Era comienzos de diciembre en la ciudad de Frimery, por lo que había empezado a hacer más frío.
Stella Walsh yacía en la cama sin expresión, escuchando la fuerte voz de su suegra, Zoey Burton, quien se encontraba en la planta baja.
"¡Stella, ya es lo suficientemente decepcionante que no puedas quedar embarazada! ¿Ya viste qué hora es? ¿Por qué aún no estás preparando el desayuno? ¿Quieres matarnos de hambre a Adrian y a mí?".
Stella había estado casada con Waylon Burton durante seis años, tiempo durante el cual Zoey no había dejado de reprenderla por no poder quedar embarazada.
Si tan solo la mujer supiera que desde que Waylon y Stella se casaron, nunca habían tenido sexo.
En ese momento se escuchó la voz de Adrian Burton: "Stella, ven a ayudarme a empacar mi mochila. Tengo que irme a la escuela".
Adrian era el hermano menor de Waylon. Era un pequeño demonio que siempre le ponía las cosas difíciles a Stella, ya que todos los días le causaba problemas.
Para él, su cuñada era una mujer fácil de intimidar.
Después de bajar las escaleras, Stella se dirigió mecánicamente a la cocina. Cuando terminó de preparar el desayuno, empacó la mochila y la lonchera de Adrian.
Luego le dijo a su suegra: "¡El desayuno está listo!".
Cuando Zoey entró al comedor y vio el rostro inexpresivo de su nuera, se enojó de inmediato. Mientras azotaba un vaso sobre la mesa, gritó: "¡Stella, gastas el dinero de mi hijo y vives en su casa! ¿Cómo te atreves a dirigirme esa mirada de impaciencia? Si continúas así, llamaré a Waylon de inmediato y le pediré que se divorcie de ti. Créeme que lo haré".
Al escuchar las amenazas de Zoey, las manos de Stella, con las cuales sostenía un plato, temblaron. Entonces respiró hondo, forzó una sonrisa y dijo: "Mamá, no estoy siendo impaciente con usted".
Pero como la mujer no le creyó en lo absoluto, con desdén agregó: "No pienses que solo porque cuentas con el apoyo de la abuela de Waylon, podrás ser su esposa para siempre. No eres nada comparada con Ayla. Recuérdalo siempre".
Cuando Stella escuchó el nombre de Ayla Wagner, su rostro palideció.
En ese momento Adrian recordó algo. "Aún no lo sabes, ¿verdad? Ayla será dada de alta muy pronto, y mi hermano la traerá a vivir con nosotros", informó el chico con una sonrisa.
Al escuchar las palabras de Adrian, las manos de Stella temblaron aún más.
Zoey se disgustó mucho cuando vio la reacción de su nuera, porque pensó que solo estaba fingiendo sentirse agraviada. Entonces, después de resoplar, agitó la mano con impaciencia y le dijo: "No te pares frente a mí. Estás afectando mi apetito. ¡Fuera de mi vista!".
Al escuchar eso, Stella se dio la vuelta y subió las escaleras sin dudarlo. Cuando regresó a su habitación, volvió a acostarse.
Por la noche, un Maybach se detuvo frente a la casa.
Al escuchar el sonido del motor, Stella se levantó de la cama rápidamente, corrió hacia el balcón y miró hacia abajo.
Justo en ese momento, un hombre delgado, apuesto y vestido de traje estaba bajándose del auto. Era incluso más atractivo que los que la chica veía en la televisión.
Al parecer el hombre sintió que alguien lo observaba, ya que levantó la vista, y sus ojos se encontraron con los de Stella.
Solo había frialdad y crueldad en sus ojos. No obstante, la chica ya se había acostumbrado a ese tipo de mirada.
En cuanto Waylon entró en la habitación, Stella le preparó la ducha, como de costumbre. "Mi amor, la abuela ha estado quedándose en un monasterio durante casi un mes. Hoy fue a la iglesia. Por la tarde me llamó y me dijo que había orado por ti...".
Antes de que la chica pudiera terminar sus palabras, el hombre la interrumpió, "Tengo algo que decirte".
Stella se giró hacia Waylon, solo para descubrir que estaba mirándola con indiferencia. No había ni rastro de ternura en sus ojos.
"Ayla volverá aquí. Tienes que irte mañana mismo", informó el hombre con su voz profunda.
Al escuchar eso, el corazón de Stella dio un vuelco.
Adrian no había mentido.
"¿Y si me niego a irme?", preguntó la chica con una voz muy suave.
Waylon frunció el ceño al escuchar eso.
Stella siempre había sido muy obediente con él. Esa fue la primera vez que mostraba resistencia a alguna indicación.
"No olvides cómo fue que hace seis años nos casamos", dijo el hombre con frialdad.
¿Cómo podría Stella olvidarlo?
En aquel entonces Ayla tuvo un accidente automovilístico. Fue justamente Stella quien llamó a la ambulancia y posteriormente le donó sangre. Waylon estaba tan agradecido con ella, que le prometió cumplir cualquier cosa que le pidiera.
La única petición de la chica fue que se casaran, porque ese siempre había sido su sueño desde que lo conoció en la escuela secundaria.
