Prólogo.
Narra Noah Ferguson
Hoy es un día más en la oficina, el juicio del caso Mendoza ha terminado, ya fueron presentadas todas las evidencias y mañana es el día de los argumentos finales.
El equipo y yo estamos preparados para presentar todo el resumen de las evidencias y los alegatos presentados ante el gran jurado, lo tenemos prácticamente ganado, dejando a un idiota infiel más, sin nada en el bolsillo. Pero el hecho de que Natalie, mi asistente personal, se haya enfermado, justamente un día antes de ese día tan importante, me descoloca por completo.
Este caso es muy seguido por las noticias, ya que ambos son miembros públicos en la ciudad. Así que nada puede salir mal.
Le pedí a la asistente de piso que buscara entre los postulantes a las becas, alguna persona que sea capaz de aguantar mi ritmo de vida durante la jornada laboral, y es que ser el director y dueño de un gran porcentaje de este bufete de abogados, no está nada fácil. Ya que nos hemos ganado a pulso el buen nombre que tenemos, por eso, el nivel de exigencias para los empleados es alto.
La mañana pasa, y me reúno con el equipo de trabajo, distintos abogados del bufete que me han brindado apoyo y con la señora Mendoza, quien esperemos desde mañana pueda librarse de su apellido de casada, saliendo victoriosa de este divorcio tan catastrófico.
Estamos en la sala de juntas leyendo y practicando lo que Irina, mi segunda a mando, y yo, diremos ante el gran jurado y la jueza Craig, quien es todo un verdugo en ocasiones.
Repasamos una y otra vez y debo buscar las notas que Natalie siempre toma por mí, para tener todos los detalles importantes en cuenta.
Practicamos una y otra vez, hasta que todo queda perfecto.
Escucho por tercera vez a Irina y quedo, como siempre, fascinado con su oratoria y la forma tan extraordinaria que tiene para sensibilizar al jurado a nuestro favor.
Para nuestros padres, ella sería la mujer perfecta para mí y yo el hombre perfecto para ella, pero simplemente, nada se dió y ahora la veo como una de mis mejores amigas.
Terminamos tarde la reunión, pero al fin creo que estamos preparados del todo. La pobre asistente de piso toca mi puerta y creo que el hecho de haberle encargado conseguirme a una nueva becaria como asistente, la ha traído loca todo el día.
-Señor Ferguson, la encontré -anuncia con una sonrisa-, me costó, pero aquí está el curriculum, y sorprendentemente ya viene en camino.
Veo el reloj y me doy cuenta que voy tarde para una reunión, es algo extraoficial. Mis padres están de aniversario y debo asistir a una cena.
-Fabiana, ¿Podrías hacerle una pequeña inducción y pedirle que me espere mañana en el juzgado con los documentos que están... -comienzo a revolver el desastre que tengo en mi escritorio, hasta conseguirlos, es sorprendente el desastre que puedo hacer sin Natalie en un día, los tomo y se los tiendo a Fabiana-, aquí están, que los lea, los repase, estudie y no vemos en el juzgado a las ocho en punto.
Ella asiente captando todas mis instrucciones y yo salgo del despacho hacia los ascensores encontrándome a Irina a medio camino.
-Supongo que vamos apurados al mismo evento-sonríe mientras que yo frunzo el ceño, enterándome por ella que esto será más grande de lo que pensaba-. ¿Por qué esa cara?
-Es sólo que pensé que sería algo pequeño -confieso.
Ella suelta una pequeña carcajada.
-¿Algo pequeño? ¿siendo el aniversario número cincuenta de tus padres? No lo creo Noah -se sigue riendo.
Ambos bajamos en el ascensor y llegamos hasta el estacionamiento, nos despedimos prometiendo vernos más tarde.
Voy hasta mi auto y conduzco fuera del edificio, por las calles de la ciudad hasta mi penthouse, yo podría vivir en la gran casa de mis padres aún y no estar tan solo como lo estoy ahora, pero aprecio demasiado mi privacidad como para querer eso.
Llego a mi casa y me apresuro a arreglarme porque tengo pocos minutos para llegar al restaurante donde se celebrara la supuesta cena familiar.
Me visto adecuadamente para la ocasión, en un traje sencillo color gris claro, me doy un último vistazo al espejo y salgo a la dichosa cena, que es una celebración en pleno.
