La oscuridad se extendía por la habitación, densa e impenetrable, dificultándole a los investigadores su trabajo. Los suaves sollozos de una pequeña niña acababan con el silencio, cosa que ellos usaban para guiarse, sin embargo estos parecían lejanos cada cierto tiempo.
Al llegar al sitio solo supieron que una niña había quedado atascada, presa del miedo, en una habitación en completa oscuridad, y que a pesar de los intentos de los encargados del orfanato, no pudieron hallarla y llevarla de vuelta, la luz de las linternas o de velas no atravesaba la negrura de la habitación, solo alumbraba unos pocos centímetros de su entorno y parecía apagarse de vez en cuando para luego volver a encenderse, con menos intensidad.
-Todo estará bien, ¿cómo te llamas? -preguntó uno de los hombres, en un intento de distraer a la niña.
-Evelyn... -susurró ella.
-Bien, Evelyn, necesito que seas fuerte y sigas mi voz, estoy cerca, no te pasará nada -la animó el joven-, camina hacia mí. -pidió Hyle.
-No puedo, hay un hoyo en la habitación, no sé dónde está -Los hombres detuvieron su avance al escucharla, la opción más segura era calmarla.
-Eve, ¿puedo llamarte Eve?- preguntó Hyle.
-Sí...
-¿Qué pasó? ¿Por qué estás aquí?
-Estaba jugando con mis amigas aquí a las muñecas, cerca de la puerta, lejos del hoyo, pero unos niños llegaron a molestarnos. Las niñas corrieron, yo traté de hacer lo mismo, pero ellos me llevaron hacia el hoyo -sollozó-. Me dejaron al otro lado, y no pude volver a cruzar. Me desesperé y la luz empezó a desaparecer, los niños se asustaron y corrieron, me dejaron aquí... y todo se volvió negro.
Hyle negó y frunció los labios. Los niños podían ser muy crueles, no obstante, eso había despertado la habilidad de Evelyn.
-Eve, tienes que calmarte. No tengas miedo, toda esta oscuridad tiene una explicación, ¿sabes qué hay personas con poderes especiales?
-Sí -susurró.
-Hay personas que pueden manejar el agua, el sonido, la luz... tú puedes manejar la luz, tus poderes debieron manifestarse y tu miedo ha creado toda esta oscuridad, si te relajas, la luz volverá. Nosotros estamos aquí para ayudarte, intenta calmarte, ¿puedes?
-Lo intentaré.
Los hombres se quedaron de pie donde estaban. Durante varios minutos no pasó nada, no se oían sollozos pero tampoco indicios de que Evelyn estuviese apartando la oscuridad, hasta que pasó. La luz volvió tan rápido que los cegó por unos instantes, y la vieron, a la pequeña de cabellos rubios que estaba sentada en el piso al otro lado de un hoyo. Este era fácil de cruzar para un adulto, pero para una niña parecía ser el abismo más grande.
-Lo lograste, Ev, ahora iré por ti.
Hyle cruzó la habitación, pasó sobre el hoyo con cuidado, tomó a la pequeña en sus brazos y volvió a la puerta junto a su equipo. Mientras bajaban Hyle se encargó de explicarle a la pequeña cómo funcionaba su equipo y que si aceptaba ir con ellos, le enseñarían cómo manejar su poder y tendría una casa. La niña aceptó encantada, alegando que el señor Welles era malo con ellos y que quería alejarse de él, pero se entristeció al recordar a sus amigas.
-No puedo dejarlas aquí -fue lo último que dijo antes de que llegaran al primer piso, donde los directivos del orfanato y varios niños esperaban. Un grupo de tres niñas corrieron hacia Evelyn en cuanto Hyle la dejó en el piso y la abrazaron, mostrando cuan asustadas habían estado por ella.
-Gracias, en serio gracias por todo -El director se acercó a estrechar la mano de Hyle y sus compañeros-, los acompañaré a la puerta.
-Espere a que las niñas recojan sus cosas -Lo frenó y el hombre lo miró extrañado.
-¿Disculpe?
