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Tu amor

Tu amor

Autor: : B.Jeremy
Género: Urban romance
¿Crees en las maldiciones? Seguro que no, a decir verdad, yo tampoco, pero... ¿qué sucede si te dijera que sobre mi pesa la peor maldición del mundo? Seguro que tampoco lo creerías y eso está bien, lo que no está bien, es lo que hice para romper dicha maldición, porque la tuve que romper a ella, Nammi, no debería ni siquiera decir su nombre, no debería ni poder verla a la cara, no debería... enamorarme de ella, Nammi y su amor... es mi verdadera maldición. ¿Crees en el amor? Seguro que no, hoy en día nadie cree en el amor verdadero, pero... Luc es distinto, Luc es serio, pero bueno, Luc es un empresario de perfil bajo o al menos lo intenta, y se lo difícil que es escapar de la mafia, Luc es tan perfecto, Luc es todo lo que yo no puedo tener, porque estoy maldita, porque anhelar su amor, es condenarme aún más.

Capítulo 1 I

Nammi estaba concentrada en su trabajo, ser una enfermera no era fácil y Dios lo sabía, pudiera ser que no ostentara un gran título como los doctores que la rodeaban, quienes muchas veces la felicitaban por su trabajo, pero ella hacia el trabajo sucio, el tedioso, pero además, era quien brindaba esa primera sonrisa, esa palabra de aliento y quien llevaba tranquilidad, todo se trataba de la empatía, desde el niño más pequeño, al adulto mayor, ella no hacia distinción, no importaba si era tomar la temperatura, colocar una inyección, dar una píldora, sostener la mano de los pacientes al vomitar,

no importaba que, ella estaba siempre dispuesta a estar allí, era su segunda pasión, y ¿Cuál era la primera? Ser diseñadora de modas, desde pequeña soñó con ello.

- ¿Has pensado en lo que te dije? - la joven giro a ver a la morena y su peinado afro.

- No lo sé Mirra, se dice muchas cosas de ese club, más de Valentina Constantini y su harem de hombres. - respondió botando las gasas con sangre que habían ocupado para detener el sangrado de un paciente.

- La reina no vive del que dirán, ella vive para que los demás hablen, quien pudiera tener su suerte... aunque yo le di una buena mamada a Ezzio y una vez folle con Leonzio. - la cara de espanto de Nammi lo decía todo. - Obviamente que fue antes que la reina tomara a los De Luca como suyos, aprecio demasiado mi vida como para así sea, ver a sus hombres.

- Lo que sea, pero a lo que me refiero...

- Tu virginidad estará a salvo, créeme niña, esos club son más seguros que caminar en medio de la ciudad al anochecer, lo sé por experiencia, si estas bajo la protección de la reina, nadie te toca, nadie te mira si tu no quieres, además... -la morena que ya ostentaba algunas canas se mordió el labio inferior con picardía.

- ¿Además? - cada vez que Mirra recordaba sus años de juventud y como se ganaba la vida, a Nammi le daban ganas de romper la promesa que le había hecho a su padre, mantenerse virgen hasta su casamiento, algo que veía poco probable, ya que cada novio que la joven había tenido la botaba luego de un tiempo, ser pura, ya no se cotizaba como en años pasados, los hombres ya no perdían el tiempo con santas, y mucho menos querían ejercer de maestros a la hora de tener sexo, más les atraían las mujeres que sabían complacerlos.

- ¿Quién dice y terminas siendo una princesa? - sugirió con picardía.

- ¿De qué rayos hablas?

- Dios niña, ¿vives en marte? De los príncipes, ¿de qué voy a hablar? Dicen que tienen un gusto especial por las vírgenes, incluso se rumorea que Greco es casto, ya sabes, aun no moja su paquete en una vagina.

- ¡¿Cómo diablos sabes todo eso?! - indago mientras los colores se le subían a la cara, y no era vergüenza, era solo el hecho de saber que a ese par de gemelos le gustaban las mujeres como ella, vírgenes.

- Nammi, para que lo comprendas de una vez, yo trabaje en ese club, Valentina Constantini, me salvo, de más de una forma y los reyes, me ayudaron a llegar a donde estoy, conozco a los príncipes desde que nacieron, soy como de la familia. - y no mentía, esa morena bien podría estar dirigiendo uno de los clubs que poseía la reina, pero su pasión era ese hospital, donde llego como enfermera y ahora era una doctora recibida, la mejor ginecóloga.

