- ¡Por Dios!, creo que llegaré tarde a mi cita con Mark, tengo el cabello hecho un completo desastre -Aida se miraba en el espejo del automóvil.
-Creo que piensas hacerte algo novedoso, lo noto por tu expresión Aida-. Leila su amiga buscaba en su bolso una revista, estaba segura que la tenía allí mismo.
-La tengo- Leila hizo una mueca, Aida ahora conducía a velocidad, tenía que ir a la peluquería, después pasaría por el pastel de chocolate, nueces, almendras y cubierta para su esposo.
-Creo que me haré un corte al hombro, secado, y listo, quedaré perfecta para esta noche-. Aida sonreía, estaba feliz, su esposo Horacio cumplía sus 48 años, y en días celebrarían su aniversario número (20) se habían casado y después de unos años llegaba al hogar su primera hija, Ciara era ahora una chica hermosa, blanca, ojos azules como su madre, alta, esbelta, a sus 20 años cumplidos, se perfilaba como una excelente abogada, Martin de 19 estudiaba Arquitectura, eran dos lindos chicos, buenos estudiantes, amaba su familia, la verdad que era muy bendecida, así ella lo veía, siempre habían estado juntos, apoyándose.
Vivian en Portland, los chicos asistían a la universidad a unas horas de casa, así que cada oportunidad que tenían, venían a casa a compartir en familia.
Aida giró a la izquierda buscando donde estacionar, y encontró lugar justo cuando se estaba dando por vencida, tomando su bolso, teléfonos, cerrando el auto se encaminaba hacia la peluquería.
-Oh, Aida querida por fin llegas, te dejaré hermosa para esta noche-
-Siempre confío en tus manos, lo quiero al hombro, un toque más arriba mejor, y por ahora no me cambiare color-
-Bien un día lo decidirás, te dejaré estupenda-
-Veo que tu esposa, está ahora en la peluquería que bueno-.
-Hemos hecho este salón a pulso entre los dos, ella es magnífica maquillando, y, además, maquilla uñas como ninguna otra, te cuento que ya son años trabajando, pronto mi hija se graduará de estilista, quería que escogiera otra profesión, pero lo lleva en la sangre-. Es inevitable cariño-.
-Pues me alegra por ti, te conozco bien, somos amigos, siempre en todos los momentos de Horacio y míos, ¿Qué te parece? 20 años juntos, el tiempo pasa veloz-.
-Así es Aida, el tiempo pasa volando-. Por cierto, esa amiga tuya nunca me ha parecido agradable, cuida tu esposo Aida, estas son como víboras-.
-Oh, es una buena chica, trabajadora, responsable, Horacio no es coqueto por suerte, es un hombre serio, fiel, leal-.
-Querida estos ojos han visto tantas cosas, esta peluquería es centro de muchas historias-.
Las manos rápidas y agiles de Mark, le daban los últimos toques al corte, lucia esplendida, era una mujer de hermoso rostro, figura envidiable, siempre activa, deportista desde joven, inteligente, y buena amiga, consideraba Mark a Aida, se conocían desde jóvenes, los padres de Mark siempre habían desaprobado que aunque había estudiado, se había dedicado a la estética, con el paso de los pocos meses de graduarse, se conoció con Sara, al cabo de un tiempo de novios decidieron abrir una peluquería, ahora con los años, era un salón muy equipado, junto a estética, era de dos pisos, en la planta baja, el salón, y en la segunda planta, su casa, eran dos personas hermosas, con un carisma, los padres de Mark no le visitaban casi pues la noticia les había caído como plomo.
No gustaban de su matrimonio y mucho menos que hubiera dejado una ambiciosa oferta en una empresa de contadores, por un saloncito de cortar cabello, arreglar uñas, pies y recoger hongos, según los padres de Mark, pero eran felices, algún día lo entenderían.
Aida se miraba al espejo, el corte resaltaba sus ojos azules preciosos que poseía, así que, dando los últimos toques, tomando su café a prisa, agradeció a Mark, quien ahora no quería recibir el pago, a lo que ella tuvo que amenazarle con no volver.
-Entonces querida, cobraré el doble-.
-Puedes hacerlo cariño- has hecho una completa obra de arte-.
