Mi vida no es la misma desde hace un año, yo era el hombre soltero más mujeriego y cotizado que tenía este país, acostumbrado a tener a todas las mujeres que yo quisiera, no importaba raza, color, religión, estrato social, nada. Era el hombre más poderoso del mundo y lo sigo siendo, en los negocios porque en el amor soy un muerto en vida, para mí no existe ninguna otra mujer que no sea mi sirena.
Mi sirena, mi doctora, mi morena, mi lienzo, mi vida, la mujer que hizo que conociera el verdadero amor, que me demostró que no todas las mujeres eran interesadas, ambiciosas y mentirosas cómo Melina o tan frívolas, caprichosas y traicionera como Lucrecia; ella fue lo mejor que me ha pasado en la vida, una loca sin sentido que no mide peligro, terca, voluntariosa, perfeccionista, sarcástica, pero a la vez, tierna, detallista, sensible, confiada, una niña en cuerpo de mujer. Me costó mucho que me aceptará, que creyera en mis buenas intenciones, se supone que ella sería la saciedad de un capricho que nació en mí la primera vez que la vi hace cinco años, y se convirtió en mucho más que eso, ella logró ser la señora Ziegermman, mi esposa, mi mundo.
Éramos felices o eso creía yo, hasta que un día me fui de viaje y al regresar encontré una casa vacía y una simple nota que decía " Me voy, olvídame". ¿Qué clase de nota es esa?, ¿Quién se va después de dos años de matrimonio sin dar una explicación? Es absurdo, llevo un año y medio tratando de entender qué sucedió, qué hizo que ella se fuera, la he buscado por todos lados, he contratado a los mejores investigadores, he ofrecido una fortuna por ella y nada.
Se que cometí un error en no decirle la verdad, pero era una noticia muy difícil que yo apenas estaba asimilando y decírselo a ella podía afectar su corazón, no puede recibir impresiones tan fuertes, podría perderla y eso no era una opción; lo irónico es que la perdí de todas formas.
Lucia Meller, la mujer que me enseñó amar la vida es la misma que ahora me la ha quitado, y por más que me digo a mí mismo que ya la voy a olvidar, que voy a rehacer mi vida, siempre me encuentro justo en este momento; pensando en ella y preguntándome ¿Dónde rayos está? ¿Me seguirá amando? ¿Se acordará de mí? ¿Pensará en mí cómo yo en ella? ¿Estará con alguien más?
Esa idea es la peor de todas, es la que me carcome el alma, imaginar a mi mujer en manos de otro hombre, me enferma, soy posesivo con ella; lo admito; pero ella es la clase de mujer que no se consigue a la vuelta de la esquina.
- Gabriel, necesito que firmes estos papeles. - escucho entrar a Emilia, ella es la abogada de la empresa y una vieja amiga.
Lucia la conoció, debo decir que no le cayó mucho en gracia, no solo porque es una mujer hermosa que estaba cerca de mí todo el tiempo sino porque en la universidad éramos amigos con ciertos beneficios, algo que quedó en el pasado.
- ¿Me escuchaste?
- Sí Emilia, te escuché - guardo la nota de Lucia en el cajón y me concentro en los papeles que me dio. - ¿Otra vez pensando en Lucía? - me pregunta con ese tono de reproche.
- ¿Quién dice que pensaba en ella?
- Porque te conozco y no hay otra cosa que no pienses, ya ha pasado más de un año Gabriel, si ella quisiera regresar ya lo hubiera hecho.
- Emilia, no quiero hablar de Lucia.
- No quieres hablar, pero piensas en ella. Eres un hombre guapo, exitoso, inteligente, con muchas mujeres a tu alcance no puedes seguir sufriendo por alguien que no te quiere. - la miró molesto y se da cuenta. - No te enojes conmigo, soy tu amiga y es hora de que alguien te lo diga.
- Muchas personas me lo dicen, no necesito a otra más; te aprecio, lo sabes; pero Lucia es un tema que no pienso hablar contigo ni con nadie.
- ¿No has pensado que Lucia pudo rehacer su vida?, capaz está con alguien más siendo feliz y tú aún estás estancado en ese episodio de tu vida. - claro que lo hecho, y me enfurece de solo pensar que alguien más pueda estar disfrutando de mi mujer.
- ¿Necesitas algo más? - le entregó la carpeta con los papeles que quería que firmara.
- Que salgas del hueco donde estas, que seas el mismo de antes, feliz, sonriente que le muestras a la sociedad y no esté amargado, solitario y triste hombre que cada noche se encierra en su casa.
- Emilia lo que yo haga con mi vida privada es mía, y si no le permito a mis padres inmiscuirse en ella mucho menos a los demás; pero gracias por tu consejo.
Sale de mi oficina molesta, odio que se metan en mi vida mucho más si el tema es Lucia, lo intento. Intento olvidarla, salgo a fiestas con mis amigos, a reuniones, eventos, muestro que soy feliz incluso he ido con Emilia, pero no me pidan más.
Decido relajarme por otro lado, en vez de estar escuchando estupideces, le digo a mi secretaria que ya se puede retirar y que llame a Nicandro para que me espere en la puerta.
- Claro señor, por cierto, su abogado le dejó estos papeles hace días, se le ha olvidado leerlos; quería entregarlos personalmente, pero como ha estado todos los días en juntas no se lo he podido entregar, aquí se los dejó.
- Está bien...- se me queda observando y no entiendo porque - ¿Algo más?
- No señor.
- ¿Entonces qué haces ahí parada? - se sobresalta y sale a tropezones de la oficina. No entiendo en qué momento se volvió tan extraña.
Veo el sobre que me dejó Salvador, ¿De qué se tratará? No recuerdo haberle pedido nada, lo veré en la casa. Ordenó mis cosas y me voy, como era de esperarse Nicandro me espera en la puerta.
- Buenas tardes, señor ¿Dónde vamos?
- Llévame al gimnasio, a ver si despejó mi mente.
- Sí señor.
Media hora después estamos en el Body-FitnessP, este lugar se ha vuelto mi refugio, aquí entreno boxeo además de hacer ejercicios, paso horas drenando todo lo que llevo por dentro.
Después de que Lucía y yo nos casamos, decidí que era hora de poner orden, y empecé con lo que mi mejor amigo me había pedido, ayudarlo a que el banco le diera un préstamo para montar su negocio. Y aquí está, un gimnasio que ahora es mi refugio, y se ha expandido en dos años que está funcionando.
- ¿Un mal día? - esa voz que interrumpe mis pensamientos.
- Más o menos, estoy tratando de entrenar, no molestes.
- Que humor, pero no puedes entrenar agotando los músculos Gabriel. Así no vas a resolver nada.
- Petter si quisiera un consejo te lo pediría, pero no es el caso.
- ¿Crees que el saco de boxeo es ella? - ¿Qué?, Dejó de golpear y lo observó.
- ¿En serio tú también me la mencionas? Todo el mundo me dice: "olvida a Lucía", pero viven recordándola constantemente.