- Quizás... si me llevas...

- Niña, hubieras comenzado por allí, claro que te llevare.

Y así lo hizo, apenas terminaron con su turno, Mirra la subió a su automóvil y emprendieron el viaje.

Nammi trataba de mantenerse tranquila, solo pediría empleo de mesera, claro que eso podía hacerlo en cualquier restaurante, o cafetería, pero según Mirra, en el club de la reina, podía ganar en una noche la paga de un mes, que dan en cualquier otro lugar, y solo debía trabajar los fines de semana, aunque claro que eso era por una razón y pronto lo sabría.

La fachada no decía mucho del lugar, aunque solo la alfombra roja que estaban colocando en la entrada, como cada noche, podía apostar que valía lo mismo que el departamento que rentaba, pero apenas paso las puertas, un mundo nuevo apareció frente a ella, las luces estaban encendidas en su totalidad, pues aún estaban preparando el lugar, las copas resplandecían, las bebidas que aguardaban ser consumidas, brillaban tratando de llamar la atención de quien entrara, incluso a Nammi que nunca se le dio por beber más de una cerveza se le hacía agua la boca con solo verlas, pero a medida que subía las escaleras, eso sí que la dejo con la boca abierta, las habitaciones estaban siendo aseadas, si a eso se le podía llamar habitaciones, algunas eran oscuras y más parecían cámaras de torturas, otras tenían tanta iluminación que parecían el cielo, hasta que al fin llegaron a la última habitación, una que rezaba en la puerta, oficina principal.

- Adelante. - se escuchó una voz profunda que a Nammi la puso a temblar.

- Leonzio, siempre es un placer escuchar tu profunda voz. -dijo con sorna la morena al abrir la puerta.

-Sé que aun mojas tus bragas de solo oírme. - se jacto uno de los mayores.

- Ay mi león, tú te quieres quedar sin follar y de espectador hoy ¿verdad?

Era un mundo nuevo y casi delirante, para Nammi, frente a la joven había seis hombres, que, si bien los conocía de revistas, esto era otra cosa, pero más que los hombres, había una persona que tenía toda su atención, una mujer sentada en el único escritorio del lugar y a su alrededor, seis hombres que la adoraban incluso con la mirada.

- Solo estoy jugando mujer. - se apresuró a decir Leonzio y Mirra rompió a reír a carcajadas.

- Mi bella reina, cada vez estas más joven, ¿a qué demonio adoras?

- A ninguno Mirra, esto que vez es el resultado de una crema a base de semen y más semen, ¿quieres saber dónde más lo coloco? - Nammi veía como todos reían y no comprendía porque sentía que se quemaba, aunque luego dedujo que era la misma vergüenza que la hacía arder.

- ¿Quién es la niña que nos ve con espanto? - Rocco De Luca, era fácil reconocerlo, el único de los De Luca que tenía sus ojos grises, el único por el que la reina moriría, y viviría.

- Ella es Nammi, es como mi hija y ...

- Deja que ella hable Mirra, a no ser que sea muda. - Lupo, el único con cabello largo, se decía que había matado a más de una docena de hombres, a comparación de sus hermanos y primos la cifra era baja, salvo por el detalle que los mataba con sus manos.

- Hola. - dijo con la garganta seca la joven al ver que Mirra solo quedo en silencio. - Soy Nammi Anouk y queria saber si puedo trabajar aquí. - siete pares de ojos la escaneaban de pies a cabeza, su confianza se mantuvo firme, no se sentía fea, pues sabía que no lo era, su cabello largo y medio ondulado con un color natural entre el chocolate y el castaño claro, su piel cremosa adornada con un par de pecas, sus ojos verdes claro, que a veces parecían celestes, y su boca, esa que muchas veces le causo problemas en el colegio, pues sus compañeros se burlaban de ella, mismos que después rogaban probarla, era grande y carnosa, y así como su rostro tenía sus encantos, su cuerpo obviamente también los tenía.

- ¿Bailarina? - pregunto Rocco al ver sus caderas, pero Valentina negó.

