Capítulo 1
INTRODUCCIÓN
Estaba nervioso, muy nervioso, no paraba de pasarse la mano izquierda por el pelo revolviéndoselo una y otra vez. También agitaba la rodilla de arriba abajo, como si bailase al ritmo de una canción que solo su pierna escuchaba. Miró hacia los lados, justo enfrente de donde estaba sentado se encontraba la sala de profesores, y por lo poco que podía ver, había un gran alboroto y hablaban animados entre ellos; eso sí, mirándolo de vez en cuando. Era la comidilla del instituto y sería así ¿siempre? Sí, seguro lo que acababa de hacer no se olvida fácilmente y seguro sería una leyenda de ese instituto para siempre, le gustase o no. Volvió a revolverse el pelo y se estiró hacia atrás en el asiento, apoyó la cabeza sobre la silla y miró al techo.
Estos eran sus últimos minutos como estudiante del instituto, en cuanto el director lo llamase lo expulsaría, eso era un hecho. Y en cuanto estuviese en casa sus padres lo castigarían de por vida, solo saldría de su casa con los pies por delante. Se tapó los ojos con las manos y soltó un gran suspiro.
-¿Qué diablos hiciste? -José se sobresaltó y se puso en pie automáticamente. Su padre se encontraba frente a él con una mirada asesina, él solo pudo bajar la mirada. Momento que aprovechó su padre para darle una fuerte colleja.
-Pero si aún no sabes qué hice. -Se quejó acariciándose el cuello.
-Que te llame el director del instituto diciendo que te presentes aquí ipso facto, no es una buena señal. Y da gracias que era yo el que estaba en casa y no tu madre -comentó su padre fulminándolo con la mirada. En cierto modo sabía que su padre tenía razón, nada más de pensar que pudiese haber ido su madre se le ponía la piel de gallina-. Entonces, ¿qué hiciste?
-Pues...
-El director os espera -informó la secretaria señalando la dirección del despacho, solo había que caminar por un pasillo hasta una puerta y ni siquiera era demasiado largo. Recibió otra colleja por parte de su padre antes de empujarlo y hacerlo caminar en dirección al despacho.
Tocó la puerta, y al escuchar «pase» entraron. Dentro lo esperaba un hombre de unos cuarenta años, pelo negro azabache y unas grandes gafas que le ocupaban casi toda la cara. Era bastante corpulento y muy alto, esto pudo comprobarlo cuando se puso en pie para darle la mano a su padre. El director volvió a sentarse, se quitó las gigantescas gafas y se masajeo la sien, acto seguido volvió a ponerse las gafas.
-He estado mirando tus notas hasta ahora, eres un buen estudiante. -El director apartó la mirada de los folios que tenía delante y lo miró directamente; tenía los ojos oscuros, casi negros. No sabía por qué, pero ese hombre le recordaba a alguien-. Así que dime, ¿qué te ha motivado para correr desnudo por mi instituto?
-¡¿Que has qué?! -gritó su padre mirándolo sorprendido.
-Bueno... es una larga historia -se defendió evitando la dura mirada de su padre.
-Tenemos toda la mañana. -El director se acomodó sobre su sillón y le indicó que podía comenzar, su padre giró su silla para mirarlo por lo que se aclaró la garganta y comenzó.
Un nuevo comienzo
La alarma del móvil lo despertó. Se giró hacia la mesa de noche, cogió el móvil y apagó la alarma; se dio la vuelta y metió la cabeza bajo la almohada. Su primer día de clase en un nuevo instituto, lo que implicaba gente nueva y profesores nuevos. Odiaba la idea de tener que volver a empezar de nuevo con su vida estudiantil, con la vida tan maravillosa que había llevado hasta ahora en su viejo instituto.
¡Estúpido director! Tuvo que robar todos los fondos y huir del país, dejando al instituto en bancarrota. Así que él, y todos los demás estudiantes, tuvieron que ser reubicados en los diferentes institutos y colegios de la ciudad; aunque por suerte, sus dos mejores amigos habían sido admitidos en el Instituto Góngora, al igual que él. Góngora era un instituto público bastante popular por los numerosos alborotos y peleas que ahí se producían; de hecho, había una unidad de antidisturbios de forma habitual en la entrada del instituto para evitar conflictos mayores.
José sacó la cabeza de debajo de la almohada y comenzó a estirarse sin levantarse de la cama, se tumbó bocarriba y miró hacia el techo. Había pedido ir a otro instituto, pero sus padres se negaron en rotundo ya que Góngora era el centro más cercano; además, según su madre, solo tenía que ir allí un año y con sus dos mejores amigos, así que no tenía derecho a protestar. Su madre, siempre tan agradable y comprensiva.
Alargó la mano y cogió el móvil para ver la hora.
-Genial -murmuró para sí mismo.
Era el primer día de clase y llegaría tarde si no cogía el autobús que salía en diez minutos. Con pocas ganas salió de la cama, se vistió, comió y se preparó a la velocidad de la luz.
Nada más salir de su casa se dirigió a la parada del autobús rezando para que este no hubiese pasado aún. Sin embargo, cuando todavía le quedaban unos cien metros para llegar, vio como el autobús estaba parado con unas tres personas haciendo cola para subirse.
-¡Espere! -gritó, subiéndose ante la mirada de los demás pasajeros, que lo habían visto correr como alma que lleva el diablo. El conductor carraspeó y, después que subiese al autobús, cerró la puerta y arrancó sin esperar a que tomase asiento, por lo que tuvo que agarrarse a las barras hasta sentarse en el primer asiento disponible.
El viaje por suerte no duró mucho, y quince minutos más tarde ya estaba bajándose y caminando hacia su nuevo instituto. Por el camino se encontró varios grupos de estudiantes, y mientras unos se abrazaban y preguntaban sobre cómo les había ido el verano, otros discutían sobre qué profesor les tocaría. José suspiró y se paró delante de la entrada para admirar el enorme edificio que se elevaba delante de él.
El Instituto Góngora era bastante grande e imponente. Se trataba de tres edificios beige de tres plantas que se conectaban los unos con los otros a través del edificio central, siendo este el más ancho de los tres.
Miró hacia los lados buscando a sus amigos, Evan y Cristian deberían estar por ahí cerca; pero no había ni rastro de ellos. Así que, con paso apresurado, se dirigió al edificio principal. Tuvo que esquivar varias bolas de papel envueltas en fuego que se lanzaban dos grupos de estudiantes; antes de que un profesor saliese, y se pusiese a gritarles, apresuró aún más el paso; cuanto antes encontrase a sus amigos, mejor. Sin embargo, cuando empezó a subir las escaleras chocó contra alguien.
-Ten cuidado -murmuró José agachándose para recoger el libro que había caído al suelo; pero la chica fue más rápida y lo recogió nada más caer para ponerse a leer de nuevo. Carraspeó fuerte para llamar su atención, pero ella lo ignoró. Era una chica un poco más baja que él y delgada; su pelo era castaño oscuro y corto, lo llevaba en dos coletas que terminaban milímetros antes de tocar sus hombros-. ¡Oye! ¡Mira por dónde vas!
-¡Eh, tú! ¡No le hables así a mi amiga! -Otra chica, con el pelo teñido de rojo, apareció de la nada hecha una furia y lo señaló con el dedo; él la miró sorprendido y parpadeó un par de veces tratando de asimilar la situación-. ¿Eres nuevo, verdad?
Asintió despacio. Para ser tan pequeña, daba un poco de miedo.
