Género Ranking
Instalar APP HOT
Inicio > Suspense > Tuya Hasta El Infierno
Tuya Hasta El Infierno

Tuya Hasta El Infierno

Autor: : Anet Montoya
Género: Suspense
Tercer libro de la trilogia Infierno. Dante Mancini, regresa con todo. Pero esta vez para hacerles pagar a todos sus enemigos, protegerá a su familia contra todo peligro, aunque de nuevo tenga que arriesgar su vida. Ahora volverá con más furia y crueldad. Y esta vez no estará solo, su mujer, su fiera la dama de la mafia italiana estará con él. Pero una decisión forzada, hará que su relación pierda fuerza, tanto... que podrá en riesgo su amor. Seguirán enfrentando muchos obstáculos y la rivalidad en ese mundo nunca dejara de existir, y las llamas jamás serán apagadas porque ellos no solo son parte del infierno, sino que son el mismo fuego que los hace arder.Muy pronto todos sabrán lo que es arder, lo que es quemarse al tocar su infierno, porqué el Diablo no perdona y mucho menos si se trata de su mujer e hijos.Tercer libro de la trilogía infierno. Este no es el final de su historia, es el comienzo, porque su infierno no dejara de arder, y su legado será su fortaleza.

Capítulo 1 Prólogo

Un tiempo después...

Mire mi imagen en el espejo fijamente. Mi barriga estaba cada vez más grande y esto ahora solo me recordaba una cosa, lo que estaba por suceder después de sus nacimientos. En vez de disfrutar esta etapa y estar feliz por sus llegadas, la emoción que me dominaba en este momento era la del pánico.

―En cuanto nazcan esos bastardos se desharán de ellos ―anuncio una voz potente y perversa que ya conocía, que me hizo vibrar de pies a cabeza.

Podía percibir unos pasos que se acercaban hasta la puerta de la alcoba donde me encontraba encerrada.

― ¿Pero qué haremos con ellos? ―pregunto otra voz que me erizaba los bellos de la piel.

―Lo que les venga en gana. Pueden echarlos en el rio, regalarlos en algún puto burdel, tirarlos o matarlos, yo que mierda sé. La idea es que se deshagan de ellos. Para que solo seamos ella y yo, sin ningún estorbo de por medio.

Retrocedí atemorizada muerta de miedo y colisioné en el borde de la cama, me deje caer lentamente para sentarme mientras llevo mis manos a la boca para cubrirla y evitar que se me escape un sollozo.

― ¿Y te has puesto a pensar que si se entera te odiara? ―interroga el mismo hombre.

Un pequeño silencio invade el lugar, para después continuar con su plan macabro.

―Le estaré haciendo un favor. Y si eso pasa, tarde o temprano se tendrá que hacer a la idea de que no fue hecha para ser la madre de esos engendros del demonio ―mascullo encrespado.

¡Por Dios! Querían arrebatarme a mis hijos, alejarlos de mí. No, eso no se los podía permitir, dejaría que me hicieran daño a mí, pero a ellos jamás. Tenía que hacer algo ¿pero cómo qué? Me tenían encerrara en esta habitación en lo alto de esta mansión donde muy apenas había percibido la luz del día y de la noche. Y no había forma de salir de este oscuro infierno.

Escuchar a ese monstruo decir que les hará daño a mis hijos, eso me perturbaba demasiado, tanto que no podía llevar un embarazo normal. Bruno Mancini es el demonio más cruel que había conocido, no había nada ni nadie que nos protegiera de él, tal vez ni el mismo Diablo lograría hacerlo. Mi querido Dante.

¿Dónde estás mi amor? Constantemente me preguntaba todas la noches donde se encontraba Dante, ¿Por qué aun no venía a rescatarnos? ¿Sera que se dio por vencido? No, él nunca haría eso. Él no conocía la derrota y mucho menos nos abandonaría.