-Como escuchó, las niñas se irán con nosotros -contestó. Las miradas esperanzadas de las niñas se fijaron en él, todas sonrientes y emocionadas, y el señor Welles con una mueca confundida.
-Ustedes no...
-¿No podemos llevárnoslas? -completó otro de los hombres-. Lo lamentó, pero con nosotros estarán mejor, le daremos los cuidados necesarios, y esta pequeña -Miró a Evelyn-, tiene que entrenar su poder.
-Por favor, prepare los papeles correspondientes -le cortó Hyle antes de que el gordo hombre hablara-. Ustedes niñas, vayan por sus cosas.
Tardaron una hora más entre los parloteos del señor Welles argumentando porqué no podían llevárselas y los bufidos amenazadores de Hyle para agilizar los procesos. Una vez en la camioneta las niñas chillaban de alegría, agradecidas con esos hombres por salvarlas.
-¿A dónde llevaremos al resto, Patrick? -preguntó uno de los chicos a su superior.
-Con Madame Lyna, ella las cuidará, incluso a Evelyn cuando no tenga que entrenar.
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-Vamos, Eve, concéntrate en llevar toda la luz a un único punto -la animó Hyle y ella volvió a iniciar sus intentos. La oscuridad empezó a apoderarse de la habitación, llevando la luz hacia el centro de la habitación, Evelyn trató de mantener la luz en ese único punto pero la magnitud de su poder terminó por agotarla y acabar con su concentración-. Bien, terminamos por hoy, ve con Madame Lyna. -Hyle le sonrió y despeinó su cabello, pero no fue suficiente para calmar la frustración de la niña.
La pequeña se fue pisoteando el suelo con fuerza. Al salir al campo de entrenamiento y ver a los adultos practicar de forma maravillosa con sus poderes avivaba su desanimo. Llevaba ya seis meses en el campo de entrenamiento del Centro de Investigaciones de Cyreth y aun no lograba controlar su poder sin agotarse.
Evelyn se fijó en un niño delgado a unos metros de ella. Ladeó su cabeza, curiosa, no había muchos niños allí, lo normal era que los poderes se desarrollasen en la adolescencia, un caso como el de ella ya era bastante extraño, ¿pero dos niños? Eso era una sorpresa tan grande como un elefante. Eve dio saltitos emocionada y se acercó hacia el niño.
-¡Hola! ¿Cómo te llamas? -saludó, alegre. El chico volteó hacia ella, la analizó y volvió a mirar al frente.
-Raziel -respondió con simpleza.
-Un gusto, yo soy Evelyn -se presentó, aun sonriente. Al ver que el niño no hizo ningún gesto por sus palabras, se dedicó a analizarlo. Ella frunció el ceño al verlo usar guantes; no parecían guantes normales, estos eran azul marino y negro, y de un material que ella desconocía-. ¿Por qué usas guantes? -indagó, sin poder evitar su curiosidad.
-Porque tengo frío -contestó con sarcasmo, cosa que ella no captó.
-¿En serio? Pero hace calor -comentó con inocencia, a lo que él respondió rodando los ojos.
-Que tonta eres -murmuró, hastiado. Evelyn abrió la boca para decir algo pero prefirió calmarse al notar como la luz del bombillo tras de ellos empezaba a titilar. Su poder era algo inestable en ocasiones. Ella se dio la vuelta, indignada y partió hacia su habitación.
-¡Eve! Qué bueno que no te has ido -La voz de Hyle hizo que se detuviera y girara hacia él con un intento de sonrisa en su rostro-, quería presentarte a un nuevo compañero -Él le hizo señas a Raziel y ella bufó por lo bajo. El niño se acercó, sonriente como si nada hubiese ocurrido, cosa que la molestó aún más. ¡Era mejor que ella fingiendo!-. Él es Raziel, es nuevo, me preguntaba si puedes darle un tour por las instalaciones. -Ella sonrió, asintiendo a su petición y en cuanto su entrenador se marchó le dedicó una mirada furiosa a su compañero.
