Alexander Pov.
Camine por hacia la cómoda donde se encontraba mis mejores reserva de whisky, en la penumbra de la noche y soledad se escuchaba el sonido de mis zapatos contra las losetas del suelo. Tome una copa de cristal saqué mi botella de Dalmore Selena de cincuenta y ocho años de edad. Solo existen treinta botellas de este whisky en el mundo, y yo tenia una de esa treinta 18.300 € costaba me había costado esta botella. Un precio que volvería a pagar encantado pues el sabor y aroma de este whisky era único. Era una mezcla entre: Lima, mandarina y pomelo con toques de bergamota mezclada con mermelada de ciruela, añejado en jerez de Matusalem, jengibre y especias, todo ello combinado para cautivar los sentidos. Tome un sorbo de la copa pero ahora el whiskey que tanto llegué a disfrutar no me satisfacía, pero aun así no dejaba de ser lujo y glamouroso como todo en mi vida.
Me senté con la copa en mano en silla de mi despacho y rescoste la espalda. Tomé otro sorbo y esperando que el efecto del alcohol pronto surgiera efecto y me llevase al sueño. Para no continuar contemplando el vacío que me rodeaba. Pero no podía evitar que la soledad me hiciera pensar en mi vida, en la vida que había llevado siempre.
¿Quien había sido yo?, casi sonreir por la ironía. ¿Quién era yo? la pregunta está ofendida. ¡Yo era Alexander R. Harrison Wright! Un canalla, ególatra, egoísta, ambicioso cuyo dinero vale mas que mi persona. Siempre he sido un canalla y no me arrepiento de serlo. He mentido, engañado y manipulado a mi antojo sin que me importaran las consecuencias. He destruido los sueños y reputaciones de otros, he traicionado a los que me han sido leales, he provocado dolor a aquellos que quisieron ayudarme. He jugado con las esperanzas de quienes pensaron que podían cambiar lo que soy.
Pero ahora todo es diferente...todo es diferente cuando tenemos la presencia de la muerte tan cerca. Y te das cuenta que has vivido una vida llena de frivolidades y de cosas sin en el menor valor. Te das cuenta de que está completamente solo en este mundo. Y que cuando mueras en tu funeral ninguna lágrima será verdaderamente genuina.
―Solo―pronuncie, y bebí nuevamente otro sorbo del whisky―estoy completamente solo.
Esa era mi realidad. Estaba solo en este mundo, no tenia familia, no tenia amigos, no tengo novia, ni siquiera un heredero al que dejarle toda mi fortuna. Y donar todo mi dinero a obras de beneficencias para que el gobierno se lo envolver no me daba la gana. No, no y no algo haría pero no esperaría que la muerte me llevase sin haber enmendado mi vida. O me dejaría de llamar Alexander Richard Harrison Wright.
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Los nervios me tenía con estrés, y no deja de cruzar los dedos para que las famosa dos rayitas color rosa no apareciese en la prueba de embarazo. No podía tener la mala suerte de estar embarazada Dios mío no. Yo no podía tener un bebé en este momento de mi vida, mi trabajo como recepcionista en el hotel donde trabajaba pendía de un hilo, tenía muchas deudas... debía pagar mi préstamo estudiantil, debía pagarle a Gale la renta de esto últimos dos mese. Además de que el padre de mi bebe me había dejado para irse detrás de "una fea adinerada" con la que me había sido infiel por más de seis mese y yo de idiota no me habia dado cuenta.
―Por favor Dios mio―rogue en voz alta―¡que salga negativa!,¡que salga negativa!―suplique mientras esperaba que pasase los cinco minutos mas eternos de mi vida.
Con miedo mire la prueba de embarazo para confirmar mis mayores temores. en la prueba había dos rayitas color rosa. Y eso solo significaba una cosa, ¡que estaba embarazada! Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos voluntariamente. ¿ahora que haría?¿cómo iba a mantener a este bebé?¿cómo saldría adelante si el canalla de su padre nos había abandonado?