No tenía ni idea de si algún día nos rescataría y nos sacaría de este infierno. Tengo miedo de que eso jamás pase y me quede por siempre aquí y sin saber el futuro de mis hijos.

Deslice lentamente mis manos por mi abultado vientre para acariciarlo y susurre ―Estarán bien, nadie les hará daño porque mamá siempre los protegerá ―con lágrimas en mis ojos les prometí a mis pequeños algo que ni yo misma estaba segura de conseguir. Pero lo que si podía asegurar, era que nunca dejaría de luchar por ellos, que los protegería hasta con mi propia vida si era necesario.

Capítulo 2 Rusia

Tiempo atrás.

D A N T E

Estoy impaciente y listo para darle un puñetazo a la pared a casi nada de perder el poco control que me queda.

Otra semana más tuve que aguantar, no se porque tuve que hacer caso a Edgardo, cuando dijo que esperara más tiempo.

Ese hijo de puta e infeliz tenía a mi mujer y no podía seguir esperando sentado, tenía que hacer algo.

-No puedo seguir esperando, debo ir por ella - me levanté del sillón, frustrado y desesperado, a punto de perder la cordura.

Comencé a aflojarme los primeros botones de mi camisa mientras caminaba de un lado a otro, sentía asfixiarme. Habíamos llegado a Rusia hace apenas un par de horas y ya me sentía como un León enjaulado.

No acostumbraba venir a Rusia, ya que es territorio enemigo y nunca se las pondría fácil para que me hallarán. Pero la ventaja que tengo es el refugio bien escondido que mantengo en este país, cosa que no sería tarea sencilla para los malditos rusos si se enteraran de mí presencia por estos rumbos.

-No podemos ir así como así, es arriesgado, más para ella -anuncia Edgardo -Esto lo debemos hacer bien.

Edgardo y los chicos me habían acompañado e insistieron en querer ayudar en el rescate, después de que les amenace diciéndoles que si no se quedaban en Sicilia yo mismo los mataría por desobedecer a su jefe, cosa que les valió una jodida.

-Ya hablo el señor correcto y perfecto que siempre hace todo bien -siseo Iván.

No sé que demonios sucedía entre ellos dos, llevaban días así y no tenía idea del porqué. Tampoco me tomé el tiempo de preguntarle, no tenía cabeza para otra cosa que no fuera mi Fiera.

-No es el momento para discusiones, Iván - le reprendió Edgardo.

El rostro de Iván se retorció de rabia, y fulminó a su padre con la mirada, pero no respondió.

¿Qué demonios le sucedía?

-¿Desde cuándo se desprecian así? -pregunté.

Pero ninguno de los dos respondió a mi pregunta, de todos modos no estaba en posición de escuchar esa mierdas que hablan las familias cuando discuten.

No tengo cabeza para otra cosa que no sea para rescatar a mi mujer.

Sonó un golpe en la puerta, una vez que di la orden de que pasará, se abrió y Franco entró.

-Ya envíe el primer equipo al punto que ordeno, jefe -notificó Franco.

Di un ligero asentimiento antes de respirar hondo e irme hacia el pequeño balcón que tenía la habitación.

Inhalé profundamente el aroma de la madrugada mientras mi mirada se perdía en la nada, el clima era muy frio, bastante que hasta cala en los huesos, en Rusia las temperaturas siempre son bajas.

¡¿Qué demonios por que seguía aquí sin hacer nada?! Pase la mano izquierda por mi cabello, repetidas veces. Mi exasperación estaba llegando al límite. Saque mi celular del bolsillo y lo observé. Llevaba viendo el mismo mensaje varias veces desde hace más de dos horas, en cuanto llegó.

Maldito Bruno, el único deseo que tenía en estos momentos era hundir una bala en su puta cabeza. Ya me había jodido toda la vida y seguía haciéndolo, pero ahora con mi mujer y no se lo iba a permitir.

Tiempo atrás le dejé pasar muchas cosas, pero ahora era diferente, esto lo iba a pagar muy caro, en esta ocasión sería con su vida.

