Vicky es una pequeña que es activa e inteligente, cursaba su primer grado, su padre y madre estaban orgullosos de ella, siempre la mimaban, Vicky recibía el amor de su madre, más que el de su padre. Vivían en una humilde casa, que a pesar de la pobreza, ella nunca le hizo falta el alimento. Situada en un pueblo de florida, la pequeña pasaba horas jugando a la orilla de la hornilla de tierra donde su madre solía cocinar.
Como era costumbre de todos los días, la madre cocinaba y la pequeña jugaba con su muñeca de trapo que su madre le hizo. Ese día en particular su madre no se sentía bien de salud, sin embargo, no le dijo nada a su hija, ya que al ser muy pequeña no comprendería, la pequeña de tan solamente seis años de edad, quien inocentemente jugaba alrededor de la hornilla. Su padre trabajaba en las afueras del pueblo, cuidaba una propiedad y hacia algunos trabajos dentro de ese sitio.
-Vicky. -Grito su madre, la pequeña corrió al escuchar el ruido que su madre hizo dentro de la casa, logro llegar hasta donde ella está, la mira en el suelo con su rostro pálido.
- Mamá, mamá, mamá, ¿Que tienes? -Grito con todas sus fuerzas, hasta perder la voz, por ser tan pequeña no tuvo el alcance de pedir ayuda algún vecino, quienes vivían retirados de ellos.
Al oír los gritos desgarradores de la menor, los vecinos que pasaban por ahí llegaron y la asistieron, lamentablemente la señora estaba ya sin vida, uno de los colindantes le avisó al marido de ella, quien con el corazón roto regresó a casa. Cuando llego vio su casa llena de personas, a su mujer la estaban velando, se desplomó y lloró amargamente sobre el cuerpo de su esposa, al secárseles las lágrimas su frustración y enojo fue dirigida hacia su inocente hija, quien lloraba a su madre junto a él.
- Por tu culpa murió ella, mocosa del demonio, No sirves para nada, maldigo la hora en que naciste. -Hizo el mate de pegarle, pero un vecino se lo impidió.
Desde ese momento la pequeña perdió su brillo y alegría, nunca más fue enviada a la escuela, el padre se desatendió de ella, no le compraba absolutamente nada, ella vestida de la caridad de los vecinos que la miraban con gran lástima, sentía que su mundo se había venido abajo, su vida perdió sentido con el paso de los años.
Mientras los meses y años pasan, su padre se sumerge en la bebida alcohólica, la pequeña creció sin decir una sola palabra, viviendo en el silencio, por muy duro que la castigara su padre no se quejaba, ella se convirtió en una joven silenciosa. Se las ingeniaba para comer, su padre no aportaba nada a la casa, que día a día se deteriora por el descuido, su padre se marchaba por meses de la casa, sin dejarle ni una moneda para ella.
Vicky cumplió sus dieciocho años. Aun sin poder hablar, aprendió a comunicarse con los vecinos a través de señas, ellos le comprendían lo que ella quería decirles, todos sentían lástima por ella, le regalaban ropa usada que ellos no necesitaban, eran holgadas largas y algo gastadas, pero era peor que anduviera desnuda, pensaba ella.
Vicky no peinaba su cabello largo, el cual nunca se lo ha cortado, solo lo amarraba con un cordón de zapatos de los que su padre ya no utilizaba, y se hacía un moño para que su cabello no le estorbaba a la hora de hacer oficio. Siempre que su padre llegaba ella trataba de servirle lo poco que conseguía, más su padre le escupía y maltrataba, el odio que le tenía era grande.
El padre sumergido en el alcohol visitando bares, gastaba el dinero que ganaba, se quedaba en moteles de paso, para no verle el rostro a su hija, a quien odiaba mucho. Deseaba llegar a la casa y no encontrarla, aunque quien la iba a querer, es fea y mal oliente. Reflexionaba.