Mark se echó a reír entregándole el cambio, luego de un abrazo, le recordó que, en punto a las ocho, sería una sorpresa para Horacio.
-Estaré minutos antes, ya me conoces corazón, siempre puntual-.
-No me queda duda alguna-.
Salió con paso firme, sin mucha prisa, Leila le pidió que la dejara en el almacén que estaba de camino, pasaría por su vestido para esa noche.
-Leila quiero pedirte un pequeño favor, puedes pasar por la pastelería de Silvina tiene unos encargos para mí, pasas justo por allí-.
-Sí, con gusto, no hay problema, los recogeré-.
Aida frenaba, justo en la esquina donde daría el giro para pasar por el pastel, Leila tomaba su gran bolso, dando las gracias por acercarla, entraba en la tienda a buscar su vestido.
Horacio terminaba una junta cuando su secretaria Emma le entregaba una fila de documentos para firmar, sabía que al siguiente día Horacio no vendría a la oficina, siempre tomaba la mañana después de su cumpleaños para ir con su esposa a un lugar hacia las afueras a desayunar, su aniversario de bodas seria en siete días, el 25 ya era una fecha programada, estaría por fuera todo el fin de semana. Luna de miel, no lo dudaba, era una pareja hermosa.
Horacio tenía una constructora grande, un gran proyecto estaba en camino a llegar, poseía una inmobiliaria, allí manejaba la venta de propiedades, que el compraba, restauraba dando un toque único, sutil, elegante, para luego ser vendidas, tenía reconocimiento en el sector, decía que lo hacía por hobby, le encantaba colocarse a la cabeza de la remodelación, Aida de tanto en tanto le daba una mano con la decoración de los interiores.
Horacio firmaba los documentos dejando todo organizado, se tomaría no solo la mañana si no también el día.
Tenía claro que después de la celebración solían irse a ver el amanecer, era su romántica idea, llevaban café, y algún pastel que Aida preparaba como sorpresa, no sabía con cual lo sorprendería esta vez, pero todo lo que ella hacia quedaba de maravilla.
Aida terminaba de maquillarse un poco, sus ojos hermosos resaltaban, se dio una rápida mirada al espejo, lucia hermosa, Horacio quedaría sorprendido, un vestido rojo oscuro elegante era esa noche su elección.
Aida fue directo al jardín, todo estaba listo, entraban en ese momento los dos meseros que atenderían, los invitados llegarían en unos minutos, sumarian algunos cuarenta invitados, la madre de Horacio, Katia y su esposo llegarían para pasar el fin de semana y regresar, por el contrario, sus padres no vendrían, estaban de crucero por el mediterráneo.
Keila, hermana de Horacio, llegaba en ese momento caminando directo a donde Aida se encontraba.
-Aida, estas realmente hermosa-.
-Gracias cariño, tú también lo estas-.
-Horacio se va llevar una grata sorpresa-.
-Sí, espero que le guste todo-.
- ¿Celebraras el aniversario en el club? –Mirando a Aida encendió su cigarro.
-No, será una cena pequeña, algunos amigos, nuestros cuñados en común y los chicos-.
-Bien tendré que alistar entonces algo lindo, iré con Michael, estamos saliendo hace unos meses, y va muy en serio, realmente Michael es adorable-.
-Bueno pues bien por ti- Aida caminaba en dirección a la sala de recibo del jardín.
-Aquí llegan los suegros, en ese instante el auto parqueaba en la entrada, Katia descendía del auto con George, la abrazaron mientras colocaban un paquete en sus manos.
-Katia no debiste haberte molestado, es hermoso-.
-No es molestia, lo hacemos con mucho amor...espero que te guste. -
-Seguro, lo adoraré, es un chal precioso-.
Entraron en casa, George abrazaba a Keila, Katia sacaba otra caja totalmente decorada.
-Cariño, de paso te compramos este detalle, espero que te guste-.
-Madre, es hermosa-. la blusa totalmente tejida era preciosa, de un rosa pálido que hacía tono a esos ojos verdes profundos.
-Estamos pensando en quedarnos unos días más, así podemos celebrar el aniversario, sería maravilloso, no todos pueden contar que tienen 23, años en su historia de amor...
