Vivir en una burbuja llena de mentiras y traiciones puede llegar a ser doloroso.
Fue robada, engañada y criada por una familia que no es la de ella. Era feliz mientras no sabía nada y creía conocer con los que estaba, pero todo cambió una noche.
Exactamente unos meses antes de la fecha que más dolor le trae.
En un congreso de médicos en Islandia, conoce a un ruso que le produce dolor y nostalgia.
Eso le ocurrió a Natasha, una hermosa rubia de orígenes rusos. Tiene un pasado trágico que no recuerda y un presente incierto que la atormenta.
Aquí las mentiras y traiciones se sirven como plato principal del día.
Una vez, alguien le dijo: Los lobos también se visten de oveja, y al ir pasando el tiempo lo pudo confirmar.
¿Quién será el lobo feroz en esta historia?
¿Su familia?
¿Sus tíos?
¿Sus amigos?
¿Están preparados para el final?
***
Este es el último libro de la Saga Europeos. Está vez la historia será narrada por una mujer, específicamente, Natasha. Quiero darle las gracias por la espera y la paciencia que han tenido conmigo. Este libro será una colaboración con mi hermana, ya que por ella inicié en el mundo de la escritura. Gracias a una de sus historias, conocí a Giotto y quedé enamorada de ese niño.
A ustedes, gracias y espero que nos apoyen a las dos en este nuevo camino.
Las quiere,
C & B.
Parque Nacional Thingvellir.
Reikiavik-Islandia.
Natasha.
Hace un mes recibí la invitación por parte del hospital de Oslo al congreso internacional de médicos. Pocas personas llegan a conseguir una invitación. Tienes que haber llamado la atención de un alto ejecutivo del hospital, o, realmente eres un médico que merece expandir sus conocimientos con otros colegas.
Para ser sincera no esperaba ser invitada, pero agradezco a quien lo haya hecho. Porque por primera vez logré en mucho tiempo, viajar sola y conocer Islandia. He compartido con varias personas aquí.
Los conocimientos sobre cualquier tema de medicina para mí, valen oro.
He tratado de hablar con alguien que sea especialista en neurología, pero no he tenido mucha suerte. Fue una buena mañana en el hotel. Productiva para compartir ideas y movida porque hacían prácticas sobre medicina general o, alguna especialidad poco común.
Al caer la noche fuimos invitados al parque Thingvellir para que viéramos en primera fila las auroras boreales. Es lo más hermoso que mis ojos pudieron observar. Se respira paz, tranquilidad y hay muchísimas parejas en este lugar.
Estaba demasiado metida en mis pensamientos caminando en cámara lenta, cuando una persona, lo suficientemente abrigada, pasa de largo tropezando conmigo logrando que me sobresaltara.
-Oh, lo siento mucho -me excuso-. No vi por dónde iba. ¿Se encuentra usted bien? -lo miro con cierta preocupación.
Es un hombre... esos ojos me parecen haberlos visto alguna vez.
Espero no haberlo lastimado y que tampoco sea alguien muy importante. Si logré hacerle algún daño y es una persona poderosa, mi carrera como médico muere esta misma noche.
-No te preocupes, venía pensando en otras cosas -me sonríe, suspiro aliviada ante esa respuesta.
-Entonces me retiro -le digo, dándole una sonrisa amigable.
Al hombre que solo se le lograba ver un poco de su cabello rubio. El pasamontañas no dejaba mucho a la vista. Esos hermosos ojos azules que el chico se gasta, me observan como si yo fuese algo muy valioso.
Por un momento, tan solo por un momento, creo haber visto a esta persona.
Esos ojos son tan familiares...
¿Dónde podría haberlos visto antes?
-¿Eres rusa? -lo miro asombrada-. Disculpa, noté tu pequeño acento mientras hablabas. También soy ruso solo que intento ocultarlo.
-Se le da fatal mentir. Tiene un acento muy marcado -hablar con él me produce nostalgia-. Sí, soy rusa, pero se me da muchísimo mejor ocultarlo -esta vez, hablé como se debía-. Solo que en mi familia se debe hablar neutral.
El chico rubio asiente, veo la hora en mi celular y me doy cuenta de que debo regresar al hotel. Lo miro avergonzada porque a pesar de que quiero continuar hablando con él para descubrir de dónde lo conozco, sé claramente que no puedo.
