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Un CEO Vengativo

Un CEO Vengativo

Autor: : J.C.CASTRO
Género: Romance
Maximiliano Neumann, es un hombre poderoso, un CEO implacable en los negocios y astuto en la vida diaria, ambos aspectos le dan siempre la carta ganadora, se ha esforzado cada día, cada hora, por mantener el éxito de sus empresas, pero todo eso está por cambiar porque ahora no quiere dinero, no quiere poder, él quiere venganza. Dispuesto a dejarlo todo, abandona la ciudad para embarcarse en un viaje que tiene como única finalidad, saldar una cuenta pendiente... Una deuda de sangre. Savannah Brown, es una hermosa joven que sueña con sacar adelante su rancho, es lo único que su padre le dejó, y es precisamente ese lugar el que está lleno de hermosos recuerdos, una infancia feliz, una vida maravillosa, hasta que perdió a tres de los seres más importantes en su vida. Lucha a diario por no derrumbarse y ser de apoyo para su tía, como única hija de los Brown, siente el firme compromiso de no rendirse. Conocer a aquel foráneo, que se presentó en su propiedad en busca de empleo, está por cambiarle la vida. Sin siquiera imaginarlo, le abrió las puertas a la Venganza, un hombre dispuesto a todo por verla sufrir y arrastrarse frente a él, pidiendo perdón.

Capítulo 1 Noticias de Muerte

-¡Oh, hijo, al fin respondes el teléfono!- Maximiliano se detuvo, su cuerpo entero entró en rigor cuándo escuchó el desesperado llanto de su madre. Frunció el ceño, sin procesar qué podría llevarla a llorar de aquella manera.

-Estaba en un reunión importante...¿Qué sucede, madre?- preguntó siguiendo su camino, entró a su oficina y cerró la puerta tras él. -¿Por qué lloras?

-Hay noticias horribles, Max- gimoteó la mujer- ¡Tu primo... Dylan está muerto!- gimoteó la mujer echándose a llorar aún peor, Maximiliano Neumann, sintió que dejó de respirar, la noticia lo cubrió como un balde de agua extremadamente fría, el dolor presionó su pecho con fuerza, y no supo en qué momento dejó de respirar...

-¿De qué diablos hablas, madre?- su voz fue temblorosa- ¡Eso no... no puede, no puede ser cierto!

-¡Tu tía está destrozada!- gimoteó-¡Han llamado para informar de que Dylan tuvo un accidente mientras regresaba de ese maldit* pueblo!, ¡ESTÁ MUERTO, MAX!-sollozó.

-¡Voy a la casa ahora mismo!- exclamó saliendo desesperado de la oficina, cortando la comunicación, ahora comprendía por qué tenía tantas llamadas aquella mañana, mientras estaba sumergido y concentrado en la reunión de trabajo, había ignorado las muchas llamadas que había recibido de su primo y un par de su madre, llevándolo a apagar su telefono... la culpa lo invadió, y las lágrimas que subieron a sus ojos, bailaron e intentaron deslizarse por sus mejillas, cerró los ojos y suspiró, abriendo el buzón de voz... -¡Cancela todas mis pendientes, no sé cuándo regrese!- fue lo único que le dijo a la sorprendida secretaria, quién lo miró con ojos enormes.

-Si... señor...- a penas y alcanzó a decir cuando lo vió caminando en dirección a los ascensores, seguido de dos de sus hombres.

-¡Max, ella me ha abandonado, me abandonó!- escuchó los gritos y alaridos de dolor de su primo. Fue escuchando los mensajes uno a uno- ¡Max, no soy capaz de superar esto,no puedo con su abandono!- Maximilino cerró los ojos, intentándo controlar la ira y el dolor que sentía- ¿POR QUÉ DIABLOS NO RESPONDES EL CELULAR, HERMANO?, TE NECESITO... ¡MAX, NO PUEDO CON ESTE DOLOR, ME QUIERO MORIR!-el sollozo de su primo fue realmente doloroso, se daba cuenta de lo bebido que estaba, su voz demostraba su grado de alcohol, así como de su dolor.