-Abuelos... que bonito que estén aquí, díganme que estarán para la celebración próxima, mucha música, baile, brindis, en especial esa parte... brindis-.
-Vaya Martin, el brindis....
-Sí, y claro la comida no podemos negar que mis padres siempre salen con sorpresas exquisitas-.
Los abuelos y todos allí presentes reían, al tiempo se escuchaba una voz en la cocina donde todos estaban reunidos, era amplia, con un comedor auxiliar tipo vintage, la barra con cocina al centro, los ventanales amplios y el precioso mármol negro le daba un toque único.
Los amigos de Horacio llegaron, su secretaria Emma, Mark, su esposa e hija, y algunos invitados que ya estaban en casa. Se colocaron en sus lugares estratégicamente para apagar las luces, Horacio estaba por llegar a casa, Aida le había dicho que cenarían en familia, y le daría su regalo sorpresa.
No esperaba una fiesta como la que Aida le había organizado, ni tenía la más remota idea que sus padres estaban allí.
Leila tomaba su lugar era la encargada de encender las luces cuando Horacio ya estuviera en la sala, estaba de un tono azul oscuro, zapatos blancos y accesorios grandes, su collar era sencillo, elegante y llamativo, en especial por la piedra del centro. No era muy alta, de curvas, exótica, bulliciosa, llamativa, picara y coqueta, pero a Aida eso no le hacía sentir temor alguno, eran amigas hace mucho tiempo, trabajaba en la parte de redacción de la revista Company Aresti, una revista Cosmopolitan, Aida hacia las fotografías para algunos artículos, y escribía en su columna sobre temas en general de las citas, romances, detalles para sorprender como destinos para dos, una sección bastante leía, buenas fotos, y hermosos lugares.
El auto de Horacio llegaba a casa, solo la pequeña luz del jardín iluminaba, generalmente cenaban fuera de casa por lo que asumió que estarían alistándose, o mejor aún, recién llegando de la peluquería, el auto de Aida se encontraba estacionado, pero el de sus hijos, no, ni ningún otro coche, no pensó en nada fuera de lugar. Avanzaba por el corredor, luces apagadas, eso significaría que tendría que esperarles para ver qué lugar sería el elegido para la cena, mientras subiría a su habitación, se cambiaría pronto dando tiempo a que llegaran todos.
Estaba a punto de subir por las escaleras, cuando las luces se encendieron quedando sorprendido.
- ¡Sorpresa! -. Todos al tiempo estallaron en aplausos y silbatos, Horacio no daba crédito a cada detalle, la casa había sido totalmente decorada, la amplia mesa con galletas, budines, chocolates, y el pastel, realmente hermoso, le habían hecho su cara con una gran gorra de su equipo preferido.
-Cariño...espero que cumplas muchos más- Aida, sonreía feliz.
- Hijo te amamos, esperamos que sean muchos años en unión de tu hermosa familia-. Horacio miró el paquete que su madre le entregaba, sus hijos vinieron corriendo de prisa – Eres el mejor papá del mundo, y por eso te amamos-.
-Gracias por todo el cariño, la verdad no lo esperaba, sí que fue una gran sorpresa, artífice de todo, mi querida y amada esposa-.
-Soy tu artífice predilecta-. Aida guiñaba sus ojos.
-Por cierto, cariño estás hermosa esta noche, tu cabello luce maravilloso-.
Mark entró en la charla –Gracias, es una obra de arte capilar-.
-Sin duda alguna, Mark; querido amigo que felicidad verte, vaya, que grande esta tu hija, es hermosa como tu esposa-.
-Gracias Horacio-. En ese momento la música ambientaba el lugar, les encantaba el pagode, la música y lirica brasileña, habían estado en Rio De Janeiro tan solo unos meses atrás, se habían tornado adictos a varios ritmos. En ese instante colocaron la canción de Raza Negra, la melodía inundó todo el salón, algunos bailaban abrazados É Tarde Demais.
-Bien, aquí tengo este regalo para el agasajado-.
-Oh, que sorpresa, me intriga-. Horacio tomaba de manos de Leila el estuche azul con pintas doradas, quitando el papel, sacaba del estuche, un hermoso reloj deportivo.
-Pero que hermosura-. Exclamaban todos.