Milagrosamente, después de un pequeño embotellamiento, logro llegar al restaurante a tiempo y entro al lugar, no tengo necesidad de decir mi nombre para que me ubiquen, porque me doy cuenta, que todos los presentes, son conocidos por mí, cosa que quiere decir, que mis padres rentaron todo el restaurante, y que me engañaron otra vez para que asistiera a uno de sus eventos.
Los veo de lejos sonreir y me siento tranquilo, si ellos son felices, yo también.
Camino hacia ellos y mi madre me recibe de brazos abiertos.
-Mi pequeño bebé ha llegado -me aprieta para acercarme más a ella y por más que quiera decirle algo, sé que no servirá de nada.
-Ya llegó él favorito -escucho la voz de mi hermana menor hablar con fastidio.
Mi madre separa un brazo y la toma ella para unirla al abrazo.
-Dejen las tonterías que los amo a los dos.
Nos deja un beso en la frente a cada uno, y sonrío porque tengo a mi hermanita pequeña frente a mí, no puedo creer que tenía casi un año sin verla.
-Hola pitufina -la saludo con el apodo que le digo desde que era pequeña, que sé que tanto le molesta y ella gira los ojos, lanzándose sobre mí.
-Te extrañé Pandita -me molesta con el apodo pero en este momento no me importa.
Estoy tan orgulloso de esta chica tan obstinada, estuvo estudiando en el exterior pero cuando mamá se enfermó, decidió venir a terminar su carrera en derecho aquí, en Estados Unidos. Hace unos meses que llegó, pero gracias a nuestros horarios caóticos, no habíamos podido coincidir.
La noche avanza, entre brindis, risas y halagos a nuestros padres.
Me piden dar un discurso y si es por ellos no puedo negarme. Subo a una pequeña tarima y tomo el micrófono.
-Buenas noches a todos, estoy muy agradecido con cada uno de ustedes, por haber asistido -sonrío nervioso-, le agradezco a la vida, por haberme hecho hijo de ustedes -los miro directamente-, porque a pesar de que me dieron una hermana molesta, que no pedí -observo a Marie sacarme el dedo del medio sin ningún pudor-, ustedes dos son mi ejemplo de amor verdadero -veo como mi padre abraza a mi madre, mientras unas lágrimas se escapan de sus ojos-, sino tengo una historia como la de ustedes, entonces no deseo enamorarme, porque para mí el amor es intenso, apasionado y nunca se rinde.
Levanto mi copa para hacer el brindis y todos lo hacen, todo está en silencio y se oye como se abre la puerta del restaurante, mis ojos recorren la silueta de la mujer que viene vestida con un vestido negro ceñido al cuerpo, entra con paso seguro, mientras su cabello largo y rojizo va de un lado a otro, mi vista se pasea por su rostro y de lejos puedo apreciar unos carnosos y exquisitos labios pero quedo hipntizado cuando el azul de su mirada, queda prendado de mi vista.
Nunca pensé que viviría algo así, pero mientras nos miramos, es como si no existiera nadie más.
-¡Nahia! -el grito de mi hermana nos hace romper el momento y ella desvía la mirada, sonriendo y caminando hacia donde ella se encuentra.
Yo me aclaro la garganta, tratando de concentrarme en el final del discurso que ni siquiera recuerdo, gracias a una pelirroja desconocida.
-Salud, por ustedes, y que cumplan cincuenta años más juntos -todos alzan sus copas y toman y yo me bajo de la tarima, tratando de buscar esa melena roja y esos ojos azules que me idiotizaron.
«Nahia» así la llamó Marie.
Llego hasta donde están mis padres, que me agradecen el discurso con un abrazo y les pregunto por mi hermana.
Estos me dicen que ella se acaba de ir con una amiga y el impulso de salir del lugar para alcanzarlas, me gana. Me disculpo y camino con paso apresurado hacia la salida.
La noche está helada, volteo a ambos lados para ver si las encuentro y no hay rastro de ninguna de las dos. Nunca en mi vida, había sentido esa conexión con ninguna persona, tengo metido entre ceja y ceja su mirada y me devuelvo un tanto cabizbajo a la reunión.
Intento llamar a mi hermana, pero esta no responde, y me quedo tranquilo sabiendo, que si es una de sus amigas, lo más seguro es que volveré a verla tarde o temprano.