Vicky siendo una chica extremadamente delgada, por la falta de una buena alimentación, lo único que sobresalen y se le ven preciosos, son sus grandes ojos grises y sus encrespadas pestañas. De ahí no hay gracia alguna en ella, por su extrema delgadez.
-Vicky, puedes ir a lavar una ropa a mi casa, de paso comes algo. -ella le agradecía a señas, las cuales varios ya le entendían.
La joven desempeña múltiples trabajos para sus vecinos que, al verla desprotegida, le encargan cosas para que ella se ganara el alimento. Vicky les hace mandados a ellas y lava la ropa a sus vecinos a cambio de comida y ropa vieja para usar, desde que su madre murió y su padre prácticamente la abandonó, tiene que ver como subsistir.
Ella mantenía bien barrido el piso de tierra de su casa, le gusta ser hacendosa, a pesar de que todo está en su contra, lucha día tras día por sobrevivir, un día se levantó temprano para hacer su rutina. La casa se está cayendo a pedazos por falta de mantenimiento, ese día de la nada llegó su padre muy contento, tratándola con amabilidad, algo que le asombro a ella, diciéndole que la llevaría de paseo. Ella se quedó extrañada del cambio repentino que su padre tiene.
-Hija, quiero llevarte a conocer algunos lugares, ponte lo mejor que tienes y arréglate ese cabello, que ya parece nido de pájaros. - con las manos le dijo que era todo lo que tenía, lo que miraba era lo mejor que podía lucir.
-No importa, vámonos que se nos hace tarde, para qué habló contigo si ni entiendo lo que dices con esas señas. -ella se puso sus chanclas desgastadas y lo siguió.
-Camina a un metro detrás de mí, no quiero que te relacionen conmigo, eres un desastre andando, me das vergüenza. -le dice mientras salen del pueblo.
La joven lo seguía en silencio a una distancia prudente, no quería hacerlo enojar, se subieron al tren, todo mundo la miraba con repulsión y asco por su manera de vestir, cuando ella se acercaba a alguien de inmediato se quitaban con el fin de alejarse, su apariencia no era agradable. Todo el viaje en el tren lo hizo en la esquina del vagón para no incomodar a nadie.
Al llegar al sitio, su padre le hizo señas de bajarse del tren, ella lo seguía por las enormes calles de Florida, abría la boca al ver los enormes edificios, nada que ver a su pueblo donde ella reside. Caminaron hasta llegar a un enorme castillo para sus ojos, miro con asombro las enormes puertas, ella se sentía pequeña ante aquel lujoso edificio, miro a todos lados, siente que la piel se le eriza, al caminar por aquel interminable pasillo.
-Haz lo que te ordeno, obedéceme en todo. -le dice a susurro, ella asiente con la cabeza.
El padre sonríe ante un hombre con el cual se secreteó, el hombre gigante que cuida una puerta, la voltea a ver de pie a cabeza y los dejo pasar, caminaron por otro largo pasillo, ella temblaba de miedo, no estaba acostumbrada a salir de su casa, su padre le indico que caminara detrás de él, ella lo siguió sigilosamente.
-¿Dónde está la joven? La trajiste, ¿verdad? -le pregunto un hombre de esmoquin y sombrero de copa.
-¡Es ella! -El hombre se acercó a Vicky, abrió los ojos al ver el espantapájaros que hay detrás del borracho.
-¡Estás bromeando, o aún estás borracho! ¿Qué demonios es eso? Por ella no me dan ni veinte dólares, lo siento, ella es una pérdida para mi negocio, no la acepto.
- ¡Vamos! No la desprecies, ella sabe hacer oficio de cualquier tipo, cocina, no exige nada, es muda, a qué hombre no le gustaría tener a una mujer silenciosa, sin reclamos ni discusiones.
- Tiene sentido lo que dices, pero solamente te daré cien dólares, no más.
- ¡Acepto! Es peor nada. -lo que Vicente quería era deshacerse de una buena vez de ella.
