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UN BEBÉ PARA EL CEO

UN BEBÉ PARA EL CEO

Autor: : Pamela ant
Género: Romance
Damiano Zorzi, necesita un heredero de manera imperiosa, pero no confia en ninguna mujer, pues su corazón ha sido roto en mil pedazos. Por lo que buscará obtener lo que necesita de una manera poco ortodoxa, pero no por ello menos efectiva, y muy discreta. Alexandra Valente, pensaba tener la vida perfecta junto al hombre que amaba, hasta que descubre que él le es infiel; sumergida en el dolor, ella decide huir sufriendo un accidente en el proceso, quedando así en coma. Sin más salida al ver que la vida de Alexandra se le escapa de las manos; Bruno, decide alquilarla a un hombre poderoso que posee los medios para mantenerla con vida, con la condición de que sea el recipiente perfecto para cumplir su tan anhelado sueño. La situación se complica, cuando Alexandra despierta, y descubre que solo fue usada, y que es madre del hijo de este hombre, Damiano Zorzi, con quien después de negociar, fingirá un matrimonio solo para no abandonar a su pequeño. ¿Podrá Alexandra sobrevivir a esta difícil situación, habiéndose casado sin amor? ¿O este hombre arrogante, frío, y con traumas de su pasado, termina amándola?

Capítulo 1 El inicio de todo

Capítulo 1-El inicio de todo

Alexandra Valente

Abriendo mi boca en busca de aire, sentí mis ojos cristalizarse ante la escena frente a mí. Todo era cierto, Bruno me era infiel, y permaneciendo estática, no podía creer.

-Bruno-Musité en un hilo de voz.

Sintiendo mis lágrimas rodar por mis mejillas, y retrocediendo un par de pasos, mi prometido salió de la nube de excitación en la que se hallaba al escucharme.

-Alex... No es lo que crees

Bufando ante su descaro, lo vi salir del interior de su amante, con quien sostenía una faena de se*xo bastante entretenida, y chocando contra la puerta a mis espaldas, intenté huir, pero él me detuvo de mi mano, mientras intentaba sostener sus pantalones a medio caer.

-Déjame explicarte... Ella, no es nada, Alex...

Su frase quedó inconclusa, cuando llena de coraje, elevando mi mano la impacté en su mejilla, y sintiendo el ardor extenderse en ella, salí de ese lugar lo más rápido que pude.

-Alex, ¿A dónde vas? Espera.

Santiago, el barman del lugar, intentó llamarme al verme caminar a la salida de prisa, e ignorando el bullicio, y las luces incandescentes de mi alrededor, me marché de allí mandando todo al demonio.

-He sido una tonta, Él...

Sintiendo cómo el aire me faltaba, deje mi frase inconclusa para recargar mi espalda en la fría pared a unas cuantas cuadras del bar al que Bruno solía frecuentar, y sintiendo las gotas de lluvia mojar mi cuerpo, miré al cielo oscuro.

La verdad siempre estuvo ante mis ojos, y jamás lo noté. Él no me amaba, él solo fingía disfrutar de mi compañía, dar todo por mí, solo para usarme, mientras que a mis espaldas me era infiel.

Caminando un par de calles, la lluvia empezó a caer de manera torrencial, y empapando toda mi ropa, esta empezó a escurrir el agua; mientras buscaba como marcharme de esa zona de la ciudad

-Debo buscar un taxi

Deteniendo mi andar en la primera parada que hallé, permanecí allí rogando por un salvador debido a la alta hora de la noche que era, y mirando a la distancia una luz que encaneció mis ojos, respiré aliviada.

-Buenas noches...

Bajando mi cabeza a la altura de la ventana, una vez se detuvo a mi lado, me quedé descolocada al notar que el auto no era un taxi, y mirando al interior, noté a un hombre enfundado en un traje, y apariencia apuesta, que dijo.

-¿A dónde va? Yo la llevaré.

Me aferré al desconocerlo, no sabía quién era como para subir así nada más a su vehículo, sin saber a dónde podría parar, por lo que retrocediendo, solo respondí, conteniendo el aire algo tensa.

-Disculpe, me equivoqué. Pensé que era alguien más que venía por mí.