La ansiedad me gana y teniendo un día tan importante mañana, decido despedirme temprano de mis padres y decirle adiós a la fiesta.
Vuelvo a mi casa y me doy un baño, me acuesto en la cama listo para dormir y apenas mis párpados se cierran, mi mente evoca su mirada.
«Calma Noah, es solo una chica» trato de recordarme a mí mismo, pero ¿A quién quiero engañar? Esa chica me removió todo por dentro.
Me obligo a dormir porque no puedo darme el lujo de estar con sueño el día de mañana, o llegar con cara de trasnocho, cuando las cámaras, estarán sobre nosotros.
(...)
Mi alarma suena por tercera vez y la apago dándome cuenta que es algo tarde, corro hasta la ducha y me arreglo en menos de diez minutos, tomo solo fruta para el camino y bajo hasta el estacionamiento para ir rumbo al juzgado.
Mi teléfono suena y no reconozco el número, lo pongo en altavoz y respondo mientras le doy un mordisco a la manzana.
-Buenos días, soy Noah Ferguson, ¿con quién tengo el gusto? -siempre trato de ser amable, aunque odio que gente desconocida llame a mi número personal.
-Buenos días señor Ferguson, soy la señorita Anderson, la nueva becaria y quién lo asistirá en día de hoy en el juicio -habla una voz dulce pero que suena firme a la vez-, ya estamos todos en el juzgado listos y traje las notas que pidó.
-Un gusto saludarla señorita Anderson, muchas gracias por todo, pero no era necesario la llamada, ya estoy a dos calles, cuando llegue, revisaré las notas por mi mismo.
Nos despedimos ya cuando estoy entrando al estacionamiento y me ubico en un puesto cercano a la salida.
Tomo mi maletín y me coloco mis lentes de sol, caminano entre la pequeña multitud, subiendo las escaleras para entrar hasta la máxima sala de justicia de la ciudad.
A lo lejos, veo a mi equipo, todas caras conocidas, Irina, como siempre, dándole unas instrucciones de todo lo que deben estar al pendiente de la contraparte. Trato de ponerle rostro a la voz que me llamó hace unos minutos y sorprendentemente no encuentro a mí asistente personal entre la pequeña multitud, ya que debería ser una desconocida y los que están allí, los reconozco fácilmente.
Resoplo frustrado. «Comenzamos con mal pie señorita Anderson».
-Señor Ferguson, aquí estoy para lo que necesite -la escucho llegar y volteo.
«No. Puede. Ser» mi cerebro separa y enfatiza las palabras porque no puedo creer lo que veo.
Ante mí, tengo a la única mujer que logró hacer que me quedara sin palabras, la dueña de esa mirada que me dejó idiotizado anoche y en mi cerebro se arma un rompecabezas con su nombre y apellido.
«Nahia Anderson» lindo nombre.
Voy a saludarla pero no puedo, ya que nuestra representada hace aparición, llamando la atención de todos los presentes.
Las puertas de la sala se abren y somos llamados. Todos avanzamos y yo trato de disimular la frustración que siento por no haberle dicho una palabra siquiera.
Cada uno toma su lugar y nos ponemos de pie para recibir a la juez y el jurado. La máxima autoridad en la sala comienza dando unas instrucciones y la primera en pasar a dar los argumentos es Irina. Esa fue nuestra estrategia, tocar el lado sensible del jurado primero, hablando de lo buena madre y esposa que es nuestra cliente, alegando que el testimonio de su ex esposo, lo corroboró, ya que nunca tuvo queja de ella ni como esposa ni cómo madre.
Es turno de los abogados de la contraparte y dicen solo idioteces, tantas que me puedo permitir voltear a ver a la chica que está detrás de mí. Esta mordisqueando la punta de un bolígrafo y las ganas que me vienen de tomar su labio y pedirle que deje de hacer eso, me enloquecen.
Es el turno de hacer mi jugada y me paseo de un lado a otro mientras ella, me brinda apoyo y se pone de pie para mostrar ciertas evidencias, porque yo no vine a jugar ni perder, yo vine con la artillería pesada. Mi vista se desvía por un momento hacia su perfecto trasero, forrado por un pantalón blanco que lo hace resaltar más.
«¡Demonios Noah! Cálmate» me regaño a mí mismo.