Maximiliano, escuchó muchos mensajes como aquel... durante el último mensaje, se escuchaba como Dylan iba al volante, y como muchos autos le tocaban el claxon, seguramente por en exceso de velocidad... además lo escuchaba maldecir, y hablar de cuánto la extrañaba, de cuanto sufría con su abandono y de que no podía vivir sin ella, poco después se escuchaba como Dylan maldecía, un chirrido de llantas y un golpe estruendoso...

-No puede ser...- susurró Maximiliano, tragando el nudo de su garganta, en aquella llamada había quedado registrado el accidente de su primo... el accidente en donde había perdido la vida.

Dylan Becker, era el único hijo varón de su tía Maggi y el fallecido tío Edmud, hermano mayor de la pequeña Ivy Becker, era la adoración de su madre, quién seguramente estaría enloquecida de dolor... Dylan, era un alma libre que disfrutaba viajar alrededor del mundo, a pesar de sus constantes viajes siempre volvía a casa... todo había sido así hasta que la conoció a ella, algunos meses atrás, había regresado a casa después de estar fuera por al menos cuatro meses, no dejaba de hablar de aquella mujer, lo hermosa que era, su belleza no solo física, sino de alma y de espíritu, una mujer de la cual nunca decía su nombre, porque quería guardar el misterio para cuando la conociera la familia.

-¡Vamos, puedes al menos decir su nombre!- se había burlado alguna vez Maximiliano.

-Su nombre es tan hermoso, que si te lo digo, sabrás lo perfecta que es... me encata que sea un misterio, viajaré, la traeré para que la conozcan, y cuando ustedes la vean, sencillamente no podrán creerlo, podrán ponerle rostro a mi chica.

Ahora ya no estaba... Dylan no estaba, y todo apuntaba que había sido causa de esa m4ldita mujer que según las palabras de su primo; lo habá abandonado, ella lo había lastimado de tal manera que lo había empujado a beber como un loco y a manejar a la vez...

¿Había sido realmente un accidente ó... su primo lo había hecho premeditadamente, logrando así quitarse la vida para mitigar el dolor del abandono de su amada...?

¿Cómo?, ¿Cómo lo sabría?, Ni siquiera sabía cómo era esa mujer, no sabía su nombre, solo el apellido que alguna vez le había arrebatado a Dylan...

-No puedo llamarle la señorita sin nombre eternamente, vamos somos familia, eres como mi hermano, al menos a mí dime de quién se trata, ¿Cómo debo referirme a ella?- le había dicho burlón.

-Llámala, señorita Brown. - Dylan había sonreído enamorado- será ella cuando la conozcas, quién te autorice para llamarla por su nombre.

-¡Vamos a casa!- gruñó a sus hombres... Sabía perfectamente que cuando llegara a casa se encontraría con un panorama horrible, Su madre, su tía e Ivy, estarían entregadas al llanto y la histeria, ¿cómo podría manejar a tres mujeres destrozadas?

Dylan... Su primo, su querido primo, Dylan Becker, era un soñador desmedido, que creía en la bondad de las personas... sus enormes ojos color miel, su abundante cabello dorado, su porte orgulloso que contrastaba con su mirada amable y carácter relajado. Era menor que Maximiliano por un par de años, y mayor que Ivy por cinco años... Dylan siempre había sido el alma de las fiestas, la alegría de la casa, nada interesado en los trabajos de oficina, el disfrutaba viajando, invirtiendo en la bolsa, haciendo diversos negocios...

-No se puede apostar todo en el mismo huevo, a veces la suerte no favorece - le había dicho, y aquellas palabras le recordaban al difunto tío Edmud, quién había fallecido hacía ya cinco años ...

Maximiliano Neumann, no había tenido la suerte y fortuna de tener hermano, su madre le había dado a luz en un parto complicado y para evitar el riesgo inminente de perder la vida, no había podido traer más hijos al mundo, al criarse juntos, Dylan e Ivy, se habían convertido en esos hermanos que siempre había querido... aquellos a los cuales había jurado cuidar y proteger...

Cuidar y proteger... le había fallado a su pequeño hermano, no había sido un buen protector y como consecuencia ahora él estaba muerto y la culpa le estaba consumiendo.

No había perdido a un primo cualquiera, había perdido a su hermano...