- ¿Quién dijo que yo hablaba de Lucia? - lo miro molesto, asoma esa sonrisa de burla - yo hablaba de Lucrecia.
- ¿Qué pasa con Lucrecia?
- Eso te pregunto yo, ¿qué ha pasado con Lucrecia y Melina? Tus ex amores.
- No son mis ex- amores; Melina fue una desgracia en mi vida y Lucrecia un grave error. Y no pasa nada con ellas, Melina pudriéndose en la cárcel por todo lo que ha hecho, y Lucrecia dándose la buena vida que siempre ha querido.
- Sabes a lo que me refiero Gabriel.
- ¿Te he dicho que eres molesto? Juro que haría que el dueño del gimnasio te despidiera y te prohibiera la entrada, excepto que eres el dueño y no puedo hacerlo.
- Gracias a Dios. - Petter, es uno de mis mejores amigos y mi antiguo chófer y confidente, aún sigue siendo mi confidente.
- ¿A ver qué te tiene hoy de tan mal humor? Estás que revientas el saco.
- Problemas en la empresa, un cliente que no se decide de una vez a firmar un contrato.
- Mm, y yo como soy uno de esos amiguitos tuyos que te creen el cuento, te dejo de molestar. - lo odio porque me conoce bien.
- Estaba pensando en algo que me ha dicho mi mamá, Sabrina, Sebastián e incluso Emilia y la insoportable de Lucrecia.
- ¿Qué será?
- Es hora de dejar el pasado, no puedo estar estancado en algo que no va para ningún lado y soy Gabriel Ziegermman, no puedo darme el lujo de seguir siendo un zombi.
- Me parece bien, ¿qué decisión tomaste?
- Lucía...- me mira sin entender - ella se quiso ir de mi vida, está bien, le daré el gusto. A partir de hoy, no existe para mí.
- Ya te he escuchado decir eso varias veces.
- Está vez es definitivo.
- ¿Hablas en serio?
- Totalmente en serio, Lucia Meller ya no forma parte de mi vida. Ella escogió un camino donde no estaba yo, así que yo tampoco la quiero en el mío.
- ¿Por eso hiciste lo de los papeles? - lo miró sin entender. - Gabriel, se sinceró conmigo. ¿La has buscado?
- Claro que la he buscado, me extraña que me preguntes eso, tú mejor que nadie sabes cómo fui y he sido con ella; pero si ella no quiere aparecer es porque no quiere regresar y yo me cansé.
- Me sorprende que Gabriel Ziegermman, el que encuentra todo, no la haya podido localizar.
- Lo mismo digo, lo que me lleva a una conclusión.
- Me preocupa cuando dices esas cosas, tu juicio no es muy bueno cuando se trata de Lucia.
- No discutiré eso, pero la conclusión es que, ella no quiere ser encontrada, por lo tanto, ella me pidió olvidarla; eso haré. Así que no quiero escuchar más el nombre de Lucia Meller ¿Entendido? - afirma.
- Antes de no volver a tocar más el tema, ¿No has pensado que tal vez alguien de tu familia o quien te rodea sepa dónde está?
- No, ¿Quién podría saberlo? ¿por qué me lo ocultarían? Todos saben lo destrozado que me dejó y eso es algo que jamás se lo perdonaré. ¡Ya! Fin del tema.
- Bien, fin del tema. - así decido seguir entrenando y Petter me acompaña sin mencionar más a Lucia.
Al rato llega Sebastián - Sabía que aquí te iba encontrar. Hola Petter.
- Hola, Sebastián. ¿entrenas?
- Mis dosis de ejercicios las hice esta mañana en casa con mi mujer, gracias.
- Lo que menos quiero es escuchar tu vida sexual con mi hermana. - Le digo asqueado, es una imagen muy bizarra en mi cabeza.
- Yo no mencione el sexo, fueron ustedes en su cochina cabeza.
- Ya estás aquí y arruinaste mi entrenamiento ¿Qué quieres?
- El proyecto de los árabes, hay que entregarlo la semana que viene y aun no hacemos el boceto; has dicho que tú lo vas a hacer, así que dime si vas a poder o no.
- ¿Cuándo he fallado en un proyecto? Puedo tener miles de problemas, pero siempre cumplo con mi trabajo, así que relájate.
- Relájate, es lo único que sabes decir. En vez de estar en reuniones y paseando con Emilia por las calles de esta ciudad deberías terminar ese proyecto.
- ¿Quién los entiende? Primero quieren que me distraiga y cuando lo hago me quieren trabajando.
- Quiero que termines ese proyecto, por lo menos presentar un boceto a esos hombres para que nos dejen tranquilos.
- Eso es para la semana que viene así que, te lo vuelvo a decir. Relájate.
Después de un entrenamiento exhaustivo fui a casa, esa casa que ahora la siento grande y sola, no puedo evitar entrar en la habitación que era de Lucia, dónde tenía sus cosas que aún están, tal como las dejó; después de dos meses mande a cerrarlo con llave y solo yo puedo entrar, aquí vengo a torturarme la existencia. Aquí puedo sentirla un poco cerca de mí, aún se conserva su olor o tal vez son imaginaciones mías, pero hoy será la última vez que entro a esta habitación, no puedo seguir así, no puedo estar muerto en vida. Es cierto que le falle, pero debió hablar conmigo para no irse, quizás si yo no me hubiera montado en ese avión nada de esto estuviera pasando.
- ¡Lucia, ¿Por qué me tienes que doler tanto?!, ¿Por qué dejaste de amarme mi sirena? ¿Dime qué no te di para que fueras feliz? ¿Por qué tu amor duele? - respiró y me hago esas mil preguntas que nunca tienen respuesta.
- Hasta aquí llegamos amor mío, te amé, te amo; pero te olvidaré, si algo sé hacer es cumplir lo que digo. Y hoy será el último día que piense en ti, te guarde fidelidad y respeto, hoy será el último día que te ame.
Me quito mi anillo y lo guardó en su cofre, el mismo donde me dejó su anillo de boda, no me atreví a quitármelo hasta hoy; así me despido y cierro el cuarto para no volver, el día que regrese será para sacar sus cosas. Me di un buen baño, después cene lo que me dejó mi nana y fui al despacho a terminar un proyecto que deje a media cuando la innombrable se fue, pero como es de costumbre no me vienen las ideas.
- Odio esta situación.
Decidí pasar a los proyectos pendientes, gracias a Dios son suficientes para mantener mi mente ocupada y no pensar en el pasado. Así pasan las horas hasta que ya es pasada la madrugada y terminó uno de los proyectos a entregar la semana que viene.
De repente veo el sobre que dejó Salvador, no recuerdo haberle pedido nada; decido abrirlo y me llevo una gran sorpresa cuando veo el título "Convenio de Divorcio".
- ¿Qué diablos? - empiezo a leer, el documento, luego cláusulas, declaraciones y términos. - Yo no he solicitado el divorcio, ¿por qué rayos se le ocurrió hacerlo? A menos que haya sido Lucia quien lo solicito.