Hablo de las pruebas del maltrato doméstico las múltiples infidelidades, daños físicos, emocionales y psicológicos, no sólo a ella, sino a los niños que ambos comparten y mi mente vuelve a quedar en blanco cuando la veo sentada, una vez más, con el bolígrafo de nuevo en su boca mientras muévela pierna desesperadamente.
«Dios mío quisiera probar esos labios».
Sacudo mi cabeza para dar mis alegatos finales y vuelvo a mi puesto.
El abogado del señor Mendoza habla, quiero prestar atención pero siento que mueven mi silla en un vaivén desesperante. Trato de calmarme pero este movimiento es demasiado molesto.
Giro mi cuello y veo como ella yergue la espada.
-¿Podrías comportarte? Sácate eso de la boca -le pido porque ese gesto me descoloca por completo, me parece tan sensual, que si ella no se lo saca en este momento, soy capaz de robarle un beso solo para probar esos labios-, y no muevas la piernas -susurro y ella asiente.
No quiero ser grosero, pero hoy me siento más tenso que cualquier otro día.
Todo termina, la juez da instrucciones al jurado para deliberar y nos dicen que nos llamaran cuando haya un veredicto.
Todos salen lentamente de la sala, ella se queda recogiendo todos los documentos. Espero porque quiero disculparme y la veo guardar las cosas sin siquiera prestarme atención, camina fuera de la sala con prisa, yo voy tras ella con disimulo. Debo presentarme y no sé, quizá invitarle un café.
-Señorita Anderson, espere -le pido y ella voltea, la mirada se le ilumina y una sonrisa toma su rostro.
No puedo creer que me mire de esa forma, después de como la traté, pero me siento a gusto por ello, la veo caminar hacia mi emocionada mientras que un hombre rubio pasa por mi lado, tropezando mi hombro y veo como llega hasta ella y se funden en un abrazo. La veo un poco incómoda por el gesto público, pero sin embargo le corresponde.
Me siento incómodo también, fui un idiota al creer que esa sonrisa era por mí, cuando yo solo soy un simple desconocido para ella. Él la toma de la mano y ambos caminan hacia donde estoy.
«Se nota que el único estúpido que sintió esa conexión fui yo»
-Señor Ferguson -ella se dirige a mí-, le quiero presentar a mi prometido, Ryan Smith.
Él me tiende la mano, y le correspondo el saludo. Se me queda viendo serio, pensando que me va a intimidar a mí. «¡Ja! Que iluso».
Lo saludo, manteniéndole la mirada y el estúpido la corrige.
-Doctor Ryan Smith - habla presumido y asiento-, ¿supongo que usted es el jefe de mi prometida? -vuelvo a asentir porque no quiero malgastar palabras en este estúpido.
«PROMETIDOS» Mi mirada se desvía a su mano y ahí esta. El anillo que mi ceguera momentánea por estar deslumbrado no me dejó ver.
Tantos años sin fijarme en una mujer y justo ahora, que me siento preparado, que conseguí a alguien para hacerlo, que siento una conexión real con alguien, de esas de las que siempre hablan las personas cuando creen que por fin conocen a la indicada y justamente me encuentro con una que está por casarse.
¡Maldita sea mi suerte!
Capítulo 1.
Mi vida casi Perfecta.
Narra Nahia Anderson.
Dos meses después...
-¿Estás lista? -me pregunta la diseñadora de mi vestido de novia, tengo los ojos cerrados y no puedo creer que me esté haciendo la prueba del vestido más importante de mi vida, justo unos días antes de la boda.
Asiento y ella se aparta de mí, dejándome seguramente frente al espejo.
«Llegó la hora de la verdad Nahia» me digo a mí misma mientras tomo una bocanada de aire para infundirme valor y abrir los ojos.
«Si no me gusta, lloraré»
Abro los ojos y me quedo mirando mi figura en el espejo fijamente.
No puede ser, no puedo creerlo.
Un nudo se forma en mi garganta y los ojos se me empañan de lágrimas. Volteo y veo a mi madre, a mi mejor amiga y se supone que mis hermanas estarían aquí, pero ninguna ha llegado.
-Me encanta -menciono mientras lágrimas de felicidad se deslizan por mi rostro.