Capítulo 2 ¿Cuánto dolor soporta un alma

No más entrar a la enorme mansión de los Neumann, los escalofriantes gritos desconsolados llegaron hasta él, no pudo evitar sentir como el peso de la pena crecía, haciendo mella en su corazón...

Sus ojos se llenaron le lágrimas... No era un hombre de llantos, la última vez que lo había hecho, había sido en la muerte del tío Edmud, y anterior a eso, en el funeral de Engel, su padre, de eso ya hacía más de diez años...

-Estoy aquí - fue lo único que dijo, cuándo la pequeña Ivy corrió a sus brazos, la abrazó brindándole refugio, mientras que su madre y su tía, permanecían abrazadas brindándose consuelo... -¿Qué le han dicho?

-Tuvo un accidente cuando volvía - dijo su madre, Violett, al parecer manejaba con exceso de velocidad y... estaba ebrio - aquello solo era la confirmación de lo que ya sabían - han dicho que... murió de inmediato, no hubo tiempo de hacer nada por él - su tía gritó de dolor, aferrándose a los brazos de su hermana.

-¿Dónde lo tienen?

-Nos han dado la dirección de un hospital y... debemos ir a reconocer el cuerpo y trasladarlo...

-¡DEBO IR, DEBO IR CON MI HIJO!- gritó la desconsolada madre, mirándolo con súplica.

-No tía, yo me haré cargo.- sentenció firme.

-¡NO, MAX, ES MI HIJO, YO DEBO IR!

-He dicho que no- respondió en tono autoritario- las cosas se harán como digo, no es conveniente para ti que vayas tía, yo me encargaré de los trámites necesarios y traeré su cuerpo...

-¡TODO ES CULPA DE ELLA, TODO ES CULPA DE ELLA!-gritó Ivy- Si... si no se hubiese enamorado de esa mujer, él... nunca hubiese ido a ese pueblo, Dylan estaría vivo...-sollozó, y Max, abrazó de nuevo a su prima, incapaz de afirmar o negar lo que ella decía, para él, aquella mujer sin nombre y sin rostro, también era la culpable...

Decidió que para poder viajar lo más tranquilo posible, debía llamar al médico de la familia, para que pudiese suministrarles calmantes a las tres mujeres, solicitar personal médico mientras volvía, y... avisar a Jael, su mejor amigo... Él le brindaría el apoyo que necesitaba en aquel momento... una espalda amiga que le ayudará a sostener el enorme peso que sentía sobre sus hombros, porque sin miedo a equivocarse, pensaba que el peso del mundo entero estaba sobre él.

¿Cuánto dolor puede soportar un corazón?, no lo sabía, pero creía que aquello era una enorme cuota de dolor...

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-Siganme, por favor - les dijo el médico- debo advertirles que el cuerpo no está en las mejores condiciones, es por ello que sus múltiples heridas pueden generar mucha impresión.

-Max...-Jael, le colocó una mano en el hombro - ¿Estás seguro de que quieres hacer esto?, no es necesario, hermano, yo puedo hacer el reconocimiento...

-No- negó con los vidriosos ojos en su amigo- debo entrar, necesito verlo- entonces Jael asintió no muy convencido.

El médico los dirigió hasta llegar a una fría habitación, una enorme plancha con una sábana blanca cubriendo el cuerpo... Maximiliano, respiró varias veces intentando darse ánimos para lo que vería, aunque sabía que nada podría prepararlo para aquello...

En cuánto el médico retiró la sábana, presionó los labios con fuerza, mientras las contenidas lágrimas se deslizaron libre y abundantemente por sus mejillas... Sintió la mano de Jael presionando su hombro, brindándole apoyo.

-Max...

-Si, es él... es mi primo, doctor...- dijo con voz ahogada.

-Bien- el hombre volvió a cubrirlo, aunque la imágen del maltrecho, cortado e inflamado rostro de Dylan, jamás saldría de su cabeza.- debe firmar algunos documentos, y un par de trámites para que pueda llevarse el cuerpo...

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Fue un funeral emotivo, indudablemente Dylan Becker, era un hombre querido y respetado, fueron muchas las familias que llegaron para presentar sus respetos, y acompañarlos en el último adiós a su ser querido.

Maximiliano sintió un terrible dolor al no poder permitir que su tía viese el cuerpo de su hijo, de hacerlo, terminaría por perder la razón, le dolía no permitírselo, pero estaba seguro de que era lo mejor para ella, se había negado una y otra vez...