-Es con mucho cariño, la verdad que me siento feliz y afortunada de que ustedes me traten como de la familia, son mi familia-.
-Sabes que te queremos Tía Leila, eres la favorita-.
-Uy, chicos que lindos, me van a hacer llorar-. Leila soplaba con fuerza para no dejar correr las lágrimas.
-Ahora tomaremos algunas fotografías-. La cámara era magia en las manos de Aida. En ese momento Horacio fue rodeado de todos, ella lanzaba varios flashes, captando los momentos de cada uno, sus fotografías podían decirse que eran cuadros vivos.
Todos avanzaron para la foto con el pastel, y algunas fotos más, luego las bebidas llegaron, vino, cocteles, algunos tragos para los ejecutivos de la compañía, todos hablaban y reían con verdadero desparpajo.
Llegó el momento de cantar el cumpleaños feliz, al finalizar las velas fueron todas apagadas, ahora el cuchillo hacia los honores en cortar la primera tajada para Horacio, pronto se dio aviso pasar al gran jardín interior, allí servirían la cena, una delicia el banquete que se había organizado.
Los padres de Horacio degustaban la ensalada de pollo y curry, el chef se había lucido sin duda alguna.
- ¿Aida, quien es el chef?
-Es Oscar, nuestro vecino, tiene un restaurant, ha estado en varios concursos, la verdad que es todo un maestro de la cocina-.
-Oscar en sus inicios trabajó con grandes chefs de renombre, pero abrió su cadena de restaurantes, son cálidos, acogedores, y su cocina es exquisita- Horacio concluyo mientras llevaba un bocado a su boca.
-Tendremos que aprovechar nuestro tiempo para visitarlos-.
-Madre mañana podemos ir a cenar, tengo libre-.
-Hija, no te preocupes, puede ser otro día, total nos quedaremos una semana más de lo previsto, no en vano hicimos varios kilómetros-.
-En ese caso, se quedarán en casa-. Argumentaba Keila.
-Oh, no cariño, tu padre reservó en el Palace-.
- ¿Mamá, es en serio, que disparates son esos? Aquí hay dos recamaras de huéspedes con todo-. Horacio se quedó mirándolos, todos en la mesa se quedaron por unos segundos en silencio.
-Es nuestra aventura hijo, quisimos alojarnos en el Palace, tenemos una cortesía de Garrett, nos obsequiaron por cinco noches, dos adicionales, será revitalizador, sauna, sala de ejercicios, salón de baile, piscina, masajes, dos restaurantes, en fin, nos conquistaron con todo lo que nos ofrecieron-. George admitió que habían ahorrado para regalarse ellos también una luna de miel.
-Que admirable llegar a los años de casados que ustedes llevan- Leila admitió que era algo muy hermoso.
-Sí, es cuestión de que todos los días te empeñes en ser feliz-.
- ¿Y cuando vienen los malos tiempos qué? -. Keila les miraba
-Cariño, tomarás su mano y los enfrentarás, porque siempre te empeñaras en ser feliz-. George abrazaba a su querida esposa Kat, como le decía por cariño.
-Estamos muy románticos esta noche-. Aida se colocaba en pie, y dio unos toques en la copa de cristal muy suaves, todos quedaron en silencio.
-Gracias a todos por estar aquí celebrando el cumpleaños de Horacio, cariño eres el mejor hombre del mundo, los años a tu lado han sido maravillosos, espero que lleguemos al final juntos de la mano, para alcanzar sueños, anhelos y ver el futuro maravilloso de nuestros hijos-.
-Horacio, feliz cumpleaños, quiero que disfrutes de todo lo maravilloso, me alegra tener un hermano como tú-. La voz de Keila se entrecortaba.
-Vamos Keila, la idea es no llorar, puedes humedecer el pastel y se ve exquisito-.
Todos soltaron una sonora risa, la emotividad inundaba a Katia.
-Hijo, estoy feliz porque tenemos el placer de compartir contigo, así que, en este día, queremos decirte feliz cumpleaños-. Horacio abrazó a su madre, quien le entregaba una caja de color verde, allí estaba su regalo, un hermoso suéter hecho por ella.
-Madre es hermoso, ya tengo la colección completa, el sexto con este, me encanta-
Aplaudieron al unísono, en ese momento Leila iba a colocar unas velas en el pastel, Horacio le detuvo.