-Te ves hermosa -se acerca mi madre y me toma de la mano y es que tiene razón, este vestido corte princesa con un velo catedral, lleno de encaje delicado, es todo lo que siempre soñé, me siento una princesa de cuento.
-¡AAAHHH! -escucho unos gritos al otro lado del salón y volteo para ver a mis locas hermanas mellizas. Mis repetidas, como les digo yo.
Vienen corriendo, hacia donde estamos nosotras y Alessia apenas llega me da un abrazo.
-No puedo creer que mi hermanita se vaya a casa -se separa de mi y se limpia las lágrimas y le da espacio a Alexandra para que venga a abrazarme.
Ellas son mis hermanas mayores, mi bendición y mi maldición algunas veces, mi ejemplo a seguir pero las que me torturaban hace muchos años. Mujeres exitosas e independientes que creen que yo estoy completamente loca por enamorarme y casarme, ya que estaré atada a un hombre de por vida.
-Pensé que no llegarían -las regaño porque a pesar de ser las mayores, en ocasiones se pasan de despreocupadas.
-Ya estamos aquí, así que relájate -habla Alexa.
-¿Dónde estaban si se puede saber? -ambas se miran entre sí, con una mirada cómplice y sé que sea lo que sea que estuviesen haciendo, a mamá no va agradarle.
-Bueno, bueno, aprovechemos que se dignaron de hacer Aparición y vamos a probar sus vestidos de damas de honor -las dependientas de la tienda nos traen unas copas de champagne, y hacemos un brindis antes de que ellas vayan a cambiarse.
Marie, mi mejor amiga y hermana menor de mi jefe, es otra de mis damas de honor. Mi madre me ha estado molestando toda la semana, preguntándome si ya le entregué la invitación al Señor Ferguson,
Lo he evitado, a decir verdad, y su hermana, sabe el porqué. A pesar de que él única me ha faltado el respeto en estos dos meses de trabajo, bueno, en realidad lo he visto en pocas ocasiones, ya que solo fui su asistente por un día y me delegaron a otro departamento. Pero cuando aparece, su presencia impone.
Noah Ferguson, es un hombre de trato amable, pero en el ámbito laboral, es un lobo hambriento, pocas veces se ha cruzado en mi camino, pero cuando lo hace, debo admitir que me siento intimidada. Cuando estamos juntos en el mismo lugar, no me quita la mirada de encima, sé que vigila mi trabajo, es el jefe, pero detesto sentirme de esta forma.
Por eso me niego a invitarlo, no quiero sentirme ridículamente apenada o incómoda, el día de mi boda, solo por ese hombre.
Terminamos de arreglarnos, nos tomamos fotos y nos cambiamos, yo debo asistir de nuevo al bufete y tengo entendido que Marie irá conmigo. Salimos las cinco entre risas y me detengo en seo al ver un gran oso de peluche a las afueras del local.
Detrás de él, aparece el hombre mas maravilloso del mundo, con un ramo de rosas rojas, y una sonrisa que hace que mi corazón lata desenfrenado.
Si hay algo que agradezco al cielo y a la vida, es lo afortunada que soy, mi familia es la mejor que me ha podido tocar, con sus virtudes y defectos pero hay algo que siempre nos caracteriza, somos muy unidos.
La mejor amiga del mundo, que mas que una amiga, es una hermana del alma, que la vida me regaló.
Ryan camina hacia mí y me abraza, en medio de la acera, sin importar las personas que pasan a nuestro alrededor, me planta un beso que hace que el tiempo se detenga a mí alrededor y más nada me importe.
Es como si solo existiéramos él y yo en este momento.
-¡Puaj! Que asco me dan -se acerca Alexa y ambos nos reimos, porque mis hermanas siempre nos molestan.
-Deja la envidia -la fastidia mi chico y ella gira los ojos.
-Estás loco si crees que envidio la locura que hará mi hermana -suelta una carcajada y se aleja a su auto.
-¿Qué haces aquí? -pregunto confundida.
-¿No te gustó mi sorpresa? -pregunta apenado.
Hace carita de cachorro triste y es inevitable para mí hacer pucheros. «A veces nos pasamos de infantiles, pero me encanta»
-Claro que me encantó mi amor -le doy otro beso-, es que me sorprendiste por completo -sonrío.