-Sígueme -indicó e inició su camino sin mirar si él iba tras ella o no.
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-¡Knox, Raziel, comando Lobo! -anunció el director Larsson y la sala se llenó de aplausos para recibir al siguiente graduado, y el mejor de su generación.
Raziel se puso de pie con gracia, portando su impecable uniforme negro y se adelantó hasta el director para recibir su chaqueta color gris plomo, símbolo del comando especial de acción, y su placa, su sonrisa brilló en todo momento. Raziel se esforzaba en ser el mejor para recibir el reconocimiento del resto, todo lo contrario a Evelyn, quien si bien se esforzaba en mejorar cada día más sus habilidades, le importaba muy poco otro reconocimiento que no fuese el de su padre. Evelyn vio a su mejor amigo disfrutar su logro, le aplaudió y solo pudo pensar en que esas felicitaciones se le subirían a la cabeza.
El volvió a su lugar en la tarima, portando ahora su chaqueta con orgullo, volteó hacia ella dedicándole una sonrisa arrogante, a lo Evelyn que rodó los ojos en respuesta.
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Evelyn bajó del avión de la agencia, estirando los brazos para desperezarse luego del viaje. Su mirada fue directo a su familia, quienes la esperaban, emocionados, sin embargo, le extraño no ver a su novio allí también.
-¿Qué tal el viaje? -preguntó su padre abrazándola.
-Estuve dormida todo el tiempo -respondió sonriendo-. ¿Raziel está en una misión?
-Tenemos algo importante que decirte, Eve, te lo diremos en la casa -dijo su madre, pero desde allí un mal presentimiento se instaló en su pecho.
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Su habitación se sumió en una completa y profunda oscuridad, una que la acompañó cada día desde que le dijeron que Raziel había desparecido, y a pesar de que luchaba para mantenerse fuerte, con cada día que pasaba sin tener noticias de él perdía un poco más las esperanzas.
Desde el inicio pensó lo peor, Raziel era parte de los Lobos, se había enfrentado a decenas de criminales durante esos dos años de servicio, algunos de los cuales escaparon. Las pesadillas la perseguían, le mostraban a Raziel rodeado de un charco de sangre, de su sangre.
Cada día rezaba para que él apareciera y sus plegarias fueron escuchadas, él volvió, pero no como ella esperaba.
La oscuridad era su sitio favorito.
Una vez que aprendió a no temerle, logró crear una amistad con las sombras, estas eran su refugio, su escape.
Allí, sentada en el medio de su habitación, sumida en la más profunda oscuridad que solo ella podía crear, se sentía en paz. La ausencia de luz despejaba su mente, la ayudaba a pensar, a analizar y a veces la ayudaba a relajarse, ningún problema podía tocarla mientras estuviese escondida en las sombras, o al menos eso quería creer ella.
Sin embargo, no había oscuridad que pudiese salvarla de lo que ese día significaba para ella.
Pasó una hora para que Evelyn se rindiera y decidiera abandonar su habitación para enfrentarse al evento de esa tarde. Iba vestida con su uniforme, un pantalón negro ajustado pero flexible para no limitar sus movimientos, con líneas verdes a cada lado, una camisa de mangas cortas del mismo color y una chaqueta verde militar con la silueta del animal que daba nombre a su equipo bordada en el lado izquierdo, su cabello rubio estaba recogido en una perfecta coleta alta.
Como cada año, el 16 de julio se celebraba la graduación de la nueva generación de agentes de la Agencia Cyreth, una tradición que, según las palabras de sus mentores, buscaba unir a las nuevas generaciones con las antiguas al darles ese día en común como sus aniversarios y por ende todos los años se realizaba una gran fiesta entorno a esto. Ese día hacían ya seis años desde su graduación.