―Dios mio ¿que voy hacer?―pregunte entre sollozo a la soledad―¿que voy hacer con mi vida?¿como voy a mantener a este bebé?―continúe haciéndole preguntas a la soledad sin obtener ninguna respuesta.―estoy sola―más lágrimas se deslizaban por mis mejillas―estoy completamente sola.
No sabia que hacer, me sentía perdida, confundida por esta situación que me sobrepasaba. Recurrir a Joshue seria una perdida de tiempo pues el muy canalla me había dejado para estar con una "fea adinerada" hija de papi que tenía todo el dinero del mundo. Pedirle ayuda a mi madre para que estuviese recriminando y agobiandome todo el tiempo eso nunca. Esa sería dos alternativas si decidía tener al bebé y ninguna era buena.
Entonces solo me quedaba la adopción o el aborto. Yo sabia que habia muchos niños que esperaba años que los adoptaran y pasaba muchas privaciones. Y el aborto...me daba miedo. Me daba miedo el dolor, y el castigo de Dios. Toda mi familia creía en Dios y aunque yo no era una cristiana ferviente que se gastase las rodillas rezando en un altar, si creía en Dios. Y sabía que realizarme un aborto seria lo mismo que matar a alguien y eso era pecado. pero entonces¿qué hago? ¡Ay Kimberley Jones! en que problema está metida.
―estoy sola.―dijo con un nudo en la garganta y entre lágrimas mientras continuaba contemplando la prueba de embarazo y con ella todos mis sueños destruidos―¿que hago Dios mio?¿que hago?
Había vaciado casi mi costosa y exclusiva despensa de whisky en una sola noche sin éxito de conciliar el sueño. Tal vez se debía a la horrible sensación que tenía de que si cerraba los ojos no los volvería a abrir jamás. Mentiría si negara que tenía miedo a morir, miedo de cerrar los ojos y no despertar jamás. Miedo a no saber que hay más allá... pero sobretodo sentía miedo de estar solo.
Aquí estaba en la soledad de mi casa sin nadie a mi lado. La gente normal cuando se entera de algo como esto llaman a algún familiar por lejano que sea para que venga ampararnos y darnos su apoyo. Pero yo no tenía nadie. Está solo en mundo, complete solo. Mi madre había muerto al darme a luz, mi padre cuando mi madre murió se desentendió de mí porque sabía que jamás obtendría la fortuna de mi abuelo. Mis abuelos que fueron los que me criaron murieron cuando yo tenía diez años, mi tío el único pariente vivo que tenía me odiaba que yo había heredado el imperio de mi abuelo. No tenía nadie en este mundo.
Pase mis manos por mi cabello por la frustración y vi de reojo los análisis médicos. Aún me costaba creer que esto estuviese sucediendo.
**** Flash Black****
Unos simple análisis de rutina, últimamente me costaba mantener el ritmo en mis actividades y tal vez se debía a un desgaste físico por tanto trabajo o por ir a esa fiesta en casa de Mark y Hannah donde eso más que una orgía eso parecía un aquelarre. Tenía veintinueve años y en un mes sería mi cumpleaños número treinta tal vez ya comienza a sentir los efectos de que un cuerpo de veintitantos no resiste igual que unos de treinta.
Me había hecho todos los exámenes existente y ahora solo tenía que esperar el resultado de estos. Lleva hora en el consultorio de doctor Williamson y ya comenzaba a impacientarme no podía continuar perdiendo mi tiempo aquí, el tiempo es dinero y el dinero perdido no era algo me agrada.
Por fin la puerta se abrió y por ella entró el doctor Williamson un hombre de unos cincuenta y tanto, gordo, de estatura baja, y era evidente que sufría de una gran pérdida de cabello está casi calvo.