-Iba a mirar mi clase cuando ella chocó conmigo -explicó señalando hacia la chica morena, que proseguía leyendo el libro; la aludida ignoró el comentario y comenzó a caminar hacia el edificio de la derecha.
La del pelo rojo le lanzó una mirada de advertencia antes de marcharse mientras gritaba a su amiga. José parpadeó confuso y, sin entender nada, caminó hacia secretaría.
Una vez dentro, se dirigió hacia los paneles informativos en los que había un listado con los cursos y los alumnos que pertenecían a cada uno de ellos. Buscó su nombre en los cursos de segundo de bachillerato, al final se encontró en la clase C, donde por suerte también estaban sus dos amigos.
Suspiró aliviado, al menos no estaría solo en clase.
Con cuidado de no chocar con nadie siguió las señales explicativas que se habían colocado para el primer día; escuchó burlas de unos cuantos alumnos, pero los ignoró. Era mejor no tentar a la suerte con esa panda de delincuentes.
-¿Dónde os habíais metido? Llevo un buen rato buscándolos -preguntó a sus dos amigos cuándo llegó a clase y los encontró sentados como si nada.
-Evan se puso a ligar y antes de darnos cuenta acabamos aquí
-explicó Cris mientras sacaba un folio de una carpeta y le tendía un bolígrafo, él lo cogió y miró a su amigo. Cris era un chico muy tranquilo que transmitía paz con su rostro angelical y su sonrisa inocente; tenía el pelo rapado al uno y era bastante musculoso ya que practicaba kárate desde que tenía seis años, así que era mejor no meterse con él. Sonrió, en este instituto lo mejor que le podía pasar era que uno de sus amigos fuese cinturón negro, eso lo hacía estar un poco más relajado.
-No estaba ligando, solo hacía nuevas amigas -contestó Evan apoyando la cabeza sobre su mano y mirando hacia él, por lo que no pudo evitar sonreír. Evan era un chico alto, robusto y fuerte, que destacaba por tener los ojos verdes y el cabello negro, algo que volvía locas a las chicas; bueno, a eso también había que añadir su particular encanto personal-. Luego te presentaré a las chicas que he conocido, son muy simpáticas.
Antes de que José pudiese hacer algún comentario la profesora hizo acto de presencia. Era una mujer mayor que llevaba un vestido largo y que olía a tabaco, del cuello llevaba colgando unas gafas que solo utilizó para leer el listado y luego identificar a los dueños de esos nombres; aunque al parecer, conocía a la gran mayoría del año anterior. La profesora Belinda Blanco escribió en la pizarra su nombre y el horario que los alumnos tendrían ese año; cuando acabó de escribir, dejó la tiza en la mesa y esperó a que los alumnos terminasen de copiar.
-Para los que no me conozcan, yo seré la que os enseñe Historia. No me causéis problemas y yo no os causaré problemas. -Belinda miró a todos sus alumnos con firmeza-. En mis clases exijo completo silencio, me hablareis siempre de «usted» y cuando os conceda la palabra, para ello tendréis que levantar la mano. Cualquier palabra que digáis sin mi autorización conllevará un punto negativo; y no queréis eso, ¿verdad?
José, Evan y Cris tragaron saliva nerviosos, nunca había tenido a una profesora que intimidase tanto; el resto de alumnos, acostumbrados, asintieron.
-Bien, no tengo nada más que añadir. Que pasen una buena tarde, nos veremos mañana. -La profesora recogió sus cosas y abandonó la clase. Tras esto, los alumnos comenzaron a respirar con normalidad y a criticar a su querida tutora mientras salían.
Dobló el folio donde había copiado el horario y se lo guardó en el bolsillo, se puso en pie dispuesto a marcharse de ese horrible lugar; pero, para su disgusto, vio como Evan se había puesto en pie y caminaba hacia los pupitres de dos chicas. Miró irritado hacia donde su amigo se dirigía, fue entonces cuando se dio cuenta de la presencia de la chica morena con la que había chocado; estaba sentada en la mesa detrás de donde Evan estaba saludando. Al lado de ella estaba la pelirroja, que con un salto se sentó sobre la mesa y se puso a saludar a Evan que se estaba presentando, luego se giró hacia él y Cris y les indicó con la mano que se acercasen. A regañadientes, pero con mucha curiosidad, se acercó a ellos.
-¡Tú eres el de antes! -gritó la del pelo rojo.
-¿Os conocéis? -preguntó Evan intrigado.
-Sí, bueno... -tartamudeó sin saber que responder, aún no sabía que tan peligrosa podía ser esa chica; sin embargo, era su amiga la que lo intrigaba, estaba sentada en su silla leyendo el mismo libro que cuando chocaron y parecía totalmente ajena a lo que pasaba a su alrededor.
-Por cierto, ellos son José y Cris -presentó Evan dándoles palmadas a ambos en la espalda.
-Encantadas -respondieron dos de las chicas, a las que no prestó mucha atención.
-¿Qué lee?
-Siempre está así, es coger un libro y olvidarse del mundo -dijo la pelirroja balanceando las piernas, luego tendió su mano derecha hacia él-. Por cierto, me llamo Sonia y ella es Nora, ¡Nora, saluda!
-Hola -saludó sin levantar la mirada del libro.
-Es un caso perdido -murmuró Sonia divertida, luego se puso en pie y se unió a la conversación que mantenían Evan y Cris con las otras dos chicas.
No pudo evitar mirar de nuevo a Nora, la chica tenía el ceño fruncido, pero al pasar la página su rostro se relajó. Tomó asiento en la silla de al lado y carraspeó para llamar su atención, pero al igual que en su primer encuentro no tuvo ningún efecto. Molesto, acercó su silla a ella y tosió, pero tampoco se inmuto.
-¿De qué trata el libro? -preguntó sorprendiendo a Nora, ella dio un respingo y se giró hacia él.
-¡Tú! -gritó ella cerrando el libro de golpe y poniéndose en pie-.
¡No puedo creerlo! Esperaba no tener que volver a verte nunca más.
-Solo nos chocamos, no tienes por qué ponerte así -dijo tratando de calmarla.
-¿No me recuerdas? -preguntó ella sorprendida.
-¿De qué hablas? -preguntó confuso, la mirada de Nora se ensombreció.
-No importa -murmuró mientras recogía sus cosas.
Totalmente confuso se acercó a ella buscando una explicación, pero Nora se limitó a golpearlo con el libro en la cara.
-¡¿Estás loca?! -gritó entre furioso y atónito.
-¡No te acerques a mí! ¡No te atrevas a tocarme! -chilló Nora encolerizada. Él la miro sin comprender y dio un paso hacia atrás con la mano en la mejilla; miró hacia Evan y Cris que estaban casi tan sorprendidos como él.
-¿Qué le has hecho? -preguntó Sonia caminando hacia Nora y lanzándole una mirada asesina.
-¿Yo? Nada, ¡si ni siquiera la conozco! -se defendió mirando hacia Nora-. Me estás confundiendo con otra persona.
-Sé a la perfección quién eres -dijo Nora con voz fría.
-Pues te equivocas, no te he visto en mi vida -contestó casi a gritos; esa chica había conseguido sacarlo de sus casillas, no la conocía. Además, ¿qué clase de chica es esa que entra en cólera así tan de repente?-. Me estás confundiendo con otra persona.