Yo era el culpable mayor de lo sucedido, si lo hubiese matado antes nada de esto hubiera pasado, Lillie no estuviera secuestrada, ahora la tendría a mi lado, de donde nunca debieron haberla apartando. Porque conmigo es donde pertenece.

Volví a echarle una mirada al maldito mensaje para leerlo de nuevo.

"En alguna parte de ti debe haber inteligencia y pensaras razonablemente las cosas, y al final la eligiera a ella porque dudo mucho que la quieras ver muerta. Que ironías de la vida, quién lo iba a decir que la misma mujer nos volvería locos. La única diferencia es que yo si podría matarla, cosa que tú no harías. El trato es que la dejé con vida, a cambio de que te entregues y mis hombres me traigan tu cabeza. Piénsalo, te conviene. Tu estarás muerto, pero ella estará viva.

Te dejo las coordenadas del lugar dónde está, el plan es simple y rápido, llegas te entregas y luego a ella la dejó ir sana y salva. No lo pienses tanto, las horas vuelan y el tiempo que te doy corre desde ahora. Que a tu atormentada conciencia lo dejaré si ella muere, Querido primo"

-Necesito una puta bebida -gruñí en dirección a Franco que seguía ahí de pie esperando alguna orden. Se movió hacía el pequeño bar y me sirvió un whisky antes de traérmelo. Lo contemplé atentamente el líquido antes de tomar un sorbo. Lo escrute con mis ojos-. ¿Tu les pusiste al tanto?

-No señor -negó de inmediato -El señor Ricci y su hijo se enteraron por otra parte, no por mí.

Conocía la lealtad de Franco, pero con los Ricci no se sabía. Mi amigo era un jodido asesino y a él se le facilitaba amenazar, siempre encontraba el punto débil para hacerlo y salir victorioso. Así que por uno segundo creí que Iván lo había amenazado para obtener información del mensaje.

-Da igual si fue él que aviso o no -comentó Edgardo -Aquí el problema es que no nos dijiste nada y así te ibas a ir. Debemos pensar con la cabeza fría y guiarnos por el plan.

-No puedo esperar a un puto plan -gruñi.

-Quieras o no lo demos hacer. No confío en ese mensaje y tengo el presentimiento de que algo malo pasará.

-Ya esta ocurriendo algo malo, lo demás viene valiendo mierda -masculle.

-Sí, se que su secuestro es algo malo. Pero no puedes avanzar sin tener algo seguro, porque algo me dice que esto es una más sus artimañas, Bruno no nos pondrá facil las cosas en una bandeja de plata.

Podría ser que tuviera razón, aún así no quería seguir esperando.

-Odio decirlo pero tiene razón -continuó Iván -Hay que centrarnos en el plan y una vez este canalizada nuestra estrategia avanzamos y atacamos.

Cómo demonios querían que siguiera esperando, no podía dejar pasar un día más. Ya había pasado otra puta semana y no estaba dispuesto a dejar pasar demasiado tiempo. Quería a mi Fiera, a mi mujer, de nuevo a mi lado y con una jodida iba hacer caer a todos aquellos que me la arrebataron.

Ir a ese lugar ya sea con un plan o sin el, era algo que ni le tomaba importancia, mientras pueda rescatarla que más da si fuera lo último que hago en esta jodida vida, lo que importa es que ella esté a salvo.

Capítulo 3 Lo odio

LILLIE

-Come -ordena el monstruo -O quiere algo en especial mi reina.

¿Su reina? Jamás, esta loco si cree que seré suya.

No respondo, y solo tomo el cubierto puntiagudo para hincarlo en el filete que estaba servido en mi plato. Debía comer, no porque él me lo haya ordenado, sino por mis bebés que aún crecían en mi vientre y necesitaban nacer sanos y fuertes para soportar cualquier cosa a futuro.

Yo más que nadie debía tener fuerzas para protegerlos y salir de este maldito lugar.