En pocos minutos llegó al auditorio de la agencia, las puertas estaban abiertas, a la espera de la hora acordaba para el evento, el lugar era amplio espacio circular, las hileras de asientos se extendían hacia abajo, alrededor de la tarima donde ya los futuros agentes estaban sentados y del lado derecho se encontraba el podio donde estaría el director de Cyreth. Desde las puertas pudo ver que la mayor parte de los asientos ya estaban ocupados, a pesar de que faltan treinta minutos para iniciar, ella captó el movimiento de una mano, indicándole que fuese hacía allí y ella sonrió, Cameron le había guardado un asiento.
-¿Dónde estabas? -preguntó el chico en cuanto ella se acercó. Cameron era un año mayor que ella, perteneciente a su mismo equipo, cuando este se trasladó a la sede central de la agencia fue ella quién lo recibió y desde allí entablaron una amistad.
-Sabes muy bien donde -respondió y se encogió de hombros.
-Algún día tienes que superarlo -señaló él castaño-. ¿Cuántos camaleones crees haya este año? -preguntó, desviando el tema, cosa que ella agradeció.
Evelyn le siguió la conversación, con su mirada fija en el escenario, los nuevos reclutas iban vestidos de negro, durante la ceremonia anunciarían a que equipo pertenecerían y se les entregaría la chaqueta correspondiente: verde militar para los camaleones, el equipo de espionaje; azul oscuro para los tiburones, los agentes de inteligencia; gris plomo para los lobos, el comando de acción y antiterrorismo, y marrón para los buhos, el equipo informático.
Llegada la hora, el General Hyle pasó al escenario, pidiendo silencio y dando inicio a su discurso que con tanto esfuerzo preparaba cada año, y si bien había fragmentos que nunca cambiaban, aquel hombre lograba darle su toque único a sus palabras año tras año. La voz de su padre la transportó seis años atrás cuando era ella quien estaba allí sentada, con Raziel a su lado, ella nerviosa y él con su sonrisa arrogante, ambos expectantes por la revelación de cuál equipo había tomado cada uno, ya que se juraron no decir nada hasta ese día, y a pesar de eso era obvio para ambos lo que escogerían.
Ella decidió unirse al equipo de espionaje, su poder le daba una ventaja enorme a la hora de esconderse, y Raziel escogió el equipo Lobo, alegando que la acción era lo suyo.
Hasta hacía dos años era él quien la acompañaba a esa ceremonia cada año y no Cameron, aun podía recordar la efusividad con la que el pelinegro aplaudía a los nuevos integrantes de su comando.
-Hey, eve, ¿estás bien? -La voz del chico a su lado la sacó de sus pensamientos, Cameron la miraba con preocupación.
-Sí, lo estoy, solo... quisiera salir -explicó ella con una sonrisa ladeada.
-Te acompaño -dijo Cameron.
Eve se levantó, tratando de salir de la forma más discreta posible, pero aun así antes de alcanzar la puerta, pudo captar la mirada de su padre desde el escenario, ella le sonrió para tranquilizarlo y salió. Raziel solía decir que su sonrisa era una anestesia, con ella podía calmar cualquier preocupación o dolor de quien la viera, era mágica y por eso él la amaba.
-¿Hasta cuándo seguirás torturándote con su fantasma? -cuestionó Cameron en un tono de reproche-. Han pasado ya dos años, Evelyn, olvídalo. -Evelyn rio por lo bajo, sin un mínimo de gracia.
-Tú lo dices tan fácil, como si pudiese borrar los recuerdos de dieciséis años de un día para otro, y sé que ya ha pasado suficiente tiempo, pero no es sencillo -manifestó ella. El pasillo estaba solo y en silencio, ellos debían ser los únicos fuera del auditorio-. No es como si Raziel hubiese muerto, como si tuviese una tumba a donde dejar flores y estar segura de que nunca lo veré de nuevo, pero no, él desapareció, sin decir nada, no sé nada de él o de qué le pasó.
-Eve, tú sabes muy bien lo que pasó y lo que ha estado haciendo -replicó Cameron.
-No, sé que todos piensan que él se volvió un traidor, pero Raziel no es así, ¿qué pruebas ha habido en su contra?
-Las plumas, las tarjetas con las alas de ángel dibujadas en ellas.
