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UN CORAZON ROTO

UN CORAZON ROTO

Autor: : Mar novelas
Género: Romance
Giacomo Lombardi heredero de la empresa de autos Lombardi Motors, el día de su boda con Sofía Alvarez se convierte para él en el recuerdo más doloroso. Su novia no llego a la iglesia , dejándolo en ridículo y plantado en el altar. Todos los invitados se preguntaban que había pasado con Sofía si se veía en ella el gran amor que le tenía a Giacomo. El mando a investigar pero alguien entre las sombras borro todo trasteo de Sofía Alvarez así pasaron cinco años sin saber nada de ella y el se refugio en su propio dolor . Pero el destino estaba a favor de ellos así que se reencontraron , ella buscando como contar su verdad de ese día y él sin querer escuchar las razones. Pero el amor es más fuerte será que ellos podrán volver hacer lo que eran antes de la boda , él descubrirá la verdad oculta detrás de la desaparición de ella durante los tres años. Ven a acompáñame a descubrir las verdades ocultas sobre esta historia de amor , pasión y venganza.

Capítulo 1 CAPITULO 1

El whisky quemaba su garganta mientras Giacomo Lombardi observaba el horizonte desde el gran ventanal de su oficina. La ciudad se extendía a sus pies como un tablero de ajedrez, ordenado, predecible. No como su vida, no como el caos que lo había consumido desde aquel maldito día en el altar.

Suspiró con hastío sin quitar su mirada del gran ventanal. Su oficina, amplia y de diseño minimalista, reflejaba su personalidad fría y meticulosa. El escritorio de madera oscura estaba impecablemente ordenado, salvo por la copa de whisky y unos cuantos documentos apilados. La gran pantalla del computador prendida a un costado mostraba los diseños de los nuevos modelos de autos que la empresa lanzaría pronto. Pero nada de eso lograba captar su atención.

El sonido abrupto de la puerta abriéndose lo sacó de sus pensamientos.

-Hermano, otra vez sin asistente. Tenemos demasiado trabajo -gruñó Luigui, entrando con paso firme.

Giacomo rodó los ojos y bebió otro sorbo de su vaso de whisky.

-Calmado, ventarrón. Esa era una inútil asistente -respondió con desdén.

-¿Me dices que me calme? Giacomo, hay muchas cosas por hacer, en pocas palabras, demasiado trabajo. Los diseños de los autos, la selección de colores para la nueva línea... y me sales con esto. Carajo, no sé qué hacer contigo -espetó Luigui, golpeando el escritorio con frustración.

Giacomo lo observó con su habitual expresión impasible. Nada lograba alterarlo , solo la inútiles de sus asistentes, es como si viviera en una burbuja de soledad y tristeza

-No me grites, Luigui. Si quieres, contrata a alguien. Trataré de soportar lo inútiles que son, pero prometo no despedir a nadie hasta que terminemos con lo de la nueva línea.

Luigui resopló, pasándose la mano por el cabello en un claro gesto de exasperación.

-Voy a contratar a un hombre, así dejas de joder -murmuró antes de salir de la oficina, dando un portazo.

Giacomo sonrió con ironía. No le importaba si era hombre o mujer, estaba convencido de que cualquier asistente le resultaría inservible. Pero necesitaban a alguien que aguantara su humor de perros el tiempo suficiente para que el trabajo saliera adelante.

Se sirvió otro whisky y volvió a mirar por la ventana. Afuera, la vida seguía su curso. Adentro, él seguía atrapado en la jaula de su propio resentimiento.

Recuerdos de un pasado roto así quedó después de ese día.

Cerró los ojos y, sin querer, su mente lo arrastró a los recuerdos de ese día.

El día en que su mundo se vino abajo.

El altar estaba decorado con rosas blancas, los invitados murmuraban emocionados, la música sonaba suave. Él estaba de pie, con el corazón latiendo a mil, con la mirada fija en la puerta de la iglesia. Esperaba verla entrar, radiante, como siempre. Sofía Álvarez. La mujer a la que amaba con todo su ser y a pesar de todo seguía mando con toda su alma , corazón y lealtad.