En realidad, todo era una gran mentira, nadie vendría a buscarme, siquiera existía alguien que se preocupara por mí, solamente no sería tan tonta como para decírselo; sabría Dios, quién era ese hombre como para acceder a irme con él así nada más.

El hombre en el interior, quien debo resaltar, era muy apuesto como para andar en la zona de quinta en la que me hallaba, se acercó más a la ventana para verme mejor, e insistiendo, volvió a decir.

-Es muy tarde, si quieres, llama a tu novio, y dile que te llevaré a un punto en donde él pueda ir a buscarte.

Mis ojos volvieron a derramar lágrimas silenciosas allí mismo, al recordar al idiota de Bruno y su mugrosa traición, y limpiando enseguida el rastro que ellas dejaban en mi rostro, respondí.

-No, gracias, él ya está por llegar, de igual forma valoro sus ganas de ayudarme.

El hombre no dijo nada más por un breve instante en el que no movió su auto de mi lado, y permaneciendo molesta por su presencia silenciosa, y por mis males amorosos, espeté

-¿Ahora qué quiere?

El hombre parecía verdaderamente interesado en captar mi atención, lo cual me intrigó un poco, porque de ser un depravado sex*ual, en lugar de hablar, solo me hubiese tomado de los cabellos, y me hubiese metido en su auto, pero solo enarcando una ceja, agregó.

-Solo quiero asegurarme que esté bien, es muy tarde, y esta zona es peligrosa. Una vez vengan por ti, me marcharé, y jamás nos volveremos a ver las caras.

Bufé, ante eso, era absurdo lo que pretendía. ¿Con qué intensión deseaba ayudarme, si no lo conocía? Soltando una maldición, hice de mi mano un puño completamente molesta, y mirando a mi alrededor, contemplando solo la soledad de la ciudad, pregunté.

-¿Acaso una dama no puede llorar sola en la calle cuando se le place?

El hombre, de rostro perfilado y cabello oscuro, se quedó descolocado por mi pregunta, y empezando a caminar, lo dejé atrás.

No tenía la más mínima idea de lo que haría, ni cuál sería mi destino, a las casi 12:00 am, pero alejándome de ese tipo, avancé un par de calles, peleando al viento por mi mala fortuna.

-Bruno, mal*dito idi*ota... Y pensar que deseaba casarme contigo, tener una familia, hijos... Y tú.

Mi voz se entrecortó, y mis ojos se humedecieron de nuevo al recordar sus promesas vacías, que no fueron más que mentiras.

Caminando sin mirar a los lados, pasé un par de calles sin prestar atención a nada, y llegando a otra parada de taxis, me quedé allí esperando cualquier cosa en donde irme.

¿Quién en su sano juicio andaría en la calle a esa hora?

Por supuesto que nadie, solo el desgraciado de mi prometido que se hallaba alcoholizado, un par más como él, el acosador, y claro... Yo. Una pen*deja que no se amaba a sí misma, y perseguía a un infiel como tonta.

Siguiendo mi camino al ver que el tiempo pasaba y no llegaba nada, continué lamentándome por mi mala fortuna, y escuchando de pronto el rechinar de unas llantas, patinar en el asfalto, me quedé estática al ver la luz encandecer mi visión.

-¡No!

Musité con respiración agitada y mis pies fijados en el suelo a media calle, como si me hallase pegada a él, y sin poderme mover esperé el impacto

Juro que intenté quitarme de allí, quería correr, ponerme a salvo del demente que venía del otro lado del volante, y notando cómo este se dirigía a mi dirección, perdí la conciencia cuando me arrolló.

Capítulo 2 El encargo

Capítulo 2 -El encargo

Narrador:

Damiano estaba parado en su despacho, observando la ciudad desde su ventana. La tarde caía lentamente, tiñendo el cielo de un anaranjado cálido. La puerta se abrió y su fiel guardaespaldas, Antonio, entró en la habitación con la misma discreción de siempre.

-Disculpe que lo interrumpa, pero me dijeron que me estaba buscando.

-En efecto, Antonio, necesito hablar contigo sobre un asunto delicado -dijo Damiano sin voltear a verlo.

-Claro, señor. Estoy aquí para servirle -respondió a su jefe haciendo una pequeña reverencia con la cabeza.