Ella, al ver que su padre se está marchando, se puso a trote tras él, quiso seguirlo, no obstante, dos hombres le sujetaron fuerte, forcejó contra ellos y en sus adentros gritaba fuerte, sin embargo, no salió ningún sonido de su boca, solamente las lágrimas que no dejaban de recorrer sus mejillas. Sentía un gran dolor en su garganta por forzarla a que saliera algún tipo de sonido, pero sus palabras se ahogaban, los alaridos se quedaban en su interior. Sus ojos se cristalizaron cuando su padre se desapareció de su vista.
-Llévenla a la habitación, ya veremos qué hacer con ella. Hay que hacer magia si queremos recuperar esos cien dólares.
Vicky fue puesta en un cuchitril, de espacio muy pequeño, que solo la cama lo ocupaba, ella busca la manera de escapar, el sitio no tenía ventanas, solamente la puerta por la cual entraban y salían, pero estaba con llave. En eso entra un hombre algo insólito para sus ojos. Que se tambaleaba de un lado a otro, con enormes pestañas, su boca roja y ojos pintados de colores. Lo que más la inquietaba eran sus enormes tacones.
- Ese estúpido que se cree, mago, no soy, lo siento querida, pero eres un desastre de mujer, no creo que alguien te compre hoy. Eres horrible, esas fachas no ayudan en nada, ¿qué haré contigo?
La joven desconcertada lo miro con temor, se sentó en la cama, abrazándose a sí misma, aquel extraño se dio la vuelta, observándola detenidamente, y negaba con la cabeza y haciendo una mueca de aversión. Ella simplemente quiere irse a su casa, no entiende por qué su padre la dejo con esos extraños.
- ¡Lo siento! Me doy por vencida, no puedo hacer nada por ti, nos tocaría invertir mucho dinero, y no considero que lo valgas mucho, te subastaremos así tal cual eres, espero que el jefe recupere, aunque sea el dinero que le dio a tu miserable padre.
Eso le dio una puñalada en su corazón, no podía asimilar lo que estaba escuchando, su padre la había vendido a estos extraños. No comprendía por qué su padre le ha hecho eso, ella es una buena hija, nunca le ha dado problemas, negaba con la cabeza con frenesí. Siente que la cabeza en cualquier momento le explotara del dolor que le produce al querer expresarse, sin embargo, todo se le vino abajo al darse cuenta de que su propio padre le había dejado abandonada a su suerte.
- Deja el drama, nunca se sabe, talvez un viejo asqueroso quiera de ti, no se ve tan mal el panorama, uno de esos cochinos que esté podrido en dinero se compadezca de ti y te compre, porque si no es así nunca saldrás de aquí. Te diré un secreto, si te quedas aquí, todos estos puercos que trabajan en este sitio, van a abusar de ti día y noche. - Al oírlo decir eso, ella abre los ojos, no sabe precisamente lo que quiere decir, pero se oye repugnante y peligroso.
Solo de pensar en las palabras de Kenia, el travesti, quien es la mano derecha del dueño del sitio, su estómago se le revolvió y empezó a vomitar, Kenia saltaba por la pequeña habitación no queriendo ser vomitado, brincaba con sus tacones altos.
- Maldita mocosa que haces, mira cómo dejaste el cuchitril, ya verás lo enojado que se pondrá mi galán, estará furioso al ver todo este desastre.
Kenia sale del dormitorio, dejándola encerrada con el mal olor del vómito, ella se subió a la cama y se limitó a llorar, en sus adentros le pedía ayuda a su madre, quería irse con ella, realmente quería morirse, no quería seguir en ese sitio, temía por lo que le hicieran. Solamente de suponer que gente extraña la compraría, sin saber para qué propósito. Nada más, quiere regresar a su casa. No le ha hecho ningún mal a nadie para estar en semejante situación.
