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Un Amor Inesperado

Un Amor Inesperado

Autor: : Emma Brown
Género: Romance
Me casé con él pensando que el tiempo y mi amor podrían cambiarlo. Pero nuestro matrimonio, lejos de ser un cuento de hadas, se convirtió en una tormenta interminable. Su indiferencia y los constantes desacuerdos eran solo el principio de un dolor más profundo. Intenté ganarme su corazón, luché contra su rechazo, hasta que finalmente descubrí la verdad que lo explicaba todo: su amante. Nunca fui más que una pieza en un juego familiar, un contrato que sellaba su destino para obtener una herencia. Compartimos la misma cama un par de veces, pero nunca el alma. Y ahora, mientras me pide el divorcio, debo decidir si me derrumbo o si encuentro en esta traición la fuerza para continuar sola. NOTA DE AUTORA: Mis amadas lectoras, espero disfruten la lectura, les mando un fuerte abrazo desde la distancia ❤️❤️. Gracias por el apoyo.

Capítulo 1 Prefacio

Hellen había regresado para celebrar el cumpleaños de su novio. Habían pasado tres largos años desde que partió, y no veía la hora de reencontrarse con la persona que amaba.

Llevaba un pastel de cumpleaños entre sus manos, segura de que la sorpresa sería inolvidable. Marcel y ella planeaban casarse en unas semanas, y su regreso marcaba el inicio de los preparativos para la boda.

El ascensor se detuvo, y Hellen caminó con elegancia por los pasillos del lujoso edificio. Marcel pertenecía a una de las familias más acaudaladas de la ciudad, y eso siempre le había dado un aire de perfección a su relación.

Una sonrisa se dibujó en sus labios al imaginar su reacción. "Seguro estará tan emocionado de verme", pensó mientras colocaba la llave en la cerradura. Las luces del apartamento se encendieron automáticamente al entrar.

Caminó hasta la mesa del centro de la sala, dejó el pastel con cuidado y apagó las luces de nuevo. Luego se escondió en la habitación, esperando ansiosa el momento de la sorpresa. Su vestido rosado resaltaba su figura, y su corazón latía con fuerza ante la idea del reencuentro.

Minutos después, el sonido de la puerta y unas risas interrumpieron sus pensamientos. Estaba a punto de salir corriendo a los brazos de Marcel cuando una voz femenina captó su atención.

-Hellen volverá en unos días, ¿ya hablaste con ella? -preguntó la mujer con un tono de complicidad.

Hellen reconoció esa voz al instante. Era Tatiana, su mejor amiga y dama de honor en la boda. Supuso que estaría allí para hablar sobre los detalles del evento.

-En cuanto regrese, se lo diré, mi amor. No te preocupes, todo estará bien. Sabes que te amo demasiado -respondió Marcel con una dulzura que hizo que a Hellen se le helara la sangre.

¿"Mi amor"? No, debía haber escuchado mal. Marcel la amaba a ella, ¿no?

-Termina con ella y demuéstrame que realmente me amas -insistió Tatiana.

Hellen avanzó con pasos temblorosos hacia el salón. La escena que encontró la dejó sin aliento. Marcel besaba a Tatiana con una pasión que jamás había mostrado con ella. Sintió una mezcla de náuseas y furia que amenazaba con consumirla.

-No hace falta que me lo digan -dijo con voz quebrada, interrumpiendo el momento.

Tatiana se apartó de Marcel como si hubiera sido sorprendida en un delito.

-¿Qué haces aquí? ¿Por qué no me avisaste que venías? -balbuceó nerviosa.

Hellen intentó contenerse, pero el dolor y la rabia la desbordaron. Tomó el pastel de la mesa y lo lanzó en dirección a Marcel, quien logró esquivarlo justo a tiempo.

-¡Eres un maldito traidor! -gritó furiosa-. Lo nuestro se termina aquí y ahora. La boda está cancelada, y tú... ¡te odio, maldita arpía!

Marcel sonrió con burla, una reacción que encendió aún más la ira de Hellen.

-¿Crees que me importa? -dijo con desprecio-. Solo iba a casarme contigo por el estatus social de tu familia, pero ya no me interesas. Tu familia dejó de ser rica.