Damiano al fin volteó, respondió al gesto de su guardaespaldas y caminó hasta su escritorio, tomando asiento en la silla de cuero que había presidido tantas reuniones importantes. Miró a Antonio con una seriedad inusual, lo cual hizo que el guardaespaldas se pusiera en alerta.

Él había sufrido un desengaño amoroso años atrás. Una mujer en la que había depositado toda su confianza y amor lo había traicionado de la peor manera posible. Desde entonces, no confiaba en ninguna mujer y había decidido que no quería compromisos sentimentales. Sin embargo, el deseo de tener un hijo y dejar un legado había crecido en él, llevándolo a la decisión que estaba a punto de comunicar a su guardaespaldas.

-He estado pensando mucho en mi futuro y en el legado que quiero dejar. Así que quiero tener un hijo -le dijo luego de coger una gran bocanada de aire como si estuviera cogiendo valor para lo que iba a decir. Antonio levantó una ceja, sorprendido por la revelación, pero permaneció en silencio, esperando que su jefe continuara. -Pero no quiero complicaciones. No quiero una esposa, ni una novia. Quiero que todo sea... discreto. Necesito que encuentres a una mujer que esté dispuesta a llevar a cabo una inseminación artificial y que, una vez nazca el niño, lo entregue sin problemas.

-¿Está seguro de esto, señor? Usted sabe que yo jamás cuestionó sus órdenes, pero creo que este es un asunto bastante complicado y delicado. Encontrar a alguien que acepte esas condiciones no será fácil -respondió Antonio con algo de preocupación.

-Lo sé, Antonio. Pero confío en ti. Sé que puedes manejarlo con la discreción y eficacia que siempre has demostrado. Necesito que la mujer esté dispuesta a firmar un acuerdo legal que garantice que no habrá reclamaciones posteriores.

-Entiendo -dijo asintiendo con la cabeza lentamente- ¿Tiene alguna preferencia sobre quién debería ser la madre?

-No -respondió su jefe negando con la cabeza- Confío en tu juicio. Solo asegúrate de que sea alguien adecuado. Quiero lo mejor para mi hijo, aunque nunca llegue a conocer a su madre.

Antonio observó a su jefe por un momento más, notando la determinación en sus ojos. No era la primera vez que Damiano le pedía algo fuera de lo común, pero sabía que esto era importante para él.

-Me pondré en marcha de inmediato, señor. Le mantendré informado de los progresos -sin volver a cuestionarlo, pues sabía que cuando él tomaba una decisión no había marcha atrás.

-Gracias, Antonio. Sé que puedo contar contigo.

Antonio se retiró del despacho, dejando a Damiano sumido en sus pensamientos. Sabía que no sería una tarea fácil, pero estaba decidido a cumplir con el deseo de su jefe. Mientras tanto, Damiano volvió a la ventana, observando cómo las luces de la ciudad comenzaban a brillar, soñando con el futuro que tanto anhelaba. El recuerdo del desengaño amoroso todavía dolía, pero su deseo de ser padre y dejar un legado era más fuerte que cualquier herida del pasado. Pero de todas formas no dejaría entrar a una mujer a su vida con facilidad. Él quería una familia; pero le era imposible volver a confiar en alguien para hacerlo, así que la tendría solo. Laura, la novia de Damiano, era una mujer en la que él había depositado toda su confianza y amor. Estaban planeando un futuro juntos, y Damiano estaba convencido de que había encontrado a su compañera de vida. Sin embargo, un día descubrió que Laura lo estaba engañando con uno de sus socios comerciales. Lo que hizo que la traición fuera aún más dolorosa es que Laura no solo lo estaba engañando sentimentalmente, sino que también estaba compartiendo información confidencial de sus negocios con ese socio. Esta traición doble fue devastadora para Damiano. En un solo golpe, perdió a la mujer que amaba y sufrió un duro revés en su negocio debido a la información que ella había revelado. Tal es así, que estuvo a punto de caer en quiebra. A partir de ese momento, decidió que no podía volver a confiar en ninguna mujer. El dolor y la desconfianza se arraigaron profundamente en su corazón, llevándolo a evitar cualquier tipo de compromiso sentimental en el futuro. Solo quería tener un hijo para dejar un legado, pero sin los riesgos emocionales y personales que implicaba tener una relación. Cuando tenía la necesidad de estar con una mujer, simplemente iba a un club nocturno y elegía a la que más le gustara. Pagaba una gran suma de dinero para que esa dama le hiciera compañía, complaciéndolo con lo que necesitara, según las circunstancias.