-Bien, así me gustas más. Obediente y dócil como una pequeña gatita -dijo, mientras me llevo otro bocado a la boca -Solo yo podré domar a esa fiera que llevas por dentro.

Que siga soñando el infeliz engreído, nunca me doblegare ante él. Es la peor escoria que hay en el mundo y tenlo por seguro que ser su sumisa seria lo último en la vida que haría. Antes muerta que obedecerle.

-Ni siquiera en otra vida podría pasar eso - me atreví a decir, pero en vez de gritárselo en la cara, el tono salió suave y bajó.

No lo voy a negar, le tenía miedo y no por mí, por mis hijos. Después de que se enteró de mi embarazo comenzó a lanzar amenazas y cuando suele tenerme cerca, sus ojos me miran de una manera extraña y después se desvían a mi vientre, mirándolo por un largo rato con una expresión desagradable y sombría que me causa escalofríos por el horror que despierta en mí.

Bruno se inclinó un poco sobre la mesa apoyando sus brazos, sin quitarme los ojos de encima sonrió en un modo burlona curvando su boca.

-Me fascinas que seas apacible. Pero no puedo negar que me vuelves loco cuando te alteras y sale esa Fiera indomable de ti -sus ojos reflejan lascivia como el tono de sus palabras -Ahora entiendo porque el maldito de mi primo te apodo así.

Su sonrisa se amplió y extiende su mano para tratar de tocar mi rostro, pero antes de que lo hiciera giré mi cabeza a otro lado. Mi estómago se revolvió por repulsión, no dejaría que me tocará.

Si esperaba que me arrodillara ante él, o le complacerá como quería, estaba equivocado. El infierno se congelaría primero antes de que eso pasara.

En el tiempo que llevo aquí no le he permitido acercarse tanto hasta mí, ni siquiera soporto que me mire, mucho menos soportaría su tacto en mi piel.

Lo odiaba y por ello no lo toleraba. Se había vuelto la persona más despreciable para mí. Bruno Mancini era el peor humano sobre la faz de la tierra, una escoria que ni el mundo debió conocer. Me había arrebatado mi libertad y ahora me acechaba a cada instante que podía hacerlo.

Era demasiado incómodo tener siempre su mirada perturbadora sobre mí. No se que trauma tenía o que obsesión loca le provocaba, pero maldecí por ello. Yo no quería esto, nunca pedí que un maldito mafioso se obsesionara conmigo.

Me paso con Dante, pero con él todo fue diferente. Con Bruno era otra cosa, él es muy distinto a mi Diablo, lo que tenemos Dante y yo esta lleno de fervor y sin contar la pasión que arde entre nosotros cada vez que estamos juntos.

Mi amor por él es único, ningún otro hombre puede tener cavidad en mi corazón, más que él. Mi perverso Diablo.

Necesitaba verlo, tenerlo cerca y que me abrazara y me dijera que todo iba a estar bien, y que él nos protegerá de cualquier mal.

Hubo una interrupción por alguien, podía estar segura que era uno de los hombres de Bruno. No preste atención, seguía con la cabeza girada mirado la pared que estaba cerca, hasta eso era más interesante que esos criminales.

―Señor, ya quedo el encargo ―anuncio el tipo.

Desgraciadamente conocía esa voz y ya lo había visto, otra escoria más a quien despreciar. Jack, es su apelativo, la verdad no sabía si ese era su verdadero nombre, con ellos nunca se sabía la verdad de las cosas.

Jamás pensé llegar a ver a este hombre en este lugar, sabía que era un delincuente, pero no tenía ni idea de que estuviera más metido en este mundo de la mafia. Mi hermana sufrió por él, la daño y la dejo destrozada y embarazada, y hoy me vengo a enterar que este tipo no solo trabaja para Bruno, si no que también es parte de una organización de asesinos más buscados y crueles del mundo.