-¡No! ¡Sé a la perfección quién eres! -Nora se acercó a la mesa a coger su bolso, momento que aprovechó para acercarse a ella. No iba a dejar que se fuese de allí después de haberlo golpeado. La sujetó del brazo haciéndola girar, ella levantó la mano dispuesta a golpearlo de nuevo con el libro, pero antes de que le diera la sujetó por la muñeca-.
¡¿Qué crees que haces?! ¡Suéltame ahora mismo!
-¡No! ¡Exijo una explicación, o acaso crees que puedes ir golpeando a la gente porque sí! -bramó fuera de sí. Ella lo miró directo a los ojos, por lo que pudo ver como brillaban de furia.
Sin embargo, Sonia se acercó a él por la espalda y le golpeó en los brazos provocando que soltara a Nora, luego lo agarró de la mano y de un solo movimiento lo tiró al suelo. Evan corrió hacia él con rapidez y lo ayudó a incorporarse a la vez que no apartaba la mirada de Sonia; se preguntó cómo alguien tan pequeño podía tener tanta fuerza.
-¿Nora, estás bien? -preguntó Sonia, ella asintió con timidez.
-No te vuelvas a acercar a mí. -Nora miró hacia él antes de salir del aula, seguida de Sonia y de sus otras dos amigas, dejándolos solos.
-¿Qué demonios acaba de pasar? -preguntó Evan en voz alta, rascándose la nuca y mirando hacia él.
-¿De verdad no la conoces? -preguntó Cris una vez que estuvo a su altura, José negó con la cabeza-. ¿Estás seguro?
Estaba completamente seguro que era la primera vez que la veía; entonces, ¿por qué ella lo miro con tanto odio? Notó como Evan y Cris intercambiaron miradas y luego posaban sus ojos en él. Enfadado, caminó hacia la puerta y pegó un portazo, pero enseguida notó como sus dos amigos corrían tras él.
-¿Estás seguro? -Volvió a preguntar Cris.
-¡Sí, estoy completamente seguro que no la conozco! ¡Ella está loca! -gritó bastante irritado; Cris abrió la boca, pero volvió a cerrarla de inmediato.
Se dirigió hacia la parada de autobús, pero cuando estuvo a punto de llegar decidió que era mejor dar un paseo hasta su casa; puede que eso lo relajase. Caminó durante un buen rato observando a la gente pasar, la mayoría de las personas con las que se cruzó eran estudiantes de Góngora que gritaban y jugaban en la calle. Suspiró, no llevaba ni un día de clase y ya odiaba ese instituto; y sobre todo, odiaba a esa chica.
El rostro de Nora invadió su mente, ella lo había mirado con tanto odio y estaba tan segura que lo conocía, que incluso lo estaba haciendo dudar. Agitó la cabeza intentando eliminar esos pensamientos. No la conocía, ella se equivocaba. Además, nunca le había hecho nada malo a nadie.
-¡Ya estoy aquí! -exclamó al abrir la puerta de su casa, pero nadie le contestó. Sin embargo, sí que escuchó música procedente de la cocina, por lo que asomó la cabeza por la puerta viendo así, como su padre cocinaba con un delantal rosa a la vez que cantaba. Suspiró irritado, el mes de vacaciones no le estaba asentando nada bien.
Antes de que su progenitor pudiese verlo caminó hacia el salón, encendió la tele y se tumbó sobre el sofá. Cambio uno a uno los canales y cuando pasó por todos, tiró el mando y se puso en pie.
-¡Maldita sea! -masculló para sí mismo.
Sí, estaba seguro que no la conocía, entonces, ¿por qué se dirigía a buscar todas las fotos escolares para revisarlas una a una? Al final, esa chica había conseguido que hasta él llegase a dudar.
Capítulo 2
Se bajó del autobús y se dirigió al instituto caminando con pesadumbre. A pesar de llevar ya tres semanas en ese lugar, seguía sin ser de su agrado por mucho que sus dos amigos se empeñasen en decir que este instituto era muchísimo más entretenido que el anterior. Si bien sus dos amigos tenían razón, porque no había día en el que no sucediese algo, extrañaba en cierto modo la tranquilidad de su viejo instituto, al igual que también extrañaba a sus antiguos compañeros.
En la entrada se encontró con Evan apoyado en el muro, como ya iba siendo habitual, y lo saludó con un leve movimiento de cabeza.
-¿Qué crees que se estarán lanzando hoy los tenistas? -preguntó Evan divertido, él se encogió de hombros.
Pero la duda de Evan quedó resuelta al atravesar los muros, «los tenistas», como los había nombrado Cris, eran dos grupos de chicos y alguna que otra chica, que se dedicaban a lanzarse todo tipo de objetos por las mañanas. Normalmente el grupo de la derecha era el que comenzaba la batalla, aunque el otro grupo siempre devolvía lo que los primeros les lanzaban, así que pasaban un buen rato tirándose cosas los unos a los otros -como en un partido de tenis-, hasta que el profesor salía y les echaba la bronca.
-Vaya, esto es nuevo -dijo Evan divertido haciendo que José prestase atención a los tenistas.
Al contrario que otros días en los que se lanzaban bolas de papel en llamas, globos de agua, globos con pintura y excrementos de perros en bolsas; hoy habían decidido lanzarse raquetas de tenis y de bádminton.
-¿De dónde crees que las han sacado? -preguntó José mientras entraban al edificio, sin embargo, por fuera ya se podían escuchar los
gritos del profesor; volteó con curiosidad, y vio como el profesor cogió una de las raquetas de bádminton y se puso a darles golpes en la cabeza con ella a los que pillaba, mientras que el resto huía al interior del instituto.
-A saber -comentó Evan pasándose los brazos por detrás de la nuca.
Una vez que llegaron a clase se encontraron a Cris sentado en su sitio y preparado para la clase, pero fue otra persona la que se llevó toda su atención. Nora.
No la había encontrado en ninguna de las fotos, por lo que él tenía razón y no la conocía; pero eso no había cambiado nada. Lo ignoraba cada vez que lo veía, y cuando él y sus amigos pasaban los recreos con su grupo de amigas, ella desaparecía. Evan y Cris le habían dicho que lo dejara pasar, pero claro, a ellos no les habían golpeado con un libro, les habían insultado ni les estaba haciendo el vacío una chica a la que no habían visto nunca.
Suspiró resignado, captando, sin querer, la atención de sus dos amigos; dejaron de discutir sobre quién era mejor portero y lo observaron atentamente.
-Al final te vas a enamorar de ella -dijo Evan con burla, José se giró hacia él y lo fulminó con la mirada.
-No digas estupideces, es solo que no entiendo que tiene con nosotros -contestó, Evan y Cris intercambiaron miradas cómplices.
-Dirás contigo, que yo sepa con Cris y conmigo no tiene problemas -corrigió Evan divertido; José abrió la boca para protestar, pero el timbre lo calló. Dejaría esa discusión para después.
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Guardó los apuntes de Matemáticas y sacó el libro de Filosofía, luego se recostó sobre sí mismo y miró hacia Cris; su amigo se había puesto a discutir con Evan de nuevo sobre el partido de anoche. Bostezó aburrido, él no lo pudo ver ya que su padre se empeñó en ver un programa de jardinería, menos mal que en menos de una semana volvía a ponerse a trabajar, porque si no lo volvería loco.
-¿Queréis dejarlo ya? -Sus dos amigos lo miraron y siguieron discutiendo.
Irritado, se puso a mirar a Nora disimuladamente. ¿Cómo podía concentrarse en leer libros con el escándalo que había en la clase? Ella pasó la página ajena al ruido y él se quedó mirándola preguntándose de qué podían conocerse.