Como en aquel entonces, el médico informó que las posibilidades de que Ayla se despertara eran muy escasas, Waylon accedió a la petición de Stella, y se casaron.
Sin embargo, desde el día de su boda él siempre fue muy frío con ella.
Después de levantar la barbilla, Stella miró directamente a Waylon. Luego, sin pestañear declaró: "Soy tu esposa. ¿Por qué debería irme de aquí cuando ella vuelva?".
El hombre miró a la chica, y su rostro se ensombreció lentamente. Sus ojos se volvieron cada vez más aterradores mientras respondía: "¡Porque Ayla me dijo que hace seis años la atropellaste con tu coche!".
Stella se quedó atónita por un momento. Luego sonrió amargamente y preguntó: "Si te dijera que no fue así, ¿me creerías?".
Waylon se acercó a la chica lentamente, hasta que esta se quedó atrapada en un rincón. A continuación, con frialdad le preguntó: "¿Cómo podría creerte?".
Luego, mirándola con sus ojos oscuros que destilaban repulsión, agregó:
"Eres una mujer muy perversa. ¿Sabes lo que deseo en estos momentos? Quiero que experimentes todo el sufrimiento que ha padecido Ayla". Mientras Waylon hablaba, su rostro lucía tan frío como el hielo.
Stella se sorprendió por el odio y la crueldad que reflejaban los ojos del hombre.
Seis años era mucho tiempo. A pesar de eso, el corazón de Waylon seguía siendo muy frío con ella.
"Yo no le hizo daño", declaró Stella con firmeza, tras lo cual apretó los labios con fuerza.
El hombre miró con desprecio a la chica, a la vez que con frialdad decía: "Como eres una mujer muy inteligente, deberías saber lo que es mejor para ti".
Dicho lo anterior, se fue, dejando la habitación en silencio.
Una vez que Stella se quedó a solas, se miró en el espejo, solo para descubrir que su rostro lucía pálido y cansado.
¿Era todavía ella?
En el pasado solía ser una chica muy orgullosa, pero se volvió humilde después de casarse.
¿No era eso algo absurdo?
Después de un rato, respiró hondo y susurró para sí misma: "Es hora de irse. Déjate llevar, Stella".
Al día siguiente, Waylon fue al hospital por la mañana y acompañó a Ayla a su revisión de seguimiento.
Stella, por su parte, se paró frente al espejo, se quitó el delantal que había usado casi todos los días en los últimos seis años, y se puso un vestido blanco. Poco después bajó las escaleras con su maleta.
Adrian se encontraba en la sala de estar, sentado en el sofá con las piernas cruzadas, viendo la televisión. Cuando levantó la mirada y vio a Stella, preguntó: "¿A dónde vas?".
Sin embargo, la chica no respondió. Simplemente lo miró con indiferencia y caminó hacia la puerta.
Al percibir que algo no andaba bien, Adrian corrió hacia Stella, agarró su maleta y le preguntó: "¿Estás sorda? ¿No escuchaste lo que te pregunté? ¿Ya limpiaste mi habitación y ya preparaste el desayuno? ¿A dónde vas tan temprano?".
Ese chico de dieciséis años no le mostraba a Stella ningún respeto, a pesar de que era su cuñada. Siempre fue muy descortés con ella.
Stella separó los dedos de Adrian de su maleta, a la vez que con frialdad decía: "¡Pequeño idiota, a partir de ahora no te serviré más!".
A pesar de que la chica no usó mucha fuerza, Adrian gritó deliberadamente: "¡Mamá! ¡Mamá, ven aquí! Esta perra está intimándome".
"Hijo, ¿por qué estás gritando? ¿Qué ocurre?".
Tan pronto como Zoey bajó las escaleras y vio la escena, se enojó tanto, que agarró el plumero y comenzó a golpear a Stella con él. "¡Dios mío! ¿Cómo te atreves a intimidar a mi hijo? ¡Te daré una buena lección!".
Desde siempre Zoey había golpeado a Stella, quien solía aguantarse por Waylon.
Sin embargo, después de que le pidiera que se fuera de esa casa, ya no tenía por qué continuar soportando esa situación.
Después de arrojar el plumero al suelo, Stella declaró con frialdad: "Si continúa golpeándome, me defenderé".
Zoey se quedó atónita, porque obviamente no esperaba que la chica la refutara.
Cuando volvió en sí, gritó: "¿Cómo te atreves? Le diré a mi hijo que se divorcie de ti".
En el pasado Stella siempre evitó los conflictos con Zoey por el bien de Angelina Burton, la abuela de Waylon, y porque no quería que este se enojara con ella.
Solía tener miedo de pelear con su suegra. Pero como en esos momentos ya no le importaba nada, con indiferencia replicó: "Sí, como usted lo diga".
Luego, arrastrando su maleta salió de la casa de la familia Burton, ignorando la reprimenda de Zoey, quien continuaba gritando detrás de ella.
En esos momentos un Ferrari rojo se encontraba estacionado afuera de la casa, esperando a Stella. Dentro del vehículo había un hombre muy apuesto, quien al ver a la chica, agitó una mano hacia ella, a la vez que decía: "Stella, súbete".