-Esa era la idea preciosa -coloca sus manos en mis mejillas-, te extrañaba demasiado Nahia, entre mis guardias en el hospital, tus largas horas de trabajo y los preparativos de la boda, prácticamente no podemos vernos. ¿Te parece si cenamos esta noche? -me fascina cuando es así de espontáneo.
-Por supuesto que sí, pero por ahora, debo estar en una reunión, acerca de un litigio -pone cara de confundido, la misma que pongo yo cuando me habla de su trabajo y yo sonrío una vez más-, cosas de trabajo cariño.
-Vale, pero paso por ti a las siete.
-¡Apúrate Nahia! -escucho la voz de Marie y la ubico frente a mi auto.
«¡Demonios! Había olvidado que hoy soy su chofer»
-Perfecto cariño, nos vemos a las siete -le doy un beso de despedida y tomo al oso, que no sé cómo lo meteré en el auto y las rosas.
-¡Hey! -me llama cuando ya me he alejado un poco -¿Ya te dije que te amo?
Niego, porque no lo ha hecho.
-¡Te Amo Nahia Anderson! -grita y los transeúntes voltean a mirarnos.
Me despido lanzándole un beso y desactivo los seguros del auto para que Marie pueda entrar.
-¿No podías tardarte mas? -comenta sarcásticamente.
-No me voy a disculpar por estar enamorada.
Le pido que me ayude a subir al peluche a la parte trasera, y pongo el coche en marcha, para ir a mi sitio de trabajo. Se podría decir que ser la mejor amiga de la hermana del jefe, me brindaría algún tipo de ventaja. Y estoy segura que la tendría, si tan solo tuviera trato alguno con el señor Ferguson, pero por suerte, para mí, el área donde yo estoy, él nunca la visita.
Llegamos al edificio y Marie se va directamente a buscar a su hermano, ella no necesita hacer pasantías aquí, ya que es obvio que tiene el puesto más que asegurado apenas se gradúe.
Voy hasta mi cubículo y abro la gaveta en busca de mis notas, necesito demostrar que estoy a la altura de los abogados que aquí trabajan, que me podrá faltar la experiencia, pero no la sabiduría.
Casi todos nos vamos a la sala de reuniones, y antes de comenzar, noto que todos están más tensos de lo normal, pero le resto importancia a que estoy hablando con Layla, una de mis compañeras becarias.
-Falta tan poco para tu boda, estoy tan feliz por ti amiga -dice mas alto de lo que debería y justo cuando todos se quedan callados.
«Que no sea lo que estoy pensando Dios mío, por favor» ruego en vano porque mi sexto sentido me dice que él está allí.
-¡Enhorabuena señorita Anderson! No sabia que su boda era en una fecha tan cercana, mis mas sinceras felicitaciones -me da una sonrisa un tanto forzada y se dirige a su asiento, en la cabecera, mientras el jefe del área comercial, comienza a hablar de los casos activos y los juicios que se aproximan esta semana.
En silencio tomo notas, la Nahia que pensaba hablar y brindar su opinión se ha escondido ajo la mirada atenta del jefe de los jefes de este lugar.
«¡Qué vergüenza, seguro piensa que no lo quise invitar! Aunque en realidad no quise hacerlo, ni quiero, pero es mi jefe, hermano de mi amiga y se supone que él no debe afectarme», pienso para mí.
La reunión avanza y yo me mantengo con la mirada hacia abajo, la verdad, siento el peso de su mirada desde que llegó y el alivio que invade mi cuerpo, cuando todo acaba, es indescriptible.
Me quedo sentada mientras todos se van, dando tiempo suficiente para no cruzarme con él, y salgo cuando me siento segura.
Me siento en el escritorio y abro la gaveta una vez mas, tomando su invitación entre mis manos.
«¡Vamos Nahia, él solo es tu jefe, no seas estúpida y descortés» me lo repito varias veces hasta que reúno el valor para ponerme de pie.
Mientras camino hacia el ascensor, me devano los sesos pensando en una excusa creíble, para no haberlo invitado antes, y decido irme por la excusa de confianza, que en cierto modo es verdadera. Mi mala memoria.
Las puertas del ascensor se abren y las mano comienzan a sudarme no había estado tan cerca de ese hombre desde... desde nunca en realidad, porque después de ese día en el juzgado, a la mañana siguiente, fui trasladada de departamento.