- ¿Sería capaz? Solicitar el divorcio sin hablarlo conmigo además este acuerdo no es algo que se parece a ella; pero si no es así ¿entonces?...
Subí a mi habitación dejando los papeles en el despacho. Divorcio; divorciarme de Lucia, no se me ha pasado por la mente en ningún momento, me case para toda la vida y Lucia es mía.
-*-
Al día siguiente apenas sale el sol voy a la casa de Salvador, se sorprende verme tan temprano.
- Aun no sale el sol ¿qué haces aquí tan temprano? – le muestro los papeles.
- ¿Quién te solicitó que hicieras este documento? Y se breve que no estoy de humor.
- Tú me lo pediste- ¿qué dice? – Gabriel hace una semana llegaste tocando mi puerta en altas horas de la noche, muy tomado y me pediste que redactara este documento.
- ¿Y le hiciste caso a un borracho?, además no suelo beber tanto como para no recordar lo que hago.
- Gabriel, Lucia se fue hace un año, no creo que vaya a volver, así que es mejor que ya termines esa relación legalmente y sigas tu vida.
Ese es el discurso de todo el mundo últimamente, ¿no habrá otro tema que no sea mi estado civil?
- Y si lo que te preocupa es que ella no está para firmarlo, no hay problema, con una demanda de abandono pierde todos los derechos y te dan la separación.
- Lucia no aceptaría nada, aunque se lo diera, no es una interesada.
- El punto es que ya esté hecho y el de ella también.
- ¿El de ella? A ver explícate.
- No hay mucho que explicar se hace una copia tanto para ti como para ella.
A Lucia le va a llegar una copia del divorcio – espera, pero no sabemos dónde está.
- Eres Gabriel Ziegermman, ¿cuánto tiempo crees que la prensa lo sabrá?
- No hay manera que lo sepa porque ni yo lo sabía hasta anoche que lo leí. ¡Demonios! Hecha esto para atrás, yo no me quiero divorciar.
- Ya eso está en tribunales, y su abogada debe tener una copia.
- ¡Abogada! ¡¿Qué abogada? ¿Perdiste la razón? ¿Quién diablos te pidió hacer esto?!
- ¡Tú!, que no te acuerdes no es mi culpa.
- ¡Ahora te pido que lo olvides, así que haz algo y rápido antes que esto se salga de control y yo te mate!
Salgo furioso de la casa y me voy a la oficina, este día no pudo empezar peor, ahora resulta que hago cosas que ni me acuerdo. Una vez llego empiezo a trabajar y ocupar mi mente y olvidar el desastre que hizo Salvador.
- Señor tiene una llamada, es la señora Lucrecia. - me interrumpe mi secretaria.
- Gracias – le respondo, porque sabe que la única manera de que llame es que sea urgente. – Dime.
- ¿Esa es la manera de decir buenos días? – paciencia Gabriel.
- Estoy ocupado, dime que quieres, ¿sucedió algo con Lewin?
- Además, que pregunta por ti, no. Gabriel solo puedes pasarte un rato para que lo saludes.
- Voy a ver si en la tarde pasó, ¿algo más?
- No, nada más. – cuelgo y sigo trabajando.
A mediados de la tarde entra Sebastián a mi oficina sin tocar como de costumbre con esta gente.
- Antes de que empieces a fastidiar aquí tienes el proyecto.
Le entro los bocetos de los árabes y queda impresionado, no sé si por el diseño o por mi rapidez en realizarlo.
- Esto es muy bueno, ¿en qué momento lo hiciste?
- Anoche, te dije que confiaras en mí que no iba dejar esté proyecto a la mitad.
- Me alegra que este hecho, un peso menos. ¿ahora me dices que te pasa? Hoy has estado con un humor peor que el de ayer.
- Desperté con la noticia de que hago cosas sin saberlo.
- ¿Cómo es eso?
- Resulta que me llegó un documento de Salvador, solicitando el divorcio.
- ¡¿Qué?! Decidiste divorciarte de Lucia, vas en serio cuando dice que la vas a sacar de tu vida – respiro profundo.
- No recuerdo ni cuando se lo pedí, pero según él ¿quién más pudo solicitarlo? Además, esas cláusulas y los términos que según yo pedí son un absurdo, incluso es una ofensa para Lucia.
- ¿Qué dice?
- Para hacer el cuento corto, que le ofrezco una manutención que es una miseria y que solo va hacer hasta que ella se vuelva a casar, segundo que por abandono no tiene derecho a mis propiedades sin embargo le doy uno de los departamentos que ella escoja al igual que uno de los coches, también dice que la deuda del hospital por su operación, tratamiento y todo lo demás lo puede ir pagando en cuotas, y como esas muchas estupideces más.
Me miró sorprendido, no es para menos si yo leyéndolo estaba enfurecido.
- ¿De verdad dice eso? Si Lucia lee eso si va a sentirse ofendida y no digo por la manutención si no por la deuda del hospital.
- Lo sé, por eso ¿crees que yo le pude pedir algo así a Salvador? ¿En qué cabeza? El día que pague esa cuenta no me dolió ni una moneda, y no acepté en casi tres años que me pagara, es más ni tocábamos el tema.
- ¿Qué dijo Salvador?
- Estaba nervioso, titubeaba; pero insistía que se lo pedí en una borrachera, solo espero que resuelva este asunto lo antes posible.
- ¿Crees que ese documento llegue a manos de Lucia?
- No, si nadie sabe dónde está, ¿te imaginas si llega a sus manos?. Soy un hombre muerto con el carácter que se gasta...
Después me pongo a pensar, si lo lee se sentiría tan ofendida que vendría a reclamar en persona.
- ¿Por qué esa sonrisa?
- Pensaba que si llegaba a sus manos entraría por esa puerta furiosa diciéndome del mal que me voy a morir.
- Tiene su lado bueno y su lado malo, la tendrás aquí, pero te odiaría por esto.
- Yo ni hice eso, sabrá Dios cómo pasó.
- Es raro, ayer dices que quieres sacarla de tu vida y ahora te llegan unos papeles.
- El mundo está raro últimamente, te juro que a veces siento que alguien conspira contra mí... El único lugar ahora donde me siento en paz es en el gimnasio...- de repente recuerdo lo que me dijo Petter de unos papeles. ¿cómo sabía él de eso antes que yo?
- ¿Estás bien? te quedaste pensativo.
- Si estoy bien, voy a casa de Lucrecia- me mira de mala manera – no me mires así, Lewin no tiene la culpa de nada y es mi responsabilidad. Hablamos luego.
En qué momento la vida se me enredo tanto, llamó a Salvador a ver cómo va los papeles y me dice que está en eso, llego a casa de Lucrecia y me abre muy seductora ella.
- No te esperaba tan temprano.
- Claro, ¿dónde está?
- ¡Papá!, - escuchó la voz de un pequeño niño, rubio con una hermosa sonrisa. Un niño que no tiene la culpa de haber nacido, un niño que sé que es la razón de porque mi sirena se fue.