-Me debo ir, espero verlo otra vez por aquí -miro su vestimenta, río internamente porque es la primera vez que hablo con un desconocido y no lo juzgo-. Hace demasiado frío, si lo vuelvo a ver estoy segura de que no lo reconoceré.
-No te preocupes -señala la pantalla encendida de mi celular-. Te están esperando. Nos veremos pronto, lo prometo -sonrío, él me vuelve a hablar-. Espero que la muerte de Sasha no te haya afectado tanto como a mi familia.
Mi sonrisa se desvanece rápidamente, mi corazón se acelera y unas terribles ganas de llorar me invaden.
Ese nombre... Sasha, no.
-Sasha, ¿murió? Yo... él... no puede ser cierto -murmuro, uno de los guías turísticos del hotel, se acerca a buscarme-. No sé por qué su nombre me hace esto.
-Pregúntale al tío Stefano, Natasha -abro los ojos con sorpresa, este chico conoce a mi familia-. Ellos te dirán toda la verdad, yo no.
Sin más, desaparece de mi vista, dejándome con miles de preguntas sin respuestas. Mi corazón duele, muero por llorar y el único nombre que suena en mi mente es ese... Sasha.
¿Quién se supone que es Sasha y por qué me duele que haya muerto?
¿Por qué ese chico conoce a mi tío Stefano?
¿Qué me están ocultando?
En estos momentos quisiera tener mis recuerdos de regreso. Poder descubrir quien es el chico moribundo dueño de mis sueños e insomnios y por primera vez en casi 20 años, descubrir quién soy yo.
¿Natasha, quién se supone que eres?
Restaurant La Mia Vita.
Larchmont Village- Estados Unidos.
Natasha.
Durante toda mi vida he vivido con la idea de que me falta algo. No recuerdo precisamente que, pero es esa sensación de que estás viviendo una vida que no es tuya. Que estás viviendo en el lugar equivocado. Que algo anda mal y no tienes idea de que es, o mejor dicho, no lo recuerdas. Por más de 15 años he estado teniendo las mismas pesadillas. No me gusta dormir con las luces apagadas, me aterra la oscuridad. Fui a psicólogos, pero dijeron que al crecer, todo pasaría.
Mentirosos, nada cambió después que crecí.
Empeoró.
Hay una fecha que odio, una fecha que me gustaría que no me afectara, un número que quisiera borrar de la historia, pero no puedo. Cada 17 de agosto, mi vida cae en mil pedazos. No sé porqué, pero me agobia tanto que me siento sofocada. Si tan solo supiera por qué me afecta tanto el nombre de Sasha. Si tan solo supiera quien es, todo tendría sentido. Mi atormentado cerebro tomaría un descanso, por lo menos un día, un segundo, minutos, lo que sea, un descanso de buscar tantas respuestas en un mundo que no quiere darme ni una pista.
Desde hace un largo tiempo he venido cargando con varias preguntas, que al ir pasando los años han tomado fuerza en mi vida. ¿El amor de padres tiene fecha de vencimiento?, ¿se cansaron de criar a sus hijos? O ¿Se aburrieron de la etiqueta que le damos nosotros al nacer?
Padres.
Esta pregunta no es para nada paternal, pero igual la tengo. ¿Qué es el amor?, no sé diferenciar entre el cariño, aprecio, admiración, orgullo o simpatía. Para mí, todos vienen en un mismo saco. Le pregunté una vez a mi tío, pero a decir verdad, no quedé muy conforme con su respuesta.
-Pequeña, el amor hacia un hijo no tiene fecha de vencimiento y jamás nos cansaremos de nuestros retoños. Solo que hay personas que no nacieron para ser padres. ¿El amor?, eso no se explica, pequeña. Simplemente lo sientes. Te llega cuando menos lo esperas y de quien menos piensas. El día que lo encuentres sabrás diferenciar qué clase de afecto tienes o sientes.