El mundo de Hellen se tambaleó. ¿Qué estaba diciendo?

-¡Mientes!

-¿Miento? -se burló Marcel-. Mañana venderán la empresa de tu familia al mejor postor. ¿Sabes quién será? Mi padre.

Hellen no podía creerlo. Todo había sido una farsa. La rabia nubló su juicio, y sin pensarlo, lanzó un jarrón que Marcel esquivó con facilidad.

-¡Te odio! -gritó, con lágrimas desbordando sus ojos.

-Pobrecilla -se burló Tatiana-. Ya no tengo que fingir ser tu amiga. Siempre me pareciste insoportable.

Hellen salió corriendo del apartamento, con el pecho palpitando de dolor. Condujo sin rumbo fijo, las lágrimas empañando su visión, hasta llegar a la mansión de sus padres. El silencio la envolvió, pero las voces alteradas de sus padres la guiaron hasta el último escalón.

-No pienso aceptar la propuesta del señor Lacaster -exclamó su madre-. Prefiero vivir debajo de un puente antes de ver a mi hija casada con un hombre como ese.

-Lo sé, pero es decisión de Hellen. El señor Lacaster está dispuesto a salvarnos, aunque implique entregar la mitad de la empresa -replicó su padre.

El nombre "Lancaster" resonó en su mente como una campana de advertencia. Todo encajaba: la crisis de su familia, la traición de Marcel...

-Habla con el señor Lacaster -dijo Hellen desde la puerta, con voz firme-. Estoy dispuesta a casarme con su hijo si eso salva a nuestra familia.

-¡No sabes lo que dices! -gritó su madre, horrorizada.

Pero Hellen ya había tomado su decisión. Entre la venganza y la lealtad a su familia, estaba lista para enfrentarse a un futuro incierto.

Capítulo 2 Matrimonio

-¡¿Qué dices, papá?! -exclamó Nicolás, molesto-. Esto debe ser una broma de mal gusto. Vine para hablar sobre el futuro de la empresa, no de matrimonio.

Roger soltó un suspiro pesado. Convencer a su hijo de casarse era algo realmente complicado. Nicolás, con 29 años, joven, elegante y muy apuesto, tenía muchas mujeres a su merced esperando por su atención.

Pero su hijo ni siquiera se dignaba a mirarlas, y eso le preocupaba. No le conocía ni una sola novia. Necesitaba nietos. No quería morir sin conocer a los próximos herederos de la fortuna Lancaster. Su hijo realmente necesitaba una familia.

-Lo lamento, pero estoy envejeciendo. Quiero verte casado, con una familia. ¿Acaso mis deseos no te importan? Moriré pronto y no tendré la dicha de conocer a mis nietos.

Nicolás no sabía qué decir. Era la quinta vez que su padre insistía en que se casara, pero no estaba interesado en formar una familia.

Miró a su asistente de reojo. Notó que el joven tecleaba algo en la computadora, aparentemente distraído. Quizás no había escuchado nada.

-Tengo que rechazar tu oferta. No me siento capacitado para formar una familia en este momento.

La puerta de la oficina se abrió y Belén, su madre, ingresó al lugar. Había escuchado la negativa de su hijo en casarse, y eso no era bueno.

Debía apoyar a su esposo. Nicolás era hijo único, ya que Michel, su otro hijo, no era de sangre; lo habían adoptado cuando era muy pequeño.

-Tienes 29 años. Yo me casé cuando tenía 20. Tenemos una hermosa familia: a ti y a tu hermano.

Nicolás negó con la cabeza. Sus padres estaban armando un complot en su contra.

Julio, su asistente, levantó la mirada disimuladamente. Era mejor marcharse de ese lugar. Solo era el asistente, no parte de la familia.

Se levantó con delicadeza y abandonó la mansión de los Lancaster. Subió al coche, encendió un cigarrillo y empezó a fumar. Necesitaba tomar las cosas con calma.

-Me niego. No lo haré.

Roger no estaba dispuesto a ceder. La familia necesitaba herederos.

-Te elegí una excelente esposa, una mujer hermosa de buena familia. Creo que te hará muy feliz.