Mi vida es una ruleta rusa desde hace un año y cinco meses, no me quejo no me ha ido tan mal económicamente, los ahorros que hice durante todos estos años y las inversiones dan su fruto; lo que no esperaba era no tener a mi lado al hombre con el que planeé todo mi futuro.
Yo era feliz, estaba casada con el hombre más guapo, millonario, elegante, perfecto, romántico, obsesivo, egocéntrico, carismático que pueda existir, sin contar que era un dios en el sexo; Gabriel Ziegermman, ¿Quién no lo conoce? Si nada más su nombre transmite respeto, dinero y poder. Excepto que para mí representa dolor, traición, vacío y decepción, a veces me preguntaba si fui impulsiva en tomar la decisión de irme de esa manera, si hubiéramos hablado, si se hubiera quedado para explicarme, pero como él bien dijo sus prioridades cambiaron y yo, ya no era uno de ellos.
Un hijo lo cambia todo, yo no pedía ser más importante que su hijo, pero si merecía una explicación, era su esposa y me lo oculto; tenía un hijo con la barbie descerebrada mientras que conmigo se negaba a tenerlos, según el por qué mi corazón no resistiría un parto ni las demandas nutricionales o físicas que conlleva un embarazo. Aún recuerdo las palabras que me dijo cuando le pregunté qué pasaría si estuviera embarazada.
- Olvídalo Lucia, eso no va a pasar y si por algún error llegas a estar embarazada, lo siguiente sería ir camino al médico a que abortes. No vas a morir por tu terquedad.
Esas palabras aún me duelen, para tres días después enterarme que era papá y que me engañaba, que estaba conmigo solo por obligación, que fue un error casarse conmigo, que ya no era feliz, entre muchas cosas más que me duele recordar. Aun así, me preguntaba si aún me quería un poco, algo que dudaba cada vez que veía las noticias, las revistas, las redes, siempre en reuniones y fiestas, muy bien acompañado de su adorada abogada tal vez fue ella quien lo ayudó a redactar el documento.
- Lucia sigues viendo esas noticias, ya no te tortures más.
- No me torturo mamá, solo recuerdo lo que me hizo Gabriel para no olvidar que somos el pasado.
- Eso hija lo resuelves firmando esos documentos, desde que los leíste, estás molesta y guardados en la gaveta.
- Ese documento es una ofensa mamá, además yo te dije que no debíamos aceptar eso, pero ahí está, los ricos no cambian fue mi error pensar que Gabriel era diferente.
- Eso no pensabas hace unos años.
- Porque era una estúpida enamorada de ese idiota, por pensar que su mamá tenía razón. Yo no era para él y cuando él se diera cuenta solo iba a ser una más del montón y mira.
- No eres una más del montón, eres su esposa les guste o no, aún eres la señora Ziegelmman...
- Ziegermman, mamá.
- Como sea, el punto es que legalmente sigues siendo su esposa.
- ¿Leíste la parte en que dice que por abandono he perdido los derechos y deberes de ser su esposa y que si usó su apellido me van a demandar?
- Y a ti se te olvido que no hay abandono cuando él cometió infidelidad, por lo tanto, el que pierde los derechos es el.
- Es Gabriel Ziegermman, el nunca pierde, ¿lo olvidas?, con comprar a todos gana, tampoco es que quiera nada de él, pero si me dolió y me ofendió ese acuerdo.
- Toda mujer con un poco de dignidad y orgullo se siente ofendida, pero en vez de estar ahí peleando con el televisor deberías pensar ¿qué vas a hacer?
- Es descarado, después que me engaña, me ofende tiene el tupé de mandarme ese documento y ni siquiera viene el personalmente, tiene que mandar a sus secuaces; es un cobarde.
Aún recuerdo cuando leí ese documento, hasta ese día pensaba que había tenido suerte de que Gabriel no me haya encontrado y resulta que él sabía dónde estaba, simplemente que no me quería ver, debí imaginarlo después de todo él siempre tuvo la mala costumbre de investigarme la vida; lo que me duele es saber que no le importo ni un poco, que ni siquiera puede tomar un minuto de su tiempo y venir el mismo a pedirme el divorcio.
- Estúpido.
- Aun amas a ese estúpido, así que tienes dos caminos hija mía, firmas ese documento y quedas divorciada de Gabriel o mandas a redactar un nuevo documento de divorcio y se lo mandas.
- Esa idea no está mal, pero tengo miedo y no hablo de verlo, sino que quiera reclamar algún derecho sobre...
- Eso es un riesgo que tienes que correr, pero ¿a estas alturas crees que el reclame algo?
- Con él nunca se sabe, ya ves cuando creo que no me puede sorprender me sale con algo nuevo y más decepcionante que lo anterior.
- Entonces tienes que buscar la manera de protegerte, la verdad; es que todavía no me creo que Gabrielito haya hecho todo esto.
- Es que me inventé los papeles, me imaginé lo que vi y escuché mal lo que dijo.
- No he dicho eso, simplemente que es difícil de creer que después de tanto amor todo haya terminado así.
- Pero, así terminó mamá, y ya no quiero hablar de Gabriel.
- Pues no hablemos más de él, pero tienes que tomar decisiones después de todo parece que siguió con su vida.
Claro que siguió con su vida, después de todo el estorbo que tenía ya no lo tiene, que tonta como no me pude dar cuenta antes, creyendo que eran ideas mías; que exageraba, pero mis instintos nunca me han fallado porque iban a hacerlo en ese momento. Soy una tonta porque después que Gabriel hizo lo que siempre le pedí que no hiciera, después de saber todo lo que sentía por mí y las cosas que dijo, sigo amándolo como el primer día; hay que ser demasiado masoquista en esta vida.
- ¿Y bien, te vas a quedar ahí parada viendo más noticias de Gabriel o vas a desayunar?
- Ni lo uno, ni lo otro; no tengo hambre y ya debo irme a trabajar. Nos vemos más tarde.
Le doy un beso a mis dos amores y salgo de casa a mi pequeña empresa, se me ocurrió hacer un centro de mujeres para lactancia materna, algo que ver con mi carrera, después de todo sigo siendo pediatra y amo a los niños.
Aquí es el lugar donde me olvido de mi dolor, mis penas, mi pasado y miro al futuro; hay muchas mujeres que asisten a estos talleres con su bebé y otras aún están embarazadas, pero empiezan a entrenarse. Me ayuda Giuseppe, es un doctor, pediatra especialista en lactancia materna como yo, tiene mi edad y nos llevamos muy bien; es apasionado, responsable y guapo; también está Franchesca que es licenciada en lactancia y nutrición, está Carol y Melo, enfermeras que nos ayudan con las pacientes y está Fabio; el abogado de la pequeña empresa y hermano de Alessio, mi loco amigo europeo que no me abandona y siempre está pendiente de mí, lo único malo que tiene es que sigue siendo socio de Gabriel.
En fin, somos un pequeño grupo feliz, nos llevamos muy bien y estamos muy compenetrados; como dije no me puedo quejar; a veces los cambios son buenos.