Se quedó dormida sentada en la cama, el olor a vómito era más fuerte, Llego el momento donde será subastada, el extraño hombre llego por ella, le hizo señas que avanzara, miro al rededor, había otras mujeres muy bonitas con poca ropa. Ella caminó detrás de las mujeres atractivas, la subieron aún escenario, ella tímidamente se sentó en el suelo mirando a todos lados, no podía ver bien por el brillo de los faroles que la iluminaban.
Oía cómo las personas gritaban, las voces eran masculinas, eso la hizo temer más, su cuerpo temblaba, miraba para todos lados, no miraba a nadie conocido, ella no paraba de llorar, sus ojos increíblemente aún producían lágrimas. Se limpiaba con sus manos sucias, no había recibido ni un baño.
Mientras que en el apartamento de Nelson se debate entre ir o no con su amigo Federico, quien lo está invitando a un club secreto muy poco convencional, él siempre asiste por diversión, le gusta ver a los viejos rabos verdes comprar jovencitas, para su placer. Algo muy común que se hace bajo las narices de las autoridades.
-Y cuál es la diversión con eso, es asqueroso, la verdad no se me antoja ir. -Le dijo algo molesto, Nelson.
-Ni te imaginas la cantidad de dinero que dan por muchachas hermosas, que de ingenuas no tienen nada, ellas con gusto se van con esos viejos ricos, algunas hasta se casan con ellos, claro los que no se mueren en la acción, ¡Tú ya sabes!
-¡Ah! Les dan buen dinero para que hagan eso.
-Desde luego, son mujeres que les gusta el dinero y esos viejos están dispuestos a darles con tal, se acuesten con ellos.
-Yo te aviso si me animo, ahora déjame descansar. -Nelson, cuelga la llamada y se recuesta, se está quedando en un apartamento muy lujoso, su amigo quedo de pasar dentro de unas dos horas por él.
*HABLA, NELSON*
Estoy meditando en desligarme de los negocios de mi padre, si comienzo mi propio negocio, está la posibilidad de fracasar, estaré en la ruina, eso ni dudarlo, mi negocio aún no despega, todavía faltan algunos detalles, y mi novia no quiere que pierda el dinero que me pertenece. Ella me exige que siga con el negocio familiar, aunque no la entiendo bien, ella debería apoyarme en emprender mi propio negocio, ella sabe que mi padre no la quiere, eso es lo que más me incomoda, por eso no quiero continuar trabajando con él. No comprendo por qué me exige que le aguante a mi padre, si esto lo estoy haciendo por ella.
Pamela no quiere que abandone mi posición en la empresa de mi padre, no sé qué hacer, mis padres me piden que renuncie a ella porque no me conviene, no obstante, la amo demasiado. Está decidido, lo primero que tengo que hacer es retirarme lo más que pueda de mis padres, por los momentos tengo que buscar dónde establecerme, mañana iré a ver algunas casas potenciales para poder vivir.
Federico quedó de pasar por mí, quiere llevarme a un sitio único donde nos divertiremos, conociéndolo, no sé a qué le llama diversión, con su manera extraña de divertirse, tengo tantas cosas en que pensar en estos momentos que el estrés se me está acumulando, he decidido ir con él, para ver si me divierto cómo él me lo plantea.
Pero antes quiero oír la voz más melosa del universo, que me tiene hechizado, sonrió como un completo idiota, aunque no lo puedo negar, es la mejor voz que mis oídos han escuchado. Busco su número y le marco, esperando escucharla.
-¡Halo, mi rey! -Música para mis oídos, su voz.
-Hola, princesa, te llamo porque te extraño mucho.
-Yo también corazón, no sabes cuánta falta me haces, pero sé que pronto regresarás a mí o yo a ti.
-Eso, anhelo cariño, no obstante, no creo que sea pronto, tengo mucho trabajo por aquí, mañana iré a buscar una casa para establecerme.
-¿Todavía estás con eso de mudarte? Por tu bien no lo hagas, ¡Ah! No te olvides de enviarme un obsequio, amo tus regalos amorcito.