Pero el tiempo pasaba y ella no aparecía.

Primero fue un murmullo entre los invitados. Luego, los murmullos se convirtieron en miradas incómodas. Después, alguien le tocó el hombro.

-Giacomo... Sofía no ha llegado.

Su respiración se agitó, su pecho se tensó.

-Debe estar en camino -dijo con una seguridad fingida, aferrándose a la idea de que todo era un retraso nada más.

Los minutos se convirtieron en una tortura. Cada segundo que pasaba era un clavo más en su dignidad.

Su hermana Eva fue la primera en dar un paso adelante. Tomó su celular con nerviosismo, marcó varias veces, pero no hubo respuesta.

Y entonces, llegó la humillación final.

Ariana Cardona amiga de Giacomo entró en la iglesia, con el rostro serio, sin siquiera atreverse a mirarlo a los ojos.

-Lo siento mucho, Giacomo... Sofía no vendrá.

El mundo se detuvo.

No vendrá-susurro mirando a su hermana con una tristeza y una lágrima que se deslizó por su mejilla sin previo aviso , pero él se la limpio rápido.

Esas palabras lo atravesaron como una bala.

Sintió las miradas sobre él, la lástima en los ojos de los invitados, sintió la vergüenza clavándose en su pecho como una maldita daga.

Sin decir una palabra, se quitó la rosa blanca del ojal de su traje y la dejó caer al suelo. Luego, sin mirar a nadie, salió de la iglesia, con el eco de los murmullos siguiéndolo como una maldición.

Desde ese día, algo dentro de él se rompió, ya no era aquel soñador enamorado de las cosas simples de la vida.

El hombre que solía ser, murió en ese altar , el mismo día en que su amor de juventud desapareció como si no existiera junto a su familia.

El Giacomo que creía en el amor, el que sonreía con facilidad, el que pensaba en un futuro con alguien a su lado... desapareció sin dejar rastros ese día Sofía se llevó su corazón junto con ella.

Se convirtió en un hombre frío, calculador. Aprendió a no confiar en nadie, especialmente en las mujeres.

-No volveré a ser el idiota que espera en un altar -murmuró para sí mismo, apretando la copa de whisky en su mano.

Se giró hacia su escritorio, dejando atrás los recuerdos. Ahora tenía una empresa que podía seguir creciendo , una reputación que mantener y un asistente que soportar.

El amor, la confianza, la ingenuidad... todo eso había quedado atrás.

Pero lo que no sabía era que su vida estaba a punto de cambiar otra vez.

Y esta vez, no podría escapar tan fácilmente.

Giacomo había contratado a los mejores investigadores, gastando mucho dinero en seguimientos, en pistas falsas, contactos... y nada. Era como si la tierra se los hubiera tragado.

Recordaba a los padres de Sofía, pero no había conocido al resto de su familia. No conocía a su hermano, tampoco a sus primos, y a sus abuelos... todos vivían en el extranjero y habían prometido asistir a la boda. Ese día, él estaba ansioso por conocerlos, especialmente a la prima de Sofía, aquella de la que ella hablaba con tanto cariño, con tanta admiración. Pero ninguno llegó. Ninguno dio señales de vida.

La traición le ardía en el pecho como si el tiempo no hubiera pasado. Se levantó de su silla y caminó hacia la enorme ventana de su oficina, sosteniendo un vaso de whisky entre los dedos. La ciudad se extendía frente a él, con sus luces parpadeando en la oscuridad de la noche. Pero nada de eso llenaba el vacío que Sofía había dejado en su vida.

Apretó la mandíbula al recordar cómo la esperó en el altar, cómo se canso de esperar que llegara para prometerle amor eterno y luego ser muy felices pero desapareció sin dejar rastro. ¿Había sido toda una farsa? ¿Realmente lo había amado alguna vez?

Cerró los ojos por un instante y exhaló con pesadez.

-Algún día, Sofía... te volveré a encontrar -susurró, con la voz cargada de veneno y determinación-. Y te juro que ese día empezará mi venganza.