- Al fin decides llegar, dos horas más tarde de lo habitual. Ya iba a llamar a los hospitales.
- ¿Por qué eres tan exagerada Franchesca? Tampoco se está cayendo el centro.
- No es por eso, nunca llegas tarde y cuando lo haces avisas; hoy no hiciste ninguna de las dos y has estado muy rara en estos días, uno se preocupa.
- Ya ves que estoy bien, no es el fin del mundo y lamento no haber avisado, se me presentó un inconveniente. - llamado Gabriel Ziegermman. - ¿Cómo está todo por aquí?
- Mucho trabajo, hoy se incorporaron seis mujeres más nada más en el turno de la mañana y cinco en la tarde. Así como vamos, no nos vamos a dar abasto. ¿No has pensado en expandirte? ¿Hay alguna sucursal?
- Eso es dinero y tiempo, algo que apenas tengo.
- ¡Oye!, no tendrás mucho dinero, pero tienes muy buenos ingresos así que esa excusa no la uses.
- Me refiero a que para montar un nuevo centro hay que invertir, contratar personal, pagar publicidad y todo eso lleva tiempo, entre el consultorio, los cursos, las terapias y mis responsabilidades personales no tengo tiempo.
- Excusas, eres muy buena inversionista - de hecho, Alessio lo es, es quién me ha sugerido todas mis inversiones mamá dice que se ha vuelto mi conciencia, aunque en realidad no se compara a Santiago, mi Ángel de la guarda.
Apenas hablo con él, aún creo que sigue enojado por haberme ido y no decirle, así como tampoco le he dicho las razones de esa decisión, lo que, sí les puedo decir que, así como su vida ha cambiado la suya también, resulta que es papá de un niño hermoso, solo lo he visto en fotos porque me las ha mandado lástima que la madre no se lo deja ver, nunca me ha querido hablar de eso y no presionó, se lo que se siente no querer hablar de un tema.
- Te volviste a ir - escucho a Franchesca - tú y esa mala manía de desconectar tu cerebro cuando hablamos.
- Lo siento, es que tengo muchas cosas en mente. ¿Qué me decías?
- Que dentro de una hora es el cuarto taller y te toca, Fabio no viene sino hasta la tarde y Giuseppe está en el hospital cuando salga de ahí...
- Gracias, ya me preparo para el taller y tú puedes descansar, y gracias por cubrirme.
- No es que no lo pueda hacer, después de todo eres la jefa.
- Una jefa que es regañada por su personal ¿Cuándo se ha visto eso?
- Somos un sistema diferente de trabajo. Adiós.
Eso es cierto y me divierte mucho, trato de buscar mis cosas para arreglarme y al ver mi celular tengo una llamada de Diana.
- ¿Qué es urgente que no puede esperar? - le digo apenas contesta.
- Primero se saluda Heidi y segundo estoy cenando.
- Yo estoy a punto de entrar a un taller, así que mi tiempo es un poquito complicado y tú nunca tienes tiempo para hablar, es más me sorprende que me hayas respondido.
- Amiga, el trabajo llama y si queremos crecer hay que trabajar mucho.
- Eso es cierto, y conociéndote sé que debes estar logrando tus sueños.
- Si, no me quejo, Marcelo es una maravilla que me apoya y también se ha esforzado mucho.
- Quién lo diría, ¿verdad? Ahora me dices que es eso urgente.
- Bueno, resulta que vas a tener que buscar tiempo en unos tres meses para venir porque tienes que conocer a tu sobrino/ ahijado.
- ¿Qué? ¿Cómo que conocer estás loca? Además, Santiago apenas y lo ve.
- No hablo de Santiago Heidi.
- ¿A no?... Espera... ¡ah! ¿Estás embarazada? ¿En serio?
- ¡Si! Tengo cuatro meses de embarazo.
- ¿Cuatro meses y hasta ahora me dices? ¿Pero qué clase de comadre hace eso? Si quieres me avisas cuándo naciera.
- Es que no queríamos decir nada hasta cumplir los cuatro meses, que nos garantizamos que todo estaba bien.
- Increíble, no es justo tú te enteraste primero de mi embarazo que todo el mundo y yo soy la última en enterarme del tuyo.
- No seas tan sensible y dramática, que después de Marcelo y mi familia eres la primera que lo sabe.
- Ya qué, ni modo de cambiar eso, pero estoy enojada. Ya sabes que nada de rabia, ni de estar amargándome.
- Algo que me ha costado, pero lo he controlado.
- Te felicito y a mi compadre también, ahora debo irme después hablamos.
- ¿Eso será para cuándo? - respiro profundo porque es difícil responder.
- No lo sé, te extraño.
- Yo también, deberías volver, aunque sea de visita.
- Tengo una agenda apretada, tal vez más adelante cuando nazca mi sobrino. Te quiero, besos.
Cuelgo y estoy tan feliz porque Daina y Marcelo se lo merecen, lucharon tanto para estar juntos, serán unos papás increíbles. Entró al taller y me olvide de todo, solo me ocupo de mis pacientes y sus dudas, preocupaciones y necesidades; de los últimos talleres para compensar las horas que falté en la mañana. No sé en qué momento el día se pasa tan rápido, atiendo a los proveedores de fórmulas que son necesarias en ocasiones especiales, también a los visitadores y algunos que otro estudiante de medicina que le llama la atención este programa.
- ¿Cansada? - me interrumpe Giuseppe en la oficina.
- Un poco, el día se pasa rápido y aún hay mucho que hacer.
- Si delegamos no sería tanto el trabajo, ya te he dicho que no puedes hacer todo tú sola.
- Lo sé, pero si uno quiere que las cosas salgan bien no hay de otra. Buena la charla que le diste a las mamás y a tus estudiantes que te admiran.
- Igual que a ti, aunque no lo creas. Lo que me recuerda es que hablé con el jefe del servicio del hospital y le encanta los talleres que damos, las mamás hablan de tú y del centro.
- Gracias, eso es bueno.
- Tan bueno que se quiere reunir contigo para ver si podemos trabajar en conjunto.
- ¿En serio? Eso sería estupendo, llegar a las mamás en el puerperio incluso a las que aún están en su control prenatal.
- Sabía que te iba a gustar la idea, por eso viene mañana en la mañana.
- ¿Tan pronto? Bueno, hay que escuchar a ver qué nos ofrece y si nos conviene así también nos ayudamos mutuamente.
- Así es, ahora ya acabó la jornada laboral y es hora de irnos, ¿Te invito a cenar?
- Me gustaría, pero quiero llegar a casa y...
- Siempre buscas excusas para no aceptar mis invitaciones.
- No es eso, es que tengo el tiempo tan limitado que no se ni como lo distribuyó.
- A veces te tienes que distraer del trabajo, la casa y los problemas, Lucia. Anda vamos, aunque sea por un helado.
- Eso sí te lo acepto.