-¿Y todo eso lo suponen solo porque él tiene el nombre de un ángel? -refutó Evelyn. No importaba cuántas pruebas pusiesen frente a ella, en ninguna de ellas estaba él, nadie tenía una foto o video de él cometiendo todos los delitos que le atribuían. Si le daban pruebas contundentes, ella misma se encargaría de apresarlo.
Camerón bufó, exasperado y negó, ya había perdido la cuenta de las veces que habían tenido esa conversación, le entristecía ver como Evelyn desperdiciaba su vida, yendo en automático día tras día, más preocupada por su ex novio que por ella misma. Ella intentaba disimularlo, no había bajado su rendimiento en misiones o en entrenamientos, seguía siendo tan buena como lo había sido siempre, pero luego de dos años conociéndola él podía ver más allá de esa máscara de dureza que ella transmitía a todos.
Antes de que alguno encontrara nuevas palabras para justificar su punto de vista, sus celulares sonaron, alertándolos de una notificación. Era un video en vivo, transmitido por el canal privado de la organización, en cuanto inició la reproducción, Evelyn sintió sus piernas temblar y su corazón acelerarse.
Raziel se mostraba en la pantalla, con su porte altanero y seguro de siempre, tras de él una pared blanca tenía pintada unas alas, las mismas que estaban en las tarjetas dejadas en las escenas del crimen, de tal manera que parecían salir de su espalda, parecía ser un ángel, pero en su mirada no estaba reflejada la bondad de estos, sus ojos no eran los que ella conocía.
-Buenas tardes, CIC -saludó y el corazón de la rubia dio un vuelco. Era su voz, grave y profunda, no había nada diferente, solo tal vez el tono frío de sus palabras-, sé que durante estos años les he dado muchos problemas, encrucijadas a las que no han sabido darle respuestas, hoy vengo a sumar una más a la lista. -El pelinegro subió un dedo y dejó a la vista sus manos, cubiertas con sus guantes negros. Evelyn y Cameron voltearon hacia las puertas del auditorio al escuchar una serie de pasos apresurados, cuatro miembros del comando León pasaron a su lado, yendo de seguro a la sala de computadoras para detener la transmisión y tal vez rastrearla-. Hoy celebran una nueva graduación, la obtención de decenas de nuevos idiotas que seguirán sus órdenes sin replicar, y me dirijo a ustedes, ¿creen que están hoy ahí, recibiendo sus condecoraciones cómo nuevos agentes, por decisión propia? ¿Creen de verdad que sus vidas las manejan ustedes? Pues si es así son unos ilusos. -Raziel dejó escapar una carcajada cargada de ironía-. Lo mismo pensé yo en su momento, pero no es así, cada decisión que han tomado ha estado calculada por sus líderes, esa propuesta de dejarlos elegir si ser agentes o llevar vidas tranquilas, estudiar y dedicarse a otra cosa es solo una pantalla de humo para darles seguridad y que no cuestionen sus decisiones.
»Hoy les pido que se levanten en contra de ellos y se liberen, tienen el poder y ellos solo quieren esconderlos para que las personas menos afortunadas que no evolucionaron se sientan seguros, ¿creen que tienen derechos? ¿Entonces por qué no hay un Ascendido en el gobierno de Venanti? O poniendo un ejemplo más sencillo, ¿por qué nunca habido un director de la CIC que sea un Ascendido? Porque nos temen, no quieren darnos más poder del que tenemos y me parece que es suficiente de su dictadura, levántense...
El video se cortó, evitando que Raziel pudiese seguir calando dentro de la mente de todos pero sus palabras ya habían sido bastante afiladas.
-¿Aun crees que tu querido Raziel es inocente de todo? -cuestionó Cameron y corrió de vuelta al auditorio, dejándola sola con sus sentimientos.
La tensión se respiraba en el aire luego del mensaje de Raziel.
El director Larsson decidió seguir con la graduación como si nada hubiese pasado, pero se podía notar, en los murmullos y las miradas nerviosas que las palabras del pelinegro habían causado conmoción.