Puede que él tenga razón, pero no sé, no estoy conforme. Tal vez el abandono de mis padres tenga mucho que ver en esto. Según mis tíos, mis padres querían lo mejor para mí, por eso desde hace casi 20 años he estado viviendo lejos de ellos. He crecido creyendo que, el abandonar a tu pequeña hija con tus familiares y no volverla a buscar nunca, es la mejor razón del mundo. Le digo a mi atormentada cabeza que ellos tuvieron un motivo para apartarse de su hija. No quiero pensar mal de las personas que me engendraron, pero sinceramente, algo debo haber hecho mal para que ni siquiera quisieran verme.
Enviar regalos en navidad, cumpleaños y una que otra llamada por alguna fecha patria, no es amor.
Desde que tenía 8 años, mis padres me enviaron a vivir con mis tíos a California. Ellos han sido mi segundo hogar, mi segunda familia. Me han apoyado y acompañado en todo momento importante de mi vida.
Pero bueno, así es la vida. No, así es mi vida. Me llamo Natasha Záitseva, mi padre es ruso y mi madre es italiana. No estoy muy clara sobre quién era antes de perder mis recuerdos. Todo lo que sé, es gracias a mis tíos. Soy médico cirujano, por alguna razón que desconozco, siempre quise serlo. Ninguna otra profesión llamó mi atención y aunque pudiera probar hacer otra cosa, juro por mi vida que no lo haría.
Le hice una promesa a Sasha. Aunque no sepa quién es y su muerte me afecte tanto, la voy a cumplir.
En el mundo de la medicina admiro a un hombre horriblemente. Es mi modelo a seguir, él es mi ídolo en la medicina. Aleksandr Kozlov. Es el mejor neurocirujano de América y Europa. Sus operaciones son exitosas y es la persona más influyente entre nosotros los médicos. Bueno, eso y que tiene un carácter de la patada. Si llego a verlo alguna vez, espero encontrarlo de buen humor.
Los rumores dicen que es un amargado y un hombre frío sin corazón.
En estos momentos mientras yo hablo tan felizmente con ustedes, voy caminando al restaurant que tienen mis tíos aquí en California. Es de comida italiana, siempre está lleno de gente. En mis cortos periodos de tiempo libre, me encanta echarles una manito. A partir de hoy y por algunos días, tengo vacaciones en el hospital. Desde hace 2 años estoy en sala de emergencia.
Sí, debo pensar en algún momento en una especialización, pero me gusta la adrenalina que se siente ahí. También por el simple hecho de que mi mente se distrae y se relaja con tantas emergencias. De esa manera me olvido de lo que me agobia. Si algún día lo hago, me iría por ser especialista en neurología.
¿Se imaginan?
Neurocirujana, Natasha Záitseva.
¡Soñar no cuesta nada!
-¡Humanos, ha llegado su salvación! ¡El terror de Larchmont Village, ya está aquí! -saludé, entrando al restaurant, los trabajadores me miraron raro, pero luego se echaron a reír.
Insensibles.
-Menos mal aún faltan 5 minutos para abrir. Si no me hubieses corrido a los clientes, Masha -dice, mi tío Stefano, dándome un beso en la mejilla-. ¿Nos vienes a ayudar, pequeña?
-Estás celoso, Rinaldi -contesto, lo abrazo y saludo a los demás-. Estoy de vacaciones por algunos días, así que soy una empleada más aquí. Por favor, necesito mi buena paga al finalizar la semana -respondo burlona, veo a los lados buscando a mi tía.
-¿Francesca? -pregunta, señalando un pasillo al fondo-. Está tratando de poner música, hija. Ve a buscarla, así aprovecho para terminar de abrir el restaurant.
Me regala un beso y se va hacia algún lugar del lugar. Sumergida en mis pensamientos camino hacia donde me señaló mi tío. Aunque pasen los años, este lugar me sigue pareciendo hermoso. Al ver una bandera de Italia pensé en la historia que me contaron mis tíos de cómo llegaron aquí.
Stefano y Francesca Rinaldi, ellos son mis adorados tíos. Me han criado y cuidado todo este tiempo sin quejarse de mis padres. Mi tía Francesca, es quien habla más con mi madre. No hay día que mi tía le pida a su hermana, mi madre, que venga a verme, pero ella siempre ha dicho que el trabajo, o la falta de dinero, le impide venir hasta aquí. Mis padres tienen problemas económicos. Viven del dinero que les envían mis tíos, por eso cuando tengo un tiempo libre, vengo ayudarlos con el restaurant. No quiero abusar más de ellos y su dinero. Bastante tienen con mis padres vividores.