Salimos y caminamos por las calles, después de todo es una ciudad pequeña dónde casi todos se conocen, llegamos a la heladería dónde ya nos conocíamos y compartimos un rato, ayuda a despejar mi mente. Cuando mejor la pasamos y nada puede arruinar el día, Gabriel aparece.
- Mira eso - dice Giuseppe señalando a la televisión, están dando un programa de farándula y hablan de Gabriel y sus donativos a un gran centro de la milicia.
- Interesante- no sabía que haría ese tipo de eventos.
- Es un hombre que se ve que tiene mucho dinero, esa seguro es su esposa o novia - habla de Emilia, no desaprovecha ni un momento para estar juntos.
- El muy cretino quien lo viera, con esa sonrisa mientras que yo estoy llorando por él, detallo cada uno de sus gestos, sigue siendo un hombre muy guapo, se ve que hace ejercicios; y ya me imagino la clase de ejercicio que hace o mejor dicho con quién.
- Es una linda obra de su parte, por lo menos hace algo para ayudar.
- Cuando le conviene, los ricos no dan nada por nada.
- No todos. Alessio, no es así.
- Uno del millón - veo como la periodista le hace unas preguntas a Gabriel y no puedo evitar notar que no lleva el anillo de boda, antes lo tenía. -Vaya que rápido quiere el divorcio.
- ¿Quién quiere el divorcio? - pregunta Giuseppe.
- Nadie, no me hagas caso, mejor vamos que ya se me hizo tarde y me esperan en casa.
- Está bien, vamos. Mañana hay que llegar temprano al centro de lactancia.
Giuseppe paga los helados, le compra uno a mi madre y me acompaña hasta la casa mientras planeamos decirle al jefe de su servicio para que nos apoye y viceversa.
- Quedamos así, igual mañana cuando esté en el centro veremos qué nos ofrecen y partimos de ahí. Gracias por tu apoyo y por los helados.
- Cuando gustes, sabes que para mí es un placer ayudarte y que cuentes conmigo. - Me da un beso en la mejilla, muy cerca de la comisura labial, no soy tonta para no darme cuenta de que le gustó y si no fuera porque mi corazón aún sangra por la herida tal vez le haría caso. - descansa.
- Igualmente.
Al entrar veo como mi madre cambia el canal rápidamente para no darme cuenta de que estaba viendo el programa de farándulas.
- Llegas más tarde ¿Y qué traes ahí?
- Giuseppe me invitó a comer un helado y te mando el tuyo.
- Tan lindo, él sí sabe cómo ganarse a la suegra – la observo mientras prueba el helado. - que delicia.
- Ya veo, no hagas más esos comentarios.
- ¿Por qué no? Hasta un tonto se daría cuenta de que le gustas.
- Lo sé, pero él sabe que no puedo ofrecerle más que una amistad y no es necesario que cambies el canal, sé que Gabriel estaba en televisión, lo vi en la heladería.
- Está guapo el niño, se ve que está en forma. No como antes que se veía cansado, estresado y ...- me observa y se da cuenta de lo que sus palabras me ocasionan. - lo siento mi amor, no decía que tú lo tenías así solo digo que ahora está...
- Si mamá, yo sé lo que quieres decir, pero tienes razón Gabriel ha vuelto a hacer lo que era antes de saber lo de mi corazón, brilla, está relajado, ya asiste a más eventos y no tiene el estrés y la preocupación de tener una esposa enferma en casa.
- Tú no estás enferma, es decir lo estabas y te tienes que cuidar, mucho más ahora, pero el médico dijo que el trasplante está funcionando bien y que los resultados anteriores fueron consecuencia del estrés, la crisis depresiva y el embarazo.
- Algo con lo que no tuvo que lidiar tu niño bonito.
- Creo que a él le gustaría haber vivido todo eso.
- ¿En serio? Mamá llegaste a pensar que Gabriel tenía razón, que yo no sentía tener hijos.
- Por supuesto, el médico fue claro Lucia, tienes un trasplante de corazón, debes cumplir una alimentación, asimismo tienes que cumplir una rutina de ejercicio sin excesos, evitar situaciones de estrés, y embarazos porque es un riesgo muy grande insuficiencia cardíaca que te puede llevar a la muerte y casi ocurre.
- Pero no fue así, si se tenía los cuidados necesarios se podía lograr.
- Si con muchos cuidados y aun así casi pierden la vida; pero como tengo una hija tan terca como el padre que le dicen no puedes y ella va a hacer todo lo contrario.
- Ya no vamos a discutir por eso.
- Claro que no, igual todo salió bien.
- Mamá...- He escuchado la voz de la razón de mi vida, lo que me da fuerza para seguir viviendo, mi mayor prioridad. - mamá.
- Mi pequeña, como abre sus ojos y su brazo para que la cargue, la estrujó y me la como a besos.
- ¿Cómo está lo más hermoso de esta casa? ¿Me extrañaste? - afirma, apenas y puede mencionar algunas palabras, y está aprendiendo a caminar.
- Ya te va a contestar, corriendo. - responde mi mamá con sarcasmo - se portó bien, comiendo, durmiendo y jugando.
La veo tan bella y no es porque sea mi hija, pero hay que ver qué Gabriel hace niños preciosos porque la condenada salió igual a su padre, cabello liso y castaño claro con los ojos azules, piel blanca y malgeniada como él.
- Pues sí que la supo hacer bien, aunque tú también hiciste un gran aporte - al escuchar a mi madre me doy cuenta de que hable en voz alta. - saco tu manera de comer, de dormir y de exigir.
- Es solo una bebé mamá, ¿cómo va a exigir?
- Ja a esa edad consiguen lo que sean, eso que aún no habla, pero cuando empiece hablar va a preguntar por su papá ¿Que le dirás?
- Cuando llegue el momento te diré.
- Hija, sabe que te apoyo en todo lo que tú decidas, pero tú creciste sin tu padre y no porque no quiso formar parte de tu vida o porque yo se lo prohibí, sino porque Dios se lo llevó antes. Sufriste mucho sin él ¿Quieres eso para mí nieta?
- No mamá, pero Gabriel es tan... Imagina que llegó ahora que pidió el divorcio con todas esas cláusulas y le digo "por cierto tenemos una hija, esa que nunca quisiste tener, ahora te tienes que hacer cargo". Va a pensar que quiero su dinero y ve que ya está exigiendo que le pagué lo que invirtió en mí.
- Tú tienes tu propio dinero, no es tanto como el de Gabriel, pero te permite tener una estabilidad y si el mantiene a su hijo con su ex, porque no mantener a su hija con su esposa.
- Exesposa. Además, conociéndolo capaz me la quita nada más para mostrar su poder, y si soy sincera lo quiero a metros de distancia, no lo quiero en vida por lo menos hasta que deje de doler.
- Para que te deje de doler el corazón tendrías que dejar de amarlo.
- En ese caso cuando deje de amarlo, y ya no me duela el alma pensar en él ahí capaz le cuento que tiene una hija. - mi mamá niega y prefiero dejar de escucharla.