Llego hasta donde está su oficina y veo a su asistente, Natalie y me acerco con una sonrisa.
-Hola Nat. ¿Cómo estás? -Ella sonríe al verme y contesta de forma educada, yo decido ir al grano -¿crees que podría pasar cinco minutos a ver al jefe?
La veo voltear hacia la ventana de cristal de la oficina y desde aquí, puedo ver que está sumergido en unos documentos.
-No lo sé Nahia, como veras, está ocupado -me dice un poco apenada.
-Solo será un minuto -prometo.
Me hace señas para que espere y se levanta a preguntarle, él me observa desde su posición y asiente. No espero que Natalie me avise, porque pude verlo con mis propios ojos y puedo sentir, que no me ha quitado el ojo de encima.
-Buenas tardes señor Ferguson, tengo algo que comentarle -digo con voz neutra.
-Pase adelante señorita Anderson -sonríe.
-Nahia, por favor -le pido-, solo Nahia.
Asiente.
-Entonces usted dígame Noah -habla con la sonrisa aún puesta en el rostro.
-Me parece un trato justo -soy sincera.
Un silencio incómodo reina en la oficina hasta que él, se pone de pie y me ofrece una silla.
-Dígame ¿en qué puedo ayudarle? ¿Desea agua? ¿Café?
Niego.
-No señor... -me da una mirada de advertencia- Noah -recuerdo llamarlo por su nombre, aunque se siente extraño-, quiero entregarle esto -le ofrezco el sobre con la invitación- lamento entregarla hasta ahora, es que sinceramente, pensé que ya se la había dado, mil perdones -me disculpo jugando muy bien mi papel.
«Hollywood aquí te voy»
Él se queda mirando el sobre negro con dorado, su mirada se pasea del sobre a mi rostro y no sé qué pensaba que venía hacer yo hasta aquí, pero parece sorprendido.
Lo toma sin decir nada más que gracias.
-Espero verlo allí señor.
-Trataré de asistir - no me mira y se vuelve a sentar a revisar sus documentos.
No sé por qué me siento un poco decepcionada, como si esperara algo más de este encuentro-, ¿Desea algo más?-pregunta como si le molestara mi presencia.
«Si quiere me devuelve mi invitación» es lo que deseo decirle, pero soy profesional y con una sonrisa prefabricada le respondo.
-No, eso era todo Noah, que tenga feliz tarde -me doy media vuelta y camino hacia la salida con el orgullo un poco herido, pero al menos, ya comprobé que puedo sentirme tranquila cerca de este hombre.
Sin remedio.
Narra Noah Ferguson
Veo a Nahia salir de la oficina con disimulo, no quiero que ella se de cuenta de cuán afectado estoy por la noticia de que su vida es en tan solo unos días.
Apenas se va, reviso el ridículo sobre que está sobre mí escritorio. Negro, así puedo definir cómo será ese día para mí.
Desde que la vi en la cena de aniversario de mis padres, supe que ella no era como ninguna otra, que entre nosotros había existido una conexión como ninguna otra. Pero la decepción que me llevé después del juicio de aquel día, cuando la conocí como la nueva becaria, durante el juicio me enloqueció, planeaba invitarla a salir cuando de pronto me entero que está comprometida, noticia que me cayó como
Balde de agua fría.
Ahora tengo este estúpido sobre entre mis manos que me confirma que será más prohibida de lo que ya lo era para mí.
Desde ese día la asigné a otra área del bufete, una dónde no tuviese que verla a diario, hablé con mi hermana y le pregunté un poco acerca de ella, pero no demasiado para no levantar sospechas.
Pero Marie no es idiota, ella se dió cuenta a los días, cuando me preguntó porque removí a su amiga de puesto así como así, las excusas no sirvieron para ella.
Aún recuerdo esa tarde en la que me enfrentó.
*FLASHBACK*
-Dime la verdad Noah -entra molesta la pitufina, y por lo que veo es algo serio porque me llamó por mi hombre- ¿Que carajos te pasa con Nahia?
La miro confundido, porque la verdad creí que no era evidente.
-¿Te volviste loca o que? -me siento en el sofá de mi oficina-, No sé de qué hablas.
Ella suelta una risotada.