-¿Hoy también se ha perdido? -preguntó Sonia al profesor de Filosofía; un hombre extraño, pero amable.
-No, hoy estuve ayudando a la chica de secretaría a hacer fotocopias -aclaró el profesor, luego abrió el libro y tosió para aclararse la voz-. Id todos a la página veinte.
-¿Ayudando? ¿Este hombre cree que somos tontos? -murmuró Evan a José echándose ambos chicos a reír, sin embargo, se callaron de repente al oír la alarma de incendios.
El profesor suspiró y cerró el libro.
-Ya estaban tardando, han sido tres semanas, ¿verdad?
-preguntó el profesor, Sonia le gritó que sí-. ¡Vaya, eso ha sido todo un récord!
El profesor sonrió, caminó hacia la puerta, se asomó y luego volvió a meter la cabeza.
-Bueno, ya sabéis qué hay que hacer, ¡En marcha! -José miró a Cris y este se encogió de hombros.
En su anterior instituto nunca habían hecho un simulacro de incendios, así que no tenía muy claro que era lo que debía hacer. Se colocó tras Cris y siguieron al resto de sus compañeros de clase, que hablaban animados mientras salían en fila de dos en dos. Al salir de su clase se dio cuenta que las otras clases estaban haciendo lo mismo, de todas las aulas salían estudiantes hablando animados y algunos incluso se habían puesto a comer.
-Qué emoción, nunca antes había hecho un simulacro de incendios -dijo Evan con ilusión.
-Esto no es un simulacro -contestó Helena con dulzura; Helena era una de las amigas de Sonia y Nora, era la chica rubia que le había presentado Evan el primer día de clase. Era una chica bastante dulce y tierna, siempre hablaba con amabilidad, aunque algunas veces era un poco mandona. Poseía una larga melena rubia que contrastaba con unos pequeños ojos marrones, pero lo que más llamaba la atención de ella eran las pecas que tenía dispersas por toda la cara y que le daban un aspecto de niña pequeña.
-¿Entonces, hay un incendio de verdad? -preguntó Evan bajando las escaleras más rápido, Helena negó con la cabeza.
Una vez que llegaron al patio del colegio se encontraron varias clases, que también habían sido evacuadas. Muchos de esos alumnos habían formado círculos donde jugaban a las cartas, otros estaban durmiendo unos sobre otros, y el resto estaba sentado en el suelo hablando animados. José se giró hacia el instituto y vio como más profesores salían del edificio con sus respectivas clases, pero no divisó nada de humo ni de fuego. Al darse la vuelta chocó con Evan que ya estaba sentado en el suelo, por lo que se sentó a su lado.
-Si no hay un incendio ni es un simulacro, ¿qué es lo que pasa?
-preguntó Cris a Helena, ella sonrió.
-¿Y qué quiso decir el profesor con «ya estaban tardando»? -recordó él.
-Es que hay alguien que hace saltar las alarmas, lo normal es a la semana de empezar las clases y luego una vez al mes -explicó Bel tomando asiento al lado de Helena.
Bel era una chica bastante bajita con un largo pelo negro ondulado. Tenía los ojos azules, pero tan oscuros que tardaron más de una semana en darse cuenta que eran de ese color. Era muy extrovertida y habladora, de hecho hablaba hasta por los codos, y casi todo el tiempo contaba anécdotas de todo tipo y unos chistes muy malos.
-Normalmente la alarma salta los viernes, aunque puede variar. Me acuerdo que el año pasado sonó en la misma semana el martes y el miércoles justo antes de que tuviéramos un examen, al final tuvimos que posponerlo para otro día -contó Bel alegre.
-Pero si los profesores saben que son alarmas falsas, ¿por qué no hacen caso omiso y siguen dando la clase? -preguntó Cris interesado.
-Según la normativa, si la alarma suena, deben evacuarnos por si acaso. -Helena se acarició el pelo y se sacudió la falda.
-Sí, pero, aparte de eso, hace dos años no nos evacuaron en uno de los avisos, y la siguiente vez que sonó la alarma el aula de química ardía de verdad. ¿Te acuerdas de la cara del director? Casi le da un infarto-contó Bel mientras se reía a carcajadas, Helena tapó su boca con la mano para esconder su risa-. Ese día fue un completo desastre, todo el mundo corriendo de un lado a otro gritando.
-Eso fue culpa de Triz, a quien se le ocurrió coger el micrófono y ponerse a gritar por los altavoces que íbamos a morir todos, y que corriéramos por nuestras vidas -habló Sonia, que se apoyó sobre Bel y luego se sentó sobre ella; la pelinegra la apartó de un empujón, por lo que la pelirroja acabó sentándose en el suelo. Nora, que estaba de pie a su lado, se sentó a regañadientes y se puso a leer su libro.
-¿Y no sabéis quien es el que provoca que la alarma suene? -preguntó José a las tres chicas pero fijando sus ojos en cierta morena que lo ignoraba.
-Pues claro, pero nadie va a delatarlas, dan mucho miedo -contó Bel con entusiasmo-. Además, entre lo que tardamos en salir, ellos en comprobar qué es lo que hizo saltar la alarma y volver a entrar, perdemos quince minutos de clase. ¡Es genial! Y es mejor cuando lo hacen los viernes, los profesores directamente nos dejan salir antes, adoro eso.
José puso los ojos en blanco, para su gusto Bel hablaba demasiado.
De reojo miró hacia Nora, como siempre ella leía tranquila; sintió un codazo en el costado y vio como Evan le miraba divertido; abrió la boca para quejarse, pero el sonido de una alarma lo interrumpió. Hora de regresar a clase.
Su profesor les indicó que debían ponerse en fila. Una vez en aula, el profesor esperó a que se sentasen en sus sitios, antes de coger el libro y comenzar la clase donde la había dejado antes del incidente.
-¡Nos vemos mañana chicos y chicas! -exclamó el profesor una vez que sonó el timbre que indicaba el final de la clase, luego recogió sus cosas con rapidez y salió corriendo.
Nada más salir de clase entró Belinda Blanco, su tutora y profesora de Historia. José hizo una mueca de desagrado a Evan y ambos sacaron sus libros.
-Como sé que tenéis mucho tiempo libre, he decidido mandaros un trabajo. Os he dividido en grupos de dos personas, un chico y una chica; él trabajo consiste en hacer un resumen de diez páginas sobre la historia del país que os he asignado. ¿Alguna duda? -preguntó Belinda mirando hacia la clase, pero nadie dijo nada-. Muy bien; Iván con Bel, Suecia.
Se apoyó en el respaldar de la silla expectante, tenía miedo de con quién le pudiese tocar, al fin y al cabo, apenas conocía a las chicas de esa clase y la mayoría daba miedo. Al escuchar el nombre de Evan miró a su amigo y luego hacia la chica que le habían asignado, era una de las chicas góticas que se sentaban al fondo. Su amigo tragó saliva nervioso y él le dio una palmadita en la espalda.
-José con Nora, Francia.
Miró de reojo hacia Nora y vio cómo esta suspiraba resignada y se ponía a mirar por la ventana. Evan comenzó a reírse y él lo fulminó con la mirada.
-¿Sonia? -preguntó la profesora.
-¿El trabajo cuando hay que entregarlo? -preguntó la chica con voz seria e intentando parecer agradable.
-Dentro de una semana, ¿algo más? -inquirió Belinda, los alumnos se miraron unos a otros, por lo que ella comenzó a dar la clase.