-Buenas Tardes señor Harrison.-me ofrecí la mano derecha en señal de salud. Yo le di una aparento de mano y dije
-ahorremos las formalidades "doc" y dígame rápido, pues tengo asunto de mayor importancia reclamando mi atención .-dije y lo mire serio.-y no puedo continuar perdiendo mi tiempo en tonterías.
El hombre tomó una respiración profunda, parecía que deseaba armarse de valor para decir algo que debía resultar difícil. Luego me miró con un semblante inexpresivo y dijo.
-pues lamentablemente señor Harrison eso asuntos tendrá que posponerlos.-informó el doctor Williamson.
-¿por qué?-preguntó con el ceño fruncido. El doctor Williamson tomó una gran bocanada de aire tomó los resultados en su manos y luego me dio una mirada compasiva y dijo.
-lamento informarle señor que no soy portador de buenas noticias para usted.-dijo con un semblante inexpresivo.
-¿de que se trata?-pregunté ya irritado por tanto misterio.-Hable sin rodeos doctor-exigí
-usted tiene un tumor cerebral señor Harrison.-dijo serio.-y me temo que está peligrosamente ubicado.
Por un momento pensé que había escuchado mal, pero el semblante del médico me daba a entender que había escuchado perfectamente.
-¿Un tumor?-pregunté incrédulo. Y el médico asintió con la cabeza.-¿Pero como?
-es inexplicable como algunos tumores se desarrolla.-empezó a explicar el médico.-algunos tumores son benigno y otra malignó.
Comenzó una explicación muy técnica que apenas pude seguir. Ya no lo escuchaba bien solo escucha apenas balbuceos sin sentidos, mientras mi mente divagaba con la noticia. ¿Un tumor cerebral? Tenía una bomba de tiempo en la cabeza y no podía detenerla. ¿Pero cómo era posible? Yo siempre he sido un hombre sano, fuerte, me he cuidado y con regularidad me hacía exámenes ¿en qué momento apareció este tumor cerebral que nunca antes lo había visto?
-¿y es operable?-pregunté aún en shock pero no pensaba demostrarlo.
-se podría operar si usted comienza un tratamiento de quimioterapia y se logra reducir el tamaño del tumor.-dijo serio.-pero eso solo en caso de que el rumor se reduzca
-¿hay algún riesgo?-pregunte rascando mi barbilla.
-en toda intervención quirúrgica hay riesgo señor Harrison.-dijo el médico por salir del paso.
-no me venga con esa idioteces doctor Williamson y hable de una vez.-exigí.-¿dígame cuál es el riesgo?
-son varios señor.-dijo.-si realizáramos esta cirugía usted podría morir durante esta, podría quedar en estado vegetativo por el resto de su vida o en casa de que resulte un éxito usted estará curado.
-¿que probabilidades tengo de salir bien librado de esto?-pregunte y el médico me miró con el ceño fruncido.-me refiero a salir después de cirugía, hay algun riesgo.
―siempre hay riesgo de daño colateral―dijo muy serio―por eso mi recomendación de que comience un tratamiento de inmediato.
―Cuanto me queda―pregunté directamente―dígame Williamson cuanto tiempo me queda de vida quiero saber.
―Nuestras vidas están en manos de Dios.―dijo y yo reprimí la necesidad de soltar un bufido. Dios, Dios no existía.
―Yo no creo en Dios doctor Williamson―dije muy serio―soy un hombre práctico, creo en lo que veo, creo en lo que puedo tocar y en lo que puedo sentir. Pero sobretodo creo en los numeros, asi que digame.―lo mire directamente a los ojos―¿cuanto tiempo me queda?
―si no comienza inmediatamente un tratamiento...―el hombre guardó silencio por un momento y luego volvió a hablar.―aproximadamente un año.