Dejó el vaso vacío sobre el escritorio con un golpe seco. Su mirada, fría y oscura, reflejaba una sola cosa: odio en su corazón .

Y esta vez, no iba a perdonar...

Continuara...

Capítulo 2 CAPITULO 2

Luigui no podía apartar la sensación de que algo no cuadraba. Desde aquel día en que Sofía desapareció, su hermano se había convertido en un hombre frío, impenetrable y calculador. Giacomo era fuerte, pero el abandono lo había destrozado por dentro, y Luigui lo sabía mejor que nadie.

Apretó los puños con frustración.

-Si Sofía sigue viva y alguien la obligó a desaparecer... -dijo con voz baja, dejando que la idea tomara forma en su mente- significa que alguien tenía razones para separarla de Giacomo.

Eva tragó saliva y asintió.

-Y si eso es cierto, entonces ese alguien sigue cerca.

Ambos se miraron en silencio, procesando sus propias palabras.

-Tenemos que averiguar la verdad, Eva -dijo Luigui con determinación-. No podemos seguir permitiendo que Giacomo viva en la oscuridad.

Eva se mordió el labio.

-Pero, ¿cómo lo haremos? Han pasado tres años. No hay pistas, no hay testigos, no hay nada.

Luigui negó con la cabeza.

-Siempre hay algo, solo que no lo hemos visto aún.

Se levantó de la silla y caminó hacia la ventana de su oficina. Desde allí podía ver parte de la ciudad, los autos avanzando, las luces parpadeando. El mundo había seguido adelante, pero Giacomo se había quedado atrapado en el día en que Sofía desapareció, el mismo día de su boda.

-Ariana -dijo de repente.

Eva frunció el ceño.

-¿Qué pasa con ella?

Luigui se giró con expresión sombría.

-Siempre ha estado demasiado interesada en Giacomo. Desde antes de la boda, y mucho más después de la desaparición de Sofía. Es como si hubiera estado esperando su momento.

Eva sintió un escalofrío.

-¿Crees que ella tuvo algo que ver?

-No lo sé, pero no confío en ella. Y Giacomo tampoco. Solo que él está tan perdido en su dolor que no se da cuenta de lo que pasa a su alrededor.

Eva suspiró y se pasó una mano por el cabello.

-Si Sofía estuviera aquí, sabría qué hacer.

-Pero no está -respondió Luigui con amargura-. Y si alguien le hizo algo y la separó de nosotros, lo vamos a descubrir.

Eva lo miró con los ojos llenos de tristeza y esperanza al mismo tiempo.

-Entonces empecemos.

FLASHBACK: UN DÍA ANTES DE LA BODA

Sofía caminaba por la sala de la mansión Lombardi con una sonrisa radiante. Llevaba un vestido verde oscuro sencillo y el cabello recogido en una coleta alta. En su rostro se reflejaba la felicidad absoluta.

-Cuñadito -dijo entrando a la sala con esa alegría que iluminaba todo a su alrededor.

Luigui la miró y sonrió de inmediato.

-Enana -dijo, abriéndole los brazos y abrazándola con cariño-. ¿Cómo te sientes para mañana?

Sofía suspiró con ilusión y se llevó una mano al pecho.

-Me siento la mujer más afortunada del mundo. Mañana es el día en que uno mi vida con el hombre que amo y será para siempre.

Se dejó caer en un sillón, con un vaso de jugo en las manos.

Luigui arqueó una ceja.

-¿Jugo? -preguntó con extrañeza-. Pensé que te gustaba más una copa de vino o champagne.

Sofía sonrió con picardía.

-Te voy a contar algo, pero prométeme que no dirás nada.

Luigui puso una mano en el pecho con dramatismo.

-No soy un chismoso. Soy tu amigo, tu cuñadito lindo, y te guardaré el secreto.

Sofía se inclinó hacia él con una mirada brillante de emoción.

-Estoy embarazada.

Luigui parpadeó, sorprendido.

-¿Qué?

Sofía rió y asintió.