-Podras engañar a medio mundo si deseas Noah Ferguson, pero a mí no -camina hacia donde estoy y se sienta a mi lado, toma mi mano y me mira a los ojos-, Nunca te había visto así de inquieto con una mujer.
«¡Mierda! Soy más evidente de lo que imaginé».
-Está bien, lo admito -confieso-, esa mujer tiene un yo no sé qué, que me vuelve loco, desde el primer momento que la vi.
-¡Lo sabía! -exclama contenta mientras sonríe.
-¿Y eso en que te alegra? Te estoy diciendo que me gusta tu mejor amiga, mejor amiga que está comprometida y quién sabe cuándo se casará -digo molesto y me pongo de pie.
-Pues si eso es lo triste, el idiota de Ryan no me cae muy bien -se queja y luego camina hasta mi y me da un golpe de lleno en el pecho.
-¿Que te pasa? ¿Estás loca? -digo molesto.
-Si, idiota. ¿Por qué no llegaste antes a su vida? Ella hubiese sido la cuñada perfecta y ahora está a pocas semanas de...
-No lo digas... -la interrumpo-, no quiero saber el día que se casará por favor, para mí seguirá siendo igual de prohibida que el día que me enteré que estaba comprometida.
Ella asiente y promete no decirme nada y me abraza.
-Te adoro pandita.
-Y yo a ti pitufina.
*Fin del Flashback*
Escucho que tocan la puerta de la oficina y levanto la mirada y allí está ella, mi hermanita.
-Hola -menciona siendo cuidadosa-, me encontré a Nahia y me dijo que te había hecho llegar... -ve el sobre entre mis manos-, eso -lo señala.
Yo no sé ni que decir, solo me quedo callado y una sonrisa algo triste se me escapa.
-La vida es una mierda Pitu -soy sincero.
Ella camina hasta mi, se para a mi espalda y me da un abrazo, recostando su quijada en mi cabeza.
-Lo es mi panda, lo es -suspira-, pero sabes que no estás obligado a ir ¿Verdad?
-Lo sé pero debo hacerlo -digo con firmeza y me enderezo. Ella me suelta.
-¿Por qué? -pregunta más confundida de lo que ya estaba.
-Porque solo así, a mi estúpido cerebro se le quitará la idea de una posibilidad de estar con ella -digo cansado-, solo viendola vestida de blanco, caminando hacia el altar, yendo hacia los brazos de otro hombre que no soy yo, mientras está del brazo de su padre, solo eso, me convencerá de que realmente la he perdido.
Es lo único que me queda, es la única forma algo drástica. No puedo decir que estoy enamorado ni mucho menos, porque no he tenido la oportunidad de hacerlo.
Pero la mente y el corazón son caprichosos y en ocasiones, se empeñan en querer lo que no es libre, lo ajeno, lo que no es propio.
-De verdad Noah, no es necesario que vayas -ella me mira con dulzura-, habíamos acordado en qué ni siquiera querías saber la fecha y ¿ahora estás de terco diciendo que quieres ir a la boda? La verdad no te entiendo.
-Ya te dije mis razones Marie y no pienso cambiar de opinión -ella asiente y me da un abrazo de despedida.
Voy de nuevo hacia mí escritorio y abro la invitación, viendo la elegante caligrafía que envuelve el nombre de ambos. Recuerdo la corrección nada agradable que el idiota le hizo ese día.
"Doctor"
Para mí es solo un ególatra de mierda, una persona que no conoce lo que es la humildad. En cambio ella...
Tan solo verla hoy en la reunión calmó un poco mi ansiedad, pude darme cuenta que se avergonzó un poco por lo que dije, ya que no me miró en ningún momento y fue lo que más me jodió la tarde. Porque indudablemente ver ese azul incomparable le transmite calma a cualquiera.
Me río porque solo ella cree que me voy a comer el cuento de que se le olvidó entregarme la invitación, sé perfectamente que no quería hacerlo. Ahora, la cuestión es el ¿Por qué?
¿Por qué no simplemente entregar la invitación y ya si se supone que le soy indiferente?
¿Por qué tener que inventarse una excusa?
¿Por qué no tener el valor de mirarme a los ojos?
Con Nahia tengo muchas preguntas sin respuestas y esas respuestas son las que quiero. Sé que ella será una mujer casa en pocos días, pero yo no puedo vivir con la inquietud de no tener la respuesta a todas mis dudas.