Cargo a mi bebé y la llevo hasta mi habitación donde se pone a jugar. Yo sé que necesitas a tu papá mi amor, pero es que ese idiota hizo sufrir mucho a tu mami y nos gusta pelear tanto que no quiero que tú salgas lastimada, pero sé que soy egoísta contigo y no te lo mereces. Me da esa sonrisa que me roba el alma y alumbra mis días.
- ¿Quieres conocer a tu papá? - busco mi celular y consigo una foto, la última foto que le tome antes de que nuestra vida cambiará.
Recuerdo que estaba nadando en la piscina, se veía tan sexy y provocativo, después se sentó en el borde la piscina mirando el cielo, se veía tan relajado y sonriente que no pude evitar tomarle una foto; le pregunté porque sonreía y me dijo que era porque sabía que me lo estaba comiendo con la mirada. Después me lo comí como dios manda, hicimos el amor en la piscina, tan delicado, tan amoroso, tan mágico que aun no entiendo cómo todo eso podía significar obligación para él.
- ¿Ziegermman, en qué momento de la historia dejaste de amarme.
Estos días son insufribles, escucho a una periodista más haciéndome preguntas sobre mi relación con Emilia o porque Lucia se fue y voy a explotar, estoy tratando de rehacer mi vida, pero no ayudan, definitivamente a veces pueden ser muy molestos.
- Gabriel los árabes están felices con el proyecto. - dice Sebastián - no deberías tener esa cara de mal genio.
- Mi cara de mal genio es porque la prensa y la gente ya empieza a molestarme con sus comentarios sobre Emilia, no entienden que es solo una amiga.
- Eres el hombre más cotizado del país, millonario y todo el mundo especula sobre Lucía; ahora te quitas la sortija y te ven al lado de Emilia, ¿Qué esperas que digan?
- Que no digan nada, eso es lo que quiero, que me dejen en paz.
- Lo bueno es que ya no preguntan por Lucia.
- Algo bueno, de todo esto. - aunque no necesitan preguntar para tenerla en mi mente.
- ¡Niños, la cena está en la mesa! - grita mí madre desde el comedor.
- Mejor entremos antes que mi suegra se ponga de mal humor, últimamente está muy feliz.
- Lo he notado.
Entramos y nuestros sobrinos ya estaban en la mesa, mi hermana ayudaba a mi madre a terminar de resolver algunos asuntos y papá hablaba por teléfono hasta que nos vio y terminó su llamada.
- Hijo, Sebastián felicidades por cerrar el contrato con los árabes, ya era hora estaban muy felices.
- Totalmente papá, solo había que darles algo de egocentrismo y listo.
- Hijo, estoy muy feliz por ti, ya decidiste divorciarte de esa mujer y era hora que siguieras con tu vida - tenía que mencionarlo.
- Selena, no es el momento ni el tema adecuado. - comenta papá.
- Suegra, usted sí que sabe arruinar un momento, no pierde la costumbre.
- ¿Por qué arruinarlo?, estoy feliz porque mi hijo decidió avanzar, además tienes un hijo que es hora de que salga a la luz antes que la prensa lo descubra. Además, tienes una relación con Emilia.
- Mamá, Gabriel decidirá eso, no nosotros. Mejor hablemos de otra cosa. - dice Sabrina.
- Mi tía va a volver - interrumpe mi sobrino - no deberías salir con nadie más.
- Santiago, es una conversación de adultos - le reprende mi madre.
- Entonces no debes hablar delante de niños abuela - lo miramos sorprendidos, es verdad que mi sobrino ha crecido.
- No puedes ser irrespetuoso - le digo.
- Tuviste un hijo con tu exnovia tío, eso a cualquiera le molesta y no porque tú seas tú, ella debe aceptarlo, pero ahora sales con otra, hasta yo estoy molesto.
- Es cierto tío, mi tía es más bonita y divertida, yo no quiero otra tía - dice mi sobrina que también ha crecido.
- Vaya, pero ¿estos niños cuando se volvieron tan imprudentes? - dice mi madre.
- No opinen en cosas de grandes - les dice Sabrina.
- Yo tengo razón, aunque sea un niño. A ver mamá, si papá llega y te dijera que tiene un hijo con otra mujer ¿Lo tomaría bien? O tu abuela si mi abuelo llega y dice que tiene un hijo ¿Te gustaría? ¿Por qué mi tía tiene que ser diferente?
- Ya basta, no más comentarios niños, dejemos que su tío resuelva su vida y no hablen cuando los adultos estén conversando - menciona mi padre.
- Está bien, hermanita, vámonos a comer a otro lado, aquí no nos aprecian. - se levantan y salen del comedor.
- Aunque mis hijos están pasados de habladores, tienen un buen punto - dice Sebastián.
- Siempre justificando el mal comportamiento de mis nietos yerno - dice mi mamá.
- Si no quiere que mis hijos den su opinión de cosas adultas no hable todo el tiempo de ellas, suegra, y debe admitir que tiene razón.
- No puedo tener una cena agradable ni siquiera en casa - opinó en voz alta - ¿Cómo sabes lo del divorcio madre? Nadie lo sabía.
- Es cierto, ¿pediste los papeles? - pregunta mi padre.
- No, sí. Es complicado papá, pero tú cómo lo supiste madre.
- Emilia me lo contó - ¿y cómo lo supo ella?
- Está bien, si voy a seguir con mi vida es lo que todos queríamos y así tiene que ser por lo tanto no quiero escuchar más su nombre, ¿de acuerdo? - todos afirman.
Terminamos la cena entre charlas muy lejos de mi vida personal, lo que agradezco mucho sin embargo hay algo que ronda en mi memoria hace un buen rato ¿Cómo sabía Emilia de esos papeles? Así que una vez que salí de la casa fui hasta su apartamento.
- Vaya esto si no me lo esperaba, disculpa mi atuendo - tenía una bata de seda que no dejaba nada a la imaginación, cualquier hombre se sentiría excitado por semejante vista, pero yo no.
- Lamento interrumpir, pero necesito preguntarte algo y quise venir en persona. - me deja pasar y me sirve una copa, como siempre suele hacerlo.
- Sabes que puedes venir cada vez que quieras, está es tu casa. ¿Para qué soy buena?
- Estuve hablando con mi madre y me mencionó sobre los papeles del divorcio - veo que se pone nerviosa - me dijo que tú le dijiste.
- ¿Yo?
- Si, tu. ¿Cómo supiste de ellos?
- En los tribunales todo se sabe y en vista de que soy una de tus abogadas me lo mencionaron, no pensé que fuese un secreto y se lo mencioné ¿Hice mal?
- No, es que no sabía que tú o alguien lo supiera.
- Me alegra que hayas tomado esa decisión, que hayas querido seguir con tu vida.
- Hay que mirar al futuro, y no hay que hablar más del tema.
- Tú sabes que yo estoy aquí para ti, somos amigos y podemos ser más que eso el día que tú lo quieras.
- No estoy listo para eso, y no quiero engañarte, pero el día que decida tener una nueva relación serás la primera en saberlo. Ahora quiero saber algo, si una de las partes del divorcio no está presente ¿cómo puede llevarse a cabo?