-En cuanto me establezca en mi nuevo hogar, buscaré un obsequio que te haga feliz, no te molestes conmigo por ser tan olvidado.
-Eres el mejor, te dejo porque me toca actuar, ¡Cuídate mi amor!
-¡Tú también cuídate! -ella es la mejor.
Pamela es mi motor para seguir con este proyecto, todo lo estoy haciendo por nuestro futuro juntos, quiero que deje ese trabajo y solo sea para mí, que no tenga que viajar tanto, ni exhibirse a mentes morbosas.
Busco ropa para ir con mi amigo, necesito divagarme, Iré con prendas cómodas, una camiseta polo y un jean, además solo estaré un rato, no quiero desvelarme, tengo que levantarme temprano a buscar mi nueva morada.
Bajo al grupo de cabildeo del hotel donde me hospedo por los momentos, hasta que tenga todo resuelto, en eso veo a mi amigo a lo lejos viendo su reloj de mano a cada momento, sonrió porque lo impaciente aún no lo ha dejado.
-Por fin bajas, casi subo a sacarte de los pelos. -suelto una carcajada.
-¿Cuál es la prisa? Como si ese club se fuera a ir.
-Ya no perdamos tiempo, pague los mejores asientos, así que vámonos, talvez así se te quita lo amargado, no sé cómo eras tan popular en la universidad si lo aburrido nunca se te quitó.
-Déjate de pendejadas y vámonos, me regresaré temprano, mañana tengo muchas cosas que hacer. -le digo, la verdad no tengo ningún interés de ir a ese sitio, aunque quedarme aquí encerrado sería más aburrido.
-¡Como digas, don aburrido!
Nos subimos al auto de mi amigo, a pesar de ser un maldito en todos los sentidos es mi mejor amigo, y me está ayudando con el negocio, a pesar de los años se ha mantenido a mi lado apoyándome, es el único que me ha soportado, sé que no soy una moneda de oro para caerle bien a todos.
En estos momentos me ha tocado empezar de cero, solo espero tener la fortuna de ser un empresario exitoso y demostrarle a mi padre que no necesito de él. También demostrarme a mí mismo que puedo salir adelante sin la sombra de mi padre.
-Queda largo ese sitio.
-No, ya casi llegamos, ya verás lo popular que es.
-Y lo ilegal, también. -se ríe ante mi comentario.
Llegamos a un club de lo más normal, hasta ahorita se ve decente la cosa, aunque al entrar noto que mi amigo se secretea con el guardia y nos hace entrar por otra puerta. Es extraño, caminamos por un pasillo, en eso otro hombre abre otra puerta. Al entrar el lugar está abarrotado de hombres. La mayoría vejestorios ricos, porque se nota que tienen mucha plata.
Federico me empuja para que me adentre más, los asientos que eligió son en primera fila, hay un enorme telón que dé a poco se va abriendo, nos acomodamos en los asientos de enfrente. Al abrirse el telón, muestra a varias chicas en traje de baño, bailando de una manera erótica, los viejos sonríen al ver carne fresca, esto me repugna.
El animador empieza a dar los nombres de las jóvenes que entran en la subasta, hasta este momento no le veo el chiste. Aunque las mujeres se ven que están por voluntad propia, porque no dejan de sonreír como si de un certamen de belleza se tratara.
El tiempo pasa y no le veo gracia al asunto, muchos gritan su oferta en cuanto la joven les agrada. No me interesa este tipo de eventos, me pongo de pie cuando unos ojos grises me miran fijamente, llamando completamente mi atención, su mirada se me mete en lo más profundo de mi ser. Siento como si ella me hablara con solo su mirada triste, me siento nuevamente en el asiento, ella está llorando a mares, su imagen no es nada atractiva, su vestimenta muy diferente a las demás chicas.