***** Flash Present ****
Me levanto tambaleandome, al parecer el alcohol no me había logrado ayudarme para conciliar el sueño pero si lo suficiente para que hacerme perder el equilibrio. La puerta de mi habitacion se abrió y por ella entró un hombre de unos sesenta años de edad con porte elegante, vestido impecablemente y cuyo abundante cabello canoso le daba más elegancia.
―buenos días señor Harrison―me saludo mi mayordomo de origen inglés, que llevaba trabajando para mi desde que tengo uso de razón.
―¿que tiene de bueno Ralph?―pregunte con una sonrisa amarga en el rostro.―aun estoy muriendo.
―señor usted aún goza de buena salud, comenzarse un tratamiento podría vivir muchos años.―dijo el hombre mientras abría la puerta de mi closet y comenzaba a escoger como siempre el traje que usaría hoy.
―¿para que?―pregunte con el ceño fruncido―¿para quien?, acaso olvidas Ralph que estoy solo en este mundo, no tengo familia, no tengo amigos, no tengo novia―sonreí con amargura y dije―no tengo ni un perro que me ladre... bueno tu.―dije y comencé a reírme.-que de algo tienes que servir
―usted siempre ha sido un hombre muy asediado por mujeres hermosa señor―dijo mi mayordomo con tranquilidad―busque una buena mujer que le devuelva las ganas de vivir.
―a las mujeres solo le importa mi dinero―dije riendo y busque otra botella de whisky.―si me busco una novia es muy capaz de acelerar mi muerte para heredar mi cuantiosa fortuna.-sonreí.-mi fortuna vale más que mi persona Ralph
―Si tiene ese pensamiento señor terminara su dias solo―dijo Ralph.
―Tal vez.―me encogí ligeramente de hombro―pero el lado positivo, es que no será mucho los días que pasaré solo.―dije con una sonrisa amarga.―pronto voy a morir y solo, solo con mi soledad y sin nadie que le importe que yo ya no este en este mundo.-llene la copa está arriba de whisky.-y moriré bajo mis propios términos.
-eso quiere decir que desea morir bajo los efectos malignos del alcohol.
-si la muerte me llega, que me llegue borracho.-dije y levante la copa en alto.-vamos Ralph sírvete un trago y brinda conmigo.
-¿y porque brindamos señor Harrison?-me preguntó el mayordomo.
-Brindemos porque yo.-dije y si una palmada sobre mi pecho con la mano libre.-Alexander Richard Harrison Wright, voy a morir y a nadie le importa un comino.-dije me reí.-Salud por mi.-me tome el contenido de la copa de un solo trago.
**** ***** *****
Y otra vez corriendo contra el reloj, iba a llegar tarde nuevamente. Como si no tuviera ya suficiente problemas en mi vida, estoy otra vez tarde como siempre. ¿Algún día podría llegar a tiempo alguna parte? Siempre llego tarde a todos lados y hago las cosas tarde: pagó la renta dos o tres días tarde, pagó la luz y el agua el día antes de que me suspenda el servicio, llego tarde a la universidad y en mi último año y para rematar mi periodo se tardará nueve meses. ¿Porque? porque yo soy una idiota que solo tuvo sexo en una única ocasión y por más que tome la maldita píldora resulte embarazada.
-¿Porque Dios mío? -me quejé nuevamente mientras miraba por la ventana del taxi.
Tuve que tomar un taxi para llegar a mi trabajo en hotel. Y en Miami que aquí tomar un taxi era un lujo. Un lujo que yo no me podía estar dando pero esto me pasa por levantarme tarde.
Afortunadamente el tráfico que habitualmente en esta ciudad es imposible hoy está meramente tolerable y tal vez solo tal vez podría llegar unos tres minutos tarde sin que la "dama dragón" se de cuenta. Mientras me maquillaba un poco escuche el sonido de una llamada entrando en mi celular. Tome mi iPhone5 y mire la pantalla destrozada por tantas caídas, definitivamente los iPhone en mis manos siempre peligraban. En la pantalla apenas se lograba divisar el nombre de "Sam " conteste la llamada rápidamente.