Evelyn y Cameron permanecieron de pie junto a las puertas el resto de la ceremonia y al terminar esta observaron como todos salían, camino al comedor donde se llevaría la tan ansiada celebración. El director, los cuatro Generales y los dos líderes de cada equipo permanecieron dentro, y de haber podido ella también se habría quedado.
-¿Vamos al comedor? -preguntó Cameron y ella negó.
-Ve tú, yo me quedaré a esperar que mi padre salga -contestó, sin ocultar sus ánimos decaídos. Caminó hasta la pared contraria a la puerta y se apoyó en ella.
-Volveré en un rato -prometió el castaño.
Una vez sola, Evelyn se perdió en sus pensamientos, ella sentía su cerebro trabajar a máxima velocidad, intentando procesar lo que había visto en el video. Era él, de eso no le cabía la menor duda, pero aun así no lo reconocía, no parecía el chico que había conocido por tanto tiempo. Esa mirada, tan cruel y fría, era algo nuevo para ella.
Una serie de pasos, acompañados de voces interrumpió sus pensamientos, volteó hacia el origen de estas y vio a los cuatro miembros del escuadrón León que habían salido antes a arreglar el problema. En cuanto percibieron su presencia ellos callaron y cruzaron frente ella para entrar al auditorio, el último de ellos se detuvo un momento a analizarla y ella le devolvió la mirada, sin dejarse intimidar, y con eso ella pudo notar en sus ojos la desconfianza. ¿Podían creer que ella estaba involucrada?
Era una tontería. Durante todo el tiempo que había vivido allí les demostró que su lealtad estaba con la organización y lo que hiciese Raziel no iba cambiarlo, por más que lo amase.
Camerón volvió tras quince minutos, con una bandeja llena de aperitivos y dulces, cosa que ella agradeció hasta el infinito. Los nervios le generaban hambre.
-Eso fue inesperado -comentó Cameron luego de varios minutos-, hackeó la red de la CIC y él ni siquiera es un León. -añadió, impresionado.
-No, pero es un Lobo demasiado inteligente -señaló Evelyn y dio un mordisco a su ponqué.
-¿Cómo te sientes? -indagó él, en un tono suave.
-En shock -respondió sin pensarlo. Evelyn enrollo entre sus dedos las puntas de sus cabellos y acomodó sus lentes-, yo me negué a creer que Raziel de verdad podía ser un criminal, me parecía algo inaudito, por favor, crecí con él y no había nadie más entregado a la seguridad y a defender las leyes que él. -Las palabras fluyeron con rapidez, como si no pudiese mantenerlas aprisionadas en su pecho un segundo más.
-¿Y no crees que él siempre pensó de la manera que expresó en la transmisión? Que se sentía usado o presionado para ser algo que no era.
-No, si se hubiese sentido así me lo habría dicho.
-¿Estas segura? Confesar algo así era casi como decir que su lealtad estaba flaqueando, y decírtelo a ti, que eres hija de un General, tal vez le pareció ilógico -supuso y se encogió de hombros.
Evelyn se mantuvo en silencio, recordando cada momento que compartió con Raziel, tratando de encontrar una señal que hubiese podido advertirle de los pensamientos del pelinegro, sin embargo, por más que lo intentaba no encontró en sus memorias algún signo de incomodidad de su parte. Raziel siempre pareció feliz con su trabajo, satisfecho con lo que había elegido y en ningún momento, sin importar lo duras que fuesen las misiones o el agotamiento, le escucho arrepentirse.
La puerta del salón se abrió con un chasquido, dándole a la rubia la excusa para evitar responder. El General Hyle salió y sonrió a medias al vela allí, no obstante, ella pudo notar el estrés en su postura.
-Sabía que te encontraría aquí -mencionó y cerró la puerta tras de él.
-No podía ir a ningún lado -respondió ella-. ¿Tienen algo más sobre Raziel, papá?