- ¿Sexo oral? - indago Ezzio, el más morenos de los De luca, y Nammi abrió sus ojos con espanto. - Su boca es grande. - se explicó al ver la mirada fría de su mujer, la reina estaba perdiendo la paciencia.

- Acrobacia en telas... - comenzó a sugerir Ángelo, el más pecoso de los italianos.

- Trabaja como enfermera, sus manos se pueden dañar. - lo interrumpió Salvatore, quien parecía enojado con algo que estaba viendo en su móvil.

- Camarera. - sentencio Valentina e inconscientemente Nammi asintió. - Se nota que es virgen. - y ahora si tenía la atención de todos una vez más, incluso de Salvatore, quien le sonrió.

- Quizás quieras conocer a mis hijos. - indago mostrando una sonrisa que más que provocar confianza asusto a la joven.

- No... - dijo casi en grito y la reina levanto una ceja. - No lo tomen a mal, pero pretendo mantenerme virgen y no quiero problemas, solo necesito dinero...

- Mis hijos saben tratar a una mujer, créeme que todas las que han estado con ellos ha sido por voluntad.

- Lo siento. - susurro al ver que la reina se ponía de pie, ya se imaginaba muerta antes del anochecer.

- No lo hagas, nunca temas a levantar tu voz, a decir no, incluso a gritarlo, sean mis hijos, o el mismo rey del mundo, incluso el diablo, mientras tú me seas fiel, la reina no te dejara caer.

Capítulo 2 II

Y así comenzó todo para Nammi, horas y horas en las que la reina de chicago, le explico el porqué de tan sustanciosa paga, y es que en su club ingresaba solo gente importante, políticos, magnates, empresarios, mafiosos, asesinos, todos eran bienvenidos al infierno, como se llamaba el club principal que dirigía Valentina Constantini, todo estaba permitido allí, siempre que fuera para placer de ambos y consensuado, al menos de eso se trataba el club en lo que el edificio se refería, aunque en sus sótanos...

era otra cosa, allí, era donde el verdadero infierno se desataba, un lugar neutro dispuesto para que las mafias hicieran sus acuerdos, y los mejores calabozos de torturas para quienes necesitaran implementar su justicia, la de la mafia, por supuesto, y Nammi, debería guardar silencio, sin importar lo que viera o escuchara, nada salía del infierno que la reina de Chicago manejaba, esa era su garantía, ni identidades, ni gustos, nada, y Nammi sería una tumba, o iría a parar a una.

Las semanas que siguieron fueron las más difíciles para la joven, adaptar a sus pobres e inocentes ojos a ver tanto sexo desenfrenado no fue nada en comparación a reprimir su curiosidad, ¿Por qué gritaban? ¿Por qué jadeaban? ¿Por qué se dejaban azotar? ¿Por qué les gustaba mirar? ¿Por qué les gustaba mostrarse? ¿Por qué les gustaba compartir mujer u hombres? ¿Por qué? Su mente se llenaba de ello, aun así, se adaptó, como siempre en su vida lo hizo, se adaptaría a lo que fuese con tal de conseguir su sueño.

- Hola mamá. - saludo Marco De Luca, apareciendo de la nada, mostrando la misma sonrisa que Salvatore.

- Madre. - dijo con la seriedad que lo caracterizaba Greco, pues podían ser gemelos, pero su carácter y manera de ser, eran muy diferentes, los príncipes De Luca eran como el día y la noche.

- Mis príncipes, ¿Qué los trae por aquí? - no era tonta, claro que no, si ella era la reina de la mafia, y sabia a la perfección que sus hijos pocas veces aparecían en el club, ellos eran más de estar y manejar todo Detroit, que de pasar sus noches en alguno de sus clubs.

- Te dije que solo se alegra cuando Dulce y los idiotas de esposos que tiene la visitan. - se quejo Marco, siempre dispuesto a hablar mal de sus tres cuñados, pues la Dulce princesa si bien había escapado de trabajar en la mafia, si practicaba la poligamia, como su madre.

- No se alegra por la princesa, su felicidad es por los pequeños, esos tres diablitos derriten el corazón de cualquiera y madre no es la excepción... - comenzó a explicar Greco.