-¡POR FAVOR, MAX, ES MI HIJO, DÉJAME VERLE!-gritó una y otra vez.

-¿Es que acaso no lo entiendes tía?... él... sus heridas...

-¡No me importa, necesito verlo o mi corazón no entenderá que es él, jamás asumiré que se ha ido!

-Tia, por favor...

-Te lo ruego, Max... te lo suplico...- afortunadamente la preparación del cuerpo había sido impecable y el rostro de su primo, no estaba tan terrible como él le había visto... una buena reconstrucción y un buen maquillaje habían logrado hacer mucho, logrando así que su tía pudiese ver a Dylan y asegurarle a su corazón, a través de la vista, que su hijo se había marchado.

Tras el entierro volvieron a la mansión, que estaba sumergida en un aura lúgubre y oscura, era como si cada rincón de la casa lamentara la perdida de Dylan...

Jael, había decidido acompañar a Max al estudio de la mansión, en dónde se habían encerrado, Max se quitó la chaqueta, la corbata y abrió los primeros botones de la camisa, bajo la mirada de su preocupado amigo, se dirigió al bar.

-¿Quieres tomar algo?

-No, estoy bien- Max asintió, sirviéndose medio vaso de whisky, y sentándose frente a su amigo, con el vaso y la botella, para beber y rellenarlo.-¿Piensas embriagarte?

-No lo sé - respondió mirando la bebida en sus manos, recordando que su primo estaba ebrio cuando perdió la vida... soltó la botella y el vaso como si estos le hubiesen quemado, para luego recargarse en la silla y cubrir su rostro con ambas manos.

-Sé cuán fuerte está siendo esto, Max, pero debes ser fuerte, tu madre, tu tía e Ivy te necesitan, sabes lo frágiles que son...

-Lo sé y creeme que lo estoy intentando, pero... es demasiado dolor junto, es como si de nuevo perdiera a mi padre o al tío Edmud, o peor aún, como si los hubiese perdido a ambos el mismo día -suspiró mirando a su amigo- me llamó, Jael, me llamó muchas veces esa mañana y yo... no respondí, estaba más enfrascado en mi reunión... me necesitaba y yo le falle... no estuve para él.

-No podías saber lo que sucedería, así que deja de torturarte- le exhortó.

-Debí suponer que algo andaba mal, eran demasiadas llamadas...

-¡Basta Maximiliano, no eres adivino!, culparte no solucionará nada, estabas a una enorme distancia de él, no podrías haberlo ayudado.

-Pude al menos intentar calmarlo, hacer que se tranquilizara, Dylan... él siempre me escuchaba. Ahora, solo basta con que cierre los ojos para escuchar su voz una y otra vez, gritando, llorando, y sufriendo porque esa mujer le abandonó y... el último de los audios, escuchar ese accidente...-presionó los labios con fuerza- ¡Nunca superaré esto, nunca podré sobre ponerme!

-Saldrás adelante, amigo mío... no tengo dudas.

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Seis meses y el dolor seguía intacto en su pecho, el luto parecía no abandonarlos, la madre parecía haber muerto en vida, Ivy solía llorar desconsolada en su habitación, Violett se abrazaba a él buscando una explicación y él... el dolor convergía con el odio y la ira...

Aquella mujer... la señorita Brown, como Dylan le había llamado, ella era la principal responsable del dolor que atravesaba su familia.

-¿Qué se supone que estás pensando hacer?- Jael, lo miró con preocupación.

-Tengo el recorrido del GPS del auto de Dylan, sé cuál es la casa, tengo su apellido...

-Max, ir a ver a esa mujer no cambiará nada. Deja que el tiempo cure las heridas o al menos mitigue el dolor...

-No- negó furioso-tu debes dirigir las empresas Jael, te firmaré un poder y estaremos en contacto, voy a hacer este viaje, tengo que hacerlo.

-¿Para qué?- preguntó frustrado- ¿Qué quieres lograr con conocerla?

-No voy solo a conocerla... voy a vengar la muerte de mi primo...- respondió decidido

Capítulo 3 El rancho Brown.