-Serás tío. Ese es mi regalo de bodas para Giacomo.

Luigui se quedó en shock por unos segundos, pero luego sonrió ampliamente.

-Es el mejor regalo que mi hermano podría recibir.

Sofía asintió con entusiasmo.

-Lo sé. Quería esperar hasta la boda para decírselo. Será un momento perfecto para los dos.

Pero ese momento nunca llegó-penso él mientras tomaba un sorbo de su whisky.

Luigui salió de sus recuerdos con un peso en el pecho.

Eva lo miraba con atención.

-¿En qué piensas?

Luigui apretó los dientes.

-Sofía estaba embarazada.

Eva abrió los ojos como platos.

-¿Qué?

-Me lo dijo el día antes de la boda. Quería darle la noticia a Giacomo en la ceremonia.

Eva se llevó las manos a la boca, tratando de procesar la información.

-Entonces... si alguien la hizo desaparecer, también se llevó con ellos a nuestro sobrino o sobrina-dino Eva con su voz entrecortada.

El aire se volvió denso. La posibilidad era aterradora.

Luigui sintió que la rabia se encendía en su interior.

-No voy a parar hasta descubrir qué pasó.

Eva asintió con firmeza.

-Entonces tenemos que empezar por Ariana.

Luigui tomó su teléfono y marcó un número.

-Voy a hacer algunas llamadas. Si alguien sabe algo sobre lo que pasó ese día, lo averiguaremos.

Eva lo miró con determinación.

-Encontraremos la verdad, Luigui. Y cuando lo hagamos, quien sea que haya hecho esto... lo pagará.

Eva entró a la oficina con el ceño fruncido y el teléfono en la mano. Acababa de recibir un mensaje que confirmaba lo que ya sospechaba: su hermano mayor, el temido Giacomo Lombardi, había vuelto a hacer de las suyas.

-No lo puedo creer... -murmuró, cruzándose de brazos mientras se apoyaba contra el escritorio de Luigui.

-¿Qué pasó ahora? -preguntó su hermano sin levantar la vista de la pantalla de su computadora.

Eva resopló con dramatismo y llevó su mano al pecho, como si estuviera a punto de desmayarse.

-Giacomo despidió a su asistente. Otra vez.

Luigui levantó la mirada, su expresión impasible como siempre.

-¿Otra vez? -repitió con voz monótona-. ¿Qué fue esta vez?

-Le gritó "¡Eres inútil!" frente a todo el personal y ella salió corriendo con lágrimas en los ojos -respondió Eva, negando con la cabeza-. Te juro que me da pena, pobre chica.

Luigui suspiró, pasando una mano por su rostro.

-Eso significa que otra vez tenemos que hacer entrevistas para encontrarle a alguien nuevo -dijo, sin pizca de emoción en su tono.

-Exacto -afirmó Eva-. Y espero que la persona que contratemos esta vez dure al menos unos meses. No sé cómo alguien puede soportar el genio y el ritmo del hombre de hielo.

Luigui alzó una ceja, notando la sonrisa divertida de su hermana.

-Te encargas de las entrevistas mañana -anunció de repente, con una expresión inocente pero llena de intenciones.

Eva entrecerró los ojos.

-No me mires así -protestó, cruzando los brazos-. Está bien, yo lo haré... pero dime, hermanito, ¿qué vas a hacer tú mientras tanto?

Luigui esbozó una media sonrisa y alzó las manos en un ademán despreocupado.

-Voy a hacer una entrevista para contratar a mi propia asistente. Así no sufro cada vez que Giacomo le da por despedir a la suya.

Eva soltó una carcajada.

-Buena suerte con eso. Encontrar a alguien que soporte a Giacomo ya es difícil, pero encontrar a alguien que te soporte a ti... eso sí que será todo un reto.

Luigui rodó los ojos y volvió a concentrarse en su computadora, mientras Eva salía de la oficina preparándose mentalmente para el día de entrevistas que le esperaba para el día de mañana.

Eva al salir de la oficina de Luigui se encontró con Giacomo -hermanito que buscas -dijo Eva con una sonrisa.