Así que esa noche, luego de la conversación que había tenido con Antonio, cosa que le había hecho recordar su tortuoso pasado, él decidió, justamente, ir en busca de la compañía de alguna chica que al menos le hiciera olvidar, por un rato, su desprecio hacia él se*xo opuesto. Por lo que cogió su coche y salió rumbo al club. Cuando llegó, tomó un par de copas, pero no encontró ninguna mujer que él considerara digna de acompañarlo. Un poco decepcionado, abandonó el local nocturno y simplemente se dispuso a dar vueltas por la ciudad, sin ningún destino en concreto. A lo mejor, así, conseguía la compañía deseada. Pero volvió a su casa solo, ya que esa noche, por lo visto, estaba más exigente que de costumbre. Solo una chica, en una esquina, llamó su atención, pero al ser rechazado, siguió su camino sin darle mayor importancia. Se dio una ducha caliente y se recostó en la cama, un poco ansioso por el pedido que le había hecho a su guardaespaldas. En los días venideros, sabía que ese iba a ser su principal pensamiento, y a pesar de que lo llenaba un poco de ansiedad, también le ilusionaba el hecho de tener un hijo.

Capítulo 3 La concepción.

Capítulo 3 -La concepción.

Narrador:

Pasaron dos meses desde que Damiano le hizo la petición a Antonio. Durante ese tiempo, Antonio exploró todas las opciones posibles, buscando una mujer que aceptara las condiciones que Damiano había establecido. Finalmente, una noche, se encontró en un antro en los bajos de la ciudad, siguiendo un rastro que lo llevó a Bruno. El antro estaba lleno de humo y luces tenues, con la música a un volumen ensordecedor. Antonio se abrió paso entre la multitud hasta encontrar a Bruno, un hombre con la reputación de conocer a personas que estaban dispuestas a hacer cualquier cosa por dinero.

-¿Eres Bruno? - Preguntó acercándose al desconocido.

-¿Quién lo pregunta? -Mirando a Antonio con desconfianza.

-Me dijeron que podrías ayudarme con un asunto delicado. Estoy buscando a una mujer que acepte llevar a cabo una inseminación artificial, y que esté dispuesta a entregar al niño después del nacimiento.

Bruno levantó una ceja, sorprendido por la propuesta, pero también intrigado. Después de un momento de silencio, asintió y lo llevó a un rincón más apartado del antro.

-Tengo a alguien que podría estar interesada, pero la situación es complicada. Mi novia, Alexandra, sufrió un accidente hace dos meses. Está en coma en el hospital, y van a desconectarla a pesar de estar estable, solo porque no puedo pagar la cuenta.

Antonio escuchó atentamente, viendo una posible solución al problema de Damiano.

-¿Qué estás proponiendo exactamente? -preguntó con seriedad.

-Si me ayudas a pagar la cuenta del hospital, puedo arreglar para que Alexandra sea la mujer que estás buscando. Sabes cómo son las cosas en esta ciudad, siempre hay formas de hacer que los papeles y los procedimientos se vean legítimos.

Antonio consideró la oferta por un momento. Sabía que Damiano no quería complicaciones, pero también sabía que estaban quedándose sin opciones.

-Está bien. Haz los arreglos necesarios y me aseguraré de que la cuenta del hospital sea pagada. Pero esto tiene que ser absolutamente confidencial. No puede haber ningún rastro que nos vincule a esto -aceptó finalmente.

-Entendido. Lo manejaré con discreción. Alexandra tendrá un propósito, y su sufrimiento no será en vano -agregó, asintiendo.

Ambos hombres sellaron el acuerdo, y Antonio se retiró del antro, sabiendo que había dado un paso importante para cumplir con la petición de Damiano. Volvió al despacho, para informarle de los avances.

-Señor, he encontrado una solución -le comunicó a Damiano ingresando en su oficina.

-¿Qué has encontrado?

-Hay una mujer llamada Alexandra que está en coma después de un accidente, pero estable. Su novio, Bruno, aceptó que ella sea la mujer para llevar a cabo la inseminación artificial a cambio de que paguemos la cuenta del hospital.

Damiano consideró la información, viendo la lógica en la solución que Antonio había encontrado.