Savannah Brown, tan soñadora, como inteligente. Tan noble, como suspicaz, tan bondadosa, como autoritaria, tan amable, como mordaz... todo dependía de qué sentimiento lograrás despertar en ella ...

Savannah Brown, observó como su capataz y dos ayudantes más, arreaban las cabezas de ganado para que abrevaran en la laguna, desde su montura supervisaba personalmente que todos los animales bebieran, acostumbrada desde muy temprano a las tareas del rancho, no era nada nuevo para ella estar presente en la faena diaria.

Allí, apreciando la inmensidad verde de su propiedad frente a ella, no pudo evitar que la nostalgia la invadiera... En ocasiones estaba tan cansada de luchar, quisiera solo rendirse, pero si le daba oportunidad al dolor, terminaría apoderándose de ella.

El rancho Brown, era la herencia que recibió cuando su padre murió. Albert Brown, había tenido una vida de lucha constante, batalló y reunió cada centavo libre para comprar aquellas tierras, quería darle a su adorada esposa un hermoso lugar para vivir, su madre amaba el aire del campo, y por ello su padre había decidido en vez de una linda y acogedora casa en la ciudad, un rancho campestre...

Siempre lamentaba que su hijo Mike, hubiese muerto tan joven, era poco más que un niño, cuando el creador reclamó su alma, dejando a la familia sumidos en un dolor inimaginable, por eso y por más, Savannah se había esforzado a diario por demostrar sus capacidades y que su padre la respetara y la creyera capaz de dirigir el rancho, tan capaz como hubiese sido un hijo varón.

Su madre, se lamentaba que la hermosa joven perdiera sus días en actividades de hombres, era muy linda, y con un brillante futuro como esposa y madre, pero Savannah, a pesar de haber tenido un par de aventuras, no había conocido al que pudiera considerar, un hombre para casarse.

Si, era alabada y elogiada por su belleza, pero ella quería que los hombres vieran mucho más que eso... ella ya sabía, modestia aparte, que sus ojos eran de un color fuera de lo común, que su cuerpo era bonito y lleno de curvas en los lugares indicados, sabía lo mucho que brillaba su larga y oscura cabellera negra, lo elegante de su nariz o lo carnoso de sus labios... solo vanidades, superficialidad, no, ella quería un hombre que la viera más allá de su apariencia, que apreciará sus capacidades, sus virtudes, un hombre que lograra enamorarla como nunca antes se había sentido, un hombre que la ayudara a ser una mejor mujer...

Suspiró ante la nostalgia.

-¿Está bien, señora?- la voz de su ayudante reclamó su atención.

-Estoy bien, asegúrate de que todas beban, hay mucho trabajo por hacer.

-Si, señora, como usted ordene. - y tras un asentimiento con su cabeza, animó el caballo instándolo a cabalgar de regreso... Ella era una excelente amazona, buena con las cuentas, amante de las letras y con una puntería muy certera, cualidades que la convertían en muy capaz de dirigir su negocio familiar...

Cabalgó a buen ritmo, con su larga cabellera sujeta en un moño en su nuca, un sombrero sobre su cabeza para evitar el sol directo sobre ella, los pantalones jeans acentuando sus largas y atléticas piernas, su blusa blanca un poco ancha, y sus botas de cuero favoritas, con el fuete en una mano y su revolver en la cintura, se veía imponente y poderosa, a pesar de su natural apariencia frágil y femenina...

En cuanto estuvo bastante cerca del rancho, pudo divizar la camioneta de Tom, y eso la puso de mal humor, en cuanto se acercó aún más, lo vio en la entrada, en compañía de su tía Ann.

Sin bajar del caballo, se acercó, hasta quedar muy cerca, y mirarlo seriamente.

-Buenos días, belleza encantadora.- Tom la saludó con un tono meloso.

-Buenos días, Tom. ¿En qué puedo ayudarte?- contestó en tono cortante.

-De ti, quiero dos cosas...-una pícara sonrisa iluminó su rostro- tu mano en matrimonio, y la venta de tu rancho.

-Ambas te las he negado ya- elevó el mentón con orgullo- así que sube a tu camioneta y sal de mis tierras.

-Amanecimos de mal humor-sonrió con simpatía- tu tía acaba de invitarme una taza de café.- la mujer la miró como disculpándose por la imprudencia.