-ya voy de camino.-dije rápido que conteste la llamada.
-mujer relax.-dijo mi amiga por el teléfono desde la otra línea.-vives tu vida con mucho estrés Kim, te pondrás vieja antes de tiempo.
-pues ruégale a Dios y a todos Los Santos que eso no pase porque no hay dinero para ponerme "Botox".-dije tratando de hacer una broma, y al parecer funcionó porque la escuche reír.
-tranquila yo te hago un descuento amiga mía.-dijo de manera cómplice.-Oye me ayudas hoy otra vez la "zorrita HighClass" se ausentó y misteriosamente el gerente también.
Puse los ojos en blanco al escuchar semejante cosa. Samantha siempre con eso apodos tan descriptivos y ofensivos. Cada vez que ella decía "zorrita HighClass" se refería a su compañera en salón de masaje del hotel Nicole Luccas. Que en realidad era una zorra y eso nadie lo negaba pero Sam no se molestaba en guardarse sus pensamientos para sí misma, ella los tenía que decir a viva voz para que el mundo entero los conociera.
-Si puedo claro que te ayudo.-dije y la escuche soltar un chillido de alegría que casi me revienta el tímpano.
-eres un encanto Kimberly.-dijo con alegría.-verdad mi amiga tú tienes el cielo ganado Forever.
-te ayudar porque ahora más que nunca necesito el dinero de las propinas.-dije y mire hacia mi vientre plano.
Aún no decidía si me realizaría el aborto o no, y tampoco estaba segura sobre la adopción. Estoy llena de miedos e inseguridades, no se que hacer con mi vida con este bebé. Yo tenia planes y sueño, pero esto estropea todo mis planes para el futuro. ¿que se supone que debía hacer ahora? No podía volver con mi madre y decirle que di el mal paso y ahora estoy embarazada y si un padre que responda. No quería terminar como muchas mujeres que dependía del gobierno para subsistir, no en balde me estoy quemado las pestañas estudiando gerencia y mercadeo
-¿Kim?-me llamó atención Sam sacándome de mis pensamientos.-¿Kimberly me escuchas? ―pregunto―esta porqueria funciona ¡Hello!―grito y tuve que apartar la bocina de mi oído porque casi me revienta el tímpano.
―No grites, te escucho perfectamente―dije
―¿y entonces porque no contesta?
-se me fue el hilo.―dije a modo de disculpa, pero algo en mi tono de voz debió delatarme porque Sam me pregunto.
-Kimberly ¿está bien?―me pregunto ya con seriedad.―Te escucho algo...mjm no se distante.
―¿Ahora eres empática Sam? ―le pregunté un tono sarcástico.
―No―dijo y soltó una risita.―soy bruja pero eso no viene al caso.―le resto importancia a su origen, la verdad todavía me costaba creer que Samantha tuviese sangre "gitana" siempre había creído que lo decía en broma está que su abuela nos lo había dicho y nosotra lo confirmado haciendo una mini investigación en su árbol genealógico.― Y si mi intuición no me falla y eso nunca pasa.―hablo en tono de presunción―.A ti te sucede algo. Y me lo vas a decir ahora.―exigió. Viendo que no podría discutir con ella me di por vencida, tal vez Sam pueda ayudarme pero no tendría esta plática por el celular.
―en cuanto llegue te cuento.―dije con resignación.―Necesito un consejo... o más bien un milagro.
Un milagro eso necesitaba, y uno rápido porque sino me terminaría volviendo loca.
Alexander Pov.
Observe mi reflejo en el espejo mientras terminaba de arreglarme uno de los tan costosos trajes de marca que tenía. No sabía qué marca eran o cuanto costaba y tampoco me importaba ganar lo que fuese por un traje hecho por un sastre a la medida correcta. Fuese de Hugo Boss, Oscar de la Renta, Armani, Tommy Hilfiger, Massimo Dutti o la que fuese. Me da exactamente igual lo único en lo que siempre enfatiza es que fuese de color negro. ¿Porque? simplemente porque el negro es el color del abismo,del misterio, de la tristeza, de la soledad, y la muerte.