-No lo haré. No me casaré con una desconocida. No amo a esa mujer. ¿Acaso no se dan cuenta de que esto es una locura?

Nicolás no podía creer que su padre actuara a sus espaldas de esa manera. No podían obligarlo a casarse con esa joven. Ni siquiera estaba interesado en saber su nombre.

-Entonces tendré que desheredarte -murmuró Roger con una mirada seria-. Tu hermano tomará tu lugar. No me importa que no lleve mi sangre, pero en realidad quiero conocer a mis nietos antes de morir. Es todo. Puedes marcharte.

Nicolás se quedó helado ante las palabras de su padre. Perder la empresa no era lo que él quería. Había trabajado durante años para continuar con el legado familiar.

-¡No hablas en serio!

-Es la primera vez que te pido algo, pero no te preocupes. Te libero de tu responsabilidad.

Nicolás apretó los dientes, molesto. ¿Cómo era posible que su padre le hiciera algo así? Lo estaba colocando entre la espada y la pared.

-He trabajado prácticamente diez años en esa empresa. He puesto mi vida en ello. ¿Cómo puedes decirme algo así?

-Estoy viejo y cansado, Nicolás. Solo quiero lo que cualquier padre: ver a mi hijo feliz, con una familia. Sueño con ver a mis nietos correr por los jardines.

El hombre se mordió la lengua. Era mejor mantener la boca cerrada y guardar algunos secretos en el fondo de su corazón.

-¿Acaso pedimos demasiado? -habló su madre, mirándolo a los ojos.

Negó con la cabeza. Quizás estaba siendo egoísta. No estaba interesado en conocer a la mujer que había aceptado casarse con un desconocido.

-¿Qué mujer se casaría con un desconocido? Solo una tonta -murmuró entre dientes-. O una interesada. Uno nunca sabe.

Había cierta ironía en su voz, pero su padre lo pasó por alto.

-Es una mujer muy hermosa. Con el tiempo puedes llegar a amarla.

Una idea maliciosa llegó a la mente de Nicolás. Le haría la vida imposible a esa mujer. Ella no sabía con quién estaba jugando.

-No quiero una boda. Con gusto firmaré un papel. Si ella acepta, será mi esposa. Pero solo eso. Nos unirá un maldito papel.

Una sonrisa se dibujó en los labios del anciano. Había conseguido que su hijo aceptara su propuesta.

-Quiero un nieto. No lo olvides -murmuró con entusiasmo.

Nicolás se apresuró a abandonar la mansión. Estaba a punto de arrepentirse de su decisión.

Subió al auto. El olor a tabaco inundaba el lugar. Julio solo fumaba cuando estaba muy estresado.

-¿Aceptaste su propuesta? -preguntó el joven, mirando por la ventana.

-Sí. No tenía más opciones.

-No es necesario que digas nada. A fin de cuentas, solo soy tu asistente.

Nicolás iba a decir algo más, pero prefirió guardar silencio. Era mejor no revelar el verdadero motivo por el cual había aceptado.

Además, un nieto... Sus padres le estaban pidiendo demasiado. No quería tener hijos con una mujer que no amaba.

-¿Piensas guardar este secreto para toda la vida?

Las palabras de Julio lo sacaron de sus pensamientos. Quizás algunos secretos eran mejor llevárselos a la tumba.

Capítulo 3 Esposa

Hellen estaba de pie frente a la enorme mansión de su actual esposo. Había firmado el acta de matrimonio esa misma mañana.

Ingresó al lugar con paso firme, su andar elegante reflejaba la seguridad que siempre la había caracterizado. Su cabellera negra, que caía hasta su cintura, brillaba bajo la luz, y sus ojos verdes, tan intensos como dos esmeraldas, se pasearon con curiosidad por la sala de estar.

Era una mansión impresionante, digna de una mujer como ella. Sin embargo, su expresión se tensó al notar que no había rastro de Nicolás. ¿Acaso había olvidado que ella llegaría esa tarde?

-Señora, soy el mayordomo. Lamento informarle que el señor Lancaster no vendrá esta noche. Tiene mucho trabajo. Por favor, sígame, le mostraré su habitación.