Nunca me han prohibido nada, pero al cumplir los 13 años, me pidieron que escondiera mi acento ruso. No entiendo como, pero mis tíos me cuentan, que durante mi niñez, a ellos siempre les hablé en ruso. No hablo italiano, lo entiendo, pero no me nace hablarlo. Es como si mi mente se cerrara cada vez que intento soltar alguna palabra en ese idioma.
En el único lugar donde escondo mi vida, es con ellos.
Stefano y Francesca, expatriados de su país desde hace más de 19 años, vinieron a California buscando un mejor futuro, aunque llegaron con muy poco dinero. Hubo muchas veces que durmieron en la calle y no probaron bocado en días. Si no hubiese sido porque un amigo los ayudó, hoy en día no sé qué sería de mi familia.
Al girarme por un pasillo poco iluminado la encuentro. Ahí está mi tía. Una señora de 54 años, rellenita, cabello corto castaño, ojos marrones y cejas perfectamente arregladas. Está peleando con el estéreo porque no quiere reproducir la música.
-Señora Francesca, por favor deje de alterarse con ese aparato. Le puede dar un infarto de miocardio -digo divertida, ella se sobresalta y camina hacia donde yo me encontraba para abrazarme.
-¡Mi princesa, ya llegaste! -me da un sonoro beso, se aleja un poco para verme la cara-. Estás muy delgada, Natasha. ¡En ese hospital no te alimentan! -las dos estallamos en una carcajada y nos volvemos abrazar.
-He venido exclusivamente para que me alimentes -me suelto de su agarre-. ¿Cómo ha estado todo en el negocio? ¿Nada que quieras contarme, tía?
Es bueno estar de regreso en casa.
-No, cariño -esquiva mi mirada, volviendo a lo que hacía-. Solo que mientras estuviste en Islandia, te extrañamos muchísimo.
-También los extrañé mucho -le doy un beso en la mejilla-. Me quedaré ayudarlos estos días. Me iré a cambiar, tía bonita.
La escucho reír después de haberme ido. Ellos no son muy expresivos cuando de sentimientos se trata, pero conmigo han intentado ser más amorosos. Vivo con ellos hasta que mi mejor amiga regrese de su viaje en Noruega. Nos mudaremos juntas, queremos independizarnos un poco. Ya tenemos suficientes encierros con el hospital.
***
El resto de los empleados me recibieron muy bien. La mayoría me conoce y mientras más ayuda reciben, mejor salen las cosas. Fácilmente fueron pasando los días. En el restaurant las cosas marchaban bien, tampoco el trabajo era difícil. Nunca les faltaba gente, desde que abría a las diez de la mañana, hasta que Jay y yo cerrábamos a las nueve de la noche. Casi tenía que rogarles a mis tíos para que se fueran más temprano. Ellos están avanzados de edad y no quiero que se esfuercen.
Además, mientras yo esté aquí los voy a ayudar.
Era viernes por la tarde y todo estaba muy tranquilo, bastante lleno como de costumbre y más por el hecho de ser el inicio del fin de semana. Decido cambiar la música por Uptown Funk de Bruno Mars. Con el ambiente más animado, tomo varias órdenes, empecé a dirigirme hacia la cocina cuando entran 4 hombres con apariencia de chicos malos. Eran bastante musculosos y en sus miradas se podía leer un; no te acerques si quieres seguir vivo. Después de verlos empiezo a sentir una angustia horrible y sin esperar más, me encamino a contarle a mi tío.
¿Lo peor de todo esto?
Bueno, es que mi tío los conocía, ya que al yo decirle sobre los invitados y él al verlos, se le iluminó el rostro y con una gran sonrisa le habló a mi tía:
-Francesca, amare, Nathan ha regresado -ella sale corriendo de donde estaba, se reúne con mi tío y juntos se van a saludar al cuarteto.
-Nathan... ¿quién será Nathan? -pregunté en un susurro.
Me quedé ahí parada mientras los seguía con la mirada hasta la mesa de los cuatro matones que parecían divertirse por haber vuelto a casa.