Porque el negro era el color de mi alma, negro era mi pasado, mi presente y mi futuro. El negro era el color que predominaba en mi vida.
En el reflejo del espejo ve lo que las personas ven cuando estoy presente: un hombre joven, apuesto, rico que posee todo, que siempre lo ha tenido todo para ser feliz. Dinero, posición, lujos, mujeres, relaciones en los negocios, un apellido de renombre y poder. En pocas palabras era un bastardo con mucha suerte. Un maldito hijo de perra que lo tenía todo pero que no lograba llenar el vacio que habia en su vida. Porque nada lo llenaba, nada lo satisfacía y nadie le importaba. Un ser déspota, que no respetaba a nadie más que así mismo. Alguien que atropella, humilla, avasalla y destruye sueños, familias y vidas para obtener lo que quiere.
Nunca me había importado ser de esa manera al contrario me había enorgullecido por tener el poder de manejar la vida de los demás a mi antojo. Me había gustado sentir superior a los demás. Pero ahora el solo pensar en quién he sido toda la vida me asquea. Ver mi reflejo me asquea. Todo me asquea, mis trajes de miles de dólares, mis colonias, mi Rolex, mi rostro, mi voz, todo lo que soy. Todo lo que he sido me asquea.
Por puro arrebato rompo el espejo de un puñetazo. "Clack" del cristal astillado se escucha y mi imagen presente espejo se ha deformado. Así realmente soy yo deforme, no soy nada ni nadie. Miro mis nudillos ensangrentados y no me importas ¿porque? Porque no siento nada, no siento dolor, no me duele nada. Tal vez físicamente estaba vivo pero mi alma si es que tenía una estaba muerta y ahora esa alma muerta consumía cuerpo dejándome sin la posibilidad de salvar mi vida.
Unos golpes secos se escucharon en la puerta, pronuncie un "adelante" desganado sin vida, sin alegría sin nada. La puerta se abri.
-señor uno de sus apoderados le llama por teléfono.-me informó Ralph con su habitual formalidad y elegancia como la debe llevar un mayordomo.-dice que es sumamente urgente comunicarse con usted.
-¿quién es?-pregunte sin voltearme.
-el señor Gilbert, del Magnus Hotel en Miami.-dijo Ralph.
Lo que faltaba tener que resolver problemas triviales, cuando para eso le pago muy bien a eso inútiles para que no fastidien y con todo fastidian.
-pasa la llamada a la extensión del despacho.-ordene.
-de inmediato señor.-dijo y frunció el entrecejo.-Señor está sangrando.-mencionó como si yo no me hubiese dado cuenta pero me importaba.-sería más prudente limpiar esos cortes antes o se infestaran.
-no moriré por una infección Ralph.-le dije con sequedad. Y dejándole claro que no deseaba que continuase fastidiando con el mismo tema. Mi leal mayordomo entendió el mensaje claramente y asintiendo con la cabeza dijo
-como usted diga señor.-dijo en su típica elegancia formal.-su desayuno está listo para cuando guste señor Harrison.
-vete-ordene y Ralph girándose sobre su talones obedeció mi orden.
Hice una mueca al escuchar la palabra "desayuno" pues ya comer no significaba nada. Estaba muriendo alimentarme bien no servía de nada. Además de que ya la comida no me sabía a nada, era como arena en mi boca. Ya no disfrutaba de una buena comida ni siquiera podía degustar un buen vino tinto, estaba muerto por dentro no había nada dentro de mi.
¿Para que cuidarme? ¿Para que alimentarme? Incluso ¿para que trabajar? Si yo ya estoy muerto.
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Kimberly Pov.