-No soy de soplar velitas, no serán necesarias-.
-Horacio, pero es parte del festejo-.
-Querida jamás le ha gustado colocar velas en su pastel-. Todos se acercaban para cantar, ¡Apaguen la luz! -.
-Bien esa canción me encanta-. Leila guardaba la caja de velas, en otra oportunidad adornarían otro hermoso pastel.
Todos cantaron y luego estallaron los aplausos, Horacio tomando el cuchillo que le daba Aida partía el primer trozo de pastel, todos fueron ocupando su lugar en la gran mesa, los platos y bebidas llegaron, algunos bocados, rollos de jamón, una ensalada fría, pollo en pequeños trozos con salsa, salchichas con queso fundido, ensalada de frutas, y por supuesto filetes de carne en salsa de vino rojo.
Los músicos estaban listos para tocar algunos temas solicitados por Aida, eran unos portugueses que tenían un buen repertorio, entre ellas algunos temas de la banda brasileña Raza Negra.
Las horas pasaron mientras todos disfrutaban de la velada, la música, la cena, la charla que acompañada de unos vinos se extendía, poco a poco se fueron despidiendo hasta quedar solo la familia. Leila se despedía, aunque no madrugaría, tenía un almuerzo y por la tarde unas compras para la oficina. Sería un fin de semana único, iría a acampar con un amigo y su familia, Keila también se despedía pues su Michael estaba allí, se tomaron muy románticos de la mano para avanzar hacia el auto, le abrió la puerta del coche y agitando su mano les dijo adiós.
Kat y George se tomaron unas fotos más.
-Perfecto, ya la programé así quedaremos todos-. Aida tomaba su lugar al lado de Horacio, inmediatamente el coro se escuchaba, tres, dos, uno, chin-chin-.
Sería una hermosa foto para el gran álbum que año tras año atesoraba piezas de arte como las llamaba Aida.
-Con esto de los teléfonos móviles, ya no se atesoran, pero sigo conservando la tradición-.
-Me parece bien cariño, hay ciertas tradiciones que son hermosas conservar, y esta es una de ellas-. Kat sonrió acariciando la mejilla de Aida.
George se despedía de sus nietos al tiempo que tomaba los abrigos del perchero, y daban las buenas noches.
-Mañana nos veremos a la hora del almuerzo, en el hotel hay un restaurante magnifico, les encantará-.
-Hubiese preferido que se hospedaran con nosotros
-Estaremos bien, la verdad es que hace mucho tiempo atrás habíamos programado darnos este pequeño regalo -. Kat miró a George.
-La próxima vez nos quedaremos aquí, también es acogedor, cinco estrellas y lo mejor de todo, te sirven desayuno doble-. Horacio abrazó a su padre con cariño, su sentido del humor siempre magnifico.
Encendiendo el auto se marcharon rumbo al hotel, les esperaba una tina con burbujas. Mañana les aguardaría un nuevo día con muchas diversiones.
El fin de semana transcurrió sin muchas novedades, Horacio y Aida se habían tomado su día para almorzar, compartir y hacer compras, habían re diseñado su jardín por lo que estuvieron mirando plantas, lámparas, y demás motivos, los trabajadores llegarían en contados minutos, un nuevo juego de sillas, mesa, y techo serian la novedad, le colocarían unas luces para la noche y unas lámparas que la misma Aida las había hecho, eran hermosas, sinceramente nadie hubiera creído en las toallas viejas de casa hechas ahora verdaderas obras de arte, bellezas que ahora decoraban el nuevo jardín
La noche llegaba en pleno, Aida y Horacio ya descansaban en la habitación, mientras leían sus respectivos libros, Aida ojeo su libro saltando algunos capítulos.
-Horacio querido, mañana debo dejar organizada la cena para nuestro aniversario-.
-No querida, ya tengo todo arreglado, no tendrás que hacer nada-.
-Señor Kent, que maravilla de noticia-.
-Sí, no quiero que hagas nada, solo colocarte tu hermoso vestido y festejar-.
-Bien, entonces será tan solo la familia, y Michael, el novio de Keila-.
- ¿Michael? -.