Y pensar que mi hermana en algún momento se involucró con este hombre. Ella no tenía ni idea de lo que había pasado con él, estaba en la ignorancia de su existencia y la verdad quería que asi siguiera. Nada bueno podía dejarles a ella y a Sandy.

Pero lamentablemente él sí sabía de ellas, estaba al tanto de la existencia de mi sobrina y eso me preocupaba demasiado, tanto que me temía que hiciera algo contra ellas. Me sentía impotente e inútil al no poder protegerlas, no podía ni hacerlo conmigo misma como es que iba a cuidar de las personas que amaba.

―Bien, alista al último equipo y encárgate de ellos, estarás al frente ―dijo tajantemente ―Quiero su cabeza y serás tú el que me la traira esta noche, pero esta vez sin fallas. ¿Entendido?

―Sí, así será señor, esta vez no fallare. Hoy mismo tendrá la cabeza del Diablo.

En cuanto pronuncio "Diablo" gire para verlo. Una sonrisa maliciosa se reflejó en su rostro cuando se dio cuenta de que tenía mi atención y con mi expresión de asombro a su confesión.

No otra vez no por favor.

―Hola, cuñadita ―dijo sutilmente con un cinismo.

La ira se apodero de mí, lo fulmine con la mirada. Otro hombre que despreciaba tanto, tiene todavía el descaro de venir y hablarme de esa manera, nunca me quedare callada aunque es inútil discutir con ellos, aun así no podía soportar verlos sonreír victoriosos, como si todo lo que digieran o hicieran fuera mejor que cualquier otra cosa.

―No te permito que me llames así, tú no eres nadie para mi hermana.

― ¿Estas segura de eso? Porque yo creo que ella no me ha olvidado ―sonríe con seguridad.

―Completamente segura, ella ya te supero.

―Lo dudo, cuñadita ―amplia más su sonrisa ―Tenemos algo que nos une y eso nadie lo va a cambiar.

―No metas a mi sobrina en esto -siseo enfurecida.

―Yo la meto cuando quiera, es mi hija y pueda ser que pronto le haga otra visita. Quizás quiera venir a conocer Rusia y ver a su tía por última vez -guiño el ojo en mi dirección.

Me hervía la sangre de solo pensar que ese maldito se le acercaría a mi pequeña sobrina, no podía dejar que eso pasara. Pero desde aquí no se podía hacer nada, ni siquiera alertarles de las artimañas que tenía planeadas este tipo.

―Te advierto que si le tocas un cabello, yo misma te asesinare ― lo señalé con mi dedo, me puse de pie furiosa, mirando a los dos idiotas que no dejaban de reír como si lo que hubiera dicho fuera un chiste.

― ¿Y cuándo mate al Diablo que me harás? ―dijo provocativamente con un ligero tono lujurioso.

Bruno gruño bruscamente en respuesta a la pregunta que hizo, es claro que le molesto el subidito de tono de Jack. Pero él se disculpó con su jefe, no conmigo. Tampoco podía esperar mucho de él, de hecho de ese hombre no se puede esperar nada bueno, solo lo malo. Tanto él cómo Bruno eran las peores personas que tenía este mundo.

Ahora mi preocupación estaba en Dante, enterarme de esto solo hizo que me entrara el pánico. No quería volver a pasar por lo mismo, sentir ese vacío, ese dolor de pérdida, es la sensación más desagradable y lastimosa que puedes percibir cuando se trata de alguien que amas, y más si es el hombre de tu vida.

No estoy dispuesta a vivir nuevamente lo mismo, Dante no es fácil de vencer, sé que él podrá con ellos. Sé que es por mi rescate y sé que no le importara arriesgarse por nosotros, pero aun así me preocupa que le pase algo malo y que jamás pueda volverlo a ver. No me di cuenta que unas lágrimas estaban amenazando por salir de mis ojos hasta que sentí como unas se deslizaron por mis mejillas, me limpie rápidamente, no quería mostrar debilidad frente a ellos, no me verán derrotada fácilmente.

Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022