Llegue tarde como siempre. Eso era típico, había firmado la nómina a no has siete de la mañana sino a las siete y media. Y debía correr al lobby del hotel para ponerme inmediatamente a trabajar. Me mire unos segundos mi reflejo en las puertas de cristal, que separaba las oficinas de la recepción del hotel estaba vestida con el uniforme del hotel: una falda tubo color negra, una camisa de manga larga color roja y tacones de oficinas. Mi cabello estaba recogido en cola de caballo alta y los labios pintados de rojos según era la política de la empresa. Sali en direccion a mi puesto de trabajo pero para mi desgracias me tuve que topar con la mujer más antipática que existe en la faz de la tierra.
Vestida de las misma manera que yo solo que ella tenía algunos de los botones de las camisa abierto, aprovechando sus voluptuosas senos para provocar a las mirada de deseo de los hombres estaba frente a mi Rachel Summer una zorra de categoría "High" como dice Samantha.
―¿Otra vez tarde Kimberly?―me pregunto con su típico tonito irónico Rachel y una sonrisa burlona.
Rachel Summer era la zorra de hotel, se acostaba con los gerentes, guardias de seguridad ,con los huéspedes y con cualquiera que se lo pidieras. Además de ser una ofrecida, era la persona mas antipatica y bochinchera que hay en este mundo. A Sam y a mí nos hacía la vida imposible siempre que se le antojaba y tenía una capacidad descomunal para sacarle a uno el demonio a pasear.
―No creo que sea asunto tuyo Rachel―dije tratando con todas mis fuerzas de no prestarle atención a su claras intenciones de fastidiar.―si llego tarde o no.
―Tiene razón queridita―dijo con una sonrisa cínica―pero creo que Harold le agrade que continuos llegando tarde.―puse los ojos en blanco al escucharlo que dijo.
Definitivamente Rachel no tenía vergüenza alguna, señor Harold Gilbert era uno de los apoderados del dueño del hotel, ademas de tener edad para ser su padre era un hombre casado y con un hijo con él Rachel coqueteaba sin vergüenza alguna. Pero como ese no era mi asunto ni dije nada solo le pase de largo y camine hacia mi área de trabajo. No me meteria en problemas con la amante de uno de los apoderados y administrador del dueño del hotel. Los hombre cuando se trata de mujeres fáciles como Rachel puede volverse estúpidos e irracionales.Y problemas ya tenia yo como para meterme en otro mas de gratis.
Mi principal preocupación en este momento era decidir qué haría con el bebé que estaba esperando. Tenía tres caminos: el aborto, la adopción o quedarme con el. Y aún no había decidido que hacer con mi vida. Tenía demasiadas deudas y un bebe solo me traería más problemas pero no me creía con valor para ir a una clínica y realizarse un aborto...me daba miedo.
Negué con la cabeza, debía dejar por lo menos por unas horas esa tema oculto y encerrado bajo llave en el rincón más oscuro y alejado de mi mente, para después más tarde o quizá mañana tratar con el. Me senté en mi despectivo lugar detrás del mostrador de marmol recien pulido, me coloque el auricular en el oído, encendí la ¡Mac porque si algo había en este hotel ademas de glamour era lo ultimo en tecnologia, para mayor satisfacción de los huéspedes.
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Me dirigí hacia mi despacho donde contestaría la llamada del inútil de Gilbert para salir de eso ya. Aún no sabía que debía hacer con lo que me quedaba de vida y con la inmensa fortuna que poesía, pero debía hacer algo con ella. No se la dejaría a mi tío para que destruyese lo que mis abuelos construyeron eso jamás.
Puse el altavoz para contestar la llamada y encendí la ¡Mac para ponerme a trabajar en algo, para distraerme la mente aunque fuese por unos momentos.
-Cuantas veces he dicho que no deseo ser molestado si no es un asunto de gravedad Gilbert.-conteste con seriedad y sin la menor empatía
-Buenos Días señor Harrison ¿como esta?-me salud el muy hipócrita como si realmente le importase algo de mi.
