su mantel y disfrutar del día.

Pasaron el día caminando, corriendo, tomando sol, Mai jugó a recoger las pelotas que ella le lanzaba. Luego cuando el atardecer llegaba, el sol se ocultaba dando unos colores esplendidos.

Madelin sonreía, ese día, había sido uno especial. Regresarían a casa, y otra noche de descanso la invadiría. Después de cenar iría a dormir.

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