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-¡Esa mujer está loca! «Como sé que tenéis mucho tiempo libre» y ¡un cuerno! -protestaba Sonia encima de su silla mientras imitaba a la profesora, varios alumnos la aplaudieron y ella de un salto volvió al suelo-, y encima me toca Inglaterra, como si la historia de Inglaterra fuese pequeña.
-Al menos tú país tiene historia, a mí me tocó Suecia. ¿Quién conoce la historia de Suecia? Seguro que no existen ni libros -se quejó Bel caminando hacia la puerta seguida de Helena.
-Bueno, no será para tanto. -Trató de calmar Cris a las dos chicas, pero ellas solo se giraron hacia él, le enseñaron la lengua y siguieron caminando cogidas de las manos.
-Vaya, veo que has aprendido que debes traerte la comida -murmuró Helena al ver a Evan cargar un bocadillo envuelto en papel de aluminio.
-Sí, conseguir comida en la cafetería es demasiado peligroso -dijo Evan mientras caminaba con Helena, ambos iban seguidos de Nora y José que caminaban en silencio sin mirarse.
Evan tenía razón, durante los tres primeros días intentaron comprar un bocadillo en la cafetería, pero no consiguieron sino llevarse empujones, mordiscos, codazos y que les metieran mano hasta los lugares más insospechados. Además, después que Evan pisase a un chico sin querer, y este sacase una cadena y empezase a ahorcarlo con ella a modo de venganza, no tenían ánimos para volver a entrar.
Cuando llegaron al patio se encontraron a Sonia y Bel criticando a la profesora de Historia, mientras Cris se comía tranquilo su bocadillo sentado en el banco. En cuanto Sonia vio a Nora saltó hacia ella y la agarró de la mano arrastrándola hacia la cafetería.
-¡Traedme un bocadillo de pollo! -chilló Bel a la vez que se sentaba en el banco al lado de Evan.
-¿Cómo hacen para conseguir comida? -preguntó Cris con curiosidad, Evan asintió y José miró hacia Bel esperando una respuesta.
La verdad es que si Evan se salvó de morir asfixiado, fue porque Sonia apareció y le pegó una patada al chico de la cadena en la espalda. Cuando este se dio la vuelta y la vio, murmuró algo que no entendió y se marchó. Después de eso, los tres estaban completamente seguros que Sonia era una de las personas más peligrosas de ese lugar, así que lo mejor que les podía haber pasado era tenerla de su lado.
-Digamos que en la jerarquía estudiantil de Góngora, ellas están en la zona más alta -contestó Helena sacando un sándwich de su bolso.
-Sí, por eso me hice su amiga, ¡es broma! Nora y Sonia son geniales, puede que Sonia sea un poco bruta, pero claro, al ser la única chica de cinco hermanos es normal -contó Bel mientras rechazaba un trozo de sándwich que le tendía Helena-. ¡Odio a la de Historia! ¡¿Cómo quiere que en una semana investigue la historia de Suecia?!
José dejó de prestar atención a Bel y se concentró en su bocadillo, ¿qué significaba eso de que Nora estaba en la zona alta de la jerarquía de Góngora? ¿Y desde cuándo ese instituto de locos tenía jerarquía? En el tiempo que llevaba ahí solo había visto caos y locura, nada de orden. Sacudió la cabeza sin entender nada y se fijó en que Evan y Bel mantenían una conversación bastante animada, su amigo no hacía sino sonreír. Si no se equivocaba, a Evan le estaba empezando a gustar esa chica.
-¡Aquí tienes! -exclamó Sonia lanzándole el bocadillo a Bel, esta lo cogió al vuelo y comenzó a desenvolverlo.
-¿Y Nora? -preguntó Bel mientras masticaba un trozo; Sonia se sentó en el suelo como si fuese la jefa de una tribu india y abrió su paquete de patatas fritas.
-Está con Matt que también está quejándose de la profesora de Historia, ¿queréis? -ofreció Sonia enseñándoles a todos el paquete de patatas; ellos se negaron, así que ella siguió comiendo.
-¿Cuándo empezamos a hacer el trabajo? -preguntó Cris a Sonia, ella lo miró con la boca llena y apoyó los codos sobre las rodillas-. Creo que cuanto antes lo empecemos mejor, ¿no?
-Podemos ir esta tarde a la biblioteca a ver los libros que hay -propuso Sonia, a lo que Cris estuvo de acuerdo; luego se giró hacia Evan-. ¡Buena suerte con la gótica!
-¡Calla, no me lo recuerdes! Que antes fui a hablar con ella y me dieron escalofríos -dijo Evan mientras se abrazaba a sí mismo provocando las carcajadas de todos.
El resto del recreo pasó entre risas con Evan quejándose, una y otra vez, de la mala suerte que había tenido; y con Bel y Sonia ideando nuevas formas de tortura a las que someter a la profesora de Historia. Una vez que el timbre sonó, recogieron sus cosas y caminaron hacia la clase; cuando José entró miró hacia la esquina donde se sentaba Nora esperando encontrarla sentada allí, pero ella no estaba.
Buscó a Evan y Cris con la mirada, aún seguían conversando con Sonia y las demás; sacó un par de folios y se puso a garabatear en ellos. La profesora de Lengua entró y todos corrieron a sus asientos, Nora aún no llegaba.
-¿Dónde se ha metido? -murmuró para sí mismo.
-¿Preocupado por Nora? -le preguntó Evan después de mirar hacia donde debía estar la chica y ver que no estaba.
-No digas tonterías.
La profesora mandó a leer en voz alta un texto a Bel, sin embargo, fue interrumpida cuando la puerta se abrió de golpe. Tras lo que parecía ser una pequeña discusión, Nora entró por la puerta después que alguien le diera un empujón; ella se quedó paralizada en mitad de la clase, mientras todos la miraban expectantes.
-¡Culpa mía! -exclamó la voz de un chico; estaba justo en el umbral de la puerta, por lo que no se le podía ver. Nora se giró hacia él y lo asesinó con la mirada-. No me mires así, te compraré un helado luego.
Escuchó como Sonia y Bel comenzaron a reírse, mientras Nora caminaba hacia su sitio con los brazos cruzados y algo sonrojada; José la siguió con la mirada intrigado por el aumento de color de las mejillas de la chica.
-Sentimos haber interrumpido la clase, pero tuvimos que discutir unos asuntos con nuestras hermanas -habló el chico de nuevo, la profesora ladeó la cabeza y asintió-. ¡Entonces, me voy antes de que me echen la bronca a mí también! ¡Hasta luego!
-Bel, sigue leyendo -pidió la profesora con amablidad; una vez que la puerta estuvo cerrada, la aludida siguió leyendo el texto.
Miró con disimulo hacia Nora, ella estaba intentando leer el texto que Bel leía, pero al parecer no lo conseguía ya que Sonia estaba burlándose de ella por estar sonrojada. ¿Quién era ese chico? ¿Y qué relación tenía con ella? ¿Y por qué ella estaba sonrojada por su culpa?
Capítulo 3
Guardó sus cosas dentro de la mochila y se preparó para irse, miró hacia Nora y vio que aún estaba recogiendo. Se revolvió el pelo y caminó hacia ella, se colocó a su lado, pero a una distancia prudencial, y tosió con fuerza para llamar su atención. Nora se giró hacia él y colocó las manos en la cadera.
-¿Cómo vamos a hacer el trabajo de Historia? -preguntó José con voz firme, ella cogió sus libros.