«¡Qué carajos! ¿Qué hace una mujer como ella ahí?» Su vestimenta y su rostro me dice que ella no quiere estar en este sitio, está siendo exhibida, ella cae sentada en el escenario, solo veo cómo salen sus lágrimas, mueve su boca como si quisiera decir algo, ella no está por su voluntad en este sitio.
-Sean bienvenidos caballeros, como verán hoy tenemos carne de primera, pronto empezaremos con la subasta, así que vayan mirando a su favorita. -comenzó diciendo el animador.
La jovencita está mal vestida, despeinada, su rostro está demacrado, solo esos ojos hermosos le resaltan, aunque en ellos únicamente se ve tristeza, me ha atrapado, no puedo hacerme el desinteresado, ella está sufriendo, eso cualquiera de aquí lo puede ver.
-Quiero comenzar con esta jovencita, aunque no es atractiva, es una mula haciendo quehaceres, además es la más barata de la subasta, vamos a empezar ¿Quién da cinco dólares por la pequeña Vicky? Una chica muda, así como lo escuchan, el sueño de todo hombre, tener una mujer que no habla.
-Doy cincuenta dólares. -dice un viejo asqueroso, de inmediato se me eriza la piel, como si me incomodara su situación.
-¡¡Wuao!! Cincuenta dólares, a la una, a las dos...
-Yo doy sesenta dólares, nadie te dará más por eso.
- Quien da cien dólares por la chica muda llamada Vicky, vamos caballeros, esta joven está capacitada para hacer cualquier tipo de trabajo, miren sus manos callosas y sus pies, no tendrán que gastar en ropa ni zapatos. ¡Anímense!
- Setenta dólares, y me la llevo. -mire a ver quién era el que ofrecía eso, un viejo fumando un puro, solo de pensar que cosas le hará a esa pobre jovencita, que es obvio, que está en contra de su voluntad.
- Si nadie ofrece más, le será vendida al señor de los setenta dólares, a la una, a las dos y...
-Ofrezco quinientos dólares. -no sé en qué momento dije eso, y me puse de pie, todos me voltearon a ver como si fuera un extraterrestre.
-Alguien dijo quinientos dólares, vendida al señor que ofreció quinientos dólares. -ni contaron, porque nadie ofrecería más por ella.
-¡¡Estás loco, tú no tienes ese dinero!! Habiendo muchas mujeres lindas compraste esa-me recrimina mi amigo.
-¡Pagarás tú acaso!
-¡Te volviste un demente!
-Ve y paga, iré por la joven, mañana te reembolso el dinero. -no soporte el desprecio que le hacían a la joven.
-Estás demente, ahora que vas a hacer con esa mugrienta.
-No la insultes, ella se irá conmigo, después veré que hacer con ella, por los momentos solo quiero sacarla de aquí.
-Perdiste la cordura, nunca me imaginé que harías semejante idiotez.
Mi amigo a regaña dientes se dirigió a la caja a pagar el monto ofrecido, me dirigí al animador, para preguntarle donde podía reclamar a la joven, él me indicó donde reclamarla, me dirijo a ese sitio, al verla, me acerqué a ella, su mirada me decía tanto, sobre todo el sufrimiento y miedo que tiene por estar aquí.
-¡Escuchas! -Le digo, señalándome los oídos. -ella asiente con la cabeza, eso me alegra porque no soy muy dado a comunicarme por señas-Te sacaré de aquí, confía en mí, no te haré daño. ¿Comprendes eso? -tímidamente asiente con su cabeza. Le extiendo la mano para que me la dé, ella se queda un rato viendo mi mano, tímidamente extiende su mano, cuando la tome sentí un enorme dolor al sentir los enormes cayos que posee, sus manos no eran de seda ni suaves, se notaba que no era fácil su vida- No tengas miedo, no te haré daño, lo prometo.
La tomé fuerte de su mano y la saqué de ese sitio, mi amigo nos trajo de vuelta al hotel, ella solamente miraba sus manos, mi amigo me hacía muecas en qué demonios pensaba, pero decidí ignorarlo, no quería que la joven se sintiera incómoda. No me imagine que pasaría este tipo de situación.