- Buen intento, pero conmigo esas idioteces no funcionan... - intervino la mafiosa, pero de pronto sus labios se estiraron en una enorme sonrisa, ¿a quién engañaba? Si sus nietos la tenían en la palma de su mano, y es que ya ni siquiera le molestaba ser abuela tan joven. - ¿Ya vieron la foto que nos envió Dulce de mis nietos? Salvatore esta furioso. - no podía evitarlo, era una mafiosa, era la reina, pero como sus hijos lo habían dicho, ante sus nietos, no era nada más que un cubo de hielo derritiéndose bajo el sol.

- ¿Las pequeñas sombras de Italia? - leyó Marco el pie de la foto del pequeño Dante, y su rostro se cubrió de rojo, pues uno de los abuelos paternos del pequeño también era mafioso y era nada más y nada menos que su competencia, la gran sombra italiana. - Pero ¿que se cree Santoro? mis sobrinos manejaran Chicago y Detroit, nada de Italia... - Marco estaba tan furioso como su padre Salvatore y no era para menos, la hija mayor de la reina había tomado de esposos, a un sicario, un asesino y a uno de los hijos de la sombra de Italia, mismo mafioso que los había desterrado a ellos, los De Luca, de su Italia natal.

- Eres idiota como tu padre. - lo corto en limpio Valentina. - Es mejor que ellos reinen Italia, así sus hijos heredaran todo lo mío cuando muera.

- Para eso falta. - dijo Greco, odiaba cuando su madre hablaba de esa forma.

- ¿Para que muera? O ¿para tener nietos de ustedes? - y allí estaba nuevamente la presión de la mirada de Valentina Constantini, que era lo mismo que le colocaran un arma en sus cabezas.

- Para las dos cosas. - canturrearon los gemelos de 22 años.

- Señora... - Nammi, que hacia un mes trabajaba en el club, quedo en silencio al ver a los gemelos, los príncipes De Luca, en carne y hueso.

- Nammi, o dejas de decirme señora o volare tu linda cabecita. - rebatió molesta Valentina.

- Si señora. - respondió en automático la joven, y Greco rompió a reír dejando sorprendida a su madre y también a su gemelo, pues Greco no sonreía, ni siquiera con sus sobrinos.

- Tu debes ser la virgen. - dijo Marco, llamando la atención de la mujer que había quedado con la boca abierta al ver a Greco reír.

- Prefiero que me llamen Nammi. - era increíble la confianza y el poder que le brindaba la sola presencia de Valentina, Nammi sentía lo que era la seguridad, de tener a alguien respaldándote por primera vez en la vida.

- Nammi, como ya te habrás dado cuenta, ellos son mis diablitos, y puedes tratarlos como se te plazca, aquí nadie tiene más poder de decisión que tu con tu cuerpo. - sí, Nammi no podía estar más feliz de que Mirra la llevara a aquel lugar, y cada palabra de Valentina solo confirmaban que estaba en el mejor lugar en el que podía estar.

- Lo tendré en cuenta señ... Valentina, y solo queria decirle que los señores la están esperando en su habitación. - el rostro de la reina se ilumino, mientras que sus hijos solo negaban con la cabeza.

- Por favor, madre que usen protección, ya están viejos para darnos hermanos. - Marco recordó, porque siempre tomaba distancia antes de molestar a su madre, cuando sintió la pesada mano de la reina golpear su cabeza.

- Mocoso impertinente, mejor ve a conseguir esposa y dame nietos o yo les daré hermanos. - fue lo último que dijo, antes de salir haciendo retumbar sus grandes tacones, rumbo a la habitación donde sus reyes la esperaban más que dispuestos para complacerla.

- Entonces Nammi... - dijo de forma coqueta, Marco.

- Se todo de ustedes, sé que buscan vírgenes para follar y que ya han tomado a todas aquí, pues les tengo noticias, solo soy camarera, no estoy a la venta. - aseguro con la cabeza en alto, sentía la protección de la reina sobre ella, sabía que nada le pasaría, sea a quien sea a quien rechazara.

- Eso dicen todas. - se jacto Marco.

- Pero yo no soy todas, soy Nammi.

Capítulo 3 III

Luc cerró la puerta, se aseguró de echarle cerrojo, y suspiro con cansancio, comenzó a descender las escaleras bajo la atenta mirada del personal doméstico, de los cuales algunos trataban de quitar la sangre que había a los pies de las escaleras.

- Señor... - lo llamo quien una vez fue su nana.