Hellen frunció el ceño. ¿Cómo era posible que su esposo la ignorara el mismo día de su boda? Aquello era inadmisible.

-¿Dónde está mi esposo? -preguntó con evidente molestia.

Había crecido acostumbrada a ser el centro de atención. Era una mujer hermosa y siempre había tenido a muchos hombres a sus pies. No entendía cómo Nicolás Lancaster, su flamante esposo, se atrevía a ignorarla de esa manera.

-No lo sé, señora -respondió el mayordomo, evitando su mirada.

Fidel sabía la verdad: su jefe no quería estar cerca de Hellen, y mucho menos conocerla. Sin embargo, decirlo sería una imprudencia.

Hellen lo siguió en silencio mientras subían las escaleras. El hombre se detuvo frente a una puerta blanca, colocó la llave en la cerradura y la giró con cuidado.

La habitación era amplia y lujosa, pero algo llamó de inmediato su atención. El enorme armario estaba completamente vacío.

-¿Dónde está la ropa de mi esposo? -exigió saber, visiblemente molesta-. Se supone que vamos a vivir como una pareja

-El señor Lancaster aún no ha podido mudarse, pero lo hará eventualmente, señora. No se preocupe.

Esa respuesta no la convenció. ¿Por qué Nicolás no se había mudado ya? ¿Acaso no estaba interesado en esta nueva etapa de sus vidas?

La incertidumbre creció en su pecho. Hellen había tomado la decisión de casarse con Nicolás de manera impulsiva. Su exnovio la había dejado por otra mujer días antes de su boda, y, como una especie de venganza, había aceptado casarse con el poderoso empresario.

-No es necesario que diga nada más. Organice todo esto, por favor -ordenó, cortante.

El mayordomo obedeció sin protestar. En cuanto quedó sola, Hellen buscó información sobre la empresa de su esposo. En cuestión de minutos, obtuvo la dirección de la oficina y salió de la mansión, decidida a confrontarlo.

Nadie, y mucho menos su esposo, iba a ignorarla.

🌼🌼🌼🌼🌼

Nicolás estaba sentado en el sofá con un vaso de whisky en la mano. Aquella noche no pensaba poner un pie en la mansión.

Julio, su asistente, organizaba unos documentos en silencio. Llevaba cuatro años trabajando con él y conocía sus rutinas, pero esa noche Nicolás parecía más distante de lo habitual.

El sonido del teléfono interrumpió el silencio. Julio, al notar que su jefe no se molestaba en responder, se apresuró a contestar.

-Oficina del señor Lancaster, ¿con quién tengo el gusto?

-Soy la señora Lancaster. Necesito hablar con mi esposo, es urgente.

Julio sintió un nudo en el estómago al escuchar esas palabras. Disimuló su incomodidad lo mejor que pudo.

-Un momento, señora Lancaster, verificaré si está en su oficina -dijo con calma, cubriendo el auricular con una mano.

Miró a Nicolás, quien negó con la cabeza, dejando claro que no quería hablar con Hellen.

-Lo lamento, señora Lancaster, pero el señor no se encuentra disponible en este momento. Puede intentar más tarde.

-Cuando regrese, infórmele que lo estoy esperando en la mansión -respondió ella, con un tono cargado de indignación, antes de colgar.

Julio dejó el teléfono sobre el escritorio y miró a su jefe.

-Te está esperando en la mansión -comentó con tono seco-. Se escuchaba molesta, como cualquier mujer que es ignorada por su esposo el día de su boda.

El sarcasmo en su voz no pasó desapercibido. Julio estaba dolido, aunque trataba de ocultarlo. No era solo el matrimonio; lo que más le dolía era que Nicolás se negara a hacer pública su relación. Llevaban tres años juntos, siempre a escondidas.

Nicolás se levantó y se acercó a él, rodeándolo con los brazos. Sin embargo, Julio lo apartó bruscamente.

-¿Estás molesto? -preguntó Nicolás, sorprendido por su reacción.

-¿Hasta cuándo piensas hablar con tus padres? -respondió Julio, sin mirarlo.

Nicolás no dijo nada. Su silencio fue suficiente para herir aún más a Julio, quien tomó sus cosas y salió de la oficina sin decir una palabra más.

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