- No hay problema, con demostrar que llevan un año separados y no tienen nada que los una económica ni emocionalmente, y al no saber de ella pueden otorgar el divorcio y siendo tú quién eres no durará mucho. ¿Quieres agilizar el proceso?
- Ya Salvador está en eso, no te preocupes ya tienes suficiente con otros pendientes. Mejor me voy.
- Quédate un rato más y hablamos, hace unas semanas que no lo hacemos.
- No, tengo otros pendientes.
Y los tenía porque todavía tengo algunas dudas que resolver. En la mañana antes de ir a la oficina decido pasar al gimnasio, entrenar un rato y apaciguar un poco las cosas.
- Llegas temprano Gabriel, normalmente vienen en la noche.
- Quise venir temprano, no tiene nada de malo ¿O sí?
- No, Gabriel sabes que eres bienvenido y pagas un buen plan para tener acceso.
- ¡Petter! Hace unos días, cuando hablamos, te dije que quería olvidar el pasado.
- Según la prensa lo estás haciendo muy bien - me río de esos comentarios.
- Si, bueno ya sabes cómo son, lo que llama mi atención es que mencionaste algo sobre unos papeles ¿A qué te referías? - me mira con burla, cuando ve mi seriedad me evade la pregunta.
- A nada en particular ¿Por qué?
- Pensé que te referías a los papeles del divorcio, luego pensé es ilógico que hablé de ellos porque ni yo sabía de esos papeles hasta que llegué a casa.
- ¿Tú no sabías de ellos? ¿Cómo es eso posible? ¿Acaso no fuiste tú quién los solicitó?
- Eso es un misterio que debo resolver, pero igualmente tarde o temprano se tenían que hacer.
- ¿Te quieres separar de ella?, tal vez sea lo correcto así ambos pueden seguir con sus vidas, porque aguantarlos es molesto.
- ¿Aguantarnos? - lo observó y es como si se diera cuenta de lo que dijo. - ¿Petter, no has hablado con Lucia y no decirme? Eran buenos amigos.
- ¿Él trato no era, no mencionar más a Lucia?
- Me estás evadiendo la pregunta Petter, eres mi amigo y no me ocultarías algo de Lucia, ¿verdad?
- Alessio es tu amigo, Marcelo es tu amigo y Erick es tu amigo ¿A ellos no les preguntas esas cosas? También son amigos de ella.
- No vamos a hablar de eso, además desde que se enteraron de que...
- Que tienes un hijo con Lucrecia están enojados contigo.
- Odio que me miren como si le fuese infiel a Lucía, ese niño nació antes de que nos casáramos y yo no sabía de su existencia hasta hace casi dos años.
- Tal vez no es solo eso lo que les moleste, después de todo aún te hablan.
- ¿Qué más les puede molestar?
- No me has respondido, ¿Has hablado con Lucia?
- No, Gabriel, ya ve a entrenar.
Me deja hablando solo, decidí seguir entrenando capaz estoy imaginando cosas donde no las hay, después de media hora decide acompañarme a entrenar, y es difícil no notar a Alessio. Cuando paso al vestidor, lo veo preparándose.
- Es increíble que siendo socios nos tratamos como extraños - le digo.
- No te trato como extraño, simplemente es difícil coincidir a menos que sea en los negocios.
- Antes podíamos ir a beber al club, salir, no solo hablar de negocios.
- Es cierto, pero tú fuiste quien se alejó Gabriel, te enojaste con medio mundo por algo que tú mismo hiciste.
- Yo no lo sabía y me acusan.
- Yo no te acuso, sé que no estaba en tus planes no es por eso por lo que estoy molesto contigo, creo que no supiste manejar las cosas y ella tampoco ahora paga las consecuencias.
- Alessio, sabes ¿dónde está?
- Hace algo la diferencia, decidiste divorciarte de ella y seguir con tu vida.
- ¡Ella se fue! ¿No tengo derecho a rehacer mi vida, a dejar este dolor que ella me dejó?
- Claro que lo tienes y, pero...- Respira profundo - simplemente creo que dejaron que terceros manejan sus vidas.
- Tercero, ella se fue sin dar explicaciones.
- Tú te fuiste cuando ella te dijo que te quedarás...- lo observé porque a nadie le conté de esa discusión - ¿sabe qué? no es mi asunto, si quieres un amigo, está bien yo no voy a decir entre ustedes dos.
- Has hablado con ella. Y no es una pregunta.
- No sé dónde está Gabriel, si es lo que quieres saber. Nos vemos el sábado en el club ¿Te parece?
- Está bien.
Se va sin decirme más nada, pero es evidente que habla con ella sino como sabe de esa discusión, maldito día. Todo estaba bien, ella había entendido y todo se desplomó, ¿qué pasó ese día para que te fueras?, debí quedarme y hablar. Ya que importa, te fuiste sin importarte nada y voy a seguir con mi vida. Decidí llamar a Emilia y dar el primer paso.
- Hola, ya voy de camino a la oficina, estaba en el juzgado.
- Bien, quería invitarte a almorzar.
- Claro, ¿paso por ti o nos vemos dónde Erick?
- Nos vemos allá, a la una. Adiós.
Cuelgo y doy el primer paso, está vez no será un almuerzo de negocios, es una oportunidad para algo nuevo porque debo sacarte de mí como sea Lucia Meller. Voy a la oficina a resolver algunos pendientes y luego voy a ver a Emilia.
- ¿Tu aquí a esta hora es raro? - me dice Erick.
- Aquí se viene a comer y es mi restaurante favorito ¿Por qué te sorprende?
- Normalmente vienen por asuntos de negocios y me avisan.
- Esta vez no vine por negocios...
- Hola, lamento llegar tarde porque estaba en un tráfico. Hola Erick.
- Hola...ya veo que no es negocio. Es cierto lo que dicen en la prensa.
- Lo es, Emilia y yo estamos saliendo. - le digo y ella se sorprende, pero puedo ver un brillo en sus ojos.
- Los felicito, voy a traerles algo de comer - nos deja solos, es raro que no diga una de sus impertinencias.
- Lamento eso, Erick, puede ser irritante.
- No me parece que lo haya sido, lo que dijiste...
- Sobre eso, Erick me preguntaba por lo que dice la prensa solo quería que no hiciera preguntas tontas.
Almorzamos con tranquilidad como los viejos amigos que somos, no se sintió tan mal después de todo empezamos por buen pie.
- Se que no quieres que hable del tema, pero vi a Salvador en el juzgado, está arreglado todo para agilizar el divorcio.
- ¿Qué? - yo no...
- Está mal que lo haya hecho.
- No, es que... No quiero que eso arruine nuestra tarde. ¿Quieres hacer algo?
- Pensé que tenías trabajo.
- Sebastián se encargará.
Después de almorzar, salimos al cine, a caminar un rato, luego cenamos y la dejé en casa, fue un día relajante, hace mucho que no pasaba un día así.