- Ahora no Mimi. - dijo, y continuo su camino al despacho, aun escuchando los gritos furiosos de su hijo.

No queria reconocer lo cansado que estaba, mucho menos el miedo que sentía que cada vez se le instalaba más profundo en el pecho, respiro profundo antes de abrir la puerta y trato de colocar su mejor cara de póker, aunque el rubio que lo esperaba lo conocía muy bien.

- Creo que necesitas otra copa. - Luc asintió y solo tomo lo que el mafioso le ofrecía.

- Bien. - dijo luego de beber el contenido de la copa de un solo trago. - ¿Ahora me crees? Estoy maldito, necesito dar con esa gitana... - pidió entre el desespero y la ira.

- Está muerta Luc, lo siento. - el mencionado paso su mano por su cabello, quien lo viera creería que trataba de dejarlo aún más perfecto de lo que estaba, pero no era el caso, era la desesperación que lo llevaba a jalar su cabello una y otra vez a lo largo del día.

- Debe haber algo que se pueda hacer, algún otro gitano... tu. - susurro casi suplicando y el ruso lo vio con sus ojos cobalto con total frialdad.

- No soy gitano y lo sabes. - sentencio con voz aún más fría que su mirada, y Luc suspiro al tiempo que se dejaba caer en su silla.

- Lo siento Neizan, no queria insultarte...

- Y no lo hiciste, mi madre era gitana, una pura, y es un secreto guardado bajo siete llaves y tú eres una de esas llaves, pero las cosas no funcionan así, es difícil, el don de mi madre eran las visiones, y es lo que ocurre conmigo, por algo me llaman el vidente. - explico con calma Neri Neizan, el mafioso más grande de rusia.

- En ese caso, esta mujer quizás tiene una hija y...

- No importa si ese es el caso Luc, lo que tu padre hizo... nunca Luc, jamás provoques la ira de una gitana, y tu padre la provoco, mato a su único hijo, lo siento.

- Decir, que lo sientes no me ayuda, perdí a mi esposa, perdí a mi hermana, mi madre y ahora mi hijo... - las lágrimas se agolpaban en sus negros ojos, tan oscuros como los de su padre, pero con una luz muy distinta.

- Déjame verlo. - sabía que lo que queria hacer era peligroso, ya lo había confirmado demasiadas veces, una cosa era ver el futuro de sus allegados al azar, solo cosas que pasan, y otras eran provocar sus visiones, Neizan sabía que estaba jugando con fuego, pero debía intentarlo.

- Esta fuera de control, no es seguro él...

- Puede que sea peligroso, pero no olvides que es mi ahijado, León Ambiorix no es gran peligro para mí.

- Si algo te sucede, Zafiro me matara. - reconoció con temor el empresario, y Neizan sonrió al saber que su esposa no entendería razones y acabaría con todos antes de seguirlo a otra vida.

- Si que lo hará.

Salieron del despacho, Luc vio la mancha rosada aun en el piso de la sala, Neizan solo la paso por arriba, él no se espantaría por un muerto, aunque claro que para Luc era diferente, ya que la difunta era su prometida, aun debía pensar como le explicaría al señor Gideon Baggio, que su hija había muerto en manos de León.

- Solo di que se cayó de las escaleras. - susurro Neizan esperando a que abriera la puerta que aún era golpeada fieramente por el hijo de Luc.

- ¿Ahora lees mentes? ¿o viste mi muerte en manos del señor Baggio?

- Tu muerte hermano mío... es algo que tardará en llegar y será mejor que no preguntes más.

Apenas las puertas se abrieron lo que más parecía ser un animal que una persona se lanzó sobre el ruso, quien con un solo movimiento de su mano lo desmallo.

- ¡Neri! - protesto Luc sin poder evitarlo.

-Está vivo Luc, yo nunca lo lastimaría. - explico con tranquilidad, en gran parte lo comprendía, él también tenía un hijo, además Luc era su amigo, ese que ocupo el lugar de Tiago, o al menos una parte del vacío que su mejor amigo le dejo antes de los 20. - Ahora déjame solo. - pidió tomando en brazos al delgado joven y colocándolo sobre la cama.