- Llegamos, romeo. Espero que estés consciente de lo que has hecho, recuerda que te puedes meter en problemas, sin embargo, respeto lo que haces.
- ¡Idiota! Encárgate de los arreglos del edificio para empezar con las remodelaciones, quiero que todo esté listo para la próxima semana, recuerda que mi socio mayoritario estará aquí pronto y no quiero fallarle.
- Lo que digas, jefe.
- Ya lárgate.
Le indico con señas a la joven que se baje, a veces se me olvida que ella es muda, no sorda, pero esto es nuevo para mí, ella con temor se baja, mira a todos lados, no es por nada, pero esta joven hiede a vómito. ¡Maldición! No tengo ropa femenina, eso lo tendré que resolver mañana, entramos al hotel, ella camina detrás de mí, no quiso ir al frente, las pocas personas que transitan dentro del área de descanso del hotel la ven con asco, eso me enferma.
Le indico que entre al ascensor, ella se niega, le tomo de la mano para darle confianza, ella me jala fuera del ascensor, noto que su cuerpo tiembla, ¡Carajos! Estoy hospedado en el tercer piso, ni modo, me toco caminar, la dirijo a las escaleras de emergencia, ahí si ella comienza a caminar subiendo los escalones. De seguro nunca había visto un ascensor, mucho menos subido en alguno.
Estoy que me duelen las rodillas de subir escalones, por fin llegamos, entramos al pasillo donde se encuentra mi habitación, ella mira a todos lados, me imagino que la elegancia del hotel la ha impactado. Me lleva bien sujeto de la mano, hasta podría decir que la está estrangulando.
-Llegamos, déjame abrir. -le digo señalándole la puerta.
Abro la puerta ella solo se asoma, aún no se atreve a entrar, le hago señas para que se anime a entrar, ella entra y se quita rápido una especie de calzado que anda, no sé si llamarle calzado, sus pies están bien maltratados. Nunca había visto a una mujer así de maltratada, solo de pensar las cosas que ella pasó, me da una rabia e impotencia.
-¿Te quieres bañar? -le digo mientras le indico la puerta del baño.
Parezco el padre de una niña, todo lo que ve aquí es nuevo para ella, la adentro al baño le enseño la tina y la ducha, según veo, ella nunca había visto un baño decente, le digo que se quite la ropa y la ponga dentro del cesto de ropa sucia, y que use el gel de baño.
-Donde quieres bañarte, aquí en la tina o en la ducha, - se lo digo señalándolos.
Idiota es muda, no sorda, me doy un golpe mental, creo que nunca me acostumbraré, se la dejo encendida poniéndola a una temperatura agradable, voy de salida y miro que ella estira la mano para tocar el agua y la miro por primera vez sonreír, al parecer no la ha pasado nada bien todo este tiempo atrás.
Al tocar el agua Tibia, sonrió al sentir esa sensación tan agradable del agua, al ver que el joven salió del lujoso baño, se sintió más tranquila, se apresuró a quitarse los harapos que lleva puesto, y se adentró en la ducha dejando que el agua recorra su cuerpo. Soltó su moño para lavar bien su cabello, busco el jabón, pero no lo encontró, buscó con la mirada y le llamo la atención varios botes que había allí, destapo uno a uno, el olor era riquísimo saco un poco en su mano y miro que hacía espuma.
Se lo embroco en su cabeza, derramándolo todo desde su cabeza hasta su cuerpo, disfrutando el aroma que le proporcionaba aquel líquido. En ese momento se le olvidó su situación, su mente está enfocada en la rica sensación que es tomar un baño decente, siempre le tocaba sacar agua de un pozo viejo que había en su casa. En las noches se daba el baño, porque no poseía un baño, se alumbraba con una candela que los vecinos le regalaban, para ver en la oscuridad. Los recuerdos se hicieron presentes.