-Sí, nos los presentará esa noche, ya tan solo nos quedan unos días, creo que Leila vendrá a decorar el jardín-.
-Ya hablé con Leila corazón, todo está listo, bien mañana será otro día-.
Apagando las luces se abandonaron al sueño, otro nuevo día les esperaba, la oficina, compromisos, trabajo y demás.
El sol se colocaba por el balcón que había estado con las cortinas semi abiertas, Leila despertaba con algo de pereza, se estiraba y contorsionaba, no quería ir a la oficina, miles de cosas pendientes de unos artículos por darles cierre.
Ese día pasaría por la oficina de Horacio para buscar unos globos, jarrones que habían quedado en su oficina, sería solo pasar a buscarlos, el fin de semana era el aniversario por lo cual toda tenía que estar perfecto.
Leila era de un cabello negro liso, a media espalda en capas, ojos cafés claros muy claros, blanca, un metro sesenta y tres, coqueta, esbelta, sexy, se levantaba de golpe de la cama, estaba en un pequeño calzón, sin nada arriba.
Caminando al baño se dio prisa para la ducha, lavó su cabello, error que después se percató porque ahora tendría que secarlo a prisa.
Salía envuelta en su bata de baño, y procedió a secar el cabello de forma rápida, encendía la cafetera y seguía secando su cabello.
El teléfono sonaba insistentemente.
- ¿Si...perdona, si...pensaba pasar por tu oficina para traerme los paquetes con todo, así puedo ir y dejar todo listo el sábado bien temprano, Aida estará ocupada en la oficina, Keila estará con ella ese día, será ¡sorpresa! -.
-Bien Leila, te tendré todo listo para cuando pases a buscar todo-.
-Gracias Horacio, nos vemos, espero que me brindes al menos un buen café-.
Leila colgaba la llamada mientras terminaba de cepillar su cabello, una vez lista quedó perfecta con la imagen que el espejo le transmitía.
Se colocó un vestido de botones al centro, a media pierna, con medias negras y unos botines negros, tomando su suéter rojo, estaba lista para la faena de trabajo.
Salía del edificio tomando las llaves a mano, encendía su auto colocando algo de música mientras aceleraba el paso, el tiempo corría y ella también.
Llegaba al edificio de tres pisos, parqueando sobre los puestos asignados a visitantes, en la recepción le saludaba Emma, quien le informaba que el señor Horacio la esperaba.
-Bien Emma, muchas gracias-.
Avanzaba por la gran sala de recibo, y subiendo el ascensor llegaba al tercer piso, al salir se dirigió a la amplia oficina, con unos ventanales magníficos.
-Horacio...algo tarde, aunque solo unos quince minutos, la verdad es que tenía hoy una enorme pereza de salir de la cama-.
-Pues tendrás que decirle adiós a la pereza que te embarga, quiero contratar alguna buena banda que toque unas dos horas, ya sabes de todo un poco, algo para bailar, para ser romántico, para divertirnos un poco-.
-Tengo unos amigos que tocan, jazz, hacen soul, algo de música brasilera, son unos magos-.
-Entonces comenzaran a sacar conejillos de sus sombreros y pañuelos-.
-Vaya que cómico Horacio...-
En ese instante la secretaria de Horacio entraba anunciando al señor Lewis, y dejó varias carpetas en el amplio escritorio, saludando a Leila, se retiraba a paso rápido.
-Pasa al señor Lewis a la oficina de Joey, el tendrá listo todos los documentos-.
-Si señor Kent, así lo haré-
-Bien en que íbamos, en los conejos y los pañuelos saltarines, eso sería nefasto que Aida vea semejante espectáculo en nuestro aniversario-.
-Es en serio Horacio, son únicos, te encantarán-.
-Bien confiaré en tu buen juicio que no habrá sorpresas-. Horacio le sonrió, el perfume de ella le envolvía.
Leila se acercaba en ese instante, le acomodaba la corbata un poco.
-Así está mejor señor Kent-.
Horacio le entregaba varios paquetes en mano algunos otros serían llevados por su conductor hasta el auto de ella.
Horacio se acercaba para despedirse, el magnífico olor de su perfume era exquisito, Leila le sonreía con aquel brillo en sus ojos.