-Mera cortesía de la tía Ann, es demasiado amable- con agilidad descendió del caballo y caminando hasta una valla que estaba cerca, lo ató permitiéndole beber del cuenco en el piso, palmeó el lomo del animal y luego volvió para enfrentar a su no invitado-¿Y bien?-elevó una ceja-es la cuarta vez que vienes esta semana Tomás, y confieso que comienzas a acabar con mi paciencia.

-Mi abuelo solía decir, que la recompensa está guardada solo para los que perseveran.

-Supongo que se refería a las cosas posibles. - miró a su tía con cariño- ve dentro tía, yo me encargo- la mujer asintió y desapareció- Tomás, asúmelo de una vez, no voy a casarme contigo y no voy a venderte mi propiedad, puede que esté teniendo dificultades pero soy perfectamente capaz de mantener el legado de mi padre, así que comprende de una vez que el rancho Brown no está a la venta, ahora sí me disculpas, sal de mis tierras que tengo trabajo que hacer...

-Solías tener mejor carácter cuando estábamos juntos-sonrió, y Savannah dió un largo suspiro.- la pasábamos bien.

-Si, pero ya es cosa del pasado. Recoge tu dignidad y sal de mis tierras- dijo en forma amenazante, el hombre frunció el ceño evidentemente indignado por sus duras palabras que pisoteaban su masculino orgullo.

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Maximiliano, estaba concentrado en la carretera, siguiendo las indicaciones obtenidas del GPS del auto de Dylan, así como las indicaciones de los lugareños, estaba por llegar al rancho Brown, no pudo evitar preguntarse, ¿Cómo rayos había terminado Dylan en aquel pueblo tan remoto?

Había tomado la decisión de viajar en moto, una bastante normal, nada muy lujosa o llamativa, una mochila viajera con algunas prendas sencillas que había adquirido, sus trajes hecho a medida que usaba en las salas de reuniones no servirían en un ambiente como aquel, así que dos pares de jeans, algunas camisas y un par de zapatos extras, además de algo de dinero, sus tarjetas y su celular personal en el fondo de la mochila, y uno nuevo y más sencillo en su bolsillo de pantalón.

A lo lejos divisó el rancho, era grande, con enormes áreas verdes al rededor, en lo que seguramente sería la puerta principal, estaba estacionado justo en frente una camioneta, y muy cerca de ellos una pareja que parecían discutir.

-Bien, Max, has llegado a tu destino...- se dijo antes de girar el volante de su moto e ingresar por el camino de gravilla que lo llevaría justo hasta quedar junto a la pareja. En cuánto se estacionó y apagó la motocicleta, ambas personas se giraron hacia él.

Descendió y se quitó el casco, agitando su cabello marrón, color chocolate, largo y desordenado...

-¿Y tú quién eres, foráneo?- preguntó el hombre de mala gana, mirándolo con el ceño fruncido.

-Es mi invitado- intervino la mujer de pronto, con voz firme, el hombre se giró hacia ella con sorpresa.

-Al rancho Brown, llegan muchos foráneos últimamente- respondió con ironía. Maximiliano, frunció el ceño. ¿Se refería a su primo?

-Los extranjeros son bien recibidos.-respondió en tono tranquilo.

-Si, recuerdo lo bien recibido que era Dylan Becker- dijo con sarcasmo. Los ojos de la mujer brillaron de ira.

-¡NO VUELVAS A NOMBRAR A DYLAN EN MI PRESENCIA!-gritó furiosa, y Maximiliano tuvo el deseo de estallar ante el enojo de la mujer, estuvo a nada de salir en defensa de su primo. ¿Con qué derecho se enojaba al escuchar el nombre de su primo? -Márchate, Tomás- le dijo en tono más calmado intentando contener su enojo- tengo asuntos que atender con el caballero.

-Caballero...- susurró mirándolo con desprecio, al tiempo que escupía en el suelo y se encaminaba a la camioneta, le dió vida al motor y se alejó rápidamente levantando pequeñas piedras cuando rechinaron las llantas... Savannah, se quedó observando como Tomás se alejaba hasta desaparecer, para luego girarse hacia su otro NO invitado.

-Ahora dime, ¿Quién eres y que buscas en mis tierras?- preguntó directamente.

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