-A ti -contestó Giacomo serio.

-Para que -hablo Eva mirándolo a los ojos.

-Yo escogeré a mi asistente, en pocas palabras haré las entrevistas.

Eva se quedó mirándo con una sonrisa, de lo que me libre -susurro para ella misma...

Continuara...

Capítulo 3 CAPITULO 3

Sara entró a la habitación de su prima Lucero, que estaba recostada en la cama con su tablet en mano. Apenas la vio, se incorporó con entusiasmo.

-Mañana hay entrevistas para ser la asistente del CEO y otra para la vicepresidencia de la empresa Lombardi Motors -dijo Lucero, mostrándole la información en la pantalla.

Sara se acercó y tomó la tablet con interés. Sus ojos recorrieron cada detalle de la publicación, mientras su corazón se aceleraba. La oportunidad que había estado esperando estaba justo frente a ella.

-Es mi oportunidad para entrar a la empresa -susurró, mirando por la ventana con la mente sumida en recuerdos-. Si logro quedarme con el puesto, podré estar de nuevo a tu lado, mi amor -pensó, limpiando una lágrima que amenazaba con delatar su dolor.

Lucero notó su expresión y prefirió no decir nada al respecto. En cambio, soltó un suspiro y dijo con una sonrisa determinada:

-Yo me quiero presentar a la entrevista de vicepresidencia.

Sara giró la cabeza para mirarla. Sabía que su prima estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para ayudarla a descubrir la verdad.

-Vamos mañana nosotras dos -afirmó, cruzándose de brazos-, pero en la entrada no podemos dar indicios de que nos conocemos. Esa es la primera regla de la empresa, no pueden trabajar junto a familiares.

Lucero asintió y la abrazó con fuerza.

-Lo sé. Será difícil fingir, pero podemos hacerlo.

Sara correspondió al abrazo con un gesto de gratitud.

-Ahora, vamos a hablar con mi tío. Recuerda que debemos informarle nuestros planes.

Lucero soltó una risa nerviosa.

-Papá es muy protector, más aún después de lo que pasó contigo y los tíos. Lo mismo que mi hermano Andrés.

Sara suspiró, recordando cómo su vida había cambiado en un abrir y cerrar de ojos.

Las dos chicas bajaron las escaleras y se dirigieron al despacho de Nicolás. Lucero golpeó la puerta con suavidad.

-Adelante -se escuchó la voz firme del hombre.

-Tío, papá, ¿podemos hablar un momento? -preguntaron al unísono.

Viktor levantó la vista de los documentos sobre su escritorio. Amaba a esas dos niñas como si fueran sus propias hijas. Una era su sangre, y la otra, lo único que le quedaba de su hermana y su cuñado después de aquella tragedia.

-Claro que sí, hijas. Vengan, siéntense y cuéntenme.

Lucero tomó la iniciativa y se acomodó en la silla frente al escritorio de su padre.

-Papá, mañana habrá entrevistas en la empresa de los Lombardi. Quieren contratar a dos asistentes, uno para el CEO y otro para la vicepresidencia.

-Queremos presentarnos -añadió Sara con firmeza.

La mirada de Viktor se endureció. Sabía que este momento llegaría tarde o temprano, pero no podía evitar preocuparse.

-Sara, Lucero... les dejaré guardaespaldas. Usarán las manillas con GPS por si les pasa algo, y cualquier cosa que descubran, me lo cuentan de inmediato.

Sara apretó los labios, comprendiendo la gravedad de la situación.

-Lo sé, tío. Todo lo haremos con cuidado. ¿Verdad, Lucero?

-Sí, papá, no te preocupes por nosotras -contestó la joven con una sonrisa cálida.

Viktor se apoyó en el respaldo de su silla y miró a Sara con seriedad.

-Sara, no pierdas el rumbo. Si logras quedarte con el puesto, estarás cerca del amor de tu vida.

La joven bajó la mirada. La sola idea de verlo de nuevo la aterraba y la emocionaba a partes iguales.