-Esta tarde, a las cinco en la biblioteca -contestó Nora con frialdad comenzando a caminar hacia la puerta.
-¿Y si no puedo? -preguntó desafiante, ¿quién se creía que era para darle órdenes y esperar que él las cumpliese sin rechistar?
-Lo haré sin ti y se lo diré a la profesora -dijo ella tranquila antes de salir del aula.
Frustrado, le pegó una patada a la mesa de Nora y salió de allí sin esperar a sus amigos. Estaba harto de esa chica y harto de ese instituto.
Comenzó a caminar cada vez más rápido. Se dirigió a la parada de autobús, pero una vez que llegó allí decidió que era mejor seguir andando hasta su casa. Pateó una lata y siguió caminando con las manos metidas en los bolsillos; echaba de menos su antiguo instituto, allí era popular y cada semana recibía una carta de alguna chica declarándose. Pero en Góngora, era alguien insignificante que podía recibir una paliza de muerte solo por mirar a la persona equivocada; y no estaba siendo exagerado.
Ojalá sus padres le hubieran dejado cambiarse a otro instituto. Pero ellos solo le recriminaron que no debía quejarse ya que iba a ir al mismo instituto que sus dos mejores amigos; pensó en Evan y Cris.
Ninguno de ellos había tenido problemas en adaptarse a Góngora, pero claro, Cris era cinturón negro de kárate y podía hacerle frente a los delincuentes que tenían por compañeros, y Evan... bueno, Evan era demasiado amistoso y extrovertido para llegar a tener problemas serios con alguien, todos lo adoraban.
Pero ¿qué pasaba con él?
Sacó las llaves de su bolsillo y abrió la puerta, soltó la mochila en el recibidor y fue a la cocina; abrió la nevera y sacó una Coca-Cola, luego se puso a mirar a su alrededor buscando la comida.
-¡Papá! ¿Dónde está la comida? -gritó mientras miraba dentro del microondas, donde no encontró nada-. ¡Papá!
-¡Voy, voy! -gritó su padre apareciendo minutos después en la cocina-. Hoy has tardado más de lo habitual.
-Es que vine andando -explicó viendo como su padre se colocaba el delantal rosa y sacaba una sartén de uno de los armarios-. Un hombre de tu edad no debería ponerse esas cosas, me das vergüenza ajena.
Su padre se miró el delantal y luego lo miró con una gran sonrisa.
-Pues tu madre dice que me sienta bien.
-Mamá está loca -contestó recostándose sobre la silla viendo como su padre vertía las patatas en la sartén y luego iba hacia la nevera, de donde sacó un filete-. Todas las mujeres están locas.
-Pero eso es parte de su encanto.
Tomó un trago largo quedándose en silencio, hasta que su padre le colocó el plato de comida sobre la mesa y se marchó, no sin antes desearle buen provecho. Una vez que terminó de comer, fregó lo que había ensuciado. Luego fue al salón y se sentó en el sofá al lado de su padre, que se había puesto a coser; definitivamente necesitaba regresar a trabajar cuanto antes.
-¿Qué vas a hacer esta tarde? -preguntó su padre.
-Tengo que ir a la biblioteca a las cinco a hacer un trabajo de Historia -explicó colocando los brazos detrás de la nuca y bostezando, su padre miró el reloj que tenía en su muñeca.
-Deberías espabilar, la biblioteca está a una hora y ya son las cuatro y cuarto.
José miró hacia su padre.
-¿No vas a llevarme?
-Mi coche está en el taller, ¿recuerdas?
-¡Oh, mierda! Me matará.
Se puso en pie de un salto y corrió hacia la entrada, agarró su mochila y salió pitando de allí. Cuando llegó a la parada del autobús, vio que la línea que él necesitaba aún tardaría otros veinte minutos en llegar; bufó y salió corriendo. El metro pasaba a unas dos calles de allí, tendría que hacer transbordo dos veces, pero aun así llegaría antes que si esperaba por el autobús. A lo lejos vio la entrada al metro; bajó los escalones tan rápido como pudo sin resbalarse, por suerte llegó a tiempo de coger la línea que necesitaba. Sacó el móvil y miró la hora.
-Las cinco, genial -masculló metiéndose el móvil en el bolsillo.
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-¡Llegas tarde! -le gritó Cris mientras lo saludaba, a su lado se encontraban Sonia y Nora.
-Lo siento, perdí el autobús y tuve que coger el metro -se disculpó tratando de normalizar su respiración, ya que tanto correr lo había dejado agotado.
Nora y Sonia empezaron a subir las escaleras de la entrada a la biblioteca, mientras Cris le daba palmaditas en la espalda.
-¿Qué haces aquí? -preguntó José agradecido por la presencia de su amigo, ya que no sabía que podía pasar estando a solas con Nora.
-Había quedado con Sonia para buscar información, además, pensé que no te vendría mal que estuviese por aquí -explicó Cris, José asintió agradecido y ambos caminaron hacia la biblioteca.
El edificio donde estaba la Biblioteca Pública era un enorme edificio antiguo. Su arquitectura tenía un gran parecido con el Partenón de Atenas, debido a las muchas columnas que tenía a la entrada. Dentro había una pequeña recepción con una mesa y más adelante una gran puerta de cristal; José y Cris la atravesaron siguiendo a las dos chicas. Una vez dentro pudieron contemplar con asombro lo grandioso que era el edificio; apenas tenía cristaleras que dejasen entrar la luz del sol, pero los focos cubrían esa deficiencia de luz solar a la perfección, dejando a la vista una gran hilera de estanterías llenas de libros.
-Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudaros? -preguntó la bibliotecaria, una mujer mayor con grandes gafas que ocultaban su rostro-. Nora, ¿ya te leíste los libros que te llevaste?
-No, todavía no. He venido para hacer un trabajo -contestó la morena, mientras la mujer se colocaba bien las gafas y examinaba a los presentes concienzudamente.
-¡Oh! Pues dime, ¿qué libros necesitas? -La mujer miró hacia la pantalla del ordenador que tenía delante esperando que Nora hablase.
-Necesitamos libros sobre la historia de Inglaterra y si puede ser una historia resumida, mejor -pidió Sonia; la mujer comenzó a teclear con lentitud y, tras un par de minutos, tendió un papel a Sonia.
-Para mí, Francia -solicitó Nora con amabilidad, recogiendo al cabo de unos minutos un papel igual al de Sonia-. Gracias.
Sonia se giró hacia Cris y le enseñó el papel, en él venían escritos los nombres de los libros que debían coger. Nora le hizo una señal y comenzaron a atravesar los pasillos hasta llegar a la zona donde se encontraban las mesas; depositó su mochila sobre una de las sillas, al igual que el resto que dejó sus cosas sobre la mesa. Miró hacia Nora esperando que ella le dijera algo, pero no dijo nada; así que se acercó a ella y le quitó el papel donde estaban los nombres de los libros.
-Nosotros nos vamos a buscar nuestros libros, no os matéis mientras no estamos -bromeó Cris mientras se marchaba con Sonia. José rodó los ojos y caminó en dirección contraria.
-Por ahí no es. -José se detuvo en seco y se giró hacia Nora, ella se acercó y le quitó el papel de las manos para luego caminar en dirección opuesta a donde él estaba yendo.
La siguió en silencio hasta que se detuvo de repente y comenzó a mirar hacia la estantería, luego empezó a mirar a los lados hasta que detuvo la mirada en una pequeña escalera de madera. Caminó hacia la escalera, la cogió y colocó donde se había parado en primer lugar, se subió y comenzó a coger libros que luego le entregaba.