-Muy bien. Si tú consideras de que es la mejor candidata, confío en ti, así que haz los arreglos necesarios y asegúrate de que todo se maneje con la máxima discreción.

-Así se hará, señor. Descuide, usted, no tiene de qué preocuparse.

Con los arreglos en marcha, Damiano se sintió un paso más cerca de cumplir su deseo de ser padre sin complicaciones emocionales. Mientras tanto, Antonio se aseguró de que todo se llevara a cabo sin dejar ningún cabo suelto, cumpliendo con su misión de manera impecable. Se puso en contacto con el hospital y pagó la cuenta pendiente de Alexandra, asegurándose de que todo se manejara con la máxima discreción. Después de hablar con los médicos y los administradores del hospital, organizó el traslado de Alexandra a la casa de su jefe. Damiano había decidido acondicionar una pequeña sala en su casa para que Alexandra pudiera estar cómoda durante el tiempo que fuera necesario.

Antonio supervisó personalmente todos los preparativos, asegurándose de que la habitación estuviera equipada con todo lo necesario para su cuidado, incluyendo un equipo de tres enfermeras que monitorearán su estado continuamente. Unos días después, la ambulancia llegó a la mansión con Alexandra. Los médicos y enfermeras la trasladaron cuidadosamente a la sala preparada para ella. Antonio estaba presente, verificando cada detalle y asegurándose de que todo estuviera en orden.

-Gracias por su ayuda. Nos encargaremos del resto desde aquí -dijo el guardaespaldas despidiéndose del personal médico.

-Nos aseguraremos de que la señora reciba el mejor cuidado posible. Aquí están todas las instrucciones y los suministros necesarios para su cuidado -le informó tranquilizándolo, una de las enfermeras.

Después de que los médicos se marcharon, Antonio se dirigió a la sala de estar donde Damiano lo estaba esperando.

-¿Está todo listo? -preguntó Damiano con algo de ansiedad.

-Sí, señor. Alexandra ya está instalada y cómoda en la sala que preparamos. Las enfermeras estarán monitoreando continuamente su estado. Ahora solo queda esperar y asegurarnos de que todo transcurra sin problemas -le respondió dándole la mayor seguridad posible.

-Muy bien -dijo, respirando profundo y tratando de calmarse -Asegúrate de que todo se maneje de manera discreta y eficiente. No podemos permitirnos ningún error en esto.

-Lo entiendo, señor. Ya he contactado a un especialista en fertilidad que vendrá mañana para realizar el procedimiento. Todo estará bajo control.

Esa noche, Damiano se sentó en su despacho, reflexionando sobre los pasos que habían tomado hasta ahora. A pesar de su reticencia a confiar en alguien más, sentía que estaban en la dirección correcta para lograr su objetivo. En los días siguientes, el especialista en fertilidad llegó a la mansión. Antonio lo recibió y lo condujo a la sala donde Alexandra estaba descansando. El especialista revisó todos los preparativos y confirmó que estaban listos para proceder.

-Todo parece estar en orden. Procederemos con la inseminación artificial ahora. El proceso es sencillo, pero requerirá unos días para confirmar si ha sido exitoso.

-Gracias, doctor. Apreciamos su discreción y profesionalismo -respondió Antonio.

El especialista comenzó el procedimiento, trabajando con cuidado y precisión. Antonio observaba desde una distancia prudente, asegurándose de que todo se desarrollara sin problemas. Una vez que el procedimiento estuvo completo, el especialista se retiró, dejando instrucciones detalladas sobre los cuidados posteriores.

-El procedimiento se realizó sin problemas. Ahora debemos esperar unos días para confirmar si fue exitoso -le informó.

-Bien. Mantén todo bajo control, Antonio. Hemos llegado demasiado lejos como para que algo salga mal ahora.

-No se preocupe, señor. Estaré atento a cada detalle. -dijo, dándole tranquilidad a su jefe.

Con el procedimiento completado, Antonio se encargó de monitorear la situación, asegurándose de que Alexandra estuviera cómoda y recibiendo el cuidado necesario. Damiano, por su parte, continuó con sus asuntos, confiando en que su mano derecha, manejaría todo de manera impecable. Ambos sabían que el éxito de este plan les acercaría un paso más al futuro que Damiano tanto deseaba.

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