-Emocionante llegar a tantos años juntos, sin ningún tropiezo en camino, muchos no lo logran, o quizá a medias-.
-Si, en eso tienes razón Leila, no todos lo logran-.
- ¿Y cuál es el secreto?
-Vaya, enamorarse todos los días, detalles, miradas, algún vino, rosas, cenar en familia, ser compañeros, amigos, chocolate, y después ser tú mismo-.
-Que seductor chocolates, a mí nunca me regalan, solo flores-.
-Qué bueno por ti, por algo se empieza-.
Leila se acercaba junto a él logrando que sus ojos la miraran con interés, entre un gesto coqueto, pícaro ella miraba sus tentadores labios.
-No me invitaste ni un café-.
-Perdona, si gustas puedo solicitar uno ya mismo-.
-No, pero si tienes un vino lo aceptaría-.
-Aquí en la oficina imposible-.
-Entonces me lo quedas debiendo-.
Leila se acercaba para despedirse dándole un beso que rozó sus labios, Horacio le miró por unos segundos, tomando el resto de paquetes sus manos se rozaron un poco, los labios de Leila eran seductores, el continuaba hablando de detalles y demás. Sabía que Leila siempre le había mirado de aquella manera, aunque trataba siempre de no fijarse más allá de eso.
Ella pensaba en lo atractivo que era como hombre, de ojos profundos, serenos, sonrisa seductora, si no fuera casado, de seguro seria algún candidato a unas copas de vino en casa.
-Nos vemos en la fiesta, llegaré temprano, ¿Es para el viernes al fin? -.
-sábado, el viernes iremos con mis padres y los chicos a cenar, Keila y su novio, será algo muy íntimo-.
-Perfecto, entraré en tu casa para dejar todo decorado-.
-Es genial, toma una copia de la llave del jardín- Le extendió las llaves sus manos se rozaron de nuevo, esta vez ella le acarició sus dedos, mientras le contaba de lo hermoso que quedaría todo, sintió que un latigazo de electricidad corría en su espalda, casi que podía asegurar que Horacio no era indiferente a ella.
-Entonces nos vemos el sábado, si requieres algo, o necesitas pagar por anticipado a los músicos, llámame o ven-.
-Te llamaré-.
Tomando su bolso, se despidieron, ella le daba un sutil beso en la mejilla, Horacio le miraba ahora alejarse con paso sereno, volviendo en sí, tomaba en cuenta que su teléfono repicaba.
-Mamá...que bueno escucharte, si...estoy por salir a almorzar en una media hora, si están por aquí cerca, podemos ir juntos, Aida no podrá llegar a tiempo, estará en una reunión y tardará, por lo que si vienes entonces te invito-.
-Pasaremos por tu oficina hijo, tu padre está comprando algunas cosas para mañana, iremos a unos museos, galerías, quiere una nueva corbata-.
-Papá y su sentido de las corbatas-.
-Ya le conoces, siempre elegante-.
-Ni que me lo digas mamá-.
-Nos vemos hijo, te llamaremos cuando estemos en la recepción-.
-Aquí los espero-. Horacio colgaba la llamada, pero al mismo tiempo intentó marcarle a Leila, aunque desistía al momento.
-No creo sea capaz de salir con alguna sorpresa-.
Aida escogía las fotos que estarían en portada, consultando su reloj se percataba que era hora de almorzar, estaba cerca del restaurante de su amigo Oscar, así que pasaría por alguna buena ensalada, con algún filete de pescado, tomando su bolso salía de la oficina, prefirió irse por las escaleras para caminar un poco, la mañana había sido algo atascada de fotos, elecciones, y demás, mientras caminaba algo distraída su mente dejó el lugar por algunos segundos, sus pensamientos iban lejos, muy lejos, le propondría a su esposo irse de vacaciones, como hace mucho tiempo no lo hacían, ¿Su última vez? Hace unos cuatro años atrás, Italia había sido un destino de tres semanas totalmente renovadoras, ahora las cosas habían cambiado un poco, lugares cercanos, nada fuera de serie, pero sentía que era hora de hacerlo.
Y.... ¿Si fuera una total sorpresa que ella le diera a Horacio? Lo haría, una sorpresa así era inevitable rechazarla, siempre eran bienvenidas.