-Por ahora, nadie puede saber quién eres en realidad -continuó Viktor.

-Lo sé, tío.

-Otra cosa -dijo el hombre con un tono más grave-. No puedes usar nuestro apellido. A partir de ahora, te identificarás con el de tu abuela, el de mi madre, Fiore.

Sara asintió.

-Entendido.

-Y tú, Lucero, usarás tu apellido Beltrán. Por ese lado no habrá problemas.

-Entendido, papá.

Viktor se quedó en silencio por un momento. Luego, se levantó y se acercó a Sara, posando una mano en su hombro.

-Hija, solo quiero que tengas cuidado. No quiero perderte otra vez.

Sara sintió un nudo en la garganta, pero se obligó a mantenerse firme.

-No pasará nada, tío. Estoy lista para esto.

Al día siguiente

Sara y Lucero llegaron a la entrada del edificio Lombardi con pasos seguros. Se miraron de reojo antes de separarse.

-Recuerda, aquí no nos conocemos -susurró Sara antes de girarse y caminar hacia la recepción.

Lucero asintió y tomó una ruta diferente.

La recepcionista, una mujer elegante con gafas y cabello recogido, les indicó a cada una dónde debían esperar. Sara se quedó en la sala asignada para la entrevista de asistente del CEO.

Los minutos pasaron lentos. Las otras candidatas estaban sentadas con carpetas en mano, algunas repasando documentos y otras revisando sus teléfonos con nerviosismo.

Finalmente, la puerta se abrió y una voz autoritaria anunció:

-Sara Fiore.

Se puso de pie con aplomo y entró a la oficina. El ambiente era frío, elegante, con amplios ventanales que dejaban ver la ciudad. Detrás del escritorio, un hombre estaba revisando unos papeles.

Giacomo Lombardi.

Sara sintió un escalofrío recorrer la espalda. Ahí estaba él, después de tanto tiempo. Su mirada se posó en su perfil serio, en la forma en que su mandíbula se tensaba al leer.

Cuando levantó la vista, sus ojos azules la inspeccionaron con indiferencia.

-Siéntese -ordenó con voz seca.

Sara obedeció sin demostrar emoción.

-Su currículum es impresionante. Tiene experiencia en administración y manejo de agendas ejecutivas. ¿Por qué quiere trabajar aquí?

Sara sostuvo su mirada.

-Busco nuevos retos profesionales. Me interesa formar parte de una empresa de renombre y contribuir con mis conocimientos.

Giacomo asintió lentamente.

-¿Está dispuesta a seguir órdenes sin cuestionarlas?

-Por supuesto.

-¿Puedo confiar en su discreción?

-Sí.

El CEO la miró con atención. Había algo en su expresión que le resultaba familiar, pero no podía identificar qué.

-Bien, me gusta su actitud. Hay algo en usted... interesante.

Sara mantuvo su postura, aunque su corazón latía con fuerza.

-Puede retirarse. La llamaremos si es seleccionada.

Se levantó y salió de la oficina con el pulso acelerado.

Mientras tanto, en la entrevista de vicepresidencia...

Lucero se encontraba frente a Luigui Lombardi, el hermano del CEO. A diferencia de Giacomo, él tenía una sonrisa más amigable.

-Señorita Beltrán , su expediente es impresionante. ¿Por qué quiere este puesto?

-Porque me apasionan los negocios y sé que puedo aportar mucho a la empresa.

Luigui asintió con interés.

-Me agrada su seguridad.

Lucero sonrió.

-Espero que no se arrepienta de contratarme.

Luigui rió.

-Veremos qué pasa. La llamaremos con la decisión final.

Lucero salió de la oficina y se encontró con Sara en el ascensor. Se miraron en silencio hasta que las puertas se cerraron.

-¿Cómo te fue? -preguntó Lucero en un murmullo.

-Estuve frente a él y no me reconoció -respondió Sara, sintiendo un torbellino de emociones en su interior.

Lucero la observó con preocupación.

-Esto apenas comienza.

Sara asintió.

-Lo sé...

Continuara ...

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