-Creo que con estos tenemos suficientes -dijo mostrando los cuatro libros que cargaba, de los cuales ninguno tenía menos de mil páginas. Pero Nora ignoró su comentario y comenzó a estirarse para coger uno más-. ¡Ey!
Nora lo miró enfadada mientras luchaba por sacar el libro. José protestó dándole un golpe sin querer a la escalera, provocando que esta comenzase a tambalearse y haciendo que Nora perdiese el equilibrio, por lo que ella tuvo que sujetarse a la estantería para no caer; sin embargo, se escurrió y se precipitó al suelo. José por impulso soltó los libros que tenía en las manos y la cogió en brazos, ella abrió los ojos sorprendida y dando un grito se soltó de él empujándolo contra la escalera.
La escalera a su vez golpeó la estantería con fuerza, por lo que los libros que estaban en ella comenzaron a caer sobre Nora; ella se agachó y se tapó la cabeza, pero ninguno la golpeó ya que José la protegió colocándose sobre ella. Una vez que la lluvia de libros finalizó, ambos abrieron los ojos encontrándose con el otro a escasos centímetros.
-¿Estás bien? -murmuró, ella lo fulminó con la mirada y le dio un empujón haciéndolo caer de culo en el suelo-. ¿Pero qué pasa contigo? Te he salvado dos veces, como mínimo deberías darme las gracias.
-Gracias por qué, si tú no hubieras golpeado la escalera no hubiera perdido el equilibrio, ¿es que estabas intentando matarme? -preguntó Nora agachándose y poniéndose a recoger los libros que estaban por el suelo.
-Fue un accidente. -José se agachó y comenzó a recoger los libros, mientras veía como Nora colocaba los que había cogido en un carrito al final del pasillo-. Simplemente di gracias.
-No pienso agradecerte por algo que fue tu culpa, ni quería ni necesitaba tu ayuda. -Nora recogió los cuatro libros que necesitaba para hacer el trabajo y emprendió el camino hacia donde estaban las mesas.
No la entendía, de verdad que no.
Se tocó la cabeza y notó que le estaba empezando a salir un chichón por suerte era en una zona que su cabello ocultaba a la perfección. Respiró profundamente, tenía que haber dejado que los libros la golpearan..
-Escuché un ruido, ¿estás bien? -La bibliotecaria apareció delante de él.
-Estoy bien, gracias. -José se puso en pie y se sacudió las piernas, luego miró hacia los libros que aún estaban en el suelo-. Lamento lo de los libros.
-No te preocupes, ve a hacer tu trabajo yo me ocupo de esto. -La mujer se fue caminando hacia el carrito, José asintió y se fue.
Cuando llegó a las mesas encontró a Cris y a Sonia entretenidos leyendo un libro; de vez en cuando, su amigo apuntaba en un folio aparte las cosas importantes y los números de las páginas. Se sentó al lado de Nora y sacó un par de folios de su mochila, se acercó a ella para intentar leer el libro que sostenía en sus manos; pero ella lo cerró de golpe y se lo estampó en el estómago, le lanzó una mirada asesina y cogió otro de los libros. La miró estupefacto, ¿qué demonios le pasaba a esa mujer con él?
-Si tan mal te caigo, ¿por qué no le pediste a la profesora que te asignara otro compañero? -preguntó dejando el libro abierto sobre la mesa. Nora se giró hacia él, sus ojos brillaban de ira, aunque estaba empezando a acostumbrarse a eso.
-Porque si le digo que no quiero hacer el trabajo contigo, no solo me obligará a hacer este, sino todos los demás que mande durante el curso -explicó ella volviendo a concentrarse en su libro.
-Y eso sería una gran tortura para ti -murmuró con sarcasmo, ella asintió-. ¿Pero se puede saber qué te he hecho?
-No es mi problema que no lo recuerdes -susurró ella con un notable enfado en su voz, luego miró al folio que José había sacado-. Apunta ahí las fechas importantes y los sucesos que tuvieron lugar.
No contestó, simplemente gruñó molesto.
No soportaba que le dieran órdenes y mucho menos le gustaba que esas órdenes proviniesen de ella, pero cuanto antes acabase con ese trabajo mejor para ambos. Se puso a leer el libro intentando no bostezar, pero le resultó algo imposible; demasiada información y toda muy aburrida. ¿A quién le importaba cuántos reyes había tenido Francia? Porque a él no le podía importar menos, sin embargo, escribió lo que creyó importante.
Se estiró hacia atrás, se colocó las manos detrás de la cabeza y se puso a mirar a su alrededor; Sonia y Cris comentaban en voz baja como distribuirse el trabajo, su amigo había guardado sus cosas en su mochila, al igual que la pelirroja. Extrañado, sacó el móvil para mirar la hora y se sorprendió al ver que ya eran casi las ocho de la noche.
-¿Nos vamos? -preguntó Cris acercándose a él, José asintió y comenzó a recoger sus pertenencias en silencio.
Cinco minutos más tarde, los cuatro estaban saliendo de la biblioteca. Sonia y Cris estaban delante de ellos hablando sobre el trabajo, por lo que José comenzó a toser fuerte para llamar la atención de Nora que estaba, como siempre, leyendo un libro.
-Dame el folio en el que escribiste todos los datos importantes -dijo Nora sin levantar la mirada del libro, José asintió y le entregó varios folios que ella guardó en su carpeta con cuidado.
Ambos se quedaron en silencio esperando a que Sonia y Cris terminaran de hablar; José se movió incómodo y se rascó la nuca con nerviosismo.
-¿Dónde vives? -preguntó para romper el silencio.
-Lejos. -José frunció el ceño ante su fría contestación y colocó la mano sobre el libro apartándolo de Nora, para que ella lo mirase.
-No eres nada simpática -dijo cuando captó su atención. Nora bufó molesta y apartó el libro de él, no sin antes intentar golpearlo: por suerte tuvo buenos reflejos, por lo que sonrió orgulloso-. ¿Quieres que te acompañe a casa?
Se maldijo a sí mismo nada más decir esas palabras, pero claro, ahí estaba otra vez la maldita caballerosidad que tan hondo había calado en su ser. Definitivamente, a partir de ese momento, pasaba de su padre y de sus enseñanzas. Nora parpadeó un par de veces sorprendida por su ofrecimiento.
-Preferiría que me acompañase Jack el Destripador antes que tú -contestó ella caminando hacia Sonia que había terminado de hablar con Cris.
Chasqueó la lengua irritado, no tenía por qué ser tan jodidamente sincera.
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Por primera vez, y sin que sirviese de precedente, llegaba temprano al instituto. Pero a ver quién se quedaba en casa después de escuchar ruidos sospechosos en la habitación de sus padres.
Sacó el móvil y le mandó un mensaje a Evan diciéndole que le esperaba en clase. No sabía nada de su amigo desde el viernes, esperaba que la chica gótica no lo hubiera sacrificado para algún ritual satánico.
Atravesó los muros de Góngora sorprendiéndose al no encontrar a los tenistas, pero claro, era demasiado temprano como para que estuviesen allí. De hecho, el instituto estaba medio vacío. Tranquilidad, dulce tranquilidad.
-Buenos días -lo saludó Cris.
Tras Cris iban Bel y Helena. Al parecer esos tres vivían cerca los unos de los otros, por lo que venían y se iban siempre juntos. Las dos chicas dejaron sus cosas en sus respectivos pupitres y volvieron a donde él y Cris estaban.