En cuanto la chica se subió al auto, se alejaron...
Wesley Clarkson nació en el seno de una familia acaudalada. Era amigo de la infancia de Stella, y crecieron juntos.
Mientras el hombre conducía, tentativamente preguntó: "¿Estás totalmente decidida?".
"Sí. Nunca antes he estado tan segura de algo". Después de salir de la casa de la familia Burton, Stella por fin logró sonreír. Pero no solo eso, su sonrisa era auténtica.
De por sí era una chica hermosa, pero cuando sonreía, su rostro se iluminaba y lucía aún más bella.
Exhalando un suspiro, Wesley comentó: "Pensé que nunca considerarías esa posibilidad. Estuve muy preocupado por ti durante los últimos seis años. Realmente no sé qué ves en ese idiota".
Asintiendo, la chica dijo: "Sí, soy una tonta".
"Afortunadamente abriste los ojos antes de que fuera demasiado tarde. Si perdieras otros seis años con él, serías muy vieja". Dicho lo anterior y a modo de broma, el hombre agregó: "A decir verdad, había decidido que si ya eras demasiado vieja para cuando te echaran, me casaría contigo para que no estuvieras sola. Eso sí, de mala gana. Después de todo, somos amigos de la infancia, ¿o no?".
Poniendo los ojos en blanco, Stella espetó: "¡Cállate! No digas eso".
Entonces Wesley cambió de tema. "Por cierto, aquí está el acuerdo de divorcio que me pediste que preparara. Revísalo".
Después de tomar los documentos, la chica los hojeó y, en un tono casual dijo: "No aceptaré nada de Waylon. No le debí nada en el pasado, y no le deberé nada en el futuro".
Dicho lo anterior, firmó el acuerdo de divorcio sin dudarlo.
Cuando Wesley vio a su amiga firmar el documento tan rápido, no pudo evitar reírse y exclamar: "¡Guau! ¡Eres increíble!".
Después de guardar el bolígrafo, Stella arqueó las cejas, y dijo: "Vayamos al hospital".
"¡Entendido, jefa!", respondió Wesley en tono de broma.
Cuando llegaron al hospital, fueron directamente al último piso, el cual era exclusivo para pacientes VIP.
Una vez que Stella encontró la habitación 1203, llamó a la puerta y la abrió.
La delicada mujer que yacía en la cama pareció asustarse cuando vio a la inesperada visitante. Con lágrimas en los ojos y visiblemente horrorizada, se escondió debajo del edredón.
El rostro de Waylon se ensombreció al ver a Stella. "¿Qué haces aquí?", preguntó con frialdad.
En lugar de responder a la pregunta del hombre, Stella sacó lentamente el acuerdo de divorcio de su bolso y se lo entregó. "Fírmalo, y me iré de inmediato".
Después de que el hombre recibiera el documento y le echara un vistazo rápido, su rostro se ensombreció aún más y preguntó: "¿Quieres el divorcio?".
"Sí. Sé que los últimos seis años han sido realmente difíciles para ti. Una vez que lo firmes, te desharás definitivamente de mí", respondió la chica sonriendo amablemente y en un tono indiferente, mientras se colocaba un mechón de cabello detrás de la oreja.
Ante eso, las cejas de Waylon se fruncieron y puso una cara larga, porque no sabía qué truco estaba jugando Stella.
En ese momento Ayla dijo en un tono débil desde debajo del edredón: "Waylon...".
Eso fue como una insinuación para el aludido, quien después de echarle un vistazo a Ayla, se volvió hacia Stella y le dijo: "Hablaremos de eso cuando regrese a casa. Adelántate. No incomodes a Ayla".
"Estoy hablando en serio. De cualquier forma, la llevarás a casa, ¿o me equivoco? ¿No te parece bueno que me vaya ahora mismo? Sé que no quieres que esté ahí cuando ustedes lleguen".
"¡Stella!", exclamó Waylon con una voz fría y profunda. Era como si su esposa lo hubiera llevado a su límite de tolerancia.
"La señorita Wagner nos está mirando y escuchando. ¿Ya no quieres divorciarte? ¿Por qué? No me digas que te has enamorado de mí". Dicho lo anterior, los labios de Stella se curvaron en una sonrisa elegante y encantadora.
Entonces Ayla miró a Waylon con una expresión lastimera y, tentativamente preguntó: "¿Qué sucede?".
Stella también miraba al hombre con frialdad, esperando a que tomara una decisión.
"Está bien. Lo firmaré", declaró Waylon con los labios fruncidos y con el rostro sorprendentemente frío.
Ante eso, Stella sonrió con satisfacción. Una vez que el hombre firmó el acuerdo de divorcio, Stella lo tomó y se marchó sin dudarlo.
Sin embargo, tan pronto como salió de la habitación, las lágrimas brotaron de sus ojos sin control.
Sus ocho años de amor por él y sus seis años de matrimonio fueron en vano.
Por supuesto, era normal que estuviera tan triste y que sintiera como si su corazón estuviera siendo apuñalado con un cuchillo filoso. El dolor que sentía en el pecho era terrible...