-De hecho, necesito que veas algo. -El hombre se acercó, sacó su teléfono de su bolsillo, tecleó en la pantalla y lo sostuvo con la parte trasera hacia la pared, en esta se dibujó el mapa del centro de la ciudad con un círculo rojo marcado en él-. Los informáticos lograron rastrear la señal, les dio un rango de cinco kilómetros a la redonda en el centro, intentaron reducirlo pero tardaba mucho y decidieron detenerse en cuatro kilómetros antes que dejar que Raziel siguiera con su agradable discurso -explicó con bufido. Evelyn observó con detenimiento las calles y su vista se dirigió de inmediato a un punto que ella conocía muy bien.
-Esta es su casa. -Apuntó hacia una casa, casi fuera del rango marcado.
-Lo supusimos, pero quería que me lo confirmaras. -El General desactivó la proyección.
-¿Irán a su casa a buscarlo? -indagó Cameron.
-Por lo momentos es la única opción que tenemos -contestó.
-Yo quiero participar -expresó Evelyn.
-Yo no...
-¿Qué? ¿No confías en mí? -cuestionó la chica.
-No creo que sea prudente -corrigió su padre-. De cualquier forma, por ahora no puedo decirte si puedes o no, ve al comedor o a dónde sea, yo te buscaré más tarde. -El General besó su frente y despeinó sus cabellos antes de ingresar al auditorio de nuevo.
Con renuencia, Evelyn acompañó a Cameron a el comedor y si iba era más por la comida que por tener ánimos para celebrar, los cuales bajaron aún más cuando entró y todas las miradas se posaron en ella, la mayoría con desaprobación y desconfianza, la misma mirada que le dio el León.
-No lo puedo creer -murmuró para sí misma.
-No les hagas caso -aconsejó Cameron y la llevó hasta una de las mesas más alejadas. La dejó allí un momento y fue a buscar algunos dulces y bebidas para ambos.
Evelyn se apoyó en la mesa y sacó su teléfono para fingir chequearlo, mientras observaba de reojo a todos a su alrededor; varios mechones que cayeron sobre su rostro y sus lentes le ayudaron aún más a ocultar que los espiaba. Pudo captar las miradas de varios e incluso leer sus labios para entender que no hacían más pensar que ella era cómplice de Raziel, pero más allá de eso, también se dedicó a analizar sus posturas con respecto a lo dicho por Raziel, en especial n los nuevos reclutas.
Si bien la gran mayoría parecía no haber tomado en cuenta el discurso, había pequeños grupos que lucían consternados, con las miradas en el piso o hablando entre ellos, al tiempo en que se aseguraban que nadie los escuchara, no obstante, para un camaleón el sonido era solo una ventaja. Evelyn se acomodó en su asiento, quedando con una mejor vista de un grupo en particular, y se fijó con detenimiento en sus labios.
"Él puede tener razón"
"Nos han inculcado hasta el cansancio la lealtad por la agencia"
"Tal vez nunca nos dieron elección"
-No pierdes la costumbre, camaleón. -La voz de Cameron la sacó de su análisis-. ¿Qué hacías?
-Solo estaba estudiando el panorama, y por lo que veo, Raziel logró su cometido -confesó en voz baja y tomó una galleta del plato que él dejó en la mesa.
-¿Lo dices en serio?
-Muy en serio -afirmó-, por supuesto, no todos cayeron en sus palabras pero sí logró obtener la atención de varios y eso es más que suficiente para iniciar el descontento que él quería causar -opinó e hizo una mueca.
-Fue bastante convincente -aceptó Camerón.
-Lo que es extraño -mencionó ella.
-¿Por qué lo dices?
-Raziel nunca fue bueno con las palabras, era terrible con los discursos y exposiciones, incluso el discurso de graduación tuvo que decirlo el segundo mejor, porque Raziel se negó a hacerlo -expuso Evelyn-. Es inusual que haya podido dar ese discurso, con tanta seguridad y siendo tan convincente, en especial si pensamos que lo ideó él.
-¿Quieres decir entonces que tal vez Raziel no está trabajando solo? -cuestionó.
-Es mi única explicación, porque dudo mucho que en dos años haya aprendido de oratoria de forma efectiva -sentenció.