-¿Cómo es que hoy has llegado tan temprano? -preguntó Bel con curiosidad.
-No quisieras saberlo -respondió con sequedad apoyando la cara en la mano, lo que no desanimó a la chica.
-Sabes, estuve todo el fin de semana buscando información de Suecia, al final resulta que sí que les han pasado cosas; pero aun así no sé si nos dará para rellenar los diez folios -contó Bel animada; José la miró, en cierto modo envidiaba la energía que esa chica tenía a esas horas de la mañana-. Buenos días, Iván.
De inmediato, Bel salió corriendo hacia la persona que acababa de saludar; si no recordaba mal, esa era su pareja en el trabajo de Historia, seguro tendrían que discutir algo del dichoso encargo. De mal humor se giró hacia Cris, su amigo estaba sentado sobre su pupitre mientras hablaba con Helena.
Disimuladamente miró de arriba abajo a la joven. Hoy, como casi todos los días, traía puesta una minifalda vaquera que permitía ver a la perfección sus largas piernas que acababan en unas bailarinas beige; en la parte superior llevaba puesto una camiseta de manga corta sobre la que llevaba una rebeca también beige. Helena era la única chica que no gritaba, era femenina y dulce.
Bueno, Bel también era bastante agradable, aunque demasiado habladora.
-¿Qué has hecho el fin de semana? -le preguntó Cris para intentar meterlo en la conversación que estaba teniendo con Helena.
-No mucho.
-¡¿Pero qué clases de amigos sois vosotros?! -El grito de Sonia retumbó por todo el edificio; Helena suspiró, mientras que Cris comenzó a reírse. La pelirroja apareció segundos después por la puerta con cara de asesinar al que se le atravesase por el camino-. Malas personas, en cuanto tenga oportunidad os mataré lenta y dolorosamente, ¿¡me oís!?
-¿Qué ha pasado? -preguntó Bel, Sonia se giró hacia ellos y los asesinó con la mirada; José sintió ganas de estrangular a Bel, si Sonia estaba enfadada era mejor dejarla así y no molestarla-. Tienes la frente roja, ¿te has dado algún golpe?
El rostro de Sonia se ensombreció aún más.
José miró de reojo a Cris, al parecer él no era el único que estaba acojonado vivo. Sonia los examinó uno a uno, al final la pelirroja se sentó sin decir ni una palabra. Sin embargo, no apartó la mirada de la puerta de entrada, por lo que ellos, con mucha curiosidad, se giraron hacia la puerta también.
Minutos después Nora asomó la cabeza con cuidado y Sonia lanzó el cartapacio hacia allí, por lo que la morena escondió con rapidez la cabeza. A continuación, entró un chico que no había visto nunca. Era rubio, aunque llevaba un peinado digno de cualquier personaje de videojuego y vestía completamente de negro, a excepción por las letras rojas de su camiseta en las que se podía leer Metallica. Según pudo ver, era de complexión delgada y parecía igual de alto que él. Pero sin lugar a dudas, lo que más le sorprendió, fue ver a Nora detrás de ese chico empujándolo para que caminase.
-¡Matt! -gritó Bel con emoción-. ¡Cuánto tiempo! ¿Dónde te metes en los recreos?
-Por ahí, ya sabes -comentó el chico despreocupado, Nora asomó la cabeza desde detrás de su espalda. José miró hacia Matt, esa voz le resultaba conocida.
-En los ordenadores jugando al WoW* con Dan -contó Nora, haciendo que el rubio la mirase mal; ella le enseñó la lengua. Sonia les lanzó el estuche y Matt lo atrapó con facilidad en sus manos, luego se lo paso a Nora.
WoW*: abreviatura de World of Warcraft, un videojuego de rol masivo en línea.
-Vosotros sois los nuevos. -Matt miró a José y Cris, este último asintió y le tendió la mano.
-Cris. Y él es José -presentó su amigo.
Matt estrechó la mano a Cris y luego volteó hacía José. Ambos se observaron mutuamente, José se fijó en sus ojos azul claro. Rubio, de piel clara y ojos azules, era claro que tenía que ser inglés. El rubio lo observó con expresión divertida, aunque luego su rostro se tornó serio.
-¡¿Sabéis qué hay cuatro de los tenistas tirados en el suelo inconscientes?! Alguien les ha dado una paliza increíble, la policía le está tomando declaración a los demás -contó Evan con emoción al entrar a la clase. Nada más vasto hacer el comentario para que todos sus compañeros salieran corriendo escaleras abajo; él y Matt dejaron de observarse.
José vio como Evan colocaba sus cosas sobre la mesa, ni él ni Cris se habían movido del sitio. Bel y Helena miraban hacia Sonia, que a su vez se hacía la interesante mirando hacia la ventana. Nora y Matt por su parte se lanzaban miradas cómplices, hasta que Matt no pudo evitar empezar a reírse.
-Por favor, dime que no los has noqueado tú -preguntó Helena a Sonia, la pelirroja se volteó hacia ellos con los ojos brillando.
-¡La culpa es de esos dos desconsiderados! -gritó señalando hacia Nora y Matt. La primera suspiró consternada.
-Ya te dijimos que lo sentimos -dijo Nora.
-¿Pero qué es lo que ha pasado? -susurró Bel a Matt. Los presentes notaron como a Sonia se le iba hinchando cada vez más la vena de la frente.
-Se estaban lanzando canicas envueltas en papel de aluminio, conseguí atrapar las que iban directas hacia Nora y hacia mí, pero como Sonia estaba gritándole a Dan no se enteró hasta que le golpearon con una canica en la frente -explicó Matt.
-Después de eso, bueno, os podéis hacer una idea. Sangre, golpes, insultos y llantos -continuó Nora, mientras José, Evan y Cris miraban hacia Sonia horrorizados.
-Y ahora nos echa la culpa a nosotros de no haberla avisado a tiempo para esquivar las canicas -finalizó Matt cruzándose de brazos-. Si nos perdonas te compro dos helados.
En la mente de José sonó un click, ya sabía de qué conocía esa voz. Ese chico fue el que el viernes empujó a Nora dentro de la clase, ¿cómo fue tan idiota de no darse cuenta antes de eso?
-Eso de los helados solo funciona con Nora -protestó Sonia claramente ofendida-. No creas que vas a comprar mi perdón con tanta facilidad.
Sus compañeros de clase empezaron a entrar casi tan rápido como habían salido colocándose en sus sitios. Helena y Bel hicieron lo mismo, no sin antes despedirse de Matt; y con cuidado de no molestar a Sonia, tomaron asiento.
-Ya se le pasará -murmuró Matt a Nora, ella asintió y caminó hacia su sitio.
El profesor entró en clase y todos se callaron, no obstante, al cabo de unos minutos, Evan le pasó una nota. José giró la cabeza disimuladamente y la leyó.
«Tienes que ir a hablar con ese chico, Matt».
«¿Por qué?», escribió él y se la devolvió. Vio de reojo como Evan escribía, al cabo de un rato le devolvió el papel.
«Bel me ha contado que él es el mejor amigo de Nora. Si hay alguien que podría saber lo que tiene ella en contra tuya, ese debe ser él. Su clase es la 2-E».
José arrugó el papel y lo guardó en su bolsillo. ¿Debería ir a hablar con ese chico? Inevitablemente acabó mirando a Nora; por alguna extraña razón quería saber por qué lo odiaba, y si ese chico podía darle la respuesta...