De eso estaba lleno mi vida. El ambiente en el que me movía era uno donde prevalecen los negocios, el dinero, la hipocresía y las frivolidades. Un mundo muy vacío donde solo uno recibe alabanza o halagos cuando los demás desean obtener algo de ti. Donde el dinero que posee vale más que tu persona y donde si no eres apreciado.
-aborrece sus saludos de cortesía hipócritas, que no me interesa en lo más mínimo Gilbert.-dije serio.–y dígame para que me ha llamado.
-señor Harrison era para infórmale de un asunto de extrema gravedad
Casi me río al escuchar eso. ¿Gravedad? En mi vida nada grave pasaba bajo mi mando. Yo controlaba un imperio, era amo y señor. Y nada pasaba si yo no lo permitía.
-hable de una vez.-ordene ya impaciente
-su hotel en Miami está presentando pérdidas señor.-me informó Gilbert, escuchar eso me hizo fruncí ligeramente el ceño.
-¿de que diablos está hablando Gilbert?-pregunte.-el Harrison Magnus Hotel es uno de los más populares y frecuentados hoteles en Miami. Es uno de los mejores hotel en los Estados Unidos.-le recordé.
-pero ahora presenta pérdidas señor tanto que...-se detuvo un momento y volví a hablar.-creo que el Hotel está arruinando señor y lo mejor sería que usted lo vendiese...
¿Venderlo? Pero ese idiota se había vuelto loco, ese hotel fue uno de los primeros que mi abuelo construyó, esa era su joya. En la playas de Miami mis abuelos se conocieron, se enamoraron, se casaron y tuvieron a mi madre muerta. No yo no podía vender ese hotel sería una falta de resto a la memoria de aquellos que todo me lo dieron.
Mientras el imbecil de Gilbert habla fanfarronería yo busque los estado financieros del hotel y efectivamente el hotel venía presentado pérdidas en cantidades extraordinarias desde hace algún tiempo. Pero eso era algo imposible ese hotel siempre había sido un negocio muy sólido, con una clientela fija, y que le otorgaba a los clientes un review que permitía volver y tener una rebaja de precio si era cliente habitual de alguna de la facilidades del hotel. No tenía sentido que hotel perdiese tanto dinero, no tenía logia.
Aquí había algo extraño. Alguien debía estar robándose mi dinero.
Una enojo descomunal comentó a dominarme. Desprecia a la gente que trataba de tomarme el pelo, o intentase adueñarse de lo que me pertenecía. Pero esto no se quedaría así. De Alexander Harrison nadie se burla, ¡nadie!.
-¿señor?-la voz de Gilbert desde el auricular del altavoz me devolvió a la realidad.-¿señor Harrison se encuentra allí?
-si.-dije con frialdad.-y quiero que prepare todo para mi llegada.
-¿va a venir?
-si-conteste con frialdad.-quiero ver con mis propios ojos al idiota que se atreve a robarme.-diciendo eso finalice la llamada.
Mire con enojo los números de la gráficas en que se presentaba en el minutos de la computadora. La verdad es que tenía que ser o muy idiota o unos verdaderos sin vergüenza para pretender tocarme y esperar que yo lo permita. Y no era tanto por el dinero sino porque me han tratado de ver la cara y eso no lo tolero.
Presione el botón para llamar a Ralph, deseaba viajar a Miami a lo más tarde esa misma tarde. No permitiría que me continuase viendo la cara. La puerta de mi despacho se abrí y por ella apareció mi fiel e intachable mayordomo
-mande usted señor.-dijo el hombre
-Ralph ordena que preparen mi jet inmediatamente y empaca mi equipaje y el tuyo nos vamos de viaje.
-como ordene señor.-dijo el hombre con un semblante sereno.-¿puedo preguntar a donde está vez señor?
-Miami.