Luc salió, confiaba en Neizan, con su vida, con su muerte, mientras el ruso cerraba sus ojos, y tomaba una de las manos del joven, dejo que sus respiraciones se acompasaran, trato de ver cuál era la mejor solución, pero siempre llegaba la misma imagen a su mente, León Ambiorix moriría, y el dolor de Luc solo crecería aún más, pues sería él quien mataría a su hijo.

El ruso se puso de pie, respirando de forma agitada, no podía permitirlo, incluso él que era el líder de una de las mafias más temidas del mundo, no se atrevería a tanto.

- Dime que tengo una posibilidad, por favor Neizan, dime que esta maldición no me quitara a mi hijo. - ¿cómo decirle a ese hombre que sería él mismo quien acabaría con la vida de su hijo?

- Luc... - dijo tomando aire y dejando una mano sobre su hombro, y fue allí, cuando una visión lo tomo por sorpresa, quizás era la desesperación de tratar de cambiar el futuro, quizás, si había una solución después de todo, una que lastimaría a otras personas, pero entre un amigo y una extraña, prefería salvar a su amigo de la locura total. - Debes tomar a una virgen. - aseguro y Luc arrugo su entrecejo.

- ¿Solo eso? - pregunto incrédulo, y no era para menos, sabía muy bien de sus encantos, un hombre en la edad justa para afrontar compromisos serios, ser viudo le sumaba un manto de nostalgia en la mirada que por algún motivo atraía a las jovencitas y no tan jóvenes, su quijada cuadrada, nariz recta, cabello tan negro como la noche igual que sus ojos, alto y fornido, el sueño de toda mujer y prueba de ello era la joven modelo que sus empleados habían llevado a una recamara, hasta que su jefe decidiera que hacer con ella o mejor dicho con su cadáver.

- No es tan simple, deberás ir con la Reina de Chicago, al infierno... en un mes, sin importar lo que pase, debes poseer a la virgen que llevara tu bebida. - informo Neizan, apretando su hombro, con pena y dolor, pues estaba viendo mucho más de lo que pasaría ese día, algo que lo afectaba directamente y no solo a él, también a su familia. - No puede ser. - dejo de tocar a su amigo y en ese momento se dio por enterado porque le era tan difícil ver el futuro y la mejor solución para Luc Ambiorix, y es que él había pedido no ver las muertes de sus seres queridos, no, si no las podía evitar.

- ¿Qué sucede? O mejor dicho ¿Qué sucederá? - indago preocupado el pelinegro y Neizan solo negó.

- Nada, solo que, si perder a una amiga duele, saber con anticipación que perderás a siete amigos y que no puedes hacer nada es... agónico. - reconoció, sin poder evitar que sus ojos se empañaran.

- Pero si lo ves ¿no puedes evitarlo?

- Una muerte es una muerte, si evito la de ellos, puede que condene a otros, la vida es así, nacemos y morimos.

Neizan salió sin decir más, necesitaba regresar a su hogar, deseaba estar en los brazos de su esposa, poder olvidar que pronto, la reina de Chicago caería y con ella sus reyes.

Luc, solo pudo esperar a que el mes se cumpliera, para cumplir con la misión que Neri le había dado, porque lamentablemente el tiempo no se podía volver atrás, si eso fuera posible, Luc regresaría 16 años al pasado, al día de su boda, evitaría que su padre bebiera de más, o al menos trataría de que no sacara su furia con el nuevo empleado, ¿Qué culpa tenía aquel empleado, de que él, Luc Ambiorix, no quisiera saber nada con la mafia y el puesto que su padre le queria ceder? ¿Por qué su padre no comprendía que solo era un empresario de modas? un joven soñador; además, no tenía como saber que ese hombre escucharía algo que no debía, mucho menos que la madre de este llegaría a pedir explicaciones, ¿Cómo suponer que su padre fuera tan cruel, como para burlarse del dolor de una mujer mayor? Una gitana.

- ¡Me has arrebatado a mi hijo! ¡Yo maldigo al tuyo! Y ya que tanto amas a tu dinero, que su fortuna crezca tanto como su dolor, hasta que tu sangre sea purificada o hasta que sean exterminados.

Ni siquiera él tomo en cuenta a esa pobre anciana, aunque Neizan, quien estaba en su boda se lo advirtió.

- No tomes a la ligera la maldición de una gitana.